EXTRA 1

Toc… toc…

Elsa se encontraba, como de costumbre, sola en su habitación. Era el día después del funeral de sus padres, el funeral al que no había ido por miedo a perder el control de sus poderes y lastimar a su hermana.

Y como resultado, había dejado que su hermana menor sepultara sola a sus padres.

"Papá… mamá… Anna…"

Elsa se ovilló en una esquina de su habitación y reanudó su llanto, ignorando la puerta. De seguro se trataba nuevamente de Anna, insistiendo en ir a consolarla. ¿No se daba cuenta que esos esfuerzos suyos la ponían peor? Elsa odiaba saber que Anna la necesitaba tanto, y no podía salir a abrazarla y decirle que todo iba a estar bien, que ella, su hermana mayor, la iba a cuidar.

Toc… toc…

"Vaya que Anna es insistente hoy", pensó Elsa, sin contestar ni abrir la puerta.

No podía. Su habitación estaba completamente congelada debido a su mal estado de ánimo. Anna no podía conocer su secreto, porque estaría en peligro otra vez.

"Tienes que ser buena chica, Elsa" canturreaba la mente de Elsa, haciendo eco a las palabras de su padre. Su padre que ya no estaba.

Toc… toc…

-Vete, Anna, quiero estar sola- dijo por fin Elsa, mirando hacia la puerta.

La perilla de la puerta se giró, y Elsa entrecerró los ojos. Nunca, en todos esos años, nunca Anna había intentado abrir la puerta y entrar sin su permiso. La molestia de Elsa se volvió pánico cuando vio toda su habitación helada. ¿Qué haría si Anna la veía?

La puerta por fin se abrió, y algunos pequeños trozos de hielo se despegaron de la misma y cayeron al suelo. Pero detrás de la gran puerta de madera no estaba Anna, sino la chica con la que había conversado anoche. La chica que tenía unos extraños poderes como ella. Su prima, la otra nueva reina.

-Perdona que te moleste, Elsa- dijo Leo, entrando a la habitación un tanto dudosa, cerrando la puerta y tragando saliva. No parecía haberle impresionado que toda la habitación estuviera congelada.

-Perdona- dijo Elsa- no estoy… no estoy de humor para compañía, solo quería estar sola-

-Lo siento- dijo Leo- yo también estoy sola, porque no quiero lastimar a mi hermano, pero…- y, mientras decía eso, los objetos congelados en el cuarto de Elsa comenzaron a temblar- perdón, perdón- exclamó la joven, llevándose las manos a la cabeza.

Elsa se levantó del suelo, donde aún seguía ovillada, y la miró con tristeza.

-No te disculpes. No pareces notar que volví a arruinar mi habitación con mi hielo- dijo Elsa- un par de cosas rotas no harían ninguna diferencia…-

Leo le sonrió levemente.

-Sé que quieres estar sola, pero ¿no podríamos hacernos compañía?- dijo Leo tristemente- extraño a mi padre, mis poderes no se controlan y mi cabeza me grita las miles de nuevas responsabilidades que tengo, no me siento preparada, y creo que la única persona que puede entender… eres tu-

Elsa parpadeó y asintió. La verdad, se parecía a Leo más de lo que había imaginado. No solo compartían poderes, sino ambas acababan de perder a sus padres, ambas eran las nuevas gobernantes en sus reinos, y ambas tenían que estar aisladas para mantener sus poderes en secreto.

-Además, si pierdes el control, yo puedo protegerme de tu don con el mío- añadió Leo- y si yo pierdo el control, tú puedes hacer igual. No nos lastimaríamos así-

Elsa se sorprendió de aquella conclusión. Tenía razón. Por fin podría estar con alguien sin miedo a lastimarla. Las dos chicas quitaron el hielo de una parte de la cama de Elsa y se sentaron.

-¿Estás asustada por tu nuevo cargo?- preguntó Elsa. Leo asintió- ¿y estarás a cargo desde que regreses a tu país? ¿Nadie te ayudará?-

Leo sacudió la cabeza.

-Claro que estaré a cargo, mi coronación es prácticamente en una semana, por desgracia ya soy mayor de edad- dijo Leo con tristeza- mi papá me estuvo entrenando para esto porque… siempre estaba enfermo, y sabía que podía pasar en cualquier momento. Mi tutora no me ayudará. Quiere que mi hermano sea rey, y me va a poner todas las trabas que pueda para demostrar que no sirvo para esto-

Elsa la miró.

-Yo aún soy menor, y tendré consejeros que se hagan cargo del reino hasta que cumpla 21- dijo Elsa- aunque Kai insiste en que asista y dé mis opiniones- bajó la mirada, y comenzaron a caer copos de nieve a la habitación- al menos tu padre te preparó para esto. Yo creí que mis padres iban a estar aquí siempre. Y siempre he estado encerrada en esta habitación. No sé nada de política ni de como dirigir un reino-

Leo sonrió e hizo girar su dedo índice varias veces. Un suave viento hizo bailar a los copos de nieve que caían sobre ellas, para después depositarse en una esquina de la habitación. Elsa sonrió al ver aquello.

-No te preocupes, Elsa- dijo Leo- tienes tiempo para aprender hasta que seas mayor. Sigue el consejo de Kai. Aprende todo lo que puedas, hazlo por tu país y por tu hermana…-

Elsa sonrió.

-Esa tutora tuya- dijo Elsa pensativa, recordando a la mujer en la cena- ¿siempre tiene esa misma cara de desdén y fastidio?-

-No- dijo Leo- hoy estaba de buen humor…-

Las dos chicas se echaron a reír.

-Está molesta con mi padre por haberme nombrado su heredera- explicó Leo- y conmigo por haberlo aceptado. Al principio creí que quería que mi hermano fuera rey para ella tener el poder como regente, pero ahora que pienso, ella cree que una mujer no está hecha para el trono-

-Bueno, tal vez tiene razón- dijo Elsa pensativa- muchos hombres quieren hacerse cargo del mundo-

Leo sacudió la cabeza.

-No, claro que sí podemos, Elsa- dijo Leo- ha habido mujeres que han reinado solas sin ningún problema. No niego que tengo miedo, pero sé que podemos-

Elsa sonrió. El hielo a su alrededor no estaba tan denso como antes, y Leo no había quebrado nada aún.

-¿Ya has estado en Oeste alguna vez?- preguntó Leo, y Elsa sacudió la cabeza.

-No, para nada- dijo Elsa- ¿y tu en Arendelle?- Leo sacudió la cabeza también- deberías ir al puerto antes de irte. Hay unas… flores muy hermosas en un puesto cerca. Arendelle es famoso por sus flores, por sus telas y por sus recursos naturales-

Leo se quedó pensativa.

-En Oeste tenemos una gran mina de esmeraldas- dijo la joven- y, según tengo entendido, mi país vende las esmeraldas a tu país a cambio de sus telas. Y que en Arendelle crean las joyas y las envían a todos los países-

-No sabía eso- comentó Elsa.

x-x-x

Elsa comenzó a ir a las reuniones del parlamento con los consejeros que se habían quedado a cargo de Arendelle para aprender de los asuntos de estado. Apenas habían pasado dos meses y, aunque Elsa aún extrañaba a sus padres, sabía que tenía que aprender a gobernar su reino como su padre lo había hecho.

Anna… bueno, Anna se la pasaba en el castillo haciendo no se qué cosa, y las dos chicas solían evitarse. Solo se veían durante las comidas, pero no se hablaban entre sí. Elsa pensaba que era lo mejor: seguir con la rutina que sus padres les habían fijado.

Una discusión llamó la atención de Elsa.

-Y el último asunto del día, renovar el tratado de comercio con Weselton y con Oeste- dijo el presidente del consejo. Elsa levantó la vista al escuchar aquello.

-Yo creo que deberíamos cancelar nuestro acuerdo con Oeste- dijo uno de los consejeros, levantando la mano- los granos que nos envió la última vez estuvieron en muy mal estado. No es tan útil esa transacción como las esmeraldas de Weselton por nuestras telas-

Elsa recordó su conversación de hacía unas semanas con Leo. Miró a su alrededor, nerviosa, y luego miró sus manos. Estaban cubiertas por sus guantes. La joven reina levantó la mano tímidamente, para sorpresa de todos los presentes.

-¡Su majestad!- exclamó el presidente del consejo- ¿desea decir algo sobre el tema?-

Elsa casi se arrepiente de haber levantado la mano. Se volvió hacia Kai, quien le sonrió, animándola a seguir.

-Se…según tengo entendido- dijo Elsa en voz nerviosa, pero clara- Oeste es quien exporta las esmeraldas a cambio de las telas de Arendelle-

Los consejeros se miraron entre sí. El consejero que había hecho la moción se sonrojó, molesto de que la reina hubiera evidenciado su error.

-Gracias su majestad- dijo el presidente del consejo- su majestad tiene razón. No cancelaremos el acuerdo con Oeste-

Elsa sonrió, aliviada. Era un gran logro para ella: había hablado en público y no había congelado a nadie. Cuando iban saliendo de la sala, Kai sonrió a la reina y guiñó un ojo. Elsa salió detrás de los consejeros, aunque alcanzó a escuchar a aquel que la había contrariado.

-Esa niña ya se cree reina- dijo el consejero de mal humor- aún no es mayor de edad para intervenir en nuestros asuntos-

-Estás enojado porque te hizo quedar mal- dijo el otro.

-Los asuntos del estado no son para mujeres, mucho menos para niñas como ella- dijo el consejero.

Elsa lo escuchó desde la distancia, y se sintió muy mal. Se apresuró a su habitación y se encerró en ella, haciéndola nevar otra vez.

"¡Contrólate!" pensó la joven.

Toc… toc…

-¿Su majestad?- la voz de Kai la distrajo de sus pensamientos.

-Eh… no es buen momento, Kai, disculpe- dijo Elsa, tratando de controlarse- estoy… eh…-

Hubo un pequeño silencio.

-Entiendo, su majestad- dijo Kai amablemente- acaba de llegar un paquete para usted. Lo dejaré en la puerta, para que lo recoja cuando guste-

Elsa escuchó los pasos de Kai alejarse, y abrió la puerta de la habitación. Se encontró con una caja pequeña y una carta.

Querida Elsa:

Te envío un regalo que espero que te sirva en tu nuevo papel como reina de Arendelle. A mí me ha servido para darme ánimos y, en parte, me ha ayudado a controlar mi "pequeño problema peludo". Cuando lo leas, lo entenderás.

Leo.

Elsa puso la carta a un lado, y abrió la caja. Era un libro que se llamaba "Vida de Elizabeth I de Inglaterra". El libro parecía usado, y tenía un separador en una página más allá de la mitad del libro. Elsa abrió el libro en la página señalada, y encontró un párrafo circulado con tinta, y había muchas flechas dibujadas a mano señalando ese párrafo en particular, que de seguro fue obra de Leo.

Cuando todo parecía perdido, ante la invasión inminente de la Armada Invencible, la reina Elizabeth se puso de pie delante de sus soldados, y de su reino, y exclamó:

"Sé que tengo el cuerpo de una frágil y débil mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un Rey"

Elsa sonrió. Lo había comprendido. La joven hizo sonar su campanilla y, unos segundos después, apareció Kai.

-¿Sí, su majestad?- dijo el mayordomo.

-Kai, necesito que me consigas estos libros- dijo Elsa- y la carpeta de todos los tratados que Arendelle tiene con otros reinos-

Kai sonrió.

-En seguida, reina Elsa-

x-x-x

Hola! Yo otra vez. En vista de que parece que les agradó lo que escribí, quiero dejarles algunas escenas que dejé fuera del fic, para no hacerlo tan pesado, o tedioso, ya que están un poco cargados de OCs. Este, como ven, es un ejemplo de la conversación de Elsa con Leo después del funeral, que se me hizo un poco redundante después de releerla. Espero que la disfruten. Nos leemos pronto.

Abby L.