CAPÍTULO 10: MANIPULADA

―¿Dónde debo colocarme? ―repitió Overgirl al no recibir respuesta de Alex, que seguía mirándola como quien ve un fantasma. Overgirl avanzó unos pasos hacia ella―. Doctora… Danvers ―leyó en la chapa de la bata de Alex―, vaya, tenemos el mismo apellido.

«Y los mismos padres», añadió internamente Alex.

―Una casualidad ―disimuló, regresando a la realidad―, póngase ahí, comandante.

Alex activó una máquina que empezó a sacar lecturas del cuerpo de Overgirl. Carraspeó y se dirigió a Kara evitando mirarla a los ojos.

―¿Ha notado algo fuera de lo normal últimamente? ―preguntó de manera casual.

―He sufrido… algunos dolores de cabeza.

―¿Desde cuándo? ―se interesó Alex―, ¿qué ha sentido exactamente?, ¿cuántas veces le ha ocurrido?

A pesar de todo, a Alex le estaba pasando lo mismo que a Lena, veía a su hermana en Overgirl, y no podía evitar preocuparse por su bienestar.

―Cuántas preguntas, doctora Danvers ―replicó la comandante―, ya le he dicho lo que sentía, dolor de cabeza, y no sabría decirle cuántas veces… «pero sí que siempre me ha pasado en compañía de Lena Luthor».

―Ya veo… ¿lleva mucho tiempo con esos dolores de cabeza?

―Después de mi regreso a Berlín ―admitió.

―¿Puedo? ―rogó Alex con intención de tocarla.

Overgirl asintió y Alex comenzó a palpar su cuello, sus hombros y la parte de atrás de su cabeza con mucho cuidado. Su corazón latía deprisa, después de tantos años, estaba tocando a su querida hermana pequeña, parecía un sueño, pero pronto recordó que se trataba de una pesadilla, cuando sus ojos dieron con el emblema de las SS en su pecho, provocándole un escalofrío que no pasó desapercibido para Overgirl, aunque ella consideraba su estado inquieto al temor que siempre infundía la presencia de la soldado más poderosa del imperio.

―No tenga miedo, doctora, todavía no ha hecho nada que me invite a hacerle daño ―informó la comandante. Alex sonrió con torpeza, tragó saliva y se alejó un poco de ella.

―No noto nada anómalo en la inspección física, vamos a ver internamente ―dijo Alex adoptando una postura más profesional. No podía perder de vista para qué estaba en "Lord Technologies".

La invitó a ponerse frente a otra máquina, y escaneó su cabeza mediante ondas electromagnéticas que mostraron en pantalla una imagen del interior de su cráneo. Los ojos de Alex se abrieron como platos, la imagen mostraba en cierta zona una sombra inesperada que no sabía identificar, así que preguntó a uno de los tipos que había allí también.

―Discúlpenos, comandante, enseguida continuamos con la revisión.

El hombre se llevó a Alex a otra habitación, una con paredes muy gruesas que llamó la atención de la doctora.

―Tú eres la nueva, ¿verdad? ―replicó el hombre―, es el implante de bloqueo mental, mantiene a raya los recuerdos innecesarios, Overgirl sólo recuerda con claridad los últimos ocho años de su vida.

―Dios mío… ―susurró Alex conmocionada.

―Yo también aluciné cuando me lo explicaron ―confesó el hombre―, les llevó muchos años de trabajo, pero lograron inventar un bloqueador de recuerdos, así que, además de increíblemente poderosos, los súper soldados del régimen son también increíblemente obedientes, porque no recuerdan nada que no sea servir al imperio, ¿a que es fantástico? ―exclamó emocionado.

―Desde luego… ―contestó Alex con poca fuerza―, «es repugnante… malditos bastardos, por eso Kara no nos recuerda.»

―Y aún hay más, llevan otro implante, el inhibidor de poder ―informó―, su uso creo que queda claro con su nombre, ¿verdad?, lo fabricaron años antes que el bloqueador mental.

―Así que Overgirl y Mon-El llevan los dos implantes en sus cuerpos.

―Exacto… te lo he contado en esta habitación porque no interesa que Overgirl lo escuche ―se justificó―, es mejor que siga pensando que es como es porque ella lo ha elegido, ¿no crees?

Alex ya no podía hablar sin gritarle todo lo que realmente pensaba, así que se limitó a asentir con la cabeza sonriendo con falsedad.

Después continuaron con la revisión, Alex deseaba salir de allí y volver al DEO para contar a todos lo que acababa de descubrir, pero antes tenía que terminar su trabajo.

―Siéntese ahí, por favor ―pidió a Overgirl, que ocupó una silla cercana.

Entonces, Alex empezó a darle golpecitos en la rodilla para comprobar sus reflejos.

―Si no golpea más fuerte, mis rodillas no lo notarán ―sugirió.

Alex sonrió torpemente, había olvidado que Overgirl no era una mujer normal. Repitió los golpes empleando un martillo metálico de cierto peso. Ahora sí se produjeron las reacciones involuntarias.

―Parece que tenía razón, comandante, solucionado ―afirmó Alex dirigiéndole una ligera sonrisa todavía arrodillada delante de ella y Kara frunció el ceño.

Aquella situación parecía tan familiar… Sin que pudiera evitarlo, en su mente se formó la imagen de una muchacha curando una herida sangrante en la rodilla de una niña rubia… la muchacha sonreía a la niña y le decía "¿ves?, solucionado". Buscó los oscuros ojos de aquella joven doctora que le había provocado extraños pensamientos, y de pronto, un punzante dolor de cabeza la hizo apretar los dientes.

―¿Kara? ―dijo Alex en voz baja, al contemplar la expresión de sus ojos, azules como el cielo, y por primera vez desde que la había visto, teñidos de bondad.

¿Era su hermana la mujer que la miraba en aquellos instantes?, su corazón se ilusionó. Sin embargo, le duró poco, pues Overgirl recuperó su mirada fría y distante enseguida, y Alex cambió la forma de dirigirse a ella, no sin pesar en su interior.

―¿Se encuentra bien? ―preguntó Alex de inmediato, tratando de cogerla por los brazos, pero Overgirl la apartó de un manotazo.

―Estoy perfectamente, ha sido sólo un pinchazo ―decía llevándose la mano a la sien.

―Creo que deberíamos hacer algunas pruebas más, para quedarnos tranquilas.

Overgirl accedió, a fin de cuentas, también quería saber qué le estaba pasando. Se tumbó en una camilla y Alex la conectó a unos cables para obtener nuevos datos acerca de su organismo. Los resultados parecían perfectamente normales, para frustración de la comandante. Alex no comunicó nada a nadie sobre los dolores de cabeza de Overgirl, lo último que le interesaba es que los nazis supieran que Kara estaba empezando a recordar su pasado.

XXXXXX

Lena se había quedado preocupada por Alex, por el encuentro que debía haber vivido con su hermana, tenía ganas de abandonar "Lord Technologies" para hablar con ella libremente. Se había despedido de Edge y se dirigía al vestíbulo principal. Entonces sus ojos se posaron sobre un edificio cercano, uno en el que había estado muchos años atrás, cuando todavía era una adolescente, cuando todavía insistía preguntando por sus mejores amigas en los centros militares y de experimentación de Berlín.

FLASHBACK

Llevaba más de tres años tratando de volver a ver a Kara y Sam, tratando de comunicarse con ellas, preguntando por sus queridas amigas en cada centro militar y de reclutamiento que conocía, y lo único que había conseguido eran excusas y más excusas. Harta de seguir el camino legal, tan poco fructífero, decidió cambiar de estrategia y aprovechando su enorme inteligencia y su saber en tecnología, se las arregló para colarse en los laboratorios de Maxwell Lord, donde llevaban a cabo la experimentación genética de los reclutados en el programa especial.

La suerte quiso que llegase bastante lejos sin ser descubierta. Estaba dudando por dónde seguir cuando unos alaridos terribles llegaron a sus oídos, haciéndola estremecerse de miedo. Caminó en dirección hacia el origen de aquellos ruidos y los alaridos se repitieron. Eran los gritos de una mujer, gritos que helaban la sangre, que transmitían intenso sufrimiento. Creyó reconocer la voz de Kara, pero eran gritos tan desgarrados que tampoco podía estar segura, quizá sus ganas de volver a verla la estaban engañando. Quiso acercarse más, necesitaba comprobar si se trataba de Kara y liberarla de su tormento. Finalmente, llegó hasta la puerta que la separaba de la muchacha que sufría, pero la inesperada aparición de unos guardias truncó sus planes.

—¿Qué haces aquí, niña?

Convencida de que era Kara la chica que estaba al otro lado de la puerta, no se lo pensó.

—Perdón, iba al laboratorio, tengo… sesión, pero me he retrasado ―mintió, tratando de hacerse pasar por una de las reclutas.

Quería entrar en aquella estancia, quería ver a Kara, quería estar con ella, quería aliviarla… Nunca la había sentido tan cerca desde el día en que se la llevaron, años atrás.

Los soldados parecían creerla, hasta que uno de ellos se fijó mejor en la ropa de Lena y vio que usaba botas caras, comprendiendo que era una niña rica que se había colado y a la que había que sacar de allí cuanto antes, la población civil no necesitaba saber lo que hacían en aquellos laboratorios.

—Tú no perteneces al ejército, no eres una recluta, ¿señorita…?

«Mierda, me han descubierto.»

—Señorita Luthor —tuvo que decir su verdadero nombre.

―¿Y qué hace aquí dentro, señorita Luthor? ―preguntó uno de los soldados.

—Estaba fuera acompañando a mi padre y escuché unos gritos horribles, pensé que alguien estaba sufriendo y por eso entré.

―No se preocupe por nada, señorita, esos gritos son de una chica gravemente enferma a la que están tratando para curarla de sus males.

«Enferma y una mierda… Kara siempre ha tenido una salud estupenda, igual que Sam.»

Lena no tuvo más remedio que aceptar la invitación a marcharse de aquellos hombres, si no quería complicar la situación y que sus padres se enterasen de que seguía buscando a sus amigas después de tanto tiempo.

FIN FLASHBACK

XXXXXX

Ya en el DEO, Alex convocó una reunión de urgencia para comunicar sus descubrimientos. Las reacciones fueron de rabia y consternación, y también desesperanza. Aunque ahora conocían el motivo por el que Kara no recordaba nada de su pasado, el artefacto estaba tan íntimamente conectado a su cerebro, que hacía falta cirugía y material especial para intervenirla y extraerlo.

―Probablemente fue ese trasto el que le causó el fuerte dolor de cabeza y la hizo desmayarse en la fiesta de compromiso ―dijo Alex―, quizá activa algún mecanismo de castigo cuando los recuerdos del sujeto tratan de aflorar a la superficie.

―Malditos carniceros ―maldijo Lena.

―Apuesto a que Lord disfruta mucho con todo eso ―gruñó Sam.

―Así que Kara está siendo manipulada, al igual que Mon-El ―afirmó Winn.

―Eso parece, tuviste mucha suerte, Sam, según pude averiguar, les colocaron esos implantes a Overgirl y Mon-El pocos meses después de que te rescatásemos ―informó Alex―. Así que ellos llevan al menos dos implantes en sus cuerpos, mientras que tú sólo llevas el inhibidor de poder.

―Parece que fue una gran idea que entrases a trabajar en "Lord Technologies" ―admitió Maggie. Odiaba que su chica se pusiera en peligro de esa manera, pero los resultados habían sido evidentes―, pero ten mucho cuidado, por favor ―añadió con inquietud.

―Lo tendré ―aseguró Alex apretándole la mano con profundo cariño. Se miraron en silencio durante más tiempo del que parecía estrictamente amistoso y Winn intervino.

―¿Me he perdido algo aquí? ―Todos rieron.

―¿Y qué hay de Psi? ―dijo Lena de pronto―, ¿sabes si ella también tiene los dos artefactos en su cuerpo?, porque su comportamiento no tiene nada que ver con el de Overgirl o Mon-El.

―No sé nada de ella por ahora, pero quizá su poder mental es tan grande que no han inventado todavía algo capaz de doblegarla ―sugirió Alex.

―¿Qué vamos a hacer entonces con Kara? ―preguntó Sam―, ¿preguntarle a Overgirl si nos deja hurgarle la cabeza para quitarle un implante que le ha hecho olvidar su vida antes de convertirse en la comandante de las SS? ―ironizó.

―¿Y si pidiéramos ayuda a Psi? ―sugirió Lena― ¿No se rumoreaba que era capaz de poner de rodillas a la mismísima Overgirl?, es una buena ocasión para que lo demuestre.

―De momento, ni siquiera sabemos qué intenciones lleva esa mujer ―apuntó Winn―, creo que lo único que podemos hacer por ahora es seguir intentándolo sin la ciencia.

―Opino igual, al menos hasta que yo logre averiguar más cosas desde dentro de sus laboratorios ―añadió Alex―, necesito planos y más información sobre el dispositivo para extraerlo correctamente, porque si nos equivocamos en algo, podemos dañar su cerebro para siempre, y lo mismo sucede con los inhibidores de poder.

―Hasta que Alex consiga más información, seguiremos con las misiones de espionaje por su parte y la de Lena ―señaló Winn.

―¿Y los demás? ―inquirió Sam con desagrado.

―Nos mantendremos aquí, organizando operaciones de ataque para más adelante.

―Qué desperdicio de tiempo… ―musitó Sam, aunque sólo Maggie pudo oírla, pues estaba a su lado.

―Lena, ven un momento conmigo, por favor ―pidió Alex cogiéndola del brazo. La joven Luthor la siguió hasta un pequeño despacho contiguo.

―¿Qué ocurre, Alex?

―No sabes cómo entiendo tu reacción cuando viste a mi hermana por primera vez en aquella fiesta ―confesó Alex―, yo ya sabía lo que me iba a encontrar y, sin embargo, fue un golpe enorme verla ayer en el laboratorio.

Lena le sonrió con calidez y la abrazó. Sam escuchaba con atención, oculta tras la puerta, las había seguido.

―Tenemos que ser fuertes, cada vez está más cerca el día en que nuestra Kara volverá con nosotras, estoy segura ―afirmó Lena con intensidad.

―Yo también lo estoy, sé que mi hermana sigue ahí, Lena, hubo un instante durante la revisión, en que habría jurado que era Kara la que me miraba y no Overgirl, y justo después sufrió dolor de cabeza, creo que me recordó durante unos instantes ―Lena la escuchaba ilusionada―, ahora que Overgirl va a ser tu guardaespaldas, tendrás a Kara cerca todo el tiempo, será una oportunidad de oro para intentar hacerla volver. Creo que debes hacer lo que creas que la puede afectar y hacerla recordarte, Lena.

«¿Volver a besarla?», pensó Lena sonrojándose un poco.

Sam no podía ver su rostro, pero sí escuchó perfectamente cómo se aceleraba su pulso, y supo interpretar que la cercanía de Kara la alteraba de esa manera. Le dolió. Cuando Lena salió del despacho, Sam la saludó forzándose a sonreír.

―¡Lena!, ¿te apetece venir un rato a mi habitación?

―Lo siento, Sam, debo volver a casa cuanto antes, no quiero que mis padres o Morgan piensen algo raro.

―Tienes ganas de estar cerca de Kara, ¿verdad?

―¿Qué?

―Ahora que va a ser tu guardaespaldas ―concretó.

―Es una ocasión para poder ganármela ―dijo Lena.

―Por favor, ten cuidado ―rogó Sam―, no es lo mismo hacerla recordar durante unos segundos, que traerla completamente de vuelta, Lena, no bajes la guardia con ella.

―No lo haré, gracias por preocuparte tanto por mí, Sam.

Lena se acercó a ella y la besó brevemente en los labios. Sam cerró los ojos, tratando de retener la sensación de la boca de Lena sobre la suya.

Lena ya había dejado el DEO cuando Maggie se acercó a Sam, aprovechando que ambas estaban de descanso en una sala de relax. Maggie había notado la incomodidad con que Sam había recibido la noticia que Lena les había dado acerca del nuevo trabajo que el capitán Edge había encomendado a Overgirl, convertirse en su guardaespaldas. Era la rebelde más reciente del DEO pero le resultaba fácil conocer a las personas y leer sus sentimientos en sus rostros. Por otro lado, se sentía cerca de Sam desde que llegó porque ambas compartían frustración y circunstancias, pues las dos estaban en busca y captura y se veían obligadas a ocultarse en aquel refugio subterráneo.

―¿Estás celosa?

―¿Perdón? ―reaccionó Sam incrédula.

―Puedo ver que te duele la nueva situación de Lena y Overgirl.

―Qué directa eres, Maggie Sawyer.

―Lo siento, no quería molestarte, pero me parece que necesitas hablar con alguien y me ofrezco encantada ―aseguró Maggie con una gran sonrisa que la hizo reír.

―Y muy perspicaz ―añadió Sam todavía sonriendo.

Maggie tenía razón, Sam sentía muchas cosas en su interior, pero nadie le había preguntado cómo estaba a nivel personal hasta entonces, y decidió que podía confiar en la morena. Sam admitió que no era sólo preocupación porque algo saliera mal y Overgirl se volviera contra Lena, sino miedo de que pasara algo entre ellas, por absurdo que pudiera parecer, ya que Kara era todavía Overgirl, y aunque recordase, habían pasado doce años separadas, doce años viviendo la una sin la otra, compartiendo experiencias con otras personas…

―Por eso no entiendo tu temor, Sam ―dijo Maggie―, Lena tiene algo contigo, ¿no?

―El otro día quise darle una sorpresa a Lena, le metí un paquetito en el bolso, pero al hacerlo, vi un sobre con la letra manuscrita de Kara, la reconocí enseguida porque en el colegio escribía muchas historias y nos las enseñaba a Lena y a mí ―relataba Sam con la mirada perdida―. Sé que no era de mi incumbencia, pero no pude contenerme, abrí el sobre y leí aquellas hojas…

Sam explicó a Maggie que tras leer aquella historia, le resultaba evidente que Kara sentía algo fuerte por Lena doce años atrás.

―Quise mucho a Kara como amiga, y me encantaría recuperarla, por mí, por ella, por su familia, por Lena… pero tengo miedo de que se fije en Lena si recupera sus recuerdos ―Sam tomó aire―, me he dado cuenta de que Lena también sintió algo especial por Kara, algo que probablemente sigue sintiendo, por eso conserva esas hojas y las lleva siempre con ella, y si es algo mutuo, yo…

―Tal vez sí hubo algo entre las dos, pero sólo eran niñas, y ha pasado mucho desde entonces, Sam ―decía Maggie―, quizá lleva esas hojas porque son el último recuerdo de su gran amiga Kara, pero no significa que ahora, siendo una mujer adulta, tengas ese tipo de sentimientos hacia ella… sobre todo teniendo en cuenta que ahora Kara es de todo menos la chica amable y compasiva de antaño.

―Lo sé, Lena no puede enamorarse de un monstruo como Overgirl, pero… si logra que Kara sea la misma de antes…

―Incluso en ese caso, no tiene por qué pasar como temes… Los primeros amores no siempre son los verdaderos ni los definitivos, Sam ―aseguró Maggie―, antes de conocer a Alex, estuve completamente loca por una compañera de clase. Pero aquello nunca pudo ser y después conocí a una mujer fantástica con la que las cosas sí se dieron.

―Gracias, Maggie… he compartido tanto con Lena desde que me rescató hace ocho años, tanto… que no me imagino mi vida sin ella, sin sus besos, sin el calor de su cuerpo…

―¡Ey, tranquila, Arias, ya me hago una idea! ―exclamó Maggie haciendo reír a Sam―, sólo un consejo, céntrate en quererla y no pienses en nada más.

―Gracias, Sawyer ―dijo Sam ofreciéndole la mano.

―¿En serio?, ¡venga ya! ―dijo Maggie acercándose a ella y dándole un abrazo.

―Por favor, no le cuentes a nadie lo que hemos hablado ―rogó Sam con seriedad.

―Nadie sabe que estás enamorada de Lena, ¿verdad?

―Ni siquiera lo sabe ella ―admitió con tristeza―, nunca he hablado mucho de mis sentimientos, y creo que así es más fácil para las dos.

―No para ti, Sam.

―Lena carga con mucha responsabilidad sobre sus hombros trabajando como espía, lo último que necesita ahora es que yo le confiese lo que realmente siento por ella.

―Está bien, eres una mujer adulta y respeto tu decisión, aunque creo que algún día tendrás que sincerarte con ella.

―Lo sé… oye, ¿qué te parece si insistimos a Alex y Winn con lo de tomar parte más activa en la Resistencia? ―propuso de pronto Sam― No me conformo con quedarme aquí esperando.

―Yo tampoco ―replicó Maggie.

XXXXXX

Al día siguiente, Lena se mudó al palacete de los Edge. Ni Eve ni James veían segura la nueva situación, vivir en casa del capitán del ejército nazi y tener pegada todo el día a Overgirl como una sombra. ¿No se volvería demasiado peligroso seguir trabajando como espía? Con la ayuda de un par de doncellas, Eve preparó la habitación de Lena, la cual había conseguido convencer a Edge para que durmieran en diferentes habitaciones hasta el día de la boda. Mientras ellas seguían en el piso de arriba, Edge y Overgirl entraron en la casa.

―Mi mansión es mucho más lujosa que las dependencias militares, ¿no le parece, comandante? ―preguntó Edge sonriendo.

―Sí ―Fue su escueta respuesta. No estaba nada entusiasmada con su nuevo puesto de trabajo ni su nueva casa.

Las cosas no dejaban de enrarecerse a su alrededor. Incluso la revisión había sido un fracaso, no sólo no había arrojado claridad sobre lo que le estaba pasando, sino que también la había desconcertado al conocer a la doctora Danvers. Lo único bueno, si es que podía verse así, era que aquella mujer sólo le había provocado sentimientos de calidez y familiaridad, no deseo e intensa atracción como lo hacía Lena Luthor.

―Escúchame Eve, Overgirl no siempre ha sido el monstruo que es ahora ―explicaba Lena―, antes de que la reclutasen y la convirtieran en eso, se llamaba Kara Danvers, era mi mejor amiga y una de las mejores personas que nunca he conocido.

―Cuesta creerlo.

―Lo sé, pero sé que hay esperanza de recuperarla, por eso te pido que seas paciente y que no tengas miedo, porque jamás permitiré que te haga daño, Eve.

―Gracias, señorita Luthor ―se cogieron de las manos con cariño y complicidad―, supongo que nos tendremos que tapar la una a la otra, como lo hacíamos en la mansión de sus padres.

―Hay cosas que nunca cambian ―bromeó Lena y ambas rieron―. Ahora debo bajar al vestíbulo con Morgan.

Cuando Lena estaba a punto de dejar la escalera, escuchó la voz de Overgirl.

―Capitán, necesito hablar con usted de algo muy importante.

―¿Ahora?, tengo poco tiempo y quería disfrutarlo con mi prometida.

―Sí, señor, es realmente importante ―insistió.

―¿Qué ocurre, Morgan? ―intervino Lena tratando de averiguar lo que pasaba. ¿Y si Kara había recordado el beso de la fiesta? Empezó a ponerse nerviosa, aunque luchaba por ocultarlo.

―Al parecer, la comandante Danvers necesita hablarme de algo importante.

―No creo que sea conveniente que la señorita Luthor esté presente ―dijo Overgirl.

―¿Por qué? ―preguntó Edge extrañado. Lena tragó saliva, todo apuntaba a que la iba a denunciar ante él.

―Es un asunto estrictamente militar ―se justificó Overgirl.

―No te preocupes, Morgan, ya me voy ―dijo Lena, caminando con celeridad hacia la puerta del vestíbulo.

¿Si se daba mucha prisa lograría salir de allí con Eve antes de que los soldados de Edge la detuvieran? Sabía que no, pero no esperaría su final sin dar batalla. Su nerviosismo hizo que tropezase con una escultura de la estancia, haciéndola caer del mueble en el que estaba colocada. Se habría hecho añicos en el suelo de no ser por la rápida reacción de Overgirl, que apareció junto a ella como por arte de magia, atrapando la escultura con una mano y evitando que Lena cayese al suelo con la otra. La joven Luthor le dirigió una mirada de agradecimiento mezclado con miedo. Pero en los ojos de Overgirl no encontró odio ni desprecio, sino preocupación.

―Gracias… ―pronunció Lena un tanto desconcertada.

―De nada.

Lena se marchó de la habitación y Edge instó a su comandante a hablar. Overgirl le comentó un asunto militar, quería hacer méritos para que le diera otro destino alejado de Lena, era su último recurso, pero fue en vano.

―Admiro su sentido de la responsabilidad, comandante, pero no debe extralimitarse en sus funciones ―dijo Edge―. No se preocupe tanto por todo, ya no está en las campañas de Rusia, ahora sus energías deben centrarse en la seguridad de mi prometida y en la mía, especialmente la de Lena, ya que yo cuento con Mon-El y mis hombres cuando estoy trabajando.

―Así lo haré, capitán ―dijo Overgirl cuadrándose ante él y haciendo un saludo militar.

«Demasiado centrada estoy en su prometida, y los médicos del laboratorio no han encontrado ningún problema en mí, así que mis dolores de cabeza y mis fantasías lésbicas deben ser de lo más normales, estupendo», se lamentaba internamente Kara.

Por la noche, Lena trataba de conciliar el sueño sin éxito. De pronto, alguien tocó a su puerta. Deseó que fuera Kara.

―Adelante ―dijo mientras se echaba encima el camisón. Se arrepintió de dar permiso en cuanto vio a Edge cruzando el umbral―, ¡Morgan, ¿qué haces aquí?!

―Me preguntaba si te apetecería que durmiéramos juntos…

―¿Qué?, ¡no! ―exclamó sin titubeos, acercándose a él para no dejarlo pasar más adentro de la habitación.

―¿Estás segura, Lena? ―preguntó con una sonrisa que pretendía ser seductora y a Lena le revolvió el estómago―, podrías darme calor esta noche, he tenido un día complicado.

Edge movió los brazos para cogerla de la cintura y Lena apoyó sus manos sobre su pecho para empujarlo lejos de ella.

―Morgan, he dicho que no.

―¿Por qué no?, estamos prometidos y ahora vivimos bajo el mismo techo.

―¿Para eso querías traerme a vivir aquí? ―lo encaró―, ¿para acostarte conmigo?, creía que me respetabas, que yo te importaba de verdad ―probó suerte.

―Claro que me importas, querida ―Edge le cogió la mano y se la besó―, pero también te deseo mucho, desde el día en que te conocí… tú no sabes lo difícil que es para un hombre resistir la tentación del sexo…

«Dios, quiero matarte ahora mismo, maldito hijo de puta», gritó Lena para sus adentros.

―Lo siento, Morgan, pero no voy a acostarme contigo, por respeto a mis padres, no estaría bien hacerlo antes de la boda ―se mantenía firme.

―Preciosa, no pasa nada si hacemos cosas, muy pronto seremos marido y mujer ―insistió Edge, acercándose otra vez a ella hasta abrazarla con fuerza.

Lena sentía asco y odio a partes iguales, y empezó a temer por su dignidad, nunca debió aceptar la propuesta de vivir en la casa de aquel hombre.

―Morgan, por favor, no quiero hacerlo así, nunca he estado con ningún hombre ―aseguró, y no mentía, pues hasta entonces, sólo había intimado con Sam.

―Claro, eres virgen ―malinterpretó Edge con la mirada encendida, mirándola con total descaro, celebrando internamente que él sería el primero en poseerla.

―Por favor, no…

Lena entendía perfectamente lo que su prometido tenía en mente para esa noche, era demasiado obvio con sus gestos. Y habría pasado a mayores si unos fuertes golpes en la puerta no los hubieran sobresaltado. Overgirl había estado escuchando toda la conversación desde su habitación, gracias a su súper oído, y no había podido seguir al margen por más tiempo. Por los latidos de su corazón y su respiración, sabía que Lena no estaba bien y no podía soportar que Lena no estuviera bien, incluso aunque para ello tuviera que detener a su capitán.

―¿Sí?

―Disculpe, capitán, ¿puedo pasar?

«Gracias a Dios», Lena respiró aliviada al escuchar la voz de Kara y sentir que Edge la liberaba de su agarre.

―Pase, comandante ―ordenó Edge.

―Siento haberles… interrumpido ―Overgirl miró a Lena, que se cerraba el camisón sobre su pecho, y enseguida apartó sus ojos azules para no desconcentrarse.

―¿Qué ocurre?

―Escuché ruidos que venían de la valla de la zona este, señor ―inventó Overgirl―, pensé que podría tratarse de algunos rebeldes intentando entrar y quise avisarlo.

―No hacía falta molestarme para algo así, comandante, la próxima vez informe a los soldados que hacen las guardias nocturnas ―sugirió Edge―, o salga usted misma a patrullar la valla.

Overgirl sonrió de lado e inclinó la cabeza. Iba a marcharse, pero todavía tenía algo que decir.

―¿Proteger a su prometida incluye su honra, capitán? ―preguntó de pronto.

―Sí, desde luego, no permita que ningún hombre se le acerque.

―¿Ni siquiera usted? ―replicó Overgirl, y Edge se quedó callado un instante, pero luego empezó a carcajearse.

―Tiene un gran sentido del humor, comandante Danvers ―exclamó.

A Lena, a diferencia de Edge, sus palabras no le parecieron ninguna broma.

―Bueno, será mejor que les deje descansar, disculpe otra vez, capitán.

―Sí, yo estoy muy cansada, necesito dormir, Morgan ―aprovechó Lena.

―Está bien, querida ―Se acercó a ella y la besó en los labios―, que descanses, hasta mañana.

―Hasta mañana, Morgan… comandante Danvers.

Contra todo pronóstico, tener cerca a Overgirl la hacía sentirse mucho más segura con respecto a su prometido. Habría preferido tenerla a ella en la habitación de al lado y no a Edge, al menos estaba segura de que Kara nunca trataría de abusar de ella.

XXXXXX

Lena se levantó un poco cansada, no había dormido muy bien. Se vistió y bajó a la cocina para desayunar con Eve. Por suerte, Edge madrugaba para atender sus obligaciones militares y no lo vería hasta la hora de comer. Después de tomar una taza de café negro y dos tostadas, buscó a los soldados que se habían encargado de la guardia de la noche anterior.

―¿Alguien patrulló los alrededores de la valla este anoche?

―¿Qué?, no, señorita Luthor ―contestó uno de los hombres―, tuvimos una noche de lo más tranquila.

―Eso pensaba.

Overgirl permanecía de pie en una zona ajardinada cercana a la casa. Lena caminó hasta ella.

―Sabía que no habías escuchado ruidos anoche.

―¿Lo sabía? ―Overgirl se volvió hacia ella.

―Te presentaste en mi habitación porque nos escuchaste, ¿verdad?

Kara respiró con calma y volvió a hablar.

―Creo que no es adecuado que conviva con su prometido ―dijo―, una señorita de bien debe mantener su pureza hasta el matrimonio.

―Eso díselo a tu capitán, no parece que sea muy seguidor de las buenas costumbres.

«Por una vez me alegra que te metieran esas chorradas en la cabeza», pensó con satisfacción.

―No puedo hablar al capitán sobre algo así, pero no es correcto que… eso pase antes de la boda.

―Yo tampoco quiero ceder a sus impulsos, creo que anoche te quedó bastante claro… hasta el día de la boda, quiero decir ―añadió para evitar suspicacias innecesarias―. Voy a hablar con mis padres, mudarme con Morgan ha sido una mala idea.

―Hable con ellos, y márchese de aquí cuanto antes.

―¿Por qué tanto interés en que no viva con mi prometido, comandante? ―preguntó Lena acortando la distancia entre ellas.

―Porque usted es una señorita de buena familia y debe seguir las buenas costumbres.

―Dios no lo quiera, pero si se diera el caso, ¿vas a proteger mi virtud?

―Desde luego ―replicó Overgirl enseguida.

―Me alegra escuchar eso ―aseguró Lena―, necesito saber que estoy segura contigo a mi lado, que puedo confiarte mi vida y también mi dignidad.

Las palabras de Lena eran totalmente sinceras. Aunque se tratase de Overgirl y no de Kara Danvers, Lena quería confiar plenamente en ella, y además sentía que podía hacerlo, aunque sólo fuera por la rectitud de la comandante y no porque Lena le importase, o eso pensaba ella.

―Puede estar tranquila, señorita Luthor, nadie le hará daño mientras yo sea su guardaespaldas ―afirmó con intensidad en la mirada. Su aura de seguridad y poder hizo que Lena se estremeciera.

―¿Me lo prometes? ―susurró a pocos centímetros de Overgirl.

―Se lo prometo ―contestó Kara, perdida en los ojos verdes de la joven Luthor― no voy a separarme de ti bajo ninguna circunstancia, Lena… ―dijo, cautivada por su mirada, sumida en un trance del que no deseaba salir.

―Kara… ―Lena se vio sorprendida por su comportamiento, y también dichosa.

Quizá su Kara estaba más cerca de lo que parecía, quizá si acortaba un poco más la distancia entre las dos, quizá si la besaba otra vez…

CONTINUARÁ…