"9 de Setiembre; El día que recorde"

Recordar... recordar no había sido taan grato como había supuesto la pelinegra.

Nada mas opuesto a ese sinónimo describía lo que ahora sentía.

Con miedo abrió los pequeños azules, miedo a poder ver algo que tal ves no fuera grato solo para encontrar que aun reinaban las tinieblas en estos.

Ya se lo había advertido ella misma en su sueño: "Hay veces que es mejor no recordar nada" y ahora entendía el porque de tan sabio consejo.

Recordó... por supuesto que lo hizo pero solo parcialmente ya que al sentir como grandes y varoniles manos recorrían lujuriosamente su pequeño y frágil cuerpo se sintió asqueada, incapaz de continuar avanzando por el intrincado laberinto de sus propios recuerdos.

Su primer deseo fue darse un largo baño porque si bien era cierto que estos eran recuerdos de eventos pasados para la pelinegra es como si acabara de suceder, como si hace solo unos minutos atrás un pelinegro de ojos negros hubiera acariciado y besado lujuriosamente su cuerpo y rostro mientras esta pedía a gritos: "Porfavor no mas, detente te lo suplico!!" solo para que sus palabras murieran en el ruido que producían los besos que quemaban aun su blanca piel.

Tanteo su camino hacia el cuarto de baño y abrió la llave del agua caliente para luego hacer lo mismo con la del agua fría y mezclarlas.

No se quito la ropa... simplemente se metió bajo la lluvia tibia de cristalino liquido mientras saladas y calientes lágrimas se mezclaban con esta.

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Pudo oír la regadera abierta y freno el avance de su puño hacia la puerta.

Llevaba mas de 5 minutos de pie tras la puerta de madera tomando el coraje, el valor necesario para dar esos tres simples pero tan difíciles toquidos en la puerta.

Apoyo la frente contra la madera mientras su mente divagaba entre recuerdos de momentos ya pasados, momentos en los que una pelinegra de ojos azules le regalaba sonrisas y un sin fin de carcajadas.

Momentos que ahora no se repetirían y tal ves ... nunca mas lo hicieran.

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Necesitaba información y la necesita urgentemente acerca de la tal Sandy además del estado real de salud de su principal obstáculo: Tomoyo Daudoji

Sabia que ambas jóvenes habían sido invitadas a una importante fiesta esa noche al igual que él solo que él llevaría a alguna de sus tantas "muñecas" para que sirvieran de adorno en su brazo por algunos fugaces minutos antes de hacerla desaparecer como siempre lo hacia.

Esa noche... en aquella fiesta ambas pelinegras sabrían que el sexo masculino es quien manda en el mundo de los negocios mientras las mujeres solamente cumplían con la función de ser hermosas y pequeñas muñecas que adornaban los brazos de los ejecutivos además de satisfacer los caprichos de estos en la cama.

Ese era el mundo de los negocios y esa era la lección que Touya Kinomoto les daría a ambas chicas por el precio de una noche de placer... con ambas.

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"Me niego!" – contesto la morena mientras cruzaba sus brazos –"No lo haré, simplemente no iré" – continuo con total convicción

"No tienes alternativa" – afirmo la rubia – "Esto no es a elección, es vas o vas!" – afirmo tranquilamente mientras tomaba un vestido de la percha – "Mejor elige con cual de todos vas"

"Con ninguno" – afirmo algo molesta la pelinegra mientras se ponía de pie – "Y por qué rayos es que tengo que ir?" – pregunto visiblemente descontenta con la idea

"Eres accionista de la empresa para comenzar, segundo el resto de las acciones de la misma están en tus hermosísimas y capaces manitos al ser la administradora y representante de las otras dos accionistas mayoritarias" – contesto la rubia mientras guardaba un vestido y tomaba otro de la percha –"Así que te guste o no vas a tener que ir" – canturreo la chica

"Esto es desesperante!"- contesto molesta la pelinegra –"Esta bien iré pero no ninguno de esos vestidos que me muestras" – acoto la chica mientras salía de la habitación con rumbo al guardarropas de una morena de ojos color mar.

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No noto cuando el agua comenzó a enfriarse, solamente sentía el calor de sus mejillas por las cuales corrían libremente las incontables lagrimas que escurrían de sus azules.

Perdió la noción del tiempo que llevaba bajo el agua que ahora era helada.

Pudo oír el maullido casi preocupado de su gatita gris que la observaba desde lo lejos, las gatitas delicadas y el agua no se mezclaban.

Lloro amargamente mientras nuevos recuerdos agolpaban su mente.

Hundió su rostro entre sus antebrazos mientras sus manos reposaban nerviosas a los lados de su cabeza y sus dedos casi se clavaban sobre su frente.

Ya no quería recordar... ya no!

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Paso nuevamente por la habitación de la chica y se preparo para golpear la puerta solo para darse cuenta que aun estaba abierta la llave de la regadera.

Considero que tal ves la chica aun se estaba bañando y recordó que la joven aun no veía con lo que posiblemente le costara algo de trabajo dar con todas las cosas necesarias para su aseo.

Hacia cuánto tiempo que había pasado por esa habitación y oído por primera ves la regadera abierta?

Observo curioso su reloj solo para notar que el tiempo no era distraído y no se detenía a pesar de que los humanos perdiéramos la noción de él, este continuaba su avance incesante para marcar tres horas mas desde la última ves que lo había visto.

Levanto la vista hacia la puerta de madera y toco una ves, no espero que le dieran el permiso para entrar y la abrió entrando a la habitación.

Pudo oír sollozos provenientes del baño y camino rápidamente mientras se detenía en la puerta de aquella habitación dudando de si era o no correcto abrirla.

Un nuevo y mas profundo sollozo lo hizo reaccionar abriendo la puerta de golpe para encontrarse con una muy afligida pelinegra echa un ovillo sentada en el suelo debajo de la regadera abierta mientras el agua escurría por su rostro y cuerpo.

Su corazón pareció encogerse con tal imagen, hubiera soportado cualquier cosa pero no aquello.

Camino en silencio para tomar una bata blanca de baño que se encontraba colgada en el gancho detrás de la puerta; dio pasos calmos hacia la joven para no asustarla aunque su único deseo era tomarla en sus brazos y acunarla hasta que se calmara.

Cerro el pase del agua fría y caliente para luego colocar la bata sobre los empapados hombros de la chica quien salto de su lugar y se acurruco aun mas en la esquina opuesta de donde se encontraba el pelinegro.

Lloro... y él lo único que pudo hacer fue observarla llorar sin saber porque lo hacia.

Se sintió miserable al considerar que tal ves él era, una ves mas, la razón de sus incontables lagrimas.

Sin darle tiempo a la pelinegra el chico se abalanzó hacia la joven quien escondía su rostro entre sus brazos que se apoyaban en sus rodillas y la abrazo suavemente para unirse a esta en su llanto.

Tal ves él hubiera sido el culpable o el causante de las lagrimas, quizás no fuera así y en realidad la chica lloraba por algo ajeno a él mismo y que desconociera pero ciertamente era un hecho que la tristeza que la pelinegra sentía era prácticamente la misma que la del chico solo que por causas sumamente diferentes.

Uno lloraba por incontables recuerdos que agolpaban en su mente trayendo olas y mareas de sentimientos negativos, sentimientos que ya no deseaba al igual que los recuerdos que los provocaban; mientras otro lloraba por los millares de recuerdos de momentos felices que ahora parecían taaaan lejanos y que seguramente jamás se volverían a repetir.

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Se encontraba sumamente feliz, rebosante de alegría al saber que esa noche podría salir a una importante fiesta con uno de sus múltiples "amigos".

Salió presurosa del hotel para dirigirse hacia una de las peluquerías de la zona donde le pidió a la estilista o mas bien le exigió y hasta incluso la amenazó de que debía hacerle un peinado espectacular digno de una diosa del olimpo, como ella misma se había auto-calificado, a lo que la estilista la observo un tanto molesta mientras tomaba sus peines y secador de cabello y ponía manos a la obra.

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Largo rato fue el que le tomo encontrar un vestido acorde lo que necesitaba hasta que finalmente dio con uno que en realidad no era precisamente un vestido.

Un sencillo conjunto de corsé en tono salmón con algunos brillos en la parte delantera, pantalón negro y una falda larga en tonos negros y salmón llamaron la atención de la pelinegra abogada quien al instante considero las múltiples posibilidades que brindaba esta atuendo taan particular.

La única pregunta que aun no respondía era de que color serian esa noche... azules como el inmenso cielo o tal ves... marrones... como el mar antes de una enorme tormenta.

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La tomo en sus brazos mientras la envolvía aun mejor en la bata blanca y la llevo hasta la habitación mientras era seguido de cerca por la pequeña gata.

Coloco gentilmente el pequeño cuerpo mojado sobre la cama y luego la cubrió con unas cuantas mantas al notar que la chica tiritaba entre sueños.

Dormía, definitivamente estaba dormida pero lo que menos hacia era descansar y eso fue claramente notado por el pelinegro mientras la veía moverse inquieta cada tanto entre las colchas.

Sintió frió y observo sus propias ropas mojadas para luego levantarse de su silla y caminar dudoso pequeños pasos que lo conducierón hacia su habitación en donde se dispuso a tomar un baño de agua caliente que lo ayudara a recuperar el calor corporal perdido para luego ponerse ropa seca y limpia.

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Caminaba por un pequeño sendero que apenas era iluminado por la tenue luz de la luna que solo asomaba la mitad de su pálida cara.

Su vestido rojo como el fuego se ajustaba a sus curvas mientras que los flecos de la falda hondearon en la brisa nocturna y sus pies descalzos avanzaban lentos y temerosos por la alfombra de verde césped.

Avanzaba incesantemente hacia un punto en el horizonte que le era incierto y desconocido hasta que pudo vislumbrar un edificio en cuyo interior se adivinaba un enorme movimiento.

Abrió la puerta principal del edificio y camino por la alfombra blanca por la cual varias personas caminaban y en su recorrido tomaban un pequeño folleto con varias fotografías y nombres.

Continuo por la alfombra que pronto se perdió dentro de un pasillo cuyas paredes estaban empapeladas por diferentes fotografías de chicas y chicos con sus nombres debajo.

Allí vio una fotografía de una morena de ojos azules con el nombre de "Tomoyo Daudoji" debajo de ella.

Esa era ella, una modelo de pasarela y según podía ver ese también era su desfile.

"Ya esta por comenzar por favor tomen sus asientos" – escucho la chica una voz que denotaba algunos años en su voz

Un bullicio de una habitación contigua llamo su atención y decidió seguir el sonido entrando a un cuarto atestado de gente sobre todo mujeres que se vestían, maquillaban y peinaban a una vertiginosa velocidad mientras una mujer mayor hablaba con una pelinegra que sostenía un estuche blanco de joyería entre sus manos.

La joven pelinegra volteo hacia la chica del vestido rojo y la observo cara a cara mientras una amable sonrisa se dibujaba en su rostro, volvió su cara hacia la amable mujer y continuo dándole instrucciones para luego hablarle a una chica aun mas joven pidiéndole que acompañara a un moreno a su sitio entre el público.

La chica le paso el estuche a la mujer mayor para luego colgarse del cuello del pelinegro y darle un pequeño beso en los labios de este.

"Cuídame a mi novio" – pidió juguetona y con una sonrisa en los labios a la chica que minutos después guió al chico a la fila central.

Antes de que la chica de rojo pudiera hacer algo su doble se paro junto a ella y la observo con una pequeña sonrisa.

"Síguelo" – le dijo esta casi en tono de orden – "Síguelo y termina con esto"

La chica tomo la parte media de la falda y la alzo un poco mientras se daba la media vuelta y seguía los pasos ya casi perdidos del chico y la joven mujer.

Pudo ver varias filas de sillas atestadas de gente, hombres y mujeres que observaban asombrados los exquisitos diseños y por las hermosas modelos que los lucían.

Las luces bajaron en el lugar mientras una niebla rosa y poco densa descendió bajo la pasarela y un vestido blanco asomaba por el extremo opuesto.

Se reconoció a ella misma como la modelo y se acerco curiosa y extrañada aun mas a la pasarela observando un cambio evidente en su propio rostro: desagrado, desilusión o incluso decepción asomaban en su cara blanca o mas bien pálida.

Los azules de abajo siguieron el camino invisible trazado por los azules cristalizados desde la pasarela pero lo que vio le quito el aliento.

Un beso o mas bien varios besos entre un pelinegro y una castaña, su novio y otra mujer quien exploraba ávidamente la boca del joven hombre.

Giro su cabeza cuando vio una lluvia de rosas multicolores que caían sobre el público quien se puso de pie y estallo en aplausos.

La pelinegra del escenario tropezó o al menos eso creyó la chica de intensos azules que se encontraba bajo la pasarela pero el tropiezo fue frenado por un joven de cabellos largos y plateados quien abrazo a la chica por la cintura y le murmuró algo inaudible a la chica de rojo para luego ver como la de la blanco, aparentemente, le había contestado también.

El desfile termino y poco a poco la gran sala se había quedado vacía.

Bajo sus ojos oscurecidos a sus manos solo para ver una hermosa rosa que se encontraba entre esas.

Una rosa negra en la que pudo ver toda su tristeza reflejada mientras nuevos y dolorosos recuerdos agolparon en su mente una ves mas pero esta ves lo recordó todo, incluso el horrible accidente y la sangre que corrió libremente fuera de sus venas a causa de el.

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Realmente no quería ir al salón de belleza a hacerse un peinado demasiado elaborado pero la ocasión lo exigía o mas bien demandaba cierto tipo de ropa y peinado que evidentemente no eran los que usualmente usaba la pelinegra.

Entro al pequeño recibidor y sin mucho que decir pidió que la atendiera una de las estilistas del lugar pues esa noche tenia una importante fiesta.

Pronto la hicieron pasar a una de las sillas de los estilistas donde una castaña le ofreció un café el cual acepto gustosa.

"Y bien qué es lo que tenia en mente?" – pregunto la chica

"Necesito un peinado cómodo pero que fácilmente pueda convertir en algo distinto y luego volverlo nuevamente al primero con mucha facilidad" – indico la chica mientras sorbía su café.

"Pues creo que tengo lo que busca" – comento la castaña mientras abría una gaveta y extraía unos largos mechones negros azulados – "Bien con esto créame que lograremos lo que busca" – indico la chica mientras comenzaba a pegar cada una de ellas y la pelinegra sonreía complacida.

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Y lo había recordado todo!

Todo aquello que no había querido recordar lo recordó y sin mas que hacer abrió los ojos y observo el techo marrón.

Había recuperado su vista. Claro ...era evidente.

El médico anteriormente le había dicho que no había una razón clínica para su perdida de la vista aunque si para la de su memoria.

El fuerte golpe produjo la perdida de la esta en forma temporal pero no permanente.

Así que los médicos consideraron que posiblemente la chica había sufrido un trauma emocional sumamente fuerte minutos antes de su accidente por lo cual tanto su recuperación de la vista como de la memoria estaban ligadas una con la otra.

Se sentó tranquila en la cama mientras su mente analizaba su situación actual: estaba en una cabaña lejana con la única persona con la cual no deseaba estar.

La gatita salto a sus piernas y la joven pelinegra no pudo obviar una pequeña y triste sonrisa al ver como la minina le ronroneaba y restregaba su pequeña cabecita contra el brazo mojado.

"Nos vamos mi Sol de noche" – le dijo la chica a la minina mientras se ponía de pie y abría su armario sacando un pantalón y una blusa además de unos tenis blancos y unas medias del mismo color.

Se metió al baño y comenzó a cambiarse de ropa tan rápido como podía.

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Se observo en el espejo frente a ella con su hermoso vestido o mas bien debería de decir con esas tiras de telas que taan escasamente cubrían las áreas pudorosas de su cuerpo.

Nada había sido dejado a la imaginación, absolutamente nada!

Su vestido negro se ceñía como guante al pequeño cuerpo asentando las curvas que se adivinaban bajo la tela mientras un escote en v llegaba desde sus pechos hasta su ombligo; claro que todo esto era completado por la larga falda del vestido en donde algunos brillos destacaban el tajo justo entre medio de ambas piernas que comenzaba a pocos milímetros después de su pequeña lencería negra.

Nada había sido dejado al azar de la imaginación pero absolutamente nada!

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Luego de probarse varios peinados y estilos la morena decidió usar una pequeña extensión de color negro que formaba un pequeño moño del cual salían las puntas del cabello creando un alocado estilo de "plumero".

El truco para cambiar de un peinado a otro estaba en un broche que en ves de ser disimulado era vistoso y brilloso que se colocaba entre el cabello real de la joven y la extensión negra en la parte baja de la cabeza la cual además constaba con una especie de peine que se enganchaba al cabello real de la parte superior de la cabeza.

Con la extensión la pelinegra lograba un discreto y muuuy elegante moño desflecado mientras el resto de su pelo, el real por supuesto, caía libremente por sus hombros y espalda al cual por supuesto la estilista había peinado y alisado dejando las puntas con cárieles (rulos bieeen cerrados) que habían sido tratados con cera dejándolos firmes y brillosos.

El moño lo usaría con los marrones y los cárieles con un impecable lacio con los azules.

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Salió de la habitación al estrecho pasillo en busca de un teléfono con el cual llamar a un taxi.

A pocos pasos de la puerta encontró el ansiado aparato reposando en una pequeña mesita.

Sin pensarlo mucho digito una serie de números y espero que la llamada entrara.

Aun no sabia donde estaba pero si sabia que se quería ir de allí lo antes posible.

Escuchaba el tono de la llamada mientras sus ojos vagaban por la pequeña mesita llena de diferentes objetos entre los cuales pudo hallar una fotografía.

Tomo el gran marco de madera con su mano libre y observo con suma atención a las personas que en ella se retrataban: una pareja madura que sostenía en brazos a una niña de 6 años con una inmaculada sonrisa.

Parecían felices y contentos mientras posaban para el fotógrafo.

Las lagrimas inundaron sus pequeños azules que se oscurecieron al saber la próxima tormenta que en ellos ocurriría, esa era la casa de sus abuelos, la casa que había jurado jamás volver a pisar y sin ella saberlo había incumplido a su propia promesa.

Seguramente sus padres habían considerado el enviarla allí porque para ellos ese era "su lugar favorito en el mundo" como estos habían dicho alguna ves y seguramente ellos la habían enviado con él al no tener deseos de encargarse de ella o de tener algún compromiso social importante como la fiesta que se realizaría el 9 de septiembre en donde todas las casas de modas y la "cream de la cream" de la sociedad se reunía a hacer absolutamente nada productivo.

Colgó el teléfono al darse cuenta que la compañía a la que había llamado no le seria de utilidad ya que era de la ciudad y no la iría a buscar hasta el campo con la velocidad que realmente necesitaba.

Una ves mas tomo el teléfono marcando un nuevo número solo que esta ves alguien contesto del otro lado.

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Realmente no quería ir a esa estúpida fiesta donde seguramente mas de media población femenina se lanzaría sobre él como si fuera el ultimo hombre sobre la faz de la tierra pero estaba preocupado por su amiga ojiazul.

Si bien era cierto que sabia que había salido del hospital hacia mas o menos uno o dos días no tenia idea de como estaba y porque el idiota de Kinomoto insistía con eso de que la chica se le aparecía cada dos por tres en la empresa cuando él sabia que tal fenómeno era imposible por estar esta en algún lugar en el campo descansando.

Observo el saco con desagrado y mas aun a la corbata la cual tomo casi con odio entre sus blancas manos cuando pudo oír el sonido de su celular sonar con una melodía que hacia años no oía.

Camino con grandes zancadas hacia el aparto y leyó el nombre de "Tomy casa de sus abuelos" en el identificador y aun mas extrañado se llevó este al oído mientras presionaba el botón de atender en el aparato.

"Aló?" – pregunto extrañado el peliblanco

"Hola, hablo al celular de Yue? Soy Tomoyo" – contesto la voz femenina del otro lado

"Tomy soy Yue estas dónde creo que estas?" – pregunto nuevamente el joven mientras se sentaba asombrado en un sofá

"Si para mi desgracia estoy en casa de mis abuelos" – contesto con tristeza – "Necesito que me vengas a buscar ahora es realmente urgente que lo hagas" – suplico la chica

"Claro salgo para ahí" – contesto el joven mientras se ponía de pie y buscaba sus llaves

"No vengas a la cabaña" – pidió la chica – "Ve a buscarme al lago, tu sabes donde" – termino la chica mientras oía como el chico asentía con un débil sonido y se cortaba la comunicación.

Metió el aparato en el bolsillo del saco al tiempo que tomaba la corbata para luego salir de su departamento, meterse a su auto y comenzar su trayecto hasta a glorieta del lago.

El lugar favorito en el mundo para una pelinegra...

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Bajo lentamente el teléfono para luego darse vuelta y enfrentar a un pelinegro que entraba por la puerta del pasillo.

No la había visto hablar por el aparato y sobre todo la chica contaba con la gran ventaja de que él no sabia que ella lo recordaba todo además de ver perfectamente bien.

"Estas despierta" – hablo el joven con una tierna sonrisa en sus labios

"..." – definitivamente no podía hablar, se encontraba en shock y tal ves de hablar se descubriera sola.

"Me preocupe mucho al verte llorar de esa manera, por qué llorabas? " – pregunto visiblemente preocupado

"Porque no me gusta obligar a nadie a estar conmigo" – mintió la chica – "Y tu estas aquí por obligación pura" – continuo con la mentira para luego mover sus pies y caminar a un lado del chico saliendo del corredor

El pelinegro quedo inmóvil al darse cuenta de que la joven consideraba que él estaba allí por obligación cuando en realidad estaba allí por amor.

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Camino presurosa por el pequeño estar para luego salir por la puerta principal sin hacer el mas mínimo ruido mientras una minina atigrada gris la seguía de cerca.

Continuo dando grandes zancadas lejos de aquella casa que guardaba tan amargos recuerdos tanto del pasado como del ahora.

Y ahora sin darse cuenta comenzó a correr desesperadamente hacia la glorieta mientras pequeños mares salados corrían por sus mejillas.

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Se observo de pies a cabeza en el espejo de cuerpo entero para verse a si misma como una tonta muñeca adornada a la cual muuuy posiblemente subastaran esa misma noche.

Prendió solamente los botones del frente de la falda negra dejando el lado color salmón en la parte de adentro formando así una pequeña capa detrás del pantalón negro que comenzaba sobre las caderas.

El pequeño corsé de color salmón hacia juego con la parte interna de la capa-falda que en el momento adecuado esta podría convertirse en una falda que conformaba un vestido espectacular para quien lo veía.

Coloco los azules en su pequeño bolso de mano y salió del apartamento con su pequeño moño de cabello "ajeno", su maquillaje sobrio y sus pocos deseos de asistir a una fiesta taan superficial y vacía como aquella.

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Condujo tan rápidamente y responsablemente como pudo hacia la glorieta aunque ambos términos no iban muy de la mano que se digiera.

Le urgía saber porque lo había llamado desde aquel lugar que tan malos recuerdos le traía para ella además de su estado de salud ya que sabia que tenia algunos problemas de visión entre otras cosas.

Giro a la derecha en la próxima bifurcación para 10 minutos mas tarde llegar a la pequeña glorieta en donde una figura femenina se encontraba sentada en el angosto barandal con una bolita gris en su regazo.

Dio grandes zancadas hacia la figura que minuto a minuto se fue aclarando hasta convertirse en una hermosa pelinegra y una gatita atigrada gris que se acurrucaba en las piernas de su dueña.

La chica pudo oír el cerrar brusco de la puerta de un auto justo en el momento en que un peligris se acercaba a ella.

Se acomodo un poco mejor sobre la baranda de la glorieta y acaricio a la pequeña gatita que parecía dormir mientras ronroneaba.

"Bien e llegado, se puede saber qué haces en la casa de campo de tus abuelos?" – pregunto el chico mientras se sentaba a su lado – "No te habías prometido a ti misma no volver jamás después de lo que paso con el tal Kinomoto?"- continuo con el interrogatorio

"Hola antes que nada o acaso ya no se estila saludar a los amigos?" – pregunto esta con una sonrisa

"Hola" – contesto el peligris a la chica con una tímida sonrisa – "Ahora me podrías contestar qué haces aquí?"- retomo el tema

"Pues si, lo había prometido es solo que no lo recordaba" – contesto la chica – "Veras perdí la memoria temporalmente y mis padres me enviaron aquí junto con..."

"Conmigo" – contesto un pelinegro que entraba a la glorieta mientras la pareja de amigos alzaba la vista para verlo – "Veo que recordaste todo" – acoto el chico

"Si, para mi desgracia o mi suerte lo recode todo" – continuo la afirmación del chico – "Incluso recordé como besabas a Sofía y como entre ambos se acariciaban" – continuo la chica con una débil y triste sonrisa

"Creo que aquí sobro" – susurro el peligris quien comenzaba a sentirse incomodo en aquella situación mientras se levantaba del barandal

"No" – dijo rápidamente la chica tomándolo por el brazo - "Aquí la única que sobra soy yo" – contesto la chica – "No es así Eriol? Siempre e sido yo la que a sobrado, la que no cuadra en tu ecuación perfecta jaja!" – rió irónicamente

"..." – podía oír e incluso comprender lo que la chica le decía pero su cerebro era incapaz de absorber debidamente la información como para devolver una respuesta coherente luego de haberla oído decir que lo había visto besarse con Sofía

"Ah tu madre va a ser súper feliz!" – continuo la chica con su respuesta – "Ella nunca me quiso y seguro a de adorar a Sofía ojala que seas feliz con ella y que se casen pronto para que comiencen a formar una familia y todo eso" – dijo esta tratando de aparentar naturalidad

"Tomy tengo que llegar a la fiesta" – articulo el peligris tratando de "salvar" de alguna forma al joven pelinegro de las duras palabras de la chica frente a el

"Si yo creo que también voy a tener que ir" – contesto la chica mientras se ponía de pie y abrasaba a su gatita

"Tomoyo... yo..." – balbuceo el pelinegro parándose frente a ella

"Tu qué?" – pregunto la chica casi escupiendo las palabras –"Te sientes culpable? O acaso estas decepcionado de ti mismo por haber sido descubierto taaan pronto? Tenias planeado algo un poco mas humillante para mi" – acuso la chica casi con furia – "Contesta!"- exigió la joven – "Tu qué?!" – exigió aun mas enojada

"Lo siento!"- grito ante la presión – "Realmente jamás fue mi intención hacerte nada de esto, jamás quise besar a Sofía y mucho menos llegar a los extremos de casi acostarme con ella pero..." – y su cara se sintió arder y quemar al mismo tiempo mientras los azules frente a él se oscurecían a un negro intenso

"Es mejor que no sigas con tu discurso de disculpas porque no te lo creo!" – afirmo la pelinegra aun mas molesta – "Yo solo sabia que tu la habías besado, no sabia que casi la llevas a la cama pero bueno ya nada me podría sorprender" – termino la chica con desilusión

"Realmente lo siento" – murmuro el pelinegro mientras acariciaba su propia mejilla enrojecida

"Como sea, vamos Yue tenemos que pasar por algún lugar a conseguirme un vestido" – agrego la chica tratando de calmarse mientras se encaminaba al auto

"La hiciste buena" – le dijo el peligris al moreno – "Nunca la había visto taaan enojada y desilusionada de alguien" – continuo mientras miraba a los ojos al pelinegro – "Lo peor de todo esto es que para dentro de unas cuantas horas todo ese enojo y desilusión se convertirá en un corazón roto" – concluyó el peligris mientras se encaminaba al auto para luego encender el motor y regresar a la "gran ciudad".

Esta ves con tres pasajeros: un gatita media dormida, un amigo preocupado y una pelinegra de ojos apagados y brillosos con un corazón roto o mejor dicho...echo polvo