Hola a todos!
Lamento la tardanza, pero he tenido un mundo de cosas que hacer jeje, pero aquí esta el capítulo, espero les agrade.
Saludos!
Estaba furiosa, des un principio todo había estado destinado a salir mal. El vestido que había elegido era el correcto, llamativo, sensual, nadie podría ignorarla con ese vestido, se había encargado de ello. Su contacto le había conseguido un trato especial, pero no se enteró de ello hasta el día del baile, lo cual la puso bastante tensa.
Cuando estuvo vestida y lista la llevaron hacía la mansión veraniega de un noble, el cual desconocía. La llevaron a una sala y le sirvieron te, nunca había estado en esa situación, siempre era la que hacía esperar, y esta vez tuvo que quedarse sentada por 30 minutos, tratando de tragarse su coraje y furia por verse tratada con tal indignidad. Era la heredera al trono después de todo.
Entendió todo cuando al cuarto entró nada más y nada menos que Kurogane Taisho, el rey de Westvalley.
Nunca lo había visto en persona, pero al verlo supo que por sus venas corría la misma sangre que la del duque, su cabello plateado lo llevaba corto y estilizado a la moda, sus ojos a diferencia del ambar de Inuyasha, eran de un azul profundo, su mirada era gélida, y orgullosa, y al verla no hizo ningún ademán ni nada, como si no estuviera ahí, volteo hacía un lado donde estaba su asistente, le susurro algo y después regreso a verla.
-Tengo entendido que nuestro contacto en común le ha explicado todo – dijo en un tono de voz frío.
Kykio se puso de pie y se sintió inclinada a defenderse y mostrar que no había diferencia entre ellos, que eran del mismo nivel.
-Me indico que alguien me acompañaría al baile, no sabía que tendría el placer de asistir a su lado.
La ausencia del término correcto era una falta de respeto a menos que se hablaran entre iguales. Kykio sonrió, pero el rey no le devolvió el gesto, al contrario hizo una mueca de fastidio y se llevó una mano a la frente.
-Las reglas son así, asistiremos al baile juntos, sin embargo eso no significa que seamos pareja, ni que haya posibilidad alguna.
-Eso no sabe, quizás después pueda llegar a cambiar de opinión…- comenzó Kykio, pero fue interrumpida por el rey quien le alzó el rostro con un dedo y la acerco a él.
-Quiero que entiendas una cosa, tu presencia solo es una molestia para mi, me vi obligado a tratar contigo por que no puedo permitir que el inútil de mi sobrino llegué a la corona, por ningún motivo.
Kykio se soltó del agarre del rey y le vio enfadada. Nunca jamás en la vida se había sentido tan ofendida, era como si ella no fuera nada para el rey de WestValley, lo mas interesante y frustrante fue que mientras mas era ignorada por el, más esfuerzo ponía para llamar su atención, y cada que fallaba, lo cual tenía que admitir era lo más común, se sentía mal, y se encontró inmersa en un ciclo sin fin.
Cuando llegaron al baile, e hicieron su entrada triunfal, pudo ver por un momento el rostro compungido de Kagome, se regocijo en ello, la gente le veía sorprendida y eso le agrado, en ese momento no le importó lo frío que podía ser el rey, estaba sirviendo con el fin de quitarle el trono a Kagome.
Su momento no duró mucho, el duque contra ataco con una estrategia tan magistral que ni siquiera Kurogane Taisho pudo hacer nada para impedirlo. Los medios de comunicación perdieron de vista su entrada y de quien venía acompañada, y se volcaron en entrevistar a su hermana y al duque.
Y ahí estaba, unos días después, viendo las fotos de su hermana con el duque, ahora le seguían a todos lados, siempre sonriendo, y luciendo tan enamorada que enfermaba.
Necesitaba hacer algo y no lograba ver que tenía que hacer. Él le había dicho que se calmara, que pensaría en algo para poder estar a la par, pero no lograba ver que podían hacer. Al final el rey Kurogane se retiró media hora después, dejándola sola y enfurecida.
Esa noche necesitaba consuelo y algo con lo que olvidar lo que estaba pasando. Quedo de verse con Lord Onigumo, generalmente no accedía a sus encuentros, pero el Lord era joven y tenía experiencia en como distraerla y hacerle pasar un buen rato.
Cuando el Lord entró y le vio, Kykio pudo ver el destello de deseo en su mirada y ella sonrió, quizás no era deseada por el rey de West Valley, pero había muchos hombres que rogaban por tenerla.
Al final, ella no le rogaba a nadie.
…
Estaba agotada, no tenía idea que compartir la noticia de estar comprometida atraía mas atención y mas compromisos que antes. Todo el mundo quería saber como había sido, que había sentido, como era su anillo, cuando se casaban, y ella no tenía respuesta para nada.
¿Qué había sentido? Confusión, alegría, miedo, hubo tantas emociones en ese momento que a la fecha no sabía como realmente se sentía. A ratos estaba contenta, veía el anillo en su dedo y sonreía, y otros días lo veía con fastidio, generalmente cuando había tantos compromisos que tenía que dejar uno para asistir a otro, era en estos días que odiaba estar comprometida, odiaba a Sesshomaru por no encontrar otra salida, y a todo el mundo en general.
Hoy era uno de esos días. Edran apenas las 12 del día y ya había asistido a un desayuno, y dos brunch en donde no hizo más que tomar té con algunas personas demasiado tercas como para dejar de escuchar su relato, una vez más.
Los últimos 3 días habían sido así, de hecho el día anterior ni siquiera se acordaba si había comido o no. Estaba segura que Kouga le había dado un ligero almuerzo, pero no recordaba algo mas consistente.
Por la noche estaba tan cansada que lo único que quiso llegar hacer era tirarse en la cama y dormir, y eso hizo.
Ahora estaba en el coche, su estómago le dolía, o mejor dicho sentía un vacío en la boca del estómago, estaba segura que era por falta de alimento, o algo así, pero Bankotsu tenía un control tan estricto de la agenda que no dejo salida para comer algo real. Kouga que iba sentado a su lado, llevaba siempre futa y refrigerios sencillos, pero realmente no tenía muchas ganas de comer.
Llegaron a una casa hogar, tenía que visitarla, hablar con algunos niños y retirarse. Este tipo de eventos eran del tipo que trataba de tomar con mas calma y paciencia, le gustaba ver a los niños, hablar con ellos, de vez en cuando ella programaba una visita, y si, aunque no estuviera al 100% los niños no tenían la culpa por lo que antes de salir respiro profundo.
-¿Te sientes bien Kagome? – preguntó Kouga ligeramente preocupado – Te vez un poco pálida.
-No es nada – dijo Kagome segura – Vamos, llevamos creo algunos minutos de retraso.
Kouga asintió, sin embargo tomo nota para no perder de vista a la princesa, no podía dejar que algo le sucediera solo por su estado emocional.
Tenía que aceptar que el ver en vivo la propuesta de matrimonio fue un golpe bajo hacía él. Toda la escena parecía sacada de un cuento de hadas, y le carcomía por dentro la imagen de Sesshomaru y Kagome abrazados.
Tenía que aceptar que no había estado poniendo especial atención, se sentía traicionado aunque no tenía derecho, por lo que hacía todo lo posible por estar distante de Kagome. Estar a su lado a pesar de todo era algo que el había decidido, así que haría frente a las consecuencias de su acto, aunque doliera como un demonio.
Bajaron del auto y los niños sonrieron al ver a la princesa. Kagome sonrió feliz y les saludó con una mano.
Caminó hacía el interior de la casa hogar y saludó a las asistentes y encargadas del cuidado de la casa hogar.
-Su majestad, es un placer tenerla aquí – dijo la mujer sonriendo – Nuestros niños no hicieron otra cosa que hablar de hoy.
-Es un placer para mi – dijo Kagome sonriendo.
-Le mostraré el interior – dijo la directora.
La casa hogar era de mediano tamaño, tenía salones de clase y un gran comedor, al menos podía albergar a 50 niños, y las habitaciones estaban saturadas de pequeñas camitas en literas.
Los niños corrían por todo el lugar, su ropa, aunque limpia lucía desgastada y a veces rota. Kagome hizo la anotación mental de dar una donación a la casa hogar.
Las clases de los niños estaban por terminar, por lo que al sonar el timbre Kagome pudo ver como una multitud de niños salían y corrían de un lado a otro.
Trataron de formarse como disciplina pero algunos niños se asomaban para verla y esto la hizo sonreír.
-Su majestad, quiero que conozca a un par de nuestros niños más afectos a verla por televisión – dijo la directora.
Kagome volteo hacía abajo y vio a una niña de unos 8 años, con el cabello negro y una coleta de lado, a su lado había para su sorpresa un pequeño niño demonio zorro. Kagome volteo a ver con sorpresa a la directora quien le vio segura de su respuesta.
-Aquí no discriminamos a ningún niño – dijo segura. Kagome sonrió realmente satisfecha con esa respuesta.
-Hola, su majestad, yo soy Rin y él es Shippo – dijo Rin sonriendo – El no habla mucho, pero yo hablo por los dos.
-Muy bien, ¿les gusta ver los eventos de la corona en televisión? – preguntó Kagome
-Todos los días – dijo Rin sonriendo – Me gustó el vestido que uso en el baile, parecía de una princesa, pero por supuesto usted es una princesa real así que…
-Rin – la reprendió la directora. Kagome sonrió.
-Déjela, esta bien – dijo Kagome al ver a la pequeña hablando en exceso.
-Shippo decía que usted no vendría, y yo le dije que si usted lo había prometido, usted tendría que venir – dijo Rin orgullosa.
-Por supuesto, cumplir mi palabra es muy importante – aseguró Kagome
-Le escribimos todos los días pero no hemos recibió respuesta, pero no importa ya esta aquí .- dijo Rin sonriendo.
-Tengo muchas cartas que me llegan diario, pero hagamos una cosa, si tienen una que darme las recibiré el día de hoy – dijo Kagome. Rin soltó un gritito de sorpresa y Shippo le vio con los ojos abiertos.
-¡Voy por ellas! – dijo Rin saliendo corriendo. Shippo se quedo en su lugar viendo a la princesa con curiosidad.
Cuando Rin regreso y loe dio un par de cartas, una con mas dibujos que la otra Kagome las vio con detenimiento. Una de ellas tenía dibujos bastante bien elaborados y volteo a ver a ambos niños.
-Esa la hizo Shippo, le gusta dibujar – dijo Rin dándole un codazo a Shippo – Dile Shippo.
-Shippo, tu dibujas muy bien – dijo Kagome agachándose a la altura del pequeño – Leeré con atención tu carta, y cuando quieran mandarme más me aseguraré de leerlas.
Shippo se sonrojo y asintió, Kagome se puso de pie pero al momento de hacerlo se mareo, la directora notó como Kagome perdía el color y se acerco a ella preocupada.
-Su majestad ¿se siente bien?, ¿quiere un vaso de agua? – preguntó la mujer.
Al escuchar esto Kouga atravesó la sala solo para ser detenido por la mano de Kagome.
-Si, solo me levante muy pronto – dijo ella – Lamentablemente tengo que retirarme, pero me aseguraré de mandar recursos a la casa hogar.
-Muchas gracias su majestad – dijo la mujer agradecida.
-Nos vemos Rin, Shippo – dijo Kagome sonriendo.
Con todo su esfuerzo camino derecho hasta el auto, podía sentir sus piernas flaquear, y dio gracias a que el conductor abrió de prisa la puerta. Al entrar se sentó en el coche y descanso la cabeza en el asiento.
Kouga entró en el auto y la vio preocupado.
-Tenemos que cancelar las demás citas – dijo viendo a Bankotsu quien parecía estar revisando.
-Quizás si su majestad se recupera, por la tarde podemos retomar uno o dos compromisos – dijo el hombre viendo la agenda. – Su majestad la reina fue muy clara cuando nos comentó que la mayoría de las citas deberían de llevarse a cabo.
-No acosta e la salud de su hija – dijo Kouga enfadado.
-Escucha, se que te preocupa su majestad, pero debemos hacer un esfuerzo, realizar este tipo de eventos, aún en las condiciones mas adversas son cualidades que solo un verdadero líder puede hacer – dijo Bankotsu.
Kouga le vio furioso, ¿acaso estaba insinuando que Kagome no era una buena líder?, ¿Cómo se atrevía?
-Basta – dijo Kagome – Solo necesito descansar un poco, no te preocupes Kouga, Bankotsu tiene razón, no podemos darnos el lujo de no ir.
Kagome recostó la cabeza en el asiento y cerró los ojos, solo un poco de descanso y quizás una siesta podría hacer maravillas. Estaba segura que asistiría a los compromisos por la tarde sin problema.
Lo que la princesa no vio fue a Kouga teclear en el teléfono de prisa.
Por su cuenta corría que Kagome pudiera tener más descanso, tuviera que llamar a quien tuviera que llamar.
…
Al llegar al palacio Kagome pudo darse cuenta de dos cosas, uno, que su asistente era un chismoso y dos, que posiblemente no podría ir a sus eventos en la tarde. Cuando bajo del coche, se encontró con Sesshomaru, de hecho un muy enojado Sesshomaru, que le extendió la mano para ayudarla a bajar.
-No me siento tan mal – dijo Kagome haciendo lo posible por no quejarse del dolor de cabeza que comenzaba.
-¿Cuándo fue la última vez que comiste? – preguntó Sesshomaru olvidando los formalismos en público.
-Ayer por la tarde – contestó Kouga por ella desde atrás.
Kagome le volteo a ver de manera no muy amigable. Kouga alzó los hombros y vio al duque.
-Casi se desmaya en la casa hogar – dijo el lobo.
Kagome se enfado aún más, pero no pudo decir nada ya que el duque la levantó en brazos y Kagome casi muere de la vergüenza.
-Yo puedo caminar sola – dijo viendo a los sirvientes murmurando.
-Según tu asistente no, y resulta que mi olfato tampoco se equivoca – dijo Sesshomaru – Bakkotsu quiero hablar contigo.
Kouga vio al publicista palidecer y el tuvo que sonreír al verle.
-Si me hubieras hecho caso…
Kagome pronto se dio cuenta que era peor si luchaba ya que no lograría bajar y llamaría más la atención, así que simplemente se quedo en silencio hasta que llegaron a su habitación.
-No puedes entrar – dijo tajante. Sesshomaru le vio con una ceja alzada, dio la vuelta a la manija de la puerta y entró con ella en brazos. – Te dije que no podías entrar, nos pueden ver.
-La otra noche no pareció molestarte – dijo Sesshomaru depositándola en la cama - ¿O que pensaste que iba a hacer?
Kagome se sonrojo y volteo el rostro, una mezcla de enfado, vergüenza y deseo se apoderó de ella, haciendo el momento más difícil.
Sesshomaru se inclino sobre de ella y Kagome pudo sentir los plateados cabellos del duque haciéndole cosquillas en la mejilla.
-Quizás pensaste que haríamos algo más interesante – dijo Sesshomaru.
-No lo harías – dijo Kagome sonrojada – Esta fuera de las leyes del decoro, tenemos que esperar hasta la noche de boda.
-¿Y quien dice que yo respeto las reglas del decoro todo el tiempo?
Kagome abrió la boca sorprendida, antes que pudiera decir algo el duque se quito de encima y volteo a ver a la doncella que entraba con agua.
-Asegúrate que su majestad descanse el resto de la tarde – dijo Sesshomaru a la doncella.
-Pero tengo eventos en la tarde – se quejo Kagome.
-Tenías – corrigió Sesshomaru saliendo de la habitación.
Aún no podía creer que gente tan poco profesional tenía Kagome a su lado, si no hubiera sido por el lobo, la hubieran dejado trabajar hasta quedar exhausta, no le importaba las reglas de la reina, Kagome estaba a punto de ser suya, y la responsabilidad de su salud no era de nadie más que de él.
Entró en el salón azul, donde le esperaba un nervioso Bankotsu. Ni siquiera se tomo la molestia de sentarse.
Se encamino directamente hasta el, y lo tomó del cuello, pesé a los intentos de escape del publicista.
-Que no se repita lo de hoy, la princesa tendrá un desayuno, una comida y una cena propios, si me entero que la han hecho trabajar más de lo que puede aguantar no habrá nadie que pueda salvar tu cuello.
Sesshomaru le soltó y Bankotsu sintió el aire regresar a sus pulmones. El duque vio como el publicista se puso de pie y masajeaba su cuello, quizás pensando en lo que diría.
-Hay eventos no sociales, que deben cubrirse – dijo el publicista – No hacerlo podría resultar contra producente para la princesa.
-Bien, yo lo haré – dijo el duque.
Bankotsu dudó por un segundo, pero la mirada gélida del duque le hizo moverse y mostrarle la agenda.
-Hasta que la princesa pueda equilibrar todo, vendrás a mi por este tipo de eventos – dijo Sesshomaru viendo la cantidad de citas por hacer.
-Pero señor, su majestad debe…
-Lo que debe o no hacer la princesa es mi asunto, obedecerás.
Y ahí estaba, no había espacio para una réplica o para contestar de manera negativa. Bankotsu se retiró después de unos minutos, dejando solo a un pensativo duque, había algo que no le gustaba pero quizás aún era muy pronto para adivinar de que se trataba. Viendo los asuntos de la princesa se dio cuenta que le habían saturado de eventos sin importancia, no sabía a que se debía, sobre exponer a Kagome a la prensa no le ayudaría.
Se encargaría de todo, aunque tuviera que hablar con la reina.
…
Después de comer algo se sintió mucho mejor. Gracias a las estrictas ordenes del duque tenía la tarde libre, no es que no estuviera agradecida, pero le molestaba que Sesshomaru se metiera de esa manera, sabía que debería de esforzarse, pero como lo haría si no le permitían esforzarse.
El médico había recetado descanso de dos días, y una dieta en especial para evitar cuadros de gastritis. Nada serio, debía comer algo por las mañanas si no quería que la presión se le bajara como en la mañana. No era gran cosa, pero tenía la impresión que Kouga y el duque harían una tormenta en un vaso de agua.
Tendría que hablar con el duque, era de gran ayuda, y estaba segura que tenía mucha mas experiencia que ella, pero no podía permitir que se metiera de esa manera en asuntos de la corona, ella tenía que hacerse fuerte, y si la sobreprotegían no lo lograría.
-Deberías de estar descansando – le dijo Kouga detrás de ella.
Kagome suspiro, estaba molesta, Kouga tenía que aprender su lugar, estaba ahí para ayudarle y confiar en ella, no para ir corriendo con Sesshomaru cuando no estuvieran de acuerdo.
-Solo era la presión baja, no soy de cristal y no tengo que quedarme en cama por eso – dijo Kagome molesta.
-Tu salud es más importante que…
-Detente – dijo Kagome seria. Kouga le vio serio, nunca había visto a Kagome enfadada, no con él – Eres mi asistente, tu deber es cuidar de mi, asegurarte que este bien, pero también tienes que asegurarte que cumpla con mi deber, y no lo estas haciendo.
-Kagome, me importa una mierda tus deberes si tu estas enferma yo…
-A mi no – dijo Kagome - ¿Cómo voy a ser una heredera digna al trono si no me dejan hacerme fuerte?, ¿Cuándo has visto a mi madre faltar a un evento por algo tan simple?, la única vez que ha faltado es cuando nos tuvo a mi y a Kykio.
-Kagome…
-No necesito que le llames al duque cada que contradigo algo de lo que tu dices, el y yo vamos a estar casados, sin embargo la reina seré yo, tu deber es conmigo, no con él, ¿esta claro?
-No voy a arriesgar tu salud por nada, ni siquiera por la corona – dijo Kouga molesto acercándose a Kagome a pasos agigantados, le tomo del brazo y le dijo -¿Por qué no entiendes que eres mas importante que una corona?
-Soy importante porque portaré la corona – dijo Kagome – Debo cumplir con mis deberes, y disculpa, pero si no crees ser capaz de cumplir tus deberes y anteponer las necesidades de la corona entonces creo que debes pensar si puedes cumplir con tu puesto.
Kouga le vio asombrado. No podía estar escuchando esto de Kagome, la soltó como si le quemara, el solo quería protegerla, podía oler lágrimas proviniendo de Kagome, pero también podía ver la determinación en ella. Su espalda recta y su cabeza erguida le decían que se estaba convirtiendo en una mujer diferente a la Kagome de la que se enamoro, desgraciadamente no significaba que sus sentimientos disminuyeran, la mujer que tenía enfrente le acababa de poner en su lugar y se había ganado su respeto.
-Espero tu respuesta mañana por la mañana – dijo Kagome antes de retirarse.
Kouga le vio hasta que Kagome entró en el palacio.
Ninguno de los dos sabía que todo el momento había sido captado en cámara.
