Buenas noches, gente!

Aquí les caigo con un nuevo y corto capítulo de este fic de Assassin's Creed x South Park.

Ojalá les guste!

Vicka.

P.d: Les recomiendo escuchar la melodía "Connor's life", del BSO de ACIII, cuyo link de Youtube les dejo por acá:

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Esa rola me inspira mucho para imaginarme muchas cosas respecto a Butters y Tintin XD. Es muy bella, se los aseguro ;-).


IX.

Vientos de cambio.

Asentando su taza de café en la mesa, Leo miró con seriedad a Trent y a Ralph. Éste último, un tanto sorprendido por el relato que acababa de escuchar por parte del rubio, le dijo:

- Vaya… Si tu viejo se puso así porque no le dijiste que ibas a compartir departamento con tus supuestos compañeros de clase, o sea nosotros… ¿Cómo se pondría cuando se entere, si es que llegara a enterarse, de que eres su propio enemigo?

- El cómo reaccione ante ese aspecto no me interesa ni en lo más mínimo, Ralph – replicó el joven -. Es más, ya no me preocupa que él intente matarme.

- Leo – intervino Trent -, aunque te duela, aunque te disguste… Más bien, aunque nos disguste, porque hasta eso, somos familia, pero… Él es tu padre y como tal no debería de intentar matarte. Digo, sería un gusto para mí dejarle malherido por ser un cabrón contigo, pero eso no cambiaría el hecho de que exista una relación de sangre entre ustedes.

- Por favor, Trent… Sabes bien que si él nunca se ha tentado el corazón en venderme a esa puta de Paris Hilton, jamás lo hará cuando llegara el momento de enfrentarme a él.

- Bueno, por un lado tienes razón – comentó Ralph -. El tipo nunca ha tenido las suficientes pelotas como para sacarte de algún apuro tremendo y siempre te ha dejado a la bendición de Dios. De todos modos, él es tu padre y, lo quiera o no, debe de aprender a aceptar las cosas como son y no que intente asesinarte por eso.

Leo se volvió hacia la ventana para contemplar el paisaje de la ciudad en la que vivirá durante cierto tiempo.

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- No puedes hacer nada para detener a tu hijo, Stephen – comentaba Randy mientras bebía una botella de cerveza -. Stan, Kenny y Kyle se mudaron a Denver hace apenas unos meses. Ya son unos hombres, que ellos mismos se defiendan en la vida.

- Pero me parece muy caro pagar 500 dólares de renta – protestó Stephen -. Aún siquiera lo comparte con otros dos compañeros suyos, son gastos que dudo mucho que pueda cubrir.

- Tú siempre has dudado de la capacidad de tu hijo para sobrevivir, Stotch – intervino Stuart -. Siempre lo has dudado a pesar de que te ha demostrado miles de veces la asombrosa capacidad de sobrellevar las cosas.

- ¿Qué intentas decirme con eso, Stuart? – inquirió Stephen, quien se había enojado repentinamente ante el comentario sugerente del señor McCormick.

Éste simplemente bebió su cerveza y, sin pelos en la lengua, le respondió:

- Lo que te estoy diciendo es que yo, a pesar de ser un alcohólico empedernido y violento, trato mejor a mis hijos de lo que tú serías capaz. En pocas palabras: Nunca fuiste un buen padre.

- ¡¿Cómo te atreves?! – exclamó Stephen mientras intentaba abalanzarse encima de Stuart.

Durante un buen rato forcejeó con Randy y con Gerald hasta que se calmó. Stuart, por su parte, bebió otra botella de cerveza y añadió:

- Todos en este condado saben que siempre le has dado lata a tu hijo, Stotch. Por eso tu hijo terminó por explotar. No es por ofenderte, pero te estoy diciendo lo que no quieres ver.

- ¡Oh, sí, claro! ¿Y me lo dice el tipo más alcohólico de todo South Park? ¡Je! ¡Tú ni siquiera eres un padre modelo!

- Pero al menos trato a mis hijos mejor cuando estoy sobrio.

- Ja…

- Los trato mejor porque los quiero, no porque se me inchan los testículos como siempre sucede contigo. ¡Y ellos, aunque no lo creas, me lo agradecen! No importa cuántas veces me la pase agarrándome a golpes con Carol estando ellos o no al frente, pero aún así permanecemos juntos, aún así los hemos sacado adelante y al menos intentan no seguir mis pasos. Y eso, Stephen, es algo que tu hijo también lo está haciendo: El no seguir con tu sistema de crianza.

Al terminar de hablar, el señor McCormick dejó el bar. Stephen, por su parte, se zafó del agarre de sus amigos y se sentó en la barra… Con la triste reflexión del hombre más pobre del condado resonando en su mente.

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Linda observaba el álbum de fotos de la familia.

En varias de esas fotos estaban ella y Stephen en Hawaii, el lugar en donde ella vivía antes de casarse y mudarse a South Park, en donde nacería Leopold, su único hijo. Después observó una foto de los tres juntos en sus vacaciones a Aspen; Leopold tenía en ese entonces 6 años, y justo en esa edad empezaban a ser más frecuentes los castigos que Stephen le imponía.

Cerró el álbum y levantó la vista hacia el hermoso grabado que se encontraba en el fondo del ropero de su hijo, el grabado de la insignia de los Asesinos.

Un dolor en el pecho irrumpió de repente ese minuto de paz y calma, un dolor que, para ella, era una mala señal. Preferiría pensar que ese dolor era producto del estrés, pero ella, como la mujer instintiva que era, sabía que ese dolor no era otro que la terrible impresión de que ya no volvería a ver a su hijo en lo que le restaba de vida... Que su hijo, como Asesino, podría morir en cualquier momento sin que ella lo supiera, sin tan siquiera decirle un último adiós.

Una lágrima se le escapó de sus ojos, obligándole a llevarse una mano al pecho y poder sollozar en silencio.

No era nada fácil para ella poder dormir con el pensamiento de que su niño estuviera afuera, en medio de una gresca que involucraba balas, cuchillas y muerte; no era nada fácil para ella tener el conocimiento de que en cualquier momento alguien de la Hermandad apareciera una noche en la ventana y le dijera que había fallecido en acción.

Definitivamente no era nada fácil para ella cargar con el peso de ser la madre de un Asesino, de ser la madre de un combatiente de la libertad del hombre, de ser la madre de un futuro hombre muerto.