Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 10

-¿Quieres ser mi amante?—

Esa fueron las palabras exactas que habían salido de la boca de Albert. La chica se había quedado totalmente petrificada. Ni siquiera podía hablar, solo se había quedado muda. No sabía que pensar o sentir con semejante pregunta. Solo podía escuchar el sonido del viento que jugaba con sus cabellos y su corazón latiendo rápidamente.

Cualquier palabra que hubiera pensado en decirle. Solo se había quedado trabada en su garganta. Aquello tenía que ser una pesadilla. Porque de todas las posibles preguntas que pudo haber pensado o imaginado. No estaba preparada para esa.

Para Candy no había duda de que ese hombre era el mismo demonio. La rubia podía sentir como se formaba un nudo en la garganta. Sentía tanta ira en su ser. Solo deseaba poder gritarle dos o tres buenas verdades al demonio egocéntrico o borrarle de su rostro esa risa sínica de buen puñetazo. Eso al menos la haría sentir bien a ella.

Pero no lo haría. No iba a perder su tiempo ni energía. El no valía la pena. Solo le daría una buena lección al engreído. Una lección de valores que no olvidaría. El demonio egocéntrico jamás olvidaria que ella no era cualquier mujer. Aunque la rubia no lo supiera ese sería el problema. Albert Andrew jamás lo olvidaría.

Mientras Albert observaba en silencio lo callada que se había quedado la chica. Estaba preparado para cualquier posible bofetada o algo peor. Pero nada ocurría solo estaba callada mirándolo. Ese silencio lo intrigaba y no sabía cómo interpretarlo.

-No dirás nada—dijo rompiendo aquel silencio.

-No tengo nada que decir—dijo girándose para irse.

-¡Espera!...no me darás tu respuesta—

-Me parece que es más que obvia—

-Es un no—dijo con amargura.

-Que inteligente—dijo queriéndose irse. Pero el la detuvo.

-Nunca le he dicho a una mujer que me gusta—

-Y que quiere un premio—

-¡Que me aceptes!—dijo casi levantando la voz.

-Lo siento. Pero mi respuesta es no—

-No lo entiendo—

-Que no entiende—

-Por oír esas palabras de mi boca. Sabes cuantas matarían por estar en tu lugar—la chica solo lo miraba sorprendida. A la verdad que ese tipo era un maniaco egocéntrico.

-Perfecto…búsquese una docena de mujeres que matarían por estar en mi lugar y déjeme en paz—

-No quiero una docena…sino a ti—

-La vida está llena de decepciones señor Andrew…no siempre podemos tener lo que deseamos—

-Ese no es mi caso…siempre obtengo lo que quiero—dijo tomándola por los hombros tratando de besarla.

-¡Suélteme ahora!-

-Tú me gusta—

-¡Y!-

-Cuando algo me gusta lo tomo—

-Pues que pena…porque a esta no la tendrá—

-Yo no estaría tan segura—

-Estoy harta de ti… ¡suéltame!—grito tratando de soltarse. Pero el rubio la tenia fuertemente sujetada por los hombros acercándola más a su cuerpo.

-No seas tonta…ser mi amante tiene sus ventajas…te daré lo quieras—

-No quiero nada suyo—dijo logrando soltarse dando unos pasos hacia atrás.

-Ni siquiera la Granja Girasol…yo podría ayudarlas…hasta olvidaría la deuda—

-Prefiero quedarme en la calle…antes que ser suya—

-No me tientes mocosa—

-Como dije una vez…prefiero dormir bajo un puente—

-Eso no está muy lejos—la rubia lo miro al no entender esas palabras.

-Que quiere decir con eso—

-Ya lo veras—dijo con una sonrisa.

-Sabe pensé que solo era un hombre engreído. Pero no. Usted es de lo peor, es cruel, inhumano, despiadado y el malnacido más grande que existe en todo el planeta tierra.

-Diablos todo eso soy. Gracias por el cumplido—

-No era un cumplido cretino—

-Acéptame…acéptame por las buenas—

-Me esta amenazando—

-Tómalo como quieras—respondió de igual forma que ella hace unos minutos atrás.

-Que me hará si no acepto…ah contésteme—

-Atente a las consecuencias…como sea será mía—

-Púdrete maldito—dijo caminando para irse. Pero no llego lejos al ser tomada por el brazo con brusquedad—

-Ninguna mujer me ha rechazado nunca—logrando rosar sus labios con los suyos.

-Suéltame—dijo dándole un punta pie.

Sin perder tiempo al verse liberada salió corriendo como alma que lleva el diablo. No se había dado cuenta que se había alejado y de que ya no se veían personas en el parque. Pero en cuestión de segundo el rubio la tenia sujeta de nuevo.

-Me gustas maldición…me enloqueces…podría tomarte aquí mismo si quisiera—dijo entre dientes. Sus ojos azules reflejaban tanta ira que por primera vez sintió miedo de ese demonio que tenia frente a ella.

-Me está lastimando…tiene que acudir a la fuerza siempre—antes aquellas palabra lentamente el rubio fue soltándola.

Nunca había perdido el control de esa forma. Pero esa mujer lo estaba llevando a un pozo sin fondo. La deseaba tanto que sentía que enloquecería sino la tenía a su lado.

-Lo siento—

-Solo deje que me vaya—dijo retrocediendo, pero el rubio le agarro la mano.

-Dime tu precio…dime lo que deseas. Deseas la granja…la oportunidad para tu abuela…dime—la chica lo miro sorprendida. El descaro de ese hombre no tenia limites.

-No deseo nada de usted. Solo le diré esto. Yo no estoy a la venta ni puede comprarme. No seré millonaria como usted Albert Andrew ni tengo nada que presumir. Pero definitivamente yo tengo de sobra lo que a usted le hace falta—

-Así y que es—dijo con cinismo.

-¡Valores!…creo que lo perdió en algún punto de su vida—el rubio se le quedo mirando fijamente.

-¡Valores! Que tontería—dijo con una sonrisa…-Todo tiene un precio—

-Mi autoestima, mi amor propio y mi dignidad de mujer no tienen precio…no hay dinero en el mundo que pueda comprarla—dijo con orgullo.

-Podrías tener lo que quisieras con solo ser mía—

-Pero a qué precio...prefiero ser como soy con la frente bien en alto…a vivir con la cabeza agachada—

-Porque tenías que ser tan jodidamente perfecta…tanta moral, tanto amor propio, tantos jodidos valores y dignidad para qué diablos—

-No soy perfecta…solo pongo en práctica lo que me enseñaron—

-Siempre consigo lo que quiero y te quiero a ti—dijo dando unos pasos a la chica.

-No siempre será así. No siempre tenemos lo deseado. Espero que lo entienda de una buena vez. A mí jamás me tendrá—mirándolo a los ojos desafiantemente.

-Eso lo veremos—dijo aceptando el desafío.

-Sabe siento lastima por usted—

-Lastima por mí y eso porque—dijo con una sonrisa.

-Porque a pesar de ser inmensamente rico, vive en la miseria. Mientras que a pesar de ser yo pobre, vivo en la riqueza—

-Como debo interpretar esas palabras—dijo apretando los dientes.

-Como mejor desee. Le deseo buen viaje. Aquí ya no tiene nada que buscar—dijo marchándose hacia la cafetería sin mirar atrás.

-Ahora más que nunca serás mía…lo juro—murmuro apretado con fuerza sus puño mientras la veía alejarse.

El rubio solo se quedo mirando cómo se iba. En verdad se sentía irritado, enojado. Que se creía esa mocosa para darle lecciones de moral. Ni siquiera el sabía porque le había permitido decirle toda esa palabrería. Ahora más que nunca la deseaba. Pero si de algo estaba seguro si no podía tenerla por las buenas seria por las malas. Pero Candy White seria suya o se dejaría de llamar Albert Andrew.

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En cuanto entro por las puertas tuvo que sentarse. Sentía que se derrumbaría en cualquier momento. Sus ojos se llenaron de lágrimas que comenzaron a bajar por sus mejillas. Solo desea despertar de esa pesadilla. Una pesadilla llamada Albert Andrew.

Despacio Deborah se fue acercando a la rubia sentándose a su lado. Había visto al rubio subir a su auto. No tenia que preguntar para saber que estaba muy molesto por la forma en que se fue. Lo que haya pasado le dolía a la rubia y había molestado al rubio.

-Candy no llores… ¿qué paso?—

-Hay Deborah—dijo llorando en el hombro de su amiga.

-¿Que te dijo?—

-Si quería ser su amante…fue lo que pregunto—

-¡QUE!—

En cuanto logro calmar el llanto. Comenzó a contarle todo. La chica no podía creer lo que escuchaba. Para una mujer aquellas palabras eran como un puñal clavado en el pecho. Sabia por la expresión del rubio que su amiga lo había rechazado. Pero no quitaba el que se sintiera culpable ya que fue ella la que insistió que hablara con él.

-Perdóname Candy—dijo bajando la cabeza.

-Perdonarte porque—

-Si no te hubiera insistido no estarías en ese estado—

-No fue tu culpa…tarde o temprano hubiera hablado con él—

-Aun así lo siento mucho—la rubia abrazo a su amiga.

-No hay nada que perdonar—

Deborah sabía muy bien que aquel llanto no era tanto por lo que le dijo o por todo ese descaro cometido. Sino más bien de pura decepción. Porque ella sabía que aunque su amiga se negara aceptarlo, estaba comenzando a sentir algo por el demonio de ojos azules.

-Todo saldrá bien…ya verás—

-Dios te oiga—dijo la rubia más calmada.

-Veras que así será…Dios tiene un propósito—dijo la chica. ~aunque incluya a Albert Andrew en ese propósito~ pensaba la joven mientras abrazaba a la rubia.

Xxxxxxx

Una vez que llego a su casa se sintió más tranquila. Después de cenar todas las White tuvieron una plática de lo más entretenida. Patty soltó de golpe que tenía un invitado para la cena de Acción de Gracias. Lo que provoco la burla de su hermana menor, que corría, bailaba y daba vueltas por todos lados.

-Patty tiene novio…Patty tiene novio—decía la menor de las White mientras bailaba por toda la sala, haciendo reír a todas y avergonzando a una sonrojada Patty.

Candy fue la primera en preguntar quién era el joven. Patty le conto todo más o menos. Por supuesto omitiendo el segundo apellido de Stear. Enseguida Penélope reconoció el apellido Cornwell. Ya sabía quién era ese muchacho, pero guardo silencio.

Para sorpresa de las jóvenes, su abuela había dado la noticia que pensaba aceptar la oferta de Richard de mudarse al pequeño apartamento arriba de la floristería. No había necesidad de posponer lo inevitable. Para la rubia su abuela era su mayor orgullo. Era como un roble, siempre fuerte y digno. Sí señor, ella saldría con la frente bien el alto. No le daría gusto al cretino de Andrew.

La noche estaba bien fresca entre risas las White se fueron a dormir. Pero la rubia no podía dormir. Las cosas pasadas le habían quitado el sueño. Así que bajo a tomar un poco de agua. Lo que nunca pensó encontrarse a su abuela arrodillada frente a la chimenea llorando mientras sostenía pegado a su pecho un retrato.

-Te falle Charles…perdí la granja…les falle a todos—repetía llorando mientras abrazaba el retrato de su abuelo.

La rubia se quedo en una sola pieza. Se sintió mal porque hasta ese momento no entendía. No sabía cuánto sufría su abuela en silencio. Cuanto le dolía perder lo que con tanto esfuerzo había levantado con el abuelo. Por eso se veía tan cansada y a veces con los ojos hinchados. Sin hacer ruido regreso a su habitación. Ya allí se puso a llorar. Ahora no sabía qué hacer. Acaso la solución estaba en la propuesta de Andrew. Esa era la única solución que tenia.

-Dios ayúdame…que debo hacer. Terminar entregándome a ese demonio. Solo dame una señal te lo suplico Dios mío—dijo llevándose las manos a la cara.

Hay quienes dices que cuando se cierra una puerta Dios abre una ventana. O cuando dicen Dios aprieta pero no ahoga. Para Dios todo tiene un propósito. Aunque tal vez no de la forma esperada por la rubia. La solución pronto se encontraría en sus manos. La señal suplicada llegaría como un extraño milagro. Un milagro de la persona más inesperada.

Bueno chicas hasta aquí el capitulo 10

Un millón de gracias por todos los comentarios. Ustedes son mi mayor motivo para continuar con la historia. Espero que les haya gustado.

Un cariñoso abrazo

Ladycat