Capítulo 10 : Camino a la leyenda.
Hacía rato que Natsu llevaba recibiendo abrazos, apretones de manos y puñetazos "cariñosos" - tanto de las chicas como de los chicos – a medida que todos se fueron dando cuenta de que él había despertado, ya prácticamente repuesto de su herida. Se había adecentado lo mejor que había podido – dadas las circunstancias -, pensando en que la cueva bullía de una extraña activad; pero nadie le hizo partícipe del motivo, entre abrazos y palabras de amistad y de cariño. Aún así, lo intuía: debían decidir un lugar a donde exiliarse, una nueva tierra, bien lejos de Magnolia, de Fairy Tail, de Lamia Scale, y sobre todo, del Nuevo Consejo de Magia, donde comenzar una nueva vida; donde aprender a vivir bajo otras identidades, con la nostalgia encerrada a buen recaudo en lo más hondo de sus corazones… para siempre.
No era momento para lamentarse, y no se lamentaba de nada; tampoco se arrepentía. Sabía que habían hecho lo que tenían que hacer, y ese sentimiento siempre le daría fuerzas para continuar, fuera aparentemente quien fuera y estuviera donde estuviera. Y también sabía que todos los demás pensaban absolutamente igual que él… O quizá no.
La persona a la que más deseaba ver, con la que más quería y necesitaba hablar, se había mantenido bien lejos de su lado en todo momento y se comportaba como si la desgracia se hubiese instalado en su vida sin posibilidad de marcharse jamás. En la distancia, él se había empeñado en observarla, sin haber tenido ocasión todavía de ir a su encuentro; al igual que ella se había empeñado en evitarle. ¿Le culpaba ella de todo lo sucedido? No podía creerlo, pero tampoco podía comprender qué le estaba sucediendo. Decidió que tenía que hablarle como fuera para acabar con aquel sin sentido que le estaba volviendo loco, y cuanto antes, mejor.
Así que, una vez concluido el alegre reencuentro con todos los demás, y habiendo convencido a Happy finalmente de que, por el momento, no necesitaba una nueva bufanda – con lo que el pequeño exceed retiró el fuerte abrazo de su cuello no sin mil lamentaciones de por medio – caminó, decidido, en pos de Lucy. Si ella no quería hablar con él, tan sólo él hablaría, pero de cualquier modo, ella tendría que enfrentarlo. Después de todo lo que había sucedido entre ambos, después de esas frases a medias que insinuaban mucho más de lo que decían, después de esos besos robados, de esos abrazos…ya no había vuelta atrás. Al menos, no para él.
Estaba apunto de alcanzarla, pero se dio cuenta de que ella había intuido sus intenciones de hablarle, y se las había ingeniado para evitarle de nuevo, captando la atención de Juvia. Las dos mujeres comenzaron a hablar en voz baja, ignorándole por completo. Y él se vio obligado a detenerse; empezaba a perder la paciencia, sintiéndose desesperado. Aunque deseó con todas sus fuerzas que Juvia se encontrase bien; aún alucinaba con la noticia que le había dado Gray de que la joven maga de agua y él iban a ser padres. ¿O quizá lo había soñado en su inconsciencia? No, estaba completamente seguro de que no lo había soñado. ¿Pero dónde estaba Gray? Cayó en la cuenta de que todavía no lo había visto por ningún lado; al igual que a Jellal y…al maestro Makarov.
De pronto le vino a la mente la voz del viejo Maestro; había planeado en su cabeza, preocupada, pegada a él con una angustia que sólo había logrado aplacar la dulce voz de la pequeña Wendy, asegurándole que el joven dragonslayer sanaría sin problemas. Podía perfectamente haber sido un sueño, pero él sabía que tampoco lo era. Al igual que la presencia de Gazile no lo era, ni la de Mirajane, la de Elfman, la de Panter Lily ni la de Levy. ¿Pero dónde estaba el hombre, entonces?
Una mano firme se posó en su hombro, logrando que, por un instante, desviase sus pensamientos de todo aquello que le preocupaba.
- Por toda la magia del mundo, estás repuesto – escuchó la aliviada voz de Jellal, quien aún mantenía su mano descansando en su hombro amistosamente. Se sorprendió a sí mismo agradeciendo aquel gesto de todo corazón.
- Este cabeza de chorlito es tan tonto, que ni siquiera se puede morir. No sabría cómo hacerlo.
La burlona voz de Gray, que se había plantado junto a ambos con los brazos cruzados y una pose desafiante, acompañado también de Makarov, fue un bálsamo para sus oídos. Jamás lo aceptaría abiertamente, pero aquel moreno de humor congelado hacía mucho que se había convertido en una de las personas más importantes en su vida, y ya siempre lo sería. Así que, sólo por aquella vez, decidió hacer oídos sordos a su provocación y le sonrió con alegría.
- Muchacho alocado y testarudo – el Maestro fingió reprenderle; pero su voz sonaba tan emocionada, que Natsu sólo pudo darle un fuerte abrazo, contagiado de su emoción.
_ ¿Qué está pasando, Maestro? Todos están ya preparados para marcharnos, como si supieran a dónde vamos – le preguntó, en cuanto ambos se repusieron de la emoción por el reencuentro.
- De hecho, no lo saben; pero confían en mí y en mis decisiones, algo que deberíais haber hecho todos desde el principio, en vez de montar todo este desastre – el viejo hombre lo reprendió, no sin cierto cariño.
- ¡No había ninguna otra manera de hacer las cosas, maestro! – él replicó, convencido.
- ¡No, no la había! ¡Y no me grites, jovencito! – Makarov plantó un dedo de advertencia en su nariz, mirándolo con fastidio. – Reconozco… que habéis hecho las cosas bien. ¡Pero renegar de Fairy Tail! ¡Tendría que entregaros al Nuevo Consejo de Magia yo mismo por esta crueldad!
- Vamos, Maestro… usted sabe perfectamente que, en el fondo, ninguno de nosotros ha renegado de Fairy Tail.
- ¿Ah, no? ¿Y qué fue esa sensación que me rompió las entrañas por dentro cuando todos os quitasteis el tatuaje? ¿Sabías, jovencito – ahora le clavó su huesudo dedo en el pecho sin contemplaciones – que cada uno de los tatuajes que se dibuja en el cuerpo de los miembros de un gremio, está vinculado mágicamente al Maestro de cada gremio?
Los tres chicos le miraron con los ojos como platos.
- ¿Cómo creéis que intuí lo que estaba apunto de suceder? – les regañó, enfadado al recordarlo. – No podía creer que fueseis a rendiros tan fácilmente; os conozco demasiado bien – hizo una pausa, durante la que respiró hondo. – Por eso los chicos y yo nos quedamos cerca; respetaríamos vuestra decisión, pero no estábamos dispuestos a abandonaros.
- Maestro…
- Cállate y escucha – le ordenó. – Gazile os controló a distancia suficiente como para no ser detectado, ni por vosotros ni por el Nuevo Consejo, y cuando comenzaron los fuegos artificiales, estuve convencido de que lo arriesgaríais todo en la única salida que os quedaba sin luchar: la otra cara de esta montaña – gruñó, aún molesto. - Ya habéis conseguido lo que queríais: Fairy Tail y Lamia Scale están a salvo. Ahora, os volveréis a grabar los dichosos tatuajes y me obedeceréis sin rechistar. ¿Está claro?
- Pero Maestro… - Gray intentó también hacerle razonar.
- ¿Está claro? – el hombre gritó, sin dar cabida a la réplica.
Los tres asintieron, avergonzados.
- Así me gusta. Y ahora, reunid a los demás; tengo algo que deciros.
Gray se encargó de llamar la atención de los demás hacia el Maestro.
- Bien… - carraspeó, creando aún más expectación sobre sus próximas palabras. – En primer lugar, ya estáis tardando en volver a dibujaros los tatuajes que os muestran como miembros del gremio – les ordenó, completamente en serio. – Y los que no formabais parte de este ahora lo haréis – miró fijamente a Jellal, Lyon y Sherry.
- Eso es imposible, Maestro – Erza negó con tristeza. – Si hacemos como usted dice, vayamos donde vayamos, jamás podremos pasar desapercibidos, y todo el teatro que hemos montado para mantener a Fairy Tail a salvo, como a nosotros mismos, no habrá servido para nada.
El hombre la traspasó con una mirada de indignación, aunque al responder a sus palabras, su voz fue comedida, al contrario de lo que la chica, y todos los demás, esperaban.
- Habéis cogido el feo hábito de contradecirme, muchachita – el suave tono de su voz contradecía totalmente el sentido de aquellas palabras, y a nadie pasó desapercibido que el Maestro estaba "sugiriéndoles" implícitamente que ninguno de ellos volviese a replicarle en aquella situación. – A donde vais, es imprescindible que mostréis con orgullo esos tatuajes.
- ¿A dónde vamos? – Natsu preguntó, muerto de curiosidad, al igual que el resto de compañeros, quienes lo observaban con expectación.
- A la Isla Tenrou.
- ¿A la isla sagrada del gremio? – Erza continuó por él. - ¿Quiere decir que nuestra primera parada va a ser la isla sagrada de Fairy Tail?
- En absoluto. Estoy diciendo que vuestro destino final, vuestro único destino, va a ser esa isla – el hombrecillo soltó, como una bomba de efecto.
- ¿De qué está hablando, Maestro? – Gray quiso saber, confuso.
El viejo maestro exhaló, armándose de paciencia.
- Todos los gremios que se precien necesitan leyendas que los sustenten, que los hagan grandes y misteriosos; leyendas que perduren a lo largo del tiempo, que se leguen de padres a hijos, viajando de boca en boca en alas del viento, y que no mueran con el paso de los años, de los siglos. Vosotros vais a formar parte de la leyenda de Fairy Tail: nuestra leyenda.
- Maestro, no se ofenda pero… Nosotros no valemos para crear leyendas – Natsu replicó, divertido por lo absurda que esa idea había resultado a sus oídos.
- Eso, lo decido yo. Si siempre habéis valido para darme un millón de quebraderos de cabeza y yo siempre he estado orgulloso de ello, también valdréis para quitármelos, y me haréis sentir igual de orgulloso; incluso más.
- Por favor, explíquese, Maestro – Jellal le rogó, al parecer más dueño de sus emociones que todos los demás.
- Hace tiempo que llevo pensando que no se han reunido tres dragonslayer en nuestro gremio por casualidad – Natsu enarcó una ceja, suspicaz – No me mires así, jovencito. En muy pocas ocasiones a lo largo de la historia, el futuro se ha revelado tan aciago como en los tiempos que corremos. Los dragonslayer, los "hijos de los dragones", los asesinos de dragones… Quizá no es a esos nobles animales para quien se os ha entrenado exterminar, sino los dragones malvados que son la injusticia, la ambición, la avaricia, el egoísmo, la maldad…
Todos se miraron unos a otros, contagiados de la solemnidad que mostraba el Maestro.
- Pero nadie, ni siquiera vosotros con todo vuestro poder, es todopoderoso e inmortal. Todos en esta vida precisamos amigos, compañeros que nos apoyen, que nos comprendan, nos protejan y nos hagan recordar que, por muy fuertes que seamos, por muy altos que sean nuestros propósitos e ideales, todo acaba con la muerte, implacable para todo y para todos – alzó una mano para detener las incipientes protestas de Natsu. – Ahora tan sólo veo un grupo dispar de jóvenes que apenas acaban de superar la adolescencia, con mucho todavía que aprender, y aún más por experimentar. Pero una y otra vez, todos vosotros habéis demostrado que cuando estáis juntos, existe tanto potencial en esa unión, que no hay nada que os resulte imposible de lograr. Descubriréis la verdad sobre los dragones, la interiorizaréis y usaréis para mejorar este mundo lleno de corrupción y de inmundicia. Y mientras todo eso sucede, desde ahora seréis el examen al que se va a someter todo mago de Fairy Tail que desee formar parte de la clase S.
- Pero si nosotros no lo somos, nunca hemos conseguido…
- No oficialmente. Pero tampoco oficialmente vais a existir – les guiñó un ojo con complicidad. – Seréis el mayor secreto de nuestro gremio, su mayor fuerza y esperanza. Todos los miembros de Fairy Tail, presentes o futuros, mantendrán el juramento de proteger vuestro secreto.
- ¿Eso quiere decir que también yo les acompañaré? – Gazille, que acababa de sumarse a la conversación, preguntó al Maestro.
- No puede ser de otro modo – el viejo hombre afirmó.
El dragonslayer, complacido, asintió con la cabeza.
- Pues entonces, también yo les acompañaré – una femenina y melódica voz añadió a espaldas del hombre.
Gazille se dio la vuelta rápidamente, como si la mayor e inesperada sorpresa lo hubiese cogido con la guardia baja. Miró a Levy – quien se había inmiscuido de tal modo en la conversación – con evidente enfado e inmediatamente después le dio la espalda, aunque le habló sin dignarse a mirarla.
- Tú no vendrás.
- Por supuesto que iré – la chica afirmó con más fuerza, si cabe.
- ¡No vendrás! – el rugió sin contemplaciones, aun dando la espalda a la chica.
Los demás jamás habían visto a Gazile perder la paciencia y las formas de un modo tan rápido y brutal.
- ¡Basta! ¡Los dos! – el Maestro les ordenó - ¡No voy a permitir que llevéis a la isla disensión entre vosotros! ¡Resolved vuestros problemas! ¡Ahora!
- ¡Pero si no estaba previsto que viniese ella! – Gazile se enfrentó al Maestro con irreverencia - ¡Ella se queda, y punto!
- ¿Acaso no me has escuchado? ¡Resolved vuestros problemas!
Un aura de magia imponente se materializó alrededor del pequeño hombre, que a todos advirtió de que no había opción a la elección en sus palabras.
Gazile, reconociendo la superioridad en todos los aspectos del Maestro, se giró hacia Levy, la tomó por un brazo sin contemplaciones, y se la llevó fuera de la cueva, bajo la intempestiva nieve.
A esas alturas, ya todos se habían concentrado aún más alrededor del Maestro y de los chicos, alertados por los gritos.
- Maestro... ¿Qué significa lo que acabamos de presenciar? – Gray se atrevió a preguntar.
- Creedme, es crucial que Levy y Gazile resuelvan sus diferencias. Con el tiempo entenderéis porqué. Ahora, y ya que, por fin, todos habéis empezado a tomar en serio mis palabras, voy a contaros qué espero exactamente de vosotros.
Mientras el hombre ampliaba datos de cómo casi todos ellos se exiliarían a la isla Tenrou de por vida, con dos importantes misiones que completar, todos los jóvenes lo contemplaban con la boca abierta y los ojos casi desorbitados, alucinando.
Fuera de la cueva, Gazile soltó por fin el brazo de Levy bruscamente, y se encaró con ella mostrando su rostro más feroz y cruel.
- Tú no vas a acompañarnos, y punto – Gazile afirmó con mirada fría y voz que no admitía réplica.
Pero la menuda Levy no se amedrentó; simplemente se cruzó de brazos y afianzó sus pies en el suelo, mirándolo con desafío.
- Sí que voy a acompañaros, y tú, menos que nadie, vas a poder impedirlo.
Al escucharla, una punzada de dolor, que el chico intentó disimular con tozudez, se sumó a la tensión de su rostro.
- ¡No, no vendrás! – él gritó, nervioso, sintiéndose incapaz de controlar a aquella maga tozuda, a pesar de que había hecho servir ya con ella su postura más amenazante.
- ¿Por qué? – ella le devolvió el grito, sin perder un ápice de su aplomo.
- ¡Porque yo no quiero que lo hagas!
- ¿Y quién te crees que eres tú, para darme órdenes?
La respuesta de él murió rudamente en sus labios, sin ser pronunciada. En cambio el chico dio una fuerte patada en el suelo, llena de frustración.
- Mira… - Levy se armó de paciencia; no estaba dispuesta a dejarse manipular, ni por él, ni por ningún otro hombre en el mundo. – No tengo ni idea de porqué te molesta tanto mi presencia; lo que sí sé, es que tú no eres quién para prohibirme o permitirme nada. Así que puedes querer lo que quieras, pero yo haré lo que me de la gana, ni más ni menos. Y voy a acompañaros – hizo una pausa, en la que suspiró. – No te preocupes, que no voy a molestarte con mis sentimientos.
- ¿Co-cómo? – él agrandó su mirada hacia la chica, a la vez confuso y aún más alterado.
- Que para la mayoría de la gente yo tenga aspecto de niña, no significa que lo sea. Estoy enamorada de ti casi desde el día en que te uniste a nuestro gremio – Gazile agrandó los ojos como platos, y sin poder evitarlo, enrojeció como un tomate. – No sé qué es lo que me gusta de ti exactamente, o quizá lo sé demasiado bien. He llegado a quererte tanto, que incluso me duele el corazón cada vez que tú te vas a realizar algún trabajo y yo no puedo comprobar que estás bien. Aunque saber que Panter Lily está a tu lado, realmente me reconforta.
La boca abierta del chico hubiera hecho pensar, a cualquiera que le hubiese podido ver en aquel preciso momento, que estaba apunto de entrar en estado de shock; pero a ella ni siquiera le afectó; en cambio, ella continuó mirándolo a los ojos con dureza, resuelta a salirse con la suya.
- Nunca te he importunado con mis sentimientos, y tampoco voy a hacerlo desde ahora. Pero necesito saber que estás bien, y si te vas a la isla Tenrou, el único modo de asegurarme de ello es marchándome contigo. Esta es la primera y última vez que voy a hablarte sobre todo esto. Voy a ir, y ya está.
- Pe-pero… ¿Y Jet? – se notaba a la legua que aquella confesión lo había afectado de lleno.
- Al igual que yo acabo de hacer contigo, Jet hace mucho tiempo que me confesó su amor; y entonces tuvo su respuesta. Él es mi amigo, y ese sentimiento jamás evolucionará hacia nada más.
- ¿Y Droy? – él insistió.
- En los pensamientos amorosos de Droy no figuro yo, ni él en los míos.
Él se pasó ambas manos por el cabello; estaba tan serio y alucinado que parecía como si en cualquier momento, fuera a sentir un colapso nervioso.
- Esto es imposible…
- ¿El qué? ¿Que te quiera, que vaya con vosotros? Ya te he dicho que no es algo que tú puedas controlar. ¿Que tú me quieras, acaso? No te he pedido nada, ni pienso hacerlo.
- ¡Pero yo te hice daño…!
- También te arrepentiste, y te has redimido una y mil veces ayudándome cuando me he visto en peligro.
- ¡Aún así, no puedes venir! – ahora fue él quien se cruzó de brazos, dejando bien clara su postura.
Levy dio un pisotón en el suelo, perdiendo la paciencia.
- ¿Qué pasa, tipo duro? ¿Qué, te molesta que una chica como yo te quiera? ¿O es acaso que te doy pena y no sabes cómo decirme que tú no sientes lo mismo por mi? ¡Eso ya lo sé! ¡Lo único que quiero…!
- ¡Y una mierda! – él la interrumpió sin contemplaciones - ¡Joder, Levy! ¡Es todo lo contrario! ¡No voy a permitir que vengas con nosotros porque te quiero demasiado! ¡Significas demasiado para mí como para dejar que eches a perder tu vida por ningún motivo, y menos aun persiguiendo a un tipo como yo! ¡Tú tienes todo un maravilloso futuro por delante en Fairy Tail! ¡No estás obligada al exilio! ¡Y no te exiliarás! – declaró desde lo más hondo de su alma, ya sin poder detenerse.
Las lágrimas hicieron su aparición en los ojos de la chica, quien luchó con todas sus fuerzas para no desbordarlas.
Al contemplarla, tan pequeñita y tan mona, tan dulce, como él siempre la había querido en secreto, creyendo no merecerla… Aparentemente tan frágil y tan fuerte a la vez… No pudo evitarlo más; la rodeó con sus fuertes brazos y la pegó a su cuerpo con desesperación rayana en la locura.
- No vendrás – dijo una vez más; pero sus brazos, su propio cuerpo, hacía mucho que habían perdido la batalla contra los deseos de ella.
- Iré para protegerte. Y tú me protegerás – ella afirmó, con voz suave. – No quiero imaginar la vida sin ti.
- Soy rudo, impaciente y tengo muy mal carácter. No te convengo – acarició su rostro con suma ternura, secando las pequeñas lágrimas que habían comenzado a derramarse por sus mejillas, mientras la adoraba con los ojos.
- Eso lo decido yo. Quizá soy yo quien no te conviene a ti: soy tozuda, perseverante y cabezota – sonrió, y el corazón de Gazile se llenó de una calidez impagable. El chico soltó una alegre y espontánea carcajada y volvió a abrazarla con ternura.
- Quiero que sepas que voy a besarte – aquella voz arrogante y confiada regresó a él; aunque su mirada le pidió permiso, más bien le rogó que le dejara hacerlo.
- Quiero que sepas que estoy esperando que lo hagas.
Tímidamente al principio, temiendo molestarla o hacerle daño, los labios de él se fueron adueñando de los dulces y anhelantes labios femeninos; y lo que comenzó como un tierno y sereno beso, se convirtió poco a poco en un intercambio imparable de pasión. Jadeante de excitación, Gazile hubo de admitir para sí mismo que aquella inexperta pero atrevida mujer iba a darle muchos quebraderos de cabeza. Y, sinceramente, la idea le encantó.
Al regresar a la cueva minutos después, ambos disimulando, la única palabra que Gray y Natsu fueron capaces de arrancar de los labios del arisco hombre fue un gruñido extraño que parecía decir: "Vendrá".
La conversación con el Maestro Makarov ya había concluido; todos se habían dispersado a empaquetar para el viaje sus escasas pertenencias, algo que, de paso, les daba tiempo para asimilar las sorprendentes palabras del sabio Maestro. Natsu observó a Levy y a Gazile con cierta curiosidad y suspicacia, pero sus propias preocupaciones se impusieron a ambas y no quiso ahondar en averiguaciones. Ya habría tiempo para ello, si realmente deseaba hacerlo.
En cambio, localizó a Lucy con la mirada. La chica continuaba evitándolo a toda costa, y aquello iba a terminar. Tampoco él, ni ella, llevarían dolor y tristeza a aquella isla que, dentro de poco, sería el único hogar que todos ellos volverían a tener en la vida. Ella le daba la espalda, y al verla, inmediatamente supo qué hacer.
Natsu caminó hasta alcanzarla y, a su espalda, la rodeó con sus brazos por la cintura, amorosamente.
- Déjame – ella le ordenó de malos modos, intentando zafarse de su abrazo. No había podido girarse para mirarlo, pero de algún modo, sabía perfectamente quién la estaba reteniendo de forma tan sorpresiva.
- No. No voy a dejarte nunca, jamás, hasta que muera – él susurró a su oído, con decisión.
Lucy sintió que todo su mundo se derrumbaba en aquel abrazo, que las entrañas le ardían como la brea.
- ¡Déjame, idiota! – le gritó; las lágrimas se desbordaron por su rostro, imparables.
- Dime que no quieres que te abrace, dime que no lo deseas – él le pidió con toda su determinación. - Porque si no lo haces, te abrazaré siempre que quiera, durante el resto de mi vida. Y te juro que van a ser millones de veces las que lo haga.
- No entiendo el porqué. Tendrías que estar abrazando a Lisanna, no a mí – ella intentó revolverse de aquel abrazo, tozuda.
Natsu la giró en sus brazos y la observó con el ceño fruncido, confuso.
- ¿Por qué esa fijación por Lisanna, Lucy?
- Ah, no sé; dímelo tú.
- ¿Qué es lo que debo decirte? Porque está visto que tú sabes mejor que yo lo que voy a decir en cada ocasión. ¿Acaso existe un guion y yo no lo sabía? – bromeó, mirándola a los ojos fijamente – Ah, ya sé… Ahora es cuando yo tengo que ir a besar a Lisanna, y tú irás a besar a Loke, claro… - afirmó, aun bromeando.
Pero ella lo traspasó con una mirada llena de furia.
- ¡Yo jamás he besado a Loke, imbécil! – Lucy le gritó, ofendida. - ¡Y tampoco pienso hacerlo ahora!
- ¿Y qué te hace pensar que yo sí he besado a Lissana alguna vez? – él le sonrió con candidez, pues finalmente había entendido a qué venía toda aquella extraña actitud de su rubia favorita: estaba más que celosa; y hubo de admitir que aquello le agradaba porque demostraba una vez más, los fuertes sentimientos de la chica hacia él – ¿O que deseo abrazarla? Pero si quieres que lo haga…
- ¡N-no! – Lucy se sorprendió a sí misma negando con rapidez, a voz en grito, y se tapó la boca con las manos, enrojeciendo como un tomate.
- Vale – él se encogió de hombros alegremente.
- ¿Pero cómo puedes ser así? ¿Es que nada puede afectarte en este mundo?
- La desaparición de Igneel me afecta – él respondió, frunciendo el ceño de nuevo – el dolor de mis amigos me afecta, el hambre me afecta… - concluyó, mientras ampliaba su sonrisa.
Lucy suspiró, rendida; intentó marcharse, pero él se lo impidió, tomándola de la mano con insistencia.
- ¿Confías en mí? – sorprendió a la chica con la pregunta.
- Claro que confío en ti.
- ¿Y por qué no eres capaz de decirme exactamente qué es lo que esperas de mí? Es tan sencillo como decir tengo hambre, o no la tengo.
- ¡No, no lo es! – ella negó, nerviosa.
- Claro que lo es – acarició una de las femeninas mejillas suavemente. - Hazme la pregunta correcta, y yo te la responderé, y si no tengo la respuesta, la buscaré y luego te la daré; pero no me confundas con tus cosas raras – le pidió, sin dejar de sonreír.
- Tienes razón – ella se vio obligada a aceptar, a regañadientes.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien, qué?
- ¿Qué es lo que quieres saber?
- Quiero saber si yo… si tú…
- ¡Pero mira que las tías sois raras! – Natsu exclamó, divertido - ¡Dispara de una vez!
- ¡Quiero saber si tú sientes por mí lo mismo que yo siento por ti, pedazo de idiota! – ella soltó de carrerilla, enrojeciendo hasta la última punta del cabello.
Él fingió pensar la respuesta, y después le dijo exageradamente serio:
- Pues no lo sabré hasta que me digas que sientes tú por mí.
Ella bufó, perdiendo la paciencia.
- ¡Yo te quiero, cabeza de corcho!
Inesperadamente, él la abrazó con ternura, riendo.
- ¿Tan difícil era? Yo también te quiero.
- ¡Es que no te enteras de nada! ¡Yo te quiero como hombre, además de como amigo!
- Perfecto. Entonces, los dos estamos hablando de lo mismo – él respondió tranquilamente – Por cierto, nunca he besado a Lissana, y no tengo intención de hacerlo, simplemente por dar respuesta a tu morbosa curiosidad sobre cómo besa ella. Si quieres saberlo, cuando todo esto termine, bésala tú – le ofreció, jocoso.
- ¿Serás idiota? – intentó darle una bofetada, pero él se separó de ella rápidamente y se alejó lo suficiente como para asegurarse de no recibirla.
Después, Natsu regresó a su lado con paso decidido, la tomó en brazos, y la besó apasionadamente ante todos los demás, sin importarle lo más mínimo lo que ellos pensaran al respecto.
- No sólo te quiero, rubia cabezota: te has convertido en el centro de mi vida – apoyó su frente en la de ella suavemente y la miró a los ojos, enamorado.
- ¿D-de verdad?
- Desde que te conocí, sé que daría mi vida por ti.
- Yo también daría mi vida por ti.
- Nunca, jamás, pienses que puedo amar a nadie que no seas tú. Lisanna es mi amiga, y siempre lo será.
- Pero ella te quiere de otro modo…
- Lo sé; acabo de darme cuenta. Pero ya le he explicado que yo nunca podré corresponderla.
- Vaya… Sobre eso estabais hablando, entonces…
- Sí – él soltó una carcajada divertida.
- ¿De qué te ríes? – Lucy frunció las cejas, enfurruñada.
- Estás tan bella cuando te pones celosa…
- ¿Serás…?
Él detuvo sus reproches con un nuevo e intenso beso, que la hizo estremecer de pies a cabeza. Si no estuviese en sus brazos, Lucy sintió que se habría derretido como gelatina.
- Seré todo lo que tú quieras; sólo lo que tú quieras.
- Natsu…
- ¿Qué?
- Todos nos están mirando.
- ¿Y qué? – sus ojos la acariciaron de nuevo, alegres y seductores.
- Que vuelvas a besarme.
Él no se hizo de rogar. Hizo que sus labios se rozasen de nuevo, sensualmente, sin prisa pero sin pausa, fundidos por la pasión. Y ambos, sin darse apenas cuenta, cerraron los ojos, pendientes tan sólo de su propio mundo, donde sólo ellos eran los únicos presentes.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
¡Hola a todos!
Lo siento muchísimo: os prometí que actualizaría hace tiempo, pero me ha resultado completamente imposible hacerlo por muchísimas razones: la principal, que se me atragantó la escena de Makarov (qué le vamos a hacer, supongo que no era el momento idóneo en mi vida para escribirla, porque deseaba pasar a temas mucho más... calentitos;pero era imprescindible hacerlo); después por el trabajo, que hace que cuando llego a casa por las noches, odie acercarme al PC, ni para escribir ni para hacer nada en abosluto, pues trabajo doce horas al día con él; y la otra, que he encadenado dos súper resfriados que me han dejado atontada durante días, sin ganas de hacer absolutamente nada.
Pero bueno, ya estoy aquí, he vuelto con este nuevo capítulo que incluye una pequeña sorpresita: la relación entre Gazile y Levy. A mí me ha encantado escribirla, pues me parecen una pareja muy especial, por ser tan dispares en apariencia, pero para mi gusto, tan complementarios. Espero que esta escena os haya gustado, pero también la de Natsu y Lucy, que es la que la mayoría de vosotros estabais esperando (ojalá no os decepcione, yo la he visto muy del estilo... Natsu y Lucy, jeje).
Este capitulo lo dedico absolutamente a todos: a las nuevas incorporaciones, a todos aquellos que os habéis mantenido fieles al fic desde el principio... A TODOS, porque todos me habéis dado energías y ánimos para seguir escribiendo, incluso cuando no tenía muchas ganas de hacerlo por las razones que os he comentado antes.
Así que... bueno, me voy a la camita, a seguir intentando quitarme de encima este maldito constipado, porque mañana me esperan muchos eventos y responsabilidades en el trabajo, y más me vale tener la cabeza despejada. Pero soñaré con vuestros reviews (indirecta directa..., perdonadme por ser tan mala, jeje).
Un fuerte abrazo y hasta pronto, porque esto aún no ha terminado (por cierto, estoy barajando una continuación al fic, pero con lo liadísima que voy, no me gustaría que me pasara como ahora, que actualizo de uvas a peras; bueno, lo siguiré rumiando, a ver en qué queda la cosa).
Rose.
