La siguiente historia está basada en los personajes de Ranma ½, los cuales pertenecen completamente a Rumiko Takahashi. Esta historia no tienes fines de lucro y fue creada con el único propósito de entretener.
La Nueva Confusión
Llevándonos mejor
En un centro comercial, se encontraban la joven pareja de prometidos, sentados, uno frente al otro, separados por una mesa, en la cual había un par de bandejas con una hamburguesa cada una. El chico de la trenza reía muy divertido mientras que la peli azul estaba muy callada, con la mirada agachada y un pequeño sonrojo en sus blancas mejillas.
— ¡Por Dios, Akane!…— Exclamó mientras seguía riendo. — ¿Por qué se te ocurrió escoger una película de terror si ibas a gritar tanto en la sala?— Siguió riendo más, recordando como tuvieron que abandonar la sala del cine antes de que acabara la película por todo el alboroto que su prometida hacía en cada escena de aquella película.
—No sabía que sería tan violenta…— Se excusó, con un tono muy apenado y aun con su mirada agachada; alzó su hamburguesa y le dio una pequeña mordida de ratón, tratando de esconder su bochorno.
Dio un gran suspiro después de dejar de reír y secó una pequeña lágrima de su ojo con el dedo índice. —Vaya, quién iba a pensar que una chica tan ruda como tú, le tendría tanto miedo a esas películas…— Dijo de manera socarrona.
La peliazul viró sus orbes hacia su prometido, frunciendo su ceño y torciendo los labios; ese comentario no le había gustado en lo absoluto. — Tonto…— Bufó entre dientes, mientras dedicaba esa mirada asesina al chico que tenía en frente.
Ranma dio una pequeña carcajada al ver ésa graciosa expresión en el lindo rostro de su prometida. —Te ves muy graciosa cuando te enojas— Dijo con despreocupación, para después tomar su hamburguesa y darle una gustosa gran mordida.
—Hmm, bobo— Contestó con molestia, pero le restó relevancia al último comentario del chico, volviendo a dar otra pequeña mordida a su hamburguesa.
Los jóvenes comenzaron comer sus alimentos en silencio, pero muy relajados. Ésa tarde, la pareja de prometidos, la habían pasado muy cómodamente.
Akane dejó de comer su hamburguesa, para observar con mucha atención y detenimiento a su prometido, quien comía muy despreocupadamente, con sus ojos cerrados.
Había disfrutado mucho aquella tarde en compañía del ojiazul, pero aun así, no podía evitar tener una extraña sensación. Ranma se había comportado demasiado amable con ella todo ése día, no le molestaba ese hecho, sino que el parecía muy raro.
Mientras observaba a su prometido, pasaron por su mente todos los acontecimientos de ésa tarde. Desde que salieron del Dojo, rumbo al centro comercial, habían iniciado una plática muy amena, Ranma le contó varias anécdotas graciosas de su infancia y de su estadía en China, las cuales, ella no conocía, haciéndola reír más de una vez. A decir verdad, aquella platica, le había hecho ver que en realidad, había muchas cosas del pasado de su prometido que ella no conocía.
De la nada, sus mejillas se enrojecieron al recordad cómo el moreno le había tomado la mano en aquella oscura sala del cine para sacarla de ahí, y ése sonrojo aumentó su tono cuando revivió en su mente el memento en el que su prometido la había guiado hasta la salida de la sala mientras la tomaba por la cintura con mucho cuidado para que así, no tropezara con algún obstáculo.
Sin anunció previo, el pelinegro abrió uno de sus ojos, logrando ver cómo su prometida lo miraba de manera inquisidora, como si de un bicho raro se tratara.
La peliazul se tensó al ser pillada en su letargo por aquel moreno. Rápidamente agachó su mirada y un sonrojo se tiñó en sus nevadas mejillas. De nueva cuenta, volvió a intentar disimular su nerviosismo, dando una pequeña mordida a su hamburguesa.
El ojiazul enarcó una ceja por aquel comportamiento de su prometida. — ¿Te pasa algo, Akane?— Preguntó con curiosidad.
— ¿Eh?... No, nada. Sólo estaba… pensando— Respondió, sin siquiera mirarlo.
— Ya veo…— Ni se inmutó al contestar. Levantó levente sus hombros, restándole importancia, y así volver a lo suyo; comer su hamburguesa.
Ambos comían tranquilamente, en un cómodo silencio. Así pasaron un par de minutos, sin decir nada, sólo se limitaron a consumir sus alimentos, aunque de vez en cuando, sus miradas se cruzaban, las cuales eran contestadas con una simpática sonrisa. Estos pequeños gestos de amabilidad por parte del moreno, hacían que un extraño y emocionante sentimiento aflorara en la peliazul, cada vez que el chico le sonreía de esa manera tan sincera y gentil, le provocaba un vértigo muy placentero.
—Oye, Ranma…— Llamó a su prometido, con una voz suave, dando fin a aquel silencio entre ellos.
Puso su mirada en su prometida, dándole toda su atención, pero sin dejar de comer. — ¿Eh? ¿Qué pasa, Akane?—
— Puedo preguntarte algo…— Habló con timidez mientras inclinaba su mirada.
Ranma se encogió de hombros. —Supongo que sí— Respondió con mucha naturalidad.
Un lindo color carmín se matizó en las mejillas de la peliazul —Bueno, en realidad, no debes de responder si no quieres hacerlo— Explicó, con algo de vergüenza.
Pasó el bocado que estaba masticando —Sabes puedes preguntar lo que quieras— Animó a la chica, con una pequeña sonrisa.
—Bueno…— Levantó su mirada para observar directamente a su oyente. — ¿Dónde estuviste ayer? — Interrogó de manera muy directa y sin rodeos.
El pelinegro detuvo en seco la mordida que estaba a punto de dar a su hamburguesa. La pregunta lo había tomado totalmente desprevenido, además de que al responder dicha pregunta, debía hablar de cierta castaña, de la cual había intentado no tener pensamiento alguno en toda esa tarde; ya tenía suficiente con la desvelada que había tenido la noche anterior.
Lentamente, bajó su hamburguesa para colocarla en la bandeja, y se quedó callado durante unos pocos segundos, dudando de responder la pregunta de su prometida.
— ¿Ranma?…— Llamó a su prometido con un tono preocupado, al notar esa indecisión en el chico y no recibir respuesta de su parte.
Reaccionó al escuchar su nombre —Eh… bueno, yo…—Le incomodaba la idea de hablar de aquella linda chica con su prometida. —, estaba con… Akemi. Creí que ya lo sabrías…— Respondió, tratando de sonar lo más calmado posible.
Volvió a agachar su mirada por la vergüenza —Bueno, tía Nodoka, sólo me dijo que irías a ver a una amiga, aunque supuse que se trataba de ella…— Contó, retraídamente.
—Eh… pues, sí… fue con… ella— Titubeó en su respuesta mientras desviaba su irada a un punto indefinido.
—Ya veo…— Contestó en un susurro. —Sólo lo pregunto porque saliste temprano de casa, y no llegaste hasta casi la hora de la cena…—
— ¿Y?…—
—Bueno… eso quiere decir que estuviste con ella todo el día ¿no?— Cuestionó, aun sin levantar su vista.
La expresión del chico cambió a una de sorpresa. Aquella pregunta lo tensó, no se le venía una respuesta que no hiciera enfadar a su linda prometida. Se la había pasado tan bien ese día a su lado, que no quería echarlo a perder, pero tampoco quería mentirle.
—Sí…— Contestó con franqueza sin tapujos. —, así es, pasé el día de ayer con ella… pero…—
— ¿Fue algún tipo de cita?— Lo interrumpió de improvisto. Hablaba con un tono de voz suave, sin sonar agresiva en ningún momento.
Tragó duro por el nerviosismo. — ¡¿Qué?!… n-no… nada de eso—
— Entonces ¿para qué fuiste a verla?— Esa platica, ya había pasado a ser un interrogatorio.
— Bueno… ella se ofreció en ayudarme para estudiar…—
—Estudiar ¿qué?—
—Álgebra…—
—Pero ella es de segundo ¿no?—
—Pues… sí, pero al parecer, se le dan muy bien las matemáticas — Con cada pregunta, sus nervios crecían.
—Ya veo…— Musitó con desanimo. Un silencio se hizo presente entre ellos, el ambiente tan relajado que había entre los dos, sea había ido con aquellas preguntas. El silencio se prolongó por unos cuantos segundos más. Ranma sólo estaba esperando a que su prometida siguiera con las preguntas; no quería hablar de más y echarlo a perder. —Y… ¿Por qué no me lo pediste ayuda a mí?— Por fin habló la peliazul.
— Eh… pues…— Dio una fugaz mirada a su prometida. —fue lo primero que pensé… pero…—
—Pero ¿qué?— Preguntó de inmediato.
—Bueno… tú…— Agachó su mirada y su semblante decayó tenuemente. — parecías estar enojada conmigo todos estos días, y bueno… no quise molestarte más…—
La peliazul alzó su mirada. —Ranma…— Pronunció en un susurro. Ésa respuesta le recordó, que de hecho, no se había comportado de lo más amable con su prometido aquellos días, además de que habían estado un poco distanciados desde hace algunas semanas. Su mirada se afligió al recordar especialmente aquella noche en la que había abierto la boca de más a causa de las provocaciones de su hermana mayor, haciendo que su prometido se enfadara con ella.
—es por eso que no te pedí ayuda…— Siguió con su respuesta el moreno. — sé que si lo hacía, hubieras aceptado, pero… no quería empeorar las cosas; además, supuse que explicarme los problemas y estudiar, te sería demasiado molesto, y bueno… Akemi se ofreció a ayudarme, y pues… acepté— Alzó y dejó caer los hombros al decir lo último.
—Ya veo…— Guardaron silencio durante un pequeño lapso de tiempo. — Ranma…— Miró hacia su prometido con un poco de pena.
El chico de la trenza, quitó su vista de la mesa y la alzó para posarla sobre la peliazul. —Dime, Akane—
—Lo siento…— Se disculpó de repente, con un lindo carmín en sus pómulos.
El ojiazul echó un poco su cabeza hacia atrás en señal de desconcierto. — ¿Lo sientes?... ¿D-de qué hablas?…— Sabía a qué se refería su prometida, pero no pido evitar sentirse algo confundido.
—B-bueno, ayer no tuve oportunidad de decírtelo…— Esquivó la mirada del chico. — pero yo… quería pedirte una disculpa… tú sabes… por lo que dije… aquella noche… cuando estaba con Nabiki…— Habló con retraimiento.
Al moreno se le retorcieron los intestinos al escuchar a su prometida disculpándose, y con ésa expresión de culpabilidad en su rostro. Sentía que él era quien debería pedirle una disculpa a su prometida por lo que estuvo a punto de hacer el día anterior con su castaña amiga, pero cómo se lo diría, y qué le diría, cuando ni él mismo sabía exactamente lo que le había pasado.
—Ah… eso…Bueno, Akane, en realidad no tienes que…—
—Sé que… no he sido muy amable estos días, y también sé que mi actitud no ha sido la mejor; no sólo contigo, sino que… bueno… simplemente, he estado algo preocupada y estresada últimamente y…— Relató, levemente angustiada.
—Akane…— Dijo de repente, impidiendo que la joven siguiera hablando. Forzó una tenue sonrisa. — no debes disculparte, escuché lo que Nabiki te estaba diciendo, y… bueno, entiendo que sólo fue un mal…—
—No, Ranma…— Lo interrumpió en seco, volteándolo a ver. —, tienes que aceptar que, generalmente, te mereces los insultos que te digo…— El ojiazul ahogó una pequeña carcajada irónica en su garganta; sabía que ella tenía totalmente la razón. —, pero ésa noche… yo no debí haber dicho eso… tú, no tenías ninguna culpa. Y bueno… yo sólo quiero que sepas que no fue en serio lo que dije; yo en realidad, no pienso eso de ti, Ranma— Lo miraba con profundidad y seriedad, demostrando que hablaba con total sinceridad.
Ranma parpadeó un par de veces con asombro, por aquella disculpa por parte de su prometida. —A-kane…—Forzó otra sonrisa, para responder a aquel gesto de la chica. —con las galletas de ayer era suficiente para disculparte, yo… ya no estoy molesto por eso— Aseguró el muchacho, aunque en realidad, el recordar la reacción de la menor de las Tendo aquella noche, le seguía molestando un poco. Sabía que su prometida sólo había actuado por impulso; tal vez era eso lo que le molestaba, pero la comprendía, ya que meses atrás, probablemente él habría actuado igual.
La peliazul, le regaló una hermosa sonrisa al moreno, al saber que su prometido no le guardaba ningún rencor. — Me alegro…— Ranma sólo se limitó a ampliar un poco más su sonrisa como respuesta. — Entonces…— Desvió sus orbes con timidez mientras que un sonrojo se acentuaba en sus mejillas por lo que estaba a punto de decir. —… ¿estamos… bien?— Preguntó un poco dudosa, muy apenada, sabía que esa pregunta sonría un poco atrevida y bochornosa, pero tenía preguntárselo.
Como era de esperar la pregunta hizo sonrojar al joven Saotome. ["¿Estamos… bien?"] Se repitió la pregunta para él mismo. Ése "estamos" le sonó muy bien. Miró enternecido a la peliazul, le pareció muy linda esa expresión de timidez en el rostro de la chica, no había notado el carmesí en los pómulos la joven; había olvidado cuánto le encantaba ver ese color en el lindo en esa lindas y blancas mejillas. —Sí, Akane… estamos bien…— De verdad que adoraba a ésa Akane, la Akane amable, tímida, dulce, comprensiva, tierna; extrañaba ver ésa parte de su prometida.
La joven de cabellos cortos, sonriendo radiantemente, de forma no-terrenal, y asintió levemente con la cabeza. —Qué bueno…— Dijo muy contenta por aclararse con su prometido.
Aclarado un poco el asunto, el ambiente relajado entre la pareja, volvió. La peliazul tomó lo que quedaba de su hamburguesa y comenzó a comerla, mientras que Ranma, tomó su tercera para engullirla.
Después de un par de minutos, la menor de las Tendo terminó su hamburguesa, mientras que su prometido, ya comenzaba con la cuarta.
Limpió con mucha delicadeza sus labios con una pequeña servilleta, sólo para asegurase de no tener restos de pan en su agraciado rostro. —Akemi parece ser una chica muy simpática…— Soltó de repente al terminar con su acción.
El bocado se le atragantó al ojiazul al escuchar aquel comentario, haciendo que comenzara toser, dándose golpes en el pecho para poder pasarlo.
Tragó con dificultad lo que tenía atorado en su garganta y tosió un poco más para recuperarse del susto. Carraspeó fuertemente mientas eras observado con un poco de suspicacia por la peliazul. —Eh… s-sí. Es muy simpática, jé— Se delimitó a contestar, con una sonrisa claramente nerviosa.
—Mmm… sí, eso parece…— Dijo escondiendo muy bien aquellos endemoniados celos que pedían a gritos salir a la superficie, pero Akane no permitiría tal cosa, estaba decidida a demostrarle a su prometido que ella también era capaz de madurar y confiar en él, que estaba dispuesta a mejorar las cosas entre ellos y hacer avanzar su… relación, o fuese lo que fuese que había entre ellos. Disimuló muy bien una simpática y sincera sonrisa. —Parece que tú y ella se llevan muy bien ¿no es así?— Preguntó, sin sonar celosa, sino con un tono curioso y simpático.
El chico de la trenza parpadeó con sorpresa por aquella actitud tan relajada y despreocupada de su prometida al preguntarle sobre aquella linda chica. —Eh… pues… sí, algo así…—No sabía qué más contestar o decir al respecto, se conocía muy bien a sí mismo, por ésa razón, decidió sólo contestar lo necesario y no abrir la boca de más.
—Ya veo…— Se quedó en silencio durante unos cuantos segundos. — ¿y qué fue lo que te agrado tanto de ella?— Inquirió tranquilamente, manteniéndose totalmente serena.
— ¿A-a qué te refieres?— La tensión en su cuerpo aumento al escuchar esa pregunta, no le gustaba mucho el rumbo de la conversación.
—Bueno es que, tú sabes, desde que se esparció el rumor de que tú y yo…— Un tenue carmín brotó de sus mejillas. —… ya no estamos comprometidos… bueno, muchas chicas se te han acercado a invitarte a salir o a almorzar, pero tú nunca aceptabas…—
El moreno arqueó una ceja con suspicacia. — ¿En serio?— Preguntó con ingenuidad. El joven ni siquiera había notado ese hecho.
Aquellos meses se los pasó tan preocupado y ensimismado en sus asuntos y cavilaciones acerca de sus problemas con su prometida, su maldición y su futuro, que no había notado que de hecho, muchas jovencitas del instituto, al enterarse del rumor de que el artista marcial ya no tenía ningún compromiso con la joven Tendo, y además que sus otras tres locas, mortales y explosivas prometidas ya no se encontraban en la ciudad, habían intentado acercarse a él, pero él, sólo las pasaba de largo o contestaba un "no, gracias" a las proposiciones de aquellas chicas.
— Hmm…—Entrecerró sus castaños ojos y lo miró con cansancio. —No te hagas el inocente, Ranma, sabes muy bien de lo que hablo…— Amonestó la joven mientras se cruzaba de brazos, dedicándole una mirada acusadora.
— ¡Hablo en serio! Créeme que jamás lo noté—Refutó algo exaltado y ofendido.
—Mmm…— Lo miró con desconfianza para después, cerrar sus ojos, dejando escapar un leve suspiro y encogiéndose de hombros restándole importancia. —Como sea…— Dijo despreocupada. —Sólo que me pareció raro que de repente aceptaras la invitación de una chica, y bueno… supuse que viste algo…— Hizo su mayor esfuerzo para sonar natural y calmada. —… "especial" en ella— Por su parte, Ranma la miraba con expectativa, aún nervioso. — dime, Ranma ¿qué es lo que te agrada tanto de Akemi? ¿Por qué te agrada tanto?—
El moreno la observo detenidamente por varios segundos, con sus ojos bien abiertos. Después, sólo dejó escapar un pesado suspiro. Su hermosa prometida le estaba haciendo una pregunta concreta, clara, y sobre todo, de una manera muy amable, así que él se la respondería, no como un favor, sino que realmente sentía que se la debía.
—Para ser honesto…—Por fin se soltó a hablar. —, si no hubiese sido por Minako, creo que jama hubiera conocido a Akemi…—
— ¿Por MInako, su hermana?— Sabía que ésa chica tenía que ver en la amistad de su prometido y Akemi.
—Sí. La verdad es que cuando Akemi me entregó aquella carta donde me proponía ser su amigo, yo ni siquiera le di importancia…— Al escuchar ésa confesión, su prometida meneó la cabeza de forma desaprobatoria; su prometido era un desconsiderado. —Pero después Mina me contó… eh, ciertas cosas acerca de Akemi, y bueno… me sentí un poco mal por ella…—
— ¿Qué clase de cosas?— Interrogó de inmediato, d verdad quería saber porque tanta cercanía con aquella joven.
—Eh… bueno, básicamente, que Akemi es y ha sido una chica muy tímida, seria, reservada y solitaria…—Dibujó una pequeña sonrisa en sus labios al recordar aquel día en el que había conocido a ésa tímida chica. —, y de verdad que lo era— Relató con un tono un poco cómico.
— ¿Fue por lastima entonces?— Preguntó la peliazul.
— ¿Qué? ¡Claro que no!…—Objetó ofendido. —sabes muy bien que no soy del tipo de persona que sienta lastima por otros— Aseguró el muchacho.
— ¿Entonces?—
—Sólo me sentí un poco mal por ella…— Sin explicación un leve rubor, casi invisible, surgió en sus mejillas. Agachó su mirada y miró un punto indefinido en la mesa. — Y cuando la conocí, me di cuenta de que lo que me contó Minako, era totalmente cierto;… la primera impresión que me dio Akemi, fue la de una chica muy tímida y sería, e incluso, aburrida; y además, resultó ser una chica sin muchos amigos y muy solitaria. No me gusta decirlo, pero… sinceramente, al principio sentía que le estaba haciendo un favor al aceptar salir con ella y acompañarla a almorzar; pero conforme pasaron los días…—Su pequeña sonrisa se amplió inconscientemente. —bueno, me di cuenta que en realidad era un chica muy simpática y divertida; y muy madura a pesar de que es un año menor que nosotros; además… también es muy amable; es muy fácil de tratar, aunque a veces, sabe ser muy terca y testaruda…— Dio un pequeña carcajada, memorando las bromas que de vez en cuando se hacían entre ellos, y especialmente el día anterior, cuando la pequeña castaña logró convencerlo de comer un helado en su forma masculina; nunca creyó atreverse a hacer tal cosa, pero ésa jovencita de ojos miel, sabía ser persistente. El pelinegro abrió sus ojos a todo lo que daban con gran sorpresa al tomar conciencia de que se había soltado a hablar de más, acerca de su castaña amigar. Alzó rápidamente su mirada para atisbar a su acompañante, dándose cuenta que ella lo observaba con una mirada que denotaba un poco de preocupación y aflicción. —Eh… y bueno, no sé, creo que, simplemente simpatizamos fácilmente, jé…— Fingió un tono despreocupada y natural, tratando de sonar indiferente a los recuerdos de su nueva amiga.
—Ya veo… con razón te cae tan bien…—Habló con desgana. Su expresión parecía un poco decaída.
Ranma notó de inmediato aquel semblante opacado. —Eh… p-pero, sólo somos amigos…—Le aseguró, titubeante. [¿Por qué diablos le estoy diciendo esto?].Sabía muy bien que le estaba ocultando ciertos detalles acerca de su amistad con la castaña, pero ni siquiera él entendía muy bien lo que pasaba por su mente.
Lentamente esbozó una ligera y forzada sonrisa en sus lindos labios. —Lo sé, Ranma… n-no te preocupes… Además…—Hizo una pequeña pausa en su hablar, mientras que un sonrojo se pintaba en su delicado rostro. — además… y-yo… yo soy la única… ¿no?— habló con una timidez extrema.
El chico abrió sus ojos desmesuradamente al escuchar aquella pregunta; lo había tomado desprevenido. —Eh… s-sí…—Con ésa corta respuesta, afirmó a la pregunta, sonriendo forzadamente.
Nunca esperó eso de su prometida. Esa pregunta lo hizo sentir peor. Sabía que lo del día anterior, aquel casi-beso con su amiga, sólo había sido una mala jugada del destino, sólo se había dejado llevar por el momento, y tal vez… por algo más, pero no estaba seguro si actuaría de la misma manera si la situación se repitiera; y no quería averiguarlo.
El joven estaba más que confundido, sólo habían pasado un par de meses de tener más claros sus sentimientos por su prometida, pero ahora, con la llegada a su vida de Akemi, había puesto todos sus pensamientos en duda; eso le molestaba ¿Por qué ahora? Creía que el universo conspiraba contra él… o tal vez, seguía siendo un tonto niño indeciso y cobarde que no quería aceptar su responsabilidad.
—Se está haciendo tarde, Akane…— Habló después de un momento de silencio. —será mejor que regresemos a casa— Propuso el joven Saotome
— ¿Eh?…— Parpadeó un par de veces por aquella sugerencia. — ¿No piensas comer el resto de tu hamburguesa?—Le preguntó con curiosidad, apuntó con su índice lo que restaba de ése alimento.
— Eh… no, ya no tengo hambre…— Sonrió para disimular su incomodidad.
— Bueno…— Sonrió radiantemente. —entonces vámonos—
La pareja de prometidos se pusieron de pie, y emprendieron su paso hacia la salida de aquel centro comercial, caminando, uno justo al lado del otro.
La chica de cabellos azules se sentía más aliviada por haber tenido aquella plática con su prometido, se sentía un poco menos preocupada con la amistad entre el ojiazul y la castaña de segundo año.
Por su parte, Ranma se sentía muy mal, podría usar como pretexto que sólo estaba omitiendo ciertos detalles, o incluso que sólo contestó las preguntas que su prometida le hizo; pero en el fondo, no podía evitar sentir una sensación de engaño, pero qué se supone que le diría, si apenas.
Por alguna calle de la ciudad, iban caminando un par de linda jovencitas; cada una sostenían un par de bolsas de plástico, en las cuales llevan unos cuanto víveres y cosas para el hogar.
La pequeña castaña dio un fuerte estornudo, haciendo que sus ojos se humedecieran; pasó su indicie debajo su nariz para tallarla con un poco de fuerza.
— Alguien estará hablando de ti…— Mencionó la mayor quien caminaba junto con ella.
Dejó salir una pequeña risita por el comentario. —Sí, eso creo…— Contestó sarcásticamente, siguiéndole la corriente a esa boba superstición.
La mayor de las Senshi, detuvo su caminar cuando pasaron cerca de una banca, haciendo que su hermana menor imitara la acción; colocó las bolsas en el piso y tomó asiento.
Dejó escapar un gran suspiro cansino. —Ahh, ya me canse, Akemi, hay que descansar un rato…—Propuso la joven.
—Está bien…— Contestó, al mismo tiempo que tomaba asiento al lado de ella.
La mayor sacó un par de latas de refresco; destapó una y se la ofreció a su hermana, quien la recibió con gusto, agradeciendo el gesto; destapó la que quedo en su mano y le dio un gran sorbo.
— Si no hubieras comprado todas esas cosas, serían menos bolsas…— Se quejó la joven Minako.
Rio levemente. —No te quejes, no hacen mucha diferencia; mamá nos encargó demasiado; yo sólo compré un par de cosas…— Refutó la joven de gafas.
—Igual serían menos… —Contestó con simplicidad.
Las hermanas se quedaron en silencio un par de minutos, disfrutando la fresca brisa de ésa tarde, mientras tomaban con mucha calma sus bebidas.
— Y dime, Akemi ¿piensas cocinar algo o por qué compraste todas esas cosas?— Interrogó a la menor, con curiosidad.
— ¿Eh?… Sí, planeo hacer galletas…— Dijo mientras daba otro sorbo a su refrescante subida.
Dibujó una sonrisa ladina en sus labios con la respuesta de su hermana. —Mmm ya veo, ya veo… y ¿para quién serán…— Preguntó con un tono de voz que denotaba picardía a leguas.
De inmediato un calor invadió las mejillas de Akemi, haciéndola sonrosar. —Eh… pues… p-para todos, en casa… y bueno…— Su sonrojo se marcó más en sus mejillas. — tal vez, haga unas cuantas para…— Miró con el rabillo de su ojo a su hermana, percatándose que la miraba de una manera acusadora. — para… Ranma…—
Agrandó ésa sonrisa calculadora y entrecerró sus ojos. —Vaya, hermanita… nunca pensé que fueras tan atrevida…—
— ¿D-de qué hablas?— Titubeó nerviosa. —Ya antes le he dado galletas a Ranma—
—Pues sí, pero después de lo de ayer, pues… parece que vas en serio con él ¿Verdad?— Habló con aquel tono pícaro, mientras le daba un par de ligeros codazos en su costado y guiñaba un ojo.
Dio una ligera risa desganada. —Claro que no, tonta… De hecho, quiero hablar con él mañana acerca de lo que pasó ayer…—
Enarcó una ceja y mutó se expresión a una de confusión — ¿y qué piensas decirle?—
—Bu-bueno, aun no lo sé, pero… —Dejó escapar una pesada exhalación. —Con lo que paso ayer, creo que no tengo las agallas para mirarlo a los ojos, jé…—Confesó algo apenada, con una sonrisa nerviosa, rascando su mejilla con su índice. — y bueno… no quiero que las cosas cambien entre nosotros. Me gusta mucho estar con él; y además… creo que él es igual de torpe que yo en éste tipo de cosas, y creo que si no hablamos de lo que ocurrió,… será muy incómodo… y bueno, quiero que las cosas sigan como antes; eso es todo— Contó con un poco de timidez.
Miró con detenidamente a la chica de gafas, tenía una expresión algo decepcionada. Sabía de sobra que su hermana menor era muy tímida e inocente, así que no le sorprendió aquella respuesta; pero de todas maneras se sentía un poco mal por ella; es decir, por fin se había relacionado con un chico, y ella prefería dejar las cosas como amigos; eso de cierta manera, le frustraba.
Recargó todo su peso sobre el respaldo de la banca con pereza y dio un gran sorbo a su refresco, para después, suspirar con cansancio. Miró hacia el despejado cielo azul—Pues creo que deberías ser más atrevida— Mencionó repentinamente.
El atardecer pintaba de anaranjado el cielo de la ciudad, mientras que la pareja de prometidos, caminaba a través de un gran parque, uno al lado de otro. Sostenían una pequeña charla trivial, muy amena.
— Oye, Akane…— Llamó a su prometida, después de un corto silenció en su plática.
— ¿Qué pasa, Ranma?…— Respondió la joven de cabellos cortos, después de dar una ligera lamida al helado que sostenía en su mano derecha.
— ¿Puedo preguntarte algo?
—Sí, puedes. Pero no te aseguro que conteste…— Sonrió y le mostró la lengua a su prometido de manera traviesa.
Ranma enarcó una ceja mientras sonreía levemente. Ese gesto de su prometida le pareció muy tierno. — Boba…— Dijo con cariño.
Volvió a lamer aquel helado y viró su mirada hacia el moreno. — ¿Vas a preguntar o no?— Le dijo, para retomar el tema y dándole su permiso de preguntar lo que quisiera.
— ¡Ah! Sí… Bueno, hace un rato dijiste que últimamente has estado preocupada por algo ¿no?— Akane lo miró un poco confundida, y después asintió con la cabeza. —ya veo… Bueno, yo sólo quería saber, qué es lo que te tenía con ése humor de gorila estos últimos días ¡AÚCH!…— Se quejó con una mueca de dolor en su rostro, al sentir el delicado y fino codo de su prometida, encajándose entre sus costilla. De inmediato llevó su mano a la zona afectada y la sobó levemente.
—Idiota…— Respondió ofendida, con su entrecejo fruncido, cerrando los ojos y dando otra gran y caprichosa lamida a su helado.
Sonrió tenuemente, pero aún con ésa adolorida expresión en su cara. —Sólo bromeaba…— La peliazul ni se inmutó con aquella excusa. —Pero en serio, ¿por qué has estado tan preocupada?—
Akane lo volteó a ver con rareza. [¿Quiere saber lo que me pasa?… acaso… ¿está preocupado por mí?] Un leve carmín se apoderó de sus mejillas al pensar en aquella posibilidad ¿desde cuándo era tan atento ese infantil muchacho?
Agachó su mirada con timidez. Lo que estaba a punto de contarle a Ranma, se lo había guardado sólo para ella; ni siquiera se lo había comentado a su hermana mayor, Kasumi.
— ¿Y bien?— Insistió el ojiazul, al no obtener respuesta alguna de la joven Tendo.
Exhaló con pesadez antes de comenzar a hablar, al mismo tiempo que su semblante decaía un poco. — Por el futuro, Ranma…— Respondió con pesadumbre.
El chico viró a verla con una gran sorpresa por aquella confesión. — ¿P-por el futuro?— Preguntó, repitiendo la respuesta de la chica.
Asintió levemente. — Sí… es que… tú sabes, Ranma, estamos en último año de preparatoria y me la he pasado estudiando demasiado para los exámenes parciales que comienzan mañana y al mismo tiempo estudió para los exámenes de admisión para la universidad; todo eso es muy cansado…— Su semblante se había ensombrecido un poco por la preocupación. — y también, pronto cumpliré dieciocho años, y aún no sé qué es lo que quiero hacer con mi vida; eso, sin mencionar que papá me recuerda a cada momento que soy la heredera del Dojo y que de mí depende que nuestras escuelas sigan existiendo. No digo que me moleste el hacerme cargo del Dojo, pero antes de eso, quiero estudiar una carrera, pero aun no sé cuál; ésa es otra cosa que me está estresando demasiado, y además, para poder heredar el Dojo pues…— Otro sonrojo salió de sus blancas mejillas. —bueno… tú ya sabes qué condición hay…— Mencionó con pena, mirando al suelo mientras caminaba lentamente.
— ¿El compromiso?— Preguntó con neutralidad. Su prometida lo miró fugazmente, para después volver su mirada al suelo y asentir. — Ya veo…—
Ver esa expresión tan abatida en la peliazul, le hizo sintir muy mal por su prometida. Se dio cuenta de que ella siempre tuvo la razón en algo y ahora lo comprobaba: él era un insensible. Todos esos meses, había culpado a su linda prometida por no avanzar en su extraña relación; la culpó de no ver ni apreciar sus intentos por mejorar su amistad, de no comprenderlo… cuando ella, en realidad, se sentía exactamente como él, o incluso peor.
Quiso hacerla sentir mejor, pero no sabía cómo. Temía decir algo inapropiado o estúpido, y hacer enfadar a ésa linda chica, arruinándolo todo, como era su costumbre. Así que hizo lo único que se le vino a la mente; algo que había funcionado en él el día anterior, sabía que eso atentaría contra su salud física, pero decidió arriesgarse.
Pasó duro por su garganta una gran cantidad de saliva. [Espero que no se enoje por esto]Se armó de valor y lo hizo.
Una descarga de electricidad recorrió la columna de peliazul, al sentir el contacto de su prometido sobre su hombro, cayendo en cuenta de que se trataba de un ligero y tímido abrazo. Ambos detuvieron su andar. Sintió que su corazón se le saldría del pecho cuando el moreno la atrajo a él, haciendo que ella se encogiera un poco entre su brazo y el costado de su bien formado torso. Sentía que en cualquier momento su cara se llenaría de llamas, sus mejillas ardían como brazas. Eso era totalmente nuevo, pero extremadamente placentero. Esa situación la había superado tanto, que no tenía el valor de levantar su mirada para ver esas azules iris que tanto le encantaban.
—Aún hay tiempo…— Al fin hablo el joven Saotome. —tal vez no me creas, pero entiendo perfectamente cómo te sientes…— Las acuosas pupilas de la peliazul temblaban con cada palabra que decía su prometido. — pero, aun tienes tiempo para pensar bien lo que quieres; es decir, aún faltan varios meses para que empiecen los exámenes de admisión para la universidad, y los exámenes parciales del Furikan, no son tan difíciles, si yo puedo pasarlos, entonces para ti serán cosa de risa… y sobre el Dojo… bueno, eso el tiempo lo dirá ¿no crees?…— La chica que estaba en su agarre no contestó nada, sólo se limitó a asentir, pero sin mirarlo. El chico de la trena sonrió conmovido, le encantaba ver ése rostro sonrosado, y más aun con aquella expresión llena de timidez; lucía tan delicada, indefensa, tan… bella. — Ahora entiendo tu falta de apetito últimamente. ¿Sabes? Si no comes como antes, perderás esos kilos de más que te caracterizan ¡AÚCH!…—Volvió a sentir un golpe en sus costillas, proporcionado por el codo de la joven de cabellos cortos. Soltó su lentamente a su prometida.
—Tonto…— Jactó, fingiendo estar ofendida.
—Sólo bromeaba…—De nueva cuenta, usó la misma excusa.
La joven de orbes castaños, por fin tuvo el valor de mirarlo a los ojos. Le regaló una radiante sonrisa a su acompañante, con sus lindos ojos cerrados. —Gracias, Ranma… me siento mejor…—
El ojiazul respondió el gesto con una pequeña, pero sincera sonrisa, para después asentir levemente. —Bueno, será mejor que termines tu helado, antes de que se derrita por completo…— Le señaló aquel postre que sostenía con su mano.
— ¡Ah, sí! Es cierto…— Con todo aquello, se le había olvidado que, de hecho, tenía el helado que su prometido le había comprado momentos atrás.
Retomaron su camino a paso lento. Akane miraba disimuladamente al moreno, con el rabillo de su ojo, mientras caminaban. [Qué raro fue todo eso] Se dijo a sí misma. […pero fue muy lindo] Sonrió muy contenta. — ¿Quieres un poco?…— Alzó su cono a la altura de los labios de su prometido, deteniendo el paso de nuevo.
Echó un poco hacia atrás su cabeza y enarcó una ceja, por aquella repentina acción. — ¿Eh?… Sabes que no me como eso cuando soy…—
—Vamos, Ranma… no me digas que sigues con ésa tonta idea que son postres para chicas…— Amonestó de manera graciosa y simpática, interrumpiendo la tonta excusa del chico.
Cerró sus ojos y suspiró cansino. Sin previo aviso, acercó su rostro a aquel postre y le dio una pequeña lamida con desgana. — ¿Feliz?— Preguntó fingiendo indiferencia.
A Akane casi se le cae la quijada aquello sólo lo había hecho como una pequeña broma, pero al ver a su prometido probar su helado, no pudo creerlo. —R-ranma… ¿d-de verdad lo hiciste?— Dijo anonadada.
Simplemente se encogió de hombros y cerró sus ojos. —Ni que fuera la gran cosa…— Contestó mientras metía sus manos a los bolsillos de su pantalón chino.
— ¡No puedo creerlo, Ranma! es la primera vez que comes un helado en tu verdadera forma, como hombre…— Exclamó muy emocionada.
— Eh… bueno…— Se tensó al recordar que ésa no era la primera vez, pero lo que más le puso nervioso, fue con quién lo hizo. — sí, es verdad, jé— Mintió. No quería tocar ningún tema relacionado con el día anterior.
Otra gran sonrisa se hizo presente en el rostro de la Tendo menor. [Es la primera vez que come un helado en su forma masculina… y lo hizo conmigo] Había fantaseado más de una vez, con ir a una heladería con su prometido y comer juntos alguno de esos postres que las parejas normales, suelen comer en compañía uno del otro, y aunque no fue como se lo había imaginado, se acercaba un poco; eso le hizo sentir muy feliz.
Esquivó la tierna mirada de su prometida; no soportaba mentirle, pero de verdad que no necesitaba complicar las cosas en ése momento. — Eh, creo es mejor que nos demos prisa…— Y sin decir más, retomó su camino, haciendo que la chica de cabellos azules lo siguiera.
Caminaban a la par, con muy poca distancia entre ellos. No podía dejar ver a aquel chico [Creo que… estamos avanzando] Se dijo a sí misma mientras observaba aquel apuesto y varonil perfil de su prometido.
El joven artista marcial caminaba ensimismado y adentrado en sus pensamientos [¿Debería contarle lo que paso ayer?] Se preguntó, inseguro de sí mismo; en su cabeza no cabía ni una duda más; simplemente, no estaba pensando con lucidez.
Y así, siguieron caminando por las calles de la ciudad, rumbo al Dojo. Esa había sido una tarde muy agradable entre la joven pareja. Iniciaron otra pequeña conversación, sin mucha importancia, sólo para hacer más amena la caminata hasta su destino.
En los límites de Nerima, se podía ver a un joven que caminaba con mucha dificultad, sosteniéndose con ambas manos a un viejo palo de madera, mientras que en su espalda, llevaba una gran y pesada mochila, de la cual, destacaba una peculiar sombrilla roja; sus ropas se veían muy sucias y enmarañadas.
— P-por fin… llegué a Okinawa…—Más que una afirmación, fue una pregunta, ya que al parecer, ni él mismo sabía exactamente dónde se encontraba.
Continuará…
Nop. No he abandonado el fic, sólo que estuve algo ocupado estas últimas semanas. Pero bueno, por fin tuve oportunidad de actualizar. Espero que les guste el décimo capítulo de la historia.
Muchas gracias a todas las personas que se toman parte de su tiempo para leer esta historia, espero sea de su agrado y les haga pasar un buen rato.
Sia: Hi, again :D. Well, Ranma is very confused now, maybe it's not a good excuse, but, c'mon, what he's supposed to do? Just say something like "Hi Akane, I used to think that I loved you, but now, I'm not pretty sure" XD, it's not that easy, and much less for him. We'll see how it goes. See you ;)
MATT: Hola Matt :) Gracias, me alegra que te haya gustado el capítulo n_n. Jajaja, sí, los sentimientos de esos dos son algo muy poco común, pero bueno, ni Ranma se salva de la maldita duda, también es de carne y hueso, jé :P. Saludos :)
Akanealejandra: Hola. Qué bueno que te guste la historia, me alegra mucho n_n. Aww, no llores, que me haces sentir mal :(, jée. Eso me agrada, que sientan alguna emoción cuando lean lo que escribo; aunque, cómo puedes odiar a Akemi, ella es un sol, no ha hecho nada malo XD. Bueno, habrá que ver cómo terminan los prometidos :P. Saludps y espero leerte pronto.
Saludos y de nueva cuenta, gracias a todos lo que se toman parte de su valioso tiempo para leerme, y espero leer sus opiniones n_n.
Ya con un poco más de tiempo libre, ahora si espero actualizar cada semana (o si es posible antes) y retomar el ritmo, así es que, hasta pronto (eso espero) n_n.
Saludos
CalcioyCobalto
