CAPÍTULO 10

Viento negro, fuego y acero

Spike ya casi estaba listo para irse. Dada las políticas del ejército de Equestria, no había oficiales al mando dragones con grado de Mayor. Por lo que solo marcharían a la guerra oficiales del rango máximo de Capitán Primero como Spike. El mencionado estaba seguro de que todas las molestias que se habían tomado para organizar y dividir a las tropas ecuestres eran una pérdida de tiempo. Sabía que esos grupos probablemente se disolverían para acoplarse a las tropas de Ragnarok una vez que dejaran el país. Quizás antes…

Terminó de preparar su armadura y su espada. ¿Para qué llevarlas, si lo único que necesitaría sería su brazalete en realidad? De todos modos se vio al espejo una última vez, para no olvidarse como era antes de ir a la guerra. Aspiró profundamente y salió de su cuarto.

A un cuarto para las doce del mediodía las legiones de guerreros de Ikaruga llegaron. Por tierra y aire desfilaban aproximadamente ocho mil dragones y kirins. Listos para ir a la guerra. Listos para enfrentar a lo desconocido. Pero lo más importante. Listos y dispuestos a morir por su rey.

El mencionado rey marchaba al frete de su ejército, en una plataforma/casco puesto sobre la cabeza de un gigantesco dragón serpiente. El brillo del solo sobre sus escamas áureas, le hacía parecer estar hecho de oro. Tenía una cornamenta muy singular. Cuatro cuernos salían de su cabeza, dos a cada lado sobre sus orificios auditivos. Los cuernos traseros formaban una pequeña curva que los hacia parecer cuernos de ciervo. Mientras que los de más al frente se extendían y se dividían en dos en la punta, y se extendían hasta bajo la mandíbula del dragón.

Las tropas no entraron a la ciudad. Se detuvieron a las afueras de la misma y esperaron a que las tropas de Equestria se les unieran. Eran pocos. Daba igual, siempre que Spike estuviera entre ellos. Frente a la caravana de guerreros ecuestres, viajaban las princesas. Sentadas en una carroza especial sol para esa ocasión, tirada por sus fieles pegasos. Detrás de ellas marchaban los generales Buster y Death. Al ver a la formidable bestia que transportaba al rey, Celestia no pudo evitar preguntarse cuál incómodo debía ser para el guerrero besar a su pareja o comer siquiera.

Ante la proximidad de las princesas, la gran bestia bajó la cabeza al nivel del suelo y Ragnarok descendió de un salto, quedando frente a la nariz de su transportador.

-Excelencias- saludó Ragnarok.

-Bienvenido Rey Ragnarok- dijo Celestia.

-¿Conocen a Lord Azi Sruvara? Ministro de Guerra- dijo, Ragnarok, señalando al dragón en que hasta hace unos momentos viajaba.

-Princesas- saludó el dragón, con una profunda y grave voz.

-Buenos días- respondieron las princesas.

-¿Cadence no ha venido?- preguntó Luna.

-Ni soñar. La pobre ya tiene bastante ahora que debe cuidar de nuestros hijos y nuestro reino ella sola-

-¿La dejaste sola?- dijo Celestia, en un tono molesto.

-¿Tienen algún problema con eso?- cuestionó, claramente no teniendo intenciones de discutir el tema.

-No en tanto la hayas dejado bien cuidada- dijo Luna.

Contrario a Ragna, tenían plenas intenciones de discutir el tema.

-Lo dices como si no fuera capaz de cuidarse sola. No me habría casado con ella si no conociera su verdadera fortaleza y poder. Pero bueno… ¿Están listos sus guerreros?- preguntó, rodeando a las princesas y viendo a las tropas que marchaban tras ellas.

-Aquí hay seiscientos dragones y kirins listos para apoyarlo en esta lucha- dijo Celestia.

-Imagino que nos esperan más en el frente de defensa-

-Unos mil doscientos soldados más. Y esperamos poder enviar más en los próximos días-

-Con esto será más que suficiente. No quiero que Equestria quede desprotegida-

El general Buster Sword, que encabezaba la caravana de guerreros, se acercó a Ragna. Lo acompañaban una escolta de soldados ponis. Uno de ellos llevaba un grueso folder flotando cerca de él.

-Buenos días Rey Ragnarok- dijo haciendo una pequeña reverencia, junto a su escolta.

-De pie General. ¿Están listos sus hombres?-

-Armados y listos. Aunque seguramente me dirá que ha sido en vano, ya que posiblemente los hará luchar en sus tamaños reales- dijo el general.

-No ha todos claro. El tamaño puede volverse una gran desventaja estratégica si uno se enfrenta a un mondón de mini enemigos que pueden volar-

-Confío en que sabrá manejar el flujo de la batalla. Eh aquí una lista de los nombres de todos los soldados en este contingente. Sus rangos, especialidades…-

-Gracias General- interrumpió, tomando el folder.

-De nada majestad. Supongo que mis servicios ya no son necesarios-

-Por el contrario. Cuento con que seguirá haciendo un gran trabajo para proteger no solo la capital, sino todo el reino- dijo Ragnarok.

-Cuente con ello majestad. Le deseo feliz cacería- dijo el General, dando la vuelta junto a sus acompañantes.

-Eso espero General. Eso espero- dijo Ragnarok, volviendo hacia las princesas.

-¿En verdad piensas ir hasta el corazón de Dammerung?- dijo Celestia.

-Y hasta donde haga falta para arrancarle la cabeza al Rey Mefisto y colgarla en mi pared- respondió Ragnarok.

-Pero esperemos que no tenga que llegar a eso. Después de todo le prometí a Ysolda que pasaríamos Hearts and Hooves day aquí en casa de sus tías-

-¿Qué pasará si no eres capaz de vencer al ejército de los vampiros?- cuestionó Luna.

Ragnarok se rió.

-Los vampiros están todos muertos por definición. Condenados e infectados, incapaces de cruzar las puertas de Jerusalén o contemplar su gloria siquiera. Mi ejército no caerá ante alimañas así. Y aunque lo hiciera, no pienso darme el lujo de morir cuando mi esposa y mis cinco hijos me esperan en casa- dijo severamente.

-Si ya no tienen nada más que decir. Las veré cuando regrese princesas- dijo, volando de regreso a la plataforma sobre la cabeza de Lord Azi Sruvara.

-Guiaré a mi pueblo a victoria. No a encontrarse con la muerte. Llévame frente a los soldados Azi-

-Sí mi Rey- dijo el dragón.

-¡Ragnarok!- gritó Celestia, haciendo que Azi se detuviera.

Ragnarok volteó hacia las princesas, en el suelo.

-Buena suerte- concluyó Celestia.

-Ténganme algo de fe ¿Quieren? Y ténganle fe a su campeón- dijo Ragnarok.

Celestia y Luna sabían bien a quién se refería el Rey.

Azi Sruvara rodeó el carruaje de las princesas y se levantó frente a las tropas de Equestria, para que todos los soldados pudieran ver al rey Ragnarok.

-En mi solicitud a las princesas de Equestria, pedí que me brindara el apoyo de todos los dragones y kirins dispuestos a defender a su país y ayudarme a erradicar la amenaza vampírica de la faz de la tierra de una vez y por todas. Lo que significa que no debería haber ni un solo soldado aquí que no esté presente por su propia voluntad. Y quiero creer que todos están aquí porque así lo han decidido-

La vista de Ragnarok exploraba el contingente frente a él, buscando a un dragón morado. Sonrió triunfante al encontrarlo.

-Como Rey, líder y responsable de esta campaña, mi trabajo es asegurarme de que logremos la victoria y que todos ustedes puedan volver a casa. Tendré éxito en lo primero, eso se los puedo asegurar. Pero ustedes y yo sabeos que no lograré lo segundo. No con todos ustedes. Así que si hay alguien que quiera cambiar de opinión y quedarse aquí, que lo haga ahora. Si no, sigan las órdenes del mis oficiales y síganos al campo de batalla. ¡Están conmigo!-

Las tropas Equestres rugieron con fervor.

-¡A LA GUERRA!- gritó con gran fuerza y emoción, haciendo que lord Azi continuara su andar hacia el oeste, donde Appleloosa y las tropas del Mayor Agnus los esperaban.

Las tropas de Equestria se acoplaron lentamente a las de Ikaruga, mientras marchaban. Spike se aseguró de quedar en una de las filas exteriores para poder ir viendo la ciudad, mientras se alejaban. La mayor parte de los residentes de la ciudad se habían reunido para despedir a los valientes guerreros que marchaban a la guerra. Arrojaban flores a su paso y gritaban palabras de apoyo. Otros simplemente los miraban con admiración y orgullo. Otros solo rezaban en silencio por su retorno a casa. En medio de todo estaban las dos princesas de la nación, dedicando sonrisas fingidas. No por su desaprobación por la guerra. Sino porque temían que después de ese día ya no volverían a ver al dueño de sus corazones.

Finalmente el contingente se alejó lo suficiente de la ciudad.

-Lord Azi, de la orden del paso veloz- dijo Ragnarok.

-Sosténgase mi Rey- respondió.

La gran serpiente tomó aire y dio un gran rugido. Después comenzó a desplazarse a una increíble velocidad para su gran tamaño. Detrás de ellos, todo el ejército comenzó a acelerar el paso. Los kirins y dragones que podía volar levantaron el vuelo. Los dragones serpiente aceleraron el paso.

Celestia hacía todo lo posible por contener su llanto. Tendría que retirarse pronto o terminaría siendo descubierta por su hermana. Afortunadamente ella se le adelantó. Luna comenzó a sollozar en silencio, mientras se mordía el labio inferior.

-Luna no llores. Sonríe frente a tu pueblo-

-¡Es fácil para ti decirlo!- gritó con desprecio, yéndose de regreso al palacio un instante después.

-¡Luna!- gritó Celestia, emprendiendo vuelo para seguir a su hermana, que volaba directamente a sus aposentos.

Luna entró a su cuarto por el balcón, azotando las puertas tras de sí para que Celestia no entrara.

-¡Luna ábreme por favor!- gritó Celesita frente a las puertas.

-Luna por favor. Es en estos momentos en que debemos estar más unidas que nunca- intentó hacerla razonar.

-¿Para qué? No somos nosotras las que hemos partido a la guerra ¡Para proteger nuestra propia nación!- renegó Luna, desde dentro de su cuarto.

-Luna ya no hay nada que hacer sobre eso. El reino entero nos ha pedido quedarnos en Equestria y dejar que Ragna se encargue de la guerra. Además tú y yo no tenemos ninguna experiencia comandando tropas-

-¡Esa no es excusa para que actuemos como unas cobardes!- renegó la princesa de la noche.

-No confundas prudencia con cobardía, hermana- corrigió Celestia.

-¿De qué nos sirve ahora qué ha estallado la guerra?- replicó.

-Bueno, ¡¿Si tanto querías ir por qué no lo dijiste?!- cuestionó Celestia, cansada del infantil berrinche de su hermana.

-¡Yo no quería ir! ¡Solo quería que él se quedara!- gritó Luna.

Celestia enmudeció de sorpresa. Dentro de su habitación, Luna se tapó la boca con ambos cascos al darse cuenta de lo que había dicho. tomó una almohada cercana y hundió su rostro en ella, como si eso la fuera a ocultar del mundo.

-Luna… Abre esta puerta por favor- dijo Celestia.

No hubo respuesta. Pero tras un rato, Celestia escuchó pasos que se acercaban a las puertas del balcón y un instante después finalmente se abrieron. Dentro apareció Luna con la vista al suelo y triste expresión.

-¿Luna que sucede?- inquirió Celestia, con dulzura en su voz.

Luna elevó sus tristes ojos a los de su hermana y la abrazó.

-Lo siento- musitó.

-Está bien Luna. Han ocurrido demasiadas cosas, demasiado rápido- respondió Celestia, cubriendo a su hermana con sus alas.

-Es solo que… Hay algo que deberías saber…-

-¿Qué cosa?- preguntó Celestia, conociendo la respuesta.

-… Estoy… Estoy enamorada de Spike…-

Celestia sintió como si una espina se clavara en medio de su corazón. Abrazó fuertemente a su hermana, lamentando ser la responsable de su dolor.

-¿Se lo dijiste antes de que se marchara?-

-S-sí-

-… ¿Qué respondió?- se atrevió a preguntar.

Luna comenzó a sollozar en el pecho de Celestia.

-Me rechazó… Dijo que había alguien más…- respondió débilmente, con un doloroso nudo en la garganta.

-Ho Luna, lo siento tanto- contestó Celestia, acariciando la espalda de su hermana para tranquilizarla.

Dejó a su hermana desahogarse unos instantes y esperar a que ella decidiera continuar la conversación.

-Me enfurecí mucho… Le grité muy feo… Lo traté muy mal y lo golpeé- balbuceo Luna.

-Dijo que no me amaba como yo a él. Pero no fue suficiente para mí e hice un berrinche como una niña caprichosa… Debe pensar que soy una tonta-

-No, no, claro que no. Estoy segura de que él entenderá que estabas enfadada y no fue tu culpa. Ya lo arreglaran todo cuando regrese- alentó Celestia.

-¿Pero y si no regresa?- cuestionó Luna, mirando a su hermana a los ojos.

Celestira dudó unos momentos antes de responder.

-Él regresará Luna. Me lo prometió, como estoy segura de que también te lo habrá prometido antes o después de tu confesión- explicó.

-¿Pero y si no regresa?- insistió Luna.

-No solo estoy triste porque me haya dicho que no corresponde a mis sentimientos. Es por qué… ¿Qué pasará si lo último que recuerda de mi es mi cara de estúpida cuando me enfadé con él y le pegué? Además, el que nos haya prometido que regresará, no garantiza que así será- se lamentó.

-No tenemos más remedio que tener fe Luna. En Spike. En Ragna. En todos nuestros guerreros- dijo solemnemente la princesa del Sol.

Luna suspiró resignada y volvió a abrazar a su hermana.

-¿Tu sabias que Spike tenía un romance con alguien?-

Una de las preguntas que Celestia quería evitar.

-Dijo algo de tener la vista puesta en alguien durante nuestras vacaciones. Pero no me lo confirmó. Y como pidió que no habláramos del tema, no indagué más. Realmente lo siento Luna-

-Parte de la razón de que me enojara tanto con él, fue por no haber tenido la confianza de decírmelo… ¿Quién crees que sea?-

-… No lo sé. Tal vez alguna compañera del trabajo. Tal vez una de sus admiradoras… Tal vez… ¿Chrysalis?-

-¡¿Lo dices en serio?!- preguntó Luna.

Clestia no sentía bien usando a la reina changeling de chivo expiatorio, pero era mejor que revelarle a Luna quién era en realidad la novia de Spike.

-Bueno no lo sé. Solo se me ocurrió. Después de todo, son grandes amigos. ¿No?-

-N-no lo había pensado…- dijo Luna, apartándose de su hermana.

-Luna… Odio decir esto, pero no es el momento para que te preocupes por algo así. Nuestro país requiere que seamos fuertes y les demos esperanza y confianza. Cuando Spike regrese podremos resolver este misterio y todo se arreglara, te lo prometo. Pero ahora… Hay cosas más importantes que hacer- razonó Celestia, siguiendo a su hermana a la orilla del balcón.

-Lo sé…- se lamentó Luna.

-Lo lamento mucho Luna. Pero sin importar lo que pase yo siempre estaré aquí para ti- respondió comprensiva.

Acercaron sus cabezas la una a la otra y unieron sus cuernos. De estos surgió un resplandor morado donde se unían ambos cuernos.

-Gracias Celestia-

-Es mi deber hermanita. Te amo- dijo cariñosamente Celestia.

-Y yo a ti, hermanota- respondió Luna, aunque en un tono algo bromista.

Separaron sus cuernos y se dieron un abrazo. Celestia se sentía muy mal de tener que mentirle a su hermana. Pero entonces una idea surgió en su cabeza. Una idea, para una opción en la que tanto ella como su hermana podrían estar junto al amor de sus vidas…

Mientras el sol seguí brillando sobre las princesas, también pudo ver la euforia y emoción de otros individuos.

-Las tropas avanzan a gran velocidad, mi Señor- dijo Azi.

-Muy pronto se escribirá un nuevo capítulo en los libros de historia… Y mi nombre será el primero de la lista. Sin tan solo mis padres estuvieran aquí para verlo- murmuró para sí mismo el rey.

-Estoy seguro de que su majestad el Rey Avalon y la Reina Magdalea, deben estar viéndote justo ahora Ragnarok. Y estoy seguro de que los harás sentirse orgullosos- dijo Azi, de pronto hablando en un tono muy familiar.

-Gracias Azi. Ahora… A la guerra vamos. Después de casi seis mil años finalmente regresaremos a los campos de batalla. Llevo toda la vida soñando con esto- murmuró Ragnarok, saboreando el viento en su cara.


Luego de pasar la última parada antes de llegar a Appleloosa, el ejército de Ragnarok había ascendido hasta casi los diez mil soldados. Estaban listos para lo que fuera.

El ejército llegó a mediados de las cinco de la tarde a Appleloosa. O lo que quedaba de ella. Nada más que restos de casas y edificios quemados y destrozados. Los extensos huertos de manzanas se habían conservado sorprendentemente intactos, gracias a que estaban apartados del pueblo. Aun así las granjas sufrieron algunos daños. Pasando los restos de la ciudad y en dirección al desierto, había una montaña hecha de los cadáveres de los vampiros y demonios que habían caído en la batalla. Pero por alguna razón aún no le habían prendido fuego.

El ejército de Ragnarok se detuvo frente a la las fronteras este de la ciudad, donde fueron recibidos por el Mayor Agnus. Un dragón negro alto, de formidable y amenazante complexión. Enormes y largos cuernos como de toro que brotaban de su cabeza y un cuerno menor casi en medio de sus ojos. si le daba un pote a alguien, sin duda podría atravesarlo de lado a lado. Púas en sus codos y la punta de su cola.

-Lo esperábamos mi Rey- dijo, inclinándose ante él.

-De pie Mayor. Deme su informe- dijo Ragnarok, muy ansioso.

-Llegamos a Apleloosa a las 13 horas del día de ayer. Con un contingente de dos mil soldados. Los demonios habían formado un perímetro alrededor de la ciudad. Y se habían colocado en varios puestos de avanzada en el cañón y las montañas que se encuentran de aquel lado- explicó Agnus, señalando las referidas montañas.

-Tomé a todos mis dragones voladores y sobrevolamos la ciudad a una distancia segura para atacarlos en dirección poniente. El resto de mis tropas los atacaron por el oriente. Los emboscamos en ambas direcciones y de acuerdo a sus órdenes, no dejamos a nadie con vida-

-Suena a que se divirtieron- bromeó Ragnarok.

-Algunos vampiros se refugiaron en las casas y almacenes del sector industrial. Esperamos al amanecer para destruirlas, y dejar que se incineraran con la luz del sol- respondió Agnus.

-Suenas decepcionado-

-… Quizás hemos sobreestimado a estos demonios. Aunque sus pieles o corazas resisten el fuego, es solo protección temporal. Una ráfaga constante o un golpe incendiario de un dragón de fuego. Aunque algunos son bastante fuertes y tiene habilidades extrañas con las que lograron causarnos barias bajas-

-Define barias-

-Perdimos poco más del 40% de las tropas y algunos más quizás no logren sobrevivir a-

-Me refería a las habilidades de nuestros enemigos- corrigió, fríamente el rey.

-Escupir sustancias corrosivas que queman la carne y los huesos. Lanzar rayos de energía de sus hocicos, ojos o alguna protuberancia o agujero cerca de sus cabezas. Exhalar fuego. Rayos congelantes. Me enfrente a uno capaz de estirar sus extremidades. Por desgracia para él, su caja torácica no era tan elástica- sonrió al recordar cómo había partido a su rival en dos.

-Entiendo. Me imagino que ya habrás explorado la zona y preparado un glamoroso comité de bienvenida para cuando nuestros invitados lleguen- dijo Ragnarok, rebozando de doble sentido.

-Sin duda. Acompáñeme-


Los preparativos estaban hechos. Los generales, jefes y oficiales tenían sus respectivos mandos. Con ayuda de los dragones con elemento tierra, se levantaron parapetos y barricadas. Se dispersaron las tropas sobre la ciudad y la zona a sus alrededores. Estaban armados y listos para la llegada del enemigo.

Al caer el sol, Ragnarok ordenó que se prendiera fuego a la inmensa pila de cadáveres del enemigo. Ragnarok no enfrentaría su primera batalla con un ataque sorpresa. Los enfrentaría de frente y los aplastaría con todo su poder, sin piedad ni misericordia. Y la ardiente montaña de cadáveres sería un aviso. Un símbolo de lo que les esperaba a todos sus enemigos.

Casi al punto de las nueve de la noche, las tropas enemigas fueron avistadas.

-Ya vienen mi señor. Deben haber visto la columna de fuego. El ejército se detuvo para que los hechiceros pudieran transformarse-

-¿Cuántos son?-

-Unos diez mil soldados, Señor-

-Perfecto…- saboreó Ragnarok.

En cuestión de minutos se formaron las tropas para la llegada de los vampiros. Ragnarok se encontraba frente al ejército usando además de su brazalete de Mahakala, solo una capa Blanca con bordes dorados y dibujos de flamas rojas, que había sido confeccionada especialmente para aquella ocasión. En su mano derecha cargaba un regalo muy especial de la Reina Magdalea, su madre. Era una Alabarda, o al menos era a lo que más se acercaba el arma. Era un báculo grueso con una fina espada de doble filo en la punta, rodeada por dos hojas de acero parecidas a las que forman las naginatas, con bordes dentados hacia el exterior. Aunque con algo de imaginación el arma podría confundirse con un tenedor gigante, seguro nadie en su sano juicio querría estar en la trayectoria del arma en movimiento.

Los dragones y su rey esperaban el primer movimiento del enemigo. Pacientemente, esperando a que cayeran en sus garras. Pero entonces el rey vio que de entre el inmenso ejército invasor, se desprendía un minúsculo grupo con antorchas y una bandera blanca.

-¿Es eso lo que creo que es Azi?- preguntó Ragnarok.

-Si cree que es una caravana de mensajeros con intenciones de negociar, entonces creo que es lo que usted cree- respondió serenamente la gran serpiente.

-Esto tiene que ser una broma-

-¡Mi Rey!- gritó un dragón detrás de Ragna.

Un momento después, se reunieron barios dragones sobre la plataforma en la cabeza de Azi.

-Los vampiros envían mensajeros ¿Cuáles son sus órdenes?- dijo un el General Ryujin.

Un dragón alado color verde oscuro, con escamas rojizas en el estómago y las membranas de sus alas. Ojos azules. Su nariz puntiaguda en compañía de la cresta en forma de "V" que se extendía en su cabeza hacia parecer que toda su cabeza era una punta de flecha.

-¿A qué creen que vienen esos idiotas?- dijo Ragnarok, dándole la espalda a sus generales y aún con la vista hacia el ejército invasor y los mensajeros que se habían detenido en un punto medio entre la distancia entre ambos ejércitos.

-Sin duda alguna no esperaban encontrarse con el ejército de vuestra majestad en este lugar. Quizás han reconocido que no están a la altura de nuestro desafío e intentarán rendirse, al saber que intentar escapar de vuestras tropas sería inútil- dijo el ministro de Magia, Zen.

Zen no era un lambiscón. Todos lo sabían. Pero era muy apasionado. Y por apasionado claro, nos referimos a excéntrico. Era un dragón de poco más de dos mil años que había estado al servicio de la corona desde los tiempos del padre de Ragnarok. Era un dragón amarillo, tenía cuatro grandes cuernos que se extendían en su nuca y una pequeña hilera de espinas en su espalda.

-Mi Rey de seguro no estará considerando concederles una audiencia a estas bestias- dijo Agnus.

Había otros pocos dragones de escolta y un escriba, grabando toda la conversación para la posteridad.

-Aunque todos hemos esperado mucho por esto… Se verá mal que la historia hable de cómo su majestad negó la posibilidad de una solución pacífica para esta disputa- dijo Azi.

Ragnarok se sostuvo desborde de la plataforma y encogió la cabeza entre los hombros mientras pensaba.

-¿Qué ordena señor?- volvió a preguntar Ryujin.

Ragna guardó silencio un momento más antes de exhalar y darse vuelta.

-Caballeros… No hay razón para no ser civilizados- dijo extendiendo los brazos y hablando en tono que no dejó saber si era sarcasmo o suspicacia.

-Soldado, tráigame a Spike. Necesitare al menos a un miembro de Equestria presente para estas "Negociaciones"-

Pronto el soldado regresó en compañía de Spike.

-¿Sus órdenes mi Rey?- dijo Spike.

-Usted, yo y el Mayor Agnus iremos a hablar con los mensajeros. Azi mantén posición. El resto regresen a sus puestos. No quiero que nadie haga nada, a no ser que yo de la orden o que me maten. Lo que pase primero. Zen cuídame a Lady Victoria- dijo entregándole su arma.

-Ho claro, mi Rey- dijo alegremente el dragón.

Los tres dragones extendieron sus alas y salieron volando hacia donde los mensajeros se habían detenido. Era un grupo de solo tres vampiros. Dos de ellos en armadura y el otro en elegantes ropas. Este no era un soldado, era un burócrata.

-Buenas noches caballeros- dijo el vampiro del centro.

-Buenas noches-

-El Rey Ragnarok sin duda-

-Está en lo correcto. ¿Explíqueme por qué tenemos esta conversación cuando podríamos haber comenzado ya a masacrarnos los unos a los otros?- preguntó Ragnarok.

-Aunque no esperábamos encontrarlo en este lugar, no vinimos carentes de preparación en caso de un encuentro con usted y sus tropas. ¿Pero dónde están mis modales? Mi nombre es-

-No quiero saberlo. Date prisa y di a que has venido- interrumpió bruscamente Ragnarok.

El vampiro solo sonrió.

-Si así lo desea. A decir verdad era de esperarse que apoyaría a Equestria a frenar el avance de nuestras fuerzas sobre sus tierras. Pero mi Rey, el ilustre Rey Mefisto di Oros está listo para ofrecerle a usted y su reino, una alianza mucho más provechosa que la de los ponis-

Extendió su mano al soldado a su derecha y este le entregó un folder de piel que llevaba en las manos. Lo abrió y extrajo un bulto de hojas blancas unidas por un broche rojo en forma de murciélago.

-Lea el tratado su majestad. Estoy seguro de que le interesará- dijo con mucha seguridad el vampiro.

Ragna tomó las hojas en sus manos e inmediatamente se lo dio a Spike.

-Tú solías ser político ¿O no Spike? Dime que hay ahí- ordenó Ragnarok.

-Si majestad- respondió.

Rápidamente comenzó a hojear entre los documentos, mientras sus ojos se paseaban de arriba abajo. Agnus movía la vista entre los vampiros y el ejército a sus espaldas.

-¿Y bien, qué hay ahí?- preguntó Ragnarok.

-Es una propuesta para una alianza entre Ikaruga y Dammerung. Al parecer nos proponen ayudarlos a apoderarse de Equestria. Y posteriormente planean conquistar Unorra y Balthosna… Y el continente entero-

-Vaya. Y dicen que los dragones somos codiciosos- se mofó el Rey.

-Pero los términos de nuestra colaboración y de la repartición de los botines y las tierras indican que Ikaruga no estará en términos iguales con Dammerung. Nos rendiremos a su fuerza- dijo Spike.

-¡Dame esa mierda!- intervino Agnus, arrebatándole el documento.

Comenzó a leerlo precipitadamente. Y poco después comenzó a carcajearse de risa.

-¡Hajaja! ¡Esto tiene que ser un chiste!- dijo, pasándole las hojas al Rey.

Ragnarok comenzó a leer las hojas de atrás hacia adelante.

-Mefisto es muy descarado si cree que esto es una propuesta tentadora-

-Mi Rey le ofrece la oportunidad para salvar a sus tropas y a su pueblo-

-¿Y qué le hace pensar qué necesitamos ser salvados?- inquirió Ragnarok, burlonamente.

-El poder que hemos obtenido con la ayuda de los demonios que ahora somos capaces de invocar es más grande que cualquier cosa que el mundo haya visto. Piense en el sufrimiento que le ahorrará a su pueblo. En como salvará a sus soldados de la muerte. En cómo evitará que se derrumbe todo lo que sus ancestros lucharon por construir. En cómo evitará que su esposa pase de ser Reina a ser llamada Cad- el mensajero no puedo terminar su frase, pues se encontró siendo sostenido por el cuello, por la mano derecha del rey.

Antes de que los soldados de escolta pudieran desenvainar sus espadas, Agnus hizo un ademán como si hubiera lanzado un gancho al aire y del suelo brotaron dos pilares de tierra que golpearon y lanzaron a ambos soldados a volar.

-Tú no eres digno siquiera de pronunciar el hermoso nombre de mi Reina- dijo Ragnarok.

-Al secuestrar a Celestia, Mefisto puso a prueba mi temperamento. Al invadir sus tierras, desafío a mi fuerza. Pero al expedir esta excusa de alianza se ha burlado de mí. ¿Y aun así espera escapar de mi ira?... ¿¡Tiene idea de cuánto personal y equipo he movilizado para esta operación? ¿¡Esperas que tire a la basura millones de doblones del tío Sam, para convertirme en la cháchara de Mefisto?! No habrá tregua. No habrá solución pacífica a esto. Mi raza ha esperado seis mil años para pisar de nuevo los campos de guerra y agradeceremos muy meticulosamente que Mefisto nos haya facilitado el regreso. ¡Ve! ¡Dile a tu rey que sus días están contados! ¡Dile que no estará a salvo mientras yo siga respirando! Que no habrá agujero lo bastante obscuro ni profundo donde se pueda ocultar de mí. Y dile que espero me envíe a lo mejor de su ejército… Estoy listo-

No queriendo poner aún más a prueba el temperamento del rey, el mensajero se dio media vuelta y salió volando a toda velocidad de regreso a su ejército.

-¡Media vuelta caballeros, el momento llegó!- gritó Ragnarok, lleno de emoción.

Pronto los soldados de ambos ejércitos comenzaron a agitarse y prepararse, al ver que las negociaciones habían fallado. Agnus y Spike se separaron del rey para poder regresar a sus unidades. Zen aún esperaba a Ragnarok sobre la cabeza de Azi Sruvara, con la Lady Victoria entre sus manos.

-Gracias Lord Zen- dijo el Rey al tomar su exótica alabarda.

El viejo dragón hechicero se retiró inmediatamente.

-¡Lord Azi, lléveme ante mi pueblo!-

-¡Sí mi Rey!- gritó el gran dragón.

-¡Mis hermanos! ¡Mis amigos! ¡Mis hijos! Me conocen como su Rey Ragnarok "Explosión de Fuego Infernal". Pero hoy no soy ese personaje. Ante ustedes, en esta noche no hay nada más que un guerrero con el corazón en llamas que comparte su pasión, su furia y su valentía. ¡Y por ello no les pido que luchen por mí! ¡Luchen por su honor! ¡Luchen por la tierra que los vio nacer! ¡Luchen por sus padres que los criaron! ¡Luchen por sus esposas o esposos que los esperan en casa! ¡Luchen por el hermano que peleará junto a ustedes! ¡Luchen por el futuro de sus hijos! ¡Y de sus hijos que aún no nacen!-

La voz de Ragnarok retumbaba con más fuerza que los más estruendosos tambores de guerra. Mientras que en algunas unidades los dragones se desprendían de sus brazaletes y aumentaban a sus tamaños normales, otros se limitaban a golpear sus alas contra sus escudos o sus puños contra sus armaduras. Pero había otra actividad compartida por todas y todos. Rugían ferozmente, preparándose para la lucha. Encendiendo sus corazones con adrenalina.

-¡Hoy se va a escribir un nuevo capítulo en la historia! Uno que hará saber a todo el que lo lea que en esta noche inició la época libre de la amenaza de los vampiros. ¡Se escribirán libros, novelas! ¡Se cantarán canciones, versos y pemas! Y hablarán de la sangre, del fuego, del viento negro. ¡Y de los héroes que alcanzaron el brillo de la gloria en batalla! ¡LUCHEN! ¡Porque hoy todos… Nos volvemos… INMORTALES!-

Todos los dragones rugieron al mismo tiempo. La tierra y el cielo se estremecieron.

-¡ATAQUEN!- gritó, girando sobre sí mismo y apuntando con su alabarda al ejército invasor.

De todo su discurso, esa era la única palabra que sus soldados necesitaban escuchar.

En un instante el ejército comenzó a moverse. Por aire, tierra, y debajo de ella. Miles de guerreros listos para conquistar la victoria o enfrentarse con la muerte. Los dragones pasan a Azi Sruvara, quien mantiene posición con su rey sobre su cabeza. Pronto el ejército enemigo comienza su carrera igual.

Entre las primeras filas de los soldados de Ikaruga, avanza Spike. Su blanca espada en su mano. Corre al nivel del suelo gritando y rugiendo en compañía de sus amigos y aliados. Frente a él una muralla de guerreros que se acercan velozmente. Figuras imponentes y grotescas que disparan confusión y miedo en su corazón.

Pero sofoca esos sentimientos e ideas al pensar y recordar aquello por lo que lucha. Piensa en los viejos senderos de su amada y rústica Ponyville, cuya escenografía pronto se actualiza a las calles la moderna Cannan. Ve imágenes de aquellos inolvidables momentos que vivió en compañía de sus queridísimas amigas. Mira su viejo hogar que construyó de la nada en compañía de su amada esposa. Y piensa en su hermosísima, amada e irremplazable esposa.

Más imágenes vienen. Su matrimonio. Su país. Sus amigos. Sus colegas. Sus princesas… Sí… La princesa que pronto se convertirá en su segunda esposa. Spike sonríe. Él no va a morir. No puede darse el lujo de morir. Corre hacia las tinieblas y la muerte. Sin nada que temer ni lamentar…

Las espadas chocan. Se parten huesos. Se desgarra la carne. Se rompen escudos y armaduras. Se disparan ráfagas de fuego, vientos huracanados, proyectiles de piedra, relámpagos, descargas de energía. Algunos soldados son heridos de muerte y caen al suelo esperando una muerte que llegará pronto. Otros reciben golpes tan fulminantes, que dejan el reino de los vivos sin saber qué les pasó. Decenas de vidas se pierden en cuestión de instantes. Cuerpos deformados o lo que queda de ellos caen al frío suelo. Ausenses de la vida que alguna vez albergaron dentro.

Es la guerra. La guerra en toda su brutal y majestuosa gloria.

-La guerra ha comenzado mi Rey- murmuró Azi a su monarca.

-Efectivamente… Y es hermosa- respondió en éxtasis.

-Sin duda, Majestad-

Spike se agita junto a su espada en una sangrienta danza de la muerte. Los soldados vampiros son rebanados por su espada o enviados a volar por una onda de choque de sus poderes. Oponentes así no están a su altura. Pero existe mucho más que solo soldados en aquella vorágine de guerreros que lo rodea.

Un destello de luz se ilumina a su derecha y lo siguiente que siente es un intenso dolor en su costado y la sensación de girar por los aires. Azota contra el suelo, llenándose la cara de tierra. Logra levantarse a tiempo para ver a una grotesca criatura con rostro parecido al de un caimán y brazos largos con enromes manos parecidos a los de un primate, saltar sobre él. Spike extiende su mano izquierda haciendo que la bestia quede suspendida en el aire. Agita su brazo hacia el suelo como si lanzara una bola de beisbol, y la criatura pronto es azotada contra el piso.

Spike se levanta y mira los alrededores en busca de su espada. Solo para ver cómo esta vuela hacia él.

-¡La regla número quince!- le grita Damocles.

-¡Un guerrero no es nada sin su arma!- responde Spike.

-¡Detrás de ti!-

Spike gira para ver al demonio levantarse y luego ser lanzado al aire por un pilar de tierra que se levanta debajo de él. Spike salta inmediatamente para interceptar al desorientado ser en medio del aire y partirlo por la mitad. Pero la bestia logra atrapar la espada de Spike con su mano derecha. Y con la otra, atrapa al dragón por el cuello. Sorprendido, Spike no logra advertir que la bestia se posicione entre él y el suelo. Spike vacía forzosamente sus pulmones al caer al suelo. Logra ver a su oponente levantar ambas manos, con lo que parecen ser descargas eléctricas en los puños. Pero antes de que logre bajar los brazos, un hacha doble entra en el rango de visión de Spike, cortándole el brazo derecho al monstruo. Seguidamente aparecer Damocles, que con sus fauces muy abiertas, envuelve la cabeza del monstruo y enrolla su cuerpo alrededor de él. Spike se pone de pie tan rápido como puede.

-¡Damocles, suelta su cabeza!- grita Spike.

Conociendo las intenciones de su colega, Damocles libera el cráneo de su presa y se aleja tanto como puede para darle espacio a Spike de abanicar. Un solo corte hace que la cabeza del demonio vuele por los aires.

-Supongo que no todos los demonios vienen en tamaño familiar- dice Damocles.

-Lo sabrías si no te la hubieras pasado pensando en la inmortalidad del cangrejo todo el día- le reclama Spike.

-¡Mi esposa me dijo esta mañana que estaba embarazada!- se excusó.

Antes de prolongar su discusión, los dos amigos notan que ya no los ilumina la luz de la luna y las estrellas. Miran hacia el cielo para ver como el inmenso cuerpo de un dragón caído se dirige hacia ellos.

-¡Cuidado!- grita Spike, saltando hacia el frente, llevándose a Damocles consigo

Logran evitar ser aplastados por el gigantesco cadáver, pero no escapan de la nube de polvo.

-Discutimos después- dice Spike.

-Estoy de acuerdo-

-Por cierto: Felicidades-

Mientras tanto en la cabeza de Lord Azi, Ragnarok seguía observando el campo de batalla. De vez en cuando le llegaban mensajeros con noticias del progreso de la batalla.

-Barias tropas intentaron flanquearnos por el norte escabulléndose entre las montañas, tal y como anticipó el Mayor Agnus. Las emboscada funcionó y nuestras fuerzas están sofocando su avance ahora mi Rey-dijo el mensajero.

-Bien- respondió Ragnarok.

El soldad se marchó y Ragnarok siguió contemplando la lucha frente a él. Tomó aire y caminó hasta el borde de la plataforma. Se desabrochó la capa y la dejó caer al suelo.

-Lord Azi, tomé el mando. Saldré a divertirme un poco-

-Que tenga una buena cacería mi Rey-

Ragnarok extiende sus alas y se dispara a sí mismo hacia el cielo donde miles de guerreros combatían. Pronto logra entrar en medio de la zona de guerra. Un solo corte de su formidable arma es suficiente para partir a sus enemigos en dos. Una maquiavélica sonrisa decora su rostro al sentir la sangre de sus enemigos bañar su cuerpo. Utilizando sus poderes de fuego, Ragnarok hace calentar su cuerpo lo suficiente como para hacer la sangre en la que está bañado se evapore, dejando un rastro de humo rojo por done pasa.

Ragnarok desciende hasta el suelo, en un espacio en que queda rodeado de enemigos.

-¡Vengan por mí!- les desafía.

Inmediatamente los vampiros se abalanzan sobre él. Ragna empuña su arma con ambas manos y lanza una firme estocada que atraviesa al vampiro frente a él. Balancea su peso para usar al vampiro como la maza de martillo y golpea a un segundo atacante, a su derecha. Extiende su brazo hacia atrás con la mano extendida y dispara una ráfaga de fuego que detiene el avance de dos vampiros que pretendían atacarlo por la retaguardia.

Ragna apoya su pie izquierdo en el cuerpo clavado en la punta de su arma y gira sobre sí mismo para interceptar el golpe de una espada enemiga. A diferencia de su oponente, Ragnarok solo necesita una mano para sostener el bloqueo. Libera su mano izquierda, la cual coloca en posición de nihon nukite y dibujando una maquiavélica sonrisa perfora los globos oculares de su oponente. Antes de que el vampiro pueda reaccionar, Ragnarok dobla sus dedos en forma de gancho (pues siguen dentro del cráneo de su oponente) y lo jala para lanzarlo contra el suelo. Aún con sonrisa en boca, Ragnarok eleva su pie derecho sobre la cabeza del indefenzo soldado, aplastándola como un limón en un exprimidor.

-¡Es como quitarle un dulce a un bebé!-gritó, lleno de alegría.

Pronto le atacan tres vampiros más en formación de vuelo. Ragnarok toma su arma con ambas manos y la hace girar sobre su cabeza. Cuando el primer vampiro se acerca lo suficiente, Ragnarok gira junto a su arma confundiendo a su enemigo que no advierte el golpe que le abre los intestinos. Ragnarok realiza un veloz contrabalanceo que le permite abanicar su alabarda de nuevo a tiempo para cortarte un brazo al segundo vampiro. Para el tercero simplemente extiende su mano derecha y lo prende en llamas con una bola de fuego.

-Su Majestad sí que está en forma- comenta el general Ryujin.

-Y con el brazalete de Mahakala de nueva generación que trae puesto, sus poderes se ven mucho menos suprimidos que con uno normal. Según lord Zen, la producción en masa comenzará pronto- responde Azi.

-El Rey no debería entrar en combate directo-

-Díselo a él-

-No es solo el protocolo. ¿Qué pasara co Ikaruga si el muere en combate? Sin mencionar lo que eso le hará a la moral de nuestro ejército- renegó el general.

-Te preocupas demasiado. Deja que el muchacho se divierta. No te olvides que no tiene ni setecientos años-

-Y después de dos generaciones, es el primero en ir a la guerra. ¿En qué crees que piense?-

-Está poseído por el poder de sus ancestros y las ambiciones de sus instintos. Solo Izanagi sabe qué es en lo que nuestro Rey piensa en estos momentos- concluye Azi.

Ragnaro combate en pleno vuelo, destazando o quemando a aquellos lo bastante estúpidos como para tratar de frenar su avance. Se dirige hacia una gigantesca bestia con forma de caimán que surca los cielos. Vuela directo a su hocico intencionalmente, esperando a que la bestia intente devorarlo. Evita las mortales fauces en el último momento y aprovechando la corta distancia vuela hacia el ojo más cercano de la criatura, clavando su alabarda en este. Retuerce el arma dentro del ojo, creando una grotesca fuente de sangre. Extrae su arma y vuela hacia la espalda de la bestia, cortándole el ala izquierda de un solo tajo. Sonríe diabólicamente al vez al repulsivo ser desplomarse hacia el suelo mientras se sostiene el ojo y grita de dolor y pánico.

¿En qué estará pensando?

Fantasia, tempesta, it's my odyssey

Go higher, and wonder heart of labyrinth

Until I feel new dawn bloom on the silent sea

Sing for me your song...

El rey de los dragones continúa con la dulce tonada meintras desmiembra a sus enemigos… Eso no lo vi venir.

Lugo de horas de combate. Las fuerzas de los vampiros comenzaron a retroceder.

-Las tropas del enemigo se retiran mi Rey- dijo Azi a Ragnarok, quien había vuelto luego de "agotarse".

-¿Se están rindiendo?- cuestionó Ragnarok.

-No lo creo mi señor. Pero el tiempo está en su contra. Faltan pocas horas para el amanecer. Si el sol nos alcanza este fulminará a todos los soldados vampiros. Dejando solo a los demonios, que no componen más del 40% de las tropas enemigas- dijo Riuyin.

-¿Ordenará una persecución Majestad?- inquirió Agnus.

Ragnarok guardó silencio un momento.

-No…- dijo Ragnarok, para sorpresa de todos los demás dragones.

-General Riuyin, haga que nuestras tropas retrocedan y se reagrupen. Que dejen a nuestros enemigos irse. Lord Zen, quiero que los hechiceros convoquen una tormenta. Bombardeen el cielo. Déjenlos irse con el rabo entre las patas-

No se demoraron en cumplir las órdenes del rey. Los dragones y kirins tanto de Ikaruga como de Equestria, pronto detuvieron su avance y retrocedieron hacia lo que quedaba de Appleloosa. Zen se reunió con un pequeño grupo de hechiceros. La mayoría sus discípulos. Todos extendieron un pergamino con un pentagrama lleno de símbolos. Pusieron ambas manos sobre los pergaminos y estos comenzaron a brillar con un fulgor azul. Pronto se formaron nubes en medio de la ruta de escape del ejército de Dammerung y no mucho después de las espesas nubes negras comenzaron a brotar relámpagos a granel.

Los dragones y kirins comenzaron a alentar y regodearse en el trabajo de los hechiceros, cuyos relámpagos hacían a los vampiros y demonios caer como moscas.

-¿Esto es todo?... ¿Es todo lo que tu poder puede convocar Mefisto?- preguntó Ragnarok con la vista en el vergonzoso escape del ejército invasor.

-Como dije: Quizás sobreestimamos el poder de ataque de nuestro enemigo- dijo Agnus.

-Tonterías. Hemos sufrido muchísimas bajas esta noche. Y además debemos ter en cuenta que contamos con el apoyo de las tropas de Equestria, así que era obvio que sería el enemigo quien no estaría a la altura de este primer desafío. Estoy seguro de que nuestra siguiente batalla, nos ofrecerán un reto mucho mayor- dijo Riuyin.

-Cualquiera que sea el caso, estoy seguro de que nuestro rey nos guiará en una gloriosa campaña hacia la victoria- dijo Azi.

Ragnarok suspiró.

-Gracias a todos caballeros. Hoy fue un día maravilloso. Se los agradezco. Lord Azi de grito de victoria para que Zen y sus colegas paren ya con la tormenta. Este día nos pertenece-

-Si mi Rey- respondió el dragón dorado, para dar un poderoso rugido que atravesó todo el valle.

Todos los dragones y kirins en pie se unieron al canto de la gran serpiente. Era su primera victoria. La primera de muchas, sin duda alguna.


Celestia miraba a los cielos desde el balcón de su habitación, con los ojos brillando en un aura blanca. Suspiró llena de cansancio y sueño, al tiempo que cerró los ojos y apagó el brillo en estos.

-Se terminó al fin- musitó.

Se dio media vuelta y llevó su cansado cuerpo a sobre su cama, con intenciones de finalmente poder dormir. Pero antes de poder arrojarse sobre el colchón, alguien tocó a su puerta.

-¿Celestia, estás despierta?- se escuchó una tímida voz del otro lado.

Celestia reconoció la voz de su hermana, e inmediatamente corrió a recibirla.

-Sí Luna lo estoy… ¿También estabas viendo la batalla?- cuestionó Celestia., adivinando la respuesta.

-Claro que sí. No podía dormir, ni pensar en otra cosa. Estaba muy preocupada- dijo Luna.

-Yo también. Pero ahora que ya han ganado se me ha venido todo el sueño y el agotamiento del día encima. Solo quiero descansar un rato, antes de tener que levantar el sol de nuevo-

-Sí, yo me siento igual-

-¿Entonces?- inquirió, deseosa de saber a qué otra razón había venido a verla su hermana a esas horas de la madrugada.

-¿Podría… podríamos dormir juntas? No quiero dormir sola, después de todo lo que ha pasado-

-Ho Luna… Por supuesto que sí, querida hermana. Pasa- dijo Celestia, conmovida por su hermana.

Hizo pasar a la joven deidad de la noche y pronto ambas se acurrucaron en la cama de la deidad del día, con Celestia cubriendo a su hermana con su ala izquierda, mientras esta se hacía rosca junto a su cuerpo. Tal y como siempre hacían cuando eran niñas.

-No habíamos dormido juntas desde que volví de mi destierro- bromeó Luna.

-Y tú no querías hacerlo- dijo Celestia.

-Es que pensé que tú no querrías-

-Es mejor que durmamos por ahora. Incluso si la Voluntad del universo nos bendice con una serie de victorias, nos esperan días muy ocupados hermana-

-Lo sé. Buenas noches Celestia- dijo Luna, acurrucándose una última vez junto a su hermana.

Celesita sonrió y besó la frente de su hermana menor.

-Buenas noches Luna. Descansa-

Celestia miró por la ventana hacia las estrellas.

Buenas noches Spike. Espero que sepas que estoy muy orgullosa de cómo peleaste el día de hoy. Pensó la princesa, antes de irse a dormir, junto con su hermana.


Primer capítulo de la historia en que no uso por título una canción de amor. Muchas dificultades técnicas con este capítulo. Describir campos de guerra es difícil. Pero al menos al fin pude darle a Ragna protagonismo y ponerlo a hacer algo más que ser sínico. Y no, antes de que se les ocurra, no todas las victorias les saldrán tan baratas.

Hagan el favor de comentar sobre el capítulo. Y nos vemos en la próxima. Y hagan lo que hagan no jueguen Zone of Enders... De hecho no jueguen nada que haya salido de Hideo Kojima.