Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Capítulo 10 – Comencemos desde cero

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Decidida, y a pesar de no tener idea de a dónde estaba yendo, Ino continuó avanzando en medio de la noche por aquellos polvorientos y desgastados pasillos de la mansión, dispuesta a lograr a toda costa el origen de aquel tan misterioso y delicioso aroma a flores que tanto había despertado su curiosidad. E iba a lograrlo, cueste lo que cueste…

Estaba aún caminando, cuando de pronto, algo en el ambiente llamó su atención. El aroma a flores cada vez se hacía más intenso, pero ahora parecía combinarse con un suave pero evidente olor a putrefacto, mismo que iba intensificándose con forme iba avanzando. Aquello no le agradó en lo absoluto.

Apretando los puños con fuerza, frunció el ceño y continuó avanzando con ímpetu, hasta llegar a un pequeño pasaje que la terminó llevando a su destino final. Frente a ella, se alzaba una enorme puerta de madera de a dos piezas, un trabajo impecable y preciso que no se igualaba con nada de lo que hubiera visto en la mansión, y que estaba sellada con un enorme candado.

Volvió a inspirar con fuerza, y terminó corroborando sus sospechas. Ambos olores provenía del otro lado. De seguro, tras esa puerta debía haber una buena cantidad de flores que se estaban malogrando, y otras que aún luchaban por sobrevivir. Tenía que hacer algo, y rápido.

Decidida, la rubia observó el candado con ojo analítico, y pronto sus ojos brillaron con confianza. Al instante, alzó las manos hacia el moño de su cabello, y con un par de movimientos logró sacarse el gancho con que tenía atada su coleta, dejando caer su larga y sedosa cabellera rubia sobre su hombro y espalda. Luego de eso, con una sonrisa maliciosa, se acercó hacia la puerta, y comenzó a trabajar en la cerradura.

Luego de un par de movimientos de lado a lado, y de hacer gala de sus habilidades como espía, el sonido de un "click" le hizo saber que había logrado su objetivo.

¡Sí!

Emocionada, y totalmente enfocada en llegar a su destino, la rubia dejó caer la enorme pieza de metal contra el suelo, y luego colocó con ansiedad las manos sobre cada uno de los lados de la puerta, y comenzó a empujar…

Lo que vio dentro, la dejó totalmente sorprendida. Sorprendida, y… decepcionada.

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En esos mismos momentos, Gaara se encontraba sentado sobre su cama rodeado de miles de documentos, cuando de pronto el ruido de algo pesado cayendo contra el suelo, proveniente del interior de la mansión, llamó su atención. Era más de media noche y se suponía que todos en la residencia debían estar durmiendo, por lo que aquello no le agradó en lo absoluto.

Desconfiado, el pelirrojo colocó los dedos a la altura del suelo, y luego de cerrar los ojos para concentrarse mejor, comenzó a inspeccionar la mansión y los alrededores. Lo que descubrió le hizo enfurecer en el acto. Los ruidos provenían de un lugar que él conocía muy bien. Uno al que nadie solía entrar. Uno al que nadie tenía permitido entrar.

De pronto, una voz bastante conocida por él comenzó a rugir en su interior. Mátalos…. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba, o que había preferido ignorarla, pero en ese momento, decidió prestarle atención.

Y con la expresión más seria que nunca, el futuro Kazekage se incorporó en un hábil movimientoy salió de su habitación, dispuesto a atrapar al intruso y hacerlo pagar por haberse atrevido a profanar ese lugar. Su lugar...

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Ino no podía creer lo que estaban viendo sus ojos en ese momento. Se trataba de un invernadero, o lo que quedaba de él. Una enorme habitación amueblada con lo necesario para albergar a una buena cantidad de flores, con recipientes y maceteros listos para tal objetivo, y sacos de tierra y abono a la espera de ser usados en cualquier momento. Hasta incluso tenía un sistema de riego en cañerías listo especialmente diseñado para regar cada macetero con la cantidad justa y necesaria de agua.

Pero al parecer, aquel lugar había sido abandonado.

Y las flores, habían sido dejadas a su suerte.

Es que acaso… solo…. ¿Las dejaron… morir? — Se preguntó de pronto, incrédula, mientras ingresaban a aquella habitación y observaba con la boca abierta el lugar. Había muchas flores en ese sitio, la mayoría de ellas muertas, pero aún había algunas que luchaban por vivir. De seguro alguien había intentado levantar el lugar hace no mucho tiempo, pero se había terminado rindiendo rápidamente.

—¿Cómo pudieron dejar esto… "así"? ¿¡Ni siquiera les han echado agua?!— gritó exasperada, mientras observaba un macetero con flores totalmente secas. Extendió de pronto la mano hacia una de las aberturas del canal de riego, solo para descubrir que estaba taponeado por la arena. Aquello le dejó corroboró lo que tanto temía: ese lugar había sido simplemente… abandonado.

Abandonado…

Pero, ¿Y qué había con las flores que aún seguían con vida? ¿Acaso merecían morir de esa forma?

¡Por supuesto que no!

Llena de ira, volvió a observar los maceteros del viejo invernadero, y encontró unos con algunas flores que aún luchaban por vivir. Si, ellas debían ser unas luchadoras, igual que ella. Y tenía que hacer algo por ellas, rápido.

Respirando hondo, Ino se cruzó de brazos y asintió para sí misma, decidida. No tenía idea de por donde comenzar, pero estaba segura de lo que tenía que hacer: Iba a arreglar ese lugar como fuese, incluso si desfallecía en el intento. Después de todo, ella era una Yamanaka, y una Yamanaka no iba a permitir que otra flor muriera a su lado sin que hiciera algo por evitarlo.

Con esa misión en mente, avanzó hacia el centro de la sala y cogió uno de aquellos maceteros que aún conservaba vida en su interior, y comenzó a trabajar…

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A pocos metros de distancia del lugar, Gaara continuó avanzando con el ceño fruncido y la expresión más seria que nunca, dispuesto a atrapar al intruso que se había atrevido a invadir su lugar.

Mientras iba caminando, sentía como la ira lo dominaba por completo. La sangre le hervía a travez de las venas, tenía la vista completamente enrojecida, y una voz oscura y siniestra clamaba venganza en su interior. Hacía mucho que no experimentaba tantas emociones juntas, y todas tan negativas, pero en ese momento apenas si tenía tiempo para pensar. Solo un pensamiento abarcaba su mente: Acabar con el intruso.

Alejando todo el polvo a su paso, continuó avanzando con paso firme y sin titubear, hasta que llegó al ultimo pasillo de su camino. Cuando dio la vuelta, se encontró con las puertas del que alguna vez fuera el invernadero de su madre, que ahora estaban ligeramente abiertas y con el candado en el suelo.

Lleno de ira, alzó la mano y las puertas se abrieron de par en par, dándole una vísta panorámica de todo el interior de la habitación. Lo que encontró no fue precisamente lo que esperaba…

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Mientras tanto, y ajena del peligro que estaba corriendo en ese momento, Ino se encontraba concentrada en el tercer macetero que había seleccionado para trabajar, cuando de pronto, las enormes puertas de madera de la habitación se abrieron de par en par, haciéndola saltar de la sorpresa y soltar accidentalmente, la herramienta que tenía en la mano.

Alarmada, se giró hacia la puerta y observó cuidadosamente hacia al exterior, pero no encontró nada. Observó luego a sus alrededores, pero tampoco encontró nada. Sin embargo, eso no la alivió en lo absoluto. Sabía que algo andaba mal. Aquel movimiento de la puerta era demasiado sospechoso como para dejarlo pasar, sobre todo considerando que era imposible que alguna corriente de aire lo hubiera ocasionado, ya que se encontraba en un lugar cerrado.

Demasiado sospechoso.

Desconfiada, la rubia se movió sigilosamente hasta llegar a la pared más cercana a ella, y luego continuó avanzando hasta llegar a la puerta. Pero cuando se asomó, no encontró nada. No había nadie. Estaba sola.

Debo estar volviéndome paranoica…

Aliviada, Ino se dio la vuelta y regresó hasta el lugar donde había estado, cuando de pronto se topó con el instrumento que había dejado caer en el suelo segundo atrás. Se agachó para recogerlo, pero cuando se levantó, una corriente helada le recorrió la espina dorsal.

¡Oh no!

Se giró rápidamente y apuntó con la pequeña pala hacia el frente, pero terminó encontrándose con quien menos esperaba.

—¿Ga… Gaara? — pronunció debilmente, mientras observaba como una mano de arena le arrebataba el instrumento, arrojándolo lejos de ella. Ella tardó en reaccionar—. ¿Qué… haces aquí? — preguntó nerviosa, solo para arrepentirse de haberlo hecho. El pelirrojo se encontraba parado justo frente a ella, con un semblante total y completamente aterrador.

—Eso mismo me pregunto, ¿Qué haces aquí?— preguntó de pronto él, arrugando el ceño y luciendo aún más aterrador que antes.

—Yo…— Ino tragó saliva antes de continuar—. Solo estaba… intentando arreglar en algo este lugar. Ya sabes, este invernadero está hecho un desastre, pero algunas flores aún están con vida y merecen ser salvadas—. Rió torpemente antes de continuar—. Con un poquito de empeño apuesto que quedaría precioso y…

—No deberías estar aquí.—. el varón la cortó abruptamente—. Quiero que te vayas.

—Yo…

—Es una orden.

La ultima frase del pelirrojo hizo que de pronto Ino cayera en cuenta de lo que estaba ocurriendo. ¡Un momento!¿Acaso dijo: Una… "orden"? Se preguntó de pronto, incrédula. ¿Y desde cuando él me dá ordenes a mí? ¿Quién se cree que es? ¿Y por qué le molesta tanto que esté aquí? O… ¿Acaso cree que vine hasta acá siguiendolo? ¡Claro! De seguro cree que aún sigo con la idea de ser su amiga y piensa que vine hasta acá por él. ¡Egocéntrico!

Soltando un suspiro en tono de molestia, y cruzado los brazos a la altura del pecho, Ino se apresuró en contestar.

—Pues para que lo sepas, solo recibo ordenes de mis superiores—. Alzó el dedo índice antes de continuar—. Y que quede bien aclaro que no vine hasta acá siguiendote ni nada por el estilo, Yo solo sentí el aroma a flores cerca a la cocina y decidí seguirlo, y…

—No debiste hacerlo. No debiste venir aquí.

Impotente, Ino cerró los ojos y contó mentalmente hasta tres antes de contestar.

—Mira, si hubiese sabido que te iba a encontrar aquí, jamás hubiese venido.

—Está prohibido que las personas ingresen aquí.

Ino colocando las manos en las caderas antes de poner expresión de seguridad, y contestar.

—Pues no ví ningún letrero que dijera "prohibido el ingreso" o algo parecido.

Gaara sacudió la cabeza antes de reaccionar. Aunque doliera admitirlo… ella tenía razón. No había ninguna marca o indicio que le pudiera anunciar que estaba prohibido estar en ese lugar, ni a ella ni a ninguno de sus recientes invitados. Aquello había sido un error suyo.

Sin embargo… eso no quitaba el hecho de que ni ella ni nadie tenía derecho a estar ahí. Nadie aparte de él podía entrar a ese lugar. Nadie.

—Será mejor que te vayas.

Ino resopló hondo antes de intentar negociar. A demás, no iba a darse por vencida tan pronto. Ella se había propuesto algo en mente: rescatar la poca vida que aún quedaba en ese lugar; y lo iba a conseguir, cueste lo que cueste.

—Mira, lo único que quería era intentar arreglar un poco este lugar, y salvar la poca vida que aún le queda. Hay mucho trabajo por hacer aquí, y creo que puedo hacerlo si te vas. Solo haz de cuenta que no me viste y dentro de dos semanas verás los resultados. Y te aseguro que te va a encantar como quedará todo y…

—¡No! — gritó de pronto el varón, obligando a Ino a retroceder. Sus ojos llameaban furia bajo su característico verde aguamarina, y su expresión se asemejaba a la de un monstruo, mientras hacia esfuerzo en continuar—. Solo… vete.

Ino observó sorprendida al pelirrojo, sin poder creer que le hubiese gritado de aquella manera.¿Quién diablos se creía que era? ¡Si! Estaba claro que no la quería ni como amiga, ni como enemiga, ni como conocida ni desconocida, ni como nada, pero… aquello era el colmo. No entendía por qué no podían llevarse bien, ni tampoco por qué la estaba tratando de esa manera, pero… ¿Echarla de su "invernadero" como si fuera un perro rabioso o algo así? ¿Acaso ella le resultaba tan insoportable? ¿Acaso tanto la odiaba? ¿Acaso… en verdad la odiaba?

—Está bien, no pienso soportarlo más— habló con el tono ensombrecido, para luego darse la vuelta en dirección hacia la salida—. Pero debo decir que es una pena que este sitio se eche a perder solo porque no quieres escucharme.

Lentamente, Ino comenzó a caminar hacia la puerta, sin detenerse o voltear a ver al varón.

Por su parte, Gaara se quedó observándola con seriedad y firmeza, convencido de haber hecho lo correcto, cuando de pronto, unas palabras en su mente comenzaron a resonar con fuerza...

"Lo único que quería, era intentar arreglar un poco este lugar, y salvar la poca vida que aún le queda…"

"Ya sabes, algunas flores aún están con vida y merecen ser salvadas"

"Con un poquito de empeño apuesto que quedaría precioso y…"

De pronto, observó detenidamente hacia donde se había encontrado con Ino, y encontró tres maceteros que lucían bastante bien arreglados, y que no hacían juego con los demás. Luego, observó nuevamente hacia Ino, y notó que sus manos estaban llenas de tierra, evidentemente maltratadas. Tardó un poco en reaccionar…

¿Acaso ella…

—Espera—. ordenó, pero al ver hacia el frente, no la encontró por ningún lado. Ella ya no estaba ahí.

Corrió hacia el pasadizo, y la encontró a punto de doblar hacia el siguiente. Al instante, levantó la mano y la arena sobre el suelo se levantó en forma de un enorme brazo, deteniéndola.

Ino saltó sorprendida ante el contacto, pero luego reaccionó y volteó con la mirada seria antes de hablar.

—¿Y ahora qué? — preguntó—. ¿Me vas a decir que tampoco puedo usar este camino porque no se te da la gana? Si es así me vas a tener que disculpar, pero no conozco otro camino para volver a….

—¿Qué, exactamente, estabas haciendo aquí?

Ino pareció confundida antes de contestar.

—¿Y qué crees que estaba haciendo? — le dijo, alzando las manos y mostrando la tierra en ellas—. Estaba intentando rescatar lo que queda de vida en este sitio. Algunas flores aún estaban con vida e intentaba ayudarlas a continuar así.

Gaara titubeó antes de preguntar:

—¿Tú… sabes de flores?

Ino colocó las manos en las caderas y sonrió despectiva antes de contestar.

—La sola pregunta me ofende. Los Yamanaka somos expertos en cuando a flores se refiere, y somos los dueños de la floristería más grande y famosa de toda Konoha. No hay nadie en este país que sepa más de flores que yo, salvo mi padre.

Gaara ladeó la cabeza y comenzó a meditar. Ino probablemente estaba alardeando o algo así, pero cabía la pequeña probabilidad de que algo de lo que había dicho fuera cierto. Quien sabe, tal vez ella en verdad sabía algo de flores, y tal vez…

No. Era mejor no pensar el ello.

En muchas ocasiones, había intentado darle vida nuevamente a ese lugar, pero nunca antes lo había conseguido. No había nadie en toda Suna que pudiera ayudarle con un invernadero. Nadie sabía de flores en su ciudad, nadie.

Pero ella parecía saber…

No, no iba a hacerlo. No iba a pedirselo.

Aunque tal vez…

Y si ella realmente podía…

Y si…

—Entonces, tú… ¿Puedes arreglar este lugar?

—¿Eh? — Ino se sorprendió ante la solicitud del pelirrojo—. Pensé que no me querías en este lugar, ni mucho menos cerca de ti.

—No fue eso lo que quise dar a entender—. Desvió la mirada antes de continuar—. Yo… no me gusta que extraños entren a este sitio. Es… un sitio especial.

La revelación del pelirrojo dejó con la boca abierta a Ino. Entonces… ¿Era por eso que no me quería aquí? ¿Por qué es un sitio… especial para él? Se preguntó, conmocionada. Sin embargo, pronto otras dudas surgieron en su mente. ¿Y por qué será ese lugar tan especial? ¿Qué de especial puede tener un invernadero para alguien como Gaara?

Estaba a punto de preguntar, cuando de pronto algo en su interior le dijo que era mejor no hacerlo. Observó nuevamente al varón, y notó el nerviosismo y la ansiedad en su mirada. Era evidente que no le agradaba en lo absoluto estar hablando de ese tema, por lo que probablemente preguntarle solo lo empeoraría todo. Lo mejor, sería dejar que él mismo se lo contara, cuando estuviese preparado.

—Entonces, quieres que arregle el invernadero, ¿Cierto?

—Si.

—Y… ¿Vas a estár dispuesto a soportar que yo entre a este sitio con o sin tu presencia?

—Yo….— sacudió la cabeza antes de continuar—. No dejaré que entres sola. Yo estaré contigo.

—Pero… pensé que no me querías cerca de ti, y que…

—Eso era antes de que las cosas terminaran de esta manera. No pienso dejar que entres sola a este lugar.

—Entonces…

—Quiero que vengas a trabajar aquí a partir de mañana, y tendrá que ser poco antes de la media noche. Y tendrás que terminar todo antes de que vuelvas a Konoha.

Ino sacudió la cabeza sorprendida antes de reaccionar.

—¿Algo más?

—No, creo que… eso es todo.

—Pues ahora me toca a mí—. Sonrió antes de continuar—. Y dime, ¿Qué voy a obtener a cambio de todo esto?

Gaara retrocedió sorprendido ante la interrogante de la de ojos azul cielo, pero ella continuó.

—Porque… imagino que no pensarás que haré todo este trabajo sin recibir nada a cambio.

Gaara maldijo internamente.

—¿Y qué es lo que quieres? — preguntó, preocupado.

Ino sonrió divertida y caminó hacia el varón sin detenerse, hasta quedar a escasos centímetros de él. Gaara se limitó a dar un par de pasos hacia atrás buscándo ampliar su espacio individual.

Por un momento, la expresión de nerviosismo en el pelirrojo le pareció a Ino ciertamente… encantadora. Sobre todo considerando que normalmente se le veía con aquel aspecto salvaje y dominante que tanto lo caracterizaba. Aunque… tenía que admitir que en ese sentido, también era atractivo. Quien sabe, tal vez sería interesante pedirle un…

¿En qué rayos estaba pensando?

—Bueno, creo que eso me lo voy a reservar para después. Ya sabes, no me esperaba terminar en una situación como esta, así que aún no tengo nada bueno en mente.

Gaara tragó saliva y, sintiendo que estaba firmando su sentencia de muerte, asintió.

—Está bien, lo dejaremos para… después.

Al ver que todo marchaba bien, Ino sonrió y asintió contenta, aunque aquella situación no dejara de parecerle ciertamente extraña. Gaara por su parte, se limitó a observarla, aún con cierto recelo.

Y si retirar la mirada el uno del otro, se quedaron observandose por largos instantes….

Hasta que de pronto, el silencio entre ambos se hizo insoportable.

Alejandose un poco del varón, Ino se colocó el índice en la mejilla derecha y meditó por unos cuantos segundos, antes de hablar.

—¿Sabes? Creo que aún hay algo que anda mal entre nosotros.

Gaara parpadeó confundido.

—Tal vez… — se quedó pensando unos segundos, hasta que de pronto, sonrió de tal forma que casi iluminó todo a su alrededor—. Creo que sería bueno que comencemos todo esto desde cero. Como si recien nos estuviesemos conociendo.

Aquello cogió por sorpresa al varón.

—No entiendo.

—Es fácil—. Ino sacudió la tierra de su mano derecha antes de extenderla hacia el frente, a modo de saludo—. Mucho gusto, mi nombre es Yamanaka Ino.

—Eso ya lo sabía.

—Solo sígueme la corriente y responde a mi saludo.

Gaara resopló hondo antes de aceptar.

—Sabaku No Gaara— contestó, extendiendo la mano y cogiendo la de la rubia con sutileza.

Ante el contacto, el estomago de Ino dio un vuelco completo dentro de su cuerpo. Hasta ese momento, no se había percatado del hecho de que nunca antes había tenido contacto alguno con Gaara. No sin algun conflicto armado de por medio. Y en ese toque, por primera vez sentía que entraba en contacto con el humano que había dentro de él, uno al que moría por conocer…

Por su parte, Gaara sintió que se estremecía por dentro. La mano de Ino era delicada y suave, más pequeña que la de él. Pero no se sentía en lo absoluto débil o frágil. Esa debía ser Ino. Delicada y suave, pero para nada débil, o frágil. O al menos, eso parecía.

Para cuando se soltaron, Ino tardó un poco en reaccionar. Ya con los pies sobre la tierra, inclinó la cabeza hacia un lado y sonrió con un aire tan inocente antes de despedirse.

—Bueno, ha sido un gusto conocerte—. Dijo ella, continuando con la parodia de "Vamos a comenzar desde cero" —. Pero debo volver a mi habitación a dormir. ¿Vienes conmigo?

El pelirrojo enrojeció ante la oferta, antes de interpretarla correctamente.

—Eh… no. Yo… me quedaré un rato más por acá.

Ino se cruzó de brazos haciendo puchero antes de hablar.

—¿Sabes? No deberías dejar ir a una dama sola por ahí, es peligroso. Yo podría perderme en el camino de regreso o algo por el estilo y…

—Solo sigue los pasillos que veas libres de arena y llegarás.

La respuesta del varón no le pareció caer en gracia a la joven, pero en el fondo sabía que era mejor no pedir más. Hasta ahora todo había ido relativamente bien, así que era mejor no arriesgarse a arruinarlo todo.

—Lastima—. Dijo con tristeza—. Pero… supongo que nos veremos mañana. ¿Cierto?

Sonriendo, Ino se despidió alzando la mano y sacudiendola, sonriendo nuevamente. Luego, se dio la vuelta hacia el final del pasillo y comenzó a caminar…

Gaara se quedó observando a Ino mientras se iba, siintiendo un extraño calor en su interior.

Ino era extraña, pero en el fondo no era una mala persona. Aunque a veces demostrara una increíble habilidad para sacarlo de sus casillas, y una destreza única para hacerlo rabiar. Sin embargo, también era… dulce. Y amable. Y tierna. Y… bonita.

De pronto, un impulso lo obligó a hablar.

—Ataques sorpresivos.

La voz de Gaara obligó a Ino a detenerse, justo cuando iba a desviarse hacia el laberinto de pasillos de regreso a su habitación.

El pelirrojo tardó un poco en continuar.

—No eres buena con los ataques sorpresivos.

Ino sacudió su larga y dorada cabellera antes de reaccionar. ¿Qué había sido eso? ¿Acaso… Gaara le estaba dando un consejo? ¿O una advertencia? ¿O solo quería hacerle ver lo mala que era como kunoichi?

Estaba a punto de decir algo, cuando de pronto él se le adelantó.

—El equipo con el que te vas a enfrentar mañana… es experto en ataques sorpresa, y su estrategia consiste en atacar siempre al elemento débil. Seguro van a ensañarse contigo.

Ataque sorpresa. Ensañarse… débil.

Ino estaba a punto de refutar lo que acababa de decirle el pelirrojo, pero cuando sus ojos se encontró con los verde aguamarina de él, se detuvo. La sinceridad en su mirada lo decía todo. En verdad… él estaba intentando ayudarla. Le estaba dando una advertencia, un consejo para su batalla del día siguiente y… un momento, ¡Sabaku No Gaara le estaba ayudando!

Respirando hondo, Ino volvió a aquel gesto de inocencia que había tenido segundos atrás, y sonriendo, inclinó la cabeza hacia un lado antes de agradecer.

—¡Gracias! — dijo con emoción, antes de darse la vuelta y partir.

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Ya a solas, Gaara desvió la mirada hacia el suelo, y sonrió débilmente. Por primera vez en su vida, había logrado ayudar a alguien, sin que terminara huyendo de él o algo parecido.. Aquello se había sentido bien. Lo había logrado. ¡Y ella se lo había agradecido!

Quien sabe, tal vez, aquello no iba a salir tan mal después de todo…

Y tal vez, sí iban a lograr ser amigos.

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En ese mismo momento, dos figuras se encontraban recostadas sobre uno de los tejados de la mansión, discutiendo un asunto en particular...

—¿¡Me estás diciendo que lo atrapaste justo en el acto, y luego lo dejaste ir?!

—Sí.

—Pero… ¿Y porqué hiciste eso? Digo, debiste torturarlo hasta que te dijera el motivo por el que la estaba siguiendo.

—Bueno, la verdad es que no fue tan dificil descubrir por qué la estaba siguiendo. Lo que me preocupa es que las cosas se escapen de control.

—Entonces, ¿Sabes por qué está siguiendo a Ino?

—Si. A Kouta… le gusta Ino.

Al escuchar las palabras de Shikamaru, Chouji maldijo internamente.

—Diablos…—. Dijo con preocupación—. Y él es exacamente el tipo de chico que le gusta a Ino.

—Ajá— Shikamaru resopló hondo antes de continuar—. y eso solo nos traerá problemas…

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Fin del capítulo.

Primero que nada, ¡Feliz Navidad y prospero Año Nuevo!

Pilar, gracias por el saludo. Te contesto acá aunque sea un poco tarde con un abrazo virtual por fiestas...

Espero que les guste el capítulo. Sé que no es el mismo encuentro que conté en mi otro fic, pero pensé que sería interesante ponerle más emoción al tema. Espero no haya quedado demasiado confuso. Tuve q editarlo un montón de veces e incluso quitarle una parte en la que iban a pelear… para dejarla para luego. No quería ser tan repetitiva con eso de que Gaara atrapa a Ino con sus técnicas e Ino no hace nada para defenderse. Espero que les guste como ha quedado.

GaaIno… pronto. Y romance también. Y celos… (Probablemente use a Matsuri, hace mucho que la quiero usar)

Todo eso vendrá con los siguientes capítulos.

Saludos, y gracias por leer.