Capítulo 10: Las buenas acciones disfrazadas de mentiras no evitan que la nariz crezca
.
.
El día por fin llegó, quedando de reunirse en casa de Soyo, donde un chófer se encargaría de llevarlos. Kagura, como era de suponerse, llegó antes, ayudando a Soyo a meter todas las cosas al auto. Cuando por fin terminaron, una voz masculina las interrumpió.
—Oi, ¿Necesitan ayuda? —Era Sougo, quien llevaba una mochila en la espalda
—Ya no—Contestó Kagura, displicente
—Perdón por llegar cinco minutos tarde—Dijo este con sarcasmo
Kagura iba a contestarle, segura de acabar en golpes con su nada querido rival, cuando Soyo se asomó.
—¿Y Kamui-san? ¿Nobume-san? —Preguntó preocupada
—Se supone que ese idiota quedó a dormir en tu casa, ¿No, bastardo? —Alegó Kagura, cruzada de brazos
Pudieron ver como Okita se encogía de hombros y, soltando un largo suspiró, respondió sin muchas ganas:
—El estúpido de tu hermano se enfermó por comer demasiado ayer, y esa sádica tuvo ciertas cosas que hacer
El rostro de Soyo se tornó pálido.
—Entonces cancelamos esto y vamos a ver si está bien—Expresó sumamente preocupada a punto de partir, pero Sougo la tomó del brazo
—Está bien—Dijo él—Kagura sabe lo fuerte que es su hermano, y seríamos más que molestia visitándolo. Así que, para no desperdiciar el día, sigamos con nuestros planes
Kagura corroboró las palabras de ese sádico, encargándose de que dejara de preocuparse. Soyo aceptó dudosa, y en el camino retomó su dulce sonrisa.
En el momento que llegaron, el viento estaba fuerte, haciendo que las hojas de los arboles temblaran y el frío estuviera a flor de piel. No obstante, eso no les fue un impedimento para acomodar las dos casas de campaña y encender una fogata, que venía bastante bien con el viento helado de la tarde, y la oscuridad que comenzaba a asomarse ahogando los dorados rayos del sol. Disfrutaron de los malvaviscos, y carne que asaban en el fuego; acompañaban con anécdotas, como normales o de terror. Y Sougo, entre más asustadas veía a sus acompañantes, más satisfecho se sentía.
—Okita-san—Lo llamó Soyo, luego de un rato de terminar de contar su historia—¿Por qué viniste aun a sabiendas que no iba a venir ninguno de tus amigos más cercanos?
—Tenía que venir un hombre a cuidarlas—Respondió, altivo
—¿Qué hombre? —Kagura hizo como si buscara algo
—Tu, maldita travesti—Contestó este, frunciendo el ceño. Hizo una breve pausa y habló con Soyo de nuevo: —Eres mi amiga, princesa, y por esa misma razón, si yo tenía las posibilidades de venir lo iba a hacer, además hay algunas bestias—Dedicó una mirada a Kagura—con las que te puedes divertir
—Bestia tú, hijo de puta
Kagura se lanzó contra él, comenzando así una pelea de insultos y golpes. A lo que Soyo pensó que ya se había tardado demasiado. Rió divertida, viendo como ninguno cedía con el otro.
Pasó un rato más, y todos se dirigieron a dormir, despidiéndose y Kagura maldiciendo a Sougo, y este divertido, le contestaba lo mismo. Sin más, entre el ruido de los árboles y los grillos durmieron plácidamente.
Kagura se levantó cuando escuchó el sonido de su estómago rugir. Salió de la tienda, procurando no despertar a Soyo, ya que eran las cuatro y media de la madrugada, por lo tanto, el cielo aún estaba oscuro. Encendió la fogata, y calentó el sukunbu que tenía, y entrar en calor, cubierta por su frazada. Alzó la mirada, encontrándose con las estrellas en el cielo, viendo que estas brillaban más a esa hora. Masticó su comida y soltó un gran suspiro, recargando su quijada en sus rodillas. Un roce en su cabello la hizo sobresaltarse y una voz la llamó con ese molesto apodo.
—¿Qué haces afuera a estas horas? —Preguntó sentándose cerca de ella y robándole un poco de su frazada, siendo así que se cubrieran ambos
Para ella esa no pasó desapercibido, así que trató de quitarle un poco, pero fue en vano.
—Sólo estoy comiendo—Contestó de mala gana
—¿Soyo sigue durmiendo no es así? —Dijo con seriedad
Kagura asintió mientras comía. Empero, una terrible duda la asechó, siendo que sus labios, luego de temblar, se movieron sin su consentimiento.
—¿Sientes algo por Nobume?
Se arrepintió de inmediato de haber dicho aquello, sintiendo el sudor frío recorrer su frente.
—Bueno, ella nos dijo que no quería que hablaras con nosotras—Trató de excusarse, nerviosa
El profundo silencio de él la atormentó durante unos insufribles segundos, hasta que decidió hablar:
—No te mentiré—Alzó las cejas, tomando un malvavisco y poniendo al fuego—Al principio llamó mi atención, pero fue un tiempo igual a nada, para mí siempre fue la sádica con quien puedo pelear
Eso tranquilizó a Kagura de alguna forma. Y la modesta forma en la que él se expresaba, le hizo grata su compañía. Estaría siendo deshonesta si dijera que estar cerca de él de esa manera, le era indiferente.
—Pero...—Sonrió amargamente—Estoy seguro que alguien más si está interesado en ella
—¿De qué hablas? —Kagura volteó a verlo, curiosa
—Un idiota que se parece mucho a ti, china—Y luego de verla, continuó—Ese. No te diré las razones, pero luego, confio en que te darás cuenta. El problema, como tú y yo sabemos, está en cierta chica. ¡Vamos! No soy tan tonto para no percatarme que aquella princesa está interesada en él. Por eso mismo quise mantenerla alejada de ustedes, con la esperanza de que Soyo no se diera cuenta—Sonrió de nuevo—No siempre soy un villano
Esos pensamientos inundaron la cabeza de Kagura, devastándola en solo pensar en cómo se sentiría su amiga. Se mantuvo en silencio, esperando a que Sougo le dijera que era una broma de mal gusto.
—Soyo-chan...—Se limitó a decir, con una trémula voz
—Además—Añadió Okita—No me parece tan correcto interesarme en alguien más cuando tengo novia.
Si bien, Kagura no se había recuperado de lo anterior, aquello suscitó en ella una penosa angustia. Sintió su rostro palidecer y un nudo en su garganta luchando por salir. Sin embargo, recuperando la compostura, dijo:
—No creí que alguien se interesara en ti
—Gracias—Respondió algo indignado
—Ha de ser invisible por que nunca la he visto—Se burló Kagura
—Vive en Osaka—Aclaró, comiendo otro malvavisco
—Muy lejos—Bostezó ella, cuando vio los débiles rayos del sol asomarse, tiñendo de naranja el cielo—Iré a dormir otro rato
—Creo que yo igual—Dijo Sougo, levantándose
Así, cada uno volvió a su casa de campaña y Kagura quiso dormir hasta que todo rastro de sueño desapareciera de ella, o eso planeó, cuando vio a Soyo despierta, abrazando sus piernas y con la cabeza en las rodillas, suspirando a cada instante. El corazón de Kagura dio un vuelco y se acercó a su amiga, procurando no incomodarla.
—Kagura-chan—Alzó el rostro y sonrió—Yo también... Desperté
Sus ojos comenzaron a humedecerse, brotando de ellos finas lágrimas. Kagura, sin pensarlo un segundo más, la rodeó con sus brazos y, Soyo, al no poder aguantar más, rompió en silenciosos sollozos. No fue necesario hablar para saber las razones de su profunda congoja. Era más que evidente que los había escuchado.
—Desde que los vi juntos—Habló tranquilizándose un poco—supe por las miradas se él hacia Nobume-san, que no era sólo simple amistad. Traté de persuadirme que era mi simple imaginación, haciendo mella a todo lo que veía entre ellos dos. No te dije nada, por temor a que me dijeras lo que no quería escuchar, así que tampoco traté de ser dura cuando hablábamos de ella, porque es linda y buena; sería una horrible persona si esos lamentables sentimientos me hicieran prescindir de ella, ¿Qué podía hacer yo más que ser una observadora?
《Una vez vi a Kamui cojeando en las calles, así que corrí, con la angustia de su salud. Estaba sonriendo, como ya sabes, tratando de no demostrar dolor alguno. Yo fui capaz de notarlo, y no traté de ayudarlo, a sabiendas de su horrible orgullo, sólo lo quise llevar a mi casa para poder atenderlo mejor. No fue huraño conmigo, más bien, era como si tratase de conservar la paz en que estaba sumido y no deseara que nadie la perturbara. Fui inteligente y me mantuve a distancia, hasta que llegamos a mi casa, donde le ofrecí sentarse en el sofá mientras iba por el botiquín. No entablamos conversación. Cuando por fin atendí sus heridas—Que eran leves, aclaraba decir—, pero la de su pie era de más consideración, se veía como si le hubieran enterrado un cristal. Tuve más cuidado en esa área, y sufría yo más que él, tanto fue así, de su imperturbable tranquilidad que logró dormirse en el sofá, habiendo casi terminado mi trabajo. Me limpié la frente y quise ir por una chamarra para cubrirlo y no pasara frío el pobre. Sin embargo, una de sus manos me sostuvo de la muñeca, impidiendo que continuara avanzando.
—Ella...—Balbuceó entre sueños—¿Está bien?
Mi estupefacción no me permitió hablar y, de entre todas mis suposiciones, deseé con todas mis fuerzas que no fuera quien más creía. Así, sus labios se curvaron en una endeble sonrisa y habló de nuevo:
—Si... Seguro ella está bien. Es lo suficiente fuerte para no necesitar de mí.
No volvió a decir palabra alguna luego de eso, y cuando se despertó tampoco quise mencionárselo. Me limité a despedirme de él con las mismas palabras de siempre y, después de haberlo visto partir, me encerré en mi habitación soltando suspiros a cada segundo.
No te quise decir nada hasta hoy, por miedo a lo que ya te mencioné. Sé que te dije que debía ser honesta, pero...
—No te reprendas Soyo-chan—Expresó Kagura con ternura, acariciando las mejillas de su amiga—Hiciste lo que consideraste correcto, y está bien
Volvieron a darse un fuerte abrazo, reafirmando su cálida amistad y cariño.
—¡Ah Kagura-chan! —Exclamó Soyo más animada—No te preocupes por mí, que Okita-san aún está ahí para ti... ¡Qué suerte tienes!
Aquello le hizo a Kagura darse cuenta que lo último de esa conversación no había alcanzado los oídos de Soyo. Miró al suelo, viendo eso como una oportunidad para que Soyo no tuviera que velar por sus problemas también, ella podía aguantar al silencio. Entonces hizo lo de siempre; negar efusiva aquello. Y sus largas charlas no les permitieron volver a cerrar los ojos.
Okita, después de un rato, despertó y, sin más, se apresuraron a levantar las cosas para emprender el regreso. El tiempo se les hizo corto mientras conversaban y Kagura trató de estar con su misma actitud, procurando que nadie se percatara de como realmente se sentía. Detestaba haber confesado para sí misma sus sentimientos, y consecuentemente, estos tendieron a hacerse más fuertes (a la vista). Ya tenía suficiente Soyo como para darle una nueva preocupación, así que no quiso verla triste por ella.
Al llegar a su casa, hizo sus deberes como otras veces, habló con su padre normalmente, como si su corazón no punzara como lo hacía. Y en una de esas ocasiones, vio a su hermano salir con prisa; lo detuvo del brazo, preguntándole a donde se dirigía.
—Suéltame—La amenazó con una amena sonrisa
—Sólo dime a donde irás idiota, soy tu hermana, tengo derecho a saber—Manifestó
No contestó y, de esa forma, logró zafarse de la mano de Kagura, saliendo y cerrando con fuerza la puerta. Detrás de si dejó un estruendo, que sólo pudo desvanecerse de sus oídos con el tono de mensaje de su celular. Lo cogió casi al instante.
"Voy a entrar"
Era de Sougo, y, antes de que pudiera dar una "amable" respuesta, esté entró.
—Se suponía que ese cabeza dura me había dicho que hoy llegara, y no pienso regresar—Luego, con una sonrisa burlona añadió—En su ausencia, tú lo reemplazarás, al fin y al cabo eres igual a él, sólo que con pechos, bueno, intento.
Esa pelirroja le lanzó a la cara un jugo que estaba en la mesa, que, si no fuera por sus buenos reflejos, tendría rota la nariz.
—Por mi podrías irte—Contestó Kagura sin muchas ganas—No estoy de humor para aguantarte
—No, vamos a jugar videojuegos por lo menos. No vine en vano, china—Dijo subiendo las escaleras
Kagura lo pensó un rato, viendo como su compañero se alejaba. Para ser honesta, no tenía ganas de jugar.
—Ven, quiero que me cuentes ciertas cosas bastardo—Sugirió, llamándolo para que volviera a bajar
Este aceptó, dándole un sorbo a su jugo (el que había esquivado) y mirando a Kagura con algo de desprecio por obligarlo a bajar. Cuando el por fin estuvo abajo, se sentaron en el sofá, hasta que ese chico decidió hablar:
—¿Qué quieres?
—¿A dónde fue Kamui? —Cuestionó Kagura, arrugando la nariz
Pudo notar sus labios curvarse, y observarla con sadismo.
.
.
Nota de autor: Antes que nada, doy gracias a esas personitas que se tomaron la molestia de comentar, siempre lo valoro bastante. Perdón por no contestar directamente, casi nunca me llegan notificaciones a tiempo y me da vergüenza contestar mil años después. Les agradezco mucho. 3
Disculpen por la tardanza de meses, pero soy una vaga irresponsable y me odio por eso. Gracias por esperar (Si aun hay alguien esperando, que lo dudo y me merezco).
Edité rápido este capítulo, por lo que disculpen algún error. El próximo espero sea pronto.
Ya saben, cualquier crítica constructiva es bienvenida. 3
Y de nuevo, gracias por comentar, sus reviews siempre son muy lindos. 3
