La derivación basada en "Candy, Candy" me pertenece, junto con los personajes inéditos. Los caracteres e historia tipo manga en la que esta inspirado el relato, pertenecen a sus autoras originales Nagita e Igarashi.

"Goza de mi lectura como yo goce escribiendo"

Chica de Terry


LA RAÍZ

Capítulo 10


-Candy ¿Estás bien?

-Sí, lo estoy.

- ¿Segura? Por favor no me ocultes nada –Dijo Terry con tono bajo, tratando de controlar su temperamento. Él conocía a Maritza y sabía que había más.

-Bueno, Maritza se alteró cuando notó mi anillo… y…

- ¿Y? –La paciencia de Terry estaba llegando a niveles peligrosos.

-También dijo, aunque no estoy segura, que yo… venía a deshacerme de ella…

- ¡Maldición! –Vociferó Terry sin poder esconder su enojo.

-Pero no es verdad… yo…

-Candy no tienes ni que decirlo, hablaré con mi abogado. Que los planes se adelanten –Respondió Terry volcando su atención en ella.

- ¿Qué vas a hacer? –Quiso saber la joven. Candy tampoco podía ocultar su angustia ante la situación que ahora enfrentaban.

-Lo natural, lo que he querido hacer desde hace tiempo, me deslindaré de Maritza Marlow –Dijo el joven con convicción.

-Pero…

- ¿Acaso pensabas que iba a quedarme con ella?

Le dijo Terry con voz tranquilidad, era hora de aclararle a la mujer que amaba su situación.

-No Candy, lo hice porque cuando murió Susana, la señora estaba mal, estaba sufriendo, no pude ser un desalmado y abandonarla en ésas circunstancias. Habíamos convivido varios años.

-No tienes que darme explicaciones, Terry –Respondió Candy.

-Sí, sí tengo. Quiero que sepas la realidad y ésa es. Fue por humanidad.

-Lo sé. No niego que al principio fue confusa ésta situación de por sí, tenía dudas sobre… ya sabes, se decían tantas cosas… si tú... habías amado a… Susana. Pero al estar aquí, el verte, el saber que sigues siendo el mismo de siempre, no podía ser de otra manera, Terry.

-Candy, confía en mí –Volvió a pedir el joven mientras acariciaba la sonrojada mejilla.

-Siempre. Lo supe antes de que tú me lo dijeras –La pareja de enamorados se besaron para sellar nuevamente su pacto de confianza- Terry ¿Qué pasará con Maritza?

-Eso, solo ella lo sabe –Respondió el joven, no dejando ver en su tono de voz la preocupación real que sentía.


Pasaron los días, Maritza se había tranquilizado aparentemente. Como si su cura hubiera sido mágica. Un día muy temprano cuando Candy se disponía a saludarla, una de las chicas, Simonette, le comunicó que Maritza había salido temprano. No supo decirle a donde, puesto que la "señora" nunca dejaba dicho su destino o la hora de su regreso.

Por la tarde cuando volvieron a toparse en los espacios comunes de la casa, Maritza había cambiado radicalmente, parecía de mejor humor y prescindía de la presencia de su dama de compañía tanto como al principio o incluso más, solo qué, algo indudablemente había cambiado entre ellas dos.

La actitud de Maritza hacia Candice era incluso zalamera. Comenzó a preguntarle cosas, comenzó a interesarse en sus quehaceres, de pronto la mujer se volvía emotiva y terminaba hablando sobre su hija, pero no con la angustia de antes, sino que parecía aceptar que ella ya no estaba, que desde que había llegado la joven enfermera a su vida ya no se sentía tan sola.

A Candy le conmovía su cambio y sus recuerdos, pero había algo que no le gustaba del todo. Sabía por experiencia propia que a veces uno oculta un gran dolor bajo las sonrisas y la rutinaria respuesta del… "estoy bien". Cuantas veces no lo había hecho ella misma para no preocupar a Albert, a sus madres, a Anie.

Terry seguía acompañándolas a cenar solamente, comenzaba los arreglos para un nuevo proyecto y por el día casi no se veían, entre ellos dos la relación seguía siendo sosegada y tranquila por respeto a Maritza. Ella se veía incómoda ante las muestras galantes de afecto de Terry hacia Candy, pero trataba de disimularlo.

Entre el actor y la madre de Susana la línea que sostenía su precaria relación parecía tan tensa que Candy pensaba que en cualquier momento reventaría, Terry permanecía indiferente a cualquier gesto de amabilidad de Maritza hacia Candy o hacia él.

Maritza trataba de pasar la mayor parte del tiempo con la joven, la invitaba de compras y le pedía opinión para todo, no se sobrecargaba con las cuentas como lo hacía antes, para todo requería la aprobación de Candy, incluso trataba de convencerla de comprar tal o cual cosa ya que según su criterio "le sentaría de maravilla a una chica tan linda" y seguramente "a Terrence le gustaría" -dejaba entrever Maritza en sus comentarios como si con ellos animara a la joven a dejarse dirigir por sus deseos.

Era tanta su insistencia que Candy dijo que sí a ciertas cosas y no por complacerla sino para librarse del evidente hostigamiento al que la sometía.

Parecía que ella disfrutaba eso, el consumir y consumir, cualquier cosa le llamaba la atención, miraba y disfrutaba como una niña en dulcería. A Candy francamente le fastidiaba pasar la tarde en un almacén viendo cosas que no necesitaba y que mucho menos adquiriría.

Después de horas de compras Maritza llevaba a Candy a alguna cafetería en los lugares más concurridos pedía un par de cafés y algún postre, se sentaban a charlar de cualquier cosa, incluso llegó a contarle de cuando su difunto esposo la cortejaba, como tenían que llevar chaperón y como al final ella terminó dándole el sí definitivo. Ambos eran de una posición social buena, el señor Marlow tenía una fortuna que lo respaldaba, nada exagerado, pero les bastaba para vivir con comodidades.

Desafortunadamente el hombre falleció siendo Susana muy niña, dejando desamparadas a madre e hija sin saber nada de los negocios, los accionistas arbitrariamente las dejaron fuera de las asociaciones por ser mujeres y un día, se vieron en la necesidad de venir a la gran ciudad a buscar una nueva vida y nuevas oportunidades. La joven Susana mostraba amplias aptitudes para el teatro, siendo pequeña había ganado algunos concursos en el colegio donde tomaba sus clases.

Susana decía querer ser actriz. Como ése era el sueño de su hija, Maritza Marlow quiso cumplírselo antes de que ella llegara a faltarle. Tenía que dejarla con algo con lo que pudiera valerse para vivir –palabras de la misma Maritza- la muerte de su esposo la había dejado muy mal económicamente y temía tener que dejar a Susana sola y sin ningún recurso.

La actuación parecía ser una buena alternativa, quizá no la más decorosa para una joven decente, pero su hija tenía un gran camino por delante puesto que tenía talento, no dependería de nadie, ni siquiera de un esposo, más que de sí misma para hacerse de un nombre, de una brillante carrera y de una gran fortuna acompañada de una gran vida, mejor de la que tuvieron cuando su querido esposo vivía. Susana poseía belleza y Maritza muy a su pesar de pronto se dio cuenta que ésa arma era muy poderosa y estaba dispuesta a usarla a favor de ambas para conseguir la vida sin privaciones a la que estuvo acostumbrada. Los motivos de Maritza Marlow como madre, Candy podía entenderlos claramente, aunque ignoraba los secretas y retorcidas atribuciones de Maritza.

Entonces, Susana se volvió actriz siendo muy joven. Aunque ése mundo tenía sus claro oscuros como siempre se ha rumorado, Susana tuvo a su madre para velar por sus intereses y luchó por ellos férreamente. "Eso, mientras ella se hacía de un buen nombre por su talento, lo demás vendría inevitablemente" pensaba Maritza.

¿Acaso la famosa madre de Terrence no había pasado por lo mismo? Sedujo a un noble, tuvo un hijo del cual se desentendió y ocultó, pero vivía como una reina, no le faltaba nada, viajaba, tenía a sus pies a un montón de caballeros que se desvivían por el más mínimo de sus caprichos. Ése tipo de vida era la que ella deseaba a consta de lo que fuera, además su hija poseía belleza y cualidades histriónicas justamente como Eleonor Baker que también comenzó su carrera siendo muy joven. Todo auguraba que la vida de Susana y la suya propia estarían en el estrellato y las marquesinas por siempre. La meta de Maritza era que su hija se convirtiese en la sucesora de la gran diva "Eleonor Baker" era hacia donde sus ideales estaban encaminados y el universo mismo parecía conspirar a su favor.

Nunca imaginó que Terry fuera el hijo nacido de una desvergüenza, ni tampoco que la misma Susana perdiera la cabeza por él, por ése "Don nadie" que había llegado de quien sabe dónde como un fantasma. Ése jovenzuelo de porte arrogante y callado poseía talento, muy pronto lo demostró y atrapó a Susana aún más muy a la par de su indiscutible belleza masculina. Con el tiempo y el terrible accidente la verdad salió a la luz, "Lo que se hereda no se hurta" y Terrence era la viva imagen de su madre, dos gotas de agua en belleza y talento. Eso le beneficiaba bastante a Maritza, parecía tan perfecta la oportunidad para Susana, tan absurdamente simple que fue su perdición.

Esos eran los pensamientos de Maritza, sus secretos, los que ni siquiera a Susana se atrevió a contar. Era su aspiración nunca renunciar a una vida holgada, porque ella no había nacido para menos.

Bonus extra y gran sorpresa fue el enterarse algunos años después que Terrence además de ser hijo de Eleonor Baker tenía sangre azul de la mismísima realeza británica. Eso por sí solo garantizaba una vida cómoda y despreocupada sin importar el qué dirán, al fin y al cabo, eran estrellas y a las estrellas que brillan en el firmamento, por su luz tan deslumbrante que ciega, se les perdona todo.

Maritza no podía negar que Terrence había nacido con luz propia, tenía que admitirlo. Y su hija no pudo poner los ojos en un mejor candidato que él. Con todo y que era un bastardo para la realeza, tenía fama, capital propio y pronto heredaría fortunas de ambos padres, ¿qué más se podía pedir?

-Cómo corresponde a una madre.

Dijo Candy, cortando el silencio entre Maritza y ella, trayendo a la mujer de sus recuerdos. Por su parte, Candy recordaba a la madre de Terry cuando se atrevió a reclamar a su hijo después de tanto tiempo alejada, no porque la dama lo quisiera, sino porque así la habían obligado con el pretexto de que era lo mejor para el pequeño heredero. Estúpida sociedad hipócrita. Como sufrieron ambos, madre e hijo. Y el Duque también, después de todo era su vástago, su primogénito.

Todo tiene un precio, una consecuencia, el sufrimiento también tiene recompensa. Terry y sus padres habían pasado por un gran dolor, eso muy pocos en realidad lo sabían. Quien los viera pensaría que, fue solo un desliz más de los muchos que hay en éste mundo, sin la menor traza de piedra sobre piedra, pero en el mundo de Terry era una muralla tan alta como la misma que protege a la reina de Inglaterra.

Candy ni siquiera podía imaginar lo que había en la mente de Maritza Marlow

En el mes de enero, día del cumpleaños de Terrence, lo festejaron en casa de su madre la señora Eleonor Baker con una pequeña recepción intima, lógicamente Maritza no estuvo invitada.

Había pasado casi un mes desde el día en que se comprometieron en una promesa de amor que por la situación de Terrence no podían cumplir, por ahora; pero la fecha estaba acercándose muy rápido cuestión de unas cuantas semanas a lo mucho. Después de que el abogado Jefferson hablara a principios del mes de enero con Marlow, la mujer había tomado muy mal la propuesta hecha por Terrence.

El joven actor accedía a dejarle la casa como había pensado en un principio, poniéndola a su nombre, pero ni un centavo más. Después de lo que pasó la madrugada del día primero de enero donde una enloquecida Maritza le dijo a Candy que ella era una intrusa que pretendía echarla de su propia casa Terry perdió todo resquicio de paciencia. Pidió al abogado apurara a Maritza para que tomara una decisión, cortándole el tiempo concedido para pensarlo de dos meses a uno solo. El plazo estaba por cumplirse.

Solo la casa y nada más, era la oferta, o la tomaba, o la dejaba. Así de simple.

Lógicamente Maritza protestó enérgicamente porque no le parecía moralmente justo que pretendiera deshacerse de ella que había sido la madre de su "prometida" por tanto tiempo. Maritza Marlow en un arrebato amenazó con demandarlo por maltrato, por injurias, por cuanta palabra se le venía a la mente donde "según ella" manchaba su buen nombre e imagen moral al dejarla sola, sin protección económica quería decir, claro está.

El abogado con suma paciencia y sin alterarse ante la desfachatez de la mujer le explicó con cuidado en qué situación se encontraba ella realmente, ningún lazo, de ningún tipo la unía a Terrence Greum Granchester.

Si él señor Granchester con tan buena voluntad la había estado sosteniendo todo ése tiempo era por respeto a la memoria de Susana y sus años de amistad juntos. Ante todo, Maritza Marlow, no debía olvidar que el supuesto compromiso encaminado a un enlace matrimonial que había existido entre ellos hacía 4 años atrás que se había disuelto, mucho antes de que Susana muriera.

Ésa situación –le aclaró el abogado tajantemente- del compromiso… En realidad, nunca se llevó acabo, no hubo un anillo que lo constatara, una propuesta real, mucho menos un documento que lo avalara, fue más bien un deseo expresado por usted misma, señora Marlow. Ambas partes, la finada Susana Marlow y el señor Terrence Granchester en realidad nunca estuvieron comprometidos con una propuesta efectiva y fidedigna.

El abogado Jefferson le dejó muy claro el contexto a la necia mujer y prosiguió.

Además, ésa situación no está puesta a discusión ahora, ni antes, ni nunca, aunque era necesario recapitular, tengo que dejarlo en claro – Remató el sagaz abogado- La situación que nos ocupaba como bien lo ha dicho señora Marlow, es más un asunto de carácter moral donde el señor Granchester la ha favorecido con su ayuda sin ningún tipo de compromiso legal para con usted, más que el hecho de que se recobrara de la severa depresión que la atacó tras la muerte de su hija Susana. De ahí en más, la gran honorabilidad de mi cliente está por demás exaltada, cualquier jurado lo podría constatar inmediatamente al ver las cuentas que usted entrega, las múltiples solicitudes que hace usted al abogado para obtener más recursos, por los cuales mi cliente no tiene ninguna condición legal de cumplir, ni el deseo de seguir haciéndolo puesto que ha pasado el tiempo reglamentario de luto que dicta las buenas costumbres y el señor Granchester ha decidido seguir con su vida, al igual que usted también debe seguir con la suya.

Es demasiado benévola y altruista la propuesta que él le hace, a sabiendas y consta en el acta notariada y firmada por el señor Granchester, que es en memoria de Susana Marlow que se otorga este tipo de dádiva a su favor y conveniencia, Maritza Marlow. Si es que usted la acepta –Remató el hombre con tono seco- Fuera de eso. No hay más nada que aclarar de parte de mi cliente.

- ¿Una limosna para una mujer sola? -Chilló la mujer indignada.

-Yo no lo llamaría limosna, señora. El avalúo de la propiedad es de una pequeña fortuna, no calificaría como "limosna". No he visto propuesta más generosa en mi vida de litigante, donde prácticamente se le está haciendo un regalo y no se exige nada a cambio, solo que usted acepte.

Maritza Marlow comenzó a despotricar al ver su castillo derrumbarse como una torre de naipes, volcando la culpa de ése cambio tan hostil en Terry a la mujer que ella había contratado como dama de compañía. Dejando claro que no permitiría que ésa mujer le arrebatara lo que le pertenecía. Frente al abogado, con una pésima actitud Maritza juró que ella se encargaría de abrirle los ojos a Terrence para que viera la realidad, no podía echarla de su lado de ésa manera tan despiadada.

Ante la ya esperada reacción de Maritza por parte de Terry, cuando la mujer había mostrado sus cartas marcadas, solo hasta ése preciso momento el abogado bien instruido hizo la declaratoria final.

-Solo una cláusula rige éste convenio…

Acotó con frialdad, al ver que su cliente tenía toda la razón al redactar el documento de aquella manera.

La cláusula citaba que la beneficiaria Maritza Smith de Marlow no debía siquiera intentar hacer "algo", "cualquier cosa", "cualquier comentario peyorativo" a la señorita Candice White Ardlay porque de hacerlo, el trato ofrecido quedaría anulado definitivamente. El señor Terrence Granchester sin aviso previo vendería el inmueble y Marlow quedaría en la calle. Punto final.

Ése era su deseo expedito, expresado por escrito y el abogado lo haría cumplir con todas las de la ley.

Entonces Maritza comprendió que por ése lado no podía ganar. Cerró la boca se tragó el coraje y el orgullo y como buen estratega replegó su vanguardia.

"Vive ahora, vence mañana" –Expresó para sí misma mientras intentaba controlar el temblor furico en su cara.

Salió aquella fría mañana de principios de enero de la oficina del abogado Jefferson llevando el documento para que lo pudiera leer con tranquilidad, firmara, porque no había gran cosa que analizar o pensar más que aceptar la propuesta, simple y llanamente. Lo único que Maritza ganó fue tiempo y esos días era lo que ella estaba aprovechando, tratando de ganarse un lugar en aquel binomio que ya no parecería disolverse de ninguna manera.

Candice había jugado demasiado bien sus cartas y con alguna brujería, seguramente la de sus faldas –pensaba Maritza envuelta en ira- había embrujado a Terry y lo tenía atado a ella de la forma en que lo hacen las mujeres vulgares. Pero si ése era el juego, ella también podía jugar a ser doble cara.

Después de todo no había nada que perder y mucho, mucho que ganar, recapacitó. Quizás no sería mala idea convertirse en su… madre. Al fin y al cabo, Maritza había perdido a una hija, Candice nunca había tenido una madre, lo que la mente caótica de Maritza comprendía era que lo único que poseía era "un hijo" el cuál estaba a punto de perder porque quería comenzar una nueva vida. Pero Maritza no permitiría que su hijo, la echara de su lado.

Más le valía a una madre adecuarse a la nueva expectativa de vida de los hijos, puesto que "ambas" mujer y madre querían al mismo hombre, compartirlo después de todo no era tan mala idea, pensaba Maritza, reinventado de nuevo su plan principal.

De ésa forma, Terrence dejaría de andar revolcándose con muchas y solo se revolcaría con una, podría hacerse aliada a la causa y salir beneficiada, en lugar de luchar contra mujerzuelas que podrían ser aún más peligrosas que la propia Candice. Si algo bueno tenía ésa mujercita, era que también era rica, muy rica.

"Si no puedes con el enemigo, únetele" Se convenció Maritza Marlow.

Si lograba tocar las fibras necesarias, quizás nunca tendría que marcharse y podría disfrutar de una vida todavía mejor de la que esperaba. Tenía que reconocer que al estar Terrence casadero, su soltería significaba un peligro constante para ella. Pero casándose, teniendo una esposa millonaria y tan bella como Candice ¿Que tanto importaba si él estaba molesto con ella, que era como su madre? Teniendo a su futura esposa de su lado, tendría al hombre indudablemente comiendo de su mano, como lo tuvo mientras Susana, la débil y tonta de Susana vivía.

"Susanita fue tan débil de carácter siempre, si tan solo hubiera presionado un poco más a Terrence para que se casara con ella… pero no, la muy tonta quería amor"

"¿Amor? ¿Para qué demonios sirve el amor? Para que el hombre solo venga y sacie sus instintos carnales, te deje alborotada, deseosa por más… ¿y luego? Vienen los hijos y el hombre se olvida de que la señora de la casa, la madre de sus hijos es mujer, sigue siendo mujer. El hombre se va con las mujerzuelas baratas porque una, ahora, se volvió algo más que sagrada, ¡intocable! ¡Valiente amor!"

Esa tontería solo trae penas y amarguras, te deja relegada, olvidada, sin más alegría que conformarte con un esposo que solo lo es de nombre y que al muy imbécil se le ocurre morir totalmente endeudado, dejándote en la miseria y con una hija que mantener.

Eran los acres pensamientos que torturaban la mente de Maritza Marlow.

Así que, su única salida era o convertir en actriz a su hija y que fuera la mejor para ser rica y famosa, o casarla con un buen partido para poder dejar de preocuparse por asuntos de dinero y ¡Oh bendita salvación! Terrence representaba todas ésas cosas juntas. Pero Susana… era tan mojigata… la muy tonta estaba estúpidamente enamorada de la cara bonita de su… "Terry". Igual como Maritza lo había estado de su esposo, el padre de Susana. ¿Y que ganó con el amor? Nada. Absolutamente nada.

¡Seguridad económica era lo que valía! Poder hacer y deshacer a tu antojo. Eso es lo que cuenta al final, después de todo.

"El amor… yo nunca conocí el amor. La única vez que creí en él, me defraudo" Una lágrima ácida corrió por la mejilla de Maritza, mientras se repetía en voz baja aquellas palabras.

Después de recapitular, meditar y de ver la situación desde otra perspectiva Maritza decidió que ése tiempo que había pedido al abogado lo iba a invertir en hacerse inseparable de Candice, ser su mamá, la madre que nunca tuvo y que seguramente necesitaba.

Alguien que la pudiera guiar y aconsejarla, ¿Qué era eso de tener un tutor solamente? ¿Sin guía femenina? ¿Y ahora tener un esposo, sin el consejo y sabiduría de una madre? No, eso era inaceptable. Maritza se empeñaría en mostrarle a Candice que una madre siempre vela por sus hijos hasta el fin y que es deber de ellos mantener a sus madres a la diestra siempre, para escuchar sus sabios consejos.

Todos esos días, después del encuentro con el abogado Maritza intentó conocer mejor a Candy, interesarse en ella y volverse indispensable, tocarle las carentes fibras maternas para que ella sintiera la necesidad de tenerla cerca, como una madre.

La mujer pensó que siendo zalamera con Candice iba por buen camino, pero el día del cumpleaños de Terrence no fue requerida. Se enteró por platicas de las mucamas que la celebración se realizaría en casa de Eleonor Baker. En todo ése tiempo poco había cruzado palabras con la que casi fuera su consuegra, no podía decirse que se conocían.

Eleonor había asistido en pocas ocasiones a visitar a Susana, siempre cuando Maritza estaba ausente. A la señora Marlow le podía mucho enterarse de que la diva había estado en la casa y ella fuera, sin poder saludarla. Nunca la conoció en realidad. Y ahora, sentía profundamente no ser invitada ni por Terrence, ni por Candice a un festejo tan significativo.

Y para rematar, y terminar de descolocar su precario control, había llegado un nuevo citatorio para la próxima semana de parte del abogado de Terrence. Entonces si que comenzó a temblar de terror. ¿Qué haría? Si en ése tiempo no había logrado ser del agrado de Candy como para incluirla en todas sus actividades como parte de su familia. Y ahora, Terrence seguía en su afán de que firmara el convenio.

De negarse, de no firmar, simplemente se tomaría como un "No acepto" de parte de ella y sería echada del inmueble sin el menor miramiento. Tenía que hacer algo contundente, tenía que convencer a Candy de que debía mantenerla a su lado… tal vez… si Maritza rodaba por la escalera en presencia de Candy… tal como hizo con…

Sería arriesgado, pero intentaría todo lo que estuviera a su alcance para lograr su objetivo. Terrence no le tenía consideración alguna, nunca se la tuvo, podía sentir de parte del actor ésa enorme barrera que no le permitía acercarse, todo era por medio de Susana, pero ni su hija en su situación de lisiada lograba conmoverlo lo suficiente para lograr chantajearlo de alguna manera.

¿Qué más quería el insensible Terrence de su madre? ¿Acaso no respetó el acuerdo manteniendo al margen a Candy de ésa situación? Fue la cláusula que el abogado le puso, jamás por ningún motivo enterar a Candy de la negociación, de lo contrario, ante cualquier indicio de que ella se enterara por boca de Maritza, cualquier comentario por mínimo que fuera, todo quedaba anulado.

Debía apurar las cosas, Maritza debía aferrarse a Candice de alguna manera ya que por medio de Terrence le quedaba claro que nunca pasaría. Maritza esperaba que ésta vez, todo saliera bien. Por ahora, solo le quedaba aguardar en la soledad de su recamara, tragándose el orgullo y el rencor de que sus hijos no la incluyeran en sus actividades. Trató de trazar un plan para mostrarles que ella les era muy necesaria, tenía pocos días, muy pocos días, antes de reunirse con el abogado Jefferson, nuevamente.


Continuará…

"El review es el alimento de una imaginación creativa, agradezco el tuyo en compensación a la mía"