Descargo responsabilidad no poseo vampire academy.
Capitulo editado por Euda.

La tormenta empeoró con el paso de las horas, el frio era abrasador y me congelaba hasta los huesos. Dimitri dormía plácidamente en la habitación de al lado mientras que el sueño era lo más lejano en mi mente. Después de una buena velada él llamo a la hora de dormir aunque yo habría querido estar más tiempo con él, pero también quería estar a sola; el en solo simple hecho de estar en medio de la nada en una lujosa cabaña solo él y yo era una tortura. Todo alrededor era tan íntimo, y se sentía como tal, aunque la situación era todo lo contrario.

Me levante de mi cómoda cama y fui por un vaso de agua, pues la noche era eterna y necesitaba despejar mi mente, específicamente, necesitaba dormir. Con paso sigiloso llegué a la cocina, en eso un rayo cayó llenado el silencio sepulcral en el que me encontraba. Me serví un poco de agua en un vaso de vidrio con un grabado extraño, no le preste mucha atención, como fui bebiendo el agua deje mi mente viajar a lo que paso hace unas horas; sabia que Dimitri pensaba que estaba bromeando cuando dije que asesinaría a Galina si ella intentaba algo, pero él no entendía cuanta verdad había detrás de mis palabras. Yo no me consideraba mala, pero tampoco buena, al final del día siempre era un poco de ambas. Como mitad vampiro la idea de asesinar a alguien me daba placer, me hacia estremecer de gusto y ansiedad, quería ver morir a alguien por mis manos y deleitarme cuando su vida se esfumara de sus asustados ojos, por la otra lado, la parte buena y pura de mi le daba repugnancia de esos pensamientos, pues esa parte solo quería hacer el bien y curar a esas tristes almas con heridas de batallas, batallas las cuales eran comenzadas por los de mi mundo.

Mi mente era una controversia cada hora del día, por eso cuando estaba en la academia agradecía poder ser normal temporalmente; tomar el almuerzo asqueroso, bromear con Alina o coquetear con algún chico me hacia sentir bien, normal. Esas 8 horas que estaba ahí me sentía como un humano normal, con problemas como cualquier adolecente. Otro rayo cayó y yo deje caer el vaso en el lava platos, aquel último rayo sonó con tanta dureza que me hizo estremecer. Miré el reloj y vi que este marco las 3:00 am en punto, observé con atención las manecillas del reloj y note que estas estaban estáticas, no se movían, supuse que debió acabarse la pila.

Fui a recoger el vaso y me encontré con que estaba suspendido a cinco centímetros antes de tocar el metal del lava platos, fruncí el ceño, eso no era normal. Intenté tomarlo, pero mi mano nunca llegaba siquiera al fragmento, aunque este estaba enfrente mío, se veía lejano. Un frio me recorrió la espalda, como liquido, mas no sentí miedo. Decidí dejar el vaso ahí e inspeccionar la cabaña, así que con paso vacilante camine por el lugar; todo estaba normal, la lluvia se escuchaba aunque se escuchaba lejana, así como se sentía lejos el vaso de mi tacto. Llegue al frente del gran ventanal de la sala y miré hacia fuera, la lluvia azotaba con fuerza contra el vidrio, pero en los arboles no había movimiento por el viento. Volteé a ver al reloj digital sobre la chimenea y este también marcaba las 3:00 am en punto y sospeché que tampoco cambiaria de hora.

Me iba a separar del gran ventanal hasta que escuche un extraño sonido proveniente de afuera; volví mi vista a fuera, pero no capté nada, aunque un repentino frio me helo los huesos, pensé que mi mente me estaba haciendo una mala jugada, una muy mala, por lo que decidí ignorarla, pensé en ir a meterme a la cama de Dimitri, digo, por si había algo más afuera, pero de nuevo lo escuche, esta vez mas claro. Era una voz, una suave y sedosa voz masculina. "Ven a mi" me murmuró más cerca. Mi pierna izquierda quedó suspendida sobre el aire cuando había intentado dar el primer paso a la habitación de Dimitri. La voz me llamó de nuevo, aterciopelada y casi hipnotizador, aquella voz me llamaba como la luz llamaba a una polilla. Me volví hacia la ventaba. Pequeño ángel, ven a mí. Esa vez fue como si el bosque me llamara, a pesar de estar oscuro y lleno de neblina por la lluvia no sentí miedo, al contario, sentí un hormigueo por mi piel por la ansia de adentrarme en su oscuridad. Aquella voz que me llamaba era tan suave que casi podía sentirla deslizándose y acariciando mi piel.

Se que me escuchas, ángel, por eso ven a mi, no tengas miedo.

No tengo miedo pensé no muy segura de que si él podía escucharme, al parecer si, por que su risa se escuchó en la habitación.

No me hagas esperar entonces, mi tiempo se agota.

Sin pensarlo dos veces, salí por la puerta principal, no me molesté en cerrarla, lo único que tenía en mi mente era seguir esa voz; camine en el bosque, entre arbustos y arboles, la lluvia tocó mi piel, mas no la mojó, el fango era viscoso, como si fuera brea, sin embargo mis piernas se movieron en el como si fuera arena. Caminé adentrándome aun más al bosque, con el frio impregnado en mi piel, pero no había miedo en mi, pues no había de que temer, aunque sabia que lo que me llamaba no era nada que esta tierra hubiera visto.

Llegué asta un viejo roble, era enorme, y por el deterioro de sus ramas podría decir que su edad era más de setecientos años, sin embargo, a pesar de la vejez notable, se veía que era fuerte y de forma inusual poderoso aunque de una manera muy oscura. Luego me di cuenta que a sus pies se encontraba una silueta humana. Le mire fijamente y vi que era un hombre de piel blanca como la muerte, cabello negro y algo rizado que caía sobre sus orejas, ojos negros como el carbón. Tenia unos vaqueros y el torso descubierto y sus pies estaban enterrados en brea, ¿brea? Al mirar bien el árbol vi que aquel la segregaba.

—Pensé que no vendrías, pequeña ángel —alcé mi cejas. La voz del hombre pasó de ser dulce a algo más oscuro, más peligroso.

—Disculpa, ¿nos conocemos? —él se río y dejó ver un conjunto de dientes afilados. Este hombre frente a mi definitivamente no era humano o siquiera vampiro para el caso.

—No aun —él caminó a mi dirección y se paró a unos escasos centímetros de mí. El olor a fuego y ceniza inundo mis fosas nasales, era repugnante y a la vez llamativo—, pero se que tu nombre es Rose.

— ¿Y el tuyo? —pregunté. Él me miró con detenimiento, detallando cada pulgada de mi rostro, una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro mientras se alejaba y tomaba posicionamiento en el árbol.

—Me conocen por muchos nombres. Para unos soy Cristopher, para otros soy Dragón, para unos pocos soy Beelzebu, pero para el creador de este mugroso mundo soy Lucifer —mis ojos se abrieron al igual que mi boca—. Aunque tú puedes llamarme por el que quieras, estamos en confianza —él lo dijo tan simple, como si fuéramos viejos amigos. Al ver que no decía nada él sonrió— ¿Qué pasa, pequeño ángel? ¿El gato te comió la lengua?

— ¿Qué buscas aquí? —una pregunta estúpida, pero era lo único que se me ocurría preguntar. Él echó su cabeza hacia atrás y río descabelladamente a la vez en el cielo se iluminaba por un estruendoso rayo.

—Quería conocer de cerca a una de mis descendientes, la más popular —levanté una ceja, si la escena no pareciera sacada de una película de terror, con seguridad me echaría a reír.

— ¿Una de tus descendientes? —pregunté y en un parpadeo aquel hombre oscuro estaba a solo unos centímetros de mi. Mis ojos se abrieron, pero no de miedo, sino, de desconcierto.

—No temas de mi, pequeña, yo no voy a lastimarte —dijo mientras pasaba un huesudo y frio dedo por mi mejilla. El rose de su piel heló la mía, era tan áspera, pero a la vez tan suave.

—No tengo miedo de ti —murmuré, él frunció su ceño, obviamente no esperando esa respuesta. Me miró un segundo más y volvió a apartarse.

—Eso veo —vi que el que no me causara miedo lo desorientó un poco, pero rápidamente se recompuso no dando cabida a segundos pensamientos—. Así que es verdad

— ¿Que es verdad? —pregunte irritada, esta era la peor conversación que había tenido en mi existencia.

—Que eres mitad ángel, mitad vampiro. Interesante y espeluznante a la vez.

—Hablas por ti —dije restándole importancia— ¿Qué pasa que sea así? Pensé que ya lo sabias —dije confundida, toda la noche me había llamado ángel.

—Algo había escuchado, pero no pensé que fuera verdad —entrecerré mis ojos sin entender.

— ¿Entonces por qué me llamabas "ángel"? —él se encogió de hombros y respondió con su voz de seda.

—Porque cuando te veo me pareces a uno, tu rostro es como si el propio Dios lo hubiera esculpido, aunque cuando te tuve cerca vi que eras tan oscura como yo.

— ¿Qué es lo que quieres? —pregunte, olvidando que de una forma u otra me llamo hermosa.

—Tengo una propuesta para ti —de su bolsillo sacó un cigarrillo de un color marrón, se lo metió a la boca y comenzó a tomar caladas, no lo encendió y no me atreví a preguntar como lo hizo, en el fondo sabia la respuesta.

— ¿Qué tipo de propuesta?

—Quiero que te unas a mi —él tomó una ultima calada antes de que el cigarro se volviera cenizas y se perdiera en la brea—. Te quiero a ti —la forma en que lo dijo me hizo temblar.

— ¿Por qué me quieres? —mentalmente me regañe, debí haberme alejado, pero como siempre el misterio gana toda mi atención.

—Tu vieja abuela no te lo dijo ¿eh? —por la confusión de mi rostro el debió ver que no entendía de que hablaba, él se rio por lo bajo y negó con su cabeza— Esa vieja bruja no cambia con el tiempo.

— ¿Quieres explicar que esta pasando? —mi tono fue frio y cortante, Yeva no era la mujer más informativa pero tampoco la consideraba una bruja. Los ojos del hombre brillaron con rabia, estaba segura de que nadie lo desafiaba.

—Tienes agallas, ángel, pero no me gusta la altanería —suspiró dramáticamente— Ya que la vieja bruja no te lo dijo, iluminare tu mente: cuando tú cumplas 18 años deberás elegir.

— ¿Elegir qué? —esta conversación estaba tomando un giro que no me gustaba para nada.

—Veras, ángel, tú no eres normal, pero claro eso ya lo sabes, te contare una pequeña historia—se aclaró la garganta—. Hace mucho, mucho tiempo otro pequeño ángel traiciono a Diosito y este la castigo…

—Al grano, ya conozco la historia —le interrumpí irritada.

—Como desees. En fin, como sabes ese ángel pasó a ser la muerte misma, pues ella no podía portar vida y muerte —él se detuvo un momento y respiró hondo, captando mi aroma—. En resumidas palabras no podía ser portadora del bien y del mal.

— ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

—Que al igual que la vieja Yeva, tú no puedes portar ambos dones, tienes que elegir a que mundo deseas pertenecer.

—No entiendo, Yeva se hizo así, yo nací así —no quería renunciar a ser ninguna de las dos. Él tomó mi mano y sacó una daga de su espalda, sin embargo no me asusté, con la daga dibujó una línea en mi brazo rompiendo el tejido de mi piel.

—Es tan sencillo como esto. Por tu sangre están ambos legados, pero como vez no se combinan —miré mi brazo, del que brotaba sangre por esa larga línea. Al principio era roja como el color de las rosas, pero luego paso hacer de color vino tinto y más espesa, más muerta—. La mitad de tu alma es mía —él dijo dejando caer mi brazo totalmente curado.

—Si soy tuya ¿por qué no me tomas y punto? —nada de esto tenia lógica.

—Es lo que mas deseo, pero no puedo, como has dicho tu has nacido así, naciste por el veneno y la pureza más no por tus pecados, por eso Dios te ha dado la oportunidad de elegir.

—Dios ¿Qué tiene que ver él en esto?

—El necesita un nuevo angel, puesto que el ultimo lo traicionó —el negó con su cabeza riéndose de una broma privada—. Si lo elijes a él, el te hará su mano izquierda.

— ¿Y si te elijo a ti? —pregunte, aunque no sabia si quería conocer la respuesta.

—Si me eliges a mi, reinaras conmigo.

—Sigo sin entender —dije cansadamente. Aquel me tomó de la cintura, llevándome a él, y llevo sus labios a mi oído.

—Si eliges al bastardo de arriba, serás su sirviente de por vida, harás lo que el diga y no podrás tomar tus propias decisiones —él pasó la punta de su lengua por mi cuello haciéndome estremecer—. Por otro lado, si me eliges a mi, harás de tu vida lo que quieras, fornicaras con quien quieras, no conocerás el dolor, pero sobre todo tendrás poder —él se aparto de mi, dejándome aturdida—. Ya tú dirás a quien elijes, puedes hacerlo ahora mismo si lo deseas.

— ¿No tengo que esperar a los 18? —pregunte aun atónita, aun podía sentir su tacto en mi piel.

—No, puedes hacerlo ahora, aunque la fecha límite son tus 18 años, ahí si deberás elegir que es lo que quieres. Así que tú me dirás —me debatí por un momento, a decir verdad lo que aquel personaje oscuro me planteaba sonaba tentador, pero había algo más en su historia. Lucifer era conocido por ser tramposo y embustero, una parte de mi me dijo que todo era mentira, el quería algo más de mi, pero sabia que no se lo iba a dar fácil. Si era verdad todo lo que me había dicho, aun tenia dos meses para pensar que camino coger.

— ¿Y Dios? —nunca fui fanática de él, casi nunca lo mencionábamos en casa por lo cual no estaba familiarizada con él.

— ¿Qué pasa con él? —la irritación fue marcada en su voz.

— ¿Él no tendrá propuesta alguna? Digo, después de todo tú dices que el tiene esperanzas de hacerme su ángel, creo que debería siquiera, no se, intentar hacer un negocio —esto sonaba demasiado loco, pero, como dije, no me fiaba del tipo.

—Y lo hará, aunque no pienses que se tomara el trabajo de bajar hasta aquí. Él enviará a uno de sus vasallos para que intente convencerte —él camino hasta el árbol y miró a la noche, algo me dijo que su tiempo se agotaba lo que no entendía era porque—. Él no ama la humanidad, es una idea barata que ustedes creen, pero eso no es importante, ángel —el se puso en canclillas y me miró a los ojos— el 1 de noviembre a las 11:00 pm en punto cumplirás 18 años, en ese instante deberás decidir.

— ¿Cómo sabré elegir?

— Tomaras una daga e iras a al bosque, sobre la tierra muerta dejaras caer tu sangre y recitaras "te pertenezco, mi alma y cuerpo son tuyos, aquí sobre la tierra fría y muerta juro lealtad a ti" al final deberás decir el nombre a quien le juras lealtad.

Pensé que seria algo más, algo como un sacrificio, no se, pero no, era solo eso, demasiado sencillo, tan sencillo que sabia que había un plan oculto detrás de todo esto. No le creas una nueva voz susurró en mi cabeza, miré a los lados, pero no había nadie más, solo estábamos él y yo. Es solo un juego de palabras, no creas nada de lo que dice. Esa vez la voz fue más clara, su tono de voz era pasivo y llena de seguridad tan distinta a la de lucifer.

—Está bien —dije, él sonrió como si acabara de ganar la lotería, él tal vez pensó que había caído en su juego. Él tomó mi mano y la besó.

—Te veo en dos meses pequeña, pero te estaré vigilando —sus fríos y ásperos labios tocaron mi muñeca, nos miramos fijamente a los ojos unos minúsculos momentos y se fue, entonces la oscuridad se hizo cargo de mi. El calor del fuego, la intoxicación del humo y la viscosidad inundaron mis sueños.

Abrí mis ojos y un rayo de sol me cegó por completo. Me apoye en mis codos y miré hacia afuera, el día era precioso, las flores estaban llenas de vida y el sol brillaba, nada que ver con la noche anterior.

—Bueno, pensé que habías entrando en un coma o algo por el estilo —miré a la puerta y allí sin camisa y en unos pantalones de ejercicio estaba mi sexi dios Ruso.

— ¿Qué horas es? —pregunte sintiéndome desorientada y muy cansada.

—Es casi la una de la tarde —mis ojos se abrieron, nunca dormía hasta esa hora, debí haber estado muy cansada la noche anterior— ¿Tienes hambre? —Dimitri se limpio una gota de sudor que bajaba por su cuello, la acción me atropó y mire anonada, era tan sexi y perfecto a la vez.

— ¿Ah? —dije abobada.

— Qué si tienes hambre —él repitió sonriendo y negando con la cabeza, como si fuera una señal, mi estomago rugió—. Tomaré eso como un si. Preparare panqueques. Alístate, hace un buen día, iremos al lago —con eso el se marchó.

Me tomó unos segundos entender sus palabras, pero cuando lo hice la emoción creció. Ir al lago significaba Dimitri con poca ropa y eso era algo que a mi mente le gustaba. Luché con las grandes colchas y entre al baño, me quite las pijamas que estaban sucias sin saber porque y las tire a un lado, me metí en la ducha y afeite todo mi cuerpo. Y cuando digo todo, era todo; si Dimitri me rozaba alguna parte de casualidad, quería que notara la suavidad de mi piel. Al salir de la ducha me aplique crema corporal con olor a vainilla y fui en busca de algo de ropa.

Miré la lona que estaba en una silla y un rubor subió por mis mejillas como recordé que había sido Dimitri el que había empacado mis cosas. Fui hasta la bolsa y busqué un traje de baño, lo que encontré me hizo sonrojar más si era posible; allí había un solo vestido de baño, era de color coral, que contrastaba bien con mi piel, de dos piezas, pero la cosa era que la parte de arriba me quedaba estrecha, haciendo mis pechos más grandes. Me encantaba. Sabía que era un tanto de puta o enferma querer lucir sexy para Dimitri, pero una parte de mí lo deseaba.

Me coloqué unos shorts y una blusa blanca que era dos tallas más grandes que la mía, me puse unas zapatillas deportivas y empaqué todo lo que necesitaba en una bolsa adicional y fui a desayunar. La casa olía delicioso, pero cuando entré a la cocina me congelé. Allí cocinando era Dimitri con nada más que una toalla enredada en su cintura, mi cuerpo se tensó. Con cada movimiento que hacia los músculos de su espalda se flexionaban y tan solo ver eso me hacia temblar las rodillas.

—Es de mala educación mirar fijamente, Rose —dijo Dimitri sin darme la cara, percibí el tono divertido de su voz, a pesar de que imaginé que su cara era neutral.

—Es de mala educación andar por la casa con solo una toalla, Dimka—dije cantarinamente, él dejo lo que estaba haciendo y se volvió a mi, una pequeña sonrisa juguetona se dibujo en sus labios.

—Tienes razón, Roza, y como lo es, debes terminar de hacer el desayuno tú sola —él se río y salió de la cocina.

—Estas bromeado —dije, pero él solo respondió con su risa y el golpe de una puerta cerrándose.

Me voltee por un olor a quemado y vi que eran los panqueques. ¡Gran...! Ni para hacer eso era buena. Me paré a lado del sartén y vi que lo que una vez fue una masa era algo negro y de pésimo olor, busqué más mezcla pero no encontré, será esperar hasta el almuerzo. Tire a la basura los panqueques quemados junto con la sartén que también se había arruinado. Saqué un poco de jugo y unas galletas, y eso ayudó un poco a mi hambre, aunque sabia que en media hora tendría muchas más.

—Gran desayuno, Rose —dijo Dimitri como entró a la cocina, lo miré, él vestía unos vaqueros con una polo negra y zapatillas de deporte, en su mano era una bolsa deportiva, su cabello estaba mojado y un delicioso olor lleno la estancia.

—Cállate —dije como deje el vaso en el fregadero.

—Como digas —él sonrió y cogió las llaves del mostrador—. Es hora de irnos.

—Pensé que caminaríamos —dije como vi que tomo las llaves del auto.

—Conduciremos hasta cierto punto, de ahí lo haremos a pie, en una hora tendrás hambre y será más sencillo llegar al pueblo en auto.

—O podría simplemente comerte —mis ojos se abrieron como las palabras salieron de mi boca. Dimitri me miró con sus ojos nublados y con una sonrisa picara respondió.

—Eso seria una gran idea, pero, pequeña mía, eso seria canibalismo —sonreí negando con la cabeza. Si tan solo supiera el doble sentido de mis palabras…

Tomamos el auto y condujimos por unos 15 minutos, Dimitri se detuvo al lado de un gran roble, tan viejo que no podía entender como aún seguía en pie. Me bajé un y un frio me recorrió el cuerpo, mire el árbol y este se me hizo tan familiar, como si lo hubiera visto antes, solo que no podía recordar de donde.

—He estado aquí —dije mirando a mi alrededor.

—No lo creo —dijo Dimitri mientras tomaban las bolsas—. Nunca habíamos venido por estos lados.

—Se que he estado aquí –insistí, el sitio era tan familiar.

—Rose, estas confundida, estamos a más de 20 km de la cabaña, nunca te he traído por aquí y a no ser que hayas caminado por si sola, cosa que no creo, es imposible que hayas estado aquí.

—Tienes razón —reconocí no muy convencida. Algo en mi decía que había estado aquí antes, pero no podía recordad bien, las imágenes en mi mente estaban difusas. Eran tan nítidas como para ser reales, pero a la vez tan borrosas como para ser un sueño.

Dimitri y yo caminamos entre los arboles y pronto llegamos a un precioso lago; el agua era cristalina, sin alguna corriente fuerte los alrededores eran perfectamente verdes. Una deliciosa brisa acariciaba mi piel, era septiembre y aunque el verano había quedado atrás aun podíamos apreciar un poco de su calor.

— ¿Quieres nadar? —Dimitri preguntó dejando las bolsas sobre una gran roca.

—En un instante iré —respondí el asintió y se empezó a desvestir, lo seguí con la mirada.

Él era perfecto. Su piel, aunque era pálida, conservaba ese color bronceado que tanto me gustaba, sus piernas eran firmes y tenia un trasero que tocarlo podía sentirse firme y tonificado (lo se porque ya lo había hecho), su espalda era perfecta y sus brazos eran grandes y fuertes, pero a la vez cálidos. Para mí, estar entre ellos era el paraíso en la tierra. Dimitri se metió en el agua y comenzó a nadar, no se por que, pero era su actividad favorita. Yo por mi parte no era muy fan, eso hasta que Dimitri estaba en paños menos y cubiertos de agua, ahí me convertía en sirena.

Me retiré de mi ropa y me quede en mi vestido de baño, era mas revelador de lo que pensé, pero no había forma de quitármelo (o tal vez si), fue el único que Dimitri empacó, solté mi cabello y lo deje caer en hondas por mi espalda, aplique un poco de loción para darle luminosidad a mi cuerpo y fui al agua. Vi que Dimitri había nadado de nuevo hasta la orilla, el ruido de mis pisadas llamó su atención, él levanto la cabeza y sus ojos se clavaron en mí; al principio estos se abrieron con ¿asombro? ¿Deseo? ¿Lujuria? No sabría decir, aunque rápidamente se compuso, no pude dejar de notar como escaneaba mi cuerpo con su mirada y me hizo sentir… caliente, si, esa era la palabra.

Fui hasta donde el no dejando ver mi nerviosismo, la mirada que me había dado me había hecho sentir... mujer. Tal vez él lo hizo sin darse cuenta, pero para mi fue como si me hubieran dejado tocar el cielo con las dos manos. Cuando estaba a unos paso de él una ráfaga de viento chocó contra mi piel haciéndome erizar, mis pezones se marcaron en mi traje de baño y Dimitri lo notó.

—Deberías de entrar ya, el agua esta cálida —dijo él en voz baja y pesada, cuando era así me volvía loca de una manera que él no podida entender.

—Creo que me bronceare un poco —dije, no había sol, pero tampoco quería estar tan cerca de él, no cuando había escases de ropa.

—Vamos, Rose, es septiembre, el sol apenas si sale —él dijo aun mirándome con esa mirada que me calentaba donde no debería.

—Pero hay un poco, lo aprovechare, he estado muy pálida —me mordí la mejilla interna, estaba nerviosa, pero no sabia por que. Siempre hacia cosas como estas con Dimitri, pero esa vez se sintió tan íntimo, tan erótico.

—No seas miedosa, Rose —Dimitri dijo con una sonrisa maquiavélica saliendo del agua—, un poco de agua no te hará daño.

—No tengo miedo —me defendí. Dimitri avanzó un paso más hacia mí. Las intenciones eran claras en sus ojos— Dimitri, detente —dije tratando de ocultar mi sonrisa y fallando.

—Ven Rose, no huyas —iba a salir corriendo hasta que él me atrapó y me llevó a su pecho. El escaso calor de su piel tocó mi cuerpo enviando una corriente eléctrica por toda mi columna. Él me cargó al estilo novia y se metió al agua conmigo, yo me aferre a sus brazos como él a mis piernas, su cuerpo tan cerca del mío, estábamos tan cerca que podía sentir los escasos latidos de su corazón. Antes de darme cuenta estábamos en el agua y el frio de esta rompió el hilo de mis pensamientos.

—Esta helada —los dientes me castañeaban.

—No es para tanto —Dimitri me soltó aunque su mano permaneció en mi cintura.

—Habla por ti —me pegué a su pecho, aunque buscaba calor, también fue una buena escusa para sentir su piel húmeda contra la mía.

—Ven, nademos hasta esa roca —él señaló una roca que se encontraba casi en la mitad, tragué un poco.

—Creo que me quedare aquí —dije separándome de él. No me gustaban nada las profundidades y no me gusta nada el agua. Nunca entendí de donde venia el miedo, pero ese par de cosas no eran mis mejores aliados; todo el mundo tiene fobias y la mía era el agua, ver tanta cantidad de agua nunca fue bueno y aunque aprendí a nadar nunca supere la fobia, por lo cual siempre trato de quedarme en la orilla. Nadie nunca se había percatado de mi miedo por el agua, ni siquiera Dimitri.

—Si no te conociera mejor diría que tienes miedo —se río, pero cuando vio que yo no se congeló, él me estudio con la mirada unos segundos, descubriendo mi secreto— ¿Le tienes miedo al agua?—no tenia por que mentir, no a él.

—Miedo como tal, no, pero no me gustan las profundidades —mire a todos lados menos a sus ojos, estaba avergonzada aunque sabia que no tenia por que estarlo. Dimitri me tomó la barbilla y me obligo a mirarle.

—Esta bien tener miedo, Rose, todo el mundo lo tiene.

—Tú no tienes miedo a nada —su semblante cambió y vi que mis palabras no eran ciertas. Él si tenía miedo a algo pero yo no sabia a que.

—Todos tenemos miedo a algo, Rose.

— ¿Cuál es el tuyo? —él se quedo callado un momento e inclinándose besó mi frente con ternura.

—Ven, te llevare en mi espalda, no dejare que nada te pase —. Acepté su propuesta, y el cambio de tema fue más que obvio aunque no mencione nada.

Me subí a su espalda y el pasó sus manos mis piernas quedando tan cerca de mi trasero. Su tacto me causo piel de gallina que fácilmente se confundió con el frio por la brisa. Dimitri nadó conmigo en su espalda. Rápidamente llegamos a la roca, él me tomó por la cintura y me sentó sobre ella, esta estaba fría y rasposa.

Miré el paisaje, que era hermoso. Montañas rodeaban todo el lugar, los altos pinos verdes se elevaban cubriendo el entorno, los pájaros cantaban acaparando el silencio, a lo lejos se veían montañas ligeramente pobladas de nieve en sus cimas. Miré a Dimitri que apreciaba también la vista, él aun estaba metido en el agua con sus codos apoyados en mis piernas. Si pudiéramos vernos desde otro ángulo podríamos parecer una pareja, una muy enamorada.

Dimitri, era tan joven, si a su cuerpo me refería, pero cada vez que miraba a sus profundos ojos podía ver el agotamiento y un sinfín de historias, no sabia como fue el pasado de Dimitri pero el cansancio marcado en sus facciones me dijo que él había visto muchas cosas en su vida. Cosas que nadie tendría por que ver. Él era frio, imponente y a veces arrogante, pero conmigo era cálido tierno y lleno de vida. Tasha una vez me dijo que él solo era si conmigo, de pequeña no lo creí pero ahora si lo hago. A pesar de que el siempre era tan controlado y oscuro, una nota de calidez se dibujaba a su alrededor demostrándome que no era tan oscuro como todos pensaban. No sabia si Dimitri había matado o torturado, no sabia cuantas mujeres había amado su cuerpo, ni siquiera sabia como fue el día en que se convirtió en esto.

— ¿Cómo fue? —pregunté antes de que me diera cuenta y Dimitri volvió su atención a mi.

— ¿Disculpa?

Debí retractarme, pero el caso fue que no quise. Él no podía decirme todo de su vida, pero por lo menos esto si podría darme lo a conocer.

— ¿Qué se sintió cuando te convertiste en lo que eres hoy en día? —el semblante de su cara cambió, la sonrisa y el brillo de sus ojos se esfumó dando paso a algo oscuro y a un poco de tristeza, pensé que él no diría nada; en todo estos años nunca había dicho nada, pero un suspiro cansado me dio a entender que lo haría.

—Cuando cumplí veinticuatro años Yeva me llevo a cabalgar al bosque, yo estaba feliz —el se río con nostalgia—; ese día cumplía veinticuatro, era joven, adinerado y con un buen futuro dentro de lo que cabe de la época, mi mente solo estaba la única preocupación de encontrar una hermosa doncella con la cual formaría mi pequeña eternidad, nada me faltaba. Yo era simplemente feliz —asentí, no quería hablar, temía que si lo hacia él no diría nada más—. Ese día cabalgamos por un buen rato hasta llegar a un rio algo lejos de casa. Allí, en aquel rio, había una cascada y tras ella una cueva con todo tipo de tesoros, yo estaba deslumbrado por toda aquella riqueza, pues en esa época estábamos en guerra y el viñedo no estaba dando dinero, sin embargo jamás falto en casa. Ese día descubrí por que.

Él se quedo en silencio, muchas emociones cruzaron por su rostro, el dolor y la tristeza fueron las que más resaltaron. A pesar del tipo de hombre que él era, sabia que él tenia sus demonios, varios siglos de vida habían cobrado peaje en el. Él se acomodó entre mis piernas y descansó su cabeza en un de ellas, al principio me tensé, nunca habíamos estado de forma tan cerca y tan intima, sin embargo él no pareció notarlo por lo que continuo ahora mirando hacia el vacío.

—Yeva me contó la misma historia que a ti. Me enojé mucho al principio, no quería ese futuro. Si vivir 100 años era malo, no quería imaginarme una eternidad. El mundo en esa época era despiadado y en nombre de la iglesia hubieron muchas muertes, presencie la muerte de amigos, vecinos y de niños, todos por igual, cada uno era masacrado de una forma distinta y yo no podía hacer nada; odie a Yeva por un tiempo, a pesar de que mi familia estaba bien, mis hermanas eran fuertes y nadie podría tocarlas con malas intenciones, pero vi en sus rostros que no eran felices, pero nadie en nuestro mundo realmente lo es. Cuando nacemos pensamos que creceremos, viviremos y moriremos, ese es el ciclo natural, pero no para nosotros. La eternidad es una tortura, ver como pasa las épocas, ver como el invierno se lleva todo dando paso a lo nuevo pero no tú, tú sigues ahí y ves como la gente nace y muere.

— ¿Has... has intentado alguna vez acabar con tu vida? —había escuchado a Yeva que la única manera de matar a un vampiro era por medio del fuego.

—Hace un tiempo atrás se me pasó por la mente —el detuvo y se aferró a mis piernas—. Salí a un día a caminar para despejar mi mente y en el trascurso vi de casualidad a una pareja de ancianos que estaban tomados de la mano, a pesar de sus arrugas, de la rigidez de su cuerpo, de sus pasos lentos y cansados el amor irradiaba en ellos. Algo en mi retorció, la envidia me colmó. Incesantemente me preguntaba por que no podía tener algo así, por que me había tocado esa vida; odie lo que era, lo que prácticamente me habían obligado a ser, fue entonces cuando realmente considere atentar contra mi vida —tragué, nunca imagine que Dimitri anhelara algo así, o que de verdad tuviera sentimientos tan oscuros como esos. Con un poco de temor me atreví a preguntar de nuevo.

— ¿Por qué no lo hiciste? —él levantó su cabeza dejando caer su cabello para que en marcara su rostro, un brillo cálido apareció en sus ojos.

—Por que llegaste a mi vida —respondió en voz baja. Lo mire confundida y él río bajo—. El día en que vi a aquella pareja en ese mismo llegaste a mi vida —le dedique una media sonrisa, la forma en que lo dijo fue con tanto amor que me derretí por dentro, quería decir algo pero una pregunta nueva se formo en mi interior.

— ¿Por qué me llevaste a casa contigo? ¿Por qué no me dejaste morir ahí? —sus facciones se endurecieron ante la palabra muerte.

—Cuando te encontré la ciudad estaba bajo la nieve, tendrías unos días de nacida, un mes si mucho, no sabia cuanto tiempo habías estado en el frio, y a pesar de que estabas prácticamente congelada al verme me sonreíste, no me temiste. En cuanto te tuve en mis brazos búscate mi calor y te refugiaste en mi, te sentía mía y no quería que nada malo te pasara, por eso te lleve a casa conmigo. Fue la mejor decisión de mi vida —un aleteo se sintió en mi estomago, parecía como si tuviera mil mariposas revoloteando en mi interior, de todo lo que dijo lo único que se me quedo grabado fue te sentía mía, de una forma u otra era suya, era suya desde pequeña, y soy suya aún.

No me di cuenta al principio, pero no había dicho nada después de eso, en cambio mi cuerpo se inclino hacia el suyo, él se empujo con sus brazos hasta llegar a mi altura, nuestros rostros estaba emparejados. Miré sus ojos que eran cálidos y amorosos, lleve mi mano a su mejilla y la acaricie, él cerró sus ojos deleitándose en mi toque, su rostro se fue inclinando hasta alcanzar el mío; iba a besarme o eso quería pensar, una de sus manos se posó en mi cintura, presionando, pero no tan duro como para lastimarme. Cada segundo lo sentía más cerca, su aliento me hacia cosquillas y el olor de su piel y su sangre me llenaban las fosas nasales, era exquisito. Él me miró a los ojos pidiendo permiso, o eso creí, mi mirada le trasmitió un si, quería sus labios sobre los míos, no podía negarme más que lo deseaba y lo quería, lo quería como un hombre, mi hombre

Sentí su aliento en mis labios, él me iba a besar eso estaba seguro. Su agarre en mi cintura se apretó más y los músculos de sus brazos estaban tensionados, él me deseaba como yo a él, podía sentirlo. Él llegó hasta la comisura de mis labios, pero antes de poderlos tocar, en el cielo se dibujo un horroroso rayo y el agua comenzó a caer haciéndonos separar bruscamente. Quede aturdida mirando hacia ambos lados, el aguacero pronto se intensifico pero no podía sentir nada, solo una profunda decepción. Miré a Dimitri y un ceño se dibujó en su rostro, él me miró y sus ojos pasaron de ser cálidos a fríos y calculadores. Estaba bastante segura de que él estaba arrepentido de lo que casi iba a suceder.

—Tenemos que volver —la brusquedad de su voz me hizo salir de mi aturdimiento. Sentí la garganta seca y unas ganas incontrolables de llorar. Asentí y me baje de la roca sin su ayuda, él estaba enojado y todo era mi culpa.

Dimitri se puso de espalda para que me montara pero el caso era que no quería, no quería tocarlo me daba miedo tentar las cosas, algo muy delicado acababa de pasar y no quería echarle mas leña al fuego, respire profundo y cerrando los ojos nade por su lado, sabia que no era bueno pero no quería ver la profundidad, con seguridad me darían un ataque pánico, nade como me habían enseñado, sentí a Dimitri a mi lado nadando pero aunque estaba tan cerca lo sentía a millas lejos de mi. Antes de darme cuenta estábamos en la orilla, salí rápidamente y tomé mis cosas, me metí bajo un árbol y enrolle mi cuerpo en una toalla, estaba me cubrió del agua y el frio. Esperé a Dimitri y rápidamente caminamos hasta el auto, ninguno dijo nada, él estaba enojado y yo estaba destrozada. La mirada de rechazo que recibí por su parte me perseguiría hasta mis sueños. Rápidamente llegamos al auto y él condujo, todo el tiempo en silencio no me atreví a mirarlo sabia que si lo hacia las lagrimas caerían.

Iba a besarlo, si el agua o el rayo no hubiera caído tal vez hubiera pasado, pero ahora el me odiaría seguramente. Dios, he arruinado todo, cerré mis ojos y desee poder borrar la ultima hora. No por que yo le deseara significara que él también lo hiciera, llegamos a la cabaña y entramos sin mirarnos.

— ¿Tienes hambre? —él pregunto luego de que encendió la chimenea. Negué con la cabeza.

—Me daré un baño y me dormiré, estoy cansada —le dedique una sonrisa que él devolvió.

—Lo siento —no entendía porque se disculpaba, pero a una así no lo iba a averiguar, no tenia los ánimos para hacerlo.

—No hay nada que lamentar —me fui a mi habitación y me metí en el baño, una lagrima rodó por mi mejilla, me sentí rechaza, cuando mire a sus ojos y vi la decepción en ellos me mató un poco, yo no quería provocar esas emociones en él, yo solo quería hacerlo feliz.

Me di un rápido baño y me puse la ropa interior, no tenia ánimos para nada mas por lo que me fui a la cama, esta estaba calidad y fue una gran bienvenida a mi piel fría. Antes de darme cuenta estaba dormida.

POVD

Me iré al infierno por eso, se que lo haré. Me serví una copa de vodka, no puedo creer lo que casi hago, casi beso a Rose. Sentirla tan cerca fue como magia, su piel se sentía tan perfecta bajo mis manos, su olor me embriagó, estaba tan cerca de besarla, de probar del fruto que nunca debería probar, ella estaba prohibida para mi; yo era su padre, aunque esa palabra ya no se sentía correcta, yo nunca lo fui, la crie pero en el fondo de mi mente sabía que la crie para mi, la cuide para hacer de ella mi mujer. Era un pensamiento enfermo, yo estaba enfermo, vacié la copa de vodka y me serví otra, entonces la miré y consideré que la copa era demasiado chica. Todos los pensamientos me iban a matar.

Tiempo después miré la hora en el reloj y este marco las 3:00 am, Rose llevaba mas de 8 horas durmiendo, cerré mis ojos y era como si podía sentirla, era como si su piel me abrazara y sus labios me besaran, un escalofrió me recorrió la espalda. Esa chiquilla seria la muerte de mi, la deseaba, no solo eso, quería poseerla, encerrarme con ella y fundirme en su piel, quería pasar mis noches entre sus piernas, quería recorrer con mi boca cada centímetro de su cuerpo, hacerla gritar y gemir mi nombre y por ultimo planta mi semilla en ella. El pensamiento me trajo de vuelta a la realidad.

No solo estaba enfermo, sino también loco, ¿como podía pensar en dejar a Rose embarazada? ¡Por todos los cielos, yo la vi crecer! Cambie sus pañales y cuide de ella, como puedo pensar de ella en esa forma, pero era imposible no hacer, cada vez que cerraba mis ojos ella estaba presente, ella era mi día y mi noche, mi principio y mi fin.

Dejé la copa sobre la chimenea y fui a la habitación en la que ella dormía. Entré con cuidado de no despertarla, quería verla, siempre que estaba inquieto me escabullía a su cuarto y la miraba dormir por horas, verla siempre me trajo paz. Ella estaba sobre su espalda usando solo ropa interior. La luz de la luna cayó sobre su cuerpo haciéndolo brillar, mostrándome lo que no podía tocar, su pecho subía y bajaba con suavidad demostrando lo profundo que estaba ella en sus sueños.

Me senté a su lado y acaricie su cabello, este se sentía como la seda. Ella suspiró entre sus sueños. Miré sus labios que eran rojos como una cereza y gruesos, mis labios picaban por probarlos, pero me contuve. Bajé mi mano por su rostro y se lo acaricie, descendí mi mano y toqué la suave piel de su cuello, fui bajando mi mano y toqué su cuerpo, las curvas de su piel respondieron a mi tacto erizándose. Ella era hermosa, era perfecta.

—Oh, mi Roza —murmuré con melancolía, intentando contener mis emociones, era tan hermosa y la amaba tanto. Me dolía amarla y no poder tenerla.

Antes de poder controlarme, me incliné y sellé mis labios con los de ella, eran suaves y dulces. Ella no se movió, ella estaba dormía, los presione un poco sintiendo que si no lo hacia no seria capaz de continuar, mi cuerpo se erizó, fue un beso inocente pero para mi fue perfecto. Me separé por el temor de que despertara, una media sonrisa se dibujo en sus labios pero desapareció al instante, ella aun estaba en el mundo de los sueños.

Decidí irme antes de hacer algo estúpido, como arrancarle esos trozos te tela que me bloqueaban la vista de su hermoso cuerpo, antes de marcharme bese sus labios una vez mas, ella en la mañana estaría inocente pero en mi mente perduraría el recuerdo de sus labios.

POVR

Como siempre, nada bueno dura. El lunes llegó más rápido de lo que quería, el domingo trascurrió normal como si el casi beso del sábado no hubiera pasado, Dimitri y yo vimos películas y fuimos de compras, bueno yo compre y él pago, en si todo estaba normal, cosa que agradecía, no quería que las cosas fueran mal entre nosotros. Lo amaba mucho como para soportar vivir con su silencio.
Él nunca mencionó el incidente y la frialdad del día anterior había desaparecido, casi como si nunca había existido. Al principio me confundí pues esperaba que él me dijera algo como "no te veo de esa forma", pero eso jamás llegó, y aunque estaba triste porque tal vez nunca tuviera la oportunidad de poderlo tener tan cerca de nuevo, me alegraba que al final nada hubiera pasado, pues no quería que las cosas se hubieran complicado más de lo que ya. Tuve que agradecer a mi buena estrella por sacarme de esta, aunque en el fondo la decepción permaneció.

Estaba sentada en clase de geografía cuando esta se vio interrumpida, un joven entró y le entrego un documento a la maestra, esta lo leyó y le indicó que era bienvenido. Era nuevo, nunca lo había visto antes. Su mirada se paseó por la clase como escaneado el lugar; él miró a todos y cada uno de los estudiantes y por ultimo a mí. Lo detallé, era alto con piel almendrada y cabello castaño claro, sus ojos eran de un color miel y sus labios eran gruesos y rosados, el chico era lindo. Aparte de eso noté que su sonrisa era dulce y en la forma que me sonreía era casi familiar, como si me conociera, yo no lo conocía, pero algo me dijo que lo conocería bien.

La maestra le indicó que se sentara y él tomó lugar a lado mío. Su sola presencia me inquietó, pero no de una mala forma, todo lo contario, era como si trajera paz consigo. Si de algo no había duda, era de que era hermoso. Su rostro era tan perfecto que si fuera una monja diría que era un ángel, él tenia un aura especial, pero sobre todo tranquila, nada oscuro estaba a su alrededor a diferencia de mi. Aquel chico dejó sus cosas y se giró hacia mí dándome una sonrisa cálida, la cual respondí.

—Mucho gusto —él dijo extendiendo su mano, su voz era igual de calidad que su sonrisa y esta trajo paz a mi interior—, me llamo Gabriel.