¡Yo digo que sí! ¡Sí, al amor y al respeto! Sí, debo respetar los debidos derechos de autor, por eso informo que Digimon no me pertenece y uso a sus personajes sin fines de lucro.
Quería disculparme por la tardanza en actualizar, han pasado tantas cosas que bueno… ya lo he superado y todo está perfecto, no hablemos de ratos tristes.
También anunciar que este capítulo es un poquito diferente al resto y hay que prestarle atención para no perderse (yo me perdía escribiendo de a ratitos xD), y es que además de ser largo, incluye muchos nombres nuevos que deberán recordar a medida que se narra el fic; lamento mucho si se les cansa la vista pero tengo ese detallazo de hacer los capítulos muy largos y cortar este no quedaría nada bien, así que no hay problema con leerlo, descansar y volver.
Ahora sí, disfruten el capítulo 10 de Casa Casa Mia, dedicado a todos ustedes Digimoneros (parece una clase de fruto de árbol), ¿saben qué día es hoy? ¡1 de agosto! (Además del Cumpleaños de Carlos xD) Es el aniversario #11 de Digimon. ¡Portal al Digimundo, ábrete! ¡Qué felicidad! Cómo se pasa el tiempo de rápido… todavía recuerdo cuando me sentaba en frente del televisor para ver mi anime favorito con mis hermanos, aun guardo mi juguete de Agumon y de Angemon. Sí, qué vicio el mío.
.Casa Casa Mia.
Por Mizh-n-Rozh.
.Tachikawa è in Odaiba.
Mimi Tachikawa POV's
La camioneta de Michael hacía mucho ruido y se movía demasiado pues le fallaban los amortiguadores, lo cual me acunaba a mí y me tenía con los jugos gástricos combinados y desordenados mareándome casi instantáneamente. El asiento tampoco era demasiado cómodo ya que la camioneta era una señora mayor y ni sabía cómo podía con dos personas adultas (más todo mi equipaje). Me quedé dormida al pasar la frontera de Shiga a Gifu, porque ya no quería seguir viendo más la carretera o mis manos en las rodillas.
La idea de irnos en tren me pareció la primera y la más rápida pero Michael salió con su: "Lee es demasiado listo y te perseguiría en seguida" y eso nos hio pensar un poquito más, digo, me hizo pensar, porque Michael ya tenía todo listo.
¿Que qué sucedió durante mis tres días en Osaka? De todo un poco. Cuando desperté ya era de día, o al menos el alba estaba bien puesto, aún así no quise moverme para que Michael no comenzara a hablarme y el gatito no molestara, ya que seguía dormido y tampoco iba a despertarlo para que ronroneara por toda mi falda. Sin embargo, sí quise recordar todos los días, uno a uno y cada detalle de lo que había pasado en esos días de agonía, ¿iba a llorar? ¿Por qué debería?, si ya me estaba yendo a un lugar seguro. Simplemente lo que tenía que llorar ya lo había llorado, y esas lágrimas también las habían secado.
El primer día, el sábado al medio día, llegué con la sonrisa bien puesta pero preocupada porque pensé que había sido una muy mala amiga dejar abandonadas a Sora y Hikari en el apartamento destrozado. Mi tía Mitsune me recibió con los brazos abiertos e incluso más contenta de lo que yo me imaginaba.
—Mimi, cielo, has crecido mucho —mi tía Mitsune era una mujer joven, tenía apenas 45 años y era hermana de mi padre. Por tanto guardaba el apellido japonés de la familia.
—¡Te extrañé mucho! —eso era cierto, tenía alrededor de diez años sin verla, pero por supuesto que nos manteníamos comunicadas: cada dos años, vaya comunicación… pero sí estaba contenta en retomar confianza.
Ella no tardó en hacerme pasar a su pequeño restaurante de comida, un pequeño establo donde servían ramen, sushi, puerco y otras especialidades en cartelera que no quise leer. Vivir por un tiempo en el barrio Chuo, no me pareció una mala idea, porque por fuera y en metro todo se veía iluminado y hermoso, como cada lugar de mi querido Japón. Yo, a diferencia de todos mis amigos, nací aquí en Osaka, por lo que me traía recuerdos de la infancia correteando por los parques coloridos y las hojas de los árboles de cerezo cayendo en mi cabello azucarado.
Atravesamos un montón de gente que comía allí, al parecer siempre estaba lleno y hoy no era la excepción. Que yo me mudara no significaba que el mundo entero iba a cambiar de curso. En caja, habían dos chicas trabajando fuertemente tomando el dinero y dando el cambio; más atrás otros dos chicos recibiendo las comidas de adentro de la cocina y pasándolas al único camarero, un señor viejo que lo único que me causaba era lástima, verlo sudar, asustado y acelerado como si le fuera a dar un paro cardiaco en pleno restaurante.
—Chicos, ella es mi sobrina Mimi, sean amables con ella por favor —anunció colocándose en el medio de la cocina y el lugar de despacho para que todos la escucharan bien, sin embargo pareció como si nadie la hubiera oído, sólo dos personas, un niño pequeño que tomaba todos los alimentos y una de las cajeras, me miraron y sonrieron amablemente, eso me puso feliz—, vamos a casa Mimi, luego conocerás más el negocio familiar.
Asistí con un leve sonido mientras con dificultad movía mis dos maletas entre los cuatro cocineros del pequeño lugar. No me imaginaba como sería mi vida si ese "negocio familiar" fuera un Mc Donald's o un Burger King, seguro a mi tía no le alcanzaría la vida porque siempre estaría estresada.
Subimos una angosta escalera y mis brazos ya no daban para continuar con el peso de mi bolso de mano y de mi ropa a salvo en los otros bultos; Mitsune lo sabía pero no quería ayudarme, respiré profundo el último aroma delicioso de la cocina y llegamos a lo que era su casa, estaba vacía y silenciosa, sentí que podía aparecer un fantasma detrás de mí en cualquier instante pero el cansancio le ganó al miedo (sólo esta vez) y solté las maletas gigantes con todas mis pertenencias.
—Estoy muerta —musité mientras me apoyaba en la pared de madera barnizada y comenzaba a cerrar los ojos, y cerrarlos y cerrarlos…
—¿Quieres descansar, cariño? —inquirió Mitsune, a lo que asistí con un bostezo sin pena. Me estiré los brazos y le sonreí cansadamente.
Osaka, cuánto te amaba.
Sucedía que tampoco me importaba demasiado mi curso de actuación, a fin de cuentas llamaría en la noche para decir que hubo una emergencia, y por ende, tuve que mudarme de ciudad. No mentía en nada solamente que diría: "lo siento mucho, mucho…", porque ya me daba igual.
En un principio tomar un curso de actuación como carrera era una locura, pero yo pensaba que estaba bien, que no había ningún problema con querer convertirme en actriz. Entonces sí, la academia me fue cambiando y me di cuenta que ése era un mundo tremendamente peligroso, al cual también arriesgaba a mis amigos… al tiempo, no le encontré más gracia al asunto.
No era lo mío. No pertenecía a ese mundo y a ese lugar.
Continué el primer año y lo pasé con honores, sin faltas ni llegadas tardes y con las mejores calificaciones por ser quien mejor se lanzaba al suelo y quién lloraba más rápido. ¿Cómo? Práctica. Desde muy pequeña actuaba hasta con los chicos que me perseguían diciéndoles que eran muy lindos (mentira total pues todos eran más feos que unos elfos) pero que ya tenía otro compromiso.
Mentir era un arte, y en eso se involucraba la actuación. También la comedia pues mis chistes superaban a los Hikari que apenas tenían un punto de gracia y solían tener menos humor negro como los de Sora.
Mitsune subió las escaleras y fui detrás de ella arrastrando a mis dos pedazos de Hikarigaoka. Mi tía abrió las puertas de una habitación con un acuario de pared y unas camas muy tradicionales en el suelo, de hecho, había cuatro.
—Usa cual desees, duerme en paz pequeña Mimi.
—Gracias, tía.
Di unos cuantos pasos y corrí directo a la pecera enorme y miré a los animales marinos de múltiples colores, una estrella de mar rosada pegada, el pez payaso que me recordó a esa película de niños de Disney y otro que brillaba más que la luz verde del mismo acuario pero era muy diminuto. Sin más que hacer, me volteé y miré rápido la habitación. Sin cambiarme de ropa, pues me sentía bastante cansada y no tenía ganas de perder más tiempo, me acosté en el suelo para dormirme como bien lo merecía, porque en el metro era más fácil hacer un castillo de naipes de 15 pisos antes que dormir tranquila.
Cuando me desperté, corrijo, me despertaron, ya eran las 20.00 y Mitsune me batuqueó toda como si fuera jugo de guanábana. Obviamente gruñí pues nunca me gustó que interrumpieran mi sueño embellecedor, eso sí que no.
—Mimi, ya has descansado bastante.
Vale, ocho horas pero ella ignoraba mi viaje de casi nueve horas y que el día anterior no pude descansar, a eso, sumándole el estrés de no saber quién le hizo esa locura a nuestro departamento. Sí, a esas alturas seguía preguntándomelo.
—Tía, por favor —intenté acurrucarme con las sábanas como si estuviera en casa, creí que quien me despertaba era mi madre, Satoe; oh, ¡qué equivocada estaba! Sólo sentí el jalón y luego una patada en la espalda, no tan fuerte como para gritar pero si bien fuerte para sentirla y maldecir secretamente a mi tía.
Alcé la vista y vi el hermoso rostro de Mitsune envuelto en papel colorado de la rabia, ¿qué había hecho? ¿Acaso quedarme dormida era un delito? ¿Qué tenía mi tía en contra del sueño? Aunque luego me enteré que no quería saber las respuestas de esas preguntas.
—¿Seguirás durmiendo, niña berrinchuda?
—No, no, no, de hecho mira, ya me estoy levantando —me puse de pie inmediatamente y arreglé la cama tal y como estaba, entonces mi tía, con toda mala intención, me jaló del brazo y me guió directamente fuera de la habitación bonita.
Cuando por fin estuvimos afuera se dio cuenta que, a pesar de ella ser muy hermosa estaba vieja, yo era terriblemente más alta que ella y tuvo que alzar mucho el cuello para mirarme a los ojos; Mitsune se cruzó de brazos y no tardó en ponerse en modo escopeta.
Ding ding, yo era el blanco.
—Bien, princesita, ¿cuánto tiempo exactamente te vas a quedar?
Ante mi sueño en ese momento sólo respondí un: —¿Eh? —y luego esperé a que reaccionara mejor mi cerebro—, no lo sé tía, quizá un mes o dos.
—Perfecto, entonces no podrás seguir dándotelas de bella durmiente más tiempo.
—¿Cómo dices? –pregunté aún sin espabilarme lo suficiente, si en ese momento hubiera estado tan conciente como lo estoy ahora, me hubiera cacheteado a mí misma por no pensar más las cosas.
—Vas a trabajar en el restaurante, jovencita.
—Genial. Mañana te ayudo con todo gusto, gracias por avisarme —me rallé lo ojos y volví a caminar directo a la habitación pero ella me jaló de la camisa y se estiró toda haciéndome enojar mucho. Casi gritaba pues mi triste prenda de GAP estaba muerta—. ¡No me jales!
—Y tenme más respeto, muchachita.
Genial, ahora estaba metida en un problema con una vieja que se las tiraba de estar muy buenaza. Refunfuñé y rodeé los ojos cansada pero así me hizo bajar ella, con la camisa estirada y cara de sueño, sin maquillaje (lo que era imperdonable) y sin los zapatos adecuados, vale… ni siquiera tenía zapatos puestos.
Antes de bajar las escaleras ella me prestó unos suyos que me quedaban enormes. Otro out de la moda para mí.
Al bajar, no sé si fue porque tenía tanto sueño o porque mis sentidos estaban hipnotizados por el delicioso olor de comida japonesa pero vi más gente que temprano en el pequeño restaurante, la habitación acuario era más grande que este lugarcito y no podía creer que entraran tantas personas allí adentro.
—Orden 2895. ¿2895? —llamó con voz fuerte una de las chicas en caja, y otro hombre en una mesa casi llegando a la puerta de entrada alzó su mano.
Uno de los niños, el que me sonrió temprano, le entregó un enorme plato con diferentes tipos de sushi y una taza gigante de cerveza al anciano que era mesonero.
—Mira bien cuál es tu trabajo, Mimi —aludió Mitsune, me supuse que hablaba del trabajo del señor mayor. Lo vi tambalearse con lentitud hacia la mesa lejana y sin embargo llegó con una sonrisa bien pintada, el hombre que hizo el pedido le hizo una reverencia y los amigos de éste también, entregándole un par de monedas. El anciano se devolvió pero la chica nunca dejó de gritar números que iban ascendiendo y ascendiendo.
—¿2895 son los pedidos de toda la semana?
Quien me respondió fue el otro niño que también atendía, éste era más grande que el otro, por ende mayor, o al menos eso creía —¿Semana? Mitsune nos mataría, son las órdenes del día.
Y grité, sí, grité. Fui coronada como la empleada-sobrina ilusa del restaurante.
—¿QUÉ? ¿E-el día en-entero? —balbuceé antes de dejar salir algo coherente por mi boca.
—Tenemos mucho éxito —alardeó mi tía a mis espaldas, me extendió un delantal con el símbolo del restaurante y me palmeó la espalda con una sonrisa; como si pudiera olvidar lo que le hizo a mi pobre camisa rosa oscuro—, a trabajar, demuestra que eres una Tachikawa y que naciste para esto.
Demostrar.
Nacer.
Trabajo.
Era lo único que había entendido, ahora sé que acceder fue mi peor decisión en toda Osaka. No sabía si iba a recibir paga por todo esto o no en ése momento, ahora me reía pues muy bien tenía los 50.000 yenes metidos en mi bolsillo. La camioneta roja con abolladuras se sacudió pues caímos en un agujero grande pero aun así logramos pasarlo. Intenté mantenerme "dormida" pero quien sí se despertó fue el gatito que antes dormía en mis piernas, y ahora había tomado lugar a mi izquierda, sobre mi maleta más bonita.
Abrí un sólo ojo, el que Michael no podía ver abierto, y miré al animalito con ganas de estrujarlo para que se quedara quieto, aunque fuera tierno y pequeño. Todo blanco y con una mancha gris en la cabeza.
Volví a intentar dormir pasando la horrible fecha del sábado en la noche. Trabajar hasta la una de la madrugada del otro día fue agotador, sin embargo pude escaparme tres veces exactamente: en la primera tomé el tiempo para poder llamar a Hikari, nuestra conversación duro 10 minutos nada más porque tocaron la puerta como si llevaran el diablo por dentro, era un hombre robusto que no hacía más que agarrarse el estómago.
Lo que me molestaba era que no había un baño de damas y otro para caballero, sino que como el lugar era microscópico no alcanzaba para dos baños, ni siquiera dos tan pequeños y oscuros como ese. A eso de las 21.30 volví a escaparme dejando al pobre señor Takane (ahora me sabía su nombre) a cargo de los pedidos. Volví a llamar a Hikari pero no sin antes detectar el olor a mierda que el hombre había dejado y el submarino plantado en el sanitario, aguanté mis ganas de vomitar pues lo que más deseaba era desahogar mis penas con alguien.
Hikari escuchó mis plegarias a su persona pacientemente.
—¡Esto es un infierno Hikari! ¡Necesito huir, quiero ir a mi departamento, quiero mi casa, quiero mi vida! —grité con sufrimiento en cada sílaba, y eso que aún no me descontrolaba.
«Cálmate, ¿bien? Necesitas relajarte, no durarás mucho allí, ya verás.»
—Hikari, estoy de pie sobre un inodoro que tiene la mierda de un desconocido, ¿y dices que todo va a estar bien…? —volví a gritar del asco pues acordarme de eso me daba más asco.
Hikari ya me había contado por todo lo que habían pasado, desde cuando ella llamó a Taichi y él les ofreció su casa (lo que me daba envidia pues también extrañaba a Odaiba) hasta que llegaron y un muchacho se le lanzó encima dejándola en el suelo, y también lo difícil que estaba la situación con Sora y Tai. Que encontró su habitación pintada y que Sora (en ese momento del día) no quería salir de su habitación por algo que desconocía.
También me contó la atracción que tuvo hacía un niñito que se llamaba Tk, o algo por el estilo y que acababa de llegar con él de una salida de amigos, eso me alegró mucho por mi pequeña Yagami, aunque seguíamos en mi problema.
«Escucha» llamó ella, «llama a Sora… ella no quiere hablar con nadie de aquí, tú puedes hacer como que no sabes nada, y así la ayudas de una vez.»
—Me parece perfecto, lo haré ahora mismo.
«Ok, espero noticias y que te calmes otro poco.»
—Procuraré.
Salí del baño para encontrarme a Keira, la chica de la caja gritona, le sonreí de manera torcida y ella me dio un empujón para que saliera de allí inmediatamente. Tampoco la detuve pues esperaba que le gustara la sorpresita que había en el baño…
La siguiente hora se fue volando entre tanto corre corre de allá para acá con platos ligeros, pesados y algunos eran simplemente muchos platos: de pronto Takane ya no me ayudaba sino que se quedaba sentado y se dormía en el asiento que los clientes iban vaciando a medida que se iban, cuando llegaba otro, lo levantaba como si nada pues al parecer era una costumbre que él se durmiera a estas horas de la noche.
Y por supuesto, a mí me tocó hacer su trabajo.
Ya habíamos llegado a la orden 3154 cuando volví a escaparme al baño, ahora llamaría a Sora. Hikari me aconsejó decir que había llegado el día anterior para que no se preocupara, yo no había llamado al llegar como correspondía y eso la dejaría más tranquila.
«¿Hola?» una voz muy agitada me respondió, en un principio me asusté pues pensé que me había equivocado de número, pero luego de confirmar descubrí que sí era Sora pero que sonaba terrible. Kari tenía razón, ella no estaba del todo bien.
—¿Sí? Habla Mimi ¿Quién es? —pregunté para aclarar mis dudas.
«Soy Sora» obtuve como respuesta pero fue algo muy suave, como si le costara hablar. Cosa que alentó más mi preocupación.
—¿Sora qué tienes? Suenas terrible, hermana...
Ésa era mi forma de indagar en el tema y saber qué le sucedió, al menos a mí no podía decirme que no quería hablar… y es que éramos las mejores amigas.
«No te preocupes, te contaré luego con más tiempo, Mimi.» pero sí podía decirme eso.
—Hum, está bien. Llegué anoche a Osaka, pensé que sería demasiado tarde para avisar, por eso no llamé. Sólo quería que estuvieran relajadas…
Añadí la mentira aconsejada por Hikari a la conversación, oí a Sora suspirar pesadamente en el teléfono, pero aún así siguió hablando.
«Eso es genial ¿Y qué tal todo por allá?»
—No es como me gustaría pero lo soporto —Oops—, ¿y qué tal está Odaiba? Muchos chicos guapos, ¿no?
Sora tardó en responder.
«Es lindo, no ha cambiado en mucho»
En ése momento escuché la puerta del baño estremecerse con fuerza, más fuerza que la del hombre robusto. Me asusté y mi teléfono se resbaló por mi pérdida de equilibrio.
—Bueno Sorita, te dejo. Dile a Hikari que llamé y que no se preocupe de nada, dile que yo me encargo. Beso…
Tranqué el teléfono apresurada y abrí la puerta guardándolo en mi escote para que no lo vieran y me lo quitaran, en un caso peor, me lo robaran. Quien estaba detrás de la puerta no era otra sino que Mitsune, ¿que qué quería? Joder, joder, joder.
Ella me regañó frente a todo el restaurante, y me acuso de tener incontinencia urinaria por mis múltiples escapadas al baño y las frecuencias de éstas. Todo en frente de todos, perfecto, ¿no? Y no hacía más que acusarme con su dedo como si fuera una barita mágica capaz de cumplir todos los deseos que ella tuviera en mente. Supe que en ese momento ya odiaba a Mitsune y comprendí por qué mi padre no se acercó a su hermana por tantos años, y también porqué cuando le decía que iba a llamarla me respondía con un: "Haz lo que quieras y enfréntate al diablo solita."
Y mientras toda la acusación sucedía, Keira no hacía más que reírse de cómo me humillaban. Los demás guardaban su posición seria: Marie, otra de las cajeras e hija de Mitsune, por ende mi prima; Tatum el niño antipático que acompañaba a Haruso, también mi primo. En la cocina los cuatro chicos eran Takashi, Steve, Momoe y Hiroshi. En ese instante no sabía bien sus nombres pero luego de estos tres días allá podía recordar hasta sus rostros a la perfección, sin embargo no quería recordarlos porque los golpearía a todos menos a Marie, Haruso y Steve.
Por mí el resto podía comerse la mierda del sanitario.
No volví a entrar a hacer llamadas en toda la noche y no cerraron hasta que llegó el último cliente a las 00.42 que gracias a Dios pidió su comida para llevar. Así terminó mi día agitado en Osaka, comprendiendo que mi tía era una bastarda que no merecía tener el apellido Tachikawa, sólo esperaba que no se repitiera el domingo… pero estaba muy equivocada.
Ahora, cuando ya íbamos entrando a la ciudad de Nagano, que era un terreno bastante extenso, me cambié de lugar pues no aguantaba todo el peso en mi mano derecha. Al cambiarme de lugar tanto el gatito como Michael voltearon a mirarme, éste último dejó salir una enorme sonrisa mientras que el gato se estiro con elegancia y se pasó al otro lado para que yo no lo diera la espalda.
Era un gato muy arisco y consentido.
Lo único bueno que le encontraba al recuerdo del domingo fue que conocí a Michael y a su hambre descontrolada por el pulpo que preparaba Hiroshi, y el cariño que le tenía a Haruso.
El domingo me desperté realmente cansada y cada milímetro de mis pies me dolía como si me hubiera mordido una serpiente. Incluso soportaría más a un calambre o un desgarre muscular, la noche la pasé en la habitación bonita con Marie, Haruso y Steve haciéndome compañía, Mitsune ocupaba otra habitación con su esposo, a quién nunca conocí en mi estadía en Osaka. Vuelvo a corregir, me despertaron, esta vez con menos violencia porque Haruso era un niño de apenas 15 años; cuando desperté él estaba a mi lado dándome palmaditas en el hombro, al abrir mis ojos él se volteó como si no hubiera notado lo que hacía, a lo que me reír con timidez.
—Buenos días, muchacho —le saludé, mientras bostezaba y me estiraba con las manos al aire.
Las otras camas estaban vacías pero quien entró en seguida fue Marie con una cara de preocupación, pero al verme despierta sonrió como si el alma le regresara al cuerpo, cosa que me pareció rara.
—Mamá no despierta aún, Steve acaba de bajar para abrir el restaurante —dijo ella aún pegada a la puerta.
—¿Está loco? —inquirió Haruso—, ¿acaso ya llegaron los demás?
—Creo que Momoe está abajo con Keira, sea lo sea debes vestirte rápido Mimi —ahora ella me miraba a mí, se acercó y me levantó del suelo a pesar de que ella fuera… ¿2 años menor que yo? Quizá tres—, si mamá te ve así estarás en graves problemas, Keira seguro la despertará.
—¿Y ella dejaría que una empleada suba a su casa a despertarla a tempranas horas de la mañana? —pregunté mientras buscaba mi cepillo dental y la ropa adecuada para vestirme, aún así Haruso captó que iba a quitarme la ropa y salió con el rostro sonrojado cuando saqué de mi maleta un brasier; Marie, su hermana mayor, rodó los ojos.
En serio que Mitsune era de una especie muy extraña, no sé si estaba equivocada pero notaba una extraña molestia en el pequeño castaño cuando hablaban de su madre y en Marie la incomodidad de sus palabras, no que la odiaran pero simplemente que no le agradara.
—Keira es como su verdadera hija, han trabajado juntas desde hace cinco años, a papá tampoco le importa.
—Entonces Keira tiene unos cuantos años encima, ¿no?
Comencé a cambiarme de espaldas a la pared aunque también me daba lo mismo que mi prima me viera, había quedado en peores situaciones en mis clases de actuación, principalmente en la obra de los Dioses Griegos, porque hacer de Venus era un gran papel y la muy… siempre estaba desnuda.
La vergüenza también era algo que superaba fácilmente.
—Algunos… creo que llega a los 23 como Momoe —ella sonrió y se rió un buen rato para sí misma—, no sólo eso, sino que hoy es domingo y vienen unos clientes especiales.
—¿Especiales?
Y ahora ya sabía qué tan especiales eran esos cuatro…
—Sí. Son hijos de un gran amigo de mamá, por eso debemos tratarlos muy bien… Nada de groserías, caminar con elegancia y servirles en la mejor bajilla —Marie suspiró cansadamente mientras terminaba de contarme las reglas.
Estaba casi lista, me había puesto uso vaqueros y unas zapatillas doradas sólo para no usar los zapatos incómodos de mi tía. No cometería ese error de nuevo. Supe que en ése instante debía de estar buscando otro lugar a donde irme, lo mejor sería muy lejos de Mitsune. O un lugar que ella desconociera, así que quien podía ayudarme era mi prima cómplice, seguro ella no quería que me quedara aquí sufriendo por siempre, ¿o sí? ¿Desearía que yo también sufriera lo de ella?
Entonces, acabando con mis pensamientos de ése tiempo, alguien abrió la puerta y quien apareció detrás fue Steve, que sangró, sí, sangró al verme con el brasier puesto en la parte de arriba nada más; la reacción de Marie fue carcajearse con todas las ganas y la mía cubrirme con mis manos finas (como si eso cubriera mi pecho de talla 34B). Fueron alrededor de 30 segundos, luego cerró los ojos y cerró la puerta de un portazo que hizo estallar carcajadas más sonoras de mi prima.
Sin duda el parecido que tenían ella y Haruso se notaba precisamente en sus ojos chocolate, la piel tostada y el cabello oscuro, no negro, pero sí un castaño bien fosco. Entre otras de las cosas que ella llegó a contarme fue que Steve no era su hermano como tal, sino que era el hijo del esposo de Mitsune, y no recordaba su nombre porque jamás me pareció importante. Esa podía ser la explicación de que se impresionara al verme, aún así quedaba esa cuestión de que Haru, como comencé a decirle de cariño, sí se comportaba extraño.
Al momento bajamos ambas listas, perfumadas y listas para recibir a los clientes de oro, yo me los imaginaba como a unos ancianos adinerados y con tres mujeres en las costillas como bien lo hace Hugh Hefner, o quién sabe cuántas más.
Los cuatro en la cocina ya estaban en su labor diaria, sin risas, con miradas enojadas trabajando por obligación, ésa era una de las cosas que más odiaba, la tensión que había entre los mismos trabajadores era pésima y me aplastaba más los ánimos. Al entrar a la parte del frente Keira ya había comenzado a gritar números, y llegaba al 53 como si fuera magia, y era Haruso quien cubría mi lugar de mesera; me puse el delantal y le sonreí al pequeño de quince años.
Los minutos y las horas se me pasaron con más relajo que el sábado pues no sentía que el restaurante estuviera hasta el tope sino que la gente iba y venía, aparte la frescura en el ambiente, me ponía de buen humor haber tratado con mis primos también. Cuando era algún plato demasiado grande, como la orden 103 del día, Haruso corría a ayudarme. Él, para tener apenas quince añitos, era bastante alto y sus músculos obviamente más notorios para cargar cosas pesadas no como mis bracitos que eran unos fideos al lado de los suyos.
Y eso que yo hacía ejercicios.
Cuando me di cuenta, ya habíamos pasado de las dos de la tarde y Mitsune no daba señales de estar por allí cerca, hasta que se hicieron las tres y media y llegábamos a la orden 984, sí, tanto se llenaba.
Abrí ambos ojos y estornudé ahora despierta, Michael me miró con gracia a través del retrovisor y el gatito se asustó cayendo al suelo de la camioneta; ya él sabía que estaba despierta y de nada valía seguir haciéndome la dormida. Me bajé y busqué al animal levantándolo del suelo y poniéndolo en mis piernas como al principio de mi viaje.
—¿Por dónde vamos? —le pregunté a mi querido conductor, él volvió a mirar al frente y me respondió con esa voz que tan bien me hacía sentir.
—Nagano aún, pequeña.
—Dormiré otro ratito, aunque me duela el trasero.
Lo escuché reírse y ahora sí, volví a mi acto de sueño, simulando que Morfeo me tenía bajo su poder. Volví a retomar esa parte donde Mitsune apareció con un kimono muy bonito color rojo sangre, salió directo y despidió a unos clientes de una mesa que daba justo en la ventana al lado de un pequeño acuario que tenían con un pulpo diminuto.
Luego escuché la campanita que anunciaría la orden 985, o eso esperaba. Los que entraron fueron tres chicos que no pasaban de los veinticinco años, uno de ellos, el gordo (no era que me gustara resaltar a los pasados de peso, pero se notaba tanto al lado de los dos flaquitos) le guiñó un ojo a Keira y esta sonrió pesadamente, como si en serio no lo soportara. Marie, por su lado aguantó la risa y los saludó con la mano, estos le respondieron el gesto con unas sonrisas blancas al estilo Colgate. Mitsune comenzó a atenderlos con una amabilidad parecida a la que me recibió la tarde anterior. Tatum, el otro ayudante, no dejaba de entrar y salir de la cocina y yo sólo escuchaba los choques de ollas y cucharas grandes.
Lo primero que pensé fue que ellos eran los clientes dorados.
Mitsune se retiro y volvió con cara mala, pero aún así Marie le preguntó algo:
—¿Y el otro?
—No lo sé, atiéndanlos a ellos —ordenó, pero luego su cabeza se volteó hasta tenerme justo en frente—. Mimi, sé una dama con ellos y cumple todo lo que te digan.
Todo…
Todo.
Me repetí, el viejo Takane no había ido hoy a trabajar por lo que yo debía llevar todos los platillos que Haruso iba arrastrando; él tuvo intenciones de ayudarme pero Mitsune lo regañó por querer hacerlo y no me quedó de otra que sacar fuerzas de donde no las tenía. El primer plato era un Sekihan gigante, con una botella de Sake incluida y sus recipientes. El olor sencillamente era divino y mientras caminaba con ese olor penetrando en mis pulmones olvidé el caminar que me habían enseñado en mis clases de modelaje.
Al llegar, los tres me miraron asombrados, supuse que era porque jamás me habían visto en la ciudad y eso los dejaba un poco desconcertados. Apenas puse el pesado plato en la mesa, les hice una reverencia y con la voz de niña buena que ya había ensayado muchas veces les dije:
—Espero disfruten su comida —miré a cada uno, el grandote tenía los ojos puestos sobre la comida con cierta discreción, el flaco de cabello largo se cruzó de brazos y me prestó atención examinándome con la mirada—. Si surge algún inconveniente no duden en llamarme, señores.
—¿Señores? —llamó uno de ellos cuando estuve de espaldas.
Luego tomó la palabra sólo uno.
—No somos unos ancianos.
—Mis más sinceras disculpas —aludí antes de que otro fuera a dar su punto de vista—, soy nueva aquí, así que no sé mucho de éste mundo.
—Nos damos cuenta, chiquita —dijo el más grande, porque con esa voz que tenía ya me daba miedo llamarlo gordo en mi cabeza y que pudiera oírme—. Yo soy Lee Poi, y me gustaría que me dieras un masaje mientras como mi orden del día.
Abrí los ojos al doble y miré hacia atrás para encontrarme con la mirada furtiva de Mitsune, todo porque le iban a pagar de más. Tragué saliva y me acerqué al hombre grande mientras con todo asco intentaba masajearle la espalda grasosa, los otros dos comieron sin eludir palabras pero él seguía diciendo bla bla bla bla, y a veces le respondía alb alb alb para que dejara de molestar.
Ése era el primer plato de los tres hermanos Poi, hasta que llegó, me supuse yo, el cuarto hermano, aunque no tenía nada que ver con él, ni siquiera con los hombres o chicos que venían a comprar, ése era Michael. En mi recuerdo sonreí feliz al verlo, como toda una estúpida y ahora en su auto también lo hacía, cosa que también lo ponía feliz a él también.
Aún plantada en la mejor escena del domingo, Michael se sentó al lado del de cabello largo y los saludó de manera informal, fue Momoe, la cocinera preferida, quien trajo el segundo plato con una sonrisa que jamás había visto en nadie, o quizás sí, en aquellos días de Odaiba donde Sora solía salir con Taichi… ésa sonrisa empalagosa. Momoe dejó el Katsudon con cuidado sobre la mesa, e inmediatamente los chicos comenzaron a devorarlo; aun así, quien más comía y el único que no había hablado era Michael, tenía un apetito voraz que dejaba con la boca abierta.
—¿Así está bien? —pregunte, ahorrándome el "señor" y así evitar otro castigo.
—Sí, preciosa, muy bien; puedes irte.
Al voltearme sentí instantáneamente su palmada en mi trasero, lo que me hizo encararlo hecha un diablo. Pero antes de regresarle una cachetada habló Michael, con la boca llena, pero habló:
—Lee, si ella no quería no tenías porqué darle mano… no estás tratando con ninguna ramera, es una jovencita que viene a conseguir trabajo, ¿me equivoco?
—No, de hecho se equivoca —respondí aún molesta—, soy sobrina de Mitsune Tachikawa, me llamo Mimi.
Presentaciones que no debí hacer.
Mamá me había enseñado a no hablar con extraños pero desde que me mudé a Hikarigaoka, perdón, desde que cumplí los veinte eso me daba igual pues era una adulta y necesitaba socializar para conseguir empleo, pero decir mi nombre a cuatro tipos que parecían mafiosos era un error grandísimo.
Me retiré sin más nada que decirles, pero aún con la idea de que Michael hizo el intento de defenderme, aunque no estaba segura de eso. Luego de un poco de Kakigori, que era el helado de postre, ellos se fueron dejando la jugosa paga en cheque, siendo el más flaco de cabello corto quien intentara coquetear con Marie logrando que esta lo ignorara.
El día, de allí en adelante, ocurrió de manera paralela al del día anterior llegando a la orden 1650, más de el doble, pues era en verdad un restaurante muy conocido aunque demasiado pequeño. Desistí de llamar a las chicas sólo por hoy, también para no recibir acusaciones de enferma o algo por el estilo; otra cosa que me olvidaba que había sido buenísima de todo el domingo fue mi paga, ajá, mi primera paga… pensé que no recibiría nada pero por el contrario Mitsune me felicitó por mi trabajo con los hermanos Poi y así llegaron los 50.000 yenes a mis bolsillos.
El siguiente día, lunes, mejoró con una visita al atardecer, buscando Kakigori de nuevo. Quien corrió a atenderlo fue mi tía, esta vez sin el kimono bonito y la cara se le puso dura al llamarme.
—Mimi, Michael necesita hablar contigo —dijo mirándome a los ojos preguntándome qué había hecho, cosa que yo también me preguntaba a mí misma: ¿Qué hice mal?
—Sí, así es, pero aquí no —mi tía volteó y abrió la boca, aunque el muchacho se la calló enseguida—, quiero llevarla a la costa a dar un paseo.
—¿Disculpa? —en mi cara debía tener un signo de interrogación pintado porque él no hizo más que reírse.
—Como una cita, vengo a pedirle permiso a tu tía.
Noté como ella suspiraba cansada y detrás, Keira fruncía el ceño mientras Marie y Haruso, mis nuevos cómplices con los que me llevaba muy bien, se reían de la situación sin dejar de atender a los clientes, Tatum estaba extraviado del mundo, trabajando como un robot.
—Esta bien —aceptó mi tía, mientras yo en mi cabeza comencé a gritar frenéticamente—, pero debes traerla antes de la media noche.
—Claro, eres como Cenicienta —Michael me miró y me guiñó un ojo, Keira, detrás de mí, bufó. El rubio tomó mi mano y me indicó salir del establecimiento, no sé porque salía con un extraño pero mientras más tiempo pasaba con él más escuchaba a Satoe repitiendo que tuviera cuidado.
Dejamos el restaurante detrás pero caminamos entre las apretadas calles de Osaka. Sólo mis primos guardaban el acento de Osaka, pero mi tía conservaba el normal y Michael simplemente no hablaba demasiado bien el japonés, lo que me hacía risa… y él se daba cuenta.
—¿De qué te ríes? —preguntó con amabilidad aún recorriendo calles para llegar al Acuario.
—De ti —le respondí sin pena.
No me molestaba eso de querer salir, había sido muy caballeroso en invitarme y pedirle permiso a Mitsune, aún así… ¿por qué yo? Sabía que era hermosa, alta y grácil, pero eso no me respondía mucho. Intentaba no acercármele demasiado por el miedo a que me secuestrara y me llevara con el grandote de nuevo.
—¿Por qué me invitaste?
—No lo sé, fue algo así como un impulso; me pareces hermosa Mimi.
—Gracias.
No respondí más nada pero seguimos bajando las calles, al llegar fue él quien pagó y pudimos entrar a ver las millones de especies marinas. De hecho, desde aquel momento no hablamos, fue como si a él se le quitaran las ganas de hablarme y a mí me cerraran la boca para no cagarla o decir algo que levantara sospechas de que a mí también me parecía guapo, no todos los días encontrabas a un rubio ojiazul dispuesto a salir contigo, con un gran físico y probablemente dos años mayor que yo, pues aún no tenía arrugas en su hermoso rostro.
Al salir del enorme lugar, Michael dejó salir una sonrisa y le regaló esa alegría al aire. Me sentí tan feliz como él porque contagiaba esa felicidad.
—Gracias por venir conmigo, Mimi.
—No hay de qué, tu compañía ha sido todo un gusto pero, ¿eso no ocasiona problemas con los demás?
—¿Te refieres a los Poi? —yo asistí con vergüenza—. Para nada, yo sólo soy su socio, no tenemos nada en común y almorzar con ellos en el restaurante los domingos es una costumbre —Michael hizo silencio pero nuestros pies se movieron hasta la costa donde ya estaba anocheciendo—. ¿Por qué trabajas con tu tía? Nunca te había visto atendiendo y tengo alrededor de un año que visito ese restaurante.
Decidí ser sincera pues tampoco ganaba demasiado mintiendo, ¿qué podía decir? ¿Qué quería hacerlo? Cualquier idiota se daba cuenta que ése no era mi lugar; me cansaban las mentiras, lo que necesitaba era alguien que no fuera Marie (porque hablaría mal de su madre y eso no sería correcto), ni Hikari porque jamás sería lo mismo por teléfono que se frente.
Suspiré y me apoyé en la barrera de la costa —Te lo voy a resumir: Vivía con mis amigas en Hikarigaoka, nuestro departamento se inundó, tuve que mudarme, mi tía me obligó a trabajar y mis amigas están distanciadas. Creo que todo influye con todo.
—¿No quieres estar aquí? —yo negué suave sin mirarlo—. Entonces vete.
—Claro… ¿Y a dónde?
—¿Dónde están tus amigas?
—En Odaiba, pero eso sería muy malo de mi parte y…
—Pregúntales, no pierdes nada con preguntar —Michael lanzó su teléfono y lo atrapé con torpeza para que no se cayera—, las chicas como tú no deben ser infelices.
—¿Sabes qué?, estás demente… No lo haré, me voy a quedar aquí hasta poder pagar un departamento en Tokio y se acabó, no hay que discutir.
—Eres realmente terca —él rodó los ojos—, solamente preguntarás la dirección, diles que te la pasas mal y que te den ayuda mientras yo busco algún departamento para ti en Tokio, sería perfecto… viajo bastante y conozco las ciudades así que…
—Suficiente, cierra la boca y llévame a casa. No quiero que me ayudes, ¿ok?
Me harté y le regresé el teléfono móvil, caminé pisando fuerte para quitarme la ira pero él siguió hablando como si no entendiera que estaba molesta.
—Considéralo. Además no te estoy pidiendo que vivas conmigo.
—Ya está, voy a confiar en un extraño —aclamé llena de sarcasmo.
Michael suspiró cansado y me tomó de los hombros para que volteara a verlo, y lo soltó como una bomba que se estrelló en mi mente: —Lee vendrá por ti, el miércoles.
—¿Qué?
—Quiere que te vayas con él y no lo voy a permitir, grábatelo. Haré todo lo que pueda hacer para que eso no pase, así tenga que secuestrarte.
No entendía demasiado bien, hasta donde me acordaba Lee era el grandote al que le había masajeado la espalda asquerosa y con eso de que quería llevarme me había matado, entonces él no era el grandísimo interesado porque fuera bonita, sino el otro. Michael sólo quería protegerme y yo no sabía en el lío en el que me había metido, definitivamente no lo sabía.
—Nos vamos el martes —dijo él como una orden—, te daré tiempo de escoger a dónde irte.
Supe que no mentía no sólo por la mirada sino que también él trabajaba con ellos desde hace mucho y eso lo hacía un cliente de oro, lo que ya tenía la respuesta que en serio debía estar muy integrado a esos hermanos. Aún quedaba la duda de que podía ser una trampa pero… juzgar a un libro por su cubierta era algo que hacía muy a menudo y que a fin de cuentas terminaba siendo algo completamente distinto.
—¿Por qué me quieres ayudar? —le pregunté mientras retomábamos el camino a casa.
—Mimi, no es eso… es que ya pasó una vez y no quiero ver a otra chica sufriendo lo mismo que sufrieron las demás, es suficiente y alguien tiene que detenerlo.
Miré como sus ojos se tornaban tristes y distantes a la luz de la luna, cómo detrás de él se paraba una sombra de recuerdos nada agradables que tal vez nunca llegue a conocer.
—Ok, supongamos que te creo. Dame alguna… prueba… o algo que me permita saber que en realidad me vas a llevar a donde yo te diga.
Michael no culminó de dar la vuelta cuando me tomó el rostro y lo volteó hacía él dándome un beso en los labios profundo de unos cuantos segundos; quedé embobada y más confundida de antes, pero lo principal era saber, ¿cómo me diría eso que confiara en él?
—¿Qué te dice el corazón ahora?
La ciudad siguió moviéndose pero mi mundo, que incluía a Michael en él, se detuvo y sólo escuché a mi corazón bombear sangre con más rapidez, recorriendo mi cuerpo y llenándome de esa cosa que no sabía qué era pero me hacía sentir viva y querida. Lo primero que reaccionó en mi mundo fue mi mano, que se estrelló en su rostro y luego comencé a reírme, y él me acompañó en la carcajada aunque para él no debió ser tan divertido recibir un golpe de una chica que le llegaba a la estatura perfecta y podía verlo de frente a frente sin problemas.
—Buen derechazo —me dijo.
—Cierra la maldita boca —fue mi respuesta entre risas.
Llegamos al restaurante pero no me volví a despedirme, en ese momento lo primero que pensé fue que había hecho todo eso sólo para besarme… ¡vaya tonto! Como si eso pudiera lograr que me fuera con él… aunque la tonta era yo, porque todo lo que dijo era verdad.
Lee vendría por mí.
Yo tendría que correr.
Tenía que confiar en Michael.
Debía escapar.
Y lo haría con él.
Y esa era la parte que aún me costaba creer.
Caímos en un bache y la camioneta anciana se sacudió toda, levanté mi cabeza del asiento y me estiré ya sin ganas de fingir, así que tomé al gatito y comencé a acariciarle el pelaje blanco de éste. El gato era un regalo de Steve. El martes les anuncié a los tres: Haruso, Marie y a él mismo, que me iría en secreto y que no dijeran nada del lugar a nadie, principalmente a su madre. Porque según lo que me dijo Michael el lunes, eso era peligroso.
El lunes concurrió de la misma forma hasta al atardecer, que Michael volvió a buscarme pero para algo que esta vez sería rápido. Me había decidido por llamar a Hikari y preguntarle si quedarme o no; ése día me contó que al parecer sentía algo por el niño que vivía en casa de Taichi y que acababa de darle el primer beso, grité emocionada con ella desde el teléfono, cosa que asustó mucho a Michael.
Con Hikari me sentí libre de contar lo que estaba pasando, y aunque Michael estuviera allí, él también sabía lo que me había pasado en mis dos días pasados. Ella misma me ofreció quedarme allí, y me prometió charlarlo con Taichi apenas éste llegara de un viaje; nuestra conversación llegó hasta allí pues se consumió el crédito de Michael. El plan hasta ahora era irnos el martes en la tarde, como si volviéramos a salir pero no regresaríamos. Haruso me pasaría las maletas por la ventana y Michael las atraparía mientras yo aún atendiera a los clientes y Marie distraía a su madre gruñona.
A mis primos no les pareció buena idea al principio pero les juré que sabía cuidarme yo sola y que mis clases de defensa personal aún tenían efecto en mí. Así llegó el martes; todos en sus puestos listo para el primer, único y último asalto.
Ése día me vestí más deportiva de lo que solía estarlo, la única que lo notó fue Momoe pues al pasar no me quitaba la mirada y yo se la devolví con todas mis ganas.
La orden 1023 se acercó y al entregarle a la chica su Fugu, mi teléfono escondido en mis bolsillos enormes del pantalón comenzó a vibrar y me alejé un poco para responder.
—¿Sí, diga?
«Mimi, deben apresurarse, voy camino a buscarte»
—Pero aún es demasiado temprano, no hemos tomado puestos —susurré aún no sabía si podía escucharme tan fuerte porque todo el restaurante hablaba al mismo tiempo, los niños, los viejos, y Takane atendiendo mi puesto mientras tanto.
«Lee se adelantó y va camino hacia allá, necesito ir por ti inmediatamente antes de que enloquezca» habló él, comencé a caminar rápido hacia Haruso pero me quedé inmóvil para continuar escuchando a Michael «Deben bajar todo rápido, estoy llegando, te doy 10 minutos para lograr escapar, ¿entendiste? 10 minutos.»
Me tardé en responder, pero Haruso logró escuchar la conversación con éxito y fue él quien le respondió al chico al otro lado del teléfono —Sí, ya entendimos, nos pondremos a trabajar —y Haruso colgó el celular regresándolo a mis manos—. Mimi, debes correr, yo comenzaré a alistar todo arriba y Marie me ayudará distrayendo a mamá.
Sólo asistí y me quedé helada con la idea de que Lee llegara antes que Michael, en los días que salimos él me contó de lo peligroso e ingenioso que era el gordito (sí, él lo llamaba gordito), el riesgo que implicaba gustarle y que una de las que habían pasado el mal rato con Lee era Keira. Parpadeé y ella me llamó para llevar una orden, obedecí aún temblorosa y asustada con la idea de lo que podía hacerme; también guardaba el miedo de que Michael fuera más bien el que me llevara hacia él, como había dicho mi primo.
Cerré los ojos y me dije a mí misma que debía confiar más en la gente, porque no todos me iban a traicionar como lo había hecho Takuya, pero tampoco serían una cerecita como lo eran Haruso o Steve, quién en ese momento salió de la cocina y se dirigió con un gato gordito y peludo acariciándolo y saliendo por el frente del restaurante. Eso llamó la atención de todos pues era antihigiénico hacerlo a la vista de todos pero yo lo seguí simulando que lo regañaba hasta el callejón.
Él me dejó allí y justo estaba la camioneta estacionada, con Michael afuera recibiendo las maletas desde el segundo piso. Steve lo ayudo a ponerlas en la cajuela pero la más pequeña la metieron en el asiento de atrás donde también me senté yo. Entonces escuchamos un ruido, algo fuerte se rompió dentro de la casa, Haruso desapareció de la ventana y lanzó sin cuidado el otro bolso; yo me bajé asustada y miré hacia arriba esperando ver algo, pero sólo escuchaba los gritos de Marie y Mitsune.
—Haru, ¿qué sucede? —grité hacía arriba pero quien respondió fue Steve.
—Es Mitsune… seguro volvió a golpear a Marie.
—¿Qué? ¿Cómo que la volvió a golpear? —no podía creerlo, y todo era mi culpa.
Michael se fue corriendo a encender el motor, yo necesitaba saber más de eso, no como si pudiera hacer algo de todos modos, sino para saber qué clase de monstruo tenía por tía y cómo hacía sufrir a la pobre Marie.
—Pasa cuando Marie le miente, yo estoy algo acostumbrado pero Haruso siempre interviene y ambos terminan heridos.
—No… por Dios…
—¡Mimi, vámonos, Lee no tarda en llegar! —me llamó Michael con la puerta aún abierta, pude ver como el gatito que Steve acariciaba hace rato estaba dentro del auto asustado también por los gritos.
En el primer instante no me moví porque escuché a Mitsune llamarme por la ventana.
—¡Y tú también eres una malagradecida! ¡Eres igual a tu padre, un perro arrastrado por dinero!
Steve me dio un empujón y me llevó hasta el auto, me sentó sobre el asiento y cerró la puerta de éste mientras Michael (gracias a Dios Mitsune no vio que era él quien manejaba) pisó el pedal con lentitud no sé si para que yo me despidiera o porque la camioneta no podía empezar tan rápido.
—¡Dile a Mitsune que lo siento mucho…!
—Y tú cuídate, Mimi —me respondió corriendo pegado a la ventana del auto colorado—, y al gatito también.
—Lo haré, y gracias por todo; sé que aún me queda familia en Japón en la que puedo confiar.
No dijimos más nada porque la camioneta rugió y cruzamos la calle apresurados, Michael se saltó varios semáforos y me asusté con miedo a chocar pero él era un gran conductor y sabía lo que hacía. El rubio suspiró cansado y lo dejé respirar tranquilo para luego poder preguntarle qué haríamos, o mejor dicho, qué caminos tomaríamos.
—Seguramente Lee acaba de llegar, hará un gran escándalo al no verte.
—¿Qué tipos de escándalos? No le hará daño a nadie, ¿cierto? —pregunté abrazando al gatito blanco y éste ronroneaba entre mi pecho y mis brazos.
—No lo sé Mimi, Lee es muy listo y te perseguirá enseguida.
—¿Cómo que no lo sabes? ¡Y si le hacen daño a mi familia! —apreté al gato con fuerza contra mi pecho como si fuera una almohada lo que lo molestó instantáneamente y me aruñó las manos con sus garras afiladas—. ¡Maldito gato de mierda! Debí dejarte con Steve.
Nadie dijo más nada, el viaje hasta ahora me había traído esos recuerdos que, por una parte me hartaban de risa, y por otra me hacían sentir pésima. También llamé a Kari para decirle que iba camino a Odaiba y necesitaba tener el permiso lo antes posible, costara lo que costara. Ya era miércoles al medio día y había mucho calor por lo que me quité la chaqueta que llevaba puesta y me quedé con la franelilla blanca.
—¿No tienes calor? —le pregunté a Michael que no se había movido ni hablado, ni reído, ni nada en un buen rato. Él llevaba su mismo abrigo de la noche y no había tenido intención de quitársela.
—No, creo que el calor es algo subjetivo.
—¡Eres igualito a Sora!
Ahora sí, volvió a reírse. Miré a mi lado derecho y observé con claridad el letrero que anunciaba que estábamos en Saitama, nos quedaban unos cuantos kilómetros para llegar a Tokio, pero no me importó demasiado pues en sí quedaba bastante para poder llegar a Odaiba. Me sumergí en mis caricias hacia el gatito que aún no tenía nombre, pero definitivamente tenía algo que me recordaba a mí misma, desde su pelaje blanquecino hasta su mancha en la cabeza que lo hacía único, esa manera de ser lanzado y aventurero por venirse con una persona que ni siquiera termina de conocer.
—¿Momo? —lo llamé y él volteó inmediatamente, le sonreí y Michael se puso atento.
—¿Qué dijiste?
—¡Humo, humo! —grité, Michael detuvo el auto y me bajé de la camioneta con el gatito aún en las manos para ver como salía el humo del motor recalentado por el viaje tan largo.
Michael también se bajó y corrió a levantar la capota de la Mitsubishi para que todo le cayera en el rostro. Me acerqué para ver el motor y verificar que sí necesitaba una ayudita. Él se quitó la chaqueta y el sudor de la frente también para comenzar a "reparar" el motor, pero con esa carita que tenía yo no le veía futuro como mecánico.
—¿Ahora sí tienes calor señor subjetividad? —pregunté con picardía mientras me acercaba a revisar también, sabía que no era la mejor reparadora de autos pero podía ayudar en cualquier cosa, eso incluía molestar a Michael un rato.
—No, sigue en pie mi teoría de "mente fresca, cuerpo fresco" —respondió con una sonrisa.
—Y me sigues recordando a Sora…
—¿Quién es Sora? —inquirió mientras desconectaba y conectaba unos cables, yo lo miraba atenta.
—Una amiga, mi mejor amiga.
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Sora Takenouchi POV's
—¡No, no, no, Takeru! —le reclamé cuando se acercó a mí con la cámara de Hikari para tomarme fotografías limpiando, en serio odiaba las fotografías por un maldito recuerdo dejando una herida abierta que aún estaba infectada y dolía—. ¡Basta! Si sigues con eso me comeré tus sesos en la noche Takaishi, ¡sé donde duermes!
—Uy, que miedo —le cerré la boca cuando le lancé el pañuelo lleno de polvo en la cara y estornudó automáticamente—. ¡Sora!
—Te lo mereces por payaso.
—Toc, toc —dijo Hikari, eso me asustó mucho pues había olvidado que ella también llamaba a la puerta de esa manera, igual que su hermano.
Toda la noche la pasé durmiendo, eso fue bueno. Tampoco me despertó algo malo como para arrepentirme de babear la sábana, pero sí soñé con algo que no debía soñar; comprendí por fin ambas imágenes que tuve hace un tiempo… quién estaba sobre mí en la habitación especial de los chicos. En mi sueño-pesadilla me encontraba con ropa íntima de color oscuro, mi piel estaba más pálida que de costumbre y aquel hombre, con su cuerpo tostado me ató a su pecho y me besaba el cuerpo sin control hasta que yo también decidí comérmelo y hacerlo mío.
Ya me había encontrado con Taichi un par de veces en el día, Hikari notaba mi inquietud y seguro, cómo me coloreaba toda cuando me preguntaba qué planeaba o cómo me pondría al ver otra vez a Mimi. Sí, ahora me daba miedo soñar con Taichi, aunque no podía negarlo, se sintió tan bien ser suya por ese instante y sucia también, porque es mi mejor amigo y no había razón científica para imaginarlo sobre mí, prefería soñarlo con Takeru…
—¡Sora! —me llamó el rubio pues me sentí ajena a la conversación con Hikari por estar metida en mi mundo. ¡Ay no, ahora no podía ver a Tk luego de imaginarlo sobre mí! ¡Maldición! ¿Por qué tenía que dármelas ahora de pedófila?
—¿Sí? —le contesté bajando la cabeza.
—¿Piensas seguir limpiando el primer piso o vas a cambiarte para recibir a la nueva inquilina? —fue Kari quien me respondió con una sonrisa traviesa, no me había dado cuenta pero ella ya estaba vestida, traía unos jeans negros y una playera pequeña blanca junto con una chaqueta azul marino que resaltaba la gargantilla verde menta que la misma Mimi le había regalado por su primer cumpleaños en Hikarigaoka, y oficialmente como "mujer".
—En seguida subo.
Takeru y Hikari subieron corriendo, últimamente las escaleras estaban más iluminadas aunque fuera de noche por una extraña razón que sí sabía: amor. Takeru sentía algo por Hikari de lo que yo ya me había dado cuenta, porque esas miradas sólo se ven en dos personas, ése amor, o atracción por lo menos, era una cosa que Tk y Kari tenían y yo no volvería a sentir jamás. Al menos en esta vida.
Me sentía negada a amar, no quería sentir nada por nadie en el mundo pero me costaba con estos dos chicos. Estaba Tai, el chico de mi vida y mi mejor amigo, era hacer lo correcto y lo normal, que me atrajera no era una novedad y ver esos ojos chocolates enamorándome más de ellos era descubrir el agua tibia… pero sentía que había una línea traslúcida que me daba miedo atravesar y no quería ser yo quien diera el primer paso, porque temía que de esa línea en adelante el piso fuera de lava y me carbonizara en él.
Quedaba Yamato, un idiota acosador que me volvía loca y se metía en mi cabeza como un parásito, y tanto que me gustaba pensar en él; sentía que me idiotizaba con más rapidez y eficacia que con Taichi, que Yamato tenía más control sobre mi piel del que yo misma tenía, simplemente no podía explicar la inclinación que tenía por ese rubio, pálido y con cuerpo de espagueti. Si me iba por el exterior, visualmente Taichi era atractivo y de mejor físico que Yamato (porque siempre me gustaron más los morenos que los hombres de nieve) e interiormente, Taichi seguía ganando pues la mente del rubio no era una fresita precisamente (aunque Tai también tenía un lado perverso) pero Yamato seguía atrayéndome mucho más.
¿Por qué?
Parafraseándolo a él mismo: ¿Podría hacerme preguntas que una Alienígena normal pudiera responder? Claro, cuando fuera un ser de otro planeta NORMAL, las comenzaría a hacer.
Recordé el mensaje de Henry que había enviado ésta mañana. Aunque en realidad me quedé pensando en sólo una parte del mismo:
«Creo que es por esa cosa de que a las mujeres les gustan los hombres rudos y que las hagan sentir mal, porque al menos así se sienten valiosas. Les gusta dárselas igual de malas y luego volver, les encantan que les digan tontas, enojarse y luego que les digamos: "Lo siento, lo siento tanto, mi amor"; cosa que debe pasar…»
Y el mensaje continuaba con una extensión mucho más larga de su día y cómo él veía el mío, aún no había querido responderle, aún no porque quería contarle cómo sería la llegada de Mimi; seguro algo escandaloso y llamativo como ella misma.
Le di unas vueltas a la sala limpia que Takeru y yo habíamos organizado; para cenar comenzaríamos con algo rápido como ensaladas saludables que Koushiro y Yamato prepararon (esperando que la mía no tuviera veneno), como bienvenida de Mimi. Las tareas se estaban desempeñando con grandes pasos y todos colaboraban lo que me hacía sentir como una madre educadora, fuerte y estricta con sus hijos adolescentes. Le di el último vistazo al cuadro con arte pop de Yamato, puse los ojos en blanco y subí las escaleras para entrar a mi habitación y bañarme con tranquilidad.
Fue un baño tremendamente rápido pues no quería perder tiempo ya que comenzaría a ponerse el crepúsculo en cualquier momento y Mimi no tardaría en llegar. Entré a mi armario para buscar algo rápido y adecuado para la ocasión por lo que encontré… nada, no tenía ropa decente. Desistí en mi búsqueda para no perder más tiempo y me puse unos pantalones ajustados con estampado de cebra y una camiseta rosa sobre la cual me puse otra verde agua, me despeiné un poco el cabello y salí de la habitación como si fuera el mejor atuendo.
—¡Wao! —aclamó Koushiro al verme—, te ves… genial… me recuerdas a alguien. Una cantante famosa…
—¿Hannah Montana? —pregunté con sarcasmo.
—No —dijo él—, es otra.
—¿Lady Gaga?
—Uy…
—¿Shakira? —volví a aguantar la risa por su expresión con mi pasado nombramiento.
—Con ese cabello no…
—¿Kate Nash?
—¿Y esa quién es?
Rodeé los ojos y le di un pellizco en el hombro alejándome de él. Bajé las escaleras y me encontré con Hikari y Takeru en una escena que… claro, se separaron inmediatamente. Y no fue mucho mejor que después de mí bajara Taichi y se cruzara de brazos detrás de mi figura.
—Hikari —la llamó su hermano pero yo pensé en ayudar antes de que se formara la Cuarta Guerra Mundial.
—¡Takeru, allí está! Sabía que Kari se lo había puesto, gracias por buscármelo —bajé las escaleras con una sonrisa, me deposité al lado de la castaña y le quité el collar que por supuesto era de ella pero formaba parte de la mentira. Me volteé para mirar a Tai, con vergüenza aún, él estaba petrificado en las escaleras—; ves, era éste.
—Ah, yo buscaba que la cadena fuera verde.
—Takeru, tonto —le di un golpecito en la cabeza y ambos nos reímos, Hikari se alejó, le echó una muy mala mirada a su hermano y continuó hacia la cocina, donde estaba Yamato únicamente.
Dejé a Tk con la tensión que se iba dispersando de la mente de Taichi y entré sólo para calmar mis nervios también, pues la camisa que se había colocado dejaba volar mi imaginación coincidiendo con la de mi sueño, ¿verdad que era bonito ser vidente? Si al menos pudiera convencerme a mí misma…
Entré a la enorme cocina elegante y los encontré a ambos sentados en las sillas viendo la televisión, exactamente era el noticiero del Canal 04. Había una mujer plantada llorando en la jefatura y otro grandote de piel blanca detrás de ella consolándola con una sola mano y la cara demasiado dura como para creérmela. Ella hablaba de que su sobrina estaba perdida y la habían secuestrado, mostraron el lugar del hecho y los guardias remarcaron la sangre del suelo, Hikari arrugó la cara y pronto Koushiro se nos unió a los cinco que ya veíamos la noticia; sin embargo, fue Tai quién tomó el control y cambió el canal, los cinco lo miramos con rostros de asesinos pero él respondió a nuestro silencio matador:
—No me gusta esa cosa de los secuestros, hay muchos peligros en la calle y eso ya lo sabemos.
—Cierto —habló Yamato—, de verdad que no le estaba prestando atención.
Ya había oscurecido y Mimi aún no daba señales, pensé que tal vez se haya confundido de dirección o quizá salió demasiado tarde Osaka y se equivocó en la hora aproximada. Fuera lo que fuera comenzaba a preocuparme un poco, consulté mi reloj y sobre pasábamos las 19.00 por lo que afuera ya se veía una manta negra cubriendo toda Odaiba.
—¿Ya la llamaste, Kari? —pregunté a la que tenía a mi lado.
—Intenté, pero no contesta su teléfono —respondió con una voz suave y triste, le di un pequeño abrazo y la animé con cosas como que ya regresaría pronto, y que se quedara tranquila, aunque debía decirme eso a mí misma primero.
Esperamos varios minutos en silencio a que ella llegara, era el tercer café de Izzy y Yamato seguía haciendo zapping, lo cual me ponía sin cuidado. Taichi estaba charlando con Takeru en la sala y sólo me quedaba Hikari pero entonces, cuando ya había tomado esa iniciativa la voz de Beyoncé se escuchó en todo el salón.
La bestia llegó.
Descolgué el teléfono y Hikari se pegó a mí para poder escuchar. Yamato ignoró todo el proceso mientras Izzy nos mirada entretenido.
—¿Mimi?
«¿Esto es una broma, Sora Takenouchi?» la escuchamos por el audicular «dime que es un juego»
—¿De qué hablas?
«Creo que me equivoqué de dirección…»
Hikari tomó el teléfono y habló con ella, ahora fui yo quien se acercó para escuchar —¿Cómo que equivocado? Claro que te la dije bien…
«Taichi no puede vivir en una cosa así» la escuchamos decir acelerada, casi la sentí hiperventilar «salgan, necesito que me digan si estoy soñando»
Hikari colgó automáticamente y salimos disparadas corriendo, los chicos se nos fueron detrás y abrimos la puerta con todo y chirrido. Afuera no había más que una princesa con una maleta pequeña en la mano, que al vernos se nos lanzó encima y nos dimos un abrazo más amistoso que el de despedida. Mimi comenzó a llorar entre nosotras y a articular palabras sin sentido pues no se entendían entre su berreo y la voz chillona que ella ya tenía desde mucho antes.
—Chicas, me hicieron tanta falta…
—Tú también a nosotras, y ya deja de llorar pareces una de esas mocosas que tantos odias —le dije, automáticamente ambas, Kari y ella comenzaron a reírse.
—Siempre tienes un chiste de mal gusto para nosotras… También los extrañé.
Mimi se hizo a un lado y detrás apareció un chico rubio, también de ojos azules, me sorprendía la cantidad de este estereotipo de chicos que ahora se conseguía, pero indudablemente inicié la comparación de éste con el niño Ishida, el chico era más pálido y el cabello mucho más amarillo y sin brillo que el de Yamato, que más bien guardaba un dorado acaramelado y la piel un poco más tostada. Sin contar los ojos, que no llegaban ni a la belleza de Takeru.
—Él es Michael, mi amigo… quién me trajo hasta aquí. Mike, ellas son Hikari Yagami y Sora Takenouchi, las amigas de las que te hablé.
Él dio un paso al frente y me di cuenta que tenía un gatito en sus brazos.
—Un gusto conocerlas a todas —nos dio un caluroso abrazo a cada una y la mirada se les extendió hacia dentro de la casa, Mimi logró visualizar a Taichi en la puerta y corrió hasta él, los tres, Kari, Michael y yo la seguimos pero con más cuidado.
—¡Tai! —ella se lanzó a los brazos de mi amigo castaño. Por un momento me sentí incómoda y quise quitarla de encima de mi mejor amigo, que ahora la cargaba porque en realidad, Mimi pesaba menos que yo y era mucho más fácil de levantar, incluso se adaptaba más a la estatura de Taichi.
Una palabra, y debía admitirlo: Celos.
—Hey, Super Girl, te veo más pequeña.
—Son los zapatos, estabas acostumbrado a verme con tacones —respondió ella para acabar con el abrazo, por fin respiré tranquila.
Mimi se apartó y nos sonrió a todos, incluyendo a los que estaban detrás de Taichi, quién los presentó a todos cuando pensé que ese debía ser mi trabajo pero a fin de cuentas estaba tomando responsabilidades muy grandes para una niñita de 1.63 y que perfectamente podía adoptar una bestia de 1.88.
—Ellos son Izzy, Yamato y su hermano Takeru —cada uno saludó con la mano, sabía que Koushiro era la timidez en vida y no tardó en hacerse invisible. Tk lo tomó con demasiado relajo y sonrió como todo un niño, me suponía que Hikari a mis espaldas decía estar hecha nada por esa mirada.
Le seguía Yamato y vamos… ¿acaso ese chico no conocía la timidez? ¿La pena? ¿Nada? Demonios…
Pero él no tuvo el impulso de acercársele a Mimi, sino que fue al revés. Mi amiga le extendió la mano en señal de querer formar amistad, malísima idea.
—Soy Mimi Tachikawa, todo un gusto Yamato —sonrisas, sonrisas, sonrisas…
—El gusto es mío Mimi, así que eres amiga de Sora, ¿no?
¿Qué?
—Claro, somos las mejores amigas, pero eso sí, somos completamente distintas y opuestas —resaltó ella, Michael se había retirado y ahora sacaba las maletas de la camioneta donde habían llegado pero antes de ayudar necesitaba escuchar la respuesta de Ishida.
Ahora me identificaba con dos palabras: Más celos.
—Con razón no terminas de agradarme la vista.
Auch. Ok, tenía que detenerlo justo ahora.
—¿Disculpa? —Mimi sí qué estaba ofendida. Y yo también (aunque una parte, muy chiquita, estaba más contenta que lombriz en manzana)
—A ver Ishida, aún es muy tempranito para que comiences a molestar a Mimi con tus chistes de mal gusto. Déjala, ¿por qué mejor no te vas a hacer tus cosas de hombrecito?
—Lo siento, ¿qué dijiste? Sólo escuché bla bla bla.
—¿Sabes qué? Hay una vocecita en mi cabeza que me dice que debería golpearte las bolas, grandísimo inútil.
—Si es la misma voz que te dijo que te vistieras así, créeme que no está haciendo mucho por ti —fue su respuesta, en ése momento Takeru y Taichi me sostuvieron de ambos brazos y quedé suspendida dando patadas esperando que alguna le llegara en su preciada polla y se la dañara de por vida.
—¡Hijo de la gran puta que te parió!
Teníamos que aclarar algo: A Hikari no podías decirle pequeña; con Mimi debes halagar su comida siempre y nadie podía meterse con mi ropa, eso no lo permitía.
Mimi y Kari regresaron entre risas pero al acercarse a donde estábamos los demás las risas se desvanecieron, Mimi mató con los ojos a Yamato logrando que de éste saliera una risa de conformidad… pero ella era intrépida y aprovechando el peso del bolso que llevaba en manos lo golpeó con todas sus ganas, y ahora quien reía era yo.
Koushiro y Takeru les quitaron las maletas a las chicas y subieron junto con Michael a dejarlas en su nueva habitación, la que estaba entre Hikari y yo, y también la que limpiamos esta mañana el rubio pequeño, Taichi y yo.
Así sería la primera noche de Mimi, al menos ahora alguien más podía molestar a Yamato conmigo, por otro lado, seguía estando la opción de que fuera ella la molestada y que el susodicho se olvidara de mí. Esa idea me creo un hueco en el corazón, un punto negro en el medio el cual era ahora mi debilidad, ya sabía qué tan celosa podía ser pero no qué tan astuto podía ser Yamato si se enteraba de mi defecto.
Y aún quedaba mucha noche que vivir.
Notas de Autora.
Bueno, ha salido un poco más barato este capítulo, espero no se hayan aburrido como ocurrió en el anterior (por lo largo ¿no?), en serio lo siento muchísimo. Ahora pasaré a hablar de mi propio capítulo: fue toda una experiencia narrar como Mimi, les juro que nada me costó más que eso, pasé cuatro días intentando meterme en su piel y fue tan duro… cuando lo corregía me sentí tremendamente feliz porque había quedado bastante bien, aunque yo misma sentí la diferencia al narrar como Sora, la comodidad de mis palabras no tenía valor en ese momento. Pero aún hay mucha Mimi que contar, así que seguiré perfeccionando mi narración.
También me gustó la idea de hacerlo todo en Osaka pues tuve que investigar un poco más acerca de Japón y las costumbres del distrito, como los nombres de las comidas, el único que conocía era el Fugu, ¡el resto era una cosa rara en mi diccionario! Ha sido una semana agotadora para Rose, de allá para acá, y de acá para allá, por mis calificaciones obtuve una beca en la universidad y estoy bastante feliz aunque la comenzaré antes de lo esperado y eso me pone realmente nerviosa, y también a correr con mis fics, trataré de actualizar más seguido y terminar todo a tiempo pues en octubre se me terminará el tiempo libre. ¡Una vez a la semana! Así que ya estoy trabajando en el próximo capitulo, con un poco más de diversión.
Estuve pensando en lo genial que sería socializar con algunos de ustedes, aunque sí, sigo siendo re tímida y normalmente no lo parezco. Pueden buscarme en Facebook por "Rose Lopez Ishida" o por Twitter como rosesitax3, aunque sí es posible que les pregunte si los conozco, por favor avísenme que son del fanfiction, y no hay rollo ;) También actualicé mi profile en ésta página, si alguno quiere revisarlo ¡siéntase libre de hacerlo!
Creo que se entiende el nombre, otra vez Anita: Tachikawa è in Odaiba significa: Tachikawa está en Odaiba *suspiros* ya no quiero saber nada de mi profesor, eso sí, seguiré con mis clases pero por otro lado, esto ya no va a mejorar xD.
Gracias, gracias por sus reviews: Dadita, Takeru fang, rockpink94, SoraTakenouchii, Aldinn, Carpotter18, kanikanigoro (¡gracias por tu súper review!) & Puchisko, como me di cuenta que les gustan mis cantos acappella (?) En este capítulo cantaré Dani California.
¿Les dije que ayer fue mi fiesta de graduación? ¿No? Bien, ayer me la pasé de lo mejor, mucha comida, música buena, pastel, m pobre dedito maltratado por el zapato asesino y sin contar la lluvia torrencial que cayó a las 2.00 am, no me mojé pero amanecí con gripe así que espero mejorarme para el Lunes, que es la ceremonia (¿Quién reza por mí?) Bah, y sigo con mis babosadas. Lamentablemente, quedé "abollada" y no pude asistir al concierto de Escape The fate, que es hoy en la noche... *suspiros* Craig deberá esperar un tiempo más para conocer a su esposa.
OMG! ES CORTO! (En comparación con el resto) Y para llenarme de más estudios, me dedicaré al inglés, que matada… qué bueno que me gusta estudiar. Tengo sueño, son las 00.08 aquí en Venezuela y mi cama me está llamando para dormir, dulces sueños a todos, recuerden: Charly Mata está con ustedes (Y Angemon también).
Besos.
La Rose.
