14 de febrero de 1974- Hogwarts.
Severus apenas tuvo un momento para salvar su libro de jugo de calabaza que se volcó frente a él, producto de un paquete que cayó sin demasiado cuidado justo frente a él durante el almuerzo. Intentó luchar contra el repentino calor que se agolpaba en sus mejillas, pero no tuvo mucho éxito. A su alrededor, sus compañeros lo observaban sin ocultar la curiosidad. Tras tres años, ya todos estaban acostumbrados al correo que llegaba para él cada 25 de diciembre por la mañana, y cada 9 de enero durante el desayuno; pero esta era la primera vez que Severus recibía correspondencia el día de San Valentín.
Sentía que el corazón se le iba salir del pecho. ELLA nunca le habia enviado nada para esta fecha en años anteriores, ¿Podría ser?
Con dedos temblorosos, el joven abrió el paquete frente a él y…
Su corazón se detuvo, y su decepción habrá resultado visible en su rostro, antes de que el desinterés regresara a su expresión, y continuase con su desayuno, el obsequio a medio abrir, olvidado frente a su plato.
Para diversión de los otros slytherins, una pelirroja se levantó de la mesa de los leones, con los ojos anegados de lágrimas de humillación, y abandonó el comedor dramáticamente.
-recibiendo fan mail de sangresucias, Snape?- rió el chico sentado a su izquierda, Mulciber, si no recordaba mal- mejor no abrirlo, no quisieras que se te pegue su inmundicia, verdad?-
Severus apretó los dientes, pero no dijo nada. Era culpa de Evans, realmente, si ella se exponía a este tipo de ridículo. ¿Qué creía que iba a pasar, una carta y unas galletas y él iba a comportarse como un cachorro persiguiendo a su ama, como el resto de los de su año? No sin mucho desprecio personal, Severus pensó que tal vez hubiera sido el caso, si Hermione nunca hubiese aparecido en su vida.
Agradeciendo mentalmente que fuese sábado, y tuvieran permitido abandonar el castillo para visitar Hogsmeade, el pelinegro terminó su desayuno a toda prisa y se dirigió hacia el pueblo. No solia ir muy seguido, aunque la situación en su casa habia mejorado mucho desde que tenia ocho años, su madre rara vez le daba demasiado dinero extra, y no tenia amigos con quienes pasear por los alrededores, de todos modos. Sin embargo, cuando sí decidia hacer una visita, su lugar favorito era el árbol frente a la Casa de los Gritos. Iba allí durante las primeras horas, cuando el resto estaba aun ocupado en las tiendas, y disfrutaba de la soledad, sentado en sus raíces, con un libro y sus pensamientos como únicas compañías.
Ese era el plan cuando, en la vidriera de Honey Dukes un objeto llamó su atención.
Una rosa de caramelo rojo transparente. Cada detalle finamente terminado, parecía cristal.
Severus frunció el ceño, manteniendo una discusión mental consigo mismo, mientras caminaba hacia su destino original, con una caja que contenía la dichosa rosa guardada en el bolsillo de su túnica.
No entendía que clase de impulsiva estupidez lo habia llevado a comprarla. Habia sido innecesariamente costosa, y habia gastado lo que venía ahorrando para un libro que habia estado deseando desde hacía tiempo. Pero el estúpido dulce le habia recordado a Hermione, y eso habia sido suficiente.
Era una verdadera belleza artesanal, que daría lastima destruir por algo tan mundano como saborear un dulce. Y habia resaltado entre todas las otras golosinas mundanas y ordinarias.
Ni siquiera tenía una forma de entregárselo a la castaña en sus pensamientos.
Y probablemente ella ser reiría de él, de todos modos.
Ella nunca le enviaba nada en estas fechas, y ¿Por qué lo haría? Él era solo un niño mortal, que de alguna forma se habia convertido en su problema hacia seis años atrás.
Perdido en sus oscuros pensamientos, Severus se sentó en su lugar favorito con la mirada perdida, y ni siquiera notó a la joven que se sentó a su lado, sino hasta que ella le dirigió la palabra, haciéndolo saltar en su sitio.
-Buenos días, Severus. Quería desearte feliz día en persona…-
