Striptease

Sería una modestia decir que Victor era poseedor de un buen cuerpo, cuando podía comentarse que era de los patinadores más esbeltos que había pisado el hielo. El experimentado patinador lo sabía y se aprovechaba de ello no dejando de exhibir ese cuerpo de dios cada que la oportunidad se presentaba. De esas andanzas Yuri estaba perfectamente enterado y si en ese momento (y otros similares) no explotaba en rabietas de sólo pensar en cuantas personas ya habían disfrutado de esa buena vista, era porque había mejores razones por las que disgustarse con Victor Nikiforov.

Yuri elevó la mirada al opaco techo, resignado a lo que ocurriera. Ninguna luz artificial le iluminaba aparte del acostumbrado brillo naranja del cielo nocturno en el populoso San Petesburgo. Desde esa cama ajena, el panorama era atractivo. Sus ojos podían enfocarse sin esfuerzo o movimiento en la puerta abierta del baño y la persona asomada en ella.

– Bien. Sorpréndeme, Victor –dio la señal. Sus brazos se cruzaron a la espera de lo que ya suponía una completa derrota para el pentacampeón.

Era indiscutible que ver a Victor desnudarse era un espectáculo, uno común para Yuri. La poca capacidad del mayor de explotar las ventajas de ser un seductor de primera línea, fastidiaban al rubio. Eso sólo significaba el poco compromiso que el otro tenía con su relación. Si, Victor podría ser el hombre que las cámaras amaban, el modelo que las revistas se disputaran y el sujeto que mereciera la persecución hilarante de los fans. Pero, en ese instante, su sola presencia no era lo que Yuri quería apreciar.

El lento descenso de la bata de baño y la caída rápida de los pantalones de pijamas le habían sacado más de una risa burlona antes. La falta de estilo para quitarse la ropa de su compañero de pista había enaltecido siempre su triunfo en la cama, pero con el tiempo la constante inutilidad de ese cuerpo de adonis le cansaba. Se levantó resoplando un par de quejas. Al parecer el atractivo de Victor estaba destinado a morir cuando la puerta de la habitación que secretamente compartían se cerrara. Yuri empujó al mayor hacia el colchón suave.

– Es así como se hace –dijo antes de posicionarse.

De todos los pedidos que mutuamente se hacían, nada había resultado más difícil de conseguir que conseguir de Victor algo más que la belleza y erotismo desprendiéndose natural de la forma de su cuerpo tallándose en los trajes diseñados para su rutina o las casuales prendas de diseñador que vestía. Finalmente, ese era el deseo de Yuri, la exclusividad de su novio, las ganas de presumir con una sonrisa de suficiencia que tendría siempre algo que nadie, ningún ser vivo, podría obtener de Victor. Pero eso era inútil mientras el de cabellos platinados se obstinara en depender de su sonrisa y su cuerpo, sumiso a recibir las protestas del rubio y observar el desempeño de Yuri al deshacerse de sus propias ropas.

La arrogancia de los movimientos al deslizar su ropa y la normal elegancia de un bailarín en cada elongación eran las características de Yuri. A la vista de su privilegiado público, él podría liberarse completamente.

Sus rubios cabellos se sacudieron al contoneo de un baile sin música y sus manos arremetieron a levantar una fracción de las prendas que le cubrían en tanto se acariciaba abiertamente. La primera parada era su plano abdomen hasta que Victor no soportaba verlo subir y bajar su ropa tentándolo a tocar y a la vez prohibiéndole disfrutar de la sensibilidad del menor. A la escena aumentaba la tensión de los gemidos quedos que el rubio soltaba mientras sus manos actuaban ya quitándose la camiseta y luego concentrarse en su fino cuello marcado. Yuri viró la cabeza a los lados para sacudir sus rubios cabellos y dejarlos medir el largo de su cuello. Sus dedos habían subido aún más dirigidos a sus propios labios para lamerlos y en un instante tortuoso rozarse el cuello y tocarse en un descenso peligroso a través de su pecho y abdomen hasta la última parada.

Se aproximó a la cama donde Victor le esperaba sentado con el mismo movimiento sugerente. Ahondó el contacto de sus manos con la zona baja de su cuerpo. Ya no importaba cual había sido el propósito de sus acciones. Sabía que sí había algo que nadie más vería en Victor, el rostro desencajado por el deseo reprimido, la urgencia en esas manos que temblaban por alcanzar y complacerse con el tacto de cada rincón de su cuerpo, los ojos conmovidos por el apetito que le provocaba la paciencia con la que el delgado cuerpo caía en su regazo avanzando a entregarse sin reparos.

Los celos de Yuri y las lecciones de striptease podían esperar para la próxima.

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