X. Boruto.

Naruto se dice a sí mismo que es perfectamente capaz de cuidar a su bebé, ¿qué clase de padre sería, si no?, respira hondo y trata de mostrarse firme… aunque sonríe casi con vacilación al pequeño rubio que no ha dejado de verlo atentamente desde que entró en la habitación. No puede ser tan difícil, ¿verdad?

Ya lo ha hecho antes… aunque nunca completamente solo. Pero, bueno, Hinata tenía todo el derecho del mundo de salir con sus amigas en su día de descanso. Ella merecía divertirse tranquilamente. Y él no era quién para arrodillarse ante ella y suplicarle, que, por favor, por favor, no lo dejara solo. No. Porque era un hombre hecho y derecho, capaz de hacerse cargo de uno, o dos, ¡o tantos niños fuera necesario!

—¡De veras!

Gritó, sin darse cuenta, sobresaltando al pequeño en la cuna al instante, quien abrió tanto como pudo sus bonitos ojos azules.

Naruto casi se golpea a sí mismo al darse cuenta de su imprudencia, rogando a los dioses que el niño no comenzara a llorar. No ahora que Hinata todavía ni siquiera se iba, si lo hacía su preciosa esposa iba a pensar que no podría cuidarlo solo y entonces, ella, en medio de toda su bondad y consideración, decidiría que lo mejor sería no salir de casa.

Y entonces Naruto sabría que arruinó una de sus pocas oportunidades de divertirse como la joven, saludable y bellísima mujer que era, y entonces todo sería horrible el resto del día y la culpa no le dejaría dormir. Le saldrían ojeras -que seguramente no se le verían ni la mitad de bien que a Gaara, y entonces ya no sería guapo y Hinata lo dejaría, y él sería miserable, y…

Sólo se da cuenta de que está haciendo una escena ridícula con sus manos jalando su cabello y el rostro transformado en una mueca de espanto cuando escucha al pequeño Boruto soltar una amplia carcajada mientras lo observa…

Lo que le faltaba… su propio hijo burlándose de él.

Que el teme nunca se enterara.

—¿Naruto? —el rubio voltea rápidamente y sonríe de la manera más fresca que puede a su linda esposa. Se reserva un suspiro mientras piensa que, cielos, se ve tan bonita con ese vestido azul.

—¿Sí? —responde al llamado, medio atontado por la manera en que el cabello de Hinata parece danzar con cada uno de sus movimientos.

—He dejado leche para Boruto en la cocina, sus pañales están donde siempre, igual el talco y las toallas. No te olvides de bañarlo a más tardar en una hora, porque si no comienza a fastidiarse y no puede dormir… ¿de acuerdo?

—De acuerdo. —asiente Naruto, asegurándose de anotar mentalmente todas y cada una de las observaciones hechas por su esposa, -que no era ningún desobligado, aunque Sakura se cansara de sugerir lo contrario.

—Vale… —Hinata le sonrío suavemente antes de ir hacia la cuna y cargar a su bebé, acercándolo rápidamente a su pecho y aspirando con tranquilidad su dulce aroma. —Mamá va a salir un par de horas, pero te va a extrañar mucho, mucho. —anuncia amorosamente mientras frota su nariz contra la del bebé en una caricia lenta y afectuosa. El pequeño rubio seguramente no entiende lo que ha dicho, pero igual sonríe a su madre, tocando con sus manitas las mejillas ajenas.

—Cuida a papá mientras no estoy, ¿de acuerdo? — pide finalmente en un susurro antes de depositar un último beso en la frente del pequeño y volver a situarlo en la seguridad de su cuna. Entonces voltea hacia Naruto y le sonríe, respondiendo contenta el abrazo que recibe en el acto.

—¿Mamá también me va a extrañar mucho, mucho? —pregunta traviesamente Naruto, jugando con su nariz como ella misma había hecho momentos atrás con el bebé. Hinata ríe suavemente, pasando sus manos por detrás del cuello del rubio antes de asentir.

—Mucho, mucho. —concede, sin poder evitar ruborizarse por la preciosa sonrisa que le regala Naruto en respuesta.

—¿Sí? —insiste el rubio, acercando un poco más su rostro al de su esposa. Adorando la forma en que todavía puede hacerla temblar de pies a cabeza con los más sencillos de los actos.

—Sí —vuelve a asegurar Hinata, en un susurro casi inaudible, que sin embargo Naruto puede escuchar. Ambos se sonríen nuevamente antes de finalmente besarse, despacio. Casi con cierta pereza.

Lo que no impide de ninguna manera que pronto Naruto abracé con mayor fuerza la fina cintura, presionándola en contra de su propio cuerpo. Arrancando con ello un par de suspiros a Hinata, que por su parte acaricia con suavidad las hebras rubias que están a su alcance. La morena, pese a todo, se obliga a sí misma a terminar el contacto -pues de no hacerlo sabe que ya no irá a ningún lado, y aunque Naruto casi parece gruñir por ello, afloja su abrazo y le da espacio para despedirse.

Es ridículo que eso sea tan difícil, siendo sinceros. Pero, bueno, ¿qué se le va a hacer?

Hinata sonríe nuevamente antes de dar un último y efímero beso al más alto, deshaciendo completamente el contacto mientras promete tratar de no llegar muy tarde, agradeciendo cuando Naruto afirma que no tiene que preocuparse por nada que no sea divertirse y pasarla bien. El rubio no puede evitar robar un último beso a su esposa antes de finalmente escucharla salir del departamento.

Entonces, y sólo entonces, inhala profundo y vuelve a infundirse fuerza a sí mismo. Porque claro que puede cuidar a su bebé un par de horas… ¿qué clase de padre sería, si no?

...

El peor. El peor padre del mundo, ¡ese era Naruto Uzumaki!

¿Cómo podía ser posible que no tuviese la capacidad de hacer que su bebé dejara de llorar?

Boruto estaba rojo a más no poder y no dejaba de gritar y retorcerse por mucho que Naruto lo paseara de un lado a otro. La casa había terminado hecho un caos por las cosas que Uzumaki-padre tomaba y desechaba al ver que no servían para calmar el sufrimiento de su bebé.

¡Es que ya lo había intentado todo!

Ya había revisado su pañal y no había ningún regalito que limpiar, ya había intentado darle de comer -él no había suplicado, no, definitivamente, pero el pequeño parecía no querer probar nada. Lo había cargado de aquella forma que usualmente lograba arrancarle las más alegres carcajadas, pero en respuesta sus gritos más bien se habían hecho más intensos.

Le había acercado todos sus juguetes favoritos, ¡incluso le había hecho bizcos y muecas, y cuanto gesto se le ocurrió con tal de hacerlo sonreír!, ¡pero nada funcionaba!

¡Naruto ya no sabía qué hacer!

¿Sería que su cara espantaba al bebé?, ¿se habría enfermado?, ¿le dolería la panza?, ¿le estaría dando fiebre?, ¿Qué era?, ¿Qué era lo que lo tenía tan fastidiado?

¡Si apenas había pasado poco más de una hora desde que se había ido Hinata y…!

Oh…

"No te olvides de bañarlo a más tardar en una hora, porque si no comienza a fastidiarse y no puede dormir… ¿de acuerdo?"

A más tardar en una hora…

Naruto carraspeó, regañándose a sí mismo por ser tan torpe. ¿Cómo, en el nombre de todo lo bueno que había en el mundo, pudo haberse olvidado de algo tan simple?, acarició suavemente la cabeza del pequeño Boruto antes de dirigirse al baño, asegurándose de tener la muda nueva lista, la toalla cerca y templando el agua para que ésta fuese adecuada para el bebé.

Y así, como si de magia se tratara, apenas sentir el agua tibia tocando su piel desnuda, el pequeño rubio dejó de gritar, hipando ocasionalmente por lo largo que fue su llanto, aunque calmándose paulatinamente. Naruto suspiró de alivio, aunque continuó recriminándose mentalmente mientras tallaba cuidadosamente el cabello y el cuerpo del bebé, asegurándose de usar el jabón y el champú que era exclusivamente para Boruto.

El rubio mayor se relajó en cuanto el pequeño abandonó del todo las lágrimas y comenzó a jugar con el agua de la tina. ¡Si su hijo hasta volvió a sonreírle mientras movía sus bracitos!, la parte más sensible de la mente del Uzumaki incluso comenzó a llorar a moco tendido en su interior, ¡no se merecía un niño tan adorable como Boruto!

Cuando finalmente el baño del rubio terminó, Naruto se encargó de secarlo a conciencia, colocándole el pañal y el adorable pijama de zorrito que Hinata le había comprado nada más verlo colgado en la tienda. Después de eso no tuvo que esforzarse ni un poco para que Boruto durmiera, agotado como estaba, el pobre.

Y él mismo otro poco, se dio tiempo de pensar, antes de sentir como el sueño también se apoderaba de su cuerpo. Naruto, pese a todo, se aseguró de abrigar bien al bebé y de tenerlo bien alejado de la orilla de la cama mientras dejaba que sus párpados se cerraran, un brazo colocado protectoramente sobre el diminuto cuerpecito, cuidándose al mismo tiempo de no aplastarlo.

Ambos rubios arrugaron de idéntica manera la nariz antes de dejarse llevar completamente por el sueño.

...

Así fue como los encontró Hinata al llegar.

Cosa que le hizo sonreír ampliamente, mientras se atrevía a tomar una fotografía de la escena.

Ya mañana se preocuparía de hablar con Naruto acerca del desastre que había en la cocina y en el baño, se dijo, después de terminar de ponerse el pijama, mientras se hacía lugar en la enorme cama matrimonial. Suspirando de gusto cuando Naruto la abrazó al reconocer su presencia.

Qué grato era estar en casa.

Notas del capítulo:

Para todo esto me base mucho en cómo se comportaban mis sobrinos cuando eran bebés (adoro a los bebés).

Como siempre, muchas gracias por leer y comentar, ¡espero que me dejen saber lo que piensan de este capítulo!

¡Un saludo!