Nota de la autora: ¡Hola, queridos lectores! Antes que nada, quiero ofrecerles una gran disculpa por tardar todo el tiempo que he tardado en actualizar este fic (aunque, los que me leen regularmente saben que he estado publicando otras historias con este hermoso pairing como protagonistas por supuesto y, bueno, que aquellos fics me han mantenido ocupada).

Y ya que estoy aprovecho para dar respuesta al review no registrado de SugarSkeleton: ¡Muchas gracias por leer, linda! Aquí está ya la continuación. Yo amo que te haya gustado ;) y espero que esto que sigue también te guste y te emocione.


La liebre y el viajero

X

Una decisión muy difícil

(parte 2)

Shun está esperando que llegue el golpe, ese corte inmisericorde que les arrancará la vida a ambos en cualquier instante.

Está seguro de que llegará pero aun así no es capaz de sentir miedo.

Una voz tersa y llena de calma, una voz que nunca antes había sentido y que está vibrando, cada vez más y más intensamente, dentro de su cabeza le susurra que no debe tenerlo.

Así, en ese mismo instante, cuando Eris está a punto de atravesarlo a él y a Hyōga con su tridente, Shun no siente pavor ni ansias. En vez de ello, una total e increíble tranquilidad empieza a fluir desde el centro de su pecho hacia su mente y su cuerpo, exactamente al mismo tiempo en que un pulso sumamente poderoso proveniente de un cosmos inmenso —uno que tampoco había sentido nunca antes— repele el ataque de Eris haciendo que su tridente salga disparado directamente hacia ella.

Todo ocurre tan rápido… Shun la mira caer mortalmente herida delante de sus ojos y no puede creer lo que ve. Pero es verdad. Es real.

Eris está caída a sus pies, temblando, con los ojos oscuros desorbitados de terror, y con su tridente envuelto por una energía roja y resplandeciente clavándose más y más profundamente con cada segundo que pasa en su pecho sangrante. Mientras Shun la mira preso de esa sensación de irrealidad es cuando al fin puede sentirlo: la estrella de cinco puntas, el medallón que su madre le ha dejado como un recuerdo de ella, está agitándose y brillando intensamente entre los desabotonados pliegues de su camisa manchada de barro y sangre.

"Pero, ¿qué…?"

Al verla brillar de esa manera tan cautivadora, Shun siente un feroz impulso de alcanzarla. Quiere estirar su brazo y tomar la reluciente estrella en su mano pero no puede hacerlo porque aún tiene bien sujeto a Hyōga en ese abrazo tibio y protector. Y aunque hay un algo dentro de él que lo incita desesperadamente a tocar el medallón, también hay un algo en su fuero interno —una certeza que es mucho más profunda, fuerte y firme que aquel impulso arrebatador— que se rehúsa totalmente a soltarse de su querido Cisne, y esta certeza supera aquel primer impulso sin que Shun tenga que pensarlo demasiado siquiera.

Sin embargo, cuando el medallón siente la elección de Shun y su preferencia por Hyōga, comienza a vibrar más furiosamente que antes, y una súbita quemazón arde en el pecho del Santo de Andrómeda sin que él mismo comprenda la razón.

Es entonces que Shun escucha esa voz que antes había susurrado tersamente dentro de su cabeza vibrar ahora, oscura y peligrosa, fuera de ella.

¿Por qué te resistes a mí?

Con ojos llenos de asombro Shun mira cómo una sombra etérea e imponente, enmarcada por un aura que resplandece exactamente en el mismo tono rojo intenso que la energía que envuelve al tridente de Eris, aparece lentamente ante él revelando una presencia que, aunque abstracta, se siente poderosa, sombría e implacable.

—¿Q-quién eres tú?—pregunta incrédulo, mirando la majestuosa Cloth que la aparición está portando y, sobretodo, mirando también, aterrado, el reflejo exacto de sí mismo en el rostro y cuerpo de esa sombra frente a él.

Soy Hades, el Amo de la tierra donde reposan los muertos—dice el espíritu de Hades en un susurro silbante y suave, pero firme.

—¿Hades?…—musita Shun, echando una mirada furtiva al cuerpo de Eris que aún tiembla caído a sus pies, al tiempo que sujeta a Hyōga con más fuerza entre sus brazos mientras sus ojos verde esmeralda vuelven a fijarse en la imponente aparición—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué tu rostro es…?

Shun no se siente capaz de decir "igual que el mío" porque, desde que se vio reflejado en él, un mal presentimiento le ha estado apretando duramente el corazón. Y ese sentir se vuelve una certeza espeluznante cuando el espíritu de Hades lo mira fijamente con sus ojos verdes carentes de brillo y sentencia:

Yo soy tu destino, y mi alma ha esperado pacientemente por ti y por este momento durante largo tiempo.

Hades no dice más porque sabe que Shun, al verse a sí mismo reflejado en su fúnebre pero hermosa apariencia, intuye en lo más hondo de sí mismo el propósito enmascarado detrás de sus palabras, mientras recuerda claramente la inscripción grabada sobre la estrella de cinco puntas, que ya no le quema la piel pero aún se agita intensamente sobre su pecho… "Yours Ever"

—¿Q-qué le has hecho a Eris? —pregunta Shun, queriendo apartar esas palabras funestas de su mente.

Le advertí que la destruiría si intentaba dañar de nuevo el cuerpo destinado a mí, así que simplemente he cumplido mi palabra—responde pacientemente el espíritu de Hades.

—Entonces…, entonces ¿fuiste tú quien nos salvó antes del lazo de Eris?

El Soberano de la Oscuridad asiente.

Shun aprieta levemente los labios en señal de tensión. No le gusta nada el rumbo que están tomando las cosas. Sus ojos verdes se fijan en Hyōga durante un momento, deseando con todas sus fuerzas estar con él en otro sitio, a salvo, y no ahí. Luego, mira de nuevo a Eris, quien sigue estremeciéndose intensamente a sus pies mientras agoniza.

—Ella…, ella está…

Con cierta ansiedad ve cómo la cabellera de la diosa comienza a mutar lentamente del azul al rubio que pertenece a Erii, y así mismo ocurre con su piel; del azul pálido está pasando a un tono blanco, como la leche. En tanto, el cosmos de Eris se extingue poco a poco e irremediablemente, y la pequeña manzana dorada que pende de su cuello comienza a fracturarse despacio, conforme el tridente va clavándose más y más profundamente en su pecho.

No debes preocuparte por ella, ahora hay un asunto mucho más importante. Yo estoy aquí, ante ti, con un único propósito—explica, sin inmutarse por el desasosiego que ve aparecer en el rostro de Shun ante esas últimas palabras—; mi resurgimiento está próximo, y tú, el ser humano más puro de la Tierra, fuiste elegido como mi recipiente desde tu nacimiento—dice claramente al fin.

—N-no… Estás en un error. Yo no puedo ser tu recipiente… Yo n-no…

Lo eres. Yo mismo te he elegido, y el medallón que llevas en el pecho te señala.

—No, este medallón es u-…

Ese medallón no fue un regalo de tu madre. Hace muchos años, cuando eras solo un bebé, mi hermana Pandora no logró su cometido de reunir mi alma con tu cuerpo, y permitió que tu hermano Ikki conservara la custodia sobre ti porque ella fue débil y se dejó impresionar por la gran tenacidad que él mostró al protegerte de tu destino con tanto ahínco. Pero ella te dio ese medallón para que mi espíritu quedara ligado a ti a partir de ese momento y, llegado el tiempo, pudiéramos encontrarnos nuevamente. Ahora me perteneces.

—¡Eso no puede ser verdad! Mi hermano Ikki me habría hablado de ello… Él me contó que este colgante fue un regalo que mi madre le dio para mí antes de morir… Él d-dijo…

Pandora consideró conveniente borrar de su memoria ese suceso. Pero ahora sabes la verdad. Sabes que me perteneces a mí, al Rey del Inframundo. Tanto es así que mi propia apariencia lo revela, mírame, soy tu perfecto reflejo. Ahora, acepta tu destino y únete a mí.

"No… Esto tiene que ser una pesadilla" piensa Shun, hundido en la desesperación "Hades ha sido uno de los dioses rivales de Athena desde la Era del Mito, ¿cómo puedo ser yo el elegido para ser su recipiente? ¡Yo soy un Santo de Athena! Mi destino siempre ha sido ese, de otra manera nunca habría sido posible que la Cloth de Andrómeda me eligiera precisamente a mí como su portador… Y de otra manera jamás habría conocido a Hyōga".

Sus ojos verdes se llenan de lágrimas cuando contempla el rostro pálido de su amigo que aún yace inconsciente y moribundo entre sus brazos, mientras recuerda la fría sensación de sus labios resecos cuando le dio aquel beso pequeño y casi fantasmal.

Luego, mira también a Eris, cuyo cabello ya es completamente rubio ahora y su piel es ya totalmente blanca, pero espantosamente mortecina. Sus ojos, completamente abiertos, están virando del tono azul oscuro que pertenece a la diosa de la Discordia al negro que pertenece a Erii.

Por un instante, durante ese lento proceso del cambio, esos ojos llenos de espanto se apartan del cielo sin estrellas para mirar a Shun. Eris, tal como el espíritu de Hades sentenció, está pereciendo; y al mirarla Shun comprende, horrorizado, que pronto Erii también correrá con la misma suerte.

En ese momento, Shun se siente totalmente atrapado entre la espada y la pared. En su condición sabe que no tiene manera de ayudar ni a Erii ni a Hyōga, y si no reciben ayuda pronto ambos morirán.

Ya no hablare más—dice repentinamente el espíritu de Hades, cortando el hilo de los pensamientos desesperados de Shun—. Es mi gran voluntad que me pertenezcas y así es como sucederá. Ahora, deja a ese joven—le manda con voz firme y colmada de autoridad—. Él, así como tu hermano Ikki, ha cumplido ya su tarea de protegerte tal como yo esperaba, ahora ya no me es útil.

Shun levanta la cabeza y lo mira lleno de desasosiego. No quiere dejar a Hyōga, lo que quiere es encontrar algo, cualquier cosa que le ayude a resolver esa difícil situación.

Déjalo, y toma la estrella de cinco puntas—vuelve a insistir Hades.

Es entonces que una pequeña luz se enciende en la cabeza de Shun porque, a sus oídos aquella orden ha resonado claramente, pero su intuición le dicta que no es una orden en realidad, sino, más bien, es una petición.

"El Soberano de la Oscuridad está pidiendo... Está pidiendo mi consentimiento" reflexiona, mirándolo con fijeza.

—Aun con todo tu poder… no puedes obligarme a aceptarte, ¿no es así?—responde Shun—De lo contrario, te habrías ahorrado las explicaciones y me habrías obligado a servir a tus propósitos.

Al escucharlo, los inexpresivos ojos verde muerto del espíritu de Hades se tornan duros, y la bella forma de sus labios pálidos se tensa de tal manera que estos se transforman en una marcada línea que deja ver su inconformidad, haciendo que los rasgos hermosos de su rostro, copia fiel del rostro de Shun, se vuelvan feos por un momento.

Pero Shun no se amilana ante ello.

—Sí, tú necesitas que yo te deje poseerme voluntariamente… porque tu hermana Pandora debió insertar tu alma en mí cuando yo era un bebé para evitarte la molestia futura de tener que pedir mi consentimiento, pero mi hermano Ikki me protegió e impidió que eso pasara, y lo único que Pandora pudo hacer fue dejarme el medallón.

Toma la estrella de cinco puntas—repite el espíritu de Hades, esta vez con voz dura y autoritaria, ignorando deliberadamente las acertadas conclusiones de Shun.

"Hades necesita mi permiso… Quizás…, quizás si yo lo acepto, tal vez él podría salvar a Hyōga y a Erii" se dice a sí mismo Shun, vislumbrando, de pronto, una pequeña esperanza en medio de la oscuridad "…pero, si dejo que él resurja usando mi cuerpo, no serán solo ellos quienes estarán en riesgo, sino toda la humanidad porque se iniciaría una nueva Guerra Santa" piensa enseguida, horrorizándose ante la idea de cometer el mismo error que él mismo le ha reprochado a Saori hace solo unas horas; el de poner en peligro a todos los seres humanos solo por su afán de mantener a salvo a su amor.

"Sin embargo, aun cuando él me poseyera, yo podría... resistir" insiste, buscando desesperadamente una manera de ayudar a Hyōga y a Erii. "¡Lo hice hace un momento, cuando me negué a tocar la estrella de cinco puntas!... Hyōga fue mi ancla…Y Hades lo sabe… ¡él sabe que llegado el momento podría resistirlo gracias a Hyōga, y ganar tiempo hasta que Seiya y los demás pudieran derrotarlo! Por eso no me ha ofrecido salvarlo a cambio de que yo acepte su posesión sobre mí, porque conoce el gran peligro que representa para él".

Eso nunca pasará—sentencia duramente el espíritu de Hades intuyendo claramente los pensamientos de Shun—Una vez que tú y yo seamos uno, no podrás resistirte a mí aunque lo desees con toda tu alma… Y aun cuando pudieras resistirte y, milagrosamente, los santos de Athena me vencieran mi alma quedaría sellada pero tú morirías irremediablemente.

—Si es así como piensas que pasará, entonces no te importará concederme lo que deseo a cambio de dejarte poseerme.

Llegado a este punto, Shun ya ha comprendido que está a punto de condenarse, pero si esa es la única opción para salvar a Hyōga y a Erii, y aún a la humanidad entera, va a tomar la alternativa sin dudarlo. Después de todo, ese siempre ha sido su verdadero destino, el que le ha marcado su estrella protectora, la constelación de Andrómeda; el de sacrificarse a sí mismo para salvar a aquellos a quienes ama.

—Perdóname, Hyōga—susurra entonces al mirar a su querido e inconsciente amigo—. Sé que has dicho que no quieres que esa fábula se vuelva una realidad, pero esta es la única manera que tengo de salvarte ahora… Lo hago por ti, para que vivas, pero también porque, si logro resistir a Hades, aunque sea por un corto tiempo cuando su momento llegue y él me haya poseído, entonces ustedes tendrán una oportunidad para derrotarlo y salvar a los seres humanos de sus ambiciones perversas.

Ciertamente no me he equivocado al elegirte como mi recipiente. Eres el ser más puro de esta Tierra—reconoce el espíritu de Hades—. No hay ningún otro que elegiría ese destino para sí. Pero eres muy ingenuo al pensar de esa manera—añade con cierto tono de desdén—porque no podrás resistirte a mí jamás. Cuando me pertenezcas por completo mi voluntad gobernará sobre ti y te someterá completamente aunque tú no lo quieras.

—Hades —lo llama Shun con un susurro lleno de calma, haciendo caso omiso a sus palabras— tú eres el Amo de la tierra donde reposan los muertos y yo no deseo que mis amigos vayan ahí… Erii Aizawa, no debes dejarla morir hoy. Ni ella ni Hyōga deben morir—pide, mientras sus grandes ojos verdes permanecen fijos en el rostro pálido de su querido amigo y su mano derecha acaricia tiernamente la rubia cabellera—. Si me das eso, yo… aceptaré voluntariamente tu posesión sobre mí cuando tu tiempo llegue. Tienes mi palabra.

El espíritu de Hades no responde inmediatamente sino que su presencia etérea e implacable permanece vibrando intensamente frente a Shun durante minutos enteros, como si realmente estuviera considerando seriamente el asunto. Y es que, aunque está seguro de que su poder doblegará cualquier intento de resistencia de Shun una vez que la unión entre ambos sea total, ciertamente no puede negar que en lo profundo la fuerte convicción del muchacho lo ha impresionado, tal y como en otro tiempo la determinación de Ikki impresionó a su hermana Pandora.

Además, también ha sido testigo mudo de la poderosa fuerza del cosmos de Shun, así como de su intensa preferencia hacia el muchacho rubio. Hades sabe bien que ambas cosas combinadas pueden ser un serio peligro para él, y se pregunta si realmente debería tomar a la ligera la petición de su elegido. Después de todo, él sabe muy bien que, aun cuando él le deje poseerlo voluntariamente, la unión absoluta entre ellos no será completa sino hasta que su alma domine por completo a la del joven; y ese corto lapso de tiempo podría darle a Shun la oportunidad de resistirlo.

Mientras el espíritu de Hades delibera consigo mismo, los minutos transcurren con lentitud insoportable para Shun, quien empieza a temer que la Divinidad no acepte su petición y le obligue a aceptarlo de otra manera.

Pero, al final, el también llamado El Invisible toma su decisión.

"Yo soy un dios, y él es solo un simple humano" concluye para sí "Al final mi voluntad prevalecerá sin importar ningún lapso de tiempo ni lo que él intente hacer para resistirse a mí. Así es como yo deseo que sea, y así es como será".

Entonces, esbozando una pequeña sonrisa confiada, el espíritu de Hades habla al fin.

Besa la inscripción de la estrella de cinco puntas y jura cumplirla—ordena, su voz vibrando firme y autoritaria—. Solo así sellarás esa promesa hecha por tu propia voluntad, y solo entonces yo haré lo que me pides... Suelta a tu amigo, toma la estrella en tu mano, y jura.

Manteniendo su expresión lo más serena posible, Shun suelta suavemente a Hyōga y, aun cuando su mano tirita visiblemente al hacerlo, toma el medallón que no ha dejado de vibrar intensamente sobre su pecho, lo acerca despacio a sus labios, y besa la inscripción tallada en él con un beso pequeño pero firme al tiempo que promete cumplir su palabra.

En cuanto lo hace, el medallón comienza a fulgurar con mucha fuerza deslumbrando a Shun con su resplandor rojo sangre, mientras la sombra etérea del espíritu de Hades brilla también, apagándose casi al segundo siguiente, justo cuando el medallón de oro deja de agitarse y el fulgurante brillo de la estrella de cinco puntas se extingue.

Cuando al fin Shun abre los ojos puede ver que la presencia del espíritu de Hades es mucho más que una sombra etérea. Ahora posee un cuerpo casi sólido, un cuerpo que ya no está vistiendo la majestuosa Cloth de antes, sino una túnica larga color violeta, de pliegues amplios, ceñida a su torso por un cinturón estrecho adornado con detalles sobrios forjados en oro y que va a juego con las dos grandes y elegantes hombreras que porta, las cuales coronan una larga y aún más amplia capa de color gris oscuro. Su cabello también es diferente. Ya no es negro, como el ébano, sino rojizo con matices burdeos.

—Es tu turno de cumplir,… Hades—dice Shun, esforzándose por mantener su voz tranquila y por ignorar, también, la ignominiosa sensación que le produce nombrarlo al saber que ha sido él mismo quien ha contribuido para que la Divinidad haya dejado de ser solo una simple sombra etérea.

Su voz hace que Hades abra los ojos muy lentamente.

El Amo del Inframundo contempla su nuevo ropaje en silencio y luego inhala profundamente como si en realidad el aire que lo rodea pudiera colarse en lo profundo de sus pulmones, mientras estira ambos brazos y flexiona cada uno de sus dedos reconociendo la nueva casi solidez de este cuerpo. Sus dedos largos, réplica exacta de los de Shun, se clavan en un largo mechón de cabellos rojizos extendiéndolo despacio, muy despacio, al tiempo que sus ojos verde muerto se deleitan profundamente con el nuevo color pues este es la clara señal de que ahora su alma y Shun están ligados irremediablemente.

—Hades—lo vuelve a llamar Shun, esta vez usando un tono firme.

Hades lo mira. El joven aún está de rodillas sobre las duras baldosas, y ha vuelto a sostener el cuerpo moribundo de su amigo mientras una de sus manos acaricia los cabellos rubios.

Shun levanta la cabeza, y sus brillantes ojos verdes lo miran fijamente exigiéndole sin palabras que cumpla su parte del trato.

Al fin, cerrando sus ojos carentes de brillo, Hades extiende su brazo derecho hacia el cuerpo moribundo de Erii Aizawa, abriendo su mano y, luego, cerrándola como si estrujara algo dentro de ella.

Al instante los últimos restos de la escasa esencia de Eris que aún se aferraban a la joven desaparecen escindiéndose despacio mientras la pequeña manzana dorada que está sobre su cuello se resquebraja por completo despidiendo largos hilos de humo negro hasta que finalmente no queda nada. También, el filoso tridente que se hundía lentamente en el pecho de la joven comienza a fundirse y es consumido por el poderoso resplandor rojizo del cosmos de Hades.

Cuando el resplandor desaparece, el cuerpo de Erii queda inmóvil sobre el frío suelo del patio, luciendo aquel sencillo vestido color verde manzana que Shun le viera usar no hace muchos días.

Al verla así, Shun sabe que ella estará bien.

Luego Hades centra su atención en Hyōga, quien gracias a Shun no sangra más, pero cuya respiración no ha dejado de ser trabajosa, lenta y pesada.

Aléjate de él—ordena.

Con cierta reticencia, Shun suelta a su amigo y se aleja solo lo que considera suficiente.

Entonces Hades extiende su mano izquierda hacia el rubio. Lentamente, un luminoso halo de color escarlata que no es otra cosa que el poderoso cosmos de Hades comienza a envolver el cuerpo del ruso hasta que lo cubre en su totalidad. Y, de pronto, un par de resplandecientes y finísimos hilos hechos de puro cosmos se desprenden del punto más brillante en el interior de esa burbuja etérea. Tomando la forma de algo parecido a un paño ambos hilos de luz se estiran y se contraen adaptándose con suma delicadeza a lo largo y ancho de las mortales heridas en el pecho y la espalda del Cisne cerrándolas limpiamente.

Cuando las heridas están totalmente curadas, Hades deja caer suavemente su mano izquierda y el brillo rojizo de su cosmos se apaga por completo al instante.

De inmediato, Shun vuelve a acercarse a su amigo y, mientras lo sostiene entre sus brazos, puede ver cómo la agonía de Hyōga comienza a ceder poco a poco hasta que al fin su respiración se torna suave y serena.

—Gracias—musita Shun en un susurro sin dejar de aferrarlo. Luego, sin apartar sus ojos verdes de él, hace la pregunta que ha estado carcomiéndole desde que el dios del Inframundo dejó de ser una sombra etérea:—¿Cuándo… ocurrirá, Hades? ¿Cuándo llegará tu tiempo?

Lo sabrás cuando sea oportuno. Por ahora no ne-...

—Necesito saberlo ahora—replica Shun con voz calmada pero firme, levantando su titilante mirada esmeralda hacia él—Necesito saber cuánto tiempo me queda junto a las personas que amo.

Hades lo mira fijamente por un instante, sorprendiéndose a sí mismo al no sentirse ni siquiera un poco indignado ante la osadía que Shun ha cometido de interrumpirle mientras él hablaba. Y se sorprende aún más al darse cuenta que es porque en realidad no lo considera un inferior, sino alguien en verdad digno de un dios como él. Alguien digno y, sin duda, con la fuerza necesaria para poder vivir el tiempo que le queda soportando el peso de la verdad. Por eso Hades decide responder.

Cada 243 años Athena y yo nos enfrentamos en la llamada Guerra Santa. 242 años han pasado desde que la última ocurrió—dice—. El sello con el que Athena selló su victoria sobre mí está a punto de perder todo su poder. Cuando eso ocurra los 108 espectros a mi servicio serán liberados.

—Solo un año... —musita Shun, su corazón congelándose por un momento.

Así es. Un año es todo el tiempo que tendrás—dice Hades, mirándolo fijamente—, aprovéchalo bien porque después de eso tú tendrás que venir a mí. Llegarás a los límites de mi Reino por tu propio pie, los cruzarás y caminarás a través de él hasta encontrarme nuevamente. Y entonces deberás cumplir la promesa que has hecho de pertenecerme para siempre—sentencia finalmente el Soberano de la Oscuridad.

"Un año es tan poco tiempo..." piensa Shun. Esas palabras resuenan alto y claro en su mente, como un mantra, llenándolo de infinita tristeza y ansias hasta que se obliga a sí mismo a levantar la cabeza y a abrir los ojos.

—Cuando llegue el momento—dice Shun con voz suave y un tanto triste pero aún así firme, mirando a la Divinidad directamente a los ojos—cumpliré mi promesa tal como tú has cumplido la tuya esta noche, Hades... Lo haré.

Luego, sin decir nada más, vuelve a fijar sus bellos y entristecidos ojos verdes en el rostro de su amigo.

Llegado ese punto, Hades decide que es tiempo de marcharse, sin embargo, no consigue apartar sus ojos verde muerto de los dos jóvenes frente a él. Y es que la enorme tristeza que emana desde lo profundo del alma de Shun está golpeándolo con tanta fuerza que su mismísima presencia comienza a impregnarse de una tremenda melancolía.

El hecho en sí no le sorprende, después de todo ahora su espíritu y el de Shun están enlazados. Lo que sí es una sorpresa para él es la urgente necesidad que le llega de pronto; es un afán imperioso por deshacerse de esa melancolía cargada de todo el amor que Shun siente por Hyōga porque para su alma oscura ese sentimiento es una quemazón tan incesante como desagradable, y de ninguna manera quiere marcharse llevándose ese sentir clavado en su ser. Por eso, para evitarlo, sus ojos brillan tornándose rojo resplandeciente y, sin esperarlo siquiera, Shun siente una densa niebla gris llenando su cabeza.

Sin saber qué está ocurriendo Shun levanta la cara y fija sus verdes esmeraldas en Hades, mirándolo confundido y atónito, mientras su percepción del entorno se vuelve difusa hasta que termina por desdibujarse completamente cuando al fin Shun se desploma sobre Hyōga perdiéndose en la inconsciencia. Es en ese momento que la melancolía llena de amor que inundaba a Shun se esfuma del pecho de la Divinidad.

Complacido por ello Hades se difumina por fin dejando tras de sí las resplandecientes reminiscencias de su cosmos rojo intenso.

Solo entonces la luz del alba, que había sido comida por las sombras tenebrosas de la oscuridad profunda que el aura de Hades emanaba, empieza a destellar lentamente sobre los tres cuerpos que han quedado inconscientes sobre el patio de juegos del orfanato "Hijos de la Estrellas".

Y solo cuando todo esta lleno de la luz de la mañana, Akira, Tatsuya y Makoto se atreven a deslizar muy lentamente la puerta de cristal del edificio principal, desde donde, escondidos y asustados, han sido testigos mudos de todo lo que ocurrió.


Nota final de la autora: Tenía lista esta actualización desde hace unos cuantos días, pero quise subirla precisamente hoy porque HOY el fic cumple dos añitos (Buff! Qué rápido! Y yo sigo sin poder terminarlo… ¡Qué vergüenza! *se quiere esconder debajo de una enorme roca*). Así que, quiero que sepan que por ahora no voy a actualizar ningún otro fic que no sea este. Creo que ya es justo que tenga un ritmo de actualización más constante.

Por cierto, si alguien quiere unirse a mí para cantarle el Happy Birthday al fic, seguro que harán que Shun y Hyoga se pongan contentos y, quién sabe, igual y hasta se pongan generosos y regalen besos y lametones a las que se animen a cantar conmigo xD (acá entre nos, yo les confieso que QUIERO que Shun me dé un lametóóón bieeeeen grande. Aunque, ¿creen que querrá dármelo después de lo que le he hecho pasar en este capie?... ó_ὸ)