Sebastian rió con fuerza. siempre había encontrado una extraña diversión en el sufrimiento ajeno, pero si además se trataba de la gente que había intentado matarle, todavía se ponía más interesante. Había aprendido desde muy pequeño a crear fantasías, le había enseñado su padre, aunque lo que ni siquiera Christian sabía era que tipo de fantasías eran esas.
No había sido un niño feliz, no había tenido grandes fiestas de cumpleaños y los amigos habían brillado por su ausencia; la escasa presencia de su padre y la falta de una madre, sin explicación alguna por parte de Christian, no habían hecho sino empeorar las cosas.
Por eso, cuando se había tratado de crear cosas con la mente, jamás se le había pasado por la cabeza la idea de crear unicornios como los que había visto en los libros de historia o arco iris. El niño que había vivido encerrado en los castillos de su padre y que había sido adiestrado para ser el mejor cazador de sombras, prefería cosas más tangibles, como el dolor y la pena.
Pronto había aprendido que un sueño podía ser muy vivido y que una fantasía podía convertirse en la peor fantasía posible. Así había practicado con algunos de sus sirvientes y había conseguido hacerlos enloquecer por completo. Eso le divertía, le hacía sentir realmente vivo, capaz de cualquier cosa.
Ahora, con Alec entre sus garras, como un pobre ratón atrapado por el halcón que estaba a punto de devorarlo, Sebastian comprendió el verdadero poder que tenía entre sus manos. La capacidad para matar a otra persona de miedo y todavía no lo había probado.
Que mejor momento para hacerlo que ahora que disponía de todo el tiempo del mundo para hacerlo y de alguna forma, por instinto seguramente, sabía que Jace y los demás escucharían el dolor proveniente de su víctima. Que bien sentaba escuchar los gritos y gemidos agónicos por el ser amado.
Se había preocupado de aprender a ver esas mismas visiones y que era un gran momento para disfrutar de su obra.
Se encontró en una habitación, no la conocía, pero los sentimientos que notaba provenientes de Alec, se trataba de su dormitorio, el que ahora compartía con ese maldito mago. Que vergüenza para los cazadores, dos hombres juntos; le daba ganas de vomitar.
Alec estaba en la cama, aunque Sebastian prefería no comprobarlo, sabía que estaba desnudo, durmiendo, soñando con el maldito mago. Sebastian se acercó a la cama, no tenía forma física, pero lo veía todo. Podría matarlo, podría poner las manos en el cuello del muchacho y acabar allí con él. Pero eso no sería divertido, porque Magnus no lo vería, ni Jace tampoco. La puerta del dormitorio se abrió, Sebastian se dio la vuelta dispuesto a atacar a cualquier que intentara lastimarle, pero el recién llegado ni se dio cuenta de su presencia.
Magnus se acercó a la cama y se sentó junto a Alec, acarició su rostro y le dio un beso en la mejilla.
"Buenos días." Dijo en un susurro.
Alec se removió tranquilamente en la cama, ronroneó como un gatito y apretó el cuerpo contra el mago para que las caricias siguieran por su espalda.
"¿Qué tal la fiesta de anoche?"
"Tendrías que haber venido. Estuvieron la creme de la creme del mundo mágico de la ciudad, podrías haber conseguido muchos contactos."
"¿Contactos? Magnus, no quiero ser una estrella del rock ni nada parecido, no necesito contactos, con estar a tu lado y poder seguir siendo un cazador de sombras soy feliz. Ya ves que no pido demasiado."
"Pero aún así." Magnus se tumbó en la cama junto al muchacho y lo abrazó, dejado que se acomodara todavía más contra él. "NO me gustaría ver que te dedicas toda la vida a ser un cazador. Podrías morir."
"Es un gag del oficio."
"Yo lo llamo sacrificio inútil. Las cosas no son como antes, tal vez pienses que no tienes nada que perder y que, después de la muerte de tu hermano, tengas que hacer esto para vengarle. ¿Pero sabes que? Tal vez tu no tengas mucho que perder, pero si te ocurre algo yo lo perdería todo."
"Que cantidad de cursilerías." Sebastian no lo soportó por más tiempo y se hizo visible.
Magnus saltó de la cama, pero el antiguo cazador fue más rápido. No sabía que tuviera poderes como un brujo, pero supuso que tratándose de un sueño podría hacer lo que quisiera. Levantó la mano y con un gesto fácil y simple, lanzó al mago contra la pared. Se echó a reír al escuchar el grito de Alec.
"Para eso es para lo único que vales, ¿verdad? Sigues siendo un niño y por mucho que lo creas, no eres un guerrero." Con la mano libre sujetó a Alec contra la cama. "Tenía pensado hacer sufrir a tu novio viéndote morir, pero creo que me lo voy a pasar mejor haciendo que seas tu el que lo veas morir a él."
"¡No, déjale en paz!"
"¿Por qué crees que voy a dejarle cuando maté a tu hermano sin ningún remordimiento?" Alec hizo todo lo que pudo por moverse, por ponerse en pie, pero la fuerza de Sebastian era demasiado grande.
"Si me quieres matar, hazlo, soy un cazador, estoy preparado para ese momento."
"Ese es el problema, que tu estás preparado para ese momento. ¿Qué hay de tu novio? ¿Crees que después de ochocientos años, está preparado para morir? ¿Crees que sería capaz de dar su vida por ti?"
"No lo hagas."
De nuevo, Sebastian levantó la mano que sostenía a Magnus contra la pared y lo arrastro hasta el techo. El mago protestó, estaba dejando de respirar, algo le impedía introducir aire en sus pulmones y sabía perfectamente que se trataba de la magia de Sebastian. Miró a Alec, intentó parecer tranquilo, no conseguiría nada mostrando el terror que tenía ante lo que estaba a punto de pasar y hacerle pasar el peor momento de su vida al muchacho.
"Por favor, Sebastian, ¿No tuviste bastante matando a mi hermano? No era más que un niño."
El otro cazador sonrió con maldad. Definitivamente aquella gente no le conocía, no sabían de lo que era capaz, ni porque lo hacía. Podría explicárselo, podría decirles que le divertía el sufrimiento ajeno por el simple hacer de escuchar los gritos de los inocentes y ver sus rostro de pánico; pero sin duda alguna no lo iban a comprender, nadie era como él. Así que decidió no decir nada.
"¿Quieres saber una cosa? Esto ni siquiera es por ti, no me importa tu sufrimiento o el de tu novio." Alec se estaba haciendo daño al luchar contra unas cuerdas invisibles que apretaban su cuerpo. "Podría mataros a los dos sin más y apenas me divertiría durante cinco minutos. Lo realmente importante, es llegar a tu querido amigo Jace, ese del que has estado enamorado durante tanto tiempo. ¿Todavía estás enamorado Alec?"
Sebastian miró a Magnus, acababa de darse cuenta que también disponía de cierta y extraña capacidad para leer la mente de la gente, o al menos de canalizar algunos de sus sentimientos y Jace, era un tema intocable para el mago.
"Tu también lo piensas ¿Verdad? También crees que está enamorado de su amigo. no creo que haya dejado de estarlo y que tu no eres más que un sucedáneo de lo que podría tener con él."
"¡Cállate! No sabes nada sobre mi, ni sobre mis sentimientos." Alec miró con desesperación a Magnus, deseaba tanto que aquella tortura terminara. "Magnus, escúchame."
"Lo se pequeño, lo se."
"Necesito que me escuches."
"No hace falta, no voy a permitir que ese bastardo siga jugando con nosotros, si quiere matarnos, que lo haga de una vez, pero se perfectamente lo que sientes por mi."
"Magnus…"
"Muy bien, si eso es lo que quieres, podemos terminar esto ahora mismo."
- o -
Alec estaba gritando cuando abrió los ojos; las lágrimas caían sobre su rostro y le empañaban la vista y todo su cuerpo temblaba a la vez. Cayó al suelo, de golpe cuando Sebastial le soltó y notó sombra delante de él.
"¿Has visto lo que puedo hacer en un simple sueño verdad?"
"¿Por qué nos haces esto?"
Sebastian cogió su rostro con una mano y le quitó algunas de las lágrimas de su mejilla con un dedo, lo lamió y suspiró.
"Me gusta divertirme con mis juguetes."
"Estás mal de la cabeza."
"Si, en eso tienes razón, estoy loco, por tus amigos y tu os empeñasteis en matarme. Yo solo quería ser feliz, quería a Clary, sabía que estaba hecha para mi, pero tu querido Jace tuvo que meterse en medio; incluso cuando creían que eran hermanos, incluso entonces, había algo entre ellos."
"¿Todo esto es por Clary?"
Sebastian apretó el cuello de Alec contra la pared y el chico protestó al sentir que dejaba de respirar.
"No intentes comprender algo que está muy por encima de ti." Su mano apretó todavía un poco más, lo suficiente para hacerle gemir desesperado por respirar. "Tu siempre has sido un niño bueno, incluso cuando les contaste a tus padres que estabas con ese maldito brujo, lo comprendieron y te siguieron queriendo como su niño bonito. ¿Crees que todos hemos tenido esa suerte? Es hora de que todos sufráis lo mismo que yo, que perdáis a vuestros seres, queridos." Sonrió todavía con mayor maldad. "Tengo una duda contigo Alec. "¿A quién prefieres ver muerto antes? O mejor dicho ¿Quién prefieres que viva, tu novio o tu mejor amigo?"
