Gracias a los que me agregáis a favoritos y alertas, a los que leéis y comentáis, también a los lectores silenciosos espero lo disfrutéis.
Nan aquí tienes el diez y once, disfrútalos.
Quinta Lección:
No es tan fácil olvidar.
No tardó en llegar a San Mungo y enseguida localizó a su madre, más se sorprendió al descubrir a Sirius al lado de esta. ¿Cómo era posible que él hubiese llegado antes?
-Mama. –Su madre no tardó en levantar la vista y localizarlo, en cuanto lo hizo rompió a llorar y rápidamente la refugió en sus brazos: -¿Qué ha pasado?
Fijo su mirada en Sirius, y este tan solo lo miró molesto y declaró:
-Al parecer unos miserables lo pillaron desprevenido, si hubiese esperado ayuda como debía hacer esto no habría pasado.
-Es un maldito cabezota, nunca hace lo que se le dice, Kinsgley está furioso.
Enseguida notó la presencia de cuatro personas más en el lugar, Los Longbottom, amigos de sus padres desde la escuela, más bien de su madre, y los Lupin, esa pareja era realmente increíble, Remus Lupin, también ejercía de profesor, y había sido compañero de su padre y de Sirius en la escuela, por otra parte Tonks, era una aurora respetable y sobrina de Sirius.
Hacía dos años que se había casado con Remus, y se llevaban trece años de diferencia, pero ella parecía ser la adecuada para el sereno y siempre serio y respetable amigo de su padre, él era la cabeza, y ella la diversión.
Se complementaban como solo dos almas gemelas podrían hacerlo, los Longbottom por otra parte contaban con hijo de su misma edad, no habían coincidido en clase de pequeños, pero eran amigos desde siempre, por que su madre y la de él eran casi inseparables.
No se podía ver a una sin la otra, no obstante sus profesiones habían sido completamente diferentes, pero cuando su padre paso a ser compañero de ambos en el cuerpo de aurores el grupo volvió a ser igual de inseparable que antaño.
No obstante, Alice Longbottom parecía odiar a su padre, pese a que también lo apreciaba aunque no lo dijera en voz alta.
-¿Cómo fue?, ¿qué sucedió exactamente?
-Según tengo entendido estaba siguiendo a alguien sospechoso por un callejón, más de repente este pareció entrar en el interior de una casa, se le dijo que esperase por si había alguien más en el lugar.
-Pero no quiso, dijo algo de que no podía ser cierto.
Declaró Frank Longbottom algo extrañado:
-¿No podía ser cierto el qué?
Preguntó su madre, que ahora se encontraba algo mejor y escuchando lo que sus amigos explicaban, la que tomo la palabra fue Nymphadora, que declaró:
-Parecía entre enfadado y desconcertado, hablaba algo sobre que era imposible, y que no podía creérselo, lo último que dijo era algo así como Pettigriw.
Enseguida notó las miradas que se dirigieron los presentes entre ellos, excluyendo de la misma a él y a Nymphadora. Notó el nerviosismo en todos, pero sobre todo el enfado en los rasgos de Sirius, y la seriedad en los de Remus.
-¿Qué sucede?
Preguntó desconcertado, pero no recibió respuesta de absolutamente nadie:
-Después de eso, perdimos toda señal de él, cuando llegamos al lugar, la casa estaba destrozada y él se encontraba bajo los escombros y gravemente herido.
Tras esas últimas palabras el silencio se adueñó del lugar, y el miedo se fue extendiendo a la par que pasaba el tiempo y nadie iba a verlos para informarles de lo que estaba sucediendo.
Sirius fue el que arto de esperar se puso a pedir explicaciones, recibiendo siempre la misma respuesta, aun no se puede informar de nada, solo que sigue en la sala de sanación.
La noche se hizo eterna y estaba sumamente nervioso y desesperado cuando al fin apareció el sanador.
Les informó de los pros y contras que había habido a lo largo de la sanación, de las heridas más graves y de los cuidados que debía recibir, también de que debía de encontrarse durante dos semanas bajo observación.
-¿Podemos verlo?
Solicitó su madre entre lágrimas aliviada, el sanador los miró a todos y tras volver a mirar a su madre, declaró:
-Solo cinco minutos, después nadie podrá quedarse en la habitación.
Todos asintieron a sus palabras y él y su madre fueron los primeros en pasar a ver a su padre, este se encontraba completamente dormido y con una pierna en alto y vendada, además de un brazo en cabestrillo.
Según le habían informado la peor herida había estado en el costado, y pese a que habían detenido la hemorragia de la misma temían que hubiese serias consecuencias.
Su madre corrió hasta la cama de él, y besó sus labios a la par que acariciaba su cabello, se percató de que comenzaba a llorar de nuevo y se acercó a ella para cogerla por los hombros:
-Venga, está bien, papa es fuerte, verás que no tardará en recuperarse.
-No lo entiendes, Harry, todo esto es por mi culpa.
La miró sin comprender, y suspirando negó:
-No, es culpa de su trabajo y esos miserables a los que intenta cazar, tú no tienes nada que ver, y mejor que dejes de decir estupideces o se despertará para enfadarse contigo.
-Estás tan equivocado. –su madre besó la frente de su padre, y seguidamente susurró: -Lo siento tanto amor, ojala nunca…
No terminó la frase pues comenzó a llorar de nuevo, sin entender el estado de su madre prefirió sacarla de allí y dejar al resto que entrara, ella no quiso en un principio, pero cuando insistió un poco más, enseguida lo siguió.
Tras un rato de estar haciéndoles compañía fuera, tanto el matrimonio Lupin, como el Logbottom, se excusaron y anunciaron que regresarían siempre que les fuese posible.
Sin dudar de sus sinceras palabras, todos ellos se fueron, el único que se quedó fue Sirius:
-Sería mejor que regresases a Hogwarts Sirius, mañana tienes que dar clases.
-No te preocupes Lil, mi sitio está aquí.
-Pero en unas horas…
-La única consecuencia es que no me veré tan guapo como siempre, nada más, iré a por algo de tomar, ¿quieres tú algo?
-Un café bien cargado.
Declaró, Sirius se separó de la pared y declaró:
-Acompáñame Harry.
Desconcertado miró a su madre y seguidamente a Sirius, suspiró y se puso en pie para seguirlo, la verdad es que estaba cansado, caminó al lado de este en silencio y cuando pasaron la esquina Sirius declaró:
-Yo hablaré con Dumbledore, le explicaré lo que sucedió y seguramente te dará permiso para que puedas estar con tu madre y tu padre.
-Gracias.
-¿Dónde estabas?
Desconcertado lo miró sin entender, Sirius se detuvo y lo encaró:
-Fui a buscarte en cuanto llegó la noticia y no estabas en tú cuarto, te lo preguntaré otra vez, ¿dónde estabas?
-¿Dónde crees tú?
Preguntó molesto por la actitud de este, Sirius apretó los puños molesto y declaró:
-No quiero juegos Harry, ni el más mínimo, te lo repetiré, ¿dónde estabas cuando te fui a buscar?
-Estaba en el campo de Quiddicth, puedes preguntarle a Ginny, ¿a qué viene esa desconfianza?, ¿qué…?
-Le pediré dos semanas a Dumbledore para ti, incluso algo más de tiempo, te aconsejo que aclares tú mente Harry, en esas dos semanas piensa muy bien lo que quieres hacer, pero sobre todo, procura aclararte a ti mismo que la señorita Granger es una alumna.
Alarmado lo miró, ¿a qué venía eso ahora?
-¿De qué estás hablando?, sé perfectamente eso, lo que no comprendo es tú actitud desconfiada.
-Te conozco lo suficiente para saber que no pareces tenerlo tan claro, de todas formas todavía estás a tiempo de solucionarlo todo, así que ya lo sabes. No pienso vivir un infierno más, si en ese tiempo, no te has aclarado, tomaré cartas en el asunto.
No fue capaz a decir nada, Sirius cogió el café de su madre y algo para él y comenzó a alejarse de él, molesto declaró antes de que se perdiera de vista:
-No tengo nada que aclarar.
Sirius se detuvo, giró para mirarlo y seguidamente declaró:
-Tienes razón, solo tienes que olvidar.
Todo él se tensó, ¿olvidar?, ¿de qué le estaba hablando?, ¿era posible que supiera más de lo que él creía?, Sirius se perdió de su vista y no pudo más que apoyarse en la pared y quedarse allí como idiota.
Olvidar, maldita sea, ni que fuera tan fácil de conseguir.
Suspiró para seguidamente recomponerse, no lo era, pero debía serlo, y tenía dos semanas en un principio para conseguirlo, así que debía lograrlo.
Dos semanas, parecer un periodo intermedio, ni muy largo, ni muy corto, catorce días para ser exactos, más pensé que sería suficientes, sobre todo porque en ese tiempo no había tenido descanso alguno.
Día tras día, su padre y el hospital ocuparon toda su mente, Ginny le escribía casi a diario para informarse sobre el estado de su padre y para informarle de las cosas más importantes en Hogwarts, Sirius también le escribía, y Draco, más bien le relataba anécdotas para nada decentes.
Esas cartas eran las que más disfrutaba su padre, por supuesto las leía cuando su madre no estaba presente, y este siempre reía divertido por las cosas que decía el rubio.
Todo él se había olvidado de ella, o al menos eso se había dicho, repetido y grabado a fuego, por eso, el Jueves, en que su padre abandonó el hospital, cuando recibió la misiva de Dumbledore, preguntándole si precisaba más tiempo, le respondió que no.
Su propio padre le había dicho que regresase a Hogwarts, que no podía seguir perdiendo prácticas.
Esa noche durmió en su casa, y tanto él como su madre, la pasaron en todo momento con su padre, ambos regresarían a sus respectivos puestos de trabajo, pese a que su padre aun no podía regresar al suyo.
Cuando su madre se despidió para ir a descansar, ambos se quedaron solos en la sala, desde el mismo instante en que había respondido a Dumbledore que regresaría, todo su cuerpo se había comenzado a sentir ansioso, y lo peor es que no deseaba pararse a pensar en el motivo:
-¿Qué tal están yendo las cosas por Hogwarts?
Esa pregunta lo sacó de sus pensamientos, dejo de mirar el fuego y miró a su padre:
-Bien, está siendo toda una experiencia.
Su padre sonrió a sus palabras y seguidamente declaró:
-¿Y en cuestión de amores?, Tu madre me ha estado diciendo que tiene unos cuantos planes.
Frunció el ceño algo molesto, sí, sabía perfectamente los planes de su madre:
-Me temo que nunca se llevará a cabo, ella y la señora Weasley ven cosas donde no las hay.
-Según Sirius sería la solución perfecta.
Tras esas palabras se tensó, ¡la solución perfecta!, ¿a qué problema?, ¿le habría dicho Sirius algo a su padre?, tras preguntarse eso se recriminó a sí mismo, ¿qué le habría dicho?, no había nada que decir, no había nada, nada.
Más por más que se lo repitiera a sí mismo, no había una mentira mayor, desde el preciso instante en que sabía que volvería, ella había ocupado todos sus pensamientos.
Hermione Granger, lo había atrapado, convirtiendo todos sus esfuerzos de esas dos semanas en mísero polvo inservible, la risa de su padre, lo pilló desprevenido:
-Tampoco es para que te pongas así, sé que el matrimonio puede asustar, pero hijo, no conozco a nadie que haya muerto por el mismo. Aunque por tú cara pienso que serías el primero.
Negó y sonrió pese a que era lo que menos le apetecía hacer:
-No es eso, Ginny está enamorada de otra persona, nunca podríamos ser felices como nuestras madres creen.
Su padre se encogió de hombros y se puso en pie con la ayuda de un bastón:
-Será mejor que descanses, seguramente Ginny y Draco te tienen una bienvenida por todo lo grande, esos dos no desperdician una oportunidad de celebrar.
Sonrió a este, y lo vio alejarse, miró de nuevo el fuego y suspiró, seguramente tenía razón.
Y sí que tenían una sorpresa, más no una agradable.
La despedida de su padre y su madre, el viaje de regreso a Hogwarts, y el día en general, fue completamente tranquilo, se había convencido a sí mismo de que podía resistir el tiempo que le quedaba, que podía conseguir que no le afectara, además, con la amenaza de Sirius sobre él, podía lograrlo.
¿Qué eran menos de nueve meses con todo lo que había tenido que soportar hasta el momento?, nada, un soplo y ya.
En cuanto pudo un pie en Hogwarts, Ginny se tiró a sus brazos feliz de volver a verlo, para seguidamente susurrarle al oído:
-¿Todo bien?
-Mejor imposible.
Declaró, juntos hablaron sobre esas dos semanas, ella lo acompañó a su cuarto, y le informó sobre la bienvenida que le tenían reservada, evidentemente, no era ni imaginable, sonrió ante la alegría que Ginny parecía desprender, ella le había estado informando sobre sus progresos en el asunto Malfoy, a la par que recibía la otra cara de la moneda.
Malfoy parecía comenzar a notar a Ginny algo más.
-¿Por qué no vamos a buscarlo?
Ante sus palabras asintió, no podía negar que había echado de menos la compañía de ambos, se encaminaron hacía la clase de pociones, donde según Ginny le había dicho, debía encontrarse el rubio, al parecer estaba impartiendo clases por las tardes junto con Snape.
Al llegar al lugar, Ginny abrió la puerta feliz, y comenzó a hablar, no obstante no escuchó ni una sola sílaba de las que ella pronunció.
En cuanto la puerta se abrió, se encontró con una imagen que desearía no haber visto en su maldita vida, todo su cuerpo se tensó, su sangre comenzó a hervir, y todo él solo deseaba una maldita cosa.
Lanzarse contra Malfoy y matarlo en el acto.
Malfoy se encontraba con Hermione Granger entre sus brazos, por la posición en la que se encontraban, no cabía duda, de que ambos, estaban disfrutando de lo que estaba pasando ahí.
Los labios entreabiertos de ella y sus manos sobre su pecho, lo enfurecieron casi hasta cegarlo, más sabía que debía controlarse, tenía que lograrlo, debía hacerse el puto ciego, el que no le importaba, el…. A la mierda todo:
-¿Qué demonios significa esto?
Su voz sonó en un susurro casi enloquecedor, provocando que Malfoy tardara escasos segundos en separarse de ella y que Ginny diera un paso hacía atrás:
-Clases particulares, me temo que la señorita Granger no ha hecho su mejor trabajo en mi clase últimamente y precisaba un apoyo extra.
La voz del profesor Snape se escuchó tras ellos, y eso lo convenció de que en ese momento debía callar, no podía lanzar a su amigo a la boca del lobo, ¿verdad?, aunque ganas no le faltaban. Detectó el miedo en los ojos de Malfoy al escucharlo hablar, no obstante él sabia que Snape no había visto nada.
En cuanto posó al fin sus ojos sobre ella, detectó el miedo enseguida, y percibió como se alejaba de Malfoy, ¿creía que podía librarse de su furia?, no, no sabía lo que había ocasionada, ni mucho menos.
-Clases particulares, comprendo, sin duda estarán siendo muy provechosas.
Su voz sonaba fría e intentó disimular al máximo el enfado, Malfoy mostró un vial y declaró:
-Puedes apostar por ello compañero, sabes que soy un profesor excepcional.
Este le giño un ojo, eso lo enfureció, así que sí que había respondido a Malfoy, la miró furioso, ¿qué tanto le había enseñado?, ¿qué exactamente había aprendido ella?:
-Si ese es el caso, señorita Granger, entonces ya puede marcharse, el Lunes a la misma hora.
La voz Snape pareció liberar a Granger de su mirada, y rápidamente ella recogió todo y sin mirarlo si quiera huyó de allí, que corriera lo que quisiera, la acabaría alcanzando, no obstante tenía algunas cosas que aclarar con su rubio amigo, ¿con romperle los dientes le quedaría bien claro que lo quería lejos de ella?
-¿Qué tal está de salud su padre señor Potter?
La voz de Snape lo obligó a dejar de mirar a Malfoy y declaró:
-Mejor señor, Gracias por preguntar.
-Deber nada más, ahora háganme el favor de abandonar mi aula.
Frunció el ceño ante sus palabras, no obstante no dudo en obedecer, Malfoy y Ginny salieron detrás de él, en cuanto la puerta se cerró, cogió a Malfoy del brazo y tiró de él.
No le importó en absoluto hacerle daño, pues no pensaba detenerse ahí:
-Harry, espera, tranquilízate, esto…
-Cállate Ginny.
Declaró furioso, Malfoy rompió a reír, parecía tomárselo a broma y eso lo enfureció aun más, en cuanto llegaron a la biblioteca, se fijó que no hubiese nadie indiscreto y sin contemplaciones lo empujó contra una de las mesas, cerró la puerta tras ellos y declaró furioso.
-¿Qué demonios se supone que estás haciendo?
-Venga ya Harry, eres consciente de que no es la primera vez que lo hago, ¿qué más te da?
Ginny decidió tomar la palabra, y él se fijó en que las luces de la estancia habían comenzado a titilar, debía calmarse, tranquilizarse:
-¿No comprendes lo que esto puede acarrearte Draco?
-Por favor Ginny, tú también no, la conozco desde hace años, además, nunca me pillaran.
La sonrisa en el rostro de él lo obligó a apretar los puños molesto, a la par que Ginny decía:
-Lo vi hace un rato, ¿y si llega a entrar Snape antes que nosotros?
-Lo tenía controlado, tenía un hechizo en la puerta, vosotros no sois enemigos, por eso no se activó.
-¿Enemigos?, Draco, puedes terminar en Azkaban por esto, ¿en qué estás pensando?
-Azkaban, venga ya, eso es una patraña del viejo y ya, entiendo el estado de Harry, pero Gin, tú compartes mi filosofía, ¿a qué viene esta bronca?
Cansado de ese teque-teque entre ellos, declaró furioso e intentando controlarse:
-No volverás a acercarte a ella Draco.
Más la risa de Malfoy inundo el lugar, seguido de su respuesta:
-Anda ya, si dijéramos que la chica no disfruta con mis besos, pero vosotros mismos lo visteis, y porque no la viste hace dos semanas, ese día me beso como si no hubiese un mañana.
-¿Hace dos semanas?
Escuchó que preguntaba Ginny, mientras que él no podía terminar de procesar esas mismas palabras, hacía dos semanas, él había estado hablando con ella:
-Sí, la noche en que tú madre te llamo.
Esas palabras lo cegaron por unos instantes, la misma noche en que ella, había estado insinuándole con la mirada que deseaba que la besara, cuando Ginny lo había besado ante ella, la misma noche en que Sirius le había dicho que se olvidara de ella.
Varios cristaleras estallaron en ese preciso instante, la misma noche en que Ginny y él habían entendido que no servía de nada, que se sentía como un idiota por besar a Ginny cuando solo deseaba besarla a ella.
-No te lo repetiré dos veces Draco, esto se terminó ya, no pienso consentirlo.
Tenía que pararlo, debía conseguirlo, Draco era su amigo, no podía perderlo por algo como eso.
-Mira, esto es así de simple Harry, no pienso detenerme porque tú lo digas, si quieres delatarme adelante, la pregunta es, ¿serás capaz de verme en semejante lio por tú culpa?
Escuchó como la puerta se abría y seguidamente era cerrada, una nueva vidriera estalló y furioso golpeó con todas sus fuerzas contra una mesa para declarar:
-MALDITO SEA.
-Harry detente, te vas a lastimar.
La voz de Ginny lo hizo enfadar aún más, que importaba que se hiciera daño a él mismo?, eso era mejor a herir a Malfoy, por algo que nunca debería de haberle importado:
-¿Es qué no lo entiendes?, maldita sea Ginny, ¿qué demonios voy a hacer?
-Cualquier cosa menos meterte, Harry, no hagas una locura, sabes que puedes buscarte un buen problema, Sirius…
Molesto la encaró, ¿acaso creía que no lo sabía?, ¿más como detenerse?
-Lo sé, maldita sea lo sé.
El silencio se hizo en todo el lugar, hasta que Ginny suspiró y declaró:
-Y si lo que Draco dijo es cierto, Harry, temo que no podamos intervenir.
Desconcertado la miró:
-¿Cierto?, ¿el qué?
La vio caminar hasta la puerta de la biblioteca y abrirla para seguidamente decirle:
-Si ella disfruta sus besos, Harry, Draco, es como una droga, adictivo.
En cuanto la puerta se cerró de nuevo, los cristales de las ventanas estallaron en mil pedazos, ¿una droga?, idioteces, ella no podía haberse quedado prendada de Malfoy, ¿verdad?:
-Maldición.
Una nueva ventana estallo en mil pedazos, debía calmarse, tenía que hacerlo, o no quedaría un maldito cristal en toda la biblioteca.
No obstante un grito precedió a ese nuevo estallido, con cierto temor a que quien los hubiese escuchado fuese algún profesor, miró hacía el lugar, para quedarse helado.
¿Cómo demonios hacía para aparecer en el momento menos oportuno?, en cuanto ella se giró, sus ojos y los de ella se encontraron y la imagen de hacía unos instantes lo asaltó, furioso y sin poder contenerse caminó hasta ella, y agarrándola de ambos brazos declaró:
-Tu maldita…
-No, yo no, tú te besaste con ella, tú fuiste quien me dejó como idiota deseando estar en su lugar.
Se calló en el acto, ¿qué diantres acababa de decir?, cegado por el enfado y más por lo que ella le recriminaba atrapó sus labios, y sin pensar la obligó a llevar sus manos hasta quedar prendada de su cuello, seguidamente acarició su torso hasta dejar sus manos descansando en su cintura.
Se besaron con intensidad y deseo, con anhelo por parte de ambos, en esos instantes no había dominante ni dominado, eran ambos luchadores, declarando de cada cual el territorio permitido.
Se separaron por falta de aire, y no obstante no estaba satisfecho, pensaba borrar todo rastro de Malfoy de ella, iba a grabarle a fuego que le pertenecía, al olvido las normas y todo lo demás, ¿Qué podía ir a Azkaban?, muy bien, que así fuera, pero ella no sería de nadie más, ella sería de él y ya. La empujó contra una de las mesas y sin dudar la alzó para quedar sentada en la misma, en cuanto sus labios volvieron a hacer contacto, las luces se apagaron, se deleitó unos instantes con el brillo de sorpresa de sus ojos, para después centrarse en devorar su boca hasta el más recóndito de los lugares.
Dejaría su sabor en ella, no obstante, ella no parecía dispuesta a detenerse tampoco, y sintió como enredaba sus dedos en su pelo, acariciándole el mismo y revolviéndoselo, incitándolo a continuar, y sin dudar lo hizo.
Comenzó un camino de caricias de su cintura hacía abajo, a la par que se separó de sus labios y se decidió a buscar más de su piel, sus labios encontraron el camino deseado, y se centró en su cuello, a la par que percibió el nerviosismo de ella, ante esa reacción se percató de que ese lugar no había sido explorado aún.
Eso le agradó lo indecible, y depositando sus labios dejando un rastro de él se acercó hasta su oído para declarar:
-Nunca más, nunca más lo volverás a besar, ¿me has escuchado?
Se separó de ella, y con una de sus manos la obligó a que lo mirara a los ojos, en cuento hizo contacto con sus ojos inquirió:
-¿Me has escuchado?
Asintió, y la vio morderse el labio inferior, consiguiendo que una pequeña descarga lo recorriera:
-No hagas eso.
Ella se detuvo en el acto y seguidamente declaró:
-Ron, él…
Apoyó su frente en la de ella y se sintió molesto, no, maldita sea, ese sujeto tampoco, por lo que declaró:
-Tampoco, él tampoco, nadie, maldita sea, nadie más te besará, nadie te tocará, nadie que no sea yo, te enseñará lo que quieras saber.
-Quiero que me acaricies.
Esa simple frase, consiguió que se tensara, cuando miró sus ojos percibió un brillo de inocencia que lo obligó a serenarse, era imposible que ella estuviese insinuando eso, ¿verdad?:
-Explica eso.
Susurró y se maldijo al ver que su voz sonaba algo ronca. Desconcertada lo miró sin comprender:
-¿Explicar?, ¿Qué tengo que explicar?
Exasperado y divertido a la par, gruñó en un principio para seguidamente romper a reír:
-Maldita seas, sigues siendo tan malditamente ingenua, quizás sea mejor decirte que hay diferentes clases de caricias pequeña, y créeme, algunas podrían hacerte volar, mientras que otras te harían desear arder en el infierno en lugar de seguir sintiéndolas, a la par que por nada del mundo desearías que me detuviera.
Le dedicó una sonrisa pícara y la sintió temblar, ¿sería eso verdad?, era lo que ella parecía preguntar, por lo que decidió torturarla un poco descendió una de las manos por encima de la tela de la túnica hasta llegar a su muslo y se detuvo en el mismo para susurrarle:
-¿Quieres que te demuestre el punto?
Fijó sus ojos achocolatados en los de él, y colocó ambas manos a cada lado de su rostro para seguidamente acercarse a sus labios:
-Sí profesor.
Sin más apresó sus labios, y lo beso, respondió al beso, a la par que su mano, conseguía esquivar la tela de la túnica, y la colocaba en su rodilla, enseguida notó que comenzaba a temblar, por lo que supo que lo sentía en su totalidad, profundizó el beso, y comenzó a alzar su pierna para obligarla a rodear su cintura con la misma, seguidamente comenzó a descender su caricia hacía su muslo.
Fue de manera lenta, intentando controlarse a sí mismo y a la par hacerla desesperar, sintió como temblaba bajo su cuerpo y deseó con todo su ser saber si respondería del mismo modo si acariciaba otras parte de su cuerpo, no obstante, tras pensar eso, se detuvo y en lugar de seguir avanzando, decidió volver a recorrer el mismo camino hecho hasta el momento, eso pareció no gustarle pues gimió en forma de protesta.
Ante esa respuesta por parte de ella, descendió el ritmo del beso, pese a que ella parecía muy reticente a obedecer, pues justo cuando iba a separase, ella lo obligó a volver a intensificar el beso, Maldijo para sus adentros, y frustrado porque sabía que debía detener todo eso, o acabaría haciendo algo que lamentaría lo indecible, gimió contra sus labios.
Antes de darse cuenta, sintió que ella enredaba sus dedos en su corbata y que tiraba de él, ¿qué estaba planeando hacer?, rápidamente la detuvo y consiguió romper el beso:
-Tienes que detenerte, esto no. –tragó en seco para aclarar su voz, la cual sonaba demasiado ronca: -No sabes en qué puede desembocar, y no deseo que esto pase, no de momento, no aquí, ni ahora, y mucho menos en nuestra situación.
-¿Situación?
Preguntó separándose de él, al ver que se alejaba de ella, la miró unos instantes y tras suspirar asintió y continuo:
-Sí, esto no está bien, diría que es una locura, y pese a que he intentado controlarme a mí mismo, no me has puesto las cosas fáciles en lo absoluto, y con Draco de por medio…
Calló un momento para seguidamente declarar:
-Eres mi alumna, esto nunca debería haber pasado, de hecho no debe volver a pasar, y me encantaría ser lo suficientemente fuerte y tener la voluntad necesaria para detenerlo aquí y ahora, decirte que no te vuelvas a acercar a mí, que no me mires en clase, que me ignores por el pasillo, que te dediques a prestar toda tu atención en el irritante pelirrojo ese que tienes por novio.
Pero no me hago ilusiones, no soy tan noble y mucho menos tan poco celoso, soy una persona penosa y que si algo es mío, no me gusta que nadie mas lo toque, mire, o pose su mirada sobre ello.
Y sé que al final terminaría de nuevo como siempre que te encuentro tras mucho de evitarte. Es decir volviéndote loca a ti y a mí mismo.
-No puedo romper con Ron, él…
Tras esas palabras, la cortó, por mucho que le fastidiara, sabía que el pelirrojo entraría en la maldita ecuación, quizás este fuese el que la hiciera entrar en razón, si él no podía pararlo, quizás ella fuese mejor persona y no pudiera vivir con la idea de traicionar al pelirrojo:
-Lo sé y no te voy a pedir que lo hagas, no soy quien para pedirte algo así, estoy seguro de que ni tú misma te sentirás capaz de continuar con esto si sigues con él, lo que quiere decir que lo terminarás, en el momento en que lo termines, se acabó, a mí solo se me rechaza una vez, no soy segundo plato de nadie.
Esas últimas palabras se las dijo mirándola fijamente.
-¿Qué pasa con la rojiza?, según Ron están planeando su boda.
No pudo evitarlo y rio divertido, ¿la rojiza?, el tono de voz de ella y su mirada le hicieron entender que estaba súper celosa de ella, y no obstante al nombrarla solo pudo pensar, en que la rojiza iba a matarlo y declaró:
-Créeme pequeña, esa boda solo está en la mente de nuestras madres, ella y yo nunca lo hemos pensado en lo más mínimo.
-¿Seguro?
Volvió a romper a reír, ¿podía ser tan insegura?, se acercó de nuevo a ella, y contra sus labios susurró:
-Puedes apostar por ello pequeña, ella y yo, solo nos desahogamos mutuamente a veces.
-¿Desahogaros?
-Mejor no preguntes, aún no.
Sin más, la beso, y agradeció que las luces estuviesen apagadas y que nunca nadie entrara a la biblioteca una vez las luces de esta se encontraban apagadas. Ese era el único lugar donde seguro nunca los podrían pillar a esas horas.
Tras ese beso se separó de ella y le susurró:
-Ve a cenar pequeña y descansa.
Sin más se separó de ella, y se alejó de allí, tras salir de la biblioteca se dirigió hacía su cuarto, una vez en este, las palabras de Ginny lo asaltaron:
"puedes terminar en Azkaban por esto"
Sí, sí que podía, más era Azkaban o volverse completamente loco, se dejó caer sobre su cama y cerró los ojos, la sonrisa de ella acudió a él en el acto, mientras no lo pillaran no habría Azkaban, y seguramente ella lo cortaría todo, era demasiado buena persona para permitir que el pelirrojo viviera en engaño.
Sonrió al recordar sus besos, y se perdió en su mente, imaginando las respuestas que ella podría dar, a diferentes situaciones.
