Bueno, antes que nada, necesito agradecer en específico a un fanfic, llamado "Destinado a Ser", la inspiración más grande que tuve para escribir este capítulo junto con una situación muy personal en la que evidentemente no quisiera ahondar, ja, ja. Dama Jade, muchas gracias por tus mensajes de ánimo, significan mucho para mí. ¡LEAN SU FANFIC! Es FA-BU-LO-SO.
También quiero agradecer cada uno de sus reviews, comentarios, críticas; todo es sumamente importante en el desarrollo de este fanfic que se está enredando cada vez más pero que les prometo que va a desembocar en algo increíble que jamás pensé que podría escribir ni que a alguien le podría gustar.
NK, estás siendo vital en el desarrollo de esta historia. Así es como es. So, prepárate porque vienen tiempos mejores xD
Sin más, les dejo lo erótico más erótico del mundo. Hay de todo y sé que ya lo quieren así que dejo de escribir y los dejo leer.
¡Mil gracias a todos!
Kat~
::::::::::::::::::::::::::::
::::::::::::::::::::::::::::
Capítulo 10
Touch
"… Love hunt me down
I can't stand to be so dead behind the eyes
And feed me, spark me up
A creature in my blood stream chews me up
So I can feel something
So I can feel something …"
Touch by Daughter
Me llamó a una habitación de aquel extraño complejo cromado.
Sabía perfectamente lo que yo pensaba, aún cuando no le había dejado ver mis pensamientos.
Se esforzaba. Lo intentaba, una y otra vez, con profunda ansiedad, con la idea obsesiva de que algo había sucedido entre el Supremo Líder Snoke y yo. Algo como aquella reveladora y casi increíble conversación.
¿Kylo Ren había matado a esos niños, a mi madre y en vida, a mi padre?
Sin embargo, pese a que todo parecía concordar en aquella historia, algo seguía sosteniéndome. Algo, que seguía gritando en el fondo de mi alma que aquello no podía ser verdad.
Yo tenía la capacidad de ver en Kylo Ren a Ben, el joven a quien se le había atraído al Lado Obscuro con falsas promesas de poder y estabilidad, paz y sencillez y lo que había visto en él era imposible de borrar con algunas palabras truculentas.
Había sido vulnerable a mí. Había dejado abiertos sus pensamientos, sus temores, su profunda desolación. Desnudo, expuesto en su totalidad. Los seres realmente malvados son incapaces de sentir temor.
Por eso sabía que no podía no darle el beneficio de la duda, porque sí, yo dudaba totalmente de que aquella historia fuese cierta. Incluso si el Maestro Skywalker me hubiera afirmado los hechos una y otra vez, como si en efecto, fuesen hechos y no sólo producto de la visión enfermiza de alguien que buscaba ejercer su poder a toda costa sobre las cabezas de toda la Galaxia.
- Rey, tengo que hablarte. Es muy importante – Se sentó cansinamente en un sofá obscuro, bajo la penumbra de la habitación.
- ¿Sobre qué?
- Tengo todos tus pensamientos resonando una y otra vez en mi mente. Podría escucharlos a la distancia con la misma claridad con que escucho ahora tu voz. Necesitas concentración – Se retiró la máscara. Su rostro lucía inexpresivo, pero incluso en el timbre de su voz se adivinaba un ligero tono apesadumbrado – Estás perdiendo tu usual control de la Fuerza. Incluso en el Lado Obscuro, el control es importante. No para dejarlo fluir en ti, pero si para usarlo en favor de tus causas. Estas perturbada y distraída – Y de pronto estalló, furioso - ¡Dime de una vez qué demonios pasa contigo! – Se levantó y me sacudió en un santiamén. No pude ni siquiera reaccionar de forma inmediata, pero la furia me llenó por completo y lo tomé también, enojada, por los brazos.
- Me pasa que sé todo – Lo miré con tanta rabia de que era capaz. Sentía cómo la Fuerza comenzaba a llenarme, cómo recorría cada fibra de mi cuerpo, posesionándose de mí.
- Eso es – Murmuró entonces, cargado de profundas sensaciones que en ese instante me era imposible descifrar, no me importaban – Lo que sientes es odio puro. Abrázalo. Sé una con él – Y me miró fijamente. Sus ojos ya no eran los obscuros y hasta hacía unos segundos, serenos de Ben Solo. Eran ojos de fuego puro. Los ojos característicos de los Sith, amarillentos con tintes de carmín.
Mi reacción a ello pudo ser la de detenerme o reflexionar, como habría hecho un jedi, alejándose unos momentos para reflexionar y dar un segundo pensamiento a sus sensaciones impulsivas. Pero no pude.
- Entonces es verdad. Tú mataste a mi madre. Tú mataste a esos padawan… ¡Y me abandonaste! – Comencé a gritar, enardecida. Había perdido el control por completo. El sable pareció seguir mis actos y en un instante estaba lista para pelear con Kylo Ren. No podía recordar lo que amaba de él. Sólo podía recordar los asquerosos tocamientos de aquellos facinerosos en Jakku, de lo doloroso que había sido escapar día tras día, comiendo raciones incompletas de pan y pasar días sin beber una gota de agua.
- Rey… ¡Abrázalo! – Y su sable, intensamente rojo, como carbón encendido, nos separó con su calor mientras el cristal del mío refulgía como alimentándose de mi rabia.
Algo cambió.
Mi cuerpo ardía. Sentía cómo mis músculos parecían desprenderse de mi piel y cada hueso pretendía salir por cada poro. Mi pecho contraído dificultaba mi respiración, pero aun así la forzaba, furiosamente, alterada, como en un estado entre real y onírico; como de pesadilla. Sentía cómo mi cuello comenzaba a desarticularse y mi cabeza estaba pesada y tambaleante. Pero mis piernas permanecieron firmes y mis brazos no se movieron un milímetro mientras sostenían el sable que Kylo Ren me había dado como regalo por aceptar ser su aprendiz, después de aquellos extraños días en que había despertado en mí cosas que no entendía. ¡Cuánto lo odiaba! Aquel horrible sentimiento me asfixiaba, como el más letal de los venenos y obligaba a mi sangre a recorrerme más rápido.
Mi vista se nubló. Fue sólo un segundo, pero fue suficiente para perder el equilibrio. Pero el mareo no fue provocado por ningún factor físico.
Kylo Ren hizo uso de la Fuerza y comenzó a usar su propio poder para hacerme ceder.
Traté de luchar. Solté el sable y la luz roja se desvaneció por completo mientras el mango hacía un ruido metálico una vez cayó al suelo. Sus ojos parecían más intensos, increíblemente vacíos, pero al mismo tiempo limpios y brillantes como luces mortecinas sobre la tierra muerta. Mis ojos comenzaron a escocer durante algunos segundos y luego los cerré, impelida por una fuerza superior que me obligó a abrirlos.
Entonces todo adquirió un tinte distinto; cada cosa, cada centímetro de hierro, cada detalle de la túnica obscura de Kylo Ren, cada marca en su rostro y cada sonido inherente a su respiración, parecían más vívidos, más reales, incluso más seductores.
Fue entonces que comenzó a acercarse; justo en el instante en que comencé a analizar esos detalles, aún en medio de mi rabia, de mi enojo y de mi intenso dolor, comencé a tener de nuevo el control sobre la Fuerza.
Me opuse a él, sin moverme un ápice. Me opuse a su corpulencia, a la elegancia sensual y adulta que emanaba de todo su cuerpo vestido en la túnica que incluso parecía menos obscura que todos sus actos; me opuse celosamente a que entrara de nueva cuenta en mi mente, porque sabía que sería la única manera de desarmarle por completo, me opuse a que mi propia mente evocara los recuerdos de sus labios tibios sobre mi piel ardiente, me opuse a todo cuanto él representaba, sin darme cuenta que al oponerme con todo mi poder, sólo me estaba entregando en bandeja de plata al Lado Obscuro de la Fuerza.
- Mírate, Rey – exclamó entonces, complacido. Dejó entonces de intentar lo que pretendía. Su uso de la fuerza cesó y se acercó, arriesgándolo todo, poniendo su vida totalmente a mi disposición. Una vez más, pude sentir su mente, porque él si me permitió acceso a ella. Sabía que aún deseaba matarlo. Sabía que no me detendría e hizo uso de su última y más desconcertante opción.
Frente a mí, su rostro quedó elevado sobre mi rostro y pude apreciar el reflejo de él en los ojos de Kylo Ren, aun en aquella habitación obscura.
Mis ojos habían cambiado.
Abiertos, más rasgados, casi etéreos, me dejé hechizar por la nueva visión de mí misma.
El mismo rostro, los mismos rasgos, el mismo cabello ensortijado y desordenado. Pero en mis ojos ya no se apreciaba aquel color castaño, ligeramente pantanoso, entre marrón y verde.
Mis ojos eran completa y absolutamente del más claro tono de miel y los tintes carmín que viera antes en los ojos de Kylo Ren, apenas se dejaban ver a causa no de que no fuesen perceptibles a simple vista, sino de la obscuridad misma que nos envolvía.
Su brazo se elevó y, haciendo uso de la Fuerza, lo detuve, del mismo modo que él me detuvo a mí de asesinarle con aquella arma láser, la ocasión que nos conocimos en Takodana, cuando me secuestró por primera vez.
Luchó para tocar mi rostro. Al final se lo permití. Todo transcurría en el más pesado y abrumador silencio, que, de nuevo, parecía más ensordecedor que todos los demás sonidos.
Entonces, fue que hizo algo completamente inesperado. Sus brazos temblaban. Todo él era un manojo de miedo.
Esto me enfureció muchísimo más, pero, controlándome, tratando de sostenerme y de soportar su contacto, salí de su radio de control y contacto y volví a mi sitio en el sofá, guardando silencio con mis labios y con mi mente. No le dejé entrar, me cerré por completo.
La invitación a hablar era evidente.
- Vamos, di lo que debas decir – Dije entonces en mi mente y contestó verbalmente, mientras, sentándose, sacó un pequeño objeto de entre sus ropas, y comenzó a juguetear con él como si le ayudase a hilar todos sus pensamientos de modo que pudiese construir una historia coherente. El objeto, pequeño y obscuro, refulgía aún contra la mínima luz de esa habitación, con un brillo sobrenatural de tintes azulados, sin embargo, me fue imposible apreciar qué era exactamente.
- Luke Skywalker fue quien asesinó a esos padawan. Pudo asesinarme también a mí, pero no lo hizo. Necesitaba a quien culpar.
- ¿Por qué habría de asesinar a su propia orden?
- Fue un error.
- ¿Cómo un jedi cometería un error que le costara la vida a sus propios discípulos?
- Lo desconozco.
- ¿Lo desconoces? ¡Vamos, Kylo Ren! ¿Cómo podrías desconocer algo tan obvio? – Impulsada por la curiosidad, la prepotencia me poseía aún más que la razón.
- No lo sé, Rey. No tengo idea de qué pasó. Pero sé que Luke Skywalker quería deshacerse de ti en Coruscant y te vendió. Me envió a mí porque nadie pensaría que era sospechoso que dos chicos entraran en Coruscant y uno se quedara y el otro se fuese. La venta de esclavos era una práctica común entonces entre familiares y siempre eran los más jóvenes quienes se quedaban y con los que se ganaba más en todos sentidos. Pero, en honor a la verdad, puedo asegurarte que yo no estaba de acuerdo con ello y no sé por qué lo hice.
Lo miré fijamente, con el entrecejo ligeramente fruncido. Lo sentí arrugarse mientras lo decía. Era una historia que no podía creerme del todo.
Traté de sondear su mente y encontré justo lo que me había contado. Pero una imagen no dejó de llamar mi atención y de inmediato lo confronté.
- ¿Por qué, si no querías, me abandonaste? ¿Por qué no me llevaste contigo? ¿Te das cuenta que abandonaste a tu propia sangre a una existencia de sufrimiento siendo una niña? – Me sentí enfurecer aún más intensamente.
- ¡Porque estabas en peligro!
- Así que estabas "cuidándome". Pues tu plan fue un éxito. Sólo viví escondiéndome de no ser violada… De nuevo – Lo vi a los ojos, tan despectivamente que desvió la vista.
- Estaba protegiéndote de que murieras. Cuando volví a buscarte, el comprador ya te había vendido de nuevo y no pude localizarte ni rastrear ninguna señal que me llevase a ti. Pero he vivido para ello, Rey.
- Claro que no. Has vivido para ser "tan" poderoso como Darth Vader – El último reclamo me llevó a la confesión de esa verdad que estaba segura, lo cambiaría todo al ser dicha. Pero no la dije entonces. En cambio, le permití a Kylo Ren decir otra verdad, que, sin saberlo, nos cambiaría a ambos en el mismo modo y en otros diferentes.
- ¿Sabes cuál es mi verdadero nombre? ¿De dónde provengo?
- Alana Jade Skywalker – Lo dijo, no muy convencido.
- ¿Por qué dudas?
- Porque esto me lo dijo Luke Skywalker y no creo en él.
- ¿Por qué mentiría?
- Había otra padawan. Su nombre era Lorelei Naberrie. ¿Recuerdas lo que te conté del mentor de Lord Sidious? Experimentos. Sospecho que ella no murió. Luke Skywalker dice que está muerta, que murió esa noche, pero en lo profundo, sé que eso, por algún motivo, es imposible. De ser así, no serías su hija y nosotros… Nuestro destino…
- ¡Ah! Comprendo entonces – dije segura de decir lo que él no se atrevía – Todo esto es porque si somos primos, tú y yo estamos condenados a permanecer lejos; aún si nadie se enterase, es un hecho innegable que viviríamos de modo aún más ilícito del que ya representa el ser seres que pueden controlar la Fuerza, que deben dedicarse exclusivamente a ello sin distracción. ¿Me equivoco?
Y su semblante, inexpresivo pero relajado, estalló de pronto en fuego y hielo.
- Es decir, no te importa – Y me tendió el objeto con el que jugueteaba en tanto hablábamos – Esto te pertenece – y se levantó – Este es el paso que sigue en tu entrenamiento.
Un anillo, perfectamente redondo, preciosamente ornamentado, obscuro como él mismo, yacía en la palma de mi mano. El brillo azul manaba de catorce pequeñas joyas, rodeando una central de mayor tamaño, redonda y refulgente, engarzada de tal modo que sobresalía del resto. Mi boca se transformó en casi una pequeña y perfecta o.
- ¿Qué se supone que haga con esto? – Era mentira. Mi reacción era una mentira. Por dentro, mi corazón latía desbocado, más no se lo dejé ver.
- Ésa es tu tarea. Decide qué significa para ti.
- ¿Esta es tu disculpa? ¿Una joya?
- No. Es un sello de mi trato.
- ¿Trato?
- Puedes matarme ahora mismo – dijo simplemente. Y levantándose, recogió su sable del suelo y me lo entregó – No te atacaré. Sé que el Líder Supremo quiere que lo hagas. Mátame ahora.
Pude ver en su mente que lo decía con toda convicción.
- No lo haré. Pelea conmigo, sólo así te mataré.
- No. Pelearé junto a ti, pero no te asesinaré. No puedo. Lo intenté. Intenté todo para romper este vínculo que me destroza, por alejarte de mi mente y de mi cuerpo, luché día tras día desde aquel momento en Takodana por asesinarte. No puedo. Líbrame de esto. Líbrame de este dolor que odio más aún que a mí mismo – Su voz entonces se transformó en una súplica – Si lo haces, habrás completado tu paso al Lado Obscuro, no habrá vuelta atrás. Y yo podré encontrar lo que busco.
Entonces fue que todo pareció recomponerse, me hizo sentido. Lo miré, hincado frente a mi, con el mango del sable y se lo entregué junto con el anillo.
- Eso te pertenece a ti – le dije al entregarle el sable – Pero esto – dije señalando el aro reluciente – Lo pondrás tú y sellaré tu pacto. Te odio, Ben – contesté entonces con toda mi alma – pero también amo cada parte de ti con la misma fuerza con que te odio y no puedo comprenderte, pero tampoco puedo asesinarte por ello. No puedo juzgarte por ninguno de tus actos. No puedo ponerme en tu lugar ni compadecerte, pero tampoco puedo enterrar la luz que queda en ti. No puedo ignorarla. No puedo ignorar que está allí, atrayéndome, y no puedo ignorar que cada parte de mí, incluso mi odio, te pertenece.
Me temblaban los labios y sentí mi boca secarse. Me eché atrás en el sofá con las manos temblorosas, mientras las imágenes de partes, en sí mismas inconexas de mi vida, parecían desfilar ante mí, como en una proyección individual. Mi mente se abrió a él, por completo. Podía verlo, sin observarlo con mis ojos, podía ver cómo, desconcertado, pareció aceptar mis palabras como su mayor redención.
El sonido del sable cayendo de nueva cuenta en el suelo me sacó de mi mente, absorta. Su mano tomó mi mano izquierda y eligió un dedo, en el que, sin ceremonias, ajustó aquel aro obscuro en total silencio. No parecía satisfecho o contento. Su expresión apenas si había cambiado. Entonces se levantó, tomó de nueva cuenta el sable y caminó al centro de la habitación, haciéndolo refulgir otra vez.
- Entonces, asesíname de una vez – y tendió la parte brillante hacia mi cuerpo, abalanzándose contra mí.
De inmediato, corrí evadiendo su sable y levanté el mío, mientras rodaba en el piso y me levantaba poniéndome en guardia. Sin alterarse ni mostrar apenas una sola emoción, Kylo Ren me atacó, una, dos, tres veces, mientras me defendía con el sable que perteneció a Luke Skywalker y con el que libró diversas batallas, batallas que otrora había librado mi propio abuelo, Anakin Skywalker. Pero Ben me atacaba ferozmente, más ferozmente que en la base Starkiller.
Estaba perfectamente y aunque la herida en su hombro aún no sanaba por completo, esto no fue impedimento alguno, a diferencia de aquella ocasión, para que diera todo de sí.
- Dijiste que no me atacarías.
- ¿Qué es un Sith si no un ser honorable, pero con la capacidad de dejar de serlo? – Contestó sin emoción, pero la frase en sí misma era el colmo del cinismo.
- Tú no eres un Lord Sith.
- Y tú no eres una Dama Jedi.
- Pero aún puedo matarte – exclamé entonces, casi gritándole – ¡Y como has sellado tu pacto, si te hiero, tu vida me pertenece!
- Ya me heriste, y mi vida ya te pertenece – su tono fue bajo, profundo y dulce.
"… Give me touch
'Cause I've been missing it
I'm dreaming of
Strangers
Kissing me in the night
Just so I
Just so I
Can feel something …"
Sus palabras me obligaron a parar, en un momento en que no debí haberme detenido.
Con un movimiento que estuvo a punto de acabar con mi vida, Ben Solo me había acorralado de cara a la pared, amenazándome con su sable que emitía más calor que el de veinte mil soles. Me detuve en seco, sin moverme un ápice, con la respiración pesada y tensa.
Su brazo me rodeó la cintura y con su pie, me obligó a abrir las piernas.
- Jamás intentes lo que estúpidamente acabas de hacer – y su mano recorrió mi torso hasta llegar a uno de mis senos que ¡Oh, desgracia!, respondió de inmediato a su ruda caricia con rigidez y tensión – Si supieras cuanto he pasado para encontrarte ¡Y esa es tu manera de mofarte del dolor de alguien a quien supuestamente le tienes afecto! – Casi gimió, dolido. Su rostro se hundió en mi cabello, atado en mi nuca, aspirando su aroma descaradamente.
- Suéltame de una vez – Traté de recuperar mi sable, sin éxito. Estaba distraída y perturbada por completo, y él sabía cuánto me dificultaba las cosas su cercanía.
- No. Te soltaré cuando decida que no me perteneces más.
- ¿Estás de broma? ¡Puedo largarme cuando yo quiera! ¡No eres más que un instrumento de toda esta estupidez de guerra que..! – pero no pude terminar de hablar. Dejó de nuevo caer su sable, que esta vez hizo un ruido sordo y ahuecado y de un solo movimiento me volteó y me rodeó con ambos brazos de forma asfixiante.
"… You steal me away
With your eyes and with your mouth
And just take me back to a room in your house
And stare at me with the lights off
To feel something …"
Sin darme siquiera oportunidad de espacio alguno, sus labios me ahogaron en un beso apasionado, doloroso, invasivo. Su lengua cálida repasó mis labios que, a causa de la misma rudeza de su acción, me obligué a cerrar, pero que se abrieron cuando, de forma salvaje los mordió sin importar si sangraban, obligándome entonces a abrirlos. Entonces su lengua literalmente entró en mi cavidad y en tanto me apretaba contra su cuerpo, lastimándome y excitándome al mismo tiempo, ésta sostuvo una lucha con la mía, en un vaivén tan excesivamente sensual que aunque quise detenerme a recuperar el aliento, me vi imposibilitada cuando me impactó contra la pared de nueva cuenta y volvió a voltearme, rasgándome el blusón y los pantalones que vestía en un inicio, blancos.
Sentí entonces el gusto metálico de mi propia sangre.
Lancé un grito que pareció ignorar totalmente, cuando sentí la tela caer y pude sentir en mi piel las corrientes de aire de la habitación. Me había desnudado por completo sin importarle nada, sin mediar palabras, sin consentimiento. Pero nada de eso importaba ya y ambos sabíamos bien cómo acabaría eso. O como empezaba eso, mejor dicho.
Sin removerse la ropa, mordiéndome el cuello y sosteniéndome con una sola mano, enloqueciéndome y obligándome a gemir mientras le murmuraba con mis labios contra la fría pared metálica "Ben, basta de una vez", restregó su miembro rígido contra mis glúteos desnudos, y nuevamente, sin mediar palabras, simplemente entró en mi cuerpo sin permisos.
No es que los necesitara. Los tenía todos.
Nuevamente, arrancó un grito de placer y sufrimiento de mi garganta y comenzó a embestirme sin misericordia, hundiendo su longitud entre mis paredes estrechas y desconcertantemente húmedas mientras sus manos se aferraban a mis pechos agresivamente, sin respeto, sin amor, con furia, con rabia, con pena disfrazada en tintes de lascivia.
Su miembro parecía aferrarse más y más a mi sexo, destrozándome por dentro, tratando de insultar a mi cuerpo de esa manera, haciéndolo gozar y sufrir sin reparos, obligándome a desearlo más y más profundamente.
Y lo deseaba. Él lo sabía. Se lo había dejado ver como tantas otras de mis vulnerabilidades.
Su nombre comenzó a escapar de mis labios, mientras mis uñas comenzaban a aferrarse en vano a la fría pared y mis pezones rozaban dolorosamente duros contra la misma. Ben parecía no tener final sosteniéndome los glúteos y apretándolos, controlando sus propias embestidas por momentos, en otros penetrándome tan salvajemente que no existía control para ninguno.
- Entonces ¿Te importa? – preguntó agresivamente, con uno de sus brazos asfixiándome ligeramente sin dejar de penetrarme en tanto que su otro brazo controlaba mis caderas que rebotaban ligeramente contra su propio cuerpo.
- Sí – Logré articular tratando de soportar el enorme placer que estaba sintiendo y con el que me sentía estallar en cualquier segundo – Sí, me importa.
- ¿Eres mía? - Preguntó entonces, apretando un poco más el agarre en mi cuello, sin usar más que su fuerza física, que era bastante impresionante.
- Lo soy – gemí excitada – Lo soy.
- ¿Quieres matarme aún? – y me embistió con más fuerza, haciéndome gritar, reafirmándose como el supremo ganador en esa batalla.
- Sí – Contesté a punto de perder el conocimiento y la razón – Aún ansío matarte.
Sus embestidas se hicieron más fuertes y sin soltar un milímetro mi cuello, mi respuesta pareció agradarle.
- También quiero matarte - Y se detuvo un instante - ¿Me dejarás? – Nuevamente, suplicaba.
- Mátame – contesté enloquecida de placer. Realmente me estaba entregando del único modo en que podía entregarme no sólo a todo lo que me deparara el Lado Obscuro. Me estaba entregando por completo a él y ante la idea, mi cuerpo tembló con fuerza y sentí fluir una intensa explosión de gozo desde mi vientre hasta las paredes de mi sexo, más húmedo que nunca.
- Eso haré – Y tomando la mano en que el arillo que me había entregado aún brillaba un poco más intensamente, murmuró en mi oído mientras se vaciaba en mi interior – Has sellado tu pacto. Y no lo olvidaré.
Su brazo parecía de hierro. Y en tanto se cerraba en torno a mi cuello, la intensidad de la explosión fue más intensa y de pronto, nuevamente, el éxtasis llegó, de forma completamente distinta a las anteriores.
Mi cuerpo pareció desvanecerse y sólo pude apreciar las grietas del metal que era lo único que mi vista tenía al alcance, no sin antes dedicar un último pensamiento en la bruma, mismo que le dejé ver, que casi grité en mi interior mientras mi voz se rompía en gemidos y gritos temblorosos.
- Él sabe todo sobre ti.
"… In the night
In the night
In the night
When we touch
In the night
'Cause I've been lusting it …"
Me dejé caer, sin fuerzas. Me sentí sostener por él, que casi sin desconcierto, me levantó sin esfuerzo y quitándose la túnica obscura, envolviéndome, me depositó en el sofá y murmuró en mi oído antes de salir de la habitación.
- Darth Vader.
Sólo pude cabecear antes de perder completamente el conocimiento.
