–No me harán daño por el simple hecho de que uno de ellos es mi mejor amigo… y mi pareja–sentencio Bella.
Uno de ellos, el lobo rojizo a su lado, dio un paso al frente ocultándola de mi vista.
"Aléjate de ella, chupa sangre. Esta conmigo ahora".
Esos pensamientos… me eran conocidos. Ya había estado en su mente antes ¿Jacob Black? ¿Por qué no me sorprendía? Era, después de todo, descendiente de Eprhaim Black. Él había aprovechado mi ausencia para ganarse el cariño de mi Bella y lograr que ella se olvidase de mí.
–¿Qué? –dije casi de forma inconsciente.
No, no. Yo había vuelto por ella. Yo esperaba que, en todo este tiempo, ella no se hubiese olvidado de mí. Yo no había dejado de pensarla en ningún momento.
"¡Edward, cálmate!", suplico Jasper. Inmediatamente una sensación de estupor nublo mis pensamientos. Por más que sabía que estaba dolido, furioso, desesperado, simplemente mi cabeza se hallaba en blanco.
–Alice, Jasper –llamó Carlisle en voz baja, solo para que nosotros oyéramos –. Lleven a Edward a casa. Es mejor que se tranquilicé lo mas lejos de los lobos que sea posible.
Mis hermanos solo asintieron, antes de tomarme cada uno de un brazo y arrastrarme por el bosque, lejos del claro y lejos de Bella.
El trayecto a casa se hizo eterno, a pesar de haber durado, como máximo, tres minutos.
Mi cuerpo se sentía frío, que digo, se sentía helado. Por primera vez, en mucho tiempo, me sentía muerto.
Todos nos mantuvimos en silencio lo que duró del viaje. Podía sentir los pensamientos de Esme, Rosalie y Emmett medio kilómetro por detrás de nosotros, y aunque para ellos no sería nada alcanzarnos, los tres parecían estarme dando un poco de espacio. Realmente, se los agradecía. Ya me alcanzaba con Alice checando todas las posibilidades de lo que podría llegar a hacer: Yo yéndome de Forks para siempre, yo en el dormitorio de Bella suplicándole que me deje volver a su lado, yo en una lucha a muerte con los lobos. Había un centenar de posibilidades y, sin embargo, ninguna parecía la correcta.
Entré en la casa y Jasper no tardó en dejar fluir mis sentimientos, sin ninguna contención posible. El dolor me golpeó tan fuerte y de golpe que me dejó aturdido por unos segundos.
Trastabillé hacia atrás uno, dos pasos antes de sentir unas delicadas y pequeñas manos que me tomaron por los brazos y me impidieron caer.
–Ed… –susurró Alice. Había dolor, lástima, en su voz.
Vi con mis propios ojos como la visión que había tenido de Bella, sumándose a nuestra familia, se había roto en miles de cristales . Ya no existía. El futuro había sido cambiado.
Entonces, ¿Por qué dolía tanto? Desde un principio había sido esto lo que había querido. Nunca quise que Bella perdiera su humanidad, que se convirtiera en un monstruo desalmado. Pero había perdido a Bella.
Un grito desgarrador se dejó oír por toda la casa y sus alrededores. Me hubiese alarmado, si no supiese que aquel grito había nacido de mi garganta.
Uno de los jarrones de Esme explotó del otro lado de la estancia.
"¡Edward, hijo, por favor, cálmate!", suplicó mi madre en su mente.
Pero yo solo… Yo solo no podía dejar de pensar en una cosa: «La he perdido».
No, no podía perderla. Debía hablar con ella, asegurarme de que no se había olvidado de mi asi como yo no me había olvidado de ella. Si, eso haría.
–Yo… Yo debo estar solo –dije, encaminándome hacia mi habitación vacía. Había tiempo de sobra para regresar todo a su lugar mas tarde.
La cabeza de Alice se iluminó con una visión. La había visto hace tan solo un par de minutos. Era yo en el dormitorio de Bella. Ella se encontraba de espaldas a mi. Ya no se encontraba con el vestido de gasa con el que estaba en el bosque, sino más como ella, enfundada en un par de jeans, una camiseta de algodón y unas simples zapatillas. La visión comenzó volverse borrosa en los bordes, mientras ella se giraba hacia mi, como si hubiese mala señal o algo por el estilo. Los bordes comenzaron a oscurecerse, junto con el resto de la imagen, mientras ella me observaba.
–Edward…
Me encontré nuevamente en el salón, rodeado por mi familia, incluso Carlisle ya había regresado.
–No se lo que ocurre –dijo Alice, llamando mi atención y la de todos. Su tono preocupado nunca era signo de algo bueno–. Ya no puedo ver a Bella como antes, hay… alguna clase de interferencia, no se. Se me hace muy difícil ver su futuro.
–Debo irme.
Ahora, más que nunca, debía verla, saber que se encontraba bien, a salvo. Sin las visiones de Alice no podríamos saber cuando atacaría Victoria. Y eso era un gran problema.
Salí de la casa y me interné en el bosque lo mas rápido que pude, sin dar tiempo a nadie a protestar. A menos no en voz alta.
"¡Edward, vuelve aquí! ¡No puedo creer que te arrastres así por una humana! ¡Eres lamentable!".
"Ed, hermano, creo que esta no es una buena idea", me dejó saber Emmett.
"Por favor, hijo, ten cuidado", pensó Esme.
"Edward, vuelve. Cálmate primero y luego habla con ella. Puedo ayudarte con eso si quieres".
"No lo entiendo, ¿por qué no la puedo ver como antes? ¿Es por qué ya no se convertirá en una de los nuestros, o mi don se está debilitando? ¿Eh hecho algo mal?". Alice parecía ser la única a la que no le importaba que fuera, ya sea porque no estaba preocupada de que algo malo podría pasarme o porque tenía preocupaciones más importantes.
"Edward, sé que tienes que hacer esto y lo entiendo. Pero ten cuidado, y no te metas en problemas con los lobos. Bella esta con ellos ahora. Recuérdalo…".
Con aquel pensamiento de Carlisle, me perdí entre los árboles mientras, poco a poco, los pensamientos del resto de mi familia iban apagándose.
Llegué a Forks más rápido de lo que pensaba. Me deslicé entre árbol y árbol hasta llegar a la casa del jefe Swan. Allí no había nadie. Sin embargo, dos voces, una demasiado familiar, llamaron mi atención. Provenían del bosque, a un lado de la casa de Bella. Era su voz, y la de alguien más.
–¿Qué sucede, viste algo? –preguntó una voz masculina. La seguí hasta posicionarme lo mas cerca de ellos posible sin se detectado.
Pude ver, con exactitud, como los vellos de la nuca del chico, que ahora identificaba como Jacob Black, el lobo rojizo, se ponían de punta. Él sabia que había un vampiro cerca.
Comenzó a mirar a su alrededor y tuve que ocultarme más entre los árboles para evitar que me descubriera. Agradecí que el viento soplara en mi dirección en cuanto lo vi olisqueando el aire.
Bella hacia muecas, mientas él no la veía. Como si no quisiese reírse y, sin embargo, no pudiera evitarlo.
Apreté los dientes y respiré profundo, implorándole a dios que me diera fuerzas para no abalanzarme sobre el chico que se encontraba junto a ella. Eso no la haría feliz.
–No vi nada –dijo ella al fin, observándolo con fijeza y logrando que mi corazón doliera un poco más.
Jacob Black le devolvió la mirada.
"¿Y entonces qué?", pensó mientras le enarcaba una ceja.
–Estar aquí trae recuerdos poco agradables –le explicó Bella, como si hubiera oído los pensamientos del chico tan claros como yo lo había hecho. Había una conexión entre ellos difícil de ignorar. Se veían tan compenetrados uno con el otro que dolía.
Entonces caí en la cuenta de que nos encontrábamos en el mismo sitio donde yo la había abandonado hace unos meses. Quise correr hacia ella y prometerle, jurarle, que de ahora en más estaríamos juntos, que nada ni nadie, ni siquiera yo, nos separaría nunca más.
De inmediato, en la mente del lobo, se abrió paso un recuerdo. No era propio, pero el chico lo sentía casi como si lo fuera. No me extrañaba, había conocido a Eprhaim y sabía lo que él y su clase podían hacer.
El recuerdo me llevó al bosque, en la noche. La persona que se encontraba allí, quien quiera que sea, estaba preocupada, molesta. Corría por el bosque a una velocidad inhumana. Era obvio que se trataba de otro Quileute, perteneciente a la manada.
El chico continuó vagando por el bosque durante un par de horas, hasta toparse exactamente con lo que estaba buscando. Se encontraba allí, tirada, hecha un ovillo en el suelo mohoso. Tanto la preocupación como la ira fueron en aumento. Se veía pálida, débil, casi muerta, aunque aún podía oír los latidos de su corazón. No podía creer como los Cullen la habían dejado en aquel estado y se hubiesen marchado como si nada. Sentía lastima por ella, por el dolor que se veía a leguas que estaba sintiendo.
«Oh, por dios. Bella», pensé al verla a través del recuerdo. Pensé que mi dolor había llegado a su punto máximo, pero me había equivocado. Si hubiese podido llorar, ahora mismo lo estaría haciendo. Me había equivocado, quería evitar a toda costa que estuviese en peligro, que sufriera. Y yo había sido el quien mas la había hecho sufrir.
El recuerdo cambió, dejándome ver varias veces el rostro de Bella, estas desde el punto de vista de Jacob Black, donde se la veía pálida, ojerosa, casi como un muerto. Pero, con cada nueva imagen de su rostro que iba apareciendo, este se recomponía de a poco. Sus mejillas volvían a ser sonrosadas, sus labios volvían a sonreír, a reír, y sus ojos volvían a brillar con cariño y admiración. Pero la persona a la que ella ahora miraba ya no era yo, porque me había ido, la dejé sola, la abandoné y otro la consoló y volvió a hacerle ver el mundo de colores.
El recuerdo terminó y volví a ver a la Bella del presente. Ahora podía ver sus diferencias con la que había dejado en Forks cuando me marché. Se veía mas seria, más sombría. Como si guardara una herida y recelara de cualquiera que quisiese abrirla nuevamente. Pues, la herida existía y yo había sido el causante de ella.
«¿Qué te he hecho, mi Bella?».
–Ven aquí –le ordenó él, abriéndole sus brazos. Ese gesto guardaba cariño, amor y estaba seguro de que Bella también lo había visto.
Ella no perdió un segundo en correr hacia el chico y esconderse en su pecho, como tantas veces lo había hecho conmigo, soltando un suspiro de satisfacción que se encargó de hundir mas aún mi corazón muerto.
«Yo te arrojé a los brazos de otro, mi amada. Esto es enteramente mi culpa».
–Salgamos de este lugar. Estoy comenzando a enfermarme –dijo Jacob Black, mientras comenzaba a llevar a la chica entre sus brazos hacia la casa y pensaba: "Estará más segura dentro que aquí en el bosque, con un vampiro cerca. Ya me encargaré de rastrearlo más tarde".
–Estoy de acuerdo.
Ya dentro de la casa, Bella fue a cambiarse. Yo monitoreaba todo por los ojos de Jacob Black, mientras este se dejaba caer sobre el sofá de la sala y encendía la televisión. Se veía muy familiarizado con su entorno, como si hubiese estado allí demasiadas veces antes.
La ira comenzó a bullir en mi. Aquel perro no había estado perdiendo el tiempo en mi ausencia.
Minutos más tarde Bella bajó totalmente cambiada, exactamente como en la visión de Alice, y con una pila de cuadernos y libros que dejó sobre la mesa frente al chico.
–¿Y esto qué es? –preguntó él, sentándose recto sobre el sofá y haciéndole espacio a Bella.
–Son mis tareas –explicó ella, tomando asiento–. Me pasé prácticamente todas las vacaciones de Pascuas caminando en la playa. Aún tengo tareas pendientes y este lunes tengo clases.
–De acuerdo, de acuerdo –dijo Jacob Black acomodándose nuevamente en el sofá–. Si quieres puedo dejarte sola, ya sabes, para que te concentres.
Obviamente, no era lo que él quería, pero tampoco quería molestarla y además le daría tiempo para investigar el rastro que se hallaba a un par de metros de allí. Mi rastro.
–No, no te vayas –pidió ella, acercándose un poco más a él y reavivando mi ira–. Quédate hasta que tengas que irte a patrullar. Puedo hacerte algo de comer antes de que te vayas.
–¿Estás segura? No quiero molestarte, en serio.
–Estoy segura.
Y el maldito se quedó. Mientras Bella se dedicaba a terminar la tarea, sentada sobre un par de cojines, en el suelo de la sala, y con la espalda apoyada en las piernas de Jacob Black, el perro se encontraba muy contento mirando la televisión y de vez en cuando acariciando el cuello y cabello de Bella. Solo le faltaba mover la cola y ladrar.
No fue hasta una hora y media más tarde que Bella se levantó y ambos se hicieron algo de comer en la cocina.
Se veían el uno al otro como toda una pareja, bromeando y comiendo juntos entre risas y sonrisas. Nunca había tenido eso con ella. Bella parecía disfrutar ver como el perro comía sin parar.
Luego ambos se sentaron en el sofá a ver algo juntos. El perro no la dejó sentarse junto a él, e inmediatamente la sentó en su regazo y la cubrió con una manta. La misma manta que yo usé para cubrirla el día de su cumpleaños, mientras ella veía Romeo y Julieta.
Era irónica la forma en que las cosas habían cambiado en tan solo un par de meses, y todo por un error y mi obstinación en que esto era lo correcto para ella.
Estuve a punto de entrar a la casa y mandar a Jacob Black de regreso a la reserva Quileute de una patada en cuanto pensamientos poco caballerosos comenzaron a pasar por su mente. Bella se veía cada vez mas nerviosa y estuve a punto de entrar y arrancarle a cabeza al chucho, cuando ella se sacó la manta de encima.
–¿Qué haces? –preguntó él, temeroso de haber hecho algo mal. Tomó la mano de Bella, dispuesto a disculparse cuando ella dijo:
–T-tengo calor.
Jacob dejó la manta a un lado, mientras yo aún consideraba si entrar o no y echarlo a patadas. Iba a disculparse con ella, pero entonces sus ojos se centraron en Bella y en la pequeña gota de sudor que corría por su sien y que ella secó rápidamente.
Un abanico de sensaciones se expandieron mientras él la miraba, y me sorprendí al reconocer uno en especial. Amor.
–Bella… –le llamó.
Él la idolatraba. En su voz se distinguía cuan enamorado estaba de ella, y eso dolía porque nada en sus pensamientos revelaba que fuera un amor impuro, que el solo la veía por su exterior, como Mike Newton y los otros chicos del instituto. Como yo, Jacob Black se había enamorado de su esencia, de su alma, de aquello que yo no quise condenar y por esa misma razón había perdido. Pero cuando él posó las manos en su cuerpo comencé a ver rojo.
–Bella… ¿Te arrepientes?
–¿De qué? –preguntó ella, un poco desorientada. Estaba sudada y desde donde estaba podía oír el caótico latir de su corazón.
–El chupasangre ha vuelto ¿No te arrepientes de la promesa que hiciste hace unos días?
Los recuerdos de Jacob Black me llevaron de regreso a esa misma sala. Faltaban un par de horas aún para que el sol se ocultara.
Nuevamente Jacob tenía a Bella sentada en su regazo ¿Qué le pasaba a ese chico? ¿No podía vivir sin estar encima de ella?
Él sonreía y parecía a punto de llorar, mientras ella… Bueno, ella ya lo estaba haciendo.
–… Si me das la oportunidad yo te prometo que voy a quererte con todo lo que tengo, con cada pieza rota, aunque mereces mucho mas que eso.
–No –Sus palabras nos trajo a la realidad a ambos–. No me arrepiento.
Tuve que apartar la mirada en cuanto él la besó.
Un par de horas mas tarde, el chucho salió de la casa. Tendría que ser rápido, puesto que iría derecho a rastrear mi aroma. Debía llevarme a Bella a algún sitio donde Jacob Black, ni los lobos, molestaran y así poder hablar con tranquilidad. Me negaba rotundamente a perderla, no sin antes explicarle como habían sido realmente las cosas.
Vi mi oportunidad cuando ella subió las escaleras hacia habitación. Sonreí. Como los viejos tiempos.
Entró apurada, con cara de susto. Estar sola y a oscuras no parecía hacerle gracia. Esperé hasta que se giró, para dejar los cuadernos sobre su escritorio, para colarme por su ventana y pararme detrás.
Supe que ella sabía de mi presencia cuando su cuerpo entero se puso rígido. Era entendible, asi como fui yo pudo haber sido Victoria. Esta era la prueba de que ella no estaría segura con nadie más que yo.
Respiró hondo tres veces, aún con su cuerpo en tensión, antes de girarse hacia mi.
No pude hacer más que contemplarla. Había esperado tanto para volverla a ver, para decirle que la amaba, para suplicarle que me perdonase, que ahora no me salían las palabras.
–Edward… –murmuró con voz entrecortada.
Eso fue como música para mis oídos.
