¡Muchas gracias por todos vuestros reviews! Como digo siempre, sois los mejores lectores que una escritora podría desear. Gracias de corazón por vuestros ánimos y deciros que os gusta mi trabajo.

¡Y sin más dilación, os presento el capítulo 10!

EL DE CUANDO EL NEANDERTHAL LLEGA A HOGWARTS

Hermione fue incapaz de dormir hasta llegadas las 4 de la madrugada. La conciencia le carcomía por dentro. ¿Cómo podía haber vuelto a caer en las garras de aquel ególatra oxigenado?

¿Acaso no había descubierto tiempo atrás que en asuntos de hombres una nunca es suficientemente precavida? Aún recordaba la vez que Viktor había decidido cortar la relación que mantenían a distancia porque se había enamorado locamente de una de sus compañeras de equipo de Quidditch… Si alguien como Viktor era capaz de hacer aquello, ¿qué no haría el rubio? Su plan se limitaba a conquistarle, enamorarle y seguidamente destrozarle el corazón. ¿Pero era aquello amor, o no dejaba de ser una distracción puramente carnal?

Cuando por fin consiguió dormirse, lo hizo siendo consciente de que debía cortar aquello de raíz…, o que tal vez debería permitir aquellas incursiones nocturnas para conquistar el corazón helado del rubio de aquella forma. ¿Qué debía hacer? Se dejó abrazar por el manto de Morfeo con aquella duda rondándole la cabeza.

Draco despertó aquella mañana sonriente y feliz. Había conseguido que la castaña cayese de nuevo entre sus redes, y apenas se había despeinado para conseguirlo. Estaba seguro de que en menos de una semana estaría completamente loca por él y a su entera disposición, sin pensar ni un segundo en las consecuencias de sus actos. Ensanchó la sonrisa y depositó un beso en el hombro desnudo de la sabelotodo, que se adivinaba entre las sábanas rojas.

Hermione abrió los ojos cuando un roce en su hombro la despertó. Seguía sin saber qué debía hacer. ¿Huir de sus encantos ante las posibles consecuencias o utilizar el sexo como moneda de cambio para llegar hasta su congelado corazón?

-Buenos días, princesa,-sonó la susurrante voz de Draco cerca de su oído-. ¿Has dormido bien?

-¿Princesa?,-preguntó la chica, sorprendida ante el cariñoso mote que el rubio le propinaba a primera hora de la mañana-.

-Perdón, quería decir sabelotodo. Buenos días sabelotodo,-se corrigió Draco sin poder evitar reír levemente-.

-Buenos días, oxigenado,-contestó ella estirándose perezosamente en la cama cual gata-.

-¿Cómo era aquello de que esto no iba a volver a pasar?,-preguntó el chico, con una maliciosa sonrisa plasmada en su rostro-. No me fiaré de su palabra nunca más, señorita Granger,-era evidente que Draco estaba conteniendo la risa sin mucho éxito-.

-¡Cállate!,-contestó ella entre molesta y divertida, y le lanzó un cojín a la cabeza-.

-¡Ten cuidado, que me despeinas!,-contestó el rubio, que se recolocó el flequillo con un hábil movimiento de cabeza que tenía casi patentado tras años y años de darle uso.

Hermione rio levemente. No pudo evitarlo. Y cuando estaba dispuesta a girarse y propinarle un cariñoso beso en la comisura de los labios, escuchó un picoteo en la ventana.

Se levantó, se puso la bata por encima para protegerse del frío y de la lujuriosa mirada del rubio, que bufó levemente, molesto ante tal acto, y se dirigió al alfeizar de la ventana. La abrió y una pequeña lechuza de color negro azabache entró. La conocía perfectamente. No pudo evitar lanzar una rápida mirada hacia Draco, que la miraba interrogativamente.

El chico se fijó en el sello de cera negro, rememoró la carta que había leído, y la foto de ambos chicos dándose besos y amor. Tenía que ser el hombre de Neanderthal, no podía ser otro. Malfoy apretó la mandíbula, cabreado. Necesitaba golpear la cabeza de Krum como si se tratase de un bludger.

Hermione le dio una golosina a la lechuza, que ululó feliz y se acercó para que la muchacha le propinara una caricia. Una vez lo hizo, ululó de nuevo y se fue por donde había venido.

-¿De quién es?,-preguntó el rubio sin poder evitar su mal humor y conociendo la respuesta a la perfección. De acuerdo, no estaba 100% seguro de que el sello negro perteneciese al homínido peludo, pero tenía pocas dudas al respecto. ¿Quién podría ser sino?-.

-No lo sé,-mintió Hermione-.

-Deberías saber que la mentira no es tu mejor cualidad, Granger. Lo haces fatal,-el tono de voz del rubio era arisco y áspero. No le gustaba aquella situación. Se suponía que ella había caído rendida ante sus atenciones, no podía ser que apareciese de nuevo el cerebro de snitch y terminase con los frutos de su esfuerzo-.

-¿Qué pasa, ahora piensas controlar quién me escribe o deja de hacerlo? Entre nosotros no hay nada serio. No interpretes el papel de novio celoso porque te viene grande,-contestó ella, cabreada ante la actitud del platino-.

-¿Novio celoso?, ¿por quién me tomas?,-dijo el muchacho arrastrando las palabras con aparente calma. No obstante, por dentro sentía el corazón latiéndole a un ritmo inhumano-. Soy el primero que se alegra de que lo nuestro, si es que hay un nuestro, se limite a sexo ocasional sin compromiso, querida,-dijo rodando los ojos, como si la teoría de Hermione fuese completamente absurda-.

Granger le escrutó con la mirada, estudiando el rostro del chico. Parecía tranquilo y sincero. Sintió una leve ira adueñándose de su cuerpo. Tal vez el plan de seguir con el sexo ocasional no sirviese para conquistar a aquel hurón albino. A lo mejor sólo quería aquello que no podía tener…

Abrió la carta ante la atenta mirada de Draco. Por mucho que el rubio intentó disimular su interés, fue en vano. Hermione notaba la martilleante mirada del chico en su nuca.

Querida Hermione:

Me alegra comunicarte que en un par de días estaré en Hogwarts.

Tengo demasiadas cosas que contarte, y muchas otras por las que pedirte perdón. Pero prefiero sea algo que hagamos en persona.

Un enorme beso.

Siempre tuyo.

Viktor Krum

La Gryffindor tragó saliva sonoramente. ¿Pedirle perdón? Fue en aquel momento cuando las palabras de Ginny tomaron más fuerza que nunca. Si Viktor viajaba hasta Hogwarts, no era precisamente para ir a decirle hola. La pregunta era, ¿quería ella decirle algo más que "hola"?

-¿Y bien?,-entonó el rubio, alzando una de sus cejas-.

-¿Y bien, qué?,-preguntó Hermione con tono cortante-.

-¿No piensas volver a la cama?

-Siempre y cuando tú sigas en ella. No,-respondió con el mismo tono-.

-¿Qué es lo que me he perdido?,-preguntó Draco, cuya sonrisa terminaba de esfumarse rápidamente-.

-Esta cosa rara que hay entre nosotros,-dijo Hermione señalándose a sí misma y al rubio-, se ha terminado de una vez por todas. ¿Comprendes? No vuelvas a buscarme.

-¿Por qué? A lo mejor es porque si te busco sabes que terminaremos haciendo lo mismo de siempre,-se respondió a si mismo el rubio, mientras se incorporaba levemente en la cama-.

-Esto no va a volver a repetirse.

-He oído eso antes, Granger. Cada vez me suena más como un reto que como una amenaza,-una pequeña sonrisa de triunfo comenzó a adivinarse en los labios de Draco-. ¿Acaso ya tienes a otro que te de placer por las noches? ¿Es esa carta de Krum diciéndote que viene corriendo a buscarte?,-lo dijo todo en tono jocoso, deseando que no fuera posible, y al mismo tiempo queriéndose sacar la duda de si lo era-.

-No es asunto tuyo. Y espero que cuando vuelva te hayas ido de MI habitación-puntualizó ella en tono cortante, y se fue de la estancia sin molestarse si quiera en vestirse-.

El rubio se maldijo interiormente, estando prácticamente seguro de que había dado en el clavo en su suposición. El orangután búlgaro debía estar al caer… ¿Acaso prefería estar con ese homínido antes que con él mismo? Sintió su orgullo herido. Eso no iba a ocurrir. Al menos no si de él dependía…

Se levantó de la cama y pasó a su propia habitación. Se vistió con pesadumbre y un enorme cabreo. ¿Quién se creía que era Granger para sustituirle por Viktor Krum? Analizó la situación: ni siquiera era guapo, más bien feucho y tirando a bajito, al menos, comparado con él mismo. En relación con la inteligencia, no tenía nada que hacer a su lado. Él si que era brillante, inteligente, guapo, atractivo y bueno en la cama. ¿Qué diantre veía entonces en Krum? No lo comprendía.

Hermione estaba cabreada, casi colérica, y tremendamente confundida. No sabía qué debía hacer, y no le había gustado nada lo que Malfoy le había dicho. Sólo había confirmado sus sospechas. Para el rubio no era nada más que un polvo fácil. Pues aquello iba a terminarse para siempre, se dijo la castaña. Entró en su habitación cuando escuchó que el oxigenado se había metido en el habitáculo de enfrente, y se puso el uniforme.

Durante el día siguiente Granger intentó por todos los medios no cruzarse con Draco. Hizo todo lo imaginable: cambió sus rutas normales por el Castillo para transitar otras extrañas y más largas, llegaba más tarde de lo habitual a su Sala para no cruzársele, y en una ocasión, incluso, llegó tarde a clase de Transformaciones.

-Señorita Granger, cinco puntos menos para Gryffindor,-había dicho Mc Gonagall con severidad y mirada de reproche en sus ojos-.

-Lo lamento, profesora. No volverá a suceder,-contestó la castaña, odiando intensamente al rubio, que había remoloneado demasiado en la Sala a propósito, estaba seguro de ello-.

-¿Le parece gracioso, señor Malfoy?,-preguntó la profesora fulminándole con la mirada ante la repentina risa del Slytherin-.

-Claro que no profesora. No volverá a suceder,-imitó el muchacho a Hermione, y contuvo la risa de nuevo. Granger, por su parte, apretó la mandíbula con fuerza. Era evidente el por qué de su risotada. En aquel momento le habría encantado poder mandarle un buen hechizo como escarmiento-.

Ese mismo día Harry, Ron y Ginny fueron a entrenar, puesto que Hermione les había contado que Krum estaría en un par de días allí con el Ojeador. Querían estar más que preparados. La chica no estaba segura de si se fijaría en alguno de sus amigos, pero mandó una tristona mirada a Ron cuando vio cómo la pelota que Ginny le había lanzado entró sin problemas por el aro y él estuvo a punto de caerse de la escoba.

-Desde luego me parece imposible ser más malo. Resulta patético,-comentó una voz que arrastraba las palabras tras Hermione-.

La chica ni siquiera se giró para comprobar quién era. Se levantó de las gradas y puso rumbo al Castillo.

-¡Granger!,-la llamó el muchacho a voz en grito, corriendo tras ella-.

-¿Qué quieres?

-Vamos, no seas así. ¿Por qué me esquivas?

-Porque no te soporto,-contestó ella, como si fuera lo más evidente-.

-Después de las cosas que me hiciste anoche, me cuesta creerlo, querida,-respondió él agudamente-.

-Muérete,-escupió Hermione entrecerrando los ojos, odiándole con todo su ser. Y la razón por la que más le odiaba era porque, en parte, tenía razón-.

Cuando Granger entró en el Castillo, Malfoy cambió de dirección. Era evidente que no quería que les vieran juntos. La chica pensó que aquello era algo positivo. Entre el gentío no la acosaría con sus encantos. Sonrió abiertamente. Tenía una nueva estrategia, se dijo a sí misma.

Cuando Krum llegó a Hogwarts, lo primero que hizo fue ir a la Sala de Premios Anuales. Quería ver a Hermione. Lo que no sabía, era que la chica compartía la estancia con cierto rubio con el que el búlgaro había tenido más de un roce en la primera visita que había hecho a Hogwarts.

-¿Drrraco?,-preguntó el chico, que parecía no comprender que hacía el Slytherin allí, en vez de en la Sala Común de su Casa-. ¿Qué haces aquí? Estoy buscando a Herrrrmmione,-consiguió pronunciar de mala manera-.

-Vivo aquí,- respondió el chico, como si fuera o más evidente del mundo-. ¿No te lo ha contado Herrrmione?,-le parodió Draco mirándole con suficiencia-. La sabelotodo, estará en la biblioteca. Hemos quedado allí,-mintió como un bellaco-.

-¿Habéis… quedado?,-preguntó el búlgaro sin estar muy seguro de si había entendido bien lo que el chico le estaba diciendo-.

-¡Eso es!,-respondió Draco, dándole mucha efusividad a la frase, como si felicitara a un niño pequeño por poder contar hasta 5 de corrido-. ¿Quieres que le de algún recado de tu parte?,-una sonrisa de prepotencia enmarcaba su rostro-.

-No. Irrrré yo mismo a verrrla,-contestó entrecerrando los ojos, sin fiarse para nada del rubio-.

-Por cierto, Brenda te manda saludos,-dijo ensanchando su malévola sonrisa-.

-Grrrracias por darrmelos. Perrro ahorrra mismo no estoy interrrresado en ninguna Brrrenda,-la mirada de Viktor era hostil, y sus palabras parecían salir a presión, como si deseara poder insultarle en un inglés más fluido-.

Draco sonrió, recordando cómo le había robado a la chica en las narices. ¿Acaso creía que podría intentar algo con una de las chicas más populares de Slytherin? Cuando vio que aquello no cuajaría, comenzó a fijarse en Granger. Patético, se decía el rubio para sí mismo.

-Sí. He oído que estás mucho más interesado en las Herrrrmiones,-apuntilló Draco, consiguiendo que Viktor gruñera guturalmente, dándole un aspecto aún más primitivo del habitual-.

-Grrrracias porrr la inforrrmación. Irrrré a verrrla ahorrra mismo. Adiós,-se despidió cortantemente-.

Draco observó por donde había salido. Había querido provocarle, que le hubiese intentado pegar un puñetazo. Puede que aquello hiciera peligrar su buen aspecto físico, pero tal vez así le habrían largado de Hogwarts. Lo de pegar a los Prefectos y Premios Anuales estaba muy mal visto. Aunque se tratase de él mismo.

-Maldito Neanderthal,-susurró Draco, haciendo crujir los nudillos-. Tendré que cambiar de estrategia, supongo.

O-O-O-O-O-O-O-O

¡Fin del capitulo! ¡Tanto si os ha gustado como si lo habéis odiado, hacédmelo saber con un review!

Siento la tardanza pero he estado liada con la universidad.

Espero no retrasarme tanto con el siguiente.

Un besosote:

JoKe