Capítulo 10

Por el alta voz se escuchó el anunció del vuelo con destino a la ciudad de Barcelona, Charlotte caminaba a mi lado sosteniendo su maleta con una mano y con la otra su celular mientras yo intentaba no perderme entre las decenas de personas que atravesaban el aeropuerto. Odiaba viajar. Simplemente lo odiaba. Pero no tenía muchas opciones. Después de varias horas arribamos al aeropuerto de Barcelona donde un coche negro nos esperaba, subimos y nos dirigimos al hotel. Teníamos mucho trabajo y tan solo tres semanas para terminarlo. Entre a mi habitación, un baño rápido, cambio de ropa y a los cuarenta minutos caminábamos por el lobby con la mente en el trabajo.

Extrañaba a mi bebe. Nunca nos habíamos separado por tanto tiempo y a pesar de mis intentos de traerlo conmigo, se negó. ¡SE NEGO! ¡Por todos los santos! Dijo que prefería quedarse con su padre. Hasta cierto punto me dolió. No lo voy a negar. Me duele que mi bebe prefiera pasar más tiempo con Christian, me duele que le de las buenas noches primero, me duele verlo sonreír mucho más cada vez que está con él. Fui reemplazada. Según Grace, es normal que pasen mucho tiempo juntos, están recuperando el tiempo perdido. Otra indirecta.

Los últimos días antes de viajar, empecé a notar algunas indirectas por parte de los Grey. Es como si me culparan por haber alejado a Christian de Teddy. ¡Si tan solo supieran! Pero decidí no decir nada. No quiero peleas que puedan involucrar a mi pequeño niño.

La verdad no sé cómo sobreviví esas semanas lejos, creo que tuvo mucho que ver la presencia de Charlotte. Por las mañanas tenía esas malditas náuseas y mareos, tuvimos que tomar el desayuno en mi habitación puesto que el olor de la comida me hacía sentir terrible y si le sumamos la gran cantidad de trabajo con la que tuve que lidiar…bueno solo digamos que agradezco de seguir en pie.

Aún no le he dicho nada a Christian. No sé cómo va a reaccionar. La verdad no sé cómo reacciona. Ya no lo sé. De alguna manera ha cambiado mucho. Se ha vuelto mucho más protector con nuestro pequeño y conmigo, es cariñoso y tierno, se ríe mucho más de lo que alguna vez pude escuchar, juega por las tardes con mi bebe y la mayoría de las veces se ha quedado dormido en la cama de mi niño hasta que unas horas después lo siento abrazándome.

Hemos evitado el tema, o al menos yo lo he hecho. Lo conozco y sé que quiere saber donde estuve durante mi embarazo y cómo fue posible que no se hubiera enterado.

Tan controlador. Tan Christian.

En fin, tres días antes de viajar mi padre volvió y no oculto el total desagrado que siente por Christian. Cada vez que tiene oportunidad toma a mi hijo y lo aleja de su padre, en una ocasión se lo llevó al parque por varias horas y no le aviso a Christian, pero yo lo sabía. Así que imagínense, en medio de una importante junta, el gran Christian Grey se aparece hecho una furia y me saca de la junta, claro que a nadie le importo pues como dije anteriormente, es Christian Grey.

Tras calmarlo en mi oficina y evitar que armara un gran escándalo…se sinceró.

-¿Por qué? ¿Por qué no me aviso? ¿Tienes idea de lo mucho que me preocupe? ¡Casi mato a alguien por no saberme decir dónde diablos estaba mi hijo!

-No exageres

-¡No exagero Ana! ¡Y tú sin atender el maldito teléfono!

-Te dije que tenía una junta importante.

-¡Se trata de nuestro hijo Ana! ¡DIOS!

-¿Podrías por favor dejar de dar vueltas? Me estas mareando –Se detuvo y me dio una de esas miradas de muerte, nos miramos por unos segundos, el furioso y yo tan calmada- Sabías que Ray estaba aquí, sabías que pasa mucho tiempo con Teddy, lo sabías Christian.

-¿Pero porque mierda no me aviso a mí también?

-Christian, cálmate.

-Entiendo el desprecio de tu padre, pero no tiene ningún derecho a llevarse a MI HIJO sin decirme nada. Soy su padre. Yo. Ray no lo es.

-¡Basta! No te permito que hables de esa manera de mi padre. ¡Y claro que tiene derechos! Para Teddy, Ray ha sido su padre por tres años.

-¡Esa no fue mi culpa!

-No quiero hablar de eso.

-¡Ese es el maldito problema ANASTASIA! ¡Nunca quieres hablar! Te he pedido que nos sentemos y solucionemos de una vez por todas esta mierda, pero te niegas. Siempre pones alguna excusa.

-Eso no es cierto.

-¡Con una mierda que lo es! Sé que aún estas molesta, pero ya no sé porque. No sé si es por esa noche o por algo más. Simplemente no lo sé y me molesta saber que aún me desprecias.

-Eso no es cierto.

-¿Entonces porque no has aceptado vivir conmigo? ¿Por qué no has aceptado ser mi esposa? ¿Por qué me estas negando a mí propia familia? ¿Por qué cada vez que hacemos el amor evitas mirarme a los ojos?

-Christian tengo mucho trabajo…

-¡Lo ves! ¡Estas evitándolo! –En esa ocasión fue él quien se marchó. Salió azotando la puerta tras él y dejándome sola…y lo peor…hormonal. Segundos después, Charlotte entró con un gran vaso de té.

-¿Escuchaste? –Pregunte.

-¿Escuchar? Toda la oficina lo hizo. No me sorprendería que mañana a esta hora toda la prense este hablando de tu escenita con Grey. Ana -Suspiró- ¿Cuándo piensas decírselo?

-No lo sé.

-Tarde o temprano lo sabrá.

-Lo sé.

-¿Entonces qué esperas?

-¡No lo sé! ¡Mierda! ¡No lo sé! ¡Ya no sé nada! –Me levanté furiosa y camine por toda la oficina imitando al furioso de Grey hacía unos minutos. Pero era cierto. Ya no sabía nada de mi vida, desde que Christian apareció mi vida dio un giro de 180 grados y como bono extra, estoy embarazada…otra vez- Lo siento, no debí gritarte.

-No te preocupes, son las hormonas.

Esa noche, Christian no me llamó y tampoco se despidió. Solo supe que unas horas después se apareció en mi departamento para recoger a Teddy y pasar el resto de la tarde con él. Desde ese día, mi padre me llama y me dice lo molesto que es Christian y que de alguna manera está intentado llevar la fiesta en paz con él.

-¡Es tan obstinado hija! Molesto y frustrante. ¿Me puedes decir otra vez porque le permitiste volver a tu lado?

-Papá…

-¡No lo entiendo! Hacía unos meses maldecías su nombre y ahora se pasea por el departamento como si fuera el dueño. Un momento, por favor dime que no lo es.

Por las noches, mi padre prende la computadora y habló por algunos minutos con mi bebe. Es tan extraño verlo tan cerca en la pantalla y sentirlo tan lejos de mis brazos. Me ha contado lo increíble que es su papi tian, como él lo llama, y también que ha presumido a sus amiguitos del parque que tiene dos papas, su papa lito, ósea su abuelito, y su papa tian.

Los días pasan y regreso a casa. Al llegar al aeropuerto me detengo frente a un largo espejo. ¡Santo dios! Estoy pálida, mucho más delgada y tengo dos grandes círculos negros rodeando mis ojos. Parece que estoy enferma. Pero no lo estoy. Recuerdo los primeros meses de mi Teddy, parecía que estaba muriendo pero después de algunos meses volví a la normalidad. Por una parte estoy feliz de tener otro bebe, pero por otra…significa aumentar de peso. Me costó mucho trabajo bajar esos kilos de más y de alguna forma, unos cuatro se quedaron pegados en mis caderas. Lo que según Christian, le encanta. Pero a mis pantalones definitivamente, no.

No veré a Christian por algunos días, ya que según mi padre regreso a Seattle. Así que no tendré que enfrentarme a sus reclamos y tendré un poco más de tiempo de pensar si la decisión que tomé es la correcta o no.

Al llegar a casa me encontré con un enorme letrero de bienvenida y decenas de dibujos pegados por la pequeña sala hechos por mi bebe, algunos eran solo de nosotros dos, en algunos aparecía su nueva familia y en la mayoría estábamos los tres, Christian, Teddy y yo. Mi bebe corrió, me abrazó y se quedó por varios minutos en mis brazos hasta que lo sentí respirar lentamente. Después de llevarlo a su cama y arroparlo, me enfrente a mi padre. Sentado en la mesa con dos tazas y de brazos cruzados, recordé cuando le dije de mi embarazo y la forma en la que explotó ante mi negación de decírselo a Christian. Me senté frente a él y esperé.

-Tómalo. Es té. Por lo menos esta vez se cómo actuar sin volverme loco.

-¿No piensas decir nada más?

-Ya no eres una niña Ana. Sabes lo que haces…o al menos vivo con la esperanza de que así sea. Supongo que no fue planeado.

-No.

-¿Lo sabe?

-Aún no. Discutimos y no pude decirlo.

-¿Lo harás? ¿O volverás a esconderte?

-Papá…

-Sabes que nunca estuve de acuerdo contigo, pero no quise seguir discutiendo y alterarte, pero no puedes esconderte otra vez. Y aunque así lo quisieras, esta vez no lo permitiré.

-Lo sé…

Hablamos por varias horas hasta que ya no pude más y me fui a dormir. La mañana siguiente, un enorme desayuno me esperaba en la cocina. Ray. Recuerda los síntomas del embarazo y sabe por experiencia que puedo comer sin salir corriendo al baño. Los siguientes cuatro días no supe nada de Christian, solo escuchaba a mi bebe hablar con él por teléfono y reírse.

La mañana del viernes, salí hacia la oficina. Ray se quedaría con mi bebe, así que no me preocupe. Y fue un día normal. O al menos es esperaba. La mañana comenzó como siempre, juntas, llamadas, responder y mandar decenas de correos, entrevistas con autores y otros editores, llamadas y más llamadas. Por la tarde y después de salir de una junta de casi tres horas, me dirigía hacia mi oficina cuando Charlotte me interceptó.

-Ana ven conmigo –Dijo llevándome hacia el pasillo cerca del ascensor. Su cara era pálida y estaba nerviosa.

-¿Qué ocurre? ¿Mi bebe está bien?

-Sí. Tranquila. No es eso…es algo mucho peor…

-¿De qué demonios hablas?

-Te están esperando en tu oficina. Una de las secretarias le permitió el paso…me acabo de enterar, le dije que te habías marchado pero dijo que sabías que seguías aquí y que no se marcharía hasta hablar contigo.

-¡Por dios! ¿Quién mierda es?

-Elena Robinson.