Capítulo beteado por Jocelynne Ulloa, FFAD.
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Los personajes de esta historia no me pertenecen. La trama es mía en su totalidad. Fic de trama adulta, si no eres apto , por favor no leas.
EN LA BOCA DEL LEÓN.
" Siento que estoy viviendo en la guarida de un león, pero el león… es un ángel"
Capítulo 10
BELLA'S POV
Llevo unos minutos frente al espejo. Asombrada por la imagen que se ve reflejada en él. Esa mujer no es Isabella Swan, no la conozco. Ella es… bella.
Sus labios parecen mucho más llenos, su piel como luce como el alabastro y los ojos son inmensamente profundos, enigmáticos.
En cabello brilla en un perfecto tono chocolate—rojizo y se ondea en medios y puntas.
Paseo la mirada por el cuerpo de esa mujer desconocida. El vestido se pega a ella como una segunda piel y en su escote cuadrado, se vislumbra las redondeces de unos pechos que parecen de porcelana. Instintivamente me giro levemente para mirar el trasero de perfil y es casi respingón, marcado y sensual.
Muevo los pies, arrastrando la punta por el suelo y ella también lo hace. No son excesivamente altos pero si lo suficiente para hacer unas piernas largas e impactantes.
— ¿Bella?
Me giro y allí se encuentra mi hada madrina: Alice Cullen. En su rostro se puede ver un claro gesto de autosuficiencia. Ella está orgullosa del trabajo que ha hecho, no queda nada de la antigua Isabella Swan, nada a simple vista; claro.
—Jasper y Lucien están en la terraza esperando. La señora Cope ya ha metido a los niños en la cama, podemos irnos cuando gustes. ¿Nerviosa?
Ella sigue en su línea perfecta y elegante. Lleva un traje de chaqueta en color crema, es entallado y puedo adivinar que debajo de la ceñida americana solo lleva puesto el sujetador.
—No parezco la misma persona—. Susurro, mirando mis manos con una manicura francesa impecable—, no me reconozco.
Ella suspira y camina desde el umbral de la puerta de su habitación hasta mí con una seguridad pasmosa. Se mueve como nadie con esos imponentes tacones.
—Ésta que ves—, dice girándome de nuevo para observarme en el espejo de cuerpo entero. —Es la nueva Isabella Swan. Tienes que hacer lo posible por enterrar a la "otra".
No tiene ni idea de lo que está diciendo, yo soy como soy, las heridas que pesan sobre mi carne y mi mente forma parte del escudo de protección de mi alma. Me gusta mi aspecto, pero no quiero olvidar todo lo que me ha ocurrido.
Sonrío sin muchas ganas y ella me mira con una ternura en los ojos, digna de una hermana.
—Vamos—. Me dice, agarrando mi hombro y llevándome hacia el pasillo.
Tanto su casa como la de su hermano, tienen escaleras de mármol Italiano, están pulidas y temo resbalarme en ellas con aquel zapato alto, pero ella parece saber de mis pensamientos y me agarra la mano sin despegarla hasta no llegar a la planta baja. Allí salimos al exterior.
La luna estaba preciosa. Una leve banda de nubes la rodean. La imagen parece haber salido de una ilustración de novela romántica. ¿Desde cuándo no las leo? — Me pregunto.
Jasper, el marido de Alice está sentado junto con otro hombre en la mesa de forja color crudo. Está fumando y cuando nos ve llegar a su esposa y a mí, se levanta y apura el cigarrillo estrellándolo en el centro de la mesa, donde un enorme cenicero de cristal reposa.
—Estáis imponentes chicas—. Sonríe y mira a su esposa en un gesto íntimo. Bajo la mirada y siento como me sonrojo.
Jasper es un perfecto caballero y amante. No lo dudo ni un momento.
—Esta es nuestra Bella, Lucien. ¿Lucien?—. Jasper emite una breve carcajada y a continuación puedo oír la risa de Alice como campanillas de Navidad.
Elevo la mirada y estrello mi mirada en unos ojos soñadores. Maravillosamente verdes y una sonrisa de niño. Es guapo y me mira como si yo fuera única. Mi corazón late de manera curiosa, pero no puedo evitar comparar mis emociones con las que me son prohibidas. La voz de Edward me altera mucho más que la visión de este hombre casi perfecto.
—Lucien Carmichael—. Se presenta, mirándome con un deje de adoración.
—Isabella Swan—. Encuentro mi voz, algo entre cortada. Pero ahí está. Él sonríe más ampliamente y acerca su rostro al mío. Sus labios acarician con un beso mi mejilla y me tenso, comprendiendo que todavía no lo logro superar a Jake y sus malos tratos. No quiero que ningún hombre me toque.
Él parece darse cuenta de mi incomodidad y mira a Alice y a Jasper interrogante. Ellos tienen un gesto de dolor en sus rostros y retiro la mirada. No quiero ver como se compadecen de mí, es lo más indignante que me puede pasar.
Un carraspeo y Jasper nos invita a salir de aquella casa de muñecas.
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—Mesa a nombre de Alice Cullen.
Todo lo que me rodea es irreal, algo sacado de una película de Holllywood.
Yo no debería estar aquí, no sé desenvolverme en estos lugares…no me siento cómoda.
Frunzo el ceño y la suave voz de mi acompañante intenta seducirme.
— ¿Ocurre algo?
Miro a Lucien, él está a mi lado y su gesto es serio. Parece realmente preocupado por lo que me suceda. Sonrío y niego con la cabeza. Sus ojos me observan unos instantes más y luego desvía la mirada hacia Alice y Jasper, ellos caminan detrás del Maitre, los seguimos, mientras paseo la mirada por todas aquellas mesas de cuento con lindas lamparitas íntimas en el centro.
Noto la presión de una mano en mi brazo y una repulsión sin sentido hace que mi estómago se revuelva. Es la mano de Lucien.
— ¿Te encuentras bien?
Creo que mis ojos están sorprendidos, ojala que así sea… porque el asco de aquel toque fluye sobre mis poros, paralizándome y engulléndome. Siento que el aire esta denso y enfermo.
—Lo siento… debo ir al servicio.
Alice camina hacia mí y sonríe.
—Se encuentran cerca de la entrada, Bella. No te tardes—. Me indica. Yo le sonrío y noto como comienzo a sudar. Me estoy mareando, voy a vomitar.
Le sonrío, forzando el gesto… agradecida, e insto a aquellos tacones a caminar lo mejor posible. Me tiemblan rodillas, me siento enferma.
Encuentro los servicios a la primera y cuando me encierro en ellos, cierro con el pestillo y cierro los ojos recargándome en la puerta. Me arde el brazo, de un salto abro el grifo del lavamanos y comienzo a frotar el toque de Lucien, no quiero esa esencia masculina sobre mí, no todavía al menos. Llevo agua hacia mi nuca y boqueo como un pez que está en su debacle final antes de morir. Cierro los ojos, los abro y los vuelvo a cerrar mientras que en esta intermitencia veo como mi rostro vuelve a tener el color de la Bella que ha salido de casa de Alice, por unos momentos he podido atisbar el verdadero rostro que se ha visto engullido por el maquillaje y la densa mascara de pestañas. El rojo rubí de los labios y colorete sobre los pómulos.
He perdido la noción del tiempo y salgo realmente apurada, temo que estén hablando sobre mí. Dando indicaciones a Lucien de la vida de mierda he llevado. Mi cabeza se estrella contra algo duro, pero suave. El aroma es dulce y cierro los ojos, pese a estampar mis labios sobre ese tejido parecido a la seda. Voy a caer, haciendo el ridículo. Pero una mano grande, rodea casi el total de mi cintura, alzándome. Estrellándome contra su cadera y pecho.
Elevo la mirada y trago el duro golpe de saliva que se ha quedado atorado en mi garganta. Es un animal bellísimo, noto como los dedos de los pies se me encogen y los vellos se erizan. Es peligroso.
—Yo… lo siento—. Mi voz surge de mis cuerdas vocales diferente. Es espesa, tiene un matiz también animal. Me recuerdo mentalmente que ese hombre es peligroso… casi o más que Jake.
—Veo que has encontrado a nuestra Bella—. La voz de Lucien me enerva y siento como si me saliesen garras en las manos. Quiero apartarme de él y hacerlo pedazos.
Ese hombre me tiene pegada a él y por increíble que parezca no siento asco, ningún tipo de repulsión. Es algo diferente, aunque el miedo campea a sus anchas por mi cuerpo, siento que eso me excita.
—Suéltala amigo, ella no es la clase de mujer de las que sueles rodearte—. De nuevo la voz de Lucien. No tengo plena conciencia de lo que ha dicho porque mis sentidos se encuentran ofuscados por la esencia de ese hombre y el miedo esta paralizándome, pero pese a eso lo miro y él también lo hace. Me estremezco de nuevo y me pregunto quién es ese hombre y de donde ha salido. Parece haber sido extraído de mis más excitantes sueños y de mis más aterrorizantes pesadillas.
Su agarre se deshace de mí lentamente y Lucien me insta a marcharnos hacia la mesa que ocupan Alice y Jasper, yo lo hago, pero me cuesta caminar a su lado, quiero seguir al lado de aquel hombre peligroso y fiero.
—No sabes cómo siento que te hayas tenido que encontrar con él—. Sisea Lucien mientras avanzamos hacia la mesa.
—No sé a qué te refieres—. Susurro, todavía entregada a las miles de reacciones que aquel hombre ha despertado en mí.
Alice y Jasper miran a nuestra espalda. Ella con gesto serio y su esposo con claro bochorno.
—Si quieres podemos marcharnos, querida—. Sugiere a su esposa con cariño.
—No—. Dice ella tajante. —Todos sabemos lo que hace Edward, no seamos hipócritas.
Me siento elevar sobre mis pies y el corazón despega en una carrera loca. Giro mi cuerpo hacia la persona que hemos dejado atrás. Él nos mira. Él me mira. Su boca dibuja una sonrisa diabólica. Parece un depredador.
—Edward debía cuidar más donde trae a sus clientas—. Sugiere Jasper, aunque yo sigo prendada de aquella mirada que no deja de poseerme, entiendo a lo que se puede referir.
—Vamos Bella, sentémonos y hagamos como que no lo hemos visto—. Ordena Lucien agarrándome de nuevo del brazo.
No lo aguanto más, ese toque es el colofón a un sinfín de emociones. Pierdo la conciencia y me adentro en un agujero negro.
Continuará….
Un breve adelanto…
—Mierda—, siseo. La toalla de baño no está puesta en su asidero. Salgo de la ducha, haciendo charcos por donde paso.
Poco he podido hacer con la erección que ha permanecido en mí desde que estrellé mi cuerpo con el de Isabella Swan. Mi boca se curva en una sonrisa provocadora y camino hacia el vestidor, sé que ella está levantada. La puerta esta semi abierta y puedo ver como ella está apilando mis ropas en el gran armario. Traspaso el umbral de puerta, quiero que me vea desnudo y con aquella arma dispuesta, por su jodida culpa.
Su cabeza se gira y de sus manos caen algunas de las prendas que sostiene. Mi erección pulsa y reconoce que esa es la mujer que deseo con toda mi alma, mi ovejita.
Continuará…
Chicas, ya sabeis que me he quemado la muñeca y por eso estoy tardando algo mas en actualizar mis historias, me da una rabia inmensa porque me debo a vosotras y a vuestros sueños, pero esto es lo que hay.
Gracias por leer estas líneas y por apoyarme estos días en el face.
Gracias a mi beta que se preocupa de mi en todo momento y hace que estoy funcione.
Gracias a Fanfiction que aunque últimamente decepciona un poco, me ha ayudado a conocer personas fantásticas.
Besos Lindas.
