Hola chicas, ¡no me maten! de verdad, que he estado muy ocupada, este semestre fue el peor para mí. De verdad que sí, me ha pasado de todo. Lamento no haber actualizado antes. Y para serle sincera, no pensaba en actualizar hasta finales de Noviembre, pero la dulce Ely-chan que me ha estado enviando lindos mensajes -cof, cof, amenazas-, fue que pude tener el capítulo listo el día de hoy.

Veinticuatro paginas en word, me fundi el cerebro, ¿ok? Espero que les guste, este capítulo esta dedicado a: ¡mi querida Rinnu, y también a Ely-Chan ( 7)! Espero lo disfruten, y Nena Taisho te tengo un pequeña sorpresa dentro, muñeca.

ADVERTENCIA: Chicas, la verdad sólo he escrito pocas escenas de peleas así que si las que escribi aquí no resultan ser tan buenas, disculpenme, ¿si?

Así que disfruten, ¡y hoy si hay lemon! Espero que les guste, ya después me dicen que tal les pareció, ¿ne? Este es el capítulo mas largo que he escrito, para alguno de mis fics, así que tomense su tiempo.

Gracias a aquellos que le dieron, fav y follow a mi historia, son unos amores. ¡Muchísimas gracias!, por cierto, pueden agregarme a mi Facebook, o seguirme en mi recien abierto instagram, o en mi otra cuenta de FF. Los enlaces están en mi perfil.

Aclaraciones: (1) Imōto: significa hermana menor. (2) Tanken: Es como decir cuchillo o una daga.

Disfruten del capítulo.


9


Apretó los dientes hasta el punto en el que pensó que se los llegaría a romper. Al escuchar el fuerte gemido de dolor de Kagome, Yura giro la cabeza y clavo sus ojos de forma angustiada en Sango. Las ganas que tenía de interrumpir la pelea que se estaba desarrollando frente a sus ojos, eran gigantes. Podía sentir las mismas ganas que poseían a Sango, ambas hubieran dado todo de ellas con tal de ocupar el lugar de Kagome. La pobre no se estaba dando abasto, tenía buena coordinación con sus piernas y manos, era ágil, pero la furia que recorría a la Yōkai era suficiente para darla una paliza a su querida Imōto (1).

Observo al futuro consorte de su hermana, los labios apretados, los puños prensados hasta el punto de clavarse sus propias garras haciéndose sangre, el cuerpo tenso en la espera de actuar si era necesario. ¡Y una mierda, que si era necesario! Vio la preocupación de la madre de Inuyasha como también el aburrimiento en la expresión de la DaiYōkai a su lado. Inuno se había colocado estratégicamente cerca de Inuyasha y de la pelea, por otro lado aquel Yōkai llamado Sesshomaru…, estaba como ido. No tenía ningún tipo de expresión en el rostro ―por lo que se había dado cuenta era algo muy normal en él―, pero lo único que delataba que estaba en contra de dicha pelea, era la manera afilada y casi rencorosa como miraba a la perra de la tal Miyuki. ¿Por qué la miraba de esa forma?

Aún recordaba como aquel yōkai las había encontrado a ella y a Sango. Las había mirado con aquella mirada carente de emociones, que por un momento pensó que las atacaría, pero al ver como las seguía mirando con una indiferencia que rallaba en lo grosero se dio cuenta que esa no era su intención. Sus suposiciones fueron correctas cuando detrás de él, llegaron dos figuras más, un humano y el yōkai de los lobos. Ellos habían escuchado su relato desde el principio a fin, habían mostrado su desconcierto para después borrar de sus rostros cualquier tipo de emoción que pudiera delatarlos. Habían curado sus heridas superficiales, y las habían escoltado directamente al palacio.

Cuando habían preguntado por Kagome fue Sesshomaru quién había respondido de manera cortante, y cuando pidieron verla fue él también el que se había levantado de manera silenciosa para buscarla aún en contra de los deseos de su hermano.

¿Sería posible que él…?

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Kagome gimió de dolor cuando una vez más las garras de Miyuki la cortaron de manera superficial su antebrazo izquierdo. Jadeó por un poco de aire, y se agacho a tiempo para evitar una de sus patadas.

La maldita le estaba dando una paliza, pero eso era enteramente su culpa.

La primera vez que había peleado con ella la había dejado en mal estado por no haber controlado sus poderes, se había sentido culpable aunque no lo hubiera dicho. El saber que había estado en cama por tres días la había hecho sentir de manera horrible. Nunca había herido a alguien, a menos no con intensión. Pero en aquella ocasión, los celos fueron el detonante para herirla con muchas ganas.

Concentro un poco de su poder espiritual y le quemo el brazo derecho cuando ella intentó darle un puñetazo.

Escucho el gemido de dolor y tuvo tan sólo dos segundos para poner sus brazos en forma de equis frente a su cara cuando Miyuki la embistió con todo. Su cuerpo choco de forma abrupta contra el suelo y el dolor la dejo mareada unos instantes. Instantes que Miyuki aprovecho para agarrarla y levantarla bruscamente de los cabellos para luego estrellar su cabeza contra el suelo.

¡Oh, santo dolor!

Sus ojos se desenfocaron y sintió como algo caliente se escurría por su sien, ojala y no le dejara ningún tipo de cicatriz. Como pudo giro el cuerpo hacía la derecha cuando Miyuki saco ―de quien sabe dónde―, un Tanken (2) el cual se clavo en suelo haciendo una pequeña grieta.

¡¿Acaso pretendía matarla o qué coño?!

Aun con el cuerpo adolorido, se levanto como pudo y enfrento a Miyuki. Si tan sólo tuviera una pequeña espada u otro Tanken podría defenderse, no por nada había sido hija del General Higurashi, además las clases de Kikyö no sólo trataban de cómo ser una buena dama o como cabalgar correctamente un caballo, cuando su hermana le enseñaba el manejo de armas y las peleas cuerpo a cuerpo, era cuando ella más prestaba atención. Asimismo el criarse entre exterminadores también daba sus frutos.

Al pensar en eso, algo hizo clic en su cabeza.

¿Qué pensarían los padres de Sango si vieran la forma tan denigrante como se estaba defendiendo? ¿Qué diría su padre y su madre? Peor aún, ¿Qué diría Kikyö?

Con renovadas fuerzas subió el mentón y miro de manera desafiante a Miyuki. La reto con la mirada, acércate y verás decían sus ojos.

Los ojos rubíes brillaron con furia, cogió con más firmeza el Tanken y se abalanzó contra aquella inútil humana. La odiaba, la odiaba tanto… quería matarla, mutilarla si era posible, torturarla, hacerla sufrir, hacerla entender que con lo suyo nadie se metía. Nadie.

No tuvo tiempo a comprender que significaba aquello, pero una mancha naranja se abalanzó en su camino, obstaculizando su trayectoria hacía el corazón de la humana, un gemidito de dolor infantil llamó su atención. Olfateó un poco y miro como el zorrito que llego con la insulsa humana se había abalanzado en el instante que iba a atravesar a Kagome, por consecuencia lo había atravesado a él en su hombro derecho, bah, una escoria mas una escoria menos, con brutalidad arranco el Tanken del hombro del cachorro haciéndole más daño en el proceso. Inútil pensó.

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Sintió un agudo dolor cuando aquel objeto filoso se clavo en su hombro. Sintió corrientes de dolor atravesarle por todo su cuerpo. Pero no le importo, su pequeño cuerpo se resistió cuando el intento levantarse, pero sin hacer caso a ello lo forzó a levantarse, aun cuando se cuerpo lo resintió. No podía permitir que dañaran más a Kagome, ella era su nueva mamá, ella lo había salvado, le había regalado esperanzas, y aunque a raíz de la cruel masacre a la cual él se vio obligado a observar y la que lo dejo sin habla durante tanto tiempo, las esperanzas había vuelto a su pequeña y destrozada alma. ¡Kagome era su nueva mamá! Y aunque se peleaba con el inútil de Inuyasha una y mil veces, el también era su nuevo papá. Él no podía permitir que dañaran a su Oka-san, él la protegería una y mil veces, aún a costa de su nueva mida.

Porque el hecho de Kagome estuviera bien, significaba que él no volvería a perder a su nueva familia. Kagome era su esperanza, era el significado de que no estaba solo de nuevo.

Observo como aquella cruel Yōkai lo miraba con frialdad y con burla.

―Quítate mocoso ―advirtió burlesca―. O te haré daño a ti también.

―No me quitaré ―respondió con firmeza y determinación.

Miyuki se encogió de hombros.

―Bien. Tú lo has pedido.

Se movió rápidamente y Shippo se puso en posición de batalla. No sabía mucho de peleas, a su padre nunca le dio tiempo de amaestrarlo en las artes de las batallas, pero conocía lo básico. Iba a proteger a su mamá.

―¡Fuego mágico! ―grito. Unas llamaradas azules se lanzaron contra Miyuki dejándola levemente desconcertada, el fuego no le había hecho nada. Furiosa con aquel mocoso que sólo le estaba haciendo perder el tiempo lo busco con la mirada, se veía serio. Se acerco hasta él y le clavo un puñetazo en el ojo derecho, se extraño de que el niño no lo evadiera, pero un instante después comprendió porque no lo hizo.

El muy bastardo la mordió en el brazo izquierdo hasta el punto de sacarle sangre, había usado las corrientes de energía de él mismo como las suyas, para infrigirle un buen daño. Furiosa, arremetió contra el pequeño, una, dos, tres, cuatro y hasta seis veces. Puñetazo, tras puñetazo, la cabeza le sangraba pero el maldito crío se negaba a soltarle. Así que uso su mano derecha para jalarle el cabello de manera brutal sacándole un chillido y haciendo que soltará su brazo. Lo lanzo contra el suelo, y lo pateo hasta tirarlo cerca de la humana que los veía sin parpadear. Todo el mundo la miraba pero a ella no le importaba, cogiendo de nuevo el Tanken que se le había caído mientras el mocoso la mordió corrió hacía la humana para terminar con ella de una vez por todas.

Kagome sintió como el ambiente se tornaba silencioso, un silencio pesado. Su corazón se detuvo cuando observo la pequeña figura que jadeaba y gemía de dolor. Estaba en shock, no podía moverse. Simplemente observo desde su lugar como el pequeño cuerpo de Shippo luchaba por levantarse y ponerse frente a ella en posición de protección. Había observado sin poder moverse como golpeaba a Shippo, varias veces, como el pequeño intento defenderla. Una rabia descomunal le embargo, el pequeño y dulce Shippo, aquel cachorrito de zorro tan silencioso en unas ocasiones, con una mirada tan triste y melancólica, y en otras tan peleón y juguetón. Al final, se movió hacía él y con las lágrimas corriendo por su rostro lo cogió en brazos.

―Tonto, Shippo ―susurro con cariño, mientras lo apretaba contra ella―. No debiste de hacerlo.

Shippo le hizo un amago de sonrisa, que más parecía una mueca de dolor. De su boca un hilo de sangre se deslizo, imitando a la sangre que se escurría de su cabeza. Su pequeño ojo derecho se estaba hinchando, y tenía arañazos por todo el cuerpecito. Tan pequeño…

―No podía d-dejar que te lastimaran ―le respondió con un hilo de voz, luego alzo una de sus pequeñas manitos de manera temblorosa hacía su rostro―. Eres mi nueva mamá.

Esas palabras impactaron contra ella como un golpe. ¿Así que el pequeño Shippo la consideraba como su nueva mamá? La felicidad vino a ella como un relámpago, la determinación también. Alzo la vista para ver como Miyuki se acercaba rápidamente hacía ellos, unos segundos después y ella salto hacía ellos con la mano en alto y empuñando su arma con fuerza y firmeza.

La figura de Miyuki rebotó unos metros cuando choco con la barrera espiritual que Kagome creo. No permitiría que ella hiriera de nuevo a Shippo, utilizando sus habilidades de purificación y sanación curo lo más rápido posible al pequeño, sabía que eso no serviría del todo, pero con eso lograría que él no corriera con ningún tipo de peligro.

Dejó que la barrera siguiera rodeando a Shippo y camino con decisión hacía el cuerpo de Miyuki, quién se levantaba con lentitud. Al parecer, la barrera le provocó un choque eléctrico que la dejo adolorida.

Cuando estuvo a cuatro pasos de Miyuki se detuvo.

―Puedo permitir que me dañes a mí, pero no voy a perdonarte que hayas atacado a Shippo ―dijo con voz calmada, pero cada palabra estaba teñida de una furia que era palpable―. Es mi hijo, le guste a quien le guste. Voy a romperte la cara, por haber lastimado a mi pequeño.

Se lanzo contra ella.

Sintió como clavo el Tanken en uno de sus costados pero no le importo, se quito el Tanken mientras apretaba la mandíbula para no soltar ningún tipo de sonido, le dio un puñetazo en el pómulo derecho, para seguidamente darle un cabezazo, producto del impacto el cuerpo de Miyuki se tambaleo hacía atrás, pero fácilmente se recompuso. Le lanzo un golpe en el hombro izquierdo y Kagome tuvo que poner todo su peso en sus piernas para no tropezar hacia atrás, se preparo cuando Miyuki lanzó otro golpe y detuvo el puño que se dirigía a su cara, tomo la muñeca de Miyuki y la giro de forma rápida hacía un lado, puso su pierna derecha en medio de las de la Yōkai y giro de tal forma para tumbarla en el suelo, sintió como si Kimono se rompió hasta sus muslos, pero siguió sin importarle. Iba a hacer que pagara por lo que le hizo a su pequeño Shippo.

Se acabo la Kagome tonta que se compadecía por todos, no dejaría que nadie dañara a aquellos que quería, no de nuevo. La muerte de su hermana fue suficiente, no tendría más muertes en su mente y su corazón, no si podía evitarlo.

Cuando el cuerpo de Miyuki se impacto contra el suelo, Kagome se posiciono en sus muslos, no dejo que reaccionara por el impacto, le dio un golpe en la nariz, observo con una vaga satisfacción como sangraba, concentro su poder espiritual en su mano derecha y le clavo las uñas con su poder en el brazo derecho, no dejo ni siquiera que gimiera al sentir como su poder le quemaba la carne, le dio otro golpe, y otro más. Cuando vio que Miyuki ya estaba aturdida y con los ojos desenfocados se levanto con la respiración agitada.

Sentía como su costado ardía y palpitaba, concentro energía curativa y se curó hasta que la herida dejara de sangrar, ahora tan sólo quedaba una leve palpitación cerca de sus costillas. Camino a paso lento sin mirar a nadie en especifico y tan sólo se concentro en llegar a Shippo, deshizo la barrera de energía y tomo al pequeño entre sus brazos. Lo apapacho maternalmente y empezó a curarlo con sus poderes. Sentía tanta rabia, era un niño, su niño, y había sido lastimado por su culpa, por sus dudas, por no haber sido más valiente. Observo con cariño como la respiración de Shippo pasaba de ser agitada a ser acompasada, unos días de descanso y estaría como nuevo.

Alzo la mirada y vio como todos la observaban. Se sonrojo por todo el show que había hecho, Inuyasha se acerco a paso lento hacía ella y el corazón se le acelero. Su compañero tenía una mirada indescifrable y no podía saber que pensaba. Quizás a Inuyasha no le había gustado su conducta agresiva, ¡pero tenía que proteger a Shippo! Él llego a su lado y se arrodillo frente a ella. Seguía mirándola con sus ojos dorados inexistentes de emoción. Él se inclino y ella tembló levemente…

Y la besó.

Primero fue un simple toque de labios, Inuyasha paso la lengua por su labio inferior, gimió al gustarle la sensación, él volvió a mirarla, alzo su mano derecha y atrajo su cabeza hacía él. Gimió con gusto cuando sus labios se conectaron, hacía mucho tiempo que Inuyasha no la besaba con pasión, abrió su boca para recibir la lengua juguetona de su compañero, el beso se volvió salvaje, era como si él quisiera asegurarse que ella estaba bien. Sus lenguas se entrelazaron, intento tomar el control del beso pero la lengua de Inuyasha se negó, le mordió con un poco de fuerza el labio inferior y lo jalo hacía él, para después curar el ardor al chuparle con una suavidad repleta de sensualidad.

―¡El reto fue ganado por Higurashi Kagome, del clan Higurashi! ―gritó sorprendiéndola la mujer Yōkai que había hecho que aceptara el reto de forma rápida. Se separo de Inuyasha jadeando y le sonrió con dulzura.

―¡Maldita sea! ―escuchó el grito de furia de Miyuki y aún de espaldas pudo sentir como corría hacía ellos. Giro su cabeza a tiempo para ver como de los dedos de la DaiYōkai se formaba una especie de látigo verde, por el olor que desprendía pudo saber que era un látigo de veneno. Observo como el látigo se enrollo entorno al cuerpo de Miyuki y la lanzo lejos dejándola inconsciente.

―Por Kami sama ―dijo Irasue con fastidio mientras señalaba a Miyuki―. Que alguien saque a esa escoria de aquí.

Inuyasha soltó un suspiro al escuchar a Irasue. Nunca cambiaría. Ayudo a su compañera a levantarse y mientras observaba a su alrededor. Las expresiones variaban entre sorpresa, aprobaciones, lujuria y envidia. Naturalmente estas últimas venían de los machos, y una que otra hembra con tendencias algo fuera de lo común. Observo, con cierto sentimiento de incredulidad, como muchos de los Yōkais miraban con la duda plasmada en sus ojos, ¿acasos esos idiotas planeaban retarlo por su compañera?

Inuyasha supo que el momento en el que Kagome se paro echa una furia para defender a Shippo eso podría pasar. Contrario a lo que pensaban muchos humanos los Yōkais valoraban muchísimos a los cachorros, puesto que estos serían quienes heredarían todo de ellos. Y más que un buen par de tetas y un culo para coger, los machos buscaban una buena compañera y una buena madre para sus cachorros. El ver como Kagome se levantaba para patearle el trasero a Miyuki por haberse metido con un cachorro que ni siquiera era de ella, y reclamarlo como suyo era algo que muchos machos deseaban; pues no eran muchas las Yōkais especialmente amables o protectoras con sus bebés.

Suspiro mientras apretaba contra sí a su compañera y al pequeño Shippo, cuando había visto como lo lastimaban por tan sólo defender a aquella a la que consideraba "su nueva mamá", hizo falta que Kouga y su padre lo agarraran. Si bien ellos tampoco estaban de acuerdo con lo que Miyuki le hacía al pequeño Shippo, meterse en medio era una ofensa hacía el cachorro, los demás cachorros podían verlo como un debilucho y lo aislarían. Y él no quería eso para, ¿su hijo adoptivo?

Observo como un Yōkai en especial dio un paso hacia el frente. Entrecerró los ojos, ¿acaso Ryōmen creía que podría vencerlo? Una sonrisa arrogante se formo en su rostro, así que el muy idiota creía que podría ganarle… Interesante.

Antes del que el idiota abriera la boca, la vieja Urasue se acerco con paso lento pero firme, abriéndose paso en la multitud hasta llegar a su lado. Las pupilas rojas de la bruja se clavaron en Kagome y automáticamente Inuyasha se tensó. Urasue había vivido entre los Yōkais desde épocas inimaginables. Nadie sabía con exactitud qué edad tenía, pero siempre había estado ahí. Desde que Inuyasha podía recordar Urasue se había encargado de todos y cada unos de los acoplamientos que habían hecho entre Yōkais. Su actual aprendiz, Tsubaki, se encontraba a unos cuantos pasos atrás esperando por su maestra.

―Empecemos ―exigió Urasue con voz ronca y patosa. Inuyasha se puso serio y asintió. Le dirigió una mirada significativa a su padre y esté asintió conforme. Apretó contra sí a Kagome, y le planto un beso rápido antes de que de la nada Sora y Meyzu aparecieran rodeando a Kagome de forma protectora. A unos pasos más allá vislumbro a las hermanas de su compañera caminando a paso rápido hacía ellos.

―¡Mi señora, estuvo genial! ―felicito Sora con los ojos brillantes de emoción. Meyzu asintió acorde con su amiga.

―De verdad que usted siempre me sorprende, Kagome sama ―dijo Meyzu con voz admirada―. Fue sorprendente la manera en la que defendió al pequeño Shippo, digna señora nuestra.

―Kagome ―la Yōkai llegado al lado de su compañera inspeccionándola con la mirada. A parte de algunos rasguños y el Kimono destrozados su compañera se encontraba muy bien. Yura asintió conforme con su inspección. Por otro lado, la humana llamada Sango, no se conformo con sólo mirarla, la abrazo fuertemente mientras la felicitaba por patearle el trasero a esa zorra.

Mujeres, pensó.

―Inuyasha ―su madre llego a su lado y le dio un apretón en señal de apoyo. El asintió y beso su frente. La madre de su hermano lo miro con su altivez de siempre y sólo le regalo una sonrisa arrogante y altiva, que perfectamente se podía traslucir como: me divertí observando tu frustración durante la pelea. Desgraciada.

―Es hora ―dijo su padre. El asintió. Su madre se posiciono al lado de su compañera mientras entrelazaba su brazo con el de ella. Le sorprendió ver a Irasue flaqueando el lado izquierdo de su compañera. Rara, se dijo, muy rara.

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Kagome se vio envuelta en un manto de nerviosismo, no había prestado atención pero ahora ver en el pequeño cuarto en el cual se había encerrado todos ellos en busca de privacidad, las facciones de su compañero habían adquirido un tinte de seriedad―con su Kimono rojo junto con su armadura, le daba un aspecto feroz e indómito, junto él se encontraban su cuñado, su suegro, y el joven Kouga―, que le produjo un ataque de nerviosismo le recorriera todo el cuerpo. El fuerte agarre que su suegra empleaba a ella no le ayudaba en nada en mantener sus piernas quietas.

Observo como una joven muy bella, con el cabello largo de color negro con dos largos mechones delante de su rostro, decorado por un adorno para el pelo con forma de ostra y utiliza la indumentaria básica de una miko, con la diferencia de que sus colores son oscuros, Kagome se dio cuenta que los colores simbolizaban sus práctica de magia negra usando también un rosario de color verde. Sus ojos son azules y estaban pintados con una sombra de ojos de color violáceo. En su mano derecha llevaba un recipiente de agua cristalina, y en la izquierda llevaba otro recipiente de color dorado que si no se equivocaba llevaba sal en ella.

La bruja se acerco llevando un cofre de color plata adornada con kanjis que Kagome no supo descifrar. Dejaron todos los objetos que llevaban en el Kotatsu, y ambas mujeres se giraron hacía ella. Inuyasha dio un paso al frente y la encaro con una mirada seria pero con la dulzura bailando en ellos.

―Urasue, te presento formalmente a la mujer que he escogido como mi compañera ―La voz de Inuyasha se escucha fuerte y segura. Urasue ―la bruja―, se acerco a ella con paso pausado. Se quedo a una pequeña distancia de ella y el nerviosismo se apodero de ella. Urasue estiro su mano derecha hacía la de ella.

Parpadeo confundida.

―Tu mano ―susurro Izayoi a su lado.

Ella asintió y rápidamente tendió su mano derecha a la bruja. La DaiYōkai a su lado le dio un ligero pellizco a su costado.

―Boca arriba, muchacha tonta.

Nerviosa hizo lo pedido. La bruja le sonrío como si se burlara de ella. Luego, hizo lo mismo con Inuyasha y este le tendió su mano derecha. Ambos quedaron frente a frente, mirándose a los ojos, mientras la bruja en medio de ellos cerraba los ojos de manera concentrada y recitaba un pequeño canto en un idioma que ella no conocía.

Un calor se expandió desde su mano derecha hasta todo su cuerpo, abrió los ojos sorprendida. No le ardía ni la sofocaba, pero sabía que ese calor la rodeaba. Los ojos de las brujas se abrieron, y la miraron fijamente de una manera indescifrable.

―Interesante ―murmuro sin dejar de mirarla, las pupilas rojas de sus ojos se encontraban dilatadas―. Muy interesante.

La miro sin entender porque decía aquello, miro a su compañero y vio la misma confusión que la suya propia. Urasue apretó las manos de ambos futuros consortes y se dirigió a todos los que se encontraban en la habitación.

―Esta será una buena unión ―dijo con voz sincera―. Una excelente unión.

Todos asintieron y dieron una reverencia formal, casi se ríe cuando vio a Sango y a Yura hacer una reverencia precipitada.

―Inuyasha, a tu lugar.

Urasue soltó la mano de Inuyasha, y apretó la mano de ella como si quisiera confortarla. Extraño, pero no quiso hondar en eso, desde que la vio, la bruja la miraba de una manera muy rara para su gusto.

Volvió a su posición siendo flaqueada por la madre de Inuyasha y por la DaiYōkai. Observo perpleja como su compañero se despojaba de su armadura y de la parte de arriba de su traje. Kagome empezó a sentir como sus nervios se incrementaban a medida que veía como su compañero se arrodillaba frente su padre, su hermano, y sus dos amigos, dándoles la espalda a los demás. A sus costados flaqueándolo se encontraba Urasue y la joven que la acompañaba.

Empezó a ver a su alrededor, nerviosa, no sabía que vendría y eso le daba miedo. Inuno se acerco a Urasue, mientras esta destapa aquel cofre mostrado unas dagas de color blanco. Su corazón se detuvo cuando vio al padre de su compañero ponerse frente a su espalda, mientras le preguntaba:

―¿Cuál es el nombre de tu consorte?

―Su nombre es Kagome.

Ella dio un grito ahogado y se precipito hacía adelante cuando vio a Inuno inclinarse sobre la espalda de su compañero.

―No…

Para su completa decepción la DaiYōkai la agarro con fuerza.

―Quédate quieta ―exigió con voz impasible.

―¿Pero qué van…?

―Estas a punto de ser la consorte de un guerrero Yōkai ―explico―. Y no uno cualquiera, sino un descendiente directo del linaje más poderoso de todos. Deja que muestre su honor delante de su familia.

―¡No!

―Escucha mocosa ―la DaiYōkai la agarro con más firmeza―. Inuyasha se está entregando a ti en cuerpo y alma, te está dando todo su ser. Todo él es tuyo ahora, ese es el propósito de la ceremonia.

Kagome vio un hilo de sangre resbalar por la espalda de su compañero, un escalofrió le recorrió el cuerpo entero.

Fue el turno de Sesshomaru, se acerco a paso lento y sujeto con firmeza otra daga.

―¿Cuál es el nombre de tu compañera?

―Kagome.

Sesshomaru se inclino sobre Inuyasha e hizo lo mismo que su padre, sólo que sus trazos con la daga era diferentes.

―Él no tiene que hacer esto para demostrar su honor frente a mí ―susurro rígida.

―¿Lo aceptaste como tu compañero, no? ―más que una pregunta, sonó como una afirmación. Kagome asintió y la DaiYōkai se giro completamente hacía ella.

―¿Lo quieres?

―Si ―respondió con seguridad―. Lo quiero.

―Bien, entonces respeta las tradiciones de su raza ―la DaiYōkai hizo una pausa y como si se hubiera visto forzada a seguir hablando continúo dejándola pasmada―. Además, no hagas que la leve apreciación que causaste en mi se acabe. Así que deja de lloriquear.

No dijo nada más porque vio como fue el turno del joven Kouga para tomar la tercera daga blanca.

―¿Cuál es el nombre de compañera?

―Kagome.

Hizo unos nuevos trazos, y siguió así hasta que termino. Los hilos de sangre recorrían la espalda de su compañero, unos tras otros.

Esta vez fue Miroku quien cogió la jarra de agua de las manos de la joven sacerdotisa y la vertió en el cuenco de sal. Luego derramó el espeso líquido sobre la espalda de Inuyasha. Kagome sintió que sus piernas flaqueaban un poco cuando vio como su compañero contrajo los músculos, de su boca no salía ningún tipo de sonido. Pero lo único que delataba lo que estaba sufriendo era los puños cerrados fuertemente a sus costados. Escucho a su suegro y a Kouga gruñir de aprobación, a Miroku esbozar una sonrisa, y lo que más le sorprendió, su cuñado se mantenía estoico pero con una mirada de satisfacción. Vaya.

Urasue se acerco a su compañero y con un pañuelo blanco seco sus heridas.

―Ve, medio demonio ―ella le tendió el cofre donde el pañuelo había sido colocado―. Llévaselo a tu compañera como muestra de tu fuerza, así sabrá que eres digno de ella.

Inuyasha se alzó, cruzando sus hombros formando un arco se encontraba su nombre escrito en japonés antiguo. Se giro hacía ella. Kagome busco su rostro cualquier signo de dolor o de incomodidad, pero no encontró nada. Al contrario, los ojos dorados de su compañero brillaban en demasía. Rebosantes de cariño, anhelo, satisfacción… y algo más, algo oscuro, Kagome estaba completamente segura que se trataba de un brillo pervertido.

Inuyasha llego hasta ella y se arrodillo tendiéndole el cofre abierto con el pañuelo dentro.

―¿Me aceptas como tuyo?

Una ola de emoción se precipito hacía ella, ¿tanto la deseaba? ¿Tanto la quería a su lado? Ver a ese hombre, tan terco y orgulloso inclinarse frente a ella, era demasiado.

―Siempre ―susurro con la voz ronca por la emoción. Tomo entre sus manos el cofre, y dejo que Inuyasha se levantara y la besara. Fue un beso dulce, calmo y suave. La calma… antes de la tormenta.

Se separo de su compañero y sonrío. Le dio el cofre a un perplejo Inuyasha y camino hacia el frente, se suponía que ahora era su turno ¿no? Empezó a aflojar un poco su Kimono y para su sorpresa, fue Miroku el que detuvo sus movimientos con evidente sorpresa.

―Kagome sama, ¿Qué está haciendo?

Ella parpadeo hacía el.

―Pues me desvisto un poco ―dijo como si nada―. Es mi turno para que me marquen.

Silencio. Todo el mundo la miro perplejo y en silencio. Incluso vio como los ojos de Sesshomaru la miraban con incredulidad. ¿Acaso ella no…?

Una pequeña risa, que era más irónica que otra cosa, se escucho por el lugar.

―La verdad ―la DaiYōkai la miro con evidente burla―, no sé si eres, o demasiado valiente, o demasiado tonta. Sólo los hombres llevan nuestros nombres, humana. Son raras ocasiones en las que nosotras decidimos llevar el nombre de nuestro compañero, y se hace de manera distinta.

Oh… Frunció el ceño. Le parecía un poco injusto que sólo Inuyasha llevara su nombre marcado, por otro lado… miro los objetos que habían usado. Mejor lo dejaba así.

―Bien ―hablo por primera vez la joven miko―. Es hora de la cacería.

Ah, claro. La cacería. Donde tenía que correr como alma que lleva el diablo antes de que un tonto del culo intente insertar su pene en ella. Bien.

Suspiro y se acomodo su Kimono. ―Bien, vamos.

Inuyasha negó con la cabeza cuando su madre le ofreció ayudarle a ponerle parte de su traje. No se pondría nada, quería que todos los que se encontraban a fuera viera que el ya estaba tomado.

A su lado y con la frente bien en alto, caminaba su compañera. Tan bella… Vio a todos los Yōkais reunidos, todos los miraban, algunos con aprobación, otros con envidia y lujuria ―mujeres y hombres―.

Sora y Meyzu llegaron rápidamente a su lado, y le dieron una reverencia respetuosa. Sora lo miro con sus brillantes ojos azules lo miraban con brillantes lágrimas.

―Fue el mejor amo, mi señor ―susurro con la voz llena de emoción―. Me hizo feliz el tiempo que pase a su lado, y de ahora en adelante, también seré feliz al mantenerme al lado de mi señora Kagome. Gracias por todo, mi señor. Le agradezco todo lo que hizo por mí, y rezaré para que su unión con la señora Kagome sea perfecta.

No dijo nada, las palabras de Sora si bien no le sorprendieron, si le llegaron. Había rescatado a la muchacha de ser violada por dos Yōkais, herida y desnutrida, le llevo consigo. Tímida y precavida desde el inicio, se gano un espacio en su vida. Nunca le dio problemas, nunca le refutó nada, y siempre estaba para servirle. No sólo en el ámbito sexual, sino también para simplemente brindarle su compañía cuando él la necesitaba.

Sora tomo entre sus manos las de su compañera, mirándola con devoción y respeto.

―Mi señora ―bajo la cabeza y levanto las manos de su compañera donde depositó un beso―. Siempre estaré para usted.

Meyzu hizo lo mismo y repitió las mismas palabras. Kagome las miraba con agradecimiento. Era un momento muy bonito.

―Vaya, Inuyasha. Quien lo diría, te conseguiste una buena compañera.

Y un momento completamente arruinado. Su Yōkai interior se desperezo y miro a través de sus ojos a Ryōmen. El idiota, tenía una mirada burlona en sus ojos verdes y miraba a su compañera con evidente lujuria. El cabello negro hacía que sus ojos verdes brillaran con mayor fuerza, bueno yo me encargare de que no brillen más.

―Ryōmen ―fue todo lo que dijo. Y por el tono que empleó le daba a entender a cualquiera que no era su persona favorita.

―¿No me la presentas? ―y ahí estaba de nuevo esa sonrisita que le crispaba los nervios. Desde que podía recordar él y Ryōmen nunca se llevaron bien. Inuyasha le guardaba cierto resentimiento por haber hecho de su infancia una tortura. Nunca se había quejado con sus padres, pero sabía que su padre conocía todo lo que pasaba. Ryōmen nunca pudo superar u aceptar que él, por ser un Hanyou, era más poderoso que él, un Yōkai completo.

―No.

Ryōmen suspiro de forma exagerada.

―Que grosero ―fingió un tono de tristeza―. Entonces tendré que conocerla aún mejor en la cacería, ¿no te parece?

Entonces, lo vio todo rojo. Su Yōkai tomo posesión de su cuerpo, furioso por el reto implícito en la oración de aquel descarado.

Se lanzo contra su cuerpo y estrello su garganta contra el suelo. Le gruño en la cara, y clavo sus garras en su cuello en señal de advertencia. Un solo comentario más y lo degollaría.

―Vaya amigo, no tienes sentido del humor ―se burlo.

Vamos a matarlo, gruño su parte demoniaca con necesidad y ansiedad.

Si, vamos a matarlo.

―¡Inuyasha! ―su padre lo tomo por los hombros y lo jalo hacía atrás. Pero eso no evito que le clavara las garras en el hombro derecho, en el momento que su padre lo jalo―. Basta, contrólate.

Forcejeo un poco con su padre para que lo soltara y vio como dos de los idiotas que siempre andaban revoloteando encima de Ryōmen, llegaban a su lado con rapidez.

Ryōmen se carcajeo un poco y pasando por su lado susurro:

―Nos vemos en la carrera, hanyou.

Gruño una vez más y si no hubiera sido por las suaves manos de su compañera hubiera salido detrás de aquel maldito y le hubiera dado una paliza.

―¿Inuyasha? ―pregunto Kagome con confusión. Ella no pudo escuchar la conversación con aquel Yōkai, porque estaba entretenida hablando con sus amigas. Pero observar la reacción de su compañero, y aún más, la energía demoniaca que desprendía su cuerpo, fue lo que hizo que ella les prestara atención. La espalda de su compañero se tenso, y la energía que desprendía se esfumo. Los ojos dorados de su compañero la miraron con seriedad.

―No pasa nada, ve con Sora y Meyzu. ―Vio como su compañera un poco renuente aceptaba, la jalo por la muñeca antes de que se marchara―. Correrás hacía el norte, no te desvíes, sólo corre al norte― Kagome asintió y se marcho.

Las hermanas de su compañera se quedaron de lado y entraron a la mansión. Ellas no participarían así que se retiraron.

―¡Atención! ―grito su padre, atrayendo la atención de todos―. Va a empezar la cacería, todos en posición.

Inuyasha se fijo como se dividían, las mujeres a un lado, y los hombres al otro. Sus ojos enfocaron el cielo y un segundo después se escucho el sonido de un rugido. La señal estaba lanzada, era hora de empezar la cacería.

.

.

Kagome parpadeo cuando escucho el potente rugido.

―¡Es hora! ―Grito Sora mientras la empujaba―. ¡Corra, mi señora!

La adrenalina y los nervios se amontonaron en su interior, sin esperar otra señal echo a correr en dirección al norte.

Bien, solo corre.

Sintió como Sora y Meyzu la acorralaban hasta ponerla en medio de ambas, tomando el papel de una especie de escudo para ella. Corrió y corrió, sabía que a las mujeres les daban unos cuantos minutos de ventaja, varias Yōkais ya las habían pasado dispersándose por todo el bosque, a ella no le importaba.

Escucho a Meyzu maldecir y le echo un vistazo. Mientras la Yōkai corría tenía la cabeza ladeada mirando por encima de su hombro.

―¡Sora! ―grito Meyzu― ¡Son los amigos de Ryōmen san! ¡Se acercan con rapidez!

Sora tembló un poco, a diferencia de su señora, ellas sí que escucharon la breve conversación de su amo con aquel Yōkai arrogante. Pudieron también percibir la lujuria implícita cuando hablaba sobre su señora. Para Sora y Meyzu no era indiferente la profunda aberración y envidia que le tenía aquel hombre a su señor. Si Ryōmen llegaba ponerle una mano a su señora… no quería ni pensarlo.

―¡Maldición! ―gruño Sora―. ¡Quieren a Kagome sama! ¡No pueden tenerla!

―¡Sora! ―gritó de nuevo Meyzu―. Es una maldita emboscada, ¡yo me encargaré de ellos, sigue adelante con Kagome sama!

Sora asintió y apresurando el paso tomo la mano de su señora, no permitiría que le pusieran una mano encima.

Kagome jadeo por un poco de aire, sentía como los pulmones le ardían, no sabía porque ambas Yōkais se habían puesto nerviosas, ser consciente del hecho de que Meyzu tuvo que retroceder e interceptar a aquellos que la seguían, no la tranquilizaban para nada. Al contrario.

―Sora ―jadeo con fuerza―. Un poco más lento, por favor.

Sora negó con la cabeza.

―¡No señora, no tenemos opción!

Bueno, si me lo dices así…

Ambas se detuvieron cuando un hombre con el pecho desnudo las intercepto. Se detuvieron como pudieron y se pararon a unos cuantos metros de aquel sujeto.

―Vaya ―ronroneo con voz ronca y patosa―. Tengo un buen premio, Ryōmen estará muy feliz.

Kagome no sabía a lo que se refería pero ver como el cuerpo de Sora se tensó por completo, le dio a entender que sea a lo que sea a lo que aquel Yōkai se refería, no era nada bueno. Los cabellos de Sora empezaron a erizarse, mientras gruñidos bajos salían de su boca.

―Aléjate ―gruño con voz gruesa. Kagome la observo perpleja, la bonita cara de Sora se desfiguraba en una profunda mueca de odio y repulsión. Se veía lista para atacar.

El Yōkai se carcajeo con fuerza. La única señal que Kagome tuvo para saber el próximo movimiento de Sora, fue el hecho de que ella le soltó la mano. Sora se lanzó contra el Yōkai, clavándole sus garras profundamente el antebrazo, antes de pegarle un puñetazo en la cara. El demonio gruñó, y con fuerza jalo de los cabellos a Sora y la lanzo contra un árbol.

―Perra ―gruño―. Te enseñaré modales, zorra.

Sora se levanto con un siseo bajo y peligroso.

―Soy una Yōkai gato, estúpido sin cerebro ―se burlo con acidez, mientras lo apuntaba con una de sus garras―. Y tú, estas por debajo de mí.

Kagome se sorprendió, ¿A dónde había ido la dulce y tímida Sora que había conocido?

Sora saltó con agilidad y le lanzó una patada en toda la cara al demonio, haciendo que esté tambaleará hacía atrás.

―¡Corra hacía el norte, Kagome sama!

Kagome dudo, no quería dejarla sola, pero siendo sincera, ahora sabía que Sora podía pelear sus propias batallas, y si ella le pedía que siguiera corriendo era por algo.

Asintió y salió corriendo. Los gruñidos y siseos la acompañaron en parte del camino.

Se estaba agotando, y quería parar a descansar. ¡Por dios, que ella era una jodida humana! Estuvo a punto de detenerse, cuando sintió una energía a sus espaldas, guiada por sus instintos, se agacho y rodo hacía un lado. Vio pasar una mancha negra, para que luego aquel demonio se levantara con agilidad y clavara sus ojos verdes en ella.

Oh… estaba en problemas.

Vio como aquel hombre se acercaba a paso lento hacía ella, cuando vio como sus músculos se tensaron, ella salto hacía un lado el mismo momentos que aquel hombre salto hacía ella. Sin ponerse a pensar en nada, salió corriendo de nuevo.

Escucho su carcajada, pero no le importo. Saco fuerzas de donde no sabía que tenía, las piernas le dolían pero aún así no ceso en su recorrido, sentía como los pulmones le ardían, y cuando creía la suerte estaba de su lado, se tropezó, con la velocidad que estaba empleando al correr, al tropezarse se vio impulsada hacía adelante, rodando varios metros por el suelo. Sintió como algunas piedras y ramas la lastimaban a medida que rodaba, pero eso no era nada comparado con el miedo que sintió cuando vio a aquel demonio pararse frente a ella. Su respiración se detuvo, cuando él se inclino y le agarraba de su brazo derecho para levantarla. Bien, si el idiota creía que iba a dejar que la tocara sin pelear estaba muy, pero muy equivocado.

Pero la equivocada fue ella. Un menos de un segundo aquel Yōkai se encontraba tirado a unos cuantos metros lejos de ella. Inuyasha estaba parado frente a ella en posición protectora, aquel demonio gruño con fuerza y clavo sus ojos verdes en su compañero, destilando odio por cada poro de su cuerpo. Inuyasha le dio la espalda en un gesto grosero, y se fijo en ella. La tomo entre sus brazos y la puso en un árbol caído y que se encontraba un poco alejado de Ryōmen.

―Quédate aquí ―ella asintió. No quería seguir corriendo, de todos modos.

―Vete ―gruñó Inuyasha parándose frente a Ryōmen. Toda la respuesta que obtuvo fue un gruñido de aquel demonio mientras se lanzaba contra él.

Ambos se encontraron el aire, y cayeron con un ruido sordo en el suelo. Gruñidos, dientes afilados, garras y patadas volaban de aquí para allá. Luchaban para que el otro se sometiera. Los movimientos de ambos estaban llenos de furia, eran brutales, salvajes y certeros. Si Inuyasha le daba un puñetazo, el otro le acertaba una patada.

Sabía que su compañero no portaba su espada, lo escucho hablar con Kouga sobre que no sería honorario si peleaba con armas, que si se le presentaba la oportunidad él lo resolvería a puños y garras.

Maldito testarudo.

No podía observarlos bien, el que sea de noche y que ellos se movieran demasiado rápido no ayudaban en nada. Todo lo que podía vislumbrar eran algunos movimientos, escucho a su compañero gruñir sonoramente, cuando el otro demonio le clavo las garras en la espalda, cerca de su nombre. Su compañero se revolvió furioso, y cogió al otro por el cuello, puso uno de sus pies detrás del otro, y lo tumbo en el piso. Se subió encima y le pego puñetazo tras puñetazo, Kagome vio la sangre deslizarse por la cara del Yōkai, y deseo que su compañero parara. No quería verlo de esa manera. Ver a su compañero en tal estado, hacía que un escalofrió de miedo trepara por su espalda.

Basta, se reprendió a sí misma, él está peleando por mí.

Escucho un gruñido furioso y enfoco su vista de nuevo en la pelea que se estaba desarrollando frente a ella.

Observo como su compañero levanto al Yōkai por la cabeza y lo estrello contra el suelo. El Yōkai jadeo e Inuyasha puso su pie en su pecho ejerciendo presión para que no se levantara. Inuyasha se agacho, con el pie derecho en su pucho y la mano derecha en su garganta, apretándolo con fuerza.

―Ríndete ―gruño Inuyasha con una voz tan gruesa, salvaje y feroz. Sin ningún rastro de voz humana.

―¡Ríndete! ―volvió a gruñir. El Yōkai se movía con fuerza intentado escapar, pero no podía. Finalmente después de unos segundos, el demonio le mostro la garganta a su compañero en señal de sumisión.

Inuyasha gruño satisfecho, y de un certero golpe en la sien lo noqueo. El pecho de su compañero subía y bajaba. Se giro lentamente con ella, y por instinto ella dio un paso hacia atrás.

―No huyas ―advirtió él con voz ronca―. No tengas miedo.

Y no le tenía miedo, era más bien impresión. Si bien, esta era la segunda vez que veía a su compañero en su forma de Yōkai completo, verlo con el pecho desnudo, y con ese porte tan salvaje, causaban estragos en ella… se veía tan irresistible.

Él se acerco a ella y la olio a conciencia. Cuando estuvo satisfecho con su inspección, la miro a los ojos, Kagome noto como el estado tenso no abandonaba a su compañero. ¿Por qué seguía tan tenso?

Entonces recordó…

Seré mas demonio que hombre cariño, ya te lo dije. Será todo carnal, será puro sexo y lujuria…

Me moriría si te daño, ¿entiendes?

No quiero dañarte…

Su compañero estaba tratando de no descontrolarse, no quería lastimarla. Bien, ella no era una chica desvalida. Así que… iba a tomar al toro por los cuernos.

―Inuyasha… ―susurro con la voz más dulce que pudo emplear. Dio un paso más cerca de él, y le acaricio el pecho un dedo. Trazo círculos imaginarios, una y otra vez. Sentía como el cuerpo de él se ponía cada vez más tenso. Testarudo. Pego sus pechos a su pecho y se impulso hacia adelante, no era muy buena con la seducción pero Sora y Meyzu la instruyeron un poco. Puso sus manos en sus hombros para impulsarse y de un solo movimiento capturo los labios de su compañero en un beso suave. Sólo un roce… que pronto se convirtió en algo más.

Inuyasha gimió y subió una de sus manos y la tomo de la nuca impulsándola contra él. Le mordió con fuerza el labio inferior y en el momento que ella gimió el introdujo su lengua con rapidez. Recorrió su boca una y otra vez, la excitación recorría su cuerpo, sus lenguas jugaron una y otra vez, el luchaba por dominarla y ella luchaba por no dejarse dominar. Gimió con mayor fuerza cuando él la apretó con fuerza contra su cuerpo. Sus caderas encajaron a la perfección y el empujo su erección contra ella. El aire le estaba faltando, y cuando intento separarse Inuyasha gruño con advertencia, no le daba tregua.

―Inuyasha ―gimió cuando pudo separarse un poco, el gruño pero se dedico a mordisquear su cuello y a chuparlo, cuando él subió ambas manos a la parte delantera de su kimono, supo que iba a romperlo. Y dicho y hecho, Inuyasha en su impaciencia no le permitió que ella misma se despojara de sus ropas, él mismo se encargo de eso.

En un movimiento rápido, la tumbo en la hierba, la parte de arriba de su kimono estaba destrozado y los pedazos quedaron guindados a ambos lados de su cuerpo, Inuyasha la movía como una muñeca y la puso en cuatro. Entonces el pánico la inundo, Inuyasha rasgo lo que le quedaba de kimono y forzó a sus piernas a separarse. Obligo a que pusiera la cara contra la hierba al igual que su pecho, levanto su trasero, quedando de esa manera completamente a su merced. Se revolvió en un intento de cambiar de posición, pero él le gruño con fuerza.

―Inuyasha, para ―susurro con el pánico creciendo, giro su cabeza para mirarlo. Pero él no paro, al contrario, empezó a retirarse su Hakama con impaciencia, cuando estos cayeron su erección se alzo en todo su esplendor. No era la primera vez que veía a Inuyasha en esa condiciones, aun podía recordar lo que había pasado en el lago, pero aun así en ese entonces no tenía miedo. Inuyasha no la miraba estaba más concentrado en culminar todo.

Joder, iba a doler.

Sintió las manos de Inuyasha en sus caderas y supo que el momento había llegado. Cerró los ojos con fuerza y espero a que el dolor viniera.

Pero una vez más, Inuyasha la sorprendió.

En vez de sentir su miembro introduciéndose en ella de forma ruda, sintió su lengua lamerla por sus muslos, un escalofrío agradable recorrió su cuerpo. Inuyasha siguió acariciándola con la lengua hasta llegar a su centro. Los nervios la inundaron así como la expectación.

Inuyasha forzó a su demonio a que tuviera más paciencia, no quería lastimar a Kagome, y cuando por un momento perdió la noción de si, el oler el pánico salir de ella fue lo que hizo se tranquilizara un poco. Acarició sus muslos con su lengua, sintió como ella se estremeció y sonrió. Iba por buen camino, sus manos acariciaron la tersa piel de sus caderas, llego a su centro, inhalo y el profundo olor de su compañera se estrello contra él.

Saco su lengua y la acarició con un largo movimiento, la escucho gemir quedamente, pero necesita aún más, ansiaba más.

Chupo profundamente su clítoris, mientras sus manos se trasladaban, de sus caderas, a los globos de sus nalgas. Apretó a conciencia, y siguió chupando, una y otra vez, invertía los movimientos, chupada, lamida, chupada, lamida, en su lengua quedaban rastros de la humedad que brotaba de ella. Aún así no se detuvo, la quería caliente y mojada, muy mojada. Ella en un acto de relejo empujo sus caderas hacia atrás presionando aún más contra él, el gruño con aprobación, y siguió degustando todo lo que ella tenía para darle. Quiso introducir uno de sus dedos, pero temía lastimarla con una de sus garras, pensó en arracarse una, ―después de todo volverían a crecer para mañana―, pero eso implicaba levantar la cabeza y eso no era una opción.

―Inuyasha ―escucho a su compañera gimotear, pero él no le dio tregua. La lamio una, dos, tres veces más, apretó con más fuerzas sus glúteos y jalo sus caderas hasta el punto de que estas encajaron en su cara, gruño y el sonido se expandió por el clítoris se compañera creándole buenas sensaciones, sintió como el pequeño botón pulsaba, y con su lengua lo acaricio antes de darle una leve mordida con sus colmillos, escucho a Kagome inspirar profundamente antes de estremecerse en respuesta, aún así siguió sin parar, cuando sintió como el orgasmo de su compañera se aproximaba paro.

Kagome soltó un gemido en desaprobación, pero a Inuyasha no le importo. Su demonio estaba ansioso por follarla y él también lo estaba. Cubrió su cuerpo con el suyo, y forzó a su cabeza abajo, su compañera se revolvió y su demonio lo tomo como una señal de revelación, gruño con fuerza y clavo sus colmillos en su nuca, con la presión correcta, ni muy fuerte, ni muy débil, presiono lo suficiente para que ella fuera consciente de este hecho.

Ella gimió y el olor de su excitación se extendió. Así que a su compañera le gustaba que la sometieran… Interesante.

Dejo su nuca, y empezó a repartir besos por toda su espalda, por la columna vertebral, y por los hombros, chupo y lamió su cuello con lujuria, una de sus manos subió y apretó uno de sus pechos, tenía ganas de besarla con fuerza, pero no quería perder la posición en la estaban, así que soltó el pecho derecho de su compañera, y con la misma mano con la que había estado amasando su pecho, tomo parte su cabello en este y forzó su cuello hacía atrás, su boca se estrello contra la de ella.

Era un beso salvaje, un beso oscuro y para dominar. Introdujo su lengua en su cavidad y busco la de ella para jugar, cuando saco su lengua satisfecha, la lengua de su compañera había salido a buscarlo, con deseo, se acerco y chupo su lengua con fuerza. Dejo su boca, y hizo que ella volviera a la posición inicial.

Sentía su pulso acelerado, ya no podía parar. Descendió su cabeza, hasta que su barbilla choco contra su hombro, causándole un estremecimiento a su compañera.

―No puedo ir lento ―jadeo con fuerza. Ella negó con la cabeza.

―No lo necesito lento.

Inuyasha cerró los ojos.

―No puedo ser amable, lo siento ―dijo con los dientes apretados. Ya nada más existía, estaba como drogado, el olor de su compañera impregnaba el ambiente. Incluso se olvido de que el cuerpo inconsciente de Ryōmen se encontraba a unos cuantos metros de ellos.

―No lo necesito amable, cariñoso o suave ―susurro ella con determinación―. Sólo te necesito a ti.

Esta vez ella lo sintió temblar, era todo lo que necesitaba.

―Lo siento ―repitió, movió sus caderas hasta situar su pene en la entrada de ella, sentía los jugos de ella en la punta y eso lo estaba volviendo loco. Se burlo de ella un poco, hacía amago de entrar y no lo hacía, restregaba su pene por toda su extensión, una y otra vez, ella empezó a jadear con fuerza. Hasta que empujo su culo haciendo que la punta entrará en ella. Ambos se congelaron, e Inuyasha inspiro profundamente―. Lo siento.

Se impulso hacia adelante, las paredes internas de Kagome se amoldaban a su falo como un guante de seda, tercio, caliente, suave y resbaladizo. Olio un poco de sangre y escucho como su compañera gimoteaba, y aún así no pudo parar. Dio una estocada, forzando a que ella recibiera aún más de él. Otra estocada más profunda, y cuando ella apretó sin querer sus paredes interiores, Inuyasha supo que estaba perdido.

―Lo siento ―se impulso con sus manos, y empujo contra ella con fuerza, una y otra vez, escucha sus gemidos entre el placer y dolor, él no podía parar, las sensaciones eran electrizantes, el deseo se incrementaban a medida que el empujaba más profundo y más rápido. Cada vez ella estaba más mojada, y él entraba con mayor fuerza. Sus gruñidos ya no eran bajos, no podía contenerse, la manera en la que ella lo apretaba, como si no quisiera soltarlo, su vagina se tragaba su pene por completo con codicia. ¡Oh, santa mierda! Que no daría él por nunca salir de su interior y siempre permanecer rodeado por ella.

―Más ―gimió.

Otras estocadas más rápidas y más fuertes, ella volvió a gemir e Inuyasha se perdió en el sonido.

―Mía ―gruño. Empujo más duro y más fuerte―. Mía.

Ella gimoteo mientras trataba de asentir con la cabeza, el gruño y la penetró con más fuerza, haciendo que su cuerpo se impulsara hacía adelante, si él no estuviera agarrándola por las caderas ella estaba segura que su cuerpo se hubiera estrellado contra el suelo.

―Mía ―gruño de nuevo. Kagome asintió.

―Tuya ―lanzo un largo gemido, cuando sintió como Inuyasha se ponía aún más duro dentro de ella.

Inuyasha gruño con aprobación y se enderezó sin dejar de penetrarla, y la agarro con más fuerza de las caderas. Una mano en su cadera, y la otra contra su nuca. Sus caderas se balanceaban, ya no había coordinación, sus movimientos eran desesperados, fuertes y certeros, necesitaba llenarla con todo de sí, marcarla, para que ningún hombre, yokai o lo que sea, se atreviera a mirarla. La quería, era suya, completamente suya, para joderla, besarla o amarla. Principalmente para joderla.

―Mía ―volvió a gruñir. No podía formar palabras coherentes, sólo podía reclamarla como suya.

Kagome sintió como su cuerpo se impulsaba de adelante para atrás, en un vaivén tan poderoso, que la estaba haciendo ver las estrellas. Gimió y sollozo con necesidad cuando Inuyasha traslado su mano a su clítoris. Era demasiado, las sensaciones, su cuerpo enteramente sensible, lágrimas de placer se deslizaban por su rostro, quería más y más, no quería que él parara.

―Mía.

Kagome sintió como el apretaba sus caderas de nuevo con tanta fuerza, que le estaba haciendo daño, pero no le importaba. El dolor era bien recibido siempre y cuando Inuyasha estuviera dentro de ella.

―¡Dios, Inuyasha, por favor! ―gimoteo con necesidad. No sabía que le estaba pidiendo, las palabras salieron de su boca sin que ella pudiera evitarlo.

¡MÍA!

―Si ―gimió―. Soy tuya, tu compañera, toda tuya.

Inuyasha gruñó, volvió a bajar su mano al clítoris de su compañera y froto con rapidez, escucho el gemido de sorpresa y siguió frotando, cada vez que frotaba hacía adelante y hacia atrás, eran dos estocadas más en ella. Sintió como la respiración de su compañera empezó a acelerarse aún más y como lo apretaba, unos segundos después su compañera se tenso y el orgasmo se estrello contra ella. Aún así él siguió con sus profundas penetraciones, las cuales se hicieron aún más rápidas si era posible, una, dos, tres más y se corrió con un gruñido. Se sentía taaaan bien, era como un guante caliente que lo exprimía, gota por gota, apretó aún más sus caderas y clavo sus colmillos entre el cuello de su compañera y el hombro, haciendo que esta se estremeciera. Aun con lo fuerte que había su orgasmo hasta que no termino no retiro los colmillos del cuello de su compañera. Cuando sintió el último espasmo ronroneo con satisfacción y soltó su cuello para luego lamerlo con cariño.

Kagome intento respirar pero no podía, su cuerpo estaba lleno de sensaciones y espasmos, la mordida de su compañero fue placenteramente dolorosa.

―Bebé ―gimió Inuyasha en su oído, abrió los ojos como platos cuando sintió que seguía duro en su interior―. Aún estoy duro por ti.

Abrió la boca para decirle que podía irse al infierno, cuando él giro su cuerpo haciendo que ambos quedaran frente a frente. Aún seguía en su fase demoniaca, y ella no podía parar de mirarlo, él se inclino para besarla y a pesar de todo, ella lo recibió gustosa. Se besaron suavemente, y a medida que el beso continuaba iba subiendo de intensidad, Inuyasha se apretó contra ella y empezó a empujar de nuevo en su interior.

Para su sorpresa, noto como el deseo empezaba apoderarse de ella de nuevo, gimió y apretó sus muslos contra los de él, siguieron besándose una y otra vez.

―Rodéame con las piernas ―gruño con urgencia.

Ella hizo lo que él le pidió y un segundo después se vio arrasada por el deseo que Inuyasha despertaba en ella. Empujes duros y profundos, primero lento y después rápido, suave y después duro, apretó aún más sus piernas entorno a él mientras echaba la cabeza hacia atrás. Inuyasha puso sus manos a sus costados, mientras si inclinaba para tomar uno de sus pezones en la boca, estaba súper sensible, así que las sensaciones se duplicaban, gimió cuando el chupo con fuerza. Jugueteaba con su pezón con avaricia, lo mordía con fuerza para después calmar el ardor con su lengua.

Enrollo sus manos en su espalda y le clavo las uñas con fuerza, él se estremeció y empezó a embestirla con fuerza, bombeaba duramente en su interior, no podía pensar, no podía hablar, ni siquiera podía formar un pensamiento coherente, todo lo que podía sentir era el cuerpo de Inuyasha encima suyo, sus gemidos y gruñidos, su olor, sus manos, su boca. Donde Inuyasha tocaba, le quemaba. Cerró sus ojos. Su cuerpo ardía, gemía sin parar, sin importarle nada más que no fuera el medio demonio encima de ella. Era todo en lo que podía pensar, la manera en la que la penetraba, en la que la agarraba, todo… sólo podía sentir a Inuyasha y dejarse sentir.

Espasmos empezaron a recorrer su espalda cuando sintió su próximo orgasmo avanzar a través de ella, Inuyasha gruño y acelero las embestidas, ella abrió los ojos, ver a Inuyasha con los ojos entrecerrados y la cara con una mueca de placer, era demasiado para ella. Se perdió en sus ojos y era como ver dos mitades de un todo, podía sentir como el demonio en su interior también la miraba, la devoción y posesión que vio en sus ojos, en vez de hacer que se disgustara, hizo que su deseo por el se incrementara. Sonrió y se apretó aún más contra él.

Apretó sus piernas y doblo sus dedos de los pies, cuando las sensaciones se hicieron aún más poderosas, ya no podía respirar, jadeaba con fuerza, quería que acabara y a la vez no quería. Era todo contradictorio.

Apretó los dientes y lanzo un largo gemido cuando el orgasmo se estrello contra ella. Puso los ojos en blanco, mientras se estremecía, sintió como Inuyasha lanzaba un ronco gemido y se corría de nuevo dentro de ella.

Cayo laza y el peso de Inuyasha en vez de ser una molestia, se sentía muy bien. Paseo sus manos por la espalda de él, en una caricia perezosa. Adoraba esa intimidad que estaba compartiendo, todo era entre él y ella. Sólo ellos dos.

Cerró los ojos y se dejo llevar por el cansancio, ya después pensaría en lo demás.

.

.

.

Apretó los puños con fuerza. Verla retorcerse debajo de aquel ser tan inmundo hizo que sus entrañas se revolvieran, odiaba a ese maldito Yōkai. No permitiría que él se quedara con ella, y si era necesario lo mataría.

Kagome era suya, sólo suya. Se dio media vuelta y de manera silenciosa se retiro de aquel lugar del bosque, no podía permitir que nadie se diera cuenta de su presencia, aun no era el momento de atacar. Aun no.

Pero pronto… muy pronto. Ninguno de ellos, sabría lo que les golpeo.


¿Y bien, que les pareció? ¿Les gusto el lemon? ¡Espero que sí! Ahora si, a responder Reviews.

Guest: No tranquila, yo no me olvido de ustedes jaja. espero hayas disfrutado este cap, dejame tu nombre para agradecerte correctamente.

Tamy: ¡Gracias, cariño! Aquí tienes la continuación espero te haya gustado.

Katherin p: ¡aquí esta la continuación!, espero y te haya gustado.

Sabella-Chan: ¡Espero te haya gustado! Me alegro que te gustará toodo hasta ahora, y espero haber resuelto tus dudas, gracias por seguirme con esta historia y las que estoy escribiendo en mi otra cuenta, ¡nos leemos pronto!

Guest: Aquí tienes la continuación, espero la hayas disfrutado.

Nena Taisho: ¿Te gusto? Espero que sí, al principio no tenía intenciones de hacer un oponente para inu, pero al leer tu comentario varias ideas rondaron por mi cabeza, y creeme, no será la ultima vez que leamos sobre Ryomen!

Rinnu: ¡Tranquila! Eso suele pasar, a mi me ha pasado jajaja, espero haber resuelto algunas de tus dudas, y con respecto a la habitación... más adelante verás. ¡No tienes nada que agradecer! Lo hago con gusto, nos leemos pronto, espero que te haya gustado este capítulo nena.

No sé para cuando tenga la próxima actualizacion, la verdad en estos momentos estoy empezando el nuevo semestre en la universidad, y estoy trabajando en otros fics también, en esta cuenta y el la otra, así que para cuando tenga un toque de inspiración y tiempo subiré el próximo. Así que cuídense mucho muñecas.