RUMOR HAS IT

CAPITULO 2 (Temporada 2)

LOS ESTRAGOS

Lo juegos infantiles habían quedado atrás. Pero las memorias sobre aquellos días aun seguían presentes en ellos.

Tres niños habían jurado ser los mejores amigos siempre. Y conforme el tiempo había ido pasando, aquella fiel promesa se olvido junto con los juegos.

Era en estos tiempos, cuando aquellas viejas promesas entre amigos. Eran las más importantes.

Quinn, Rachel y Kurt acostumbraban a jugar en el parque de la ciudad cuando ya había cerrado al público. El padre de Rachel era muy amigo del encargado del lugar, así que dejaba que los tres pasaran el tiempo ahí antes de la cena. La vida es muy diferente cuando tienes siete años, todo parece ser inofensivo.

Se había hecho ya de noche, y los niños aun estaban cerca del patio de juegos principal. Rachel tenía una pequeña caja de madera en las manos y cada uno llevaba una hoja de papel en la mano.

- ¡Apresúrate Kurt! – decía Rachel cuidando que nadie viniera.

- Nadie debe vernos hacer esto – dijo Quinn apoyando el argumento de Rachel.

- Lo hago lo más rápido que puedo – respondió Kurt. - ¿Creen que esto sea suficiente?

Las niñas se acercaron hasta el agujero que Kurt había cavado con una pequeña pala de jardín que había tomado del garaje de su padre. Sonrieron juntas y asintieron con la cabeza.

- Bien, ahora tenemos todos que prometer que nadie va a decir nada sobre este pacto. – dijo Quinn tomando la caja de madera que Rachel tenia.

- Nunca – prometió Kurt.

- Lo prometo – dijo Rachel.

Quinn tomo la caja y la metió al fondo del agujero.

- ¿Todos escribieron su promesa? – pregunto Quinn.

Kurt y Rachel asintieron y después lanzaron las tres hojas de papel que tenían en las manos junto con la caja.

Fue entonces cuando comenzaron a enterrar aquellos objetos de nuevo en aquel lugar.

- Amigos por siempre – dijo Kurt haciendo que sus amigas sonrieran.

- Por siempre – recalco Rachel.

Recuerdos como estos. Las promesas que te haces de niño. Son el tipo de cosas que ves pasar frente a tus ojos cuando la muerte ronda cerca de ti.

Y ahora, mientras estos tres amigos estaban en la sala de emergencias con sangre en todas partes. Esta promesa se había hecho más viva que nunca.

Una nueva noticia se había propagado por el pueblo en las últimas horas. Tres de los involucrados en el caso de Jesse St James hace unos meses, estaban de nuevo en el ojo del huracán. Pero ahora eran ellos quienes tenían el papel de victimas.

Su auto había sido encontrado hecho pedazos al lado de una de las curvas más peligrosas de Lima. Y ahora los tres estaban siendo ingresados a terapia intensiva en el hospital de la ciudad.

Los reporteros habían llenado por completo el estacionamiento del hospital, esperando que las familias de los afectados aparecieran. Todo el lugar se había convertido en un centro de convenciones para cualquier televisora local.

La ambulancia de Rachel fue la ultima en llegar, y entre empujones y varios flashes fotográficos, los paramédicos lograron ingresarla al hospital para ser tratada. Los ojos de Rachel trataban de abrirse para lograr reconocer el lugar en donde estaba. Sentía como varios cristales se habían incrustado en su espalda y como un tubo de oxigeno le estorbaba en la boca para poder hablar.

Quiso ver la cara de sus padres en algún lugar, pues no podía identificar ninguno de los rostros que la rodeaban en aquellos momentos.

Fue en ese momento, cuando por una milésima de segundo. Solamente por un instante. Creyó reconocer a uno de los rostros en aquel lugar.

Alzo la cabeza lo más que pudo y trato de enfocar su mirada hacia aquella persona.

En un rincón del pasillo, detrás de una puerta con la luz apagada, pudo ver como alguien lo observaba. Y pensó tal vez que el golpe la estaba confundiendo. Pero estuvo casi segura aquella noche, de ver a Jesse St James al otro lado de la sala de espera.

Santana estaba sentada frente a una silla vacía siendo alumbrada solamente por tres lámparas rotas mal colgadas en el techo. Las instalaciones de la prisión de Ohio no eran las de mejor estado en el país. Su respiración trataba de ser más lenta. Pues sabía que no era bueno para el bebe comenzar a tener problemas de presión. Las manos le estaban sudando. Su cara retocada en maquillaje había desaparecido, ahora parecía más bien que alguien le había jugado una broma pintándole la cara mientras tenía los ojos cerrados.

Uno de los guardias hizo un sonido fuerte mientras empujaba con fuerza una puerta de asbesto detrás de Santana. Ella salto del susto y giro rápidamente la cabeza.

Fue entonces cuando sus lágrimas quisieron volver a salir.

No acostumbraba mucho visitar a Finn después de que revelara que él había asesinado a David Brooks casi ocho meses atrás. Pero ahora, las circunstancias la habían obligado a hacerlo.

Recordó entonces, cuando se vieron por primera vez. Cuando ella aun era la reina de belleza, la chica más popular de la escuela. La única con quien nadie se metería solo por miedo a perder la vida. Mientras él, era el alter ego perfecto para alguien como ella. Los dos eran los reyes de la escuela. Y nadie podía decir lo contrario.

Finn había entrado a ese viejo café a las afueras del pueblo. Tenia del brazo a Rachel, pero Santana sabia que una novia no impediría que llegara hasta él.

Lo vio caminar hacia una mesa al lado de la de ella y sus amigas. Tenía una chaqueta de cuero que lo hacía verse mayor. La barba ayudaba también a crear ese efecto. Aun recuerda como todas las chicas, incluso las mayores en aquel lugar. Lo miraban como si fuera un príncipe visitando a los sublevados.

Pero ahora, viéndolo arrastrando una cadena en los pies, y con ese traje naranja que nadie quisiera ponerse nunca. Herido en la cara, y sin luz alguna en sus ojos. Desconocía por completo a ese hombre.

Cuando Finn la miro no pudo evitar sentir tristeza. Sobre todo al notar que su embarazo se había hecho más obvio ahora. Se sentó frente a ella, y cabizbajo la miro.

- Te ves hermosa – dijo mirando su vientre. Sabía que para Santana era mejor saber que no se veía mal con todo ese peso encima.

- No estoy aquí para hablar sobre mí – dijo ella secamente.

- Entonces ¿A qué viniste?

- Hoy hubo un incidente en la escuela. Nuestros expedientes fueron saboteados. Y quiero saber de una vez si fuiste tú el que ideo toda esa broma.

- ¿Nuestros?

- También el de Rachel, Kurt y Quinn. ¿Fuiste tú?

Finn negó con la cabeza.

- Ni si quiera puedo llamarte para preguntarte sobre mi hijo. ¿Crees que gastaría mi tiempo en hacerlos enojar? ¿Qué ganaría con eso?

- ¡Tú dímelo a mí! – dijo Santana un poco alterada. - ¿Qué ganas con todo lo que has hecho? ¿Qué ganaste con asesinar a ese chico? ¿Qué ganabas con tratar de defender a Rachel cuando se supone que era yo a quien amabas?

- ¿En serio quieres hacer esto ahora? – dijo Finn tratando de calmarla.

- Solo dime. – dijo Santana.

- No fui yo quien hizo lo de los expedientes. Ni si quiera se dé que hablas.

- Ahora ni si quiera yo me puedo dar cuenta de cuando mientes o no.

Finn agacho la cabeza.

Santana se puso de pie señalando que su visita había terminado.

- ¿Te vas? – pregunto Finn al notarlo.

- Era lo único a lo que venía.

- Solo quiero dejar en claro. No porque haya asesinado a un chico, me convierte en el culpable de todo lo que les pase.

- Pero si te pone en el tope de la lista – respondió Santana sin siquiera mirarlo.

- Ambos sabemos quién pudo haber hecho lo que me dices. De hecho los cuatro lo saben también.

Santana supo de inmediato hacia donde iba Finn.

- ¿Por qué Jesse querría hacernos eso? – pregunto Santana.

- No lo sé. Pero tampoco sabemos muchas de las razones por las cuales Jesse hizo las cosas como las hizo.

Ella comenzó a caminar hacia la puerta.

- ¿Ya tiene nombre? – grito Finn antes de que saliera, refiriéndose al bebe.

- Eric – le respondió ella antes de salir del lugar.

Con el paso de los días la prensa se comenzó a apaciguar sobre la noticia del accidente de los chicos de Mckinley.

Mientras tanto los implicados trataban de recuperarse en una de las habitaciones del hospital. Kurt Hummel, quien iba en el asiento trasero del auto fue quien menos daños sufrió. A él lo darían de alta en un par de días, mientras sus otras dos amigas aun seguían en observación. Quinn y Rachel se encontraban en la misma habitación. Así que en cuanto Kurt pudo ponerse de pie fue hacia donde estaban ellas para poder hablar a solas.

- ¿Viste la nota? – pregunto Rachel a Kurt cuando estuvo sentado frente a ellas.

- Si – respondió él.

- ¿Qué creen que signifique? – inquirió Quinn.

- Creo que el mensaje fue muy claro. Tiene que ver con Jesse. – respondió Kurt.

- Al parecer esto no ha terminado ¿cierto? – dijo Quinn algo nostálgica.

- Algo me decía que una cosa como esta iba a pasar – decía Rachel – no podía creer que todo hubiera terminado.

- ¿Y qué vamos a hacer al respecto? – pregunto Kurt

- Si, no podemos quedarnos sentados a esperar que alguien llegue y nos haga más daño. – dijo Quinn.

- El mensaje decía que "El juego iba a comenzar". Alguien quiera jugar con nosotros. – dijo Rachel.

- Pues si así es como juega, no quiero jugar con él – replico Quinn.

- Nadie quiere hacerlo. Por eso hay que detenerlo.

- ¿Pero cómo? – pregunto Kurt.

- Sé que esto puede sonar mal. Pero tenemos que saber que paso con Jesse, creo que es la única forma de estar seguros de que nada malo nos pasara. – dijo Rachel.

- Es como buscar una aguja en un pajar – argumento Kurt – Jesse podría estar en cualquier lugar.

Rachel recordó entonces la noche en que fue internada al hospital.

- No sé si haya sido la anestesia – dijo ella – pero creo que en la noche del accidente. Lo vi aquí.

Sus dos amigos se sorprendieron.

- ¿Estás segura? – pregunto Quinn.

- Les digo que no lo sé. Estaba muy herida. Pero juraría que me estaba mirando desde lejos.

De pronto la puerta se abrió haciendo que todos saltaran y guardaran silencio.

Blaine camino dentro de la habitación siendo esto un alivio para todos. Kurt sonrió al verlo y se puso de pie de inmediato.

- Así que además de mi doctor personas eres mi guardaespaldas ahora – dijo él bromeando con Blaine.

- Solo me preocupo por ti – respondió su novio sonriendo.

Las chicas sonrieron también al contemplar tan tierna pareja.

- Solo estábamos poniéndonos de acuerdo, aun no decidimos si le damos la exclusiva a un noticiero o a una revista – dijo Kurt haciendo que los demás rieran.

- Al parecer los días de reporteros terminaron. No he visto a ninguno en días.

- Pasamos de moda rápido – dijo Quinn.

- Eso parece – dijo Blaine después – por cierto chicas, creo que las darán de alta mañana, al parecer el peligro y lo peor ya paso. Solo tienen que ser cuidadosas cuando estén en casa.

- Me alegra escucharlo – dijo Rachel.

- Hey Kurt, ¿Puedo hablar contigo afuera? – dijo Blaine.

Las chicas los miraron sintiéndose como intrusas.

- Claro – respondió Kurt siguiendo el paso de su novio. Miro a las chicas mientras recordaba lo que Rachel había dicho.

Cuando estuvieron en el pasillo Blaine cerró la puerta y se sentó en una de las sillas al lado de la habitación. Kurt hizo lo mismo y le dirigió ojos confundidos.

- ¿Qué pasa? – pregunto él aun con entusiasmo. De pronto la mirada de Blaine le quito esa alegría del cuerpo.

- No quiero alterarte. – dijo Blaine acariciando el cabello de su novio.

- Me estas asustando mas diciendo cosas como esa. ¿Es sobre mis amigas?

- No, es sobre ti.

Kurt sintió como una ola de frio lo invadió.

- Solo dime – dijo después.

- Cuando llegaste al hospital quise asegurarme de que nada te hubiera pasado. Te hizo estudios casi de todo. Radiografías, ultrasonidos. Y todo lo demás.

- Lo sé – dijo Kurt – pero ¿Qué tiene que ver eso?

- En una de las resonancias pude ver algo extraño en tu cerebro. Al parecer los medicamentos dejaron de funcionar hace un tiempo, y… tu trastorno se hizo un poco más grande.

Kurt miro el piso con ojos vacios.

- Envié a hacerte más estudios en la clínica. Me darán los resultados en estos días. Pero quiero que te prepares para escuchar esto. El trastorno que puedes tener, es algo diferente.

- ¿A qué te refieres?

- No quiero que pienses mucho en eso. Pero… podrías estar presentando la misma enfermedad que tu madre.

- ¿Esquizofrenia? – pregunto Kurt con un nudo en la garganta.

- Solo es una posibilidad. – respondió Blaine abrazándolo.

Ahora los problemas de Kurt parecían haberse, hecho más fuertes. Pues además de tener a un asesino encima de él y sus amigas. Un enemigo dentro de su cuerpo lo amenazaba más peligrosamente.

Los rumores sobre el accidente de los chicos en la escuela corrieron rápido. Y como siempre varias teorías apuntaban a Jesse como involucrado en el asunto. Tina y Santana se la pasaron días enteros tratando de evadir las preguntas incomodas que los demás formulaban. Ahora solo restaba esperar que otra cosas interesante pasara para que se desviara la atención de los chicos. Pero en un pueblo como Lima, era como esperar lluvia en una sequia.

Tina se había refugiado en la cafetería al ver a un grupo de personas acercándose hacia ella con intensión de hacer más preguntas. Tomo un vaso de café de la repisa y se sentó en la primera mesa que estuvo frente a ella.

El chico que estaba sentado en dicha mesa la miro algo confundido y después sonrió apenado.

- ¿Hola? – dijo él mirando a tina desorientado

- Hola – respondió ella al ver que el chico frente a ella era apuesto. Se sonrojo al darse cuenta que había invadido de repente su privacidad y agacho la cabeza. – lo siento pero tenía que escapar de alguien.

- No – dijo aquel chico de inmediato – no hay problema. No muchas chicas hacen esto, algo me dice que eres única.

- No creo que sea el termino que buscas – respondió ella riendo.

- Artie – dijo el estrechando su mano.

- Tina – respondió ella aun sonrojada.

- Bueno Tina, ya que te sentaste porque no me haces compañía.

Ella sabía que tenía miles de pendientes que hacer, pero por alguna razón, cuando Artie sonrió no pudo hacer más que asentir con la cabeza, como si hubiera estado bajo una especie de control mental. Algo le decía que este chico era especial… único, como el mismo había mencionado.

El día en que los tres accidentados salieron del hospital fue un momento memorable en la vida de los tres. Se sentía como si una nueva vida hubiera comenzado. Una nueva oportunidad. La única interrogante era, ¿Cuánto tiempo duraría esta oportunidad?

Rachel se lo preguntaba la mayor parte del día. Pidió a sus padres que la dejaran regresar en un taxi y no interrumpieran su trabajo en Nueva York. Después de una hora de convencimiento ellos accedieron, y Rachel termino saliendo sola del hospital.

Ella no fue a casa. Tenía algo en la cabeza que no la dejaba dormir desde que aquella nota había aparecido frente a sus ojos. Le pidió al conductor que la llevara al cementerio de la ciudad. Mientras ella observaba como el sol caía completamente por la acera de las calles de Lima en aquel hermoso día.

Bajo en la puerta del cementerio, y sin titubear camino hacia una de las lapidas de la parte este del lugar. Se quedo de pie frente a ella y después suspiro al sentir una fresca brisa pasar frente a ella.

El nombre de la lapida había cambiado. Ya no era Jesse St James lo que estaba escrito en aquel pedazo de roca. Ahora David Brooks habitaba en aquel lugar.

Se puso en cuclillas y miro fijamente la inscripción en la tumba.

Fue entonces cuando un ruido la hizo mirar bruscamente hacia atrás. Giro la cabeza y no pudo ver nada. Se puso rápidamente de pie y comenzó a girar el cuerpo hacia todos lados.

- ¿Hola? – pregunto en voz alta.

Nadie respondió.

Sus nervios comenzaron a crecer. Las manos le empezaron a temblar, mientras sentía como alguien la observaba fijamente.

- ¿Quién está ahí? – pregunto una vez más.

Comenzó a caminar hacia un par de arbustos frente a ella, pensando que alguien se escondía tras ellos. En estos momentos ella tenía muy en claro que la curiosidad podía matar al gato, o al menos mandarlo a él y a sus dos amigos más al hospital. Pero tenía que asegurarse que sus sospechas eran ciertas. Sabía que había visto a Jesse.

Una mano la toco en la espalda haciéndola saltar de nuevo.

- Tranquila soy yo – dijo una voz detrás de ella.

Rachel giro la cabeza, y al saber quién era pudo respirar tranquila.

- ¡Ryan! – dijo ella tratando de mostrar entusiasmo - ¿Qué haces aquí?

- Creo que lo mismo que tu – respondió el mirando la lapida de David. – aun no puedo creer lo que paso. Y pensé que solo viendo que la tumba había desaparecido podría aceptarlo de una vez por todas.

- Fue un shock para todos – dijo ella.

- Lo sé, y sé que en especial para ti fue algo muy difícil de digerir.

- Creo que aun no lo hago. Por eso vine.

Ryan sonrió fugazmente.

- Rachel debo preguntar – dijo él con un tono de seriedad más obvio. – yo se que tan unidos eran ambos. ¿Tienes alguna idea de donde podría estar? ¿Te dijo algo antes de que desapareciera?

- Lo siento Ryan, pero la semana en que regreso aun sigue algo borrosa para mí.

Ryan alzo la cabeza y comenzó a caminar en círculos.

- Te entiendo – dijo él – en fin, no creo estar en el pueblo mucho tiempo. Así que creo que no nos veremos en un rato.

Rachel avanzo hacia él y lo abrazo.

- Cuídate – dijo Ryan haciendo que Rachel tragara saliva.

- Tu igual – respondió ella fingiendo una sonrisa.

Otra brisa paso velozmente por aquel lugar mientras Ryan se alejaba. Y aunque Rachel sabía que había sido el tío de Jesse quien la había asustado hacia unos momentos. No podía quitarse la sensación de estar siendo observada en esos momentos.

Quinn recordó cuando estaba ya en casa que había dejado su lap top en el casillero de la escuela. Fue al instituto de inmediato y se dirigió directamente hacia su locker para buscarla.

Se llevo un gran susto cuando su combinación no lograba abrir la puerta de dicho casillero. Comenzó a golpear fuertemente la puerta hasta lograr que una chica al final del pasillo la mirara seria.

- ¡Hey! ¿Qué haces? – pregunto esta chica al ver lo que Quinn hacia.

- No abre – respondió Quinn sin poner mucha atención a esta chica.

- Lo sé, es porque es mío. – dijo ella.

- ¿Qué? – pregunto Quinn asombrada – es imposible, hasta hace una semana yo tenía este casillero.

- Si lo imagine – respondió la chica – pero ya que soy de nuevo ingreso me dieron este casillero, pasaron todas tus cosas a otro lugar, deberías preguntar en la dirección.

- Lo hare – dijo Quinn mirando a la chica con algo de desprecio.

- Eres la de los noticieros ¿no? – pregunto la otra.

Quinn giro la cabeza lentamente y asintió con la cabeza.

- Soy Lindsay – dijo la chica sonriendo.

- Quinn – se presento ella después de irse.

Lindsay la miro fijamente hasta que se perdió entre las personas. Creyó que esa no había sido una muy buena impresión.

Rachel había organizado una pijamada en su casa debido a que sus padres estaban aun en Nueva York y no quería quedarse sola. Alguien estaba tratando de dañar a sus amigos y ella, lo cual señalaba que la compañía era un aliado en las siguientes noches.

Santana y Tina estaban ya en casa de Rachel, las tres esperaban a Quinn quien traería cafés fríos para hacer más larga la noche en vela. Todas estaban en el piso mirando películas mientras los temas de conversación seguían fluyendo.

- Se veía distinto – dijo Santana al estar contándole a las chicas de su vista con Finn – no parece el mismo chico.

- Es el efecto que puede tener la prisión – dijo Tina acariciando el hombro de Santana.

- Me pregunto el nombre del bebe – dijo después.

- ¿Ya tiene un nombre? – inquirió Rachel.

- Eric – dijo Santana – lo escuche en una canción mientras iba en el auto y me enamore de ese nombre.

- Seguro que será hermoso el pequeño Eric – dijo Rachel sonriendo después.

- Hey Rachel, ¿Qué piensan hacer con respecto al asunto de Jesse? – dijo Tina dudando al hablar.

- No lo sé, y en realidad no quiero pensar más en ello. Espero que podamos saber algo de él en los próximos días. Si no, tendré que empezar a buscarlo por mi cuenta.

- ¿Y enserio quieres hacer eso? – pregunto Santana.

- Es la única forma de saber que quiere la persona que nos quito los frenos.

Las chicas se quedaron en silencio por unos momentos, hasta que un fuerte ruido se escucho en la calle de enfrente. Las tres se pusieron de pie y se pararon frente a la ventana para ver de qué se trataba.

Pudieron ver entonces como Sam, el nuevo vecino levantaba del piso varias cajas de medicamentos que se le habían caído de las manos.

- ¿Quién es él? – pregunto Santana.

- Se llama Sam, es mi nuevo vecino – respondió Rachel.

- Es sexy – dijo Tina haciendo que las demás la miraran raro.

- ¿Crees que sea doctor? – pregunto Santana de nuevo.

- No lo sé, pero si no lo es lo que hace podría ser ilegal. – respondió Rachel

- No creo que este bien que alguien tenga tantas medicinas en su casa. – inquirió Tina.

Fue entonces cuando Sam alzo la mirada y logro ver como las tres lo observaban

- ¡Rayos! – grito Rachel haciendo que todas saltaran hacia atrás.

La mirada de Sam era pesada. Y aunque estuviera a más de diez metro de ellas, todas podían sentir como las intimidaban sus ojos.

Quinn entro rápidamente a la cafetería para recoger la orden que había pedido por teléfono. Pago en la caja y camino disparada hacia la puerta.

- ¡Quinn! – grito alguien haciendo que se detuviera.

Giro la cabeza y pudo ver a Lindsay en una mesa detrás de ella.

- Hola – dijo Quinn – lo siento pero tengo prisa.

- Solo te robare unos minutos – dijo Lindsay sonriendo.

Quinn se sentó en la mesa de Lindsay dejando su orden sobre ella.

- Si que te gusta el café – dijo Lindsay bromeando.

- Son para mis amigas – respondió Quinn.

- Ya veo. Bien solo quería disculparme. No fue muy buena la forma en que nos conocimos, y creo que la conciencia me remuerde ahora.

- Todo está olvidado – dijo Quinn.

- Aun así siento que debo compensarlo

- No es necesario.

- Bueno, ya le pedí al director que te devolviera tu casillero, y además quería saber si podíamos salir en los siguientes días. Ya sabes, solo para que duerma tranquila en las noches sabiendo que todo está bien contigo.

En ese momento, y solo hasta ese momento, Quinn pudo notar lo bonitos que eran los ojos de Lindsay.

- Está bien – respondió ella.

- Ok – dijo Lindsay entusiasmada – te llamare para ponernos de acuerdo.

Quinn se puso de pie y sonriendo comenzó a escribir su número en el teléfono de Lindsay.

- Espero tu llamada – dijo después saliendo del lugar. Mientras Lindsay sonreía al verla alejarse.

Blaine llego a casa casi a las once de la noche. Abrió la puerta como de costumbre buscando rápidamente a Kurt con la mirada.

Pudo verlo entonces sentado en el sofá mirando fijamente un sobre encima de la mesa. Se acerco a él y lo abrazo tomando su mano.

- Llego hoy – dijo Kurt sin quitarle la mirada de encima a aquel sobre. – no he podido tomar valor para abrirlo. Estoy aquí desde las seis.

- ¿Son los resultados? – pregunto Blaine.

- Si – respondió Kurt mirándolo a él ahora. – tengo miedo.

- No debes porque tenerlo. Yo estaré siempre aquí para protegerte.

Kurt sonrió tomando aire.

- Anda – dijo Blaine – ábrelo. No debes de tener miedo. Aun no sabemos que pasara.

Kurt tomo el sobre y lo apretó fuerte en sus manos.

- ¿Me prometes que no te irás sin importar lo que pase? – pregunto Kurt.

- Claro, no te dejaría por nada en el mundo – respondió Blaine.

El resultado de aquellos análisis podría solo revelar dos cosas. La primera, que Kurt estaba siendo tratado correctamente y su trastorno seguía estable, pero la segunda, podría implicar que una nueva enfermedad lo estaba atacando. Y su salud mental podría no ser muy larga. Si los exámenes revelaban principios de esquizofrenia, para Kurt la vida ya no sería igual.

Tomo el sobre en sus manos y comenzó a abrirlo mientras los pies le temblaban. Desdoblo cuidadosamente la hoja en sus manos y comenzó a leer lentamente lo que decía.

En ese momento no pudo contenerse. Sus ojos se llenaron rápidamente de lágrimas y un llanto tan doloroso, que Blaine ni siquiera tuvo que preguntar por los resultados.

- Todo va a estar bien – dijo Blaine abrazando a su novio al saber que los análisis habían sido positivos.

- No quiero terminar como mamá – decía Kurt llorando.

- Todo va a estar bien – seguía repitiendo Blaine, dudando si sus palabras eran ciertas.

Aquella noche nuevos caminos se abrieron en las vidas de los chicos del caso St James. Pero como se sabe, muchas personas se esconden en la noche solamente observando a los demás, esperando el momento para atacar.

Una sombra, salida de la nada se acerco hasta la tumba de David con un martillo en la mano. La miro con enojo por unos segundos. Se quedo de pie frente a a ella un momento… y después con solo tres golpes la hizo pedazos.

"Se rumora que… alguien quiere hacerles daño, y no descansará hasta logarlo"