Los personajes que pertenecen a la gran Naoko-sama (salvo los que voy inventando durante el camino) los utilizo solo con el fin de entretener a los pajaritos que tengo revoloteando en mi cabeza y a todos los que deseen leerme.

La Guerrera

Capítulo X

La vida tenía un raro sentido del humor, eso ahora lo sabía Hitomi. Aun agarrada de la mano de la hija de su amante no dejaba de sonreír nerviosa.

- La violinista, ¿cierto? Tus padres deben estar orgullosos de ti. - habría que tentar terreno, conocerla un poco más. Rina estaría muy feliz cuando le contara esto.

- Si, la violinista. Supongo que lo están. - sonrió tímida viendo a Haruka, la cual inmediatamente entendió la mirada.

- Puedes soltarla Hitomi, no volara. - la mujer la vio confundida por un segundo y luego comprendió. La soltó riéndose nerviosa, tenía los ojos azules de Rina.

- Pasaba por acá para llevar a Haruka a almorzar pero me dijo que tenía una cita, asumo que con ella ¿me equivoco Haru-chan? - Haruka la vio con furia mientras sus mejillas se teñían de rojo, ¿qué parte de "contrólate" no había entendido?

- Si, Hitomi. Ya puedes irte.-

- ¿Qué? ¡De eso nada! Soy una fan tuya Michiru, ¿puedo tutearte, no?-

- Sí, creo que sí. - río nerviosa, le agradaba la mujer.

- ¡Genial! Entonces hago una llamada y yo invito el almuerzo, apúrate en alistarte Haru-chan. - salió del departamento dejando a una fastidiada y a la otra desorientada.

Saco su celular y marco el número de Rina, apagado. Genial, ella nunca apagaba su celular y hoy lo hacía. Insistió 3 veces más y nada, ya le contaría por la noche. Regreso al departamento, Michiru revisaba su celular mientras esperaba que se terminara de alistar Harukala dueña del departamento.

- Bueno, Michiru cuéntame de ti, ¿vas en el mismo grado que Haru-chan? – no le gustaba tener que hacerse la idiota, pero sería necesario en este caso.

- Sí, de hecho estamos en la misma clase.-

- ¡Mira tú! Y dime, ¿tienes algo con Haru-chan? –

Michiru se rió nerviosamente y se puso colorada - ¿qué? –

- No te molestes, por favor. No tengo nada en contra acerca de ello, es más lo apoyo al 100%. Te pregunto esto porque me parece curioso que tengan tanta familiaridad como para que te quedes. ¿Escapaste de casa acaso? –

- No, mi padre sabe dónde estoy. -

- Ahhh ¿y tu madre? Debe estar preocupada... –

- Déjala tranquila, es un favor y ya. ¿Vamos? –

Michiru no necesito esperar más para levantarse y ponerse al lado de la rubia, Hitomi la ponía nerviosa con tantas preguntas. Haruka le ofreció el brazo y juntas salieron del departamento...para Hitomi había algo familiar en la escena.

- Toma - le tendió su pañuelo - no llores, ¿vamos?
- Gracias - se limpio la cara y tomo el brazo que Hitomi le ofrecía - no necesitas acompañarme.
- Ya lo sé, pero es un placer hacerlo Rina. Te quiero, no te olvides de eso, ¿vale? -
- Nunca... -

¿Acaso sería posible?

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- Sr. Kaioh, el Sr. Jones por la línea 2. –

- Gracias. Hola Jones, necesito de tus servicios. –

- Usted dirá Sr. Kaioh. –

- Necesito que esta vez encuentres a como dé lugar a Rina Masuda y de preferencia que mi suegro no se entere de esta conversación, prometo que pagare bien. –

- Es un hecho Sr. Kaioh. - colgó.

Jack Jones era un detective privado, lo había conocido de casualidad en un bar hace un par de años atrás y cometió el error de presentárselo a su suegro. No era la primera vez que le hacia algún favor y que su suegro terminaba enterándose. Esta vez debía de ser más cuidadoso.

Se levantó de su escritorio y salió rumbo al banco a firmar el consentimiento del levantamiento de la cuenta de Michiru, luego tenía una cita con una inmobiliaria y pensar en que explicación dar al viejo para que no fastidiara.

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- ¡¿Como que no va a regresar?! ¡¿Te has vuelto loco Suguru?! - su suegro era un amor.

- No grites Kintarō, no estoy al otro lado del Pacifico. –

- No entiendo cómo has podido hacerme esto. –

- ¿A ti? No eres tú el que se va de la casa, es Michiru. –

- ¡No tienes ningún derecho a tomar esa clase de decisiones sin mi permiso! –

- ¿Permiso? Te estas equivocando Kintarō yo soy el padre y el tutor legal de esa niña, no necesito el permiso de nadie para educarla de la manera que yo crea la adecuada. –

- Sí, sí. Pero es gracias a MI Suguru que tienes ese poder sobre Michiru, así que agradécemelo consultándome sobre su educación por lo menos. –

- Ajá, y ¿cuál es la mejor manera? ¡Ah sí, casándola ni bien salga del colegio! No fastidies Kintarō, no tengo tiempo para esto. Michiru vivirá en su propio departamento y aprenderá a ser responsable, eso ya lo tengo decidido.

Suguru se retiró a su despacho dejando al anciano iracundo en el vestíbulo. Saco su celular y marco, espero y nada. Marco 3 veces más y nada.

- Estúpido Jones. - pero no había problema, ya encontraría la forma de enterarse donde viviría su nieta y la regresaría a la casa así quiera como si no.

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- Tu mánager es... –

- ¿Impertinente? Discúlpala por favor. De verdad no sé qué le sucedió, ella no es así. - Michiru la vio, rio delicadamente al ver que tenía un bonito tono carmín en sus mejillas, se veía tan mona.

- No te angusties, creo que se emocionó de conocer a su ídolo...¿así me llamo toda la tarde, no? –

- Jajaja si, su ídola. –

Siguieron hablando, conociéndose. Hablaron de su infancia, gustos y fobias. Entrando la medianoche se confesaron, Haruka le contó de sus planes para entrar a correr a la Formula 1 y Michiru le contó con lujos de detalles por qué huyo de casa.

Eran las 3 de la mañana cuando se despidieron para ir a dormir, habían llorado, reído, imaginado y contado tantos secretos. Esa noche definitivamente se habían vuelto más cercanas que cualquiera en este mundo lo había sido jamás.

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Se despertó maldiciendo a todo ser en ese planeta y de paso, y para que no se resintieran, a cada cosa que se topará en su camino. ¿Quién carajos se le ocurría buscarla a las 3 de la mañana? Pero ya se enteraría que esa no era una hora apropiada para buscar a nadie y menos a ella.

- ¡Ya voy! Encima que viene a esta hora se pone impertinente, hijo del padre Amaro. –

A tientas busco la llave para abrir la puerta, cuando por fin las encontró ya habían dejado de tocarla y cuando pensó que la persona al otro lado ya se había ido el escandalo empezó una vez más.

- ¡Maldita sea, dije que ya voy! –

Prendió las luces y metió la llave a la cerradura con un ojo cerrado y el otro abierto, dio las tres vueltas y abrió renegando.

- Ahora, ¿qué co... - la mandíbula cayo hasta el suelo de la impresión.

- Que gruñona es la señorita, esa no es la bienvenida que esperaba de ti. –

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Hola

Estoy tratando de cumplir mi palabra. Gracias a todos los que siguen esta historia ya sea que dejen un comentario como si no, son lindos por dedicarme un poquito de su tiempo.

Un beso enorme a todos!