Hola:
He vuelto con nuevo capítulo. Espero que los pocos lectores que siguen este fic lo disfruten
Saludos
Yaem Gy
Un Ghoul de Muchas Patas
Estaba muy aburrido. Su madre le había encomendado un montón de tareas y ahora estaba en la cocina pelando raíces junto a Harry. Mientras lidiaban con esta obligación Harry le había contado todo lo referente a la conversación que a hurtadillas había presenciado en la fiesta de Slughorn. Él no podía creer que Snape se hubiera atrevido a hacer el juramento inquebrantable.
¿Un Juramento Inquebrantable?-dijo Ron, pareciendo aturdido.- No, Snape no puede haber… ¿estás seguro?-
- Sí, estoy seguro -dijo Harry. ¿Por qué, qué significa eso?-
- Bueno, un Juramento Inquebrantable no puede romperse…-
- Aunque parezca raro, eso ya lo había descubierto solo. ¿Y qué pasa si se rompe?-
- Mueres- dijo Ron simplemente.
Él lo recordaba perfectamente. Recordaba el porqué sabía esta afirmación tan claramente. Tenía cinco años y había agarrado la manía de seguir a los gemelos a donde fuera que ellos estuvieran. Fue entonces que con dificultad subió al desván y los encontró junto a Ghoul metidos entre frascos y líquidos que él no conocía. De inmediato los gemelos lo agarraron de los pequeños bracitos y los arrastraron al patio de la casa.
-Niño intruso… ¿Por qué nos sigues?-
-Quelia jugal. ¿Qué hashían?-
Fred y George se miraron y luego Fred le tomó con fuerza del bracito
-El Ghoul está enfermo del estómago. Se arrancó de casa la otra noche y se comió un niño preguntón en el pueblo-
-Sí, Con Fred ahora le estábamos haciendo una poción para su dolor-
-Y nos interrumpiste, Ahora el Ghoul está muy enojado-
-Y te comerá por intruso-
El pobre pequeño se puso pálido de inmediato. Tembló de pies a cabeza y su boquita empezó a dibujar un pucherito.
-Pero nosotros lo calmaremos Roncito- Dijo George
-Sí. Solo debes jurar que no le dirás a mamá ni a papá que nos viste en el desván-
-No debes decir ni una palabrita-
-¿Judal?-
-Sí. Hacer el juramento inquebrantable- Dijo Fred con un brillo de emoción en los ojos
-¿Y que es esho?-
-Que si no cumples tu juramento el Ghoul se convierte en araña gigante y te come-
Esa afirmación provocó un violento temblor en el niñito. Ante sus ojos apareció el Ghoul transformado en una horrorosa e inmensa araña con más patas de las que pudiera contar a sus cortos añitos, con largos colmillos y muchos, muchos ojos diabólicos.
-No… no quielo que el ghoul adaña me coma-
-Entonces jura-
Fred extendió su brazo, George los miraba expectante. Ron levantó su bracito y ya estaba dándole la mano a Fred cuando su padre irrumpió en el patio
-FRED WEASLEY ¡¿Que está pasando aquí?- Gritó.
-un judamento inquebant…- Estaba diciendo Ron con toda inocencia hasta que Fred le tapó la boca
-Es broma papi… estábamos jugando-
-JUGANDO… ¿ESTAS LOCO? ¡¿NO VES QUE SI RON NO CUMPLE EL JURAMENTO SE MUERE? ¿QUIERES MATAR A TU HERMANO?.-
-Solo era un juego…-
-Y TU GEORGE, NO INTENTASTE DETENERLO-
-Yo… yo-
-Me van a decir todo AHORA-
-Es que Ron nos vio en el desván…-Dijo asustado George
-CALLATE- Grito Fred desesperado
-¡¿En el desván? ¡¿Con el Ghoul?-
-Es que le duele la guatita- Dijo Ron muy dulcemente
-Mocosos brutos. No querían que Ron los delatara. ¡Pero hacerle jurar de esa manera!-
-Solo estábamos experimentando… solo queríamos saber que pasaba- Dijo Fred cada vez más asustado
Los gritos de Arthur hicieron que Molly llegara al lugar con Ginny de la mano quién tenía los ojitos muy abiertos demostrando que se había asustado con tantos gritos
-¿Que pasa Arthur?-
-¡Que tu hijo Fred intentaba hacer que Ron hiciera un juramento inquebrantable! ¡Eso pasa!-
Molly se horrorizó y en un segundo tomó en sus brazos al más pequeño de sus hijos varones-Dime que no lo hiciste amor… dime que no juraste nada-
Ron miraba de un lado para el otro. Miraba el rostro enrojecido por la furia de su padre, las caras aterradas de sus hermanos, la cara llena de lágrimas de su madre y la carita desconcertada de Ginny que como él no entendía nada de nada.
-No, no alcance-
- Ay mi niño… No quiero pensar lo que hubiera pasado si lo hubieras hecho-Lo abrazó con fuerzas ¿Que pretendías Fred? Esto nunca debe hacerse… Ay Merlín, mi hijito-
-Lo siento- Dijo Fred con los ojitos llenos de lágrimas
-Claro que lo vas a sentir… ¡Cuando termine contigo no pedirás a nadie más hacer esa clase de juramento!-
Y Arthur se abalanzó sobre un Fred que al primer movimiento saltó y se deslizó entremedio de los brazos de su padre. El pobre chiquillo corrió todo lo que pudo mientras George intentaba interponerse entre su padre y su hermano. Fred corrió hacia la entrada y luego dio un giro y pasó por entre medio de las piernas de su padre. George le dio la mano y le empujó para que siguiera corriendo. Mientras tanto Ron empezó a mirar hacia el desván y comenzó a hacer unos desesperados pucheros.
-¡Buaaa… Ahoda el Ghoul me va a comelll!- Lloró desconsolado en los brazos de su madre
-¡Nooooo… que el Ghoul no se coma a Don, Que no se lo comaaaa!- Comenzó a llorar Ginny abrazándose a su madre también.
El lugar era un verdadero saco de gatos. Fred saltaba, corría, se agachaba. Arthur lo perseguía por todos lados. George tomó un rastrillo y lo puso en el camino de su padre provocándole una estruendosa caída. Justo en ese instante apareció Percy y al ver a su padre perseguir a Fred le hizo una zancadilla a su hermano. Fred Cayó y solo atino a cubrirse el rostro. Arthur lo tomó de los brazos y lo fue arrastrando hacia el granero.
-¡NOOOOOOOO!… ¡mamáaaaa… que no le peque a Fred. No lo dejes…mamáaaaa!- Empezó a llorar George tratando de alcanzar a su padre y hermano-
-Quizás que hizo. No le impidas a papá darle un escarmiento- Dijo Percy tomándolo de los brazos-
-Suéltame, suéltame… ¡Fred, Fred!… ¡No le pegues papáaaa!-Seguía llorando el gemelo.
-¡Cuando termine con tu hermano sigues tú muchachito!- Dijo Arthur con fuego en los ojos. Entonces George intensificó mucho más su llanto.
El ruido en esa casa era terrible. George, Ron y Ginny lloraban a todo volumen y muy pronto se les unió Fred desde el granero. Molly intentaba calmar a sus hijos y Percy les regañaba por ser tan llorones.
-"…Fred dice que desde entonces su trasero no ha sido el mismo-
Justo en ese momento llegaron los gemelos y aunque Ron les pidió su ayuda con las coles no consiguió nada, excepto un regaño de su madre por lanzarle un cuchillo a Fred por molestarlo con Lavender.
Luego de la interrupción de los gemelos Ron notó que Harry seguía protestando contra Malfoy y su charla poco amistosa con Snape. El mismo no sabía que pensar del asunto pero le demostró a su amigo que él creía en Harry plenamente.
"Quizás en que se ha metido el hurón y si Harry dice que es en algo malo entonces debe ser así. Pobre hurón, si no fuera porque me cae como patada en el estómago intentaría ayudarlo a salir de su embrollo. Pero si él se metió solito en su lio… que Malfoy salga solito de él"-Pensaba mientras terminaba de pelar la montaña de coles que Molly Weasley les había encargado.
La noche de navidad había sido muy bulliciosa. Ginny había decorado estrafalariamente la sala mientras que Fred había disfrazado a un gnomo de ángel con tutu y todo y lo había puesto en la punta del árbol navideño. En la sala se encontraban Harry, los Weasley, excepto Percy y Charlie, y Lupin que para Ron parecía que lo había zarandeado una acromántula gigante. Fue entonces que Harry empezó a contar todo lo sucedido con Malfoy a Arthur y a Lupin y como Ron ya conocía la historia se alejó un poco para ver las caras que ponía Fleur al escuchar la estridente voz de Celestina Warbeck cantando "Un caldero lleno de amor caliente y fuerte", canción que su madre había puesto para recordar viejos tiempos y que el muchacho notaba que a la francesa le causaba nauseas.
Por un rato fue divertido ver como Molly y Fleur llevaban una verdadera batalla entre ellas. Con Fleur quejándose y Molly subiendo más y más el volumen de la canción. Pero después el chico buscó un lugar para poder escuchar sus propios pensamientos ya que el ruido era ya casi insoportable.
Tomó su abrigo y salió al patio. El golpe de frío le hizo restañar los dientes un segundo, pero prosiguió. Se sentó en uno de los escalones de la entrada y miró la noche solo adornada de estrellas lejanas. Era hermosa pero se sentía triste. ¿O era él quién transmitía esa sensación? Desde que llegaran a la madriguera no había tenido más noticas de Hermione que un "está bien" muy frío por parte de Ginny. Ron veía que la lechuza traía sendos pergaminos de correspondencia para Harry y Ginny de parte de Hermione, pero a él no le había llegado ni siquiera una letra. Estaba claro que la castaña no quería saber de él ni en pesadillas.
-Y pensar que le compré una pulserita tan linda-susurró.
Entonces metió la mano en el bolsillo de sus vaqueros y sacó una pequeña bolsita de papel. De ella extrajo una pulsera de plata con unas estrellitas que le colgaban graciosamente. La levantó a la altura de sus ojos y ella emitió un delicado fulgor a causa de la luz que venía de la casa. Ron imaginó como se vería esa humilde joya en la muñeca de su amiga y pensó después que quizás era algo demasiado sencillo para alguien tan especial como ella.
-Ojalá que para mañana se te haya pasado el enojo… de verdad quiero mandarte tu regalo- murmuró.
La mañana de navidad llegó resplandeciente. Ron despertó animado y se zambulló de inmediato en sus regalos. Estaba de lo más contento hasta que ante él se apareció…. El Horror.
Una cadena de oro, gruesa y con las palabras "Mi corazoncito" colgaba de su mano y Ron pensó que nada podía ser peor que eso. Desde luego Harry al ver la "joya" no pudo evitar su carcajada ni mucho menos burlarse descaradamente. Fueron minutos terribles y Ron empezó a ponerse cada vez más rojo.
"Esta mujer está loca, ni muerto me pongo esta cosa" Pensó muy molesto.
Entre broma y broma, Ron lanzó a Harry la pregunta que en verdad le inquietaba. ¿Estaría Hermione saliendo con Mclaggen? Pero la respuesta aunque ambigua le tranquilizó un poco.
-No lo sé,- dijo Harry.- Estuvieron juntos en la fiesta de Slughorn, pero no creo que saliera bien.
"Que Bien". Se había dicho. Si era así, lo primero que haría al llegar a Hogwarts sería aclarar las cosas con ella. Ya no soportaba su mutismo y había empezado a extrañarla a rabiar.
Siguió buscando sus regalos, hasta llegar hasta el fondo de la media pero ningún regalo con la nota de Hermione había aparecido. "Es temprano, ya llegará". Se decía para darse ánimos. Mientras la pulserita escondida en su bolsita de papel se mantenía en el bolsillo dispuesta a ser enviada en cualquier momento.
La mañana se convirtió en tarde y la tarde dio paso a una fría noche. Y ese día había pasado de todo. Percy había llegado a la madriguera con el Ministro y éste se había peleado fuertemente con Harry en el patio mientras que Percy era bañado por chirivía molida por parte de los gemelos y Ginny, luego de una terrible discusión. Si, Había pasado de todo. De todo, menos que llegara un regalo muy esperado a nombre de Ron.
Ya de madrugada el pelirrojo abrió los ojos y trató de ver en la oscuridad. Harry dormía en un sueño intranquilo que lo hacía moverse una y otra vez en la cama. Ron encendió una vela y pudo ver el rostro ceniciento de su amigo. Intentó despertarlo pero luego prefirió dejarlo como estaba. Se levantó y tomó sus vaqueros. Se los puso junto a su nuevo suéter Weasley y salió de la habitación. Necesitaba un vaso de leche y no podía salir en pijamas estando Fleur en el lugar.
Bajó las escaleras y en la cocina se sirvió el vaso acompañado de unas galletas de anís que le fascinaban. Comió un rato pero algo en el bolsillo le comenzó a molestar. Al sacarlo vio ante sus ojos nuevamente la pequeña bolsa de papel. Apenas la vio, la tristeza lo volvió a invadir. Ella no le había mandado absolutamente nada. Lo había olvidado por completo.
Por un momento se le vino a la cabeza enviarle la pulsera de todas formas. Total, ¿para qué Ron Weasley necesitaba una pulsera de mujer?
-A Lavender jamás se la daría- susurró.
Pero después pensó que quizás Hermione se la mandaría de vuelta con una senda nota que diría "Déjame en paz, desaparece de mi vida". Entonces sacó la delicada joya y la acarició con los dedos.
-Tal vez a Ginny le guste- Dijo, pero no sería lo mismo ver la joya en la muñeca de su hermana.
Se quedó largo rato observando el objeto. Al final lo volvió a meter en su bolsita. Si la pulsera no era de Hermione no lo sería de nadie. Ya lo había decidido. La guardaría para siempre como el símbolo de algo lindo que nunca fue.
Un día antes de volver a Hogwarts, Ginny y él se enfrascaron en una terrible discusión. Ginny le sacaba en cara cada una de las estupideces que había cometido desde hacía meses y en las cuales lo único que estaba consiguiendo era perder la amistad de la castaña día a día.
-Mis problemas con Hermione son míos y de ella… no te metas-
-Me meto porque alguien tiene que hacerte ver lo tarado que te has comportado. Harry no lo hace, entonces yo tengo el deber de hermana de hacerte ver tus errores-
-Eres bien descarada, No me dejas meterme en tus asuntos y me reclamas los míos-
-No es lo mismo. Tú solo metes la pata cada vez más al fondo. ¿Cómo se te ocurre tener de novia a la babosa esa? Y para colmo te dedicas a molestar a Hermione. ¿Con que derecho te metes en sus citas?-
-¡Con el derecho que me da el ser su amigo!-
-¿Y estás seguro que aún eres su amigo Ron?- Esas palabras se le clavaron en el pecho
-¿Por qué? ¿Te dijo algo? Dime Ginebra… ¿Ella te comentó algo?-Dijo asustado
-Solo que eres un bruto y que está cansada de ti… ¡y no me llames Ginebra!-
Ron se puso pálido y sintió como si le hubieran dado una fuerte patada en el estómago.
-Ella también es una tonta. Solo me ignora y se ríe de mí, sí me equivoco en algo. Ya ni siquiera me escribe-
-Y que esperabas. Te comportaste como un imbécil la noche de la fiesta. Si yo hubiera sido ella, te habría lanzado mi peor hechizo. Pero no te preocupes hermanito… sigue así. ¡Sigue haciendo tonterías y yo misma transformaré al Ghoul en araña para que te coma!- Dijo la chica con un destello de furia en los ojos
Ron quedó estático mirando a su hermana subir las escaleras y a Harry mirarlo con resignación.
La verdad que el Ghoul se lo comiera no era tan mala idea. Después de una navidad tan fría y solitaria, el dolor en el pecho se había hecho inaguantable. Se palpó el bolsillo de la camisa y allí sintió el bultito junto al corazón. Allí, en el bolsillo, estaba escondida una pulserita de plata con estrellitas que quizás nunca llegaría a la muñeca de su única dueña.
