Adaptación de la novela "El hijo secreto de Slade" de Elizabeth August.

Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.

Gracias por sus comentarios.

EL SECRETO

Capítulo 10.- Descubrimiento.

A la mañana siguiente, el teléfono móvil de Byakuya sonó poco después de las ocho. Era el detective Ukitake.

—Me gustaría que usted y la señorita Soi Fong vinieran a mi oficina. —le pidió.— Tengo aquí a una mujer con una historia bastante rocambolesca. Pero ella jura que es verdad.

—Es la señora Kuchiki.—Byakuya lo corrigió.— ¿Está queriendo decirme que sabe quién está detrás de Soi Fong?

—Tal vez. Necesito que la señora Kuchiki verifique algunos de los datos antes de poder tomarnos esta historia en serio.

—Estaremos allí enseguida.

Soi Fong miró a Byakuya cuando colgó.

—¿Era Ukitake? ¿Sabe quién está intentando matarme?

—Puede ser. Tenemos que ir a su despacho.

Diez minutos después, entraron en el despacho del detective y vieron allí a una mujer de estatura baja, cabello marrón y de aspecto dulce, tendría alrededor de 30 años. Estaba decaída y Soi Fong temió que estuviera a punto de desmayarse.

—Les presento a la señora Momo Hinamori.—dijo Ukitake.

A la mujer se le llenaron los ojos de lágrimas.

—La verdad es que no sé cómo me metí en esto. —se retorció las manos y miró a Soi Fong a la cara.— Siento tanto todo lo que usted ha tenido que pasar. Pensé que estaban haciendo el tonto. —la mujer empezó a llorar.— Es como una pesadilla.

Eso le parecía a Soi Fong también.

—¿Sabe quién ha estado intentando matar a Soi Fong?

Momo Hinamori asintió con la cabeza.

—Se lo he dicho al detective, que he estado fuera de la ciudad hasta hace unos días. Fue entonces cuando me enteré de lo que estaba pasando. Al principio, no pude creérmelo. Después, cuando me di cuenta de que era verdad, me entró mucho miedo. Me dijeron que si no les seguía la corriente matarían a Hitsugaya, ese es mi marido y me tenderían una trampa para incriminarme. No he podido dormir. Sabía que tenía que hacer algo para detenerlas. Mi conciencia no me permitía dejar que siguieran matando a gente, de modo que me aseguré de que no me seguía nadie y vine aquí.

Soi Fong no podía creer que aquella mujer con aspecto dulce estuviera mezclada con los asesinos, pero no cabía duda de que estaba verdaderamente asustada.

—¿Quiénes son?

—Inue Orihime y Nemu .

—¿Orihime? ¿La esposa de Ishida ?

Soi Fong recordó a Orihime, una linda muchacha de cabello naranja. Tenía un aspecto dulce e inocente.

—¿Por qué iba a quererme muerta? Y ni siquiera sé quién es Nemu .

Momo Hinamori vio la duda en los ojos de Soi Fong.

—Sé que parece una ridiculez, pero es la verdad. Todo empezó con las clases de aerobic acuático.

—¿Aerobic acuático?

Momo Hinamori adoptó una expresión sombría y asintió.

—Allí es donde nos conocimos, Orihime, Nemu y yo. Me encontraron llorando en los vestuarios. Necesitaba hablar con alguien y me daba vergüenza contárselo a mi familia. Había descubierto que mi esposo había tenido una aventura. Le había dado un ataque cardiaco grave. Él siempre había manejado dinero, aunque nosotros siempre habíamos vivido moderadamente… ahorrando para cuando fuéramos viejos. Pero lo cierto es que él se había gastado montones de dinero en la otra mujer. Bueno, se dio cuenta de que si sobrevivía, se quedaría tan delicado de salud que yo tendría que ocuparme de la economía de la casa. Y necesitaba que yo lo cuidara. De modo que confesó y me rogó que lo perdonara. Yo no creo en el divorcio, de modo que no me quedó otra alternativa. Orihime y Nemu me ayudaron en aquel momento tan terrible.

—Siento que su matrimonio haya ido mal, ¿pero quiere decirme por qué Inue Orihime y Nemu me quieren muerta?

Soi Fong quería que la mujer retomara la historia original.

Hinamori suspiró y se limpió las lágrimas.

—Por culpa de los matrimonios fracasados. Desde que a Hitsugaya le dio el infarto he cuidado bien de él, pero el amor ha desaparecido. No puedo librarme del sentimiento de traición.

—Eso debe de ser algo muy difícil de soportar. —comentó Soi Fong en tono comprensivo.

—Lo es y tanto Nemu como Orihime están en la misma situación; atrapadas en unos matrimonios en los que preferirían no estar. Orihime quiere más emoción en su vida. Siente que Ishida le hace sentirse mayor antes de tiempo. Y Nemu está casada con un borracho que se pone violento continuamente. Empezamos a tomar café regularmente después de la clase de aerobic y a contarnos nuestras penas. Eso me ayudaba a desahogar la rabia que sentía hacia Hitsugaya. Oh, lo reconozco, siempre estaré enfadada con él, pero no se me ocurriría matarlo.

—¿Matarlo? ¿Pensó de verdad en matar a su marido? —preguntó Byakuya.

Momo Hinamori lo miró con frialdad.

—¿No cree que a nosotros las mujeres, nos importa la fidelidad tanto como a los hombres? Los hombres suelen pegarles un tiro a sus mujeres cuando se enteran de que los han engañado con otro. —dijo en tono de desafío.— Supongo que le parecerá bien que un hombre tenga un lío de cuando en cuando.

—No. Creo que un hombre debe cumplir su palabra.

Soi Fong notó el compromiso en el tono de Byakuya y supo que mientras estuvieran casados jamás la engañaría. ¿Pero para qué? Su corazón pertenecía a Hisana. Ella, Soi Fong, no era más que un medio para satisfacer sus necesidades físicas.

Momo Hinamori miró a Byakuya con admiración.

—Qué pena que mi Hitsugaya no pensara lo mismo.—dijo en tono sombrío.—Pero no podía matarlo.

—No lo entiendo. —dijo Soi Fong.— ¿Qué tiene que ver conmigo que usted matara o no a Hitsugaya?

—No sólo era que yo matara a Hitsugaya. Sino que éramos las tres las que pensamos en matar a nuestros maridos. Orihime vio una película de unas esposas que se juntaban y mataban a sus maridos. Pero como ninguna tenía motivos para matar a quien fuera, tampoco se sospechaba de ellas. Era una de esas películas tontas.

Soi Fong miró a la mujer con incredulidad.

—¿Ustedes tres planearon matar a sus maridos?

—En realidad no creí que Nemu y Orihime fueran en serio. Pensé que solo eran fantasías suyas. —miró a Soi Fong suplicante.— ¿No habrían pensado ustedes lo mismo? Somos tres mujeres jóvenes. ¿Cómo iba yo a saber que Orihime y Nemu eran dos lunáticas homicidas?

—Lo que está diciendo no tiene sentido. —dijo Soi Fong con tranquilidad.— Orihime no necesitaba matar a Ishida.—miró a Hinamori, desafiándola para que continuara con aquella mentira.— Y fue ella la que paralizó el divorcio, porque aún lo ama. La oí por el teléfono el otro día cuando hablé con su marido. Los dos están como un par de tortolitos.

—Orihime es muy buena actriz. Pero le aseguro que el hecho de que paralizara el divorcio no tuvo nada que ver con el amor y todo que ver con el dinero. Orihime se dio cuenta de lo poco que conseguiría si se divorciaba. Por eso decidió no hacerlo.

Soi Fong había tenido un par de casos en los que las mujeres habían decidido seguir casadas por el tema del dinero. No era una situación sana. Pero Orihime e Ishida le habían parecido estar felices.

—¿Inue Orihime le dijo que no se divorciaba de Ishida para poder matarlo y quedarse con todo?

—Al principio no. Quedamos a tomar un té en un local a las afueras de la ciudad; ella lo quiso así. Nos dijo que había decidido no divorciarse porque se negaba a desprenderse de un dinero que sentía también como suyo. Entonces dijo que sería estupendo si Ishida tuviera un accidente y muriera. De ese modo tendría libertad y encima se quedaría con todo y cobraría el seguro de vida. Entonces tanto Nemu como yo dijimos que tampoco echaríamos de menos a nuestros esposos. —Momo Hinamori se puso derecha.— Pero yo jamás habría considerado seriamente quitarme de en medio a Hitsugaya. Tan solo estaba dando rienda suelta a mi rabia. Y entonces fue cuando Orihime nos contó lo de la película que había visto. —a Momo Hinamori se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas.— Ella y Nemu empezaron a tramar cómo deshacerse de sus maridos. Yo me uní a ellas. Pensé que estaban bromeando.

—¿Y dónde entraba Soi Fong en todo esto? —preguntó Byakuya.

—Cuando Orihime le dijo a Ishida que le había pedido el divorcio porque se sentía abandonada y él confesó que había contratado a un detective privado para ver si tenía un novio, Orihime se dio cuenta de que la señorita Fong…

—Ahora es la señora Kuchiki.—la interrumpió Byakuya.

—Ah. —dijo Momo con expresión de temor, como si pensara que Byakuya se fuera a vengar de ella en ese momento.

—Por favor, continúe con la historia. —Soi Fong la animó suavemente.

La mujer se volvió a mirarla.

—Sí. Como estaba diciendo, Orihime se dio cuenta de que probablemente nos habría visto a las tres juntas y habría adivinado lo que estábamos tramando. De modo que Orihime y Nemu decidieron que tenían que librarse de usted primero.

Byakuya miró a la mujer con rabia.

—¿Por qué no dio la cara cuando hirieron a Soi Fong?

—No lo supe entonces. Como he dicho, yo he estado fuera de la ciudad. Ni siquiera sabía que Orihime y Nemu habían dicho en serio lo de matar a sus esposos hasta que no regresé. Hará cosa de un mes, Hitsugaya ya se encontraba lo suficientemente bien para viajar. Yo siempre había querido ir a Europa y para compensar lo que me había hecho, nos marchamos de viaje. Estuvimos fuera cuatro semanas. Cuando volví, Orihime me contó que iban a poner en marcha su plan en cuanto se deshicieran de la señora Kuchiki. No pude creer lo que habían estado haciendo. Intenté razonar con ellas, pero me dijeron que ya era demasiado tarde y que ya habían intentado matarla. Fue entonces cuando me amenazaron e insistieron que tenía que unirme a ellas.

—Inue Orihime parecía tan normal… —dijo Soi Fong entre dientes.

—Lo es, en general. —Contestó Momo—. Ella y Nemu tan sólo son más ambiciosas, o están más dispuestas que el resto de nosotras a ir hasta el final para conseguir lo que quieren.

—¿Quién disparó a Soi Fong? —preguntó Byakuya, queriendo tener todas las piezas del rompecabezas.

—Alguien que contrataron de una de esas revistas de mercenarios. Orihime se enfadó mucho cuando el hombre se negó a terminar el trabajo.

Soi Fong la miró con escepticismo.

—Los asesinos a sueldo no suelen detenerse antes de terminar su trabajo. Es parte de su código.

—No había planeado que todos creyeran que había disparado a la persona equivocada. En lugar de tener a la policía local buscándolo tenía a los agentes de las divisiones especiales de Karakura o a la agencia policial que estuviera protegiendo a ese gángster, detrás de él. Y entonces el hombre se largó y Orihime y Nemu decidieron terminar ellas solas en trabajo.

—¿Me está usted diciendo que estas señoras intentaron atropellar a Soi Fong, fabricaron la bomba y cortaron la conexión de los frenos?

Momo Hinamori asintió.

—Se enteraron de cómo fabricar la bomba a través de Internet. Y utilizaron un manual de mantenimiento de un coche para saber dónde estaba la conexión de los frenos. Nemu lo había visto hacer en televisión y pensó que funcionaría.

—¿Y cómo nos han seguido la pista? —preguntó Byakuya.

—A través de las tarjetas de crédito y de teléfono. A Orihime le gusta mucho piratear. Lleva años haciéndolo. Durante los primeros años de su matrimonio trabajó para una de esas empresas que comprueban los límites de las tarjetas de crédito.

Byakuya sacudió la cabeza.

—Cualquiera creería que esas mujeres pasan el tiempo planeando reuniones familiares o en la parroquia y lo que están haciendo en realidad es planeando el asesinato de sus maridos. —Se volvió hacia Ukitake—. ¿Y ahora qué hacemos?

—Eso depende de la señora Hinamori.

Momo Hinamori lo miró con confusión.

—Les he contado todo.

—No es que no la crea, pero necesitamos pruebas. —dijo el detective Ukitake.

—Me someteré a un detector de mentiras.

—Eso es inadmisible en un juicio.

—No tengo pruebas. —dijo Momo Hinamori con inquietud.— He venido aquí porque me ha parecido lo correcto. ¿Me van a intentar cargar con el muerto sólo porque necesitan arrestar a alguien? Bueno, si lo hacen, la señora Kuchiki seguirá estando en peligro.

Preocupada de que la mujer se negara de pronto a seguir cooperando, Soi Fong intervino.

—No es que el detective Ukitake no confíe en usted, sino que necesitamos pruebas físicas.

Ukitake le sonrió amigablemente.

—Sé que se ha arriesgado viniendo hasta nosotros y no dudo de su palabra. Pero necesito que haga algo más por nosotros. —pidió amablemente ukitake.

Momo pareció tranquilizarse un poco, pero siguió recelosa.

—¿El qué?

—Si quisiera llevar un micrófono encima y pudiera conseguir que las mujeres se incriminaran, tendríamos una prueba.

Hinamori se puso pálida.

—Me matarán si se enteran.

—Si no nos ayuda, acabará con las manos manchadas de sangre inocente.—dijo Byakuya.

Momo Hinamori miró suplicante al detective.

—¿No hay otro modo de ayudarlos? Me dan miedo.

—Es el único modo seguro de cazarlas. —dijo Ukitake.

Momo los miró a los tres.

—Supongo que no tengo alternativa.

—No veo otra manera. —dijo Soi Fong, rompiendo el silencio que reinaba en la habitación.

Ukitake sonrió para darle ánimos.

—Le pondré a un par de hombres para que la vigilen constantemente desde el momento en que salga de aquí. Y a las señoras Orihime y Nemu las tendré bajo estricta vigilancia.

—Siempre he llevado una vida tan tranquila. No puedo creer que me haya visto mezclada en algo así .—gimió Momo.

Ukitake se volvió hacia Byakuya y Soi Fong.

—Ahora que sabemos por quién vamos, les sugiero que se marchen de la ciudad. Apártense de la línea de fuego. No me gustaría que estas aficionadas tuvieran un golpe de suerte justo cuando vamos a pillarlas.

—Tomaremos el siguiente avión. —le prometió Byakuya.

Soi Fong le dio las gracias a Momo Hinamori por dar la cara. Byakuya añadió su agradecimiento y ambos salieron de allí.

De camino hacia el aeropuerto, Soi Fong no pudo evitar pensar que soportar un matrimonio infeliz tendría tanto o más que ver con que aquellas mujeres hubieran llegado a tales extremos de codicia. Y se preguntó también qué sentiría ella viviendo a la sombra de Hisana. ¿Se volvería amargada y resentida? No se imaginaba a sí misma convirtiéndose en una arpía como esas.

—¿En qué piensas? —le preguntó Byakuya.

Ella lo miró. Estaban parados en un semáforo y Byakuya la miraba con inquietud.

—Pareces estar muy agobiada.—aventuró.

—Lo estoy .—concedió Soi Fong.— Pero es mi agobio y de momento lo quiero soportar sola.

Byakuya le acarició la mejilla con dulzura.

—Quiero que sepas que siempre estaré a tu lado para cuando me necesites. No tienes porqué soportar nada tú sola.

El roce de su mano le hizo sentir un calor que la recorrió desde la cabeza y supo que la resistencia que había intentado mantener no serviría de nada. Él tenía su corazón en sus manos. Siempre había sido así. Pero al mirarlo sólo vio un sentimiento de amistad reflejado en su expresión.

Continuará..

Espero que les haya gustado el capitulo, si pueden dejen un review.