La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
10.
En cuanto Sookie preguntó si estaba casado, me di cuenta de algo. No podía ser... La noche anterior con Pam a mi lado, un cuerpo cálido y suave después de meses de soledad, el vino del que acabamos abusando y la resaca de campeonato, más luego la visita de Sookie, entre todo, no había pensado en mi mujer ni una sola vez. Me sentí tan culpable por haberla olvidado que sólo pude balbucir una disculpa y salir corriendo de la cocina. ¡Dios! ¿Había dedicado más minutos a las tetas de Sookie que a mi difunta esposa, a la que había sido mi amor y mi compañera? Cuando Pam me encontró uno rato después, estaba en la cama con su foto.
_ Eric... – empezó.
_ No, Pam – la corté-, déjame un momento.
_ ¿Y luego hablarás conmigo?
_ Sí.
_ Bien, me voy a dar una ducha mientras ordenas tus ideas y tus prioridades.
El tono de Pam dejaba muy poco a la confusión, decía que se me había acabado la tontería. Y tenía razón. Ya no podía seguir así, refugiarme en la autocompasión me había hecho débil, estúpido y demasiado vulnerable. Era como si la viera, podía oír a Pam dando golpecitos en el suelo con sus zapatos de más de dos mil euros, con cara de fastidio, recordándome que eso no era atractivo.
Me di una ducha y me vestí. Pam me esperaba impacientemente, a punto de ponerse agresiva, para poder tener esa conversación que quería tener.
_ Northman, se acabó. Hasta aquí hemos llegado.
_ Tienes razón – me miró calibrándome, como si buscase donde estaba el truco.
_ ¿Me estás dando la razón como a los locos?
_ No, aquí el único loco soy yo y, no, te estoy diciendo que tienes razón, que se acabó esta pena opresiva.
_ No te creo.
_ Lo sé, pero hoy no me he acordado de Ana nada más levantarme. Por eso he salido así de la cocina...
_ ¿No te has acordado de mi hermana...? - dijo débilmente.
_ No es que la haya olvidado – necesité decir en voz alta para tranquilizarnos a los dos-, es que hoy he tenido muchas más cosas que hacer. Estabas tú, estaba mi resaca y luego ha venido Sookie... Cuando estamos solos su recuerdo y yo, no hay nada más en qué pensar que en sentir pena por mí mismo y en echarla de menos. Nunca la puedo olvidar, pero si me dedico a algo y estoy con más gente, no ocupa por completo mi pensamiento.
_ Vale, entonces, ¿qué? ¿Ahora lo quieres llenar con tu vecina? - me sorprendió su tono herido-. No es..., me alegro por tí, soy yo la primera que te he animado a hacerlo, nadie quiere más que yo que salgas de este pozo... – me abrazó-, pero es de mi hermana de quien te estás olvidando. Cuando entre más gente en tu vida – susurró-, ¿dónde quedaremos los que formamos parte de ese pasado?
_ Tú siempre vas a estar conmigo, Pam, eres parte de mí – murmuré en su pelo-. Estuviste antes, durante y después de Ana. No me puedo librar de vosotras, ya te lo dije, sois pegajosas, os metisteis debajo de mi piel y sólo hay una manera de extirparos de mí y me ha costado casi un año decidir que no me quiero morir, al menos, no todavía.
_ Te voy a arrancar los huevos si no cumples tus promesas, ¿y de qué le va a servir a tu vecina un castrato? Si ni siquiera cantas bien... - me reí.
_ Vale, nada de olvidarme de vosotras, ya ves, menudo trabajo me va a costar... Ahora voy a terminar de hacer unas cosas y me voy a ir a comer a Merlotte's, yo solo. Vístete.
Salimos y nos dirigimos a la casa de las Stackhouse, seguro que Sookie ya no estaría, pero tampoco iba a verla a ella, al menos, no aún. Adele nos recibió en el jardín trasero, estaba arreglando las plantas y me sentí mal por haberla dejado con tanto trabajo.
_ Adele – la llamé y la ayudé a levantarse. Besé su mejilla y me volví hacia Pam-. Necesitaría que me hicieras un favor, esta es mi cuñada, Pam – me sonrió-, es mi hermana, vamos.
_ Mucho gusto, Pam.
_ El gusto es mío, señora Stackhouse – cuando quería, Pam era muy educada y agradable.
_ ¿Qué favor es ese, querido?
_ ¿Podría quedarse aquí Pam mientras yo hago algo?
_ ¿Puedo preguntar...? - me preguntó bajito mientras me miraba con curiosidad.
_ Claro – sonreí-, quiero hablar con Sookie de algo, ¿te importaría alimentarla?
_ No me digas más – se emocionó Adele y se cogió del brazo de Pam- ¡Qué bien, compañía!, dime, Pam, ¿qué te apetece comer? – me miró y sonrió-. Me estoy empezando a acostumbrar a comer acompañada.
_ Mañana me gustaría que vinieseis a comer con nosotros, aquí donde me ves, soy un buen cocinero - me miró encantada-. Os voy a dar una sorpresa, ya verás, te va a encantar. – besé sus mejillas y me las dejé a las dos mirándome con ojos muy abiertos mientras me iba.
En pocos minutos estaba en Merlotte's. Por fin pude disfrutar de una comida tranquila con una Sookie solícita y que tonteaba conmigo. En cuanto confesé que había ido a verla, me quité un peso de encima, y cuando ella respondió que también le gustaba verme, ya nada pudo hacer que dejara de sonreír. A la hora del café se sentó conmigo y seguimos con una conversación llena de promesas y sobreentendidos, y que prometía continuar hasta bien avanzada la noche, nos había invitado a comer con ella y con Adele. Hubiese seguido ese tonteo eternamente, para qué negarlo, pero su jefe la llamó y tuvo que ir. Cuando salió algo había cambiado, su humor se había oscurecido y no presagiaba nada bueno.
Me despedí de ella y me fui a casa. Pam me esperaba allí, había estado cocinando con Adele todo el día y seguía haciéndolo en mi cocina. Un hermoso hallonpaj había salido de mi horno y unos bollos de canela estaban inundando con su olor todos los rincones de esa vieja casa.
_ Pam – la saludé con un beso-, te veo ocupada – me reí.
_ Oh, Adele es un sol. Hemos estado preparando la cena para esta noche, por cierto, comemos en casa de las Stackhouse.
_ Ya, me lo ha dicho Sookie – la miré reprochándole que no me lo hubiese dicho antes.
_ Vaya, me ha fastidiado la sorpresa – puso los ojos en blanco con fastidio-. Bueno, que comemos allí y que estoy haciendo el postre.
_ Qué buena pinta – intenté meter un dedo en la masa lo que me ganó un manotazo.
_ Ni se te ocurra, Northman, no vaya a tener que romperte algo.
_ Muy agresiva tú, Ravenscroft.
_ Ni te imaginas...
_ ¿A qué hora tenemos que estar allí? - sonreí y conseguí meter el dedo y rebañar un buen trozo de masa.
_ A las ocho – me dio una colleja y apartó el bol de mí.
_ Vale. ¿Te ayudo a fregar?
_ Déjalo, ve preparándote, que cuando diga de entrar en el baño lo quiero para mí.
_ Son las seis, Pam...
_ ¿Y...?
_ Vale, vale – me reí-. Voy preparándome.
A las ocho en punto, estábamos perfectos, perfumados y presentando nuestros respetos, postres, unas botellas de vino y flores en la casa de Adele y Sookie. Lo habían preparado todo en el jardín trasero. Habían puesto una mesa y unas sillas, y unos farolillos y unas cuantas velas, repartidas alrededor, iluminaban el rincón dándole un aspecto acogedor y mágico. Me asombré de todas las molestias que esas dos mujeres se habían tomado por nosotros y me sentí mal por no haberlas ayudado para prepararlo todo.
_ Eric, Pam – Adele nos abrió la puerta y Pam le tendió las flores-, oh, gracias, cielo, no tenías porqué molestarte. Pasad, pasad.
Sookie estaba a los pies de la escalera, con un sencillo vestido azul que realzaba su pecho. Pam tenía razón, el día que los pillara me iba a poner morado. Me sorprendió mirándole las tetas, otra vez, pero esa vez nos sonreímos con complicidad. Adele se cogió de mi brazo y nos condujo hasta la mesa mientras Sookie iba por un jarrón para poner las flores.
La velada fue fantástica. No se me ocurre mejor manera de pasar un sábado por la noche que con tres mujeres increíbles. Pam se dedicó a avergonzarme contando historias de nuestra juventud y no tan juventud. Lo mejor fue que incluyó a Ana en todas ellas sin que me sintiera mal, nos reímos recordando viajes y momentos felices de los tres, incluso yo conté alguna anécdota que nos había pasado a mi mujer y a mí, mientras Adele y Sookie nos miraban con una sonrisa. Luego le tocó el momento "tierra trágame" a Sookie, cuando su abuela empezó a contar historias que era mejor olvidar pero que nos hicieron reír. Era tan fácil estar con ellas y dejarse llevar por los recuerdos felices mientras creábamos otros nuevos, que no me dí cuenta de la hora que era. La comida había sido increíble, nada que no esperara de Adele y de su pinche Pam, que también era una excelente cocinera, y la compañía, aún mejor ¿por qué razón iba a haber estado mirando la hora? A las doce, Adele dijo que se retiraba, que estaba cansada. Entre Pam y yo recogimos todo mientras Sookie había ido a acompañar a su abuela. Cuando volvió se encontró que ya no había nada que hacer y que Pam, misteriosamente, había desaparecido. Lo que no sabía es que Adele le había ofrecido el cuarto de invitados cuando le confesó que tenía que compartir la cama conmigo.
_ ¿Dónde está Pam...? - se extrañó.
_ Se ha ido a dormir – me encogí de hombros.
_ ¿Nos hemos quedado solos...? – preguntó con una sonrisa.
_ Eso parece – respondí con la misma sonrisa y acercándome un poco-, ¿te molesta?
_ No, me extraña – musitó.
_ ¿Quieres que demos un paseo?
_ Estaría bien para bajar un poco tanta comida – se rió.
_ Me temo que Adele y Pam en una cocina son un peligro.
_ ¿Quién iba a pensar que Pam, con su ropa de pasarela, escondía una chef dentro.
_ Pam siempre es una fuente de sorpresas, ya la irás conociendo – dije y cogí su mano, sin mirarla. Sus dedos se ajustaron a los míos y se entrelazaron.
Me parecía un poco ridículo, la verdad, la última vez que había hecho algo así tenía veinte años y nunca me quedó claro si Ana se había reído porque le dio la risa floja o porque le parecí tonto. Así que se lo dije. Me paré en un claro y me volví a mirarla sin soltar su mano, acariciando su reverso con mi pulgar. Estaba tan hermosa que parecía un hada con su pelo rubio brillando bajo la pálida luz de la luna.
_ La última vez que hice algo así casi era un chico imberbe – sonreí y ella me devolvió la sonrisa-. No quiero que pienses que... El caso es que he pasado con la misma mujer catorce años, más uno en blanco, y no estoy muy seguro de saber ya como va esto – me reí nerviosamente-. No quisiera precipitarme contigo pero me mata no poder hacer lo que me gustaría por miedo a asustarte.
_ Cualquiera diría que me vas a morder – se rió.
_ Uhm – miré hacia arriba y puse mi sonrisa más pícara-, puede que más adelante, donde tú quieras – se sonrojó como nunca se me ocurrió que pudiese hacerlo. Era tan encantador verla tan azorada de repente...- ¿Ves? No quiero incomodarte...
No pude decir más, su mano se había deslizado hacia mi cuello y me atrajo hacia su boca. Sus labios suaves y húmedos se abrían invitándome a entrar y yo no me lo podía creer, en tres días había pasado de no conocerla a desearla como un adolescente. De repente, mi mano ya no era suficiente y quería ocuparla con otras tareas. Mis dedos se deslizaron por su espalda hacia su cabeza, la cogí entre mis manos y mi beso se hizo más intenso. La llevé en volandas hasta un árbol y la apoyé en él con cuidado, sus piernas se habían ido a mi cintura y se enroscaban en ella lo que me permitía apretar mi erección contra ella. Eso estaba yendo demasiado lejos. No en mitad de un bosque, no así. Después de un año, necesitaba un poco de más romanticismo. Luché contra mi deseo desbocado para alejarme de su boca, Sookie me miró confundida por haber parado. Y yo sonreí apoyándome en su frente mientras recuperábamos el aliento.
_ ¿Qué pasa...? – preguntó por fin sin poder ocultar el temor en su voz.
_ Nada – besé sus labios y me tuve que refrenar para no empezar otra vez-. Simplemente, no quiero que nuestra primera vez sea así – su boca volvió a encontrar la mía, no era que estuviese lejos, claro. La cogí en brazos y ella me miró sorprendida-. Nos vamos a mi casa.
