Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece.


Capítulo 10

De cambios en mí

Tenía mi cabeza posada sobre el pecho de Edward mientras este acariciaba mis cabellos. Si fuéramos humanos, estuviéramos sudados y cansados. Pero éramos vampiros, y el cansancio no estaba en nuestro ningún vocabulario. Yo repartía besos en su pecho, sólo por el placer de besarlo, y él acariciaba mis cabellos por el simple placer de tocarlo.

— ¿Habías pensado en esto? — preguntó Edward

— Sí — admití —. Muchas veces.

— ¿Por qué no…? ¿Por qué no hiciste nada para…?

— Tenía un poco de vergüenza. Yo… No sabía si tú también querías. ¿Tú…?

— Sí, también lo pensé. Pero no estaba seguro que quisieras… — reconoció —. Oh, esto hubiera pasado hace mucho.

— Sólo nos conocemos desde hace cinco semanas, Edward — le recordé.

— Lo pensé desde que te vi en la cafetería.

Levanté la mirada. Estaba sorprendida. ¿De verdad él…? Asintió, aunque casi parecía avergonzado. Avergonzado de pensar tener sexo con una chica, con una vampira. Si eso no era un hecho que constataba que Edward pertenecía al siglo pasado, no sabía que otra cosa podía constatarlo.

— ¿De verdad te encantó?

— ¿Y tienes que preguntarlo? Creí que mis gritos eran suficiente prueba de que me gustó, Edward.

— Ah, bien…

Reí. Oh, Edward era tan mono… Lo besé, y al hacerlo rocé nuestros sexos. Jadeamos juntos. Estábamos tan sensibles. Pero podíamos, oh sí que podíamos hacerlo de nuevo.

— ¿A qué hora le dijiste a Charlie que volverías? — preguntó Edward contra mis labios.

— Antes de la hora de la cena — contesté yo de igual forma.

— Bien — contestó y me devoró la boca.


— Suerte que conocías esta cabaña, Edward — susurré mientras veía la cabaña que había sido testigo de nuestro amor. Estaba desvencijada y parecía que podría caerse a pedazos, pero había funcionado para nosotros.

— Sí, claro porque con los gritos que haces…

Estaba tomándome el pelo, pero igual hice el amago de golpearlo en el hombro. Edward se rió. Parecía más joven de lo que era. Aunque Edward tenía un cuerpo congelado en sus diecisiete años (mismo cuerpo que podía pasar por tener quince o veinte años), a veces parecía tan viejo como la edad que realmente tenía. Pero hoy, en este momento, Edward parecía relajado y hasta despreocupado.

"Bien dicen que el sexo modifica hasta el más ascético comportamiento", decía mi madre. Creo que ella tenía razón.

— Tú también gritas, Edward.

— Oh, pero no tanto como tú, cariño.

Le mostré el dedo medio y él rió de nuevo. Aunque quisiera no podía molestarme con él. No cuando parecía tan feliz, tan relajado. Edward me abrió la puerta de su volvo y entré. Luego puse música. Me había propuesto educar a Edward en la buena música, hoy tenía un set de canciones de Bon Jovi. Cuando Edward encendió el volvo, It's my life sonó con fuerza dentro del vehículo. Él frunció el ceño, y yo me reí.

— ¿Cómo es que te gustan esos tipos?

— ¿Cómo es que a ti no te gustan? — retruqué.

Él negó con la cabeza y decidió empezar a manejar.


Charlie y Vanessa pidieron pizza. Charlie me miró fijamente al verme llegar. Sabía que estaba dividido. Por un lado, yo lucía como toda una quinceañera, joven e inexperta. Por el otro, yo había desaparecido hace diez años (cuando tenía quince) y cronológicamente yo tenía veinticinco. ¿Qué haría Charlie? ¿Castigarme?

Charlie suspiró.

— Intenta no llegar tan tarde, Bella.

— Lo haré, Charlie.

Vanessa sólo me miró y fijó su atención en la pizza.

— ¿Quieres? — me preguntó sin mirarme.

— No, gracias. Ya comí… con Edward.

— Edward, ¿eh?

— Sí, Charlie. Edward.

Él se recostó en su silla.

— Pasas demasiado tiempo con ese chico, Bella.

— Pues sí — me encogí de hombros —. Edward es mi novio.

Ambos, Charlie y Vanessa me miraron con estupor. Alcé una ceja. ¿Qué mierda les pasaba?

— ¿Tu…? ¿Tu novio?

Asentí.

— Tú no tienes novios — gruñó Charlie.

— ¡Claro que sí! — salté —. Yo…

Entonces caí en cuenta. Yo no tenía novios. Con quince años, yo había decidido que los hombres eran sólo para tener polvos. Ni amigos, ni amantes, ni novios. Luego de que el chico de turno eyaculara, yo lo olvidaba. Los usaba, y ellos a su vez me usaban a mí. Nunca me importaron. Tampoco les mentía. A los hombres que les dejaba usar mi cuerpo, eran hombres que sabía que no me pedirían nada más una vez que acabáramos. Ni promesas, ni nada. No los volvía a ver. Y ellos tampoco.

— Bueno, ahora… ahora Edward es mi novio. Yo…

Tuve que esforzarme para no correr a mi cuarto. No correr de forma vampírica me refiero. Charlie y Vanessa no lo entenderían, y aunque les dijera, pues… los podría en peligro. Una vez en mi cuarto me dejé caer en la cama. Sollocé. No sollozaba con frecuencia, pero esta vez no pude evitarlo. Necesitaba sollozar. Necesitaba dejar salir lo que sentía…

Nunca tuve novios. Ni amigos. Ni siquiera una amiga. Mi vida sólo giraba en torno a mis padres, a mis tíos, (Vanessa no contaba porque era demasiado pequeña en ese momento). Yo no quería a más nadie. No quería que volvieran a herirme. Como lo hicieron mis padres… No quería sufrir. Como sufrieron mis tíos… No quería estar con nadie porque no quería que alguien llegara y me afectara, me cambiara.

Levanté mi cabeza de la almohada. Había cambiado. Yo había cambiado. Ya no era la misma. Todo… todo lo que conocía, lo que daba por hecho, lo que creía, había cambiado luego de mi transformación. Sentí los brazos de Edward a mi alrededor. Volteé y allí estaba. Estaban sus ojos dorados, su sonrisa torcida, ahí estaban sus brazos abiertos para mí. Alcé mi mano y acaricié sus mechones cobrizos. Todo sin dejar de mirar sus ojos, sin que él dejara de mirarme.

— He cambiado — susurré.

— Lo has hecho.

Dejé caer mi escudo. Necesitaba… no sabía el porqué, pero lo necesitaba… Necesitaba que él me entendiera. Que el viera lo malo y lo bueno. Que él supiera que yo no era una santa, ni quería serlo. Que yo no quería engañarlo. Si quería estar conmigo, Edward debía saber quién era. Quien había sido…

Edward cerró los ojos. Como si supiera que era importante lo que le mostraba. Como si valorizara mis memorias. Luego abrió los ojos. Sus penetrantes ojos dorados.

— Veo a una chica que no querían que le hicieran más daño… — susurró — Nada más.

— Pero Edward…

Entonces me besó. Me besó diferente a hoy en la tarde. Me besó con delicadeza, con suavidad. Pero yo no quería suavidad ni delicadeza. Quería… Quería todo. Quería el dolor. El dolor mezclado con el placer, más dolor que placer. Entonces lo mordí, mordí su hombro con saña y él jadeó. Apretó sus brazos a mi alrededor y cerró los ojos, conteniendo el grito del dolor que quería salir de su garganta.

Extendí mi cuello. Se lo ofrecí. Como lo haría una humana que no supiera que él es un vampiro, pero que aún así desea que él beba de su sangre. Que él se alimente de ella. Así le ofrecí cuello a Edward.

— Bella no…

— Quiero que lo hagas, Edward. Por favor…

Él aún dudo. Yo pude ver su batalla interna, entre el hombre que quería ser, el que hacia cosas buenas, el que había renunciado a la sangre humana y se había conformado con la sangre animal… La lucha entre ese hombre y el animal de instintos básicos, el que le exigía más que le pedía, que me mordiera, que cumpliera tanto mis deseos como los suyos.

Entonces presione mi cuello contra sus labios. Tentándolo. Incitándolo. Edward ahogó un gemido de resignación. Jadeé y sentí sus dientes traspasando mi piel. Introduciéndose en ella. Dejando caer su ponzoña. Apreté los labios para no dejar salir el grito que pugnaba por salir de mi interior. Dolor… Dolor mezclado con el placer. El dolor más delicioso y el placer más molesto.

Y cerré los ojos abandonándome a esa sensación de plenitud.

Mañana tendría que responder mis acciones. Mañana debería darle una explicación a Edward. Mañana me pondría frente al espejo. Mañana…


Notas de la autora:

- No me maten por dejarlos así. Quería mostrar a Bella, su personalidad. Lo que la llevó a ser cómo es. Ha cambiado. Ya no tiene quince años (aunque los aparente). Ha crecido. Aunque todavía hay varias cosas por los que debe pasar.

- ¿Reviews?