CAPÍTULO 10

-¡¡EXPELIARMUS!!- de la varita de Dumbledore salió un rayo de luz blanca, que atravesó la ventana rompiéndola he hizo que el perro desapareciera.

Durante unos segundos permanecieron en silencio, mirándose, con la cara pálida y sin saber que decir.

-¡¿Qué está pasando aquí?! ¡¿Quiénes sois?!- Mariel estaba aterrorizada, y sin quitarle la vista encima a esos extraños hombres fue retrocediendo hasta que quedó acorralada contra la lavadora.

-Mariel, te lo puedo explicar…- comenzó a decir Snape con voz preocupada.

-A mí no… a la policía- contestó la Mujer empuñando un tenedor para defenderse.

-Muchacha, esto es magia- intervino Albus tratando de hacerle entender a bigi quienes eran- no tienes por qué preocuparte, yo soy Director de la escuela…

-¡¡Cállate Dumbledore!!- gritó de repente Snape poniendo su famosa cara de mortífago- No intentes arreglar las cosas o lo estropearás todo más, creí haberte dicho que guardaras la varita.

-¡Fuera de mi casa!- Mariel estaba histérica, no sabía lo que había pasado pero no lo podía comprender- ¡Sois unos chalados! ¡Estáis locos! ¡Obsesos de una novela infantil! ¡Trastornados! ¡Harry Potter no existe! Ni Dumbledore, ni Snape…

-Él es Snape- la cortó el anciano señalando al Profesor de pociones.

-¡Estáis locos!

-¡Señor Director! ¡Cállese!- Severus se estaba desquiciando, no iba a ser fácil explicarle a una muggle que gran parte de aquellas cosas que dicen los cuentos, son ciertas.

-No se llama Severo, si no Severus, Severus Snape- dijo Albus con firmeza- y es Profesor de Pociones en la escuela de magia y hechicería Hogwarts.

-Sí, ya estoy más convencida, ahora iros los dos de mi casa- exigió Mariel empuñando más alto su tenedor- antes de que empiece a gritar y las vecinas llamen a la policía.

-Mariel por favor, por favor tranquilízate, no somos criminales, no vamos a hacerte daño…- Severus sentía como una especie de angustia, mezcla de odio hacia el director por haberlo estropeado todo y miedo por… por llegar a perder esa amistad que había brotado entre ella y él.

-Severus no insistas, para los muggles ver es creer, pues que lo vea…- Dumbledore hizo unas florituras en el aire con su varita, se escuchó un siseo y sin más, el tenedor que sostenía bigi se transformó en una mariposa lila que comenzó a revolotear sobre sus cabezas.

-¡Ah!- la Mujer se quedó inmóvil, sin saber que hacer o decir- Vale, creo…- y acto seguido se desmayó en los brazos del Profesor.

-Mariel… Mariel…

-Apártate Severus, debemos desmemorizarla.

-¡No te atrevas a tocarla!- Snape sacó su varita sin soltar a bigi y apuntó al anciano.

-Es un delito hacer magia delante de un muggle, apártate Severus.

-Te he dicho que no la toques- contestó el Profesor con una afilada voz bastante amenazadora.

-¿Por qué? Dime porqué no quieres que la desmemorice…

Snape se quedó callado, con la varita en alto y mirando de reojo a Mariel que estaba apoyada en su pecho.

-¡Dímelo!- exigió el anciano en tono enfadado.

-No quiero que me olvide- contestó el hombre en un susurro guardando su varita y apartando la mirada.

-Es lo que quería escuchar muchacho- Dumbledore sonrió- seguro que Minerva me recibe en el castillo con todos los honores, te has enamorado.

-¡¿Qué yo qué?!- Severus parecía ahora más enfadado que antes, pero no le dio tiempo a seguir despotricando, Mariel despertó abriendo los ojos como platos.

-¡¿Quién haces aquí y que eres tú?! Digo… digo… ¿Qué ha pasado?- Mariel iba a levantarse pero, como que de repente se sentía muy a gusto entre aquellos brazos…

-Mariel no te asustes, y no huyas de mí, somos magos, la magia existe, te lo puedo explicar- Snape hablaba rápido y con desesperación- yo… yo…

-Muchacha ¿Nos crees ya, o quieres más pruebas?- preguntó el anciano.

La Mujer comenzó a hacer gestos afirmativos con la cabeza, y finalmente dijo- sí… creo… os creo… tenedor… mariposa… magia… lo he visto ¿Verdad?

-Sí- dijo el Profesor sonriendo un poco y la ayudó a ponerse en pie.

-Necesito ordenar mis ideas, esto… esto es… ¡Impactante! La magia existe… existe… ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAH!! ¡¡JAJAJAJAJA!! ¡¡JAJAJAJAJA!!- Mariel soltó un grito seguido de una risa histérica mientras saltaba y agitaba las manos- ¡¡La magia existe!! ¡¡JAJAJAAJAJAJA!!

Los dos hombres estaban serios, y se miraban de reojo mientras Mariel daba saltos por la cocina.

-Debimos desmemorizarla Severus…

-Creo que sí… se ha vuelto loca…

-¡¡AAAAAAAAAAAAAH!! ¡¡JAJAJAJA!! ¡¡AAAAAAAH!! ¡¡JAJAJAJA!!

Un ave negra de cola amarilla entró por la ventana rota y le entregó una carta a Dumbledore.

-Qué pájaro más extraño- dijo Snape acercándose al anciano.

-Es un yapú- explicó la Mujer mirando como el ave se iba directo al bote de galletas- un ave típico de aquí. ¿Os ha dado una carta? En los libros salen lechuzas…

-Se suelen utilizar las aves autóctonas del país, para que pasen desapercibidas ¿Qué dice la carta?- preguntó el Profesor de pociones.

-Justo, lo que estaba esperando… es una citación del Ministerio de Magia de Buenos aires…

-¿Aquí hay Ministerio de Magia?- bigi se sentía como una niña, tenía tantas cosas que preguntar.

-Pues sí…- le contestó el Anciano.

-¿Y tú eres Albus? ¿Albus Dumbledore?

-Sí muchacha, el mismo.

-¡¡ALBUS ESTÁ EN MI CASAAAAAAAAAA!! ¡¡JAJAJAJA!!

-Relájate Mariel- le pidió Snape ojeando la carta.

-Sí, sí… ¿Pero tú no estabas muerto? ¿No te había matado él… SNAAAAAPE!!

-Es obvio que no- dijo Severus de mala gana- eso se lo inventó la estúpida Squib.

-¡¿J.K es Squib?! ¿Y por qué se lo inventó? ¿Qué pasó aquella noche?

-Bueno calma, pues…- Snape trataba de hacer memoria aun que en realidad no se le había olvidado- Cierto viejo y cierto estudiante repelente, salieron del castillo al caer la noche…

-Sí, sí, a buscar Horcruxes ¿Verdad?

-No, en realidad los Horcruxes no existen, fue un rumor que salió porque Voldemort era casi imposible de vencer.

-¿Y a donde fueron?

-Se fueron de juerga… Todos en el colegio luchando con los mortífagos y ellos dos cenando y tomando copas por ahí…

-¿En serio?- preguntó Mariel boquiabierta.

-Sí, y te diré más…

-Muchacho, no creo yo que haga falta que le sigas contando esas cosas…. Además de que tenemos prisa, hay que ir al Ministerio…

-Es mi momento de gloria, el Ministerio pude esperar- le espetó Snape con una sonrisa maliciosa- la squib mató al fabuloso Dumbledore en sus novelas porque… quedaba mucho más heroico que decir que se había quedado fuera de juego porque se intoxicó gravemente la noche en la que salió a cenar con… Potter.

-¡¿Eeeeeeh?! Que decepción… Se intoxicó con la comida ¡¡JAJAJAJA!!

-Severuuuus… me estás dejando en mal lugar.

-Ella merece saber la verdad.

-¿Y que hiciste tú?- le preguntó la Mujer al Profesor.

-Yo…- Snape se puso cómodo, eso era una larga historia- estaba…

-¡Tenemos prisa! No es preciso que le cuentes ahora cómo has ganado tantas condecoraciones- lo interrumpió Dumbledore- debemos ir al Ministerio ¡ya!

-¿Puedo ir yo también?

-Desde luego- le dijo el anciano mirándola sobre sus gafas de media luna- pero ¡ambos! Tendréis que corroborar todo lo que yo diga, si no, nos puede caer una buena sanción por esto.


CONTINUACIÓN……………….10.1

-Podríamos habernos aparecido- refunfuñó Snape dejando paso a una Señora para que bajara del autobús.

-Eso hubiera sido echarle más leña al fuego- inquirió Albus que miraba con asombro el interior de este "nuevo" medio de transporte- nos han citado por haber hecho magia delante de una muggle, solo nos faltaba aparecernos con ella.

-¡Y qué más da!- Snape estaba de pie, y se balanceaba con el ajetreo del autobús y los empujones de la gente- ya hubiéramos llegado.

-Si es por el tiempo muchacho, no te preocupes, estamos de vacaciones- contestó el anciano apegando su cara al cristal de la ventana- y en la carta nos indicaron perfectamente como llegar al Ministerio.

-¿Y cómo se llega al Ministerio?- preguntó Mariel que estaba sentada junto a Albus.

-Es muy sencillo, este autolús…

-¡Autobús!- lo corrigió Snape con voz agria.

-Eso he dicho yo muchacho, autobús… este autolús, nos dejará justo en la parte posterior del Ministerio, una vez allí debemos decir quienes somos y el motivo por el que hemos ido, y ya está, sencillo.

-Vaya- Mariel quedó un poco decepcionada- y yo que pensaba que íbamos a usar una cabina telefónica o que nos colaríamos por un retrete.

-Mariel- Snape se puso muy serio- no debes creer todas las barbaridades que esa loca escribe… por un retrete… haberse visto… un mago como yo… retrete… vergüenza…

El Profesor se giró refunfuñando por lo bajo mientras que Mariel reflexionaba eso de colarse por un retrete, no era higiénico… después de un largo semi-silencio, porque Snape no dejaba de refunfuñar, Dumbledore les anuncio que ya habían llegado.

-¿Es aquí?- se extrañó la Mujer.

-Aquí mismo, vamos muchacha, no te separes de mí.

-¿Aquí?- Insistió Mariel- Esto es la torre de los ingleses, no tendrá más de cuatro alturas y ese terrible reloj ahí arriba, no puede ser el Ministerio de Magia, ni si quiera es un edificio, ¡Es una torre! ¡Estrecha! ¡Pequeña y vieja!

-Es una torre, estrecha, pequeña y vieja a tus ojos muggles- le dijo Snape ofreciéndole el brazo tras los insistentes y llamativos gestos que estaba haciendo el anciano, que no pasaron inadvertidos por Mariel la cual sonrió un poco- Sígueme, y yo haré que lo veas.

-Uy muchacho- lo interrumpió el anciano empezando a caminar- eso último que has dicho me recuerda al galán de aquella película que a Minerva le gusta tanto ¡Rosmualdo el enamorado! ¿Te acuerdas?

-Sí- contestó el Profesor de mala gana, ya estaba el viejo soltando sus indirectas con eso de que se había enamorado- cada navidad me toca tragarme esa película.

-¿Y quién es Rosmualdo?- preguntó Mariel cogida al brazo de Snape.

-Un mentecato- dijo Snape fijando la mirada al frente.

-Según Minerva, es un actor mago, muy guapo, y en esa película él le dice a la chica, ¡Cásate conmigo y yo haré que veas amaneceres más puros!- exclamó Albus alzando un dedo- Minerva siempre llora en ese trozo, y es justo lo que mi muchacho te ha dicho.

-Bueno, Severus no me ha dicho que me case con él- Mariel se sonrojó por lo que acababa de decir, pero le había cogido gusto a eso de pinchar a Snape tratando de sacarle los colores a ese cetrino rostro.

-Señor Director… Señor Director…

-Ha sido la muchacha Severus- dijo Albus guiñándole un ojo a ella.

-Pero usted ha empezado Señor Director… y no me haga enfadar… Señor Director…

-Bueno, bueno muchacho, cálmate, ya hemos llegado y no queremos causar mala impresión dejando que nos oigan discutir sobre cuando te casarás con la moza.

-¡Señor Director!

Mariel reía abiertamente acariciando el, repentino, apretado puño de Snape, tratando de que se relajara.

"Buenos días" (Una voz masculina salió de la pared trasera de la torre) "Bienvenidos al Ministerio de Magia de Buenos Aires, por favor identificación y motivo de la visita"

-¡Oh!- la Mujer dio un pequeño respingo, colocándose detrás de Snape- La de veces que he visitado esta Torre y ahora me doy cuenta de que las paredes hablan.

"Identificación incorrecta, inténtelo de nuevo por favor"

Mariel se tapó la boca, dejando que hablaran los dos hombres.

-Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.

"Identificación correcta, motivo de la visita por favor"

-Tengo una citación por haber empleado la magia delante de una muggle.

"Correcto, por favor espere a que los demás se identifiquen. Identificación por favor"

-Severus Tobías Snape.

"Identificación correcta, por favor, motivo de la visita"

-Tengo una citación por el uso indebido de magia delante de muggles.

"Correcto, por favor espere a que los demás se identifiquen. Identificación por favor"

-¿Me toca a mí?- preguntó la Mujer un tanto sorprendida.

"Identificación incorrecta, por favor inténtelo de nuevo"

-Uy… uy…. Caramba pues…

"Identificación incorrecta, por favor inténtelo de nuevo"

-Que pibe tan boludo, un poco más de paciencia- protestó Mariel frunciendo el ceño y sintiéndose ridícula por estar hablándole a una pared.

"Identificación incorrecta, por favor inténtelo de nuevo"

-Dile tu nombre- le susurró Snape que, extrañamente, le pareció divertido verla peleándose con la voz.

-Me llamo Mariel Bignone.

"Identificación correcta, motivo de la visita por favor"

Mariel dudó un poco- ¡Yo soy la muggle!- exclamó de mala gana esperando que después de todo la voz le dijera eso de incorrecto.

"Correcto. Pasen por favor, acudan al décimo piso, denuncias y pleitos por el uso indebido de la magia, feliz estancia en el Ministerio"

-¡¿Décimo piso?! ¡¿Me está tomando el pelo?!- para el asombro de los dos hombres Mariel se puso a gritarle a la pared. -¡Aquí no hay tantos pisos! Además… ¡Abra la puerta! ¡¿O pretende que atraviese la pared?!

-Eso mismo Mariel- le dijo Snape tomándola del brazo y empujándola hacia la pared.


CONTINUACIÓN...10.2

Aferrada al brazo de Snape, bigi sintió por todo su cuerpo como esa pared la succionaba mientras todo se volvía oscuro... pero solo durante unos segundos.

El interior de la torre nada tenía que ver con el exterior, las paredes eran altas y el suelo de un mármol brillante, aún que no era el "palacete" que ella esperaba encontrar había quedado bastante sorprendida.

-¡Es impresionante!- exclamó bigi boquiabierta- Pero creo que... me esperaba algo más... algo más parecido a lo que JK cuenta en sus libros...

Snape la interrumpió- Esa... Mujer- pronunció con rabia- jamás había puesto un pie en el Ministerio de Londres hasta que escribió los libros... no se te olvide que es una squibb y ningún asunto mágico la requería en el Ministerio...

Mariel lo miraba entre sorprendida y expectante.

-Créeme- continuó el hombre- si te digo que este Ministerio me parece más impactante, grande y moderno, que el de Londres. Aquellas instalaciones son muy viejas, casi milenarias y eso no lo oculta ni la magia.

-Muchachos, por aquí- intervino Albus señalando el ascensor y entrando en él- ¿Ves bigi? Esto es lo que te comentaba de camino, los ascensores mágicos son mejores que los muggles, les hablas y te hacen caso... no es preciso que te pongas a tocar botones sin saber a dónde vas- el anciano aclaró su garganta y dijo con voz firme- Décima planta, denuncias y pleitos por el uso indebido de la magia- el ascensor esperó a que subieran otras personas, dijeron a dónde querían ir, cerró sus puertas y comenzó a subir.

Lo del ascensor no era tan diferente, así que no llamó mucho la atención de bigi- Pero Severo... digo... Severus- dijo sonrojándose, aún no se lo podía creer que aquello fuera verdad- esperaba ver otras cosas, no se... quizá la estatua esa que cuenta el libro que hay con varias criaturas o un montón de chimeneas por las que entren las brujas y magos...

-¡Vaya estupidez!- protestó Snape mirando al techo y soltando un suspiro- Hoy en día nadie tiene chimenea en su casa, es una práctica muy antigua y muy insegura, por eso nunca se ha empleado en el Ministerio, cualquiera que supiera la dirección podría entrar...

-¡Ah! No lo había visto así...

-Tú es que te lo crees todo- inquirió Snape señalándola con el dedo- y lo de la estatua otra tontería, los centauros son otra especie distinta a las nuestras con leyes propias, se podría decir que tienen sus propios Ministerios y leyes, nada tienen que ver con los Ministerios de magia... Además, ya te he dicho que lo de los libros son puras mentiras...

-Bueno, como tú digas- contestó bigi encogiéndose de hombros- total, yo nunca he visto a un centauro... nada puedo opinar...

"Décima planta, denuncias y pleitos por el uso indebido de la magia" (Una voz habló dentro del ascensor y se abrieron las puertas).

-¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos!- una Mujer bastante gordita pero muy elegantemente vestida se acercó a los dos hombres y les estrechó la mano- Me llamo Yasiré y soy la Ministra de magia, y estos de aquí son mis colaboradores- dijo señalando a un grupo de Mujeres y hombres muy bien vestidos.

-Es un placer Yasminé...- contestó Albus haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.

-Yasiré...- lo corrigió Snape por lo bajo.

-Sí, sí... Yasiré... es un placer haber tenido el gusto de conocerla pero no creía que fuera necesaria la intervención de los más altos cargos en este asunto.

-Compréndalo caballero- habló la Ministra- cuando nuestros trabajadores supieron que dos grandes hombres como ustedes, famosos e importantes, estaban en el país y habían incumplido una de las más sagradas leyes de la magia, yo misma quise hacerme cargo del asunto- la Mujer parpadeó coquetamente mirando al anciano- seguro que todo esto tiene una explicación y no es más que un mal entendido ¿Verdad?

-Así es mi queridísima Señora- contestó Dumbledore haciéndoselas de galán.

-Pero no nos quedemos aquí ante el ascensor, vayamos a la sala de juntas... estaremos más cómodos- la Ministra se aferró al brazo del viejo y echó a caminar, seguida de bigi que hizo lo mismo con el brazo de Snape ante las miradas curiosas de los allí presentes.

-¡Bienvenidos al Ministerio!- saludó el secretario personal de la Ministra cuando vio llegar al grupo- Pasen por favor.

Aquella habitación no tenía mucho de diferente a una sala de reuniones muggles, una mesa grande, sillones cómodos... nada en particular.

-Señor Dumbledore, siéntese aquí... a mi lado- le pidió la Ministra.

-Llámame Albus... Yasiré- le contestó provocando que esta se sonrojara- y tutéame.

-Como tú digas... Albus- contestó la Ministra sonrojándose más- Bueno, hablemos del caso, usted es Mariel ¿verdad? La muggle que os ha visto haciendo magia- bigi asintió con la cabeza- Albus comprende que... si no hay un motivo satisfactorio a esta Mujer habrá que desmemorizarla.

-¡¡QUÉ DIIIIIIICE??- grito Mariel saltando de la silla- Óigame bien, por muy Ministra que sea usted no crea que va a poder ponerme las manos encima ¡¡HASTA AQUÍ PODRÍAMOS LLEGAR!!

-Siéntate Mariel- le pidió Snape algo avergonzado- no hará falta llegar a ese extremo.

-¡¡SEVERUS!! ¡¡Te exijo que me defiendas como es debido!!- bigi estaba muy enfadada, y a Snape le gustaba que, de vez en cuando, fuera tan temperamental- ¡¡Y no pienso sentarme hasta que esto se aclare!!- bigi pensó que más que nada por si le tocaba salir corriendo antes de que le quitaran la memoria.

Entonces Dumbledore sonrió sospechosamente y se dirigió a la Ministra- Yasiré, varias leyes en mi país han salido de mi puño y letra, así que no dude de que conozco las salvedades en las que un muggle sí puede presenciar un acto mágico, y aquí tenemos una de esas salvedades...

Snape no se lo vio venir, quizá estaba ansioso por salir de allí y no prestó atención a la inquietante cara del anciano.

-¿Y bien?- preguntó la Ministra- prosigue Albus.

-Mariel es la prometida del Profesor Severus Snape, no hemos fijado la fecha de la boda pero estás invitada... te avisaremos a su debido tiempo.

Bigi empalideció, esperando cualquier reacción "peligrosa" de Severus, pero para la sorpresa de ella y del anciano, tan solo dibujó media sonrisa en sus labios y asintió con la cabeza.

-¡Es una gran noticia!- exclamó la Ministra poniéndose en pie y dándoles dos besos a la pareja de tortolitos- La boda de un gran héroe de guerra es un gran acontecimiento para el mundo mágico y no dude que asistirá a su enlace representación del Ministerio de Buenos Aires.

-¿Asunto resuelto... Ministra?- preguntó Snape con un deje de aburrimiento.

-Desde luego que sí, y tenga por seguro que en cuanto se haga pública la noticia ningún Ministerio de magia volverá a molestarlo.

Snape supo en ese momento que sus vacaciones junto a bigi ya no serían tan tranquilas...


CONTINUACIÓN...10.3

-¡¡ALBUS DUMBLEDORE!! ¡¡MALDITA SEA!! ¡¡MALDITA SEA!! Dos semanas llevamos encerrados en casa de Mariel... la prensa mágica se apelotona en la puerta del patio- Snape se paseaba por la cocina, con los brazos tras la espalda y mirando al suelo, estaba francamente de mal humor- hasta han tenido que desmemorizar a un par de muggles... ¡¡Esas periodistas locas van chillando por la calle que "aquí vive Severus Snape"!! ¡¡SEÑOR DIRECTOR!! ¡¡Cómo pudo soltar tal tontería en el Ministerio??- se giró hacia el anciano golpeando sobre la mesa- ¡¡Cómo pudo decir que me iba a casar con Mariel?? ¡¡ES UNA SOLEMNE TONTERÍA!!

-Estoy de acuerdo- los interrumpió Mariel a la vez que abría un paquete de galletas para desayunar- en que tal vez, Albus exageró un poco... bastante... ¡demasiado! con lo de la boda pero yo...-titubeó un poco, quizá ese no era el mejor momento para hablar de ciertas cosas- verás Severus yo... yo... bueno, da igual.-Mariel echó a un lado su taza de café y agachando la cabeza se levantó y se encerró en su dormitorio.

-¡Severus!- Dumbledore también se levantó y se puso frente a él- Muchacho... tienes la sensibilidad en la punta de... de los pies.

-Pero... pero...- el Profesor miraba al anciano con desconcierto- ¿Y yo qué he dicho?- no entendía la reacción de Mariel.

-Será lo que no has dicho- puntualizó Albus poniendo una mano en el hombro de Snape- se que tenías muchas ganas de conocerla, y además he sido testigo de que has pasado dos semanas maravillosas junto a ella, vamos muchacho, nunca te había visto tan feliz, ni si quiera cuando le diste a Harry en la cara con la bludger.

Snape sonrió al recordar las gafas rotas de Potter- Reconozco que ella es distinta pero... pero no...

-Severus- Albus se sentó y le puso azúcar a su café con leche- Fuiste muy valiente en la guerra pero como hombre eres muy cobarde.

-¡No me llames cobarde!- protestó el Profesor enfureciéndose.

-Entonces enfrenta tus propios miedos y... y dile a esa Mujer lo que sientes por ella- se había acabado el tiempo, debían regresar a Londres y si no conseguía que esa pareja se consolidara, Minerva nunca dejaría que regresara a casa con ella.

Snape no dijo nada, se quedó quieto mirando por la ventana a las periodistas. Sin quererlo hizo un breve repaso a lo que había sido su vida, le gustaba ser Profesor pero cuando el curso acababa en Hogwarts la soledad de su casa le hacía enfermar, desde que falleció su madre siempre había estado solo al regresar al hogar, y ahora no tenía con quien compartir tantas victorias.

-¡¡MALDITA SEA DUMBLEDORE!!- el Profesor salió de la cocina dando un fuerte portazo y se dirigió al dormitorio de bigi.

-Todo marcha... todo marcha...- pensó el anciano al quedarse solo.

-Mariel ¿Puedo entrar?- preguntó Severus abriendo la puerta.

-Sí, pasa- ella estaba sentada sobre la cama, sin hacer nada más que pensar.

-Mariel- Snape se quedó de pie a cierta distancia pero le habló con un tono amable- Albus y yo debemos regresar hoy mismo a Londres...

-Lo se- bigi quiso llorar pero, ya era demasiado adulta para eso- las despedidas me ponen tristes "Sev".

-No he venido a despedirme- contestó el hombre dando un paso adelante pero sin inmutar la expresión de su rostro.

-Ya claro...- Mariel levantó la cabeza buscando la mirada de Snape- supongo que solo es un "hasta luego", volverás a verme ¿Verdad?

-No- dijo con firmeza el Profesor- Quisiera que nos acompañaras... que me acompañaras... a mí.

-¿Cómo?- preguntó bigi incrédula pero con una leve sonrisa.

-Mariel- Snape se acercó un poquito más- soy un hombre testarudo, huraño, rencoroso, tengo mal genio, no soy un alarde de virtudes como creen esas brujas tontas de ahí fuera, y a pesar de todo puedo jurarte que... sí tengo sentimientos.

-"Seeeev"- Mariel se sonrojó y se levantó poniéndose frente a él.

-Déjame... déjame continuar- dijo Snape despasándose un botón de la camisa, sentía que... ya empezaba a faltarle el aire- no tengo nada mejor que ofrecerte pero, te ofrezco todo lo que soy ¿Querrás acompañarme a Londres?- hundió la mirada en los zapatos esperando la peor de las respuestas.

Mariel lo abrazó y le plantó un beso en la boca, su primer beso- Yo también te quiero e iría contigo al fin del mundo.

Snape iba a corresponder ese beso cuando:

-"¡¡URRAAAAAAAAAAAAA!!"- se escuchó gritar al anciano detrás de la puerta.

-Mariel... haz las maletas- dijo Snape retrocediendo hasta topar con la pared- nos vamos ya- y salió del dormitorio con su cetrino rostro pintado de rojo.


CONTINUACIÓN...10.4

-¡Señor Snape! ¡Señor Snape Por favor! ¡Unas palabras para la revista corazón de bruja!

-¡Señor Snape! ¡Las lectoras del quisquilloso se preguntan si son ciertos los rumores de que se casa!

-¡Por favor Señor Snape! ¡Aira Manna para la lechuza matutina! ¡¿Esta Mujer que le acompaña es su prometida?!

-¡Señor Dumbledore! ¡Soy reportera del Profeta! ¡¿Es cierto que usted será el padrino de la boda?!

-¡¡FUERA DE AQUÍII!! ¡¡FUERA HE DICHO!!- gritó el Profesor empuñando su varita- ¡¡LEVICORPUS!!

Las decenas de periodistas quedaron "patas pa-rriba", y la mayoría con las bragas al aire.

-¡Seveeeeerus!- Mariel se quedó patidifusa, apretando contra sí su bolso de mano- Si alguna vez discutimos, no se te ocurra hacerme eso.

Snape sonrió ampliamente y haciendo una pequeña reverencia dijo- Adelante... Señora mía.

La puerta de la casa del Profesor, al final de los hilanderos se abrió sola, y a pesar de que en el interior todo se veía oscuro, bigi entró rápidamente espantada por los gritos de las periodistas.

-Bienvenida a tu nueva casa- dijo Snape entrando después de ella y de Albus y cerró la puerta- ¡¡FINITE INCANTATEM!!- se escuchó un golpe muy fuerte en la calle y tras unos insistentes quejidos todo quedó en silencio.

Bigi curioseó la casa- Creía que estaría más abandonada, no se... más polvorienta.

-Supongo que Auri es la culpable de que todo reluzca como el oro- añadió Dumbledore iluminando el recibidor.

-¿Quién es Auri?- preguntó bigi entrando a la sala de estar.

-No se dónde se habrá metido- dijo Snape que estaba retornando el equipaje a su tamaño original- pero seguro que no tardas en conocerla, debe estar escondida por alguna parte.

-¡Caramba! ¿En esta habitación es dónde le hiciste la promesa inquebrantable a Narcisa?- preguntó Mariel sin apartar la vista de los viejos libros de las estanterías.

-Ya te he dicho un millar de veces- habló Snape con aburrimiento- que no te creas nada de lo que dicen los libros... ¡Promesas irrompibles!- exclamó con indignación- todo el mundo rompe alguna vez una promesa, si fuera tan fácil... medio mundo mágico estaría muerto.

-Supongo que tienes razón- contestó Mariel sonriente.

-¡¡UUUUuuuuuUUUaaaaAAAAAHhhh!!- Dumbledore dio un espantoso grito y salió corriendo de la cocina.

-¡¡POR MIL DEMONIOS!!- exclamó Snape- ¡¿Pero qué ocurre?!- Mariel, hábilmente ya se había puesto a la retaguardia del Profesor.

-¡¡CORRER!! ¡¡CORREEEEEEEEEEER!!- dijo Albus pasando de largo y encerrándose en el baño.

-¡¡AAAAAAH!!- gritó Mariel.

Una especie de fantasma apareció levitando ante ellos, tenía una cara horrible, el rostro pálido, los ojos hundidos y la lengua le colgaba hasta la altura de la barbilla.

-¡¡MUERTEEEEE!! ¡MUERTE!!- gritó el fantasma agitándose en el aire.

Snape quiso coger su varita pero no fue lo bastante rápido, el fantasma se lanzó sobre su cuello ferozmente.

-¡¡TOMAAA!! ¡¡TOMAAA!!- a pesar del miedo que tenía, bigi tomó su bolso y golpeó al fantasma tan fuerte cómo pudo- ¡¡SUÉLTALO!! ¡¡SUÉLTALO!!

Algo raro pasó, el fantasma soltó a Snape y retrocedió, ya no parecía tan grande como mucho mediría medio metro, y poniéndose una de sus fantasmagóricas manos en la cabeza, se fue corriendo escaleras arriba.

-¡¿Qué ha sido eso?! ¡¿qué ha sido eso?!- Mariel estaba pálida, y el corazón le palpitaba a mil por hora- Yo me voy a mi casa... ¡Pero qué espanto!

Snape la miraba entre feliz y estupefacto, pero no dijo nada.

-¿Ya ha pasado el peligro?- preguntó Albus saliendo del baño con recelo- no penséis que he tenido miedo... solo es que... que me apretaban las ganas de ir al baño.

La pareja directamente lo ignoró, no iban a ponerse a discutir habiendo un fantasma rondando por la casa.

-Sí "Al" cómo tú digas- contestó bigi nerviosamente observando el cuello de Snape- ¿Te duele, cariño?

Además de feliz y estupefacto, ahora estaba sonrojado, le había llamado cariño... aunque bigi bien sabía que jamás le debería llamar así en público- Sí, sí, estoy bien- dijo Snape mirando hacia lo alto de la escalera- es que me ha pillado por sorpresa, nada más.

-Cariño... ¿La casa está embrujada?- preguntó Mariel atemorizada- Yo a ti te veo muy tranquilo y nos acabamos de llevar un susto muy grande... en los libros dice...

Snape la miró y alzó una ceja.

-Bueno cariño, no es que yo me crea todo lo de los libros pero casas embrujadas también hay en el mundo "mugre"...

-Muggle- la corrigió Snape con amabilidad.

-Muggle, muggle... ¿Y si nos aparece un boggart?

-Pamplinas- dijo Albus desde la cocina.

-¿Es otra inventada de J.K.?- se extrañó Mariel.

-No se de que te extrañas- le contestó Snape indicándole con la mano que pasara a la cocina- la mente humana es muy complicada e inaccesible como para que cualquier bichejo pueda leer tu mente y descubrir tus miedos.

-Aah...- bigi tan solo asintió con la cabeza- Entonces ¿De dónde ha salido ese fantasma? Yo no estoy nada tranquila cariño, casi te mata.

-No era un fantasma- dijo Severus con un tono de Misterio- a mi parecer era algo peor...

-¡¡"CLAAAACKSS"!!- de repente un vaso explotó.

-¡¡Aaaah!!- bigi se asustó y miró a todos lados por si atacaba de nuevo el fantasma.

Severus prosiguió hablando con tono firme y bien alto- Me temo que hay una criatura diabólica en la casa- otro vaso comenzó a tintinear- y si vuelve a estallar un vaso, será lo último que haga.

-Severus... no te entiendo- dijo la Mujer con resignación.

-Ya lo entenderás.

-Ya basta... ya basta... dejaros de cháchara- los interrumpió Dumbledore que ya lo había entendido todo- este anciano tiene hambre y ya va siendo hora de hacer la comida, fijaros en la hora que es.

-Está bien, comamos, después desharemos las maletas y te enseñaré la casa- dijo Snape dirigiéndose a Mariel- y más te vale no alejarte mucho de mí, temo que los... "ataques"... puedan seguir.

La Elfina les había dejado la despensa llena, así que con cuatro hechizos y la colaboración de bigi pronto comenzaron a comer.

-Esta comida mágica ha estado deliciosa- felicitó Mariel a los cocineros- buena de verdad.

-¿Queréis café?- preguntó Albus alegremente.

Pero antes de que pudieran contestar se escucharon unos ruidos en el salón, parecían llamas dentro de la chimenea y uno de los cuadros habló:

-"La Señora Minerva McGonagall desea entrar a la casa, ¿Acepta usted la visita?"


CONTINUACIÓN...10.5

-Sí- contestó escuetamente Snape- la acepto.

Acto seguido las llamas disminuyeron y entró McGonagall a la casa quitándose la túnica de viaje.

-Buenas tardes- saludó la Profesora- Hola Albus- la Mujer tenía el rostro serio, pero se quedó mirando a bigi con curiosidad.

-Buenas tardes querida esposa- contestó Albus con resentimiento- ¿A qué se debe tu visita?

-He leído la prensa- contestó ella fijando la vista en Snape- y no sabía si lo que se decía era cierto- ahora posó su vista en Mariel- o era otra de tus tretas- añadió mirando a Albus- así que, en cuanto supe que habías regresado de Argentina, vine aquí de inmediato.

-¿Y cómo sabías que nos fuimos a Argentina?- preguntó el Director con extrañeza- aún no he descubierto tu secreto, no se cómo puedes saberlo todo.

-Soy bruja Albus- dictaminó Minerva agitando un dedo- no lo olvides... Entonces, ¿qué hay de cierto en todos esos rumores?- preguntó dirigiéndose a Mariel.

-Minerva- intervino Snape- los rumores no son del todo ciertos- caminó hacia bigi y para la sorpresa de la Profesora la tomó de la mano- nadie... a excepción de Albus... ha hablado de Matrimonio pero sí es cierto que Mariel es mi pareja formal. Por cierto, permitir que os presente, Mariel ella es Minerva McGonagall, nuestra brillante Profesora de Transformaciones.

-Es un placer- dijo Mariel con nerviosismo- tenía tantas, pero tantas ganas de conocerla.

-¡Severus!- exclamó Minerva juntando las manos- ¡Qué alegría! ¡qué alegría!- sus ojos se llenaron de lágrimas- Es la mejor noticia que he recibido en largos años- no pudo evitar darle un fuerte achuchón a Snape, a fin de cuentas lo consideraba como a un hijo.

-Vamos Minerva, vamos- la alentó Snape más tieso que un palo, eso de ir abrazando a la gente no era lo suyo, con abrazar a bigi ya le sobraba.

-¡Hija mía!- volvió a exclamar la Profesora soltando a Snape y abrazándose a Mariel que aunque no sabía que hacer no dejó de sonreír.

-Profesora McGonagall espero que lleguemos a ser muy buenas amigas- dijo bigi correspondiendo el abrazo- tengo tantas preguntas que hacerle...

-Minerva, Minerva- dijo la Profesora mirándola a la cara- llámame Minerva y no se te ocurra hablarme de usted- bigi sonrió- Yo también tengo muchas preguntas que hacerte... ¿Cómo os conocisteis? ¿Dónde os visteis por primera vez? ¿Cuándo se te declaró? ¿Qué hace vuestro romance anunciado en la prensa extranjera?

Mariel se sintió abrumada con tanta pregunta pero esto, prometía una larga conversación.

-Querida esposa- la interrumpió Albus todavía resentido- y después de que me echaras de casa... y después de tanto tiempo sin vernos... ¿No tienes nada que decirme?

-Albus haz café- le dijo McGonagall sin prestarle mucha atención- Mariel y yo tenemos que hablar de muchas cosas.

-Pero... pero...- Albus balbuceó viendo como su esposa se sentaba en un sillón junto a bigi.

-"Sev" cariño, sácanos las pastitas que trajimos de Argentina- le pidió Mariel sin ni siquiera mirarlo, estaba muy emocionada por tener delante a tan fabulosa Mujer y solo tenía ganas de hablar con ella largo y tendido.

-Eh... eh... Sí... claro- algo sorprendido, el Profesor de pociones fue a la cocina seguido del Director, cumplieron con las órdenes que habían recibido de sus respectivas Mujeres y regresaron al salón- Aquí tenéis- Snape puso dos platos de loza blanca sobre la mesa con las pastitas.

-Y aquí está el café- añadió Albus al que le seguían flotando cuatro tazas azules con el borde dorado con sus respectivos platitos.

-Gracias Albus- dijo Minerva cogiendo una pastita- y ahora iros.

-¡¿Cómo?!- Dumbledore estaba a punto de sentarse y dio un respingo quedándose de pie.

-Las Mujeres vamos a hablar, así que los hombres sobran- contestó Minerva mirando a su marido con severidad- iros a la cocina y no molestéis.

Snape no dijo nada y miró a Mariel en busca de su apoyo, pero Mariel parecía estar conforme y siguió sin mirarlo, estaba concentrada sirviendo el café.

-Está bien... está bien...- dijo Albus con resignación y los dos hombres salieron del salón dejándolas solas.

-No me puedo creer- se quejó Dumbledore comenzando a limpiar lo que habían ensuciado durante la comida- que mi esposa, después de dos semanas sin verme, me tire del salón, primero me tira de casa y ahora me tira de tu salón.

-Y yo no puedo creer- continuó Snape poniendo cara de mortífago- que estando en mi casa no pueda estar ni un minuto a solas con Mariel ¡Es mi Mujer! ¡Quiero intimidad!

-Pues yo no quiero estar a solas con la mía, pero me debe una disculpa- dijo el anciano pasándole a Snape uno a uno los platos para que los guardara.

-¡Ese es tu problema! El mío es que tengo la puerta de la casa abarrotada de periodistas locas, un anciano chalado en la cocina y a su esposa en MÍ salón con MÍ Mujer... y por si fuera poco tengo a una elfa desquiciada que se ha pensado que esto es la casa del terror.

-Ojalá que Auri entre ahí ahora y les de un buen sustazo- dijo Albus sonriendo mientras se imaginaba la escena.

-Lo dudo mucho- se lamentó el Profesor secando los vasos- estando Minerva delante... Auri no se atreverá a mover ni un dedo.

-Ahí te doy la razón- otorgó el anciano- mi esposa da más miedo que una noche de tormenta.

Ambos se rieron sin dejar de limpiar.

-¿Y te has fijado en cómo Minerva me miraba la barba?- preguntó el anciano.

-Sí... te ha crecido bastante en dos semanas- dijo Snape alzando una ceja- no me extrañaría que te trasquile antes de que os vayáis de mi casa.

-¡Eso no lo digas ni en broma!- protestó el Director- si es preciso me encierro en la cocina y no salgo de aquí nunca más... igual me da perder mi puesto de Director en Hogwarts, pero volver a perder la barba ¡NUNCA!

-Señor Director, no se cómo decirle que quiero intimidad, ni se le ocurra volver a amenazar con encerrarse en mi cocina.

-Es que no entiendes que a mí la que me intimida es Minerva- se excusó Dumbledore haciendo reír a Snape- Sí, sí... tú ríete, pero esas dos cotorras ya llevan una hora hablando y seguro que están tramando contra nosotros.

-Tonterías Albus- dictaminó Snape aunque no muy seguro.

-Vamos, vamos muchacho...- Dumbledore se quitó el delantal y salió de la cocina- quiero saber de que están hablando esas dos.


CONTINUACIÓN...10.6

-¿Quieres decir que se te declaró esta mañana?- Minerva hablaba eufórica, parecía una adolescente y no dejaba de agitarse, dando saltitos en el sillón.

-Esta misma mañana Minerva- afirmó Mariel dándole un sorbo a su taza- y después...

-¡¿Después qué?!- preguntó la Profesora tapándose la boca.

Mariel se sonrojó- Después le besé.

-¡Aaaay!- exclamó McGonagall aplaudiendo- ¿Y qué hizo él?

-No me lo puedo creer- protestó Snape agazapado detrás de la puerta- le está contando nuestras intimidades.

-¿Él?... Nada... no hizo nada- contestó Mariel dejando la taza sobre la mesa- "Al" nos interrumpió, se puso a gritar ¡Urra! detrás de la puerta.

-Yo tampoco me lo puedo creer- rezongó el anciano apartando la oreja de la puerta- le está dando motivos a Minerva para que no me deje volver a casa.

-¡Este hombre!- exclamó Minerva frunciendo el ceño- siempre es igual de inoportuno, se va a enterar cuando lo pille a solas.

-¡¿Lo ves muchacho?! ¡¿Lo ves?!- se quejó Dumbledore- No me gusta que tu Mujer y la mía se lleven bien... ¡No me gusta! ¡No me gusta nada!

-No creo que lo hiciera con mala intención- explicó bigi- pero "Sev" estaba a punto de besarme cuando tu marido gritó... qué lástima.

-¡Y sigue metiendo cizaña!- exclamó el anciano dando una patada al suelo.

-Pero tiene razón ¡Nos interrumpiste!- lo acusó Snape- Minerva sabe bien lo que se dice... eres un viejo inoportuno.

-¡¿YO?! Viejo inoportuno ¡¿YO?!

-En eso estoy de acuerdo- Minerva se inclinó para coger otra pastita- no lo haría con mala intención pero... es que este hombre no tiene modales, parece un niño... desde luego... mi marido no es más que un viejo majadero.

-¡¿YO?! Viejo majadero ¡¿YO?!

-Sí tú, y cállate ya- pidió Snape crispado- te van a oír y se van a dar cuenta de que las estamos espiando.

-Así que...- prosiguió hablando Minerva- habéis tenido a mi marido apegado como una lapa durante dos semanas... Deduzco que no habéis estado solos aún ¿Verdad?- preguntó haciendo un gesto pícaro.

-Pues no... no... no hemos tenido tiempo de... de eso...- contestó Mariel- quizá esta noche...

Severus cerró los ojos y se sonrojó pensando en "esta noche".

-¿Esta noche qué muchacho?- preguntó Albus inocentemente- No he oído bien.

-¡Nada Albus! Nada...

-¿Cómo qué nada? ¿Qué vais a hacer esta noche, eh pillín?- Dumbledore había puesto una de esas caras de tonto, y le dio con el codo mientras le preguntaba.

-¡Ay sí!- dijo Minerva aplaudiendo otra vez- esta noche todo ha de ser perfecto, me llevaré de aquí a Albus antes de la cena, para que podáis ir entrando en calor... Entre tú y yo- añadió muy sonriente y algo colorada- no le conozco ningún noviazgo a Severus pero... solo con verlo se sabe que debe ser un primor en la cama.

Las dos Mujeres echaron a reír, mientras que Snape hundía el cuello dentro de su casaca.

-Sí es verdad que está en buena forma- dijo muy divertida bigi- una noche lo vi en calzoncillos ¡Casi me da un ataque!

-Je, je, je, muchacho, eso fue cuando Auri la atacó haciéndose pasar por un perro- dijo Albus riendo- ¿Te acuerdas?

-También recuerdo que tuve que dormir todas las noches en calzoncillos porque cierto viejo verde sacó de mi baúl, apropósito y con alevosía, mi camisón- contestó Snape con tono agrio y cara de mortífago.

-Si vieras a mi marido en calzoncillos sí que te daba un ataque- dijo Minerva carcajeándose- ¡Qué lástima da el pobre sin ropa!

Ahora el que reía era Snape- ¿Has oído eso? Ja, ja, ja...

-No he oído nada- dijo Albus de mala gana.

-Solo espero que no haya ningún contratiempo- añadió Mariel algo más seria- en esta casa ocurren cosas muy raras...

-Es normal que encuentres extrañezas en el hogar de un mago- explico la Profesora- hay cosas que funcionan diferente... y no pienses en contratiempos ¿Qué puede pasar? ¿Qué Severus se rompa una pierna?

Algo... escondido en la oscuridad... no iba a dejar que nada ocurriera esa noche, y eso de romperle una pierna al Señorito... era drástico, pero sonaba eficaz.

En el piso de arriba se escucharon fuertes ruidos, como si arrastraran muebles.

-¡¿Qué ha sido eso?!- preguntó Mariel alarmada.

-Imagínatelo- dijo Minerva con despreocupación- estos hombres deben de estar jugando con los muebles... cosas suyas...

-Sí claro- bigi sonrió- los hombres a veces pueden resultar muy infantiles.

Pero los hombres sabían que no habían sido ellos.

-¿Quién hay arriba?- preguntó Albus sacando su varita.

-Pues si no me equivoco, debe ser Auri- dijo Snape mirando hacia las escaleras- desde que hemos llegado no se ha dejado ver, algo debe estar urdiendo.

-¿Echamos un vistazo?

-No es necesario- dijo Snape volviendo a agazaparse tras la puerta- Ya aparecerá cuando le de la gana.

Los ruidos volvieron a repetirse una y otra vez, como si atravesaran toda la planta superior.

-Estos hombres... estos hombres...- musitó Minerva sin perder el hilo de la conversación.

¡¡"RRRRRRAAARRRRRRRRRAAAAASSSRRRRRRRRR"!!

-¡ALBUS! Deja de montar ese escándalo- gritó Minerva enfadándose y mirando al techo- estos hombres...

¡¡"RRRRRRASRRRRRAAAAAASSSSRRRRRRRR"!!

-¡¿Pero qué?!- Snape se giró rápidamente, y ahí estaba la raíz del ruido, en lo alto de la escalera, tambaleándose en el último escalón, había un armario de roble enorme.

¡¡"CATAPUUUUUUUUUUUUUUUM"!!

El mueble cayó escaleras a bajo, rasgando las paredes y haciendo un ruido muy fuerte.

-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAY!!- los dos hombres gritaron, el golpe era inminente.

-¡Severus! ¡¿A qué estáis jugando?!- preguntó Mariel gritando sin levantarse de su asiento.

-¡¡CORREEEE!! ¡¡CORREEEE!!- gritó Albus pero no les dio tiempo.

Cuando ya lo tenían encima saltaron tratando de esquivarlo pero no fueron muy lejos... Cayeron sobre él que, al redolar por las escaleras, estaba boca arriba con las puertas abiertas.

-¡¡PARA ESTO!! ¡¡PARA ESTO!!- pidió Albus cerrando la puerta y quedaron los dos encogidos en el interior.

-¡¡POR UN DEMONIO!! ¡¡POR UN DEMONIOOOOOOOOO!!

¡¡"PPOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM"!!

El trompazo fue directo... directo contra la puerta del salón.

-¡¡AAAAAAAAAAAAAH!!- las Mujeres gritaron asustadas, Mariel se apartó lo más que pudo apoyándose contra la pared mientras que, Minerva, sacó la varita en un acto reflejo.

La puerta se vino a bajo, y el armario se deslizó pasando por delante de la chimenea hasta golpearse contra la librería del fondo dónde quedó detenido.

-¡¡MERLÍN BENDITO!!- exclamó Minerva viendo como los libros caían sobre el armario.

-Voy a buscar a Severus- dijo Mariel hiendo hacia la demolida puerta- Que me explique por qué nos ha tirado un armario ¡¡Severus!! ¡¡Severus!! ¡¡Dónde estás?! ¡Ven aquí ahora mismo!

-Aquíiiiii... aquíiiiii...- se escuchó un leve sonido, como un lamento.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó bigi.

-Parece que viene del armario- Minerva empuñó su varita más alto.

-Aquiiiiii... iiiii... aquíiiiii...

-¿Severus?- preguntó Mariel susurrante.

-Apártate- le pidió Minerva, y haciendo brillar a su varita las puertas del armario se abrieron dejando ver su interior.

-¡Severus! ¡Severus!- bigi fue rauda a sacarlo de allí- ¿Pero qué habéis hecho? Esto no será una costumbre mágica... ¿Verdad?

Snape salió muy mareado de allí, pero no se había roto nada, con la ayuda de Mariel fue dando tumbos hasta el sofá y se tumbó.

-¡Albus! ¡¿Qué gamberrada es esta?!- gritó Minerva tirándole de la túnica para levantarlo.

-Ay... mi espalda... mi espalda...- se lamentó el anciano- aaaaay...

-Mira Albus, parece que Poppy solo vive para sanarte a ti la espalda- protestó McGonagall lloriqueando- ¡Vayámonos! ¡Vayámonos! Ya me explicarás qué es lo que has hecho.