Hola a todos!!! La espera fue larga y admito que por pura flojera mía. Pero, nuevamente, les traigo un capítulo. Es bastante más largo que el otro y, aunque no muy revelador, si contiene más acción y una fasceta más malvada de Harry. Muchíiiisimas gracias por sus rewiers, ahh, y a los que leen mi otro fic, el prisionero de azkaban, les informo que esa historia está en mi prox. actualización.

Espero que les guste este capi. Y recuerden que Harry Potter no me pertenece. Esta es solo es una historia para entretener y entretenerme ^^


10

Confrontaciones.

Una ligera ráfaga de aire helado sacudió los negros cabellos de Aldana, quien observaba a su alrededor con un brillo de curiosidad en los ojos, aunque inquieta. Nunca había estado en un territorio puramente de magos y no estaba segura de cómo actuar si se encontraba con alguno.

Entonces, de forma repentina, percibió aquella presencia inconfundible.

-¿Harry?- susurró, abriendo mucho los ojos y volteando la cabeza.

Dos esbeltas figuras emergieron desde las sombras que taponaban la callejuela de su derecha.

-Aldana...- dijo él, posando sus verdes ojos sobre los suyos- ¿qué haces aquí?

Harry le observaba incrédulo. El otro con curiosidad. Aldana miró al castaño brevemente hasta que Harry rompió el silencio otra vez:

-Aldana.

Ella caminó hacia él.

-Estaba preocupada por ti.

-¿Y te arriesgas a venir hasta aquí por mi?- replicó Harry perplejo, dando un paso hacia ella- ¿estás mal de la cabeza?

-No. Y porque te conozco he venido. Porque Ryan Butler vive en ese colegio y sé que harías una tontería si tú y él se encuentran a solas

Harry bufó.

-Ryan Butler.... claro. Pero déjame aclararte que ese maldito humano no tiene ninguna oportunidad contra mí.

-¡Intentó matarte cuando eras un niño!

Harry entrecerró los ojos, ciertamente irritado.

-Ya no soy un niño, Aldana. Y tú tampoco. Deberías volver a Gelrion.

-Esperen...- intervino Ian. Los otros dos le miraron como si recién se hubieran percatado de su presencia-... ¿de que va todo esto? No es que me guste meterme en sus problemas ni nada, pero tengo curiosidad.

Aldana se quedó perpleja. Harry inspiró hondo.

-Ian, largo. Esto no es asunto tuyo.

-Ya. Y ahora voy a irme tranquilamente mientras ustedes dos charlan en medio de una calle transitada por magos.

-A ti te gusta irritarme ¿verdad?

-Bueno...

-¿Tú eres…?- interrumpió Aldana. Ian sonrió.

-Así es.

-Pero...

-Del clan Sheldrak- aclaró Ian asintiendo- un placer.

Aldana miró a Harry de reojo.

-Se ha unido a mí- dijo este con calma.

-Sé que puedo sonar grosero, pero me permitiré decir que es usted una joya muy hermosa- soltó Ian haciendo una extraña reverencia.

Aldana vaciló antes de sonreír.

-Muchas gracias.

Harry y él se miraron.

-¿Es tu hermana?- le preguntó Ian.

-No.

-Ah...

-Es mi prometida- aclaró Harry, estoico.

El castaño parpadeó tres veces antes de asentir con una sonrisa:

-Vaya. Es lo que pensé.

Ian había impregnado en su tono una dosis tan ligera de sarcasmo que solo Harry se dio cuenta.

-¿Por qué no te vas a vigilar a Anabelle Barfield? Quiero hablar a solas con Aldana.

Ian se aguantó la risa.

-Como digas, príncipe. Nos vemos después.

Entornando los ojos Ian desapareció con un movimiento de capa. Harry miró a Aldana.

-Un poco extraño tu amigo- comentó ella sonriendo- pero parece simpático.

-No es mi amigo- repuso Harry- solo una herramienta útil para ganar esta batalla.

Aldana lo miró perpleja.

-¿Qué es lo que ocurre, Harry? Nunca te he visto tan...

-¿Tan qué?

-Agresivo- sentenció Aldana con cierta dureza.

-Y me pondré mucho más agresivo si no te vas de Inglaterra ahora.

Aldana suspiró.

-Ya basta, que a mí no me engañas ¿O acaso quieres que todo el mundo te odie, Harry?

Él la miró fijamente, paralizado.

¿Y acaso quieres que llegue a odiarte yo también?

El recuerdo repentino de Ginny hizo que su alma se encogiera. Harry desvió la mirada.

-Harry- murmuró Alexandra, abrazándolo de pronto. Él no hizo nada para deshacerse del abrazo- Harry... no importa lo que pase. Yo siempre estaré junto a ti. No quiero perderte. Te amo.

-¿Por qué?- murmuró Harry- ¿Por qué me amas?

Aldana suspiró.

-¿Te digo una cosa, Harry?

-Dilo.

-Nunca más cuestiones el amor de una persona.

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Ann contempló fijamente la lluvia que se precipitaba al otro lado de la ventana antes de mirar la cama vacía de Ginny, quien nuevamente había salido a dar caminatas nocturnas por el castillo sin decir palabra a nadie.

-Otra vez- murmuró Ann, suspirando.

Ann no necesitaba que Ginny confesara para saber que algo malo entre ella y Harry había pasado. El recuerdo de aquella caótica fiesta de máscaras en el Gran Comedor aun les punzaba a todos. Y en especial a su amiga, quien parecía muerta en vida.

Ann volvió a soltar un suspiro irritado. Ya estaba harta de tantos misterios y acertijos sin salida. Necesitaba respuestas. Necesitaba que Ginny volviera a ser la misma muchacha pícara de antes y que sus padres les contaran a ella y a Dárek de una vez por todas lo que tanto ocultaban. Nunca les había visto tan ansiosos y serios.

Era de lo más desesperante.

-Van a hacer que me vuelva loca- masculló la morena levantándose de la cama para ir a las cocinas.

De pronto le apetecían unos cremosos pastelitos de vainilla acompañados por una taza de chocolate caliente y espumoso.

Ann, como todos los Potter que habían pasado por Hogwarts, se conocía el castillo al revés y al derecho. No existía atajo o entrada oculta que ella no hubiera recorrido ya, y esa era la razón por la que nunca le habían pillado merodeando a altas horas de la noche por los pasillos, algo que hacía a menudo solo para sentir que estaba rompiendo las reglas.

La muchacha salió por el orificio del retrato mientras se aseguraba de que la capa invisible de su padre la ocultara bien y se dirigió a las escaleras semicirculares que conducían hasta los pasillos subterráneos, donde estaba el cuadro que permitía ingresar en la cocina. Sin embargo no llevaba más de diez minutos caminando cuando se vio obligada a detenerse.

Ann contuvo la respiración.

Ryan Butler avanzaba por el pasillo manteniendo en alto el lumos de su varita. Su guapo rostro parecía concentrado, como si planeara algo. Ann se pegó a la pared mientras le observaba pasar de largo frente a ella. Entonces alcanzó a oír como su profesor murmuraba:

-…él es quien lo manda... ese maldito Lorkan. Si lo hubiera matado antes…

Ryan siguió caminando hasta que la luz de su varita fue engullida las sombras y Ann le perdió de vista. La chica frunció un poco el ceño.

¿A quien quería matar Butler? ¿A Harry?

¿O había mencionado otro nombre?

Ann descendió las escaleras para dirigirse a las cocinas sin dejar de pensar en Harry. De pronto le había entrado una inquietud que nada tenía que ver con el miedo, sino más bien como... como un sentimiento de añoranza que no comprendía. Y lo peor es que se relacionaba con Harry. Ann sacudió la cabeza. ¿Acaso se sentía preocupada por la seguridad de ese malvado bebedor de sangre? ¿Pero que diablos...?

-Ese idiota se merece lo que le pase- murmuró Ann con más convicción de la que sentía- no es asunto mío. Si terminan matándolo se lo tendrá bien mereci...

-¿Ann? ¿Eres tú, Ann?.... Se te ve el pie.

La morena dio un respingo bajo la capa, sintiendo que su corazón aceleraba los latidos de manera abrupta. No se había percatado de que Ginny acababa de aparecer en el mismo pasillo.

-Casi me matas del susto- le reprochó a su amiga pelirroja sacándose la capa- ¿y donde andabas tú?

Ginny se encogió de hombros. Lucía pálida y descompuesta

-Oye...- dijo Ann, mirándola preocupada- tú no estás bien. Tendrías que ir donde madame Pomfrey.

Ginny endureció el semblante.

-Olvídalo. Yo...

-Espera- le cortó Ann de pronto, ladeando el cuello- ¿escuchas eso?

-Las voces provienen de allí- musitó Ginny mientras se acercaba a la puerta de una antigua aula que ya nadie utilizaba. Ann le pasó una parte de la capa invisible por la cabeza.

Ginny esbozó una pequeña sonrisa.

-Gracias.

Entonces ambas pegaron sus oídos a la puerta para oír mejor.

-Tal vez solo estás confundiéndote a ti mismo, James.

-¡Te digo que es cierto!, no puedo estar equivocado. Y Lily piensa igual que yo.

-Pero...

-Tú no puedes comprender lo duro que ha sido esto para nosotros. No te imaginas cuanto hemos sufrido.

Hubo una pausa antes de que la suave voz de Remus Lupin rompiera el tenso silencio:

-Debes empezar a tomarte esto con más calma, James. ¿No has pensado en la posibilidad de que solo sea un parecido?

-No. Es él. Sé que es él.

-Resulta difícil de creer....

-Si lo vieras... si tan solo lo vieras de cerca.

Remus suspiró tristemente.

-¿Entonces que piensas hacer?

-Recuperarlo... ¡Yo tengo que recuperar a mi hijo como sea! ¡Como sea!

Ann sintió que su respiración se aceleraba. Ginny mantenía el rostro pétreo.

-Y ahora que le he encontrado no pienso echarme atrás- continuó James Potter en tono resolutivo- con tu ayuda o sin tu ayuda yo lo recuperaré.

-James...- murmuró Lupin-... ¡James!

Ginny tiró de Ann justo un segundo antes de que la puerta del aula se abriera y James Potter saliera de ella. Remus le siguió poco después. Su expresión era de tristeza y conmoción.

-Ten cuidado James.

-¿Vas a ayudarme entonces?- le preguntó el otro deteniéndose para mirarle.

Remus suspiró, asintiendo.

-Si. Sabes que si.

James sonrió con cansancio.

-Sabía que podía contar contigo, lunático.

-¿Le has contado todo esto a Sirius?

-No todavía, pero pienso hacerlo en cuanto le vea. Que pases una buena noche Remus.

-Tú también.

Remus se quedó viendo como James desaparecía escaleras arriba. Ginny y Ann contuvieron la respiración.

-¿Podría ser…?- murmuró el profesor de defensa antes de marcharse por el lado contrario del pasillo.

Cuando ambas estuvieron plenamente seguras de que este se había ido se sacaron la capa invisible. Ann estaba conmocionada y pálida.

-No puedo creerlo.

Ginny no se atrevió a mirarla.

"Ella no sabe la otra parte" pensó, nerviosa" no sabe que es Harry quien..."

-Gin- la voz de Ann la sacó de sus divagaciones- ¿te das cuenta de que tengo otro hermano y mis padres nunca me lo dijeron?

-Quizá tuvieron sus motivos.

-¿Motivos? ¡No puede haber motivos para ocultar algo como eso!

-Ya oíste lo que decían, Ann. A lo mejor tu padre pensaba que ese niño estaba muerto.

-¿Y por qué no me lo dijeron?

-Bueno...

-¡Voy a hablar con ellos ahora mismo!

-No puedes hacer eso- le previno Ginny muy seriamente- esto es un tema delicado ¿no te das cuenta?

-De lo único que me doy cuenta es que todos son unos terribles mentirosos. Incluida tú.

Ginny y Ann se miraron a los ojos.

-¿De que estás hablando?

-De nada- masculló Ann.

-Escucha- dijo Ginny intentando serenarse- no quiero... no quiero hablar ahora de eso ¿esta bien?

-Lo entiendo. Y perdona por ser tan brusca, pero es que... no puedo creer...- Ann se pasó la mano por el rostro lentamente-... debo contarle esto a Dárek.

-No creo que sea buena idea.

-No soy alguien a quien le gusten las mentiras y los secretos, Gin. Y Dárek merece saber que tiene un hermano.

Ginny miró hacia otro lado, sintiéndose culpable. Sin embargo no podía decirle lo que había escuchado decir a los padres de ella la otra noche.

-Tu padre está muy angustiado- dijo Ginny, dubitativa.

-Pero tengo que saber toda la historia y ahora mismo voy a preguntarles. No pienso quedarme callada.

-Piénsalo un poco.

-¿Que harías en mi lugar?

Ginny la miró a los ojos, pero no supo que responder.

"No podría hacer nada. Absolutamente nada... sabiendo lo que sé" pensó la pelirroja con la garganta obstruida.

-Gin... estás llorando.

-N-no- murmuró Ginny volteándose- ignora eso.

Ann sonrió levemente.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ¿sabes?

-Sí. Lo sé, y...- Ginny suspiró- gracias por ser mi amiga.

-La amistad es no dar jamás las gracias- murmuró Ann acercándose a ella y estrechándola en un abrazo. Ginny sintió entonces que todo el dolor acumulado se iba resistiendo a sus barreras. Entonces los recuerdos de Harry llenaron su mente, indolentes, y todo lo que había ocurrido desde que le había conocido le pareció un sueño irreal y cruel del que había despertado con demasiada prisa. Un sueño imposible en todos los sentidos.

-Él y yo somos muy diferente, Ann- sollozó Ginny en el hombro de su amiga-... fue un error pensar...

-No lo digas- repuso Ann con suavidad- nunca digas que fue un error. Simplemente... simplemente llora. Solo llora.

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Ian contempló fijamente a la humana dormida en la cama. Anabelle Barfield se veía angelical cuando dormía, lo cual le parecía bastante irónico y molesto, porque a Ian le encantaban las féminas angelicales. Siempre tenían mejor sabor.

-No mires su garganta- murmuró, acercándose a ella- no mires la garganta... no la mires... ah, maldita sea.

Ian pasó la yema de sus blancos y estilizados dedos por la garganta de Anabelle con sutil delicadeza, como quien admira en silencio una escultura perfecta. La chica se movió un poco, pero sin despertarse. El cabello rubio se desplegaba en la cubierta de la cama como un abanico.

"¡Muérdela!" gritó de pronto una voz en la cabeza de Ian. El vampiro inspiró hondo, replicándole a la voz:

"No"

"Vamos, no seas estúpido. Solo observa bien a este manjar ¿vas a dejar pasar así como así una delicia como esta?"

Ian tragó saliva.

"Puedo conseguir en otra parte" repuso mentalmente.

"¿Y para qué, si la tienes frente a ti?"

"Le he prometido a Harry no le haría nada, así que cállate, maldita sea"

Para sorpresa del castaño la voz rió.

Era totalmente ilógico.

"No podrás callarme porque soy lo que quieres oír"

"Maldición... ¡cállate!"

"¡Solo bebe su sangre de una puta vez!"

-¡No!- gritó Ian, sin embargo acercó su rostro hacia el cuello de Anabelle.

¿Por qué tenía que oler tan bien?

-No te acerques.

La voz de la rubia dejó estupefacto a Ian, quien se apresuró a alejarse de ella. Anabelle le miraba desde la cama con puro desprecio.

-Te prohíbo que estés a menos de un metro de mí- añadió ella apretando las mandíbulas.

Ian sonrió.

-Como digas.

-¡Deja de burlarte!

-No me estoy burlando, estúpida humana.

-¡¿Estúpida?! ¿A quien llamas estúpida....?

-Oye, por lo menos debieras agradecer que no te he hecho nada- refunfuñó Ian cruzándose de brazos- te habría matado de mil formas si lo hubiera querido y entonces yo no tendría que estar escuchando tu molesta voz.

Esta vez fue Anabelle quien sonrió.

-Venga, hazlo. Pero tú y tu amigo van a fracasar muy pronto, te lo juro.

-A tu raza les gusta pensar que están por sobre nosotros ¿verdad? Pues te equivocas- Ian se acercó a Anabelle con los ojos chispeantes- son los magos quienes van a fracasar ¿y sabes cómo?- la boca de Ian se acercó al oído de Anabelle, quien tuvo un ligero escalofrío-... matándose entre ellos.

Anabelle sintió que su respiración se congelaba. Ian se alejó de ella y una sonrisa apareció en su rostro pálido. Una sonrisa que contrastaba con su actitud anterior.

-Estás loco- murmuró la chica.

-Gracias.

-¡No fue un cumplido!

Ian rió y Anabelle comenzó a enfadarse otra vez. Se levantó de la cama para ir hacia la puerta e Ian no hizo nada para impedírselo, pero cuando intentó salir una barrera invisible la empujó hacia atrás. Anabelle cayó en el suelo.

-Inténtalo cuantas veces quieras- le dijo Ian- a la larga hasta puede parecerte divertido.

-¡Cállate de una vez, maldito demonio!

-Iré a buscarte algo para comer. Debes tener hambre.

-No pienso comer nada que tú me des.

Ian sacudió la cabeza sin dejar de sonreír y salió de la habitación dejando a Anabelle Barfield refunfuñada. Desde el rellano de la escalera, para su sorpresa, se encontró a Harry y a Aldana enfrascados en una amena conversación. Ian titubeó, preguntándose si les molestaba, pero al final optó por descender los escalones. Los otros dos lo miraron al unísono.

-No sabía que estaban aquí- dijo Ian.

-¿Como está nuestra prisionera?- quiso saber Harry.

-Bueno, ella....

-¿Prisionera?- repitió Aldana perpleja, mirando a Harry.

-Es la hija de un ministro mago, la hemos raptado. Nos es muy útil.

-E insufrible- añadió Ian por lo bajo mientras caminaba hacia la puerta.

-¿A donde vas?- le preguntó Harry.

-Bueno, príncipe, pues la insufrible prisionera necesita comer.

Harry sonrió.

-Si, tienes razón. Lo había olvidado.

Ian le miró de reojo, sorprendido al ver que su amigo estaba mucho más tratable que antes.

-Vuelvo en un rato.

Ian fue hacia la puerta, pero un segundo después se detuvo de golpe.

-Hay un mago aquí afuera- dijo el castaño sin alzar la voz. Harry se levantó, frunciendo el ceño.

-Ya me di cuenta.

-Se acerca- murmuró Ian, retrocediendo y poniéndose tenso. De pronto la puerta explotó en mil pedazos y ambos, instintivamente, se colocaron frente a Aldana. Los trozos de madera dejaron escapar ligeras capas de polvo y Harry distinguió la silueta de un hombre alto y delgado, vestido con una capa negra. Una capucha le cubría la mitad del rostro, pero los tres vieron como sonreía.

-¿Quien eres tú?- siseó Harry mostrando los colmillos.

-Alguien que desde hace mucho tiempo tenía ganas de conocerte- respondió aquel individuo sin dejar de sonreír. Harry vio que sostenía una varita negra entre sus largos y huesudos dedos- sin embargo no eras fácil de encontrar.

-Oye, colega- intervino Ian dando un paso hacia adelante- no sé quien rayos eres, pero estás muerto, te lo juro.

Aldana murmuró de pronto.

-¿Tú eres... Voldemort?

Harry e Ian la miraron sorprendidos. El otro dijo complacido:

-Así es.

Lord Voldemort se quitó la capucha, revelando un rostro blanco como la tiza y con forma de serpiente. Sus ojos rojos brillaban maléficos bajo la luz nocturna y Harry no pudo evitar que un sentimiento de inquietud se apoderara de él.

-Afortunadamente uno de los espías que tengo infiltrado en Hogwarts pudo seguirte la pista y averiguar donde te escondías, Harry- dijo Voldemort con serenidad- ese tonto de Dumbledore me facilitó bastante las cosas, de todos modos. Fue él quien empezó a sospechar que estabas oculto en algún lugar de Hogsmeade.

Harry miró a Voldemort fijamente y luego sonrió.

-¿Y de que te sirve encontrarme? Yo puedo eliminarte en menos de cinco minutos si me place. Eres un mago estúpido.

La expresión de Voldemort se contorsionó de ira por unos momentos, pero solo fue un instante.

-Hay algunas cosas que ignoras, Harry. Sé que eres un vampiro. Sé que tienes un considerable poder. Pero tú no sabes... lo que yo sé.

-Pues no quiero escucharlo- repuso Harry arremetiendo contra Voldemort sin ningún tipo de preámbulos. Su puño chocó contra una barrera de él, enviándolo varios metros hacia atrás. Voldemort alzó su varita y exclamó:

-¡Idextrux!

Un potente rayo salió de su varita y fue directo hacia Harry, pero el muchacho la esquivó saltando con prodigiosa velocidad y, sacando su propia varita, gritó:

-¡Delerium!

Dos lenguas de hielo se enroscaron alrededor de Voldemort y comenzaron a aprisionarlo. Harry sonrió y se colocó frente a él, quien no hizo para liberarse. El joven vampiro alzó la palma.

-Te tengo.

-No- repuso Voldemort entornando los ojos- yo te tengo a ti.

Harry no alcanzó a ver cómo una serpiente negra saltaba hacia su cuello, incrustándole los colmillos. Soltando un grito de dolor, el joven vampiro agarró la serpiente con ambas manos y la desintegró.

Sin embargo...

-Maldita sea- siseó Ian corriendo hacia Harry y apartándolo justo antes de que una maldición lanzada por Voldemort lo golpeara. El mago oscuro se liberó entonces de las lenguas de hielo que lo aprisionaban y observó a Harry con interés.

-Diablos- masculló Harry mientras palpaba con sus dedos la mordedura de serpiente- esa cosa... esa cosa me inyectó algo.

-Harry- dijo Aldana, tocando su herida- debes tener cuidado. Era un veneno paralizante.

Harry torció una sonrisa.

-Pues tendrás que usar algo más que eso para inutilizarme- le dijo a Voldemort poniéndose de pie con cierta dificultad.

De pronto oyeron pasos a sus espaldas. Ian maldijo entre dientes mientras se volteaba.

-Anabelle...

La muchacha salió de la casa de los gritos aturdida y algo asustada. Ian la agarró del brazo.

-¡Atrás!

-¡Suéltame!

"Las barreras de Harry se rompieron cuando ese desgraciado destruyó la puerta" concluyó Ian agitado "esto no marcha nada bien"

-Harry- dijo con voz grave- aquel hombre es peligroso… ¡no lo subestimes!

-Vámonos de aquí- añadió Aldana.

-No- gruñó Harry dando un paso hacia Voldemort- no pienso huir hasta que lo asesine.

-Harry- dijo Voldemort caminando hacia él- eres fuerte e inteligente, pero hay cosas que no sabes. Y yo puedo decírtelas.

-¿De que mierda me estás hablando?

-No lo escuches- le previno Aldana mientras juntaba sus manos y concentraba su energía vital. Ian la observó sorprendido.

-¿Qué vas a hacer?

-Ya verás.

Ian miró a Anabelle, quien a su vez contemplaba a Voldemort con ojos horrorizados.

-El Innombrable- murmuró.

-No temas- le dijo Ian bruscamente- no te pasará nada.

Anabelle lo miró para decir algo, pero no encontró las palabras.

-¿Qué quieres de mi?- le preguntó Harry a Voldemort sin inmutarse.

-Verás.... es algo largo y un tanto complicado. Pero si vienes conmigo, despejaré todo tu pasado... y tu futuro.

Harry sonrió y le mostró los colmillos mientras alzaba su varita

-Debes estar demente.

Voldemort hizo lo mismo.

-¡Avada kedavra!- exclamaron ambos.

Los dos rayos verdes se encontraron y una explosión les mandó lejos a ambos. Harry se golpeó contra una enorme piedra, quedando medio aturdido en el suelo mientras la roca se trizaba. Aldana, que aun concentraba su poder vital, exclamó:

-¡Levántate, Harry!

Voldemort estaba a punto de exclamar desde el suelo la maldición asesina, pero Aldana se lanzó contra él envuelta en un campo de pura energía. Voldemort gritó de dolor cuando sintió como su pecho comenzaba a arder y Harry aprovechó para atacarlo con sus puños

Sin embargo el veneno paralizante aun actuaba en su sistema y en el quinto golpe ambos cayeron con fuerza sobre la nieve. Voldemort, que jadeaba con una mano en el pecho, apuntó a Aldana con su varita:

-¡Crucio!

Harry agarró a Aldana justo a tiempo y ambos cayeron enterrados en la nieve. Voldemort sonrió mientras se levantaba listo para atacar, pero Ian se adelantó y le dio una patada en la cara.

-¡Cómete eso!

Voldemort rugió algo y dos serpientes enormes le protegieron, haciendo que Ian saltara hacia atrás. Las serpientes enseñaron sus letales colmillos y comenzaron a arrastrarse hacia ellos sin dejar de sisear.

-¡No!- gritó Anabelle horrorizada. Las serpientes se iban acercando también a ella. Voldemort la observó entonces, y con un brillo peligroso en los ojos, la apuntó con su varita.

-¿Pero que tenemos aquí?- Ian observó el gesto de Voldemort paralizado. Anabelle no se movía tampoco- ¡Avada kedavra!

-¡Maldición!- gruñó el castaño desapareciendo de golpe para reaparecer frente a una aturdida Anabelle.

Ian la rodeó con sus brazos justo cuando la maldición asesina impactaba en su espalda.

Harry rugió:

-¡Noo!

Furioso, el príncipe de los vampiros arremetió a golpes contra Voldemort usando toda su fuerza sobrehumana. Anabelle, por otra parte, intentaba asimilar lo que acababa de ocurrir. Ian estaba desplomado junto a ella, con los ojos cerrados. La muchacha respiraba agitadamente.

"¿Él... me salvó la vida?" pensó. Entonces, al mirar nuevamente a Ian, comprendió que este se había sacrificado por ella.

-No, espera... no...- Anabelle sacudió a Ian por los hombros, pero este no se movió. La muchacha se cubrió el rostro con las manos mientras temblaba- yo… lo siento... lo siento...

-No está muerto- dijo entonces una voz femenina a sus espaldas

-¿Q-quien eres?- farfulló Anabelle desconfiada cuando Aldana apareció junto a ella.

-No tienes que temerme- dijo Aldana al ver como Anabelle intentaba alejarse- no quiero hacerte daño.

A varios metros de ella los rugidos de Harry y Voldemort era lo único que rompía el silencio. Aldana lo observó tensa, contemplando como ambos se atacaban conjurando un sin fin de hechizos.

-¿Dijiste que él... estaba vivo?- murmuró Anabelle.

-El hechizo con el que los magos se matan los unos a los otros no nos destruye a nosotros- explicó Aldana mientras colocaba una mano sobre los ojos de Ian- aunque nos debilita tremendamente.

De la palma de Aldana emanó un extraño vapor violeta y Anabelle vio asombrada como Ian se movía. Aldana retiró entonces la mano y Anabelle dijo:

-Sus ojos están...

-Están rojos, si- dijo Aldana- necesita beber sangre humana urgentemente.

Anabelle tembló al ver la expresión siniestra que teñía el rostro de quien había sido su insoportable captor. El captor que le había salvado la vida.

-¿Qué pasa... que pasa si no bebe sangre humana ahora?

Aldana suspiró.

-Entonces morirá al amanecer.

Anabelle contempló a Ian, quien se retorcía jadeando, como si estuvieran asfixiándolo. Este la miró con avidez, pero no parecía reconocerla.

-Descuida- murmuró Aldana- está tan débil que no puede levantarse para atacarte.

Ian gruñó como un animal moribundo.

Apretando los ojos con fuerza, y sin poder soportarlo más, Anabelle se levantó. La muchacha comenzó a rebuscar en el suelo.

-Oye- dijo Aldana, perpleja al ver como Anabelle acercaba una piedra filosa a la palma de su mano- ¿que vas a hacer?

-Ya vas a ver.

Aldana retrocedió varios metros de un solo salto para alejarse de Anabelle, respirando aceleradamente. La rubia apretó los labios cuando por fin pudo hacerse un corte generoso y la sangre comenzó a escurrirse por sus dedos. Luego se acercó lentamente a Ian, que gemía en el suelo, y arrodillándose junto a él acercó la palma de su mano hasta sus labios.

-Ten… bebe.

Sin vacilaciones, Ian agarró a Anabelle por la muñeca con fuerza y comenzó a tragar su sangre como un niño hambriento. La chica apretó los ojos para soportar el dolor mientras Aldana les contemplaba sorprendida desde lejos, sin poder creer lo que estaba presenciando. Poco a poco los ojos y la piel de Ian fueron recuperando su color natural, pero cuando vio quien estaba dándole aquella sangre deliciosa se detuvo al instante. Anabelle agarró su mano respirando agitadamente e intentando ignorar el palpitante dolor.

Ian estaba absolutamente perplejo.

-Tú... no tenías que… hacer esto- murmuró con la voz ronca. Anabelle sonrió a medias.

-Ahora estamos a mano.

-Pero...

-Escúchame, vampiro idiota… ¡No quiero que vuelvas a salvarme la vida nunca más! ¿Has entendido?

Ian sonrió antes de tomar la mano de ella entre las suyas. Anabelle estuvo a punto de retroceder cuando él acercó su rostro al corte sangrante que tenía en la palma, sin embargo, y para su sorpresa, Ian solo se limitó a besar su herida con ternura.

-¿Qué haces?

-Nunca nadie había hecho algo así por mí- dijo él mirándola a los ojos de forma intensa- muchas gracias.

Anabelle sintió que se ruborizaba, para su horror. Quiso encontrar palabras con las que insultarlo, pero no las halló. De pronto oyeron la risa grave de Voldemort y los dos voltearon sus cabezas. Tanto él como Harry parecían cansados y tenían la ropa desgarrada.

-¿Qué pasa?- masculló Harry- ¿te has cansado de luchar contra mí?

-Admito que eres el único, aparte de Dumbledore, que está casi a mi altura- le dijo Voldemort- pero no quiero matarte. Sería una lástima. Aunque no debes olvidar… que yo sé cosas de ti que podrían interesarte.

-¡Mentiroso!

-En el fondo sabes que no estoy mintiéndote. Si quieres la verdad de tu existencia ve a mi mansión y entonces hablaremos con más calma. No te costará encontrarla, ya que eres tan inteligente- Voldemort hizo una pequeña inclinación parecida a una burla- nos veremos pronto, Harry. Estaré esperándote.

Harry exclamó:

-¡Espera!

Pero Voldemort ya había desaparecido.

Aldana agarró suavemente a Harry del brazo, murmurando:

-Debemos irnos. Los magos vienen hacia acá.

-De hecho…- dijo Ian levantándose del suelo débilmente-… ya nos han rodeado.

Efectivamente, ocho magos les rodeaban con sus varitas listas para atacar. Entre ellos Harry distinguió a James Potter y al mismísimo Dumbledore, quien miró a Harry sin alzar su varita como los otros.

Sin embargo, al único que Harry prestó atención fue a Ryan Butler.

-Hola- le saludó el muchacho con una sonrisa burlona antes de saltar de forma inesperada hacia el profesor de defensa con los colmillos listos para atacar. Tres magos intentaron apresarlo, pero Harry los empujó con una mano y estos salieron despedidos hacia atrás por una fuerza avasalladora. Acto seguido, Harry cogió a Ryan por la capa y lo estampó en el suelo.

Desde distintos ángulos oyó como le lanzaban maldiciones y hechizos, pero Ian y Aldana salieron en su defensa, bloqueando con sus poderes de evasión los hechizos dirigidos a él.

-¡Son dos más! ¡Tengan cuidado!- gritó Sirius Black alcanzando a esquivar justo a tiempo una patada de Ian. James solo observaba a Harry.

-¡James!- le gritó Sirius- ¿Qué haces?

Pero su amigo no respondió.

-Un día me juré a mi mismo que no moriría hasta ver acabada a toda tu raza- escupió Ryan con un brillo de odio mientras miraba a Harry desde el suelo- ah, príncipe Harry… dime una cosa ¿Cómo está tu padre?

-Él será quien te mate, Butler- siseó Harry con los ojos brillantes- por eso no lo hago yo.

Los labios de Ryan se curvaron en una sonrisa y Harry soltó un jadeo entrecortado, separándose bruscamente de él. Un dolor agudo perforaba su estómago, y al bajar la vista, Harry vio que el mago le había enterrado un puñal empapado con…

-Aceite de salamandra- sonrió Ryan levantándose y viendo como Harry caía al suelo dando espasmos de dolor- sé el terrible efecto que tienen en ustedes. Y ahora… ¿Qué tal si prendemos el aceite?

Harry abrió los ojos desorbitadamente, pero apretó el puño mientras se esforzaba por encontrar su varita, que había caído en algún lugar. Sin embargo Ryan estaba a una puntual distancia de él, sabiendo lo que Harry iba a hacer.

El profesor de defensa alzó la varita con una sonrisa triunfal.

-Ha llegado tu hora… príncipe Harry.

James, que había estado observándolos, abrió mucho los ojos. ¿Príncipe…?

-¡Espera, Ryan!- gritó, corriendo hacia ellos- ¡No lo mates!

Butler no lo escuchó.

-¡Phiro!

Una bola de fuego se dirigió a Harry, pero James la desvió usando un hechizo no verbal. Harry lo miró estupefacto mientras apretaba los dientes para aguantar el dolor.

-¿Qué diablos haces, Potter?- rugió Ryan. Harry aprovechó para levantarse.

-No puedes matarlo, aun es… un muchacho.

-¡Es un demonio asesino!- replicó Butler empujando a James para ir hacia Harry, pero Aldana apareció entonces y, con un movimiento de su mano, hizo que Ryan saliera volando hasta golpearse duramente contra el suelo.

-No te le acerques- amenazó ella. Sus largos cabellos se movieron ligeramente.

Harry se sacó el puñal con un gemido de dolor y le gritó a Ian:

-¡Nos vamos!

-¿Y que hacemos con Anabelle Barfield?

-¡No se irán con mi sobrina, malditos bastardos!- rugió el ministro de magia canadiense sacando su varita y lanzándole a Ian un hechizo que Harry desvió fácilmente.

-Déjala, Ian. Ya tengo lo que quería.

Entonces todos vieron como Harry se dirigía a Dumbledore.

-Dejen sus varitas- ordenó el anciano mirando al joven fijamente, luego añadió:- ¿qué es lo que quieres de nosotros, Harry?

-No uses mi nombre, repugnante mago- escupió el príncipe- sabes muy bien lo que quiero, y ya que no han hecho caso a mis advertencias tendrán que atenerse. Mi padre está preparando a un ejército de poderosos vampiros junto a los demás clanes. No han cumplido mi ultimátum y por lo tanto atacaremos sin piedad. Ah….- los verdes ojos de Harry destellaron-… y díganle a Lord Voldemort y a sus vasallos que su sangre será la primera en ser derramada.

Harry miró a Ian y a Aldana con un asentimiento de cabeza.

-Vámonos.

Anabelle miró a Ian en silencio, recibiendo una extraña sonrisa.

-Nos volveremos a ver- murmuró él con voz grave.

La rubia solo desvió la mirada mientras el castaño se elevaba en el cielo como un pájaro.

-¡Espera, Harry!

Todos miraron a James, pero este solo tenía ojos para el joven. Harry lo miró.

-¿Qué quieres, humano?

James inspiró hondo.

-Tú no naciste siendo un vampiro.

Un incómodo silencio precedió a sus palabras. Harry frunció el ceño y apretó los puños:

-¿De qué me estás hablando?

-Harry, no lo escuches- murmuró Aldana- vámonos.

-¡No!- gritó James al ver que Harry se volteaba, ignorando las varitas que lo apuntaban- ¡Ellos te han engañado! ¡Tú no eres uno de ellos!

-¡Cállate si no quieres que te liquide!
-Si lo haces te pulverizaré, niño- amenazó Sirius Black colocándose junto a James.

-¡Tienes que creerme Harry!- prosiguió James- ¿No te has preguntado acaso porque puedes hacer magia? ¿Nunca te lo has preguntado?

Harry se quedó en silencio, pero Aldana tiró de su mano.

-Solo quiere confundirte para pillarte desprevenido- le dijo ella- vámonos Harry.

Él asintió lentamente y dio la espalda a James Potter mientras sentenciaba en voz alta:

-Prepárense para la guerra, magos. Prepárense.

Y echándole una última mirada a James Harry se elevó como un murciélago junto a Aldana e Ian, desapareciendo en el cielo.


Bueno, para quienes me preguntaron si Ian y Anabelle tendrian un romance, pues aquí he dado ya las suficientes pistas (jeje). Por otra parte, un lector me ha pedido que haga a un Harry menos despiadado. ¿De verdad piensan que este Harry es muy malvado? Si tienen algo que decir sobre esto, pueden hacerlo sin ningún problema.

Otra cosa. Desde ahora responderé los rewiers a sus mails.

En fin, esto es todo por ahora. Espero que les guste... ¡Y no olviden comentar! ¡Un abrazo a todos! :)