Capitulo X

—Vamos dormilona, despierta —Edward me hablaba dulcemente mientras acariciaba mi mejilla— hay que ir al instituto.

Abrí los ojos lentamente para que se adaptaran a la claridad.

—Buenos días —le saludé.

—Buenos días, amor —me contestó con una sonrisa en su rostro.

Edward salió de la habitación para que yo pudiera cambiarme. Me puse unos vaqueros pitillo, una camiseta de manga corta, blanca, ajustada y por encima una sudadera morada. Me puse, también, mis deportivas Nike, que tenían el símbolo de color morado y bajé a desayunar.

En la cocina estaban Esme, papa y Edward. Esta me puso el plato con el desayuno en la mesa. ¡Eran tortitas con chocolate! Cuando terminé no había rastro de ellas por ningún lado.

Nos dirigíamos al instituto, Edward y yo en su Volvo, el resto en el descapotable rojo que Rosalie se había comprado.

Al llegar al aparcamiento todas las miradas se posaron en nosotros. Más bien debería decir en mi acompañante, en Edward, pues al resto ya nos conocían. Miles de susurros llegaron a nuestros oídos. Los chicos estaban disgustados por la belleza que poseía Edward, mientras que, las chicas fantaseaban con estar con él. Al oír esto último me tensé.

Edward se percató de mi estado y dio la vuelta al coche hasta llegar a mí, pasó un brazo por mi cintura y me atrajo a él hasta depositar un beso en mis labios.

Poco antes de que tocara el timbre acompañe a Edward a por su horario. Después nos dirigimos a nuestra primera clase, matemáticas.

Según caminábamos por los pasillos íbamos acaparando todas las miradas. A Edward parecía divertirle pues la sonrisa de su rostro no desaparecía mientras que a mí: no me hacía ninguna gracia. No soportaba tener que oír todas las críticas que hacía sobre mí, las chicas: tontas, pijas y sin dos dedos de frente y no poder callarlas la boca.

Entré en al aula, todavía casi vacía, y me senté en mi sitio de siempre: última fila a la derecha, nadie más se sentaba a mi lado hasta hoy ya que lo haría Edward.

La clase pasó, al igual que la de química, entre miradas que se desviaban hacia nosotros, susurros y más susurros, ¿no se terminarían?

Edward, a mi lado en todo momento, intentaba distraerme hablando de cualquier cosa insustancial.

—¡Vaya!, veo que está mejor, señorita Cullen

—Si, gracias, señor Sheldric

El señor Sheldric, profesor de biología, me tenía mucho aprecio y se portaba muy bien con migo. En realidad, todavía no había descubierto el por qué de este comportamiento hacia mí.

Sonó el timbre.

—¡Por fin! —susurré

Edward cogió mi mano y nos dirigimos hacia el comedor. Nuestros hermanos ya estaban en el sitio de siempre, esperándonos.

Cogimos una bandeja, la llenamos con comida y fuimos hacia la mesa.

—¿Qué tal, Vanessa? —me preguntó Alice curiosa por mi estado.

—Me deberías haber avisado… —contesté casi sin ganas mientras me llevaba un trozo de pizza a la boca.

—Lo siento…

Me encogí de hombros.

Emmett tenía en su rostro una sonrisa de suficiencia mientras mantenía abrazada a Rose con un brazo.

—Apuesto a que el primer día que Rose pisó el instituto miles de chicos fantasearon con ella y susurraron cosas, ¿me equivoco, Emmett?

El interpelado se tensó y la sonrisa desapareció de su rostro.

—¿Por qué eres así? —preguntó haciéndose la victima

—Por que tú empiezas, yo solo te sigo.

Al resto se les escapó una risita.

El resto del día paso igual, entre más presentaciones por parte de Edward a los profesores, más miradas indiscretas, más susurros… Eran mi perdición, no los soportaba.

—¿Cómo ha ido el día, chicos? —nos preguntó mama al llegar a casa.

—¡Muy bien! —el tono sarcástico de mi voz pasó a ser más rudo— odio que la gente susurre.

Acto seguido subí las escaleras hasta mi habitación, oí la leve risa que Emmett soltó y como Rose le propinó un codazo. Cerré la puerta y me transformé en pantera. Me senté observando el bosque a través de mi gran cristalera.

A los pocos minutos Edward entró y me sentó a mi lado, abrazándome.

—Todo esto va a pasar, solo espera un tiempo veras como todo vuelve a como era antes de llegar nosotros.

Me susurraba palabras tranquilizadoras llenas de amor y dulzura mientras acariciaba el lomo de la pantera en la cual yo me había convertido.

Edward tenía razón y dos meses más tarde habían cesado los cuchicheos y miradas desagradables en el instituto. Los Cullen éramos igual que antes, "normales", pasábamos desapercibidos. Edward y yo seguíamos compartiendo casa clase, cada día.

xXxXx

Miércoles por la mañana, hacía mucho tiempo que no veía a Sid y le había prometido que le iría a visitar. En clase de Educación Física, la única que no compartía con Edward, salí del instituto. Comencé a caminar hasta el hospital sin decírselo a nadie, sin decírselo a Edward. Si lo hacía, no me dejarían ir, además ¡tenía cincuenta años! –aunque mi cuerpo estaba estancado en los diecisiete- y las clase me las sabia de memoria, ¿qué tenía de malo ir a ver a un amigo? Sabía perfectamente las consecuencias que tendría esta salida sin permiso pero estaba dispuesta asumirlas.

—¿Se puede? —pregunté antes de entrar en la habitación

—Si, adelante.

Sid se quedó asombrado al verme

—¿No deberías estar en el colegio?

—Si, bueno… —dejé la mochila encima de una silla—… pero no pasa nada. Está todo controlado.

—¿Segura? —preguntó dudoso.

Si tu supieras…—pensé.

—Venga, vamos a dar un paseo por el parque.

Se levantó de la cama y se sentó en la silla de ruedas que yo había traído conmigo. Bajamos por el ascensor y salimos al parque del hospital. Comenzamos a pasear por el caminito que había entre el césped.

—¿Qué tal te va con Edward? —preguntó curioso.

Habíamos dejado de pasear y ahora estábamos en el césped, yo sentada junto a su silla de ruedas.

—Bien, muy bien —una sonrisa apareció en mi rostro.

—Ya no es más que un hermano, ¿verdad?

—Verdad

—¿Desde cuando?

—Desde la tarde del último día que vine a verte. Cuando le conociste.

—Me alegro de que estés con él. Te lo mereces.

—Gracias, Sid.

Me levanté y le abracé.

Al rato fuimos hasta el pequeño lago que poseía el hospital para echar migas de pan a los patos. Sonó mi móvil.

—¿Se puede saber donde estas?

—Hola, Alice.

—¿Es que no lo sabes?

—¡Pues claro que no! ¡No te he podido ver! —se la notaba nerviosa—, y Edward está desesperado, cuando te ha ido a buscar después de la clase de Educación Física no te ha visto.

—Lo siento…

—¿Dónde estas?

—En el hospital con Sid.

—Edward va a buscarte.

—De acuerdo.

Se acabó la llamada.

—Creo que se acaba el paseo —me giré hacia Sid.

—Si, lo siento.

—No deberías haber salido sin decírselo a nadie.

—Estoy harta de que me traten como a una niña, tengo ci…, casi dieciocho años.

Uff… por poco meto la pata

—Si, muy mayor

—Anda calla.

Nos reímos.

Llevé a Sid a su habitación, me despedí de él y salí del hospital. Justamente Edward acababa de llegar.

En cuanto aparcó salió rápidamente del coche y me estrechó entre sus brazos.

—No lo vuelvas hacer, por favor —pidió.

—Lo siento.

—Creí que te había pasado algo.

Me separó de él para poder mirarme a los ojos.

—Creí que Alice me vería y que tú al leerlo en su mente no te preocuparías.

—Ese es el problema que Alice no ha podido ver nada y no sabíamos donde estabas.

—Lo siento, de verdad, pero no tenía ganas de dar clase y me acordé de que a Sid ya no le sacan por las mañanas y que yo le prometí que le sacaría.

—Lo sé, amor.

Acercó nuestros hasta que nuestros labios se juntaron.

Nos montamos en el coche y nos fuimos a casa. Al llegar vi que todos habían llegado ya.

Alice estaba hablando con papa.

—Vanessa, cielo —dijo dulcemente papa.

—Lo siento, solo fui a ver a Sid —me disculpé.

—Está bien, cielo, pero avisa antes.

—Creí que Alice me vería.

Solo vi tu cara muy difuminada por una luz cegadora. Por eso me asusté. Normalmente cuando estás con la manada es oscuro y veo alguno de ellos pero esta vez fue diferente.

—¿Y por qué no me has visto bien? Solo fui con Sid.

—Esta visión es la única que he tenido en la que interfiere Sid. No he tenido otras para poder compararla con alguna.

—¿Estas diciendo que el causante es Sid?, pero, ¿por qué?, es solo humano.

—No se lo que pasa, Vanessa, todo es tan raro.

Alice me abrazó.

—Avisaré la próxima vez que salga —concluí.


En este capi aparece algo muy importante que luego, más adelante, se entenderá: es la visión de Alice.

Espero que os haya gustado! y cualquier cosa, buena o mala, rr!