No, no he muerto. Sigo viva, pero ocupadísima hasta decir basta. Eeeen fin, aquí el capítulo ocho :D
Disclaimer: Hora de Aventura ni sus personajes, lamentablemente no me pertenecen. La historia sí.
Capítulo 8: "Lo pensaré."
Era un domingo por la mañana, bastante temprano a decir verdad, y la joven aventurera se hallaba despierta, sentada en la cima de una colina mirando hacia el horizonte. Suspiraba de vez en cuando, abrazaba sus rodillas y a veces escondía su rostro entre ellas. Estaba sola, pues quería aclarar ese torbellino que tenía en su cabeza… Esa tormenta mental que la azotaba desde hace ya casi cinco días.
Cinco días en los que, como era de esperarse, no se acercó ni al Príncipe Flama ni a Marshall Lee. Seguía viendo y ayudando a Gumball, y continuaba sus aventuras con Cake, pero después de eso, nada más.
Su hermana entraba a preocuparse. Y no era para menos, si la humana no hablaba mucho a la hora de comer, y si no estaba jugando con BMO, estaba encima de su cama mirando el techo como si fuera la cosa más interesante del mundo. Muchas veces se le acercó para preguntarle que qué le pasaba, pero recibía las mismas respuestas tras cada intento: "Estoy bien", "No es nada, sólo estoy cansada", y cuando ya era demasiada la insistencia, podía gritar un "¡Cake, déjame tranquila!". Claro, al principio se pensó que Fionna sólo estaba en sus días, pero luego recordó que no estaban ni cerca de la fecha. Entonces, ¿qué sucedía? Probó preguntando a Gumball, mas éste sólo respondía con una negativa. Quizás Marshall sabría, y por su cabeza pasó el ir sin que la joven se diera cuenta y preguntar, pero se había dado cuenta que ni siquiera la chica iba a verle. Bien, podría tener una pista de que el vampiro tenía algo que ver. Pero no sacaba mucho con averiguar, pues confiaba en que su hermana y mejor amiga le diría lo que pasaba por su cabeza.
Y, ¿qué sucedía en ella? Iban y venían pensamientos e ideas tan estúpidas como la anterior. Aún no sabía qué responderle al Príncipe del Reino del Fuego, aún no sabía qué hacer con respecto a Marshall… Ni siquiera podía descifrar los sentimientos que tenía hacia él. Estaba confundida, tanto así que a veces se le ocurría que lo mejor era huir, crearse una nueva identidad y empezar de cero. Lo que era imposible, si no está demás decir.
Así que tras su quincuagésimo sexto suspiro, se puso de pie y gritó. Gritó como nunca lo había hecho, sacando toda su frustración de una vez por todas. Y no gritó una, ni dos, ni tres, sino que fueron seis veces. Y cada grito, tenía tanta o más fuerza que el anterior. Cuando acabó, cayó de bruces al suelo, con la respiración agitada y las mejillas rojas. En parte le había servido, se sentía un tanto más aliviada, pero no había sido suficiente. Debía hacer algo, y Fionna sabía lo que era. Titubeó un momento, se debatió internamente durante unos minutos… Pero finalmente trazó y ordenó mejor sus ideas y se puso de pie para irse de allí, y dirigirse a un lugar que ella conocía bastante bien.
Sin darse cuenta, caminó más rápido de lo que acostumbraba, y se maldijo a sí misma al percatarse que ya había llegado a su destino prácticamente en un abrir y cerrar de ojos. Rascó su brazo levemente, con la mirada gacha. No tenía el valor de llamar o de siquiera entrar a la casa, los nervios la carcomían y aún ordenaba sus ideas y palabras en su mente.
Respiró hondo, sacudió levemente su cabeza, y llevó su puño hacia la madera de la puerta, bastante decidida. Se detuvo nuevamente, suspiró y frunció el ceño. Acercó más su puño, y sus nudillos apenas si tocaron la puerta, cuando ésta se abrió de par en par.
—¿Fi? —la chica le miró y sonrió algo nerviosa. Más que sonrisa, era una mueca cualquiera.
—H-Hola Marshall… Um, ¿puedo entrar?
El vampiro asintió y se hizo a un lado, dejándola pasar. Cerró la puerta detrás de sí, y se quedó de pie junto a ésta, con sus manos en los bolsillos de su pantalón. Fionna caminó hasta el sillón, y se quedó parada junto a éste, mirando sus zapatos como si fueran lo más interesante del mundo. El silencio se tornaba incómodo, mas no sabían como romperlo.
—¿Sucede algo, Conejita? —Marshall decidió preguntar, pues estaba demasiado intrigado con la visita de su amiga.
La chica se sobresaltó, miró al vampiro y un rubor bastante notorio subió a su rostro.
—Uh, yo… Yo vine a verte. Y a hablar contigo, Marsh… —musitó bastante nerviosa. El chico asintió una vez, incitándola a que continuara—. Mira, lo que pasa es que yo… Yo…
—¿Tú…? —Marshall intentó disimularlo, pero se medio sonrió al verla tan nerviosa. Se veía más adorable de lo que él pensaba. Comenzó a acercársele, provocando que el sonrojo de la humana aumentara aún más—. Vamos, Fi. Lo que quieras decir, suéltalo ya —sonrió un poco.
La chica miró al vampiro a los ojos, y notó la sonrisa que éste tenía. Claro que aquello la ponía nerviosa, pero por alguna razón, también le daba confianza. Tomó aire y lo botó, lista para decir que lo tenía en mente.
—E-Es sobre lo que me dijiste… Ya sabes, la otra vez —Marshall volvió a asentir en silencio—. Y bueno, estuve pensando mucho sobre eso… Y no sólo eso, sino otras cosas que me pasaron —bajó la mirada, recordando la confesión del Príncipe Flama—. Es como si de pronto muchas cosas se me vinieron encima, y hay noches en las que no puedo ni dormir pensando en ellas. Y una de esas cosas… Eres tú, Marshall —Fionna volvió a mirarle, y notó una expresión de confusión en el rostro del vampiro—. Tú… Tú me confundes, Marshall Lee.
—¿Te confundo?
—¡Como nunca! —suspiró y jaló levemente su cabello—. Mira, yo creí… Yo creí que me gustaba FP. Pero luego viniste con eso de que sientes algo por mí, y…
—Y te cambió todos los planes, ¿no? —terminó la oración. Fionna asintió y se dejó caer en el sillón. Marshall le imitó, y se sentó a su lado, mirando a la nada—. Oye, no tienes porqué torturarte así. No es para tanto, Fi.
—¿Cómo que no? ¡Mi cabeza es un maldito torbellino, Marshall!
El vampiro negó con su cabeza, luciendo algo cansado. A veces la chica se tomaba las cosas muy a pecho, según podía ver.
—Fi, cálmate —él puso sus manos sobre los hombros de su amiga—. No es el fin del mundo. No te estoy proponiendo matrimonio, ni pidiéndote que huyamos lejos… Sólo te dije que me gustas, nada más. Te estás ahogando en un vaso de agua, Conejita —sonrió levemente, un tanto divertido.
—¿Uh? —Fionna le miró confundida y bastante avergonzada—. No te entiendo…
—Nunca fue mi intención confundirte, preciosa —acarició su mejilla y le sonrió para darle confianza—. Y lo siento si así fue… Ya te dije, eres libre de elegir. No te presionaré ni nada por el estilo. Seguiré siendo yo, tu viejo y molestoso amigo.
La chica le miró a los ojos durante unos segundos, comprobando que lo que él decía era verdad. Y así corroboró. Nunca había visto tanta sinceridad en él.
Las manos del vampiro seguían en sus mejillas, provocando que éstas se pusieran más rojas de lo que ya estaban, y obviamente poniéndola bastante nerviosa.
—Marshall… —la chica murmuró, antes de acercársele más y abrazarlo. El vampiro sólo medio sonrió y puso sus brazos alrededor de la cintura de la humana, apegándola un poco más a él. Quería sentirla cerca, saber que ella jamás se alejaría de él.
—No te sientas bajo presión, Fionna —se distanció un poco de ella y suspiró—. ¿Te parece si olvidamos todo éste tema con una sesión de improvisación?
—Sabes que no lo olvidaré —musitó, y levantó la vista—. Pero es un trato —sonrió.
El vampiro le devolvió el gesto y fue rápidamente por su guitarra que estaba en su habitación. Al volver, notó que la chica tenía en sus manos el cuadernillo de canciones, y que mantenía la vista y leía la letra de una de ellas. No era necesario que el vampiro le preguntara que qué hacía, así que sólo se acercó a ella, sonriendo de lado.
—Umm, ¿Fi? —la aludida se sobresaltó y le miró algo sonrojada—. Vaya, parece que encontraste algo interesante ahí —apuntó el cuadernillo y rió.
—N-No es nada… —cerró el librito y lo dejó sobre el sillón—. Sólo revisaba la canción —miró al vampiro y sonrió algo apenada—. Me gustaría cantar esa…
Marshall rascó su nuca nerviosamente y recogió el cuaderno, dándole una hojeada rápida. Se detuvo en la dichosa canción y la leyó, soltando un suspiro como de cansancio.
—¿De verdad… De verdad te gustó?
La chica asintió despacio, acercándose al vampiro y quitándole el objeto que tenía en sus manos. Miró la hoja y luego volvió su vista hacia su amigo, dedicándole una cálida sonrisa.
—Sí, a pesar de haber huido a la mitad de ella —ambos rieron y luego volvieron a mirarse—. Fue el mejor regalo, Marshall.
—Me alegra escuchar eso —murmuró y besó su mejilla. Fionna no tardó en ponerse totalmente roja y sonreír nerviosa, alejándose un poco del vampiro.
El Rey de la Nochéosfera ajustó la correa de su guitarra y se la puso al hombro, comenzando a tocar distintos acordes y notas como para armonizar un poco el ambiente. Flotaba alrededor de la sala lentamente, mirando nada más que el techo mientras sus dedos se deslizaban por las cuerdas del instrumento.
La muchacha, por otro lado se encontraba sentada en el suelo, mirando a la nada y sólo prestando oído a la melodía que el vampiro tocaba. Suspiraba de vez en cuando, y tarareaba el ritmo que pudo agarrar de la música del vampiro. Poco a poco su voz se alzaba más y más, y no se dio ni cuenta cuando Marshall había dejado de tocar, puesto que seguía cantando.
El vampiro flotaba encima de la chica, con sus ojos cerrados y dejándose llevar por la delicada y afinada voz de su amiga. Su canto parecía el de un ángel, con una voz suave que si de seguro ella cantara canciones de cuna, los niños no tardarían en dormir. Era casi perfecta, al menos para sus oídos.
Fionna seguía con sus ojos cerrados, dejando que de su boca salieran palabras que rimaban unas con otras. Y por esto no se dio cuenta que el Rey de los Vampiros había dejado de flotar sobre ella, sino que ahora estaba frente a ella. Y parecía que en ése momento Marshall había olvidado lo que "espacio personal" significaba, puesto que la distancia que había entre ellos no pasaba de los diez centímetros.
—Tienes una hermosa voz, Fi, ¿te lo habían dicho antes? —murmuró y sonrió.
La chica abrió sus ojos rápidamente, y el sonrojo no tardó en hacerse notar en su rostro al percatarse de la cercanía de su amigo. Con algo de dificultad sonrió y bajó su mirada.
—G-Gracias, supongo… Creo que nuestras sesiones me han ayudado en algo, ¿no?
Marshall rió un poco y se volteó, buscando la mirada de la joven. Posó una de sus manos en la mejilla de la chica, y la sintió tan cálida que él incluso olvidó que estaba técnicamente muerto. Fionna, por otro lado, al sentir la fría mano del vampiro sobre su rostro, de inmediato le miró, encontrándose con esos ojos rojos que miraban directamente a los azules suyos.
La mirada de Marshall pasó de observar y guardar en su memoria los azules y profundos ojos de la humana, a mirar aquellos rosáceos labios que como nunca en ése momento, él anhelaba probar. Volvió a su posición original, mas su vista seguía enfocada en la boca de la muchacha. Fionna se dio cuenta de ello, y como era de esperarse, se sonrojó aún más. Trató de volver a bajar su rostro, pero la mano del vampiro en su mejilla se lo impedía. Sintió el pulgar de Marshall acariciar parte de su pómulo, cerró los ojos ante ese contacto y suspiró. Marshall sonrió un poco y se acercó más a ella, al punto de que en su nariz chocaba el aire que la chica botaba debido a su respiración. La joven al sentir la cercanía, pensó en alejarse y en lo posible correr, pero su cuerpo parecía no obedecer a ese pensamiento.
—Marsh, n-no hagas todo más difícil… Por favor —murmuró, aún con sus ojos cerrados.
—Créeme que eso es lo que quiero evitar, Fi. Pero tú... tú me estás tentando de una forma que jamás pensé que lo harías —respondió casi en susurro, estando a tan sólo un par de centímetros alejado de la boca de la humana—. Sólo esto… Y no te pido nada más.
Fionna frunció el ceño, y no necesitaba abrir sus ojos para saber qué pretendía el vampiro. Ella sabía que si aquello pasaba, las cosas cambiarían entre ella y Marshall. Pero quería experimentarlo, ella quería saber qué se sentiría probar los fríos labios del Rey de los Vampiros.
Así que no dijo nada más y ella fue quien acabó con la poca distancia que había entre ellos dos. Prácticamente se abalanzó sobre él, cayendo ambos al suelo, pero sus labios seguían unidos y parecía que nada los fuera a separar. Marshall parecía algo shockeado al principio, pero cuando cayó en cuenta lo que estaba pasando, puso sus manos alrededor de la cintura de la humana, quien yacía sobre él.
La chica, por otro lado, a pesar de haber sido ella quien "tomó la iniciativa", se hallaba completamente nerviosa e inexperta. Sintió las manos de su amigo posarse en su cintura y se percató de un mayor apego a su cuerpo. Sintió que los nervios estaban a flor de piel, y éstos empeoraron cuando se dio cuenta de que el vampiro quería profundizar aquel beso, pidiéndole con su lengua poder explorar más de su boca y ella cedió de a poco, temerosa de cualquier cosa.
Los labios de la humana eran una delicia. Tenían un sabor dulce, como si fueran aquella fruta más sabrosa que él había probado jamás. Y se hacía casi como una adicción, pues cuando se dio cuenta de que la muchacha comenzaba a alejarse de él para poder recuperar su aliento, le tomó unos segundos el poder despegarse de su boca.
Se quedaron mirando durante unos instantes. Ella tenía las mejillas bastantes rojas, y su pecho subía y bajaba rápido debido a lo alterada que estaba su respiración. Marshall sonrió levemente ante esa imagen, al verla a ella tan confusa y a la vez tan adorable. El vampiro se sentó en el suelo y acercó su mano hacia la mejilla de la humana y la acarició suavemente. La chica sonrió con el gesto.
—¿Sigues igual de confundida que antes, Fi? —se burló el muchacho, algo nada más como para romper el silencio.
—No tienes idea, Marshall Lee —respondió de la misma forma, apartando su rostro y poniéndose de pie—. Creo que mejor me voy…
El vampiro se levantó y flotó hasta la puerta, quedando de pie frente a ésta antes de que Fionna pudiera salir.
—Mira, sé que lo que pasó fue… "raro" —la chica le miró instándole a que continuara—. Pero debes saber que en verdad me gustó, Fi. Y mucho —sonrió al ver que la chica sonreía bajando la mirada apenada—. Piénsalo, conejita.
—No prometo nada, Marsh… —le miró y sonrió, aunque estaba claro que fingía—. Entonces… ¿nos vemos?
—Sí, seguro —se apartó sin muchas ganas de la puerta, pero justo antes de que la humana abandonara la casa, él la tomó por el brazo y la abrazó. Fionna puso resistencia al principio, argumentando que se le estaba haciendo tarde y que de verdad necesitaba irse, pero no parecía funcionar.
Se quedaron abrazados un buen rato, en silencio total. Se escuchaba de repente los suspiros de la joven y su respiración. Finalmente se separaron y se miraron. Sonrieron y esta vez fue Marshall quién rompió el espacio que había entre ellos para besarla y disfrutar de aquellos labios tan deliciosos una vez más, mas no fue un beso largo y apasionado como el anterior. Cuando se separaron el vampiro apoyó su frente con la de la chica y le miró a los ojos.
—Volverás, yo lo sé…
—No puedo alejarme de ti, Marshy. Eres mi amigo y- —él la interrumpió poniendo un dedo en sus labios.
—No hablo de eso, tontita. Hablo de que sé que volverás a mí. Algo me lo dice —guiñó un ojo y la chica se ruborizó por completo.
—Ya déjame ir, idiota. Cake debe estar con ataque porque salí en la madrugada.
Marshall sonrió y soltó el abrazo. Ambos se despidieron y Fionna empezó a correr de regreso a su casa.
—Tienes diez segundos para explicarme dónde rayos estabas, por qué saliste tan de madrugada y porqué vienes así de agitada. ¡Ahora! —exigió una muy molesta Cake.
Fionna había llegado no hacía mucho, y pretendía sólo subir a su cuarto y descansar.
—Hermana, tranquila. Salí temprano porque no tenía sueño, luego estuve con Marshall —al mencionarlo se sonrojó levemente e intentó ocultarlo—, y al ver que ya era mucho tiempo fuera, me vine corriendo, por eso vengo agitada —sonrió para convencerla—. Tranquila, no me pasó nada.
—Supongo que te creeré —suspiró—. Me preocupé, eso es todo. Pensé que te había pasado algo.
—Pero no fue así —la gata la abrazó—. Estoy algo cansada y quisiera ir a dormir un rato.
—¡Te apuesto a que saliste de aventuras con el chupasangre! —le regañó.
—Cake, tú sabes que cuando salgo de aventuras con él, salgo también contigo —acarició la cabeza de la minina—. Sólo hablamos, cantamos y… —se quedó callada cuando las imágenes de lo sucedido en la casa del vampiro se agolparon en su mente.
—¿Y…? —la felina se dio cuenta del rubor que se hacía presente en las mejillas de la humana. Puso sus patas en su cintura y miró a su hermana de forma sospechosa—. ¿Algo más?
—¿Uh? —la muchacha miró a la gatita y sacudió su cabeza luego de caer en cuenta que se había perdido durante unos segundos—. ¡Ah! N-No, nada más… Sólo lo usual —respondió nerviosa, jugando un poco con sus manos—. Pero bueno, me iré a dormir. ¡Nos vemos! —dijo rápido, y desapareció de un momento a otro.
Cake se quedó mirando por dónde se había ido la aventurera, con las palabras en la boca. Se cruzó de brazos y negó con su cabeza.
—Algo me está ocultando esa niña —se dijo, antes de ir por el teléfono y marcar a Gumball. Seguro él tendría alguna idea.
Ya mis chiquillos, eso es todo y no me comprometo a dar fecha alguna de actualización. La universidad me consume poco a poco(?). Espero que les haya gustado este capítulo! Y ya saben, cualquier "anuncio" siempre lo doy a través de mi Journal del Deviantart (que encontrarán en mi descripción).
Eso sería, por el momento… ¡Hasta la próxima!
*Nessa.
