Notas del capítulo:
Hi minna-san!
Estoy actualizando bastante rápido para variar xD (me tome una semana de vacaciones y estoy intentando sacarle provecho)
Creo que había mencionado que este cap sería un extra, y usualmente los extras son cortos, pero este terminó siendo uno de los caps más largos que he escrito (◡﹏◡✿) Igual espero que lo disfruten a pesar de que no sea lo que esperaban para esta ocasión.
En la proxima entrega (?) volveremos a la historia principal! :D
Disfrutad por favor!
Splash Extra 2
No sabía muy bien desde cuando había comenzado a sentir ese nudo en el estómago cada vez que estaba en su presencia. Mucho menos sabía por qué no podía parar de actuar de una manera un tanto estúpida cuando le dirigía la palabra. Ni siquiera tenía idea de la razón por la cual ansiaba que lo notara de algún modo u otro. Y cuando finalmente cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo, ya era demasiado tarde para él. Había quedado completamente prendado del rojo de su cabello, de la profundidad de su mirada, de su peculiar tono de voz que adquiría notas melodiosas cuando estaba de buen humor, aunque aquellas ocasiones fuesen contadas. No estaba muy seguro de que fuese amor. Pero era algo extraño, más fuerte que cualquier sentimiento que antes hubiese experimentado.
Únicamente podía concluir que Rin Matsuoka era el dueño de sus pensamientos la mayor parte del día, y eso en cierta forma lo hastiaba. Le molestaba sobremanera que lo tratara con una actitud borde cada vez que se le acercaba. Le irritaba su mal humor en las mañanas. Odiaba que no lo tuviese en cuenta nunca a pesar de compartir habitación y pasar tanto tiempo juntos. Mas aun así, le encanta el sonido de su risa, se sentía afortunado cada vez que le contaba algo de su vida ¡ansiaba saber más de él! conocer cada pequeño aspecto de su vida, de su pasado. Sentía que lo necesitaba. Y le dolía. ¡Vaya que le dolía! Porque muy en el fondo sabía que su superior jamás lo miraría, no al menos en la forma en la que él lo miraba.
Pero no le sorprendía, en realidad, desde un principio se había hecho a la idea de que estaba demasiado lejos de su alcance. ¡Vamos! Ese chico era demasiado atractivo y talentoso para fijarse en alguien como él. A veces sentía que ni merecía el derecho de mirarlo a los ojos. Tal vez exageraba un poco, pero sus graves problemas de autoestima no le decían lo mismo. Si bien era consciente de que podía hacer caer a la gran mayoría de personas en la lascivia con su cuerpo, tenía plena certeza de que Rin no estaba entre esa mayoría. El pelirrojo tenía algo que él nunca tendría, y eso eran principios, respeto a uno mismo y decencia por sobre todo lo demás. A pesar de su ácida actitud podía ver que cada fibra del ser de su superior exudaba mesura. El mayor de los hermanos Matsuoka estaba en definitiva muy, muy lejos de su alcance.
Fue de ese modo, no mucho tiempo después de haber comenzado la escuela superior, a escasos dos meses de haberse unido al club de natación, que sus bajos instintos le provocaron un tropiezo el cual no le hacía mucha gracia recordar.
Fue durante una de las tantas tardes, luego del arduo entrenamiento al que los sometía el capitán del equipo. Todos los demás miembros ya se habían retirado, o al menos eso era lo que creían. Él y un chico de segundo estaban en los vestidores, se habían demorado más de la cuenta a propósito. No es que hubieran hablado mucho, a decir verdad a penas se conocían por nombres. La lista de miembros del club de natación del Samezuka era demasiado extensa como para que el ambiente de equipo prosperara en un deporte donde abundaba la individualidad. Pero de algún modo, aquel chico de una clase superior le había echado el ojo. ¡Y pregúntenle ustedes mismos a Nitori Aiicihorou si no sabía cuándo alguien le echaba el ojo! Solo hicieron falta un par de miradas, unos cuantos gestos y pequeños intercambios de palabras para que aquella situación se dé sin rodeos.
Estaban al fondo, en una esquina, lugar bastante difícil de percibir a simple vista desde la entrada al vestidor. Aquel chico de segundo, alto y bien formado, lo tenía acorralado contra la pared. No se dirigieron ni una sola palabra en ese momento, sino que el más alto simplemente tomó al menor de la cintura en un gesto posesivo, a la vez que este enredaba sus brazos al cuello de su superior y se fundían en un beso hambriento. Las manos de ambos vagaban explorando el cuerpo del contrario, y lo poco que se dejaba oír en aquel lugar era el sonido húmedo de sus bocas moverse mientras intercambiaban fluidos, y el que se producía gracias a la fricción de sus manos ansiosas sobre la tela de sus ropas.
El chico de segundo, de cabello oscuro y ojos avellanados, Yoneda, si no mal recordaba. Lo tomó de los muslos, haciendo que enredara las piernas a sus caderas, logrando sentir la semi erección del mismo entre sus piernas. Tenía que admitirlo, temblaba por dentro de la anticipación. El más alto lo tenía apoyado completamente contra el muro a sus espaldas, equilibrando con el su peso, comenzando a mover sus caderas, imitando embestidas para aumentar la fricción. Aquello era simplemente delicioso, los labios de ese chico besando, chupando y mordiendo toda la extensión de su cuello, sus manos acariciando sin delicadeza alguna su trasero, y su erección rozándose en un marcado vaivén contra la suya. Era una sensación exquisita, le fue imposible controlar los sonidos que emergían de su garganta, a pesar de que a su acompañante no le molestaban para nada, todo lo contrario, parecía disfrutar de ellos, como todos los demás.
Quién sabe hasta dónde hubiesen llegado aquella vez de no haber sido por él. Aunque siendo sinceros, todos sabemos hasta dónde hubieran llegado. Sin embargo no fue así. Pues nada más ni nada menos que el capitán del club de natación del instituto Samezuka, Mikoshiba Seijurou, se encontraba merodeando por la zona, y al oír aquel sonido tan particular, bueno, no pudo evitar que la curiosidad le ganara. Lo que nunca se imaginó fue llegar a encontrar eso. Y si ahora le preguntaran si hubiese hecho lo mismo de haber sabido lo que iba a ocurrir más tarde, desde luego hubiese dicho que no rotundamente.
No todos los días ibas por ahí encontrando a dos miembros del equipo del cual eras responsable en un momento tan comprometedor como aquel. Oír a aquel novato de primer año intentando contener sus gemidos, mientras ese chico de segundo se restregaba de una forma tan indecente contra él. Su primer pensamiento al observar la escena de lejos fue que el alumno de la clase superior estaba abusando de aquel pequeño niño, pero al observar bien la escena cayó en cuenta que todo era con total consentimiento. Ambos se besaban con una lujuria palpable. Le gustase o no debía de admitir que la misma escena le estaba subiendo ligeramente la temperatura. Pero eso no era lo importante allí. Lo importante era que él era el capitán, y como capitán no podía dejar que ese tipo de "actividades" se llevasen a cabo en el vestidor de su club.
-¡Oigan, ustedes dos!- llamó con total autoridad, haciendo que ambos jóvenes se separasen al instante guardando una distancia de más de un metro entre ellos. - ¿Qué se supone que estaban haciendo?... ¡ahg! Olviden eso, no es algo que quiera saber.- se retractó al instante, sosteniendo el puente de su nariz con su índice y pulgar izquierdo. ¡¿Qué se supone que haría él en esa situación?!
Ninguno de los tres articulaba una palabra. Nitori y el otro chico habían agachado la mirada, sin atreverse a dirigirla hacia el capitán.
-Que esto no se vuelva a repetir. Pueden irse.- dictó el mayor, con el ceño fruncido y ojos cerrados. Haría como si no hubiese visto nada. Eso sería lo más sencillo.
El chico de segundo año salió corriendo a penas el pelirrojo terminó de pronunciar la orden, en cambio Nitori se quedó allí parado, dudando de su siguiente movimiento.
Se acercó hasta donde estaba parado el capitán del equipo, mirando hacia otro lado, aún algo avergonzado por lo acontecido.
-Me disculpo por nuestro comportamiento capitán. Le aseguro que no se volverá a repetir.- con voz suave pero decidida se inclinó en señal de disculpa, esperando alguna reprimenda o reclamo por parte de su superior. Sin embargo quedó algo sorprendido al sentir la palma de la mano del pelirrojo posarse sobre su cabeza acariciándola despacio.
-No te preocupes. Nitori ¿no? Simplemente no lo repitan. Al menos no por aquí ¿vale?... Ni en los dormitorios.- aclaró luego de una corta pausa. Ambos intercambiaron una leve sonrisa ante el comentario.
-Entendido. Aunque no creo que se repita… en ningún lugar.- habló prácticamente sin pensar, volviéndose a acomodar mejor sus vestimentas. Por ese día le habían quitado la diversión, y aún lo lamentaba un poco.
-¿Acaso tu novio se enojaría tanto por algo así?- cuestionó, preocupado porque Yoneda se enfade con Nitori por su causa.
-No es mi novio- explicó el menor, mirando fijamente al más alto. No quería que lo asociase a ese chico con tanta facilidad. Pero se arrepintió por haberlo dicho, lo único que se estaba logrando era dar rienda suelta al interrogatorio.
-Ah ¿no? Entonces… ¿por qué…? Lo siento. Has de tener tus razones. Sin embargo, estás muy niño para ese tipo de cosas ¿no te parece?- cuestionó sin malas intenciones, acercándose nuevamente hasta el menor, apoyando una mano sobre el hombro de este. El más bajo frunció el ceño ante lo dicho por el de ojos miel, devolviéndole la mirada desafiante.
-Pues a decir verdad, no, no me parece. Y sí, tengo razones.- esclareció, intentando contener el enfado de su voz, apretando los puños con fuerza.
El más alto se sorprendió por su reacción. ¿Tanto le había molestado lo que dijo? Solo lo estaba aconsejando, no era para tanto. ¡Ni siquiera debía obedecerlo ni nada parecido!
-Como digas niño. Tampoco te enfades. Era solo un comentario.
-Disculpe capitán. Con su permiso, me retiro.- habló más calmado, haciendo una leve reverencia mientras se dirigía a la salida.
-Si algún día necesitas hablar de algo con alguien, lo que sea, puedes ir conmigo.- pronunció lo suficientemente alto el pelirrojo para que el más bajo lo oyera desde la puerta de los vestidores.
Luego de aquel, digámosle "pequeño inconveniente", las cosas para el compañero de cuarto de Matsuoka siguieron su monótono y aburrido curso. Las tediosas clases, los agotadores entrenamientos, los desestresantes ratos de ocio literario, los insoportables momentos con Rin a su alrededor y sus incontrolables sentimientos armando un alboroto en su interior. Su día a día transcurría, y desde su fatídico incidente no había vuelto a tener ninguna aproximación del tercer tipo con nadie. Y eso afectaba en cierto grado a sus hormonas.
-¿Estás bien?- preguntó la voz grave a sus espaldas. Sabía de quien era, pero no se molestó en voltear para contestar. No le gustó para nada el tono conciliador que usó al preguntarle aquello, eso solo podía significar un superficial y completamente innecesario interés sobre su vida personal.
-Sí, muy bien.- contestó seco, terminando de guardar sus pertenencias en su pequeño neceser, intentando ser lo más cortante posible sin sonar descortés con su superior.
-¿Seguro? Hoy te noté bastante distraído Nitori- mentía. En realidad solo estaba queriendo alargar la conversación. Había ciertas cosas en ese chico que le causaban demasiada intriga. Y entre ellas estaba la voraz acusación que había hecho Yoneda en contra del oji celeste al día siguiente del incidente. Había ido a parar frente a su habitación a primera hora del día para ofrecerle una disculpa apropiada y prácticamente declarar en contra el peli gris. Como por ejemplo de las dizque insinuaciones y comentarios provocativos que le había lanzado y demás sandeces que se había negado a creer.
-Que en base a un suceso menor hayas decidido volcar más de tu atención en un insignificante miembro de primer año como yo, y que por ello te hayas dado cuenta de mis fallas durante las prácticas no significa que ingenuamente pondré mi confianza en ti y te contaré los problemas que me acongojan. Además no estaba distraído, solo pensaba.
-Eso quiere decir que efectivamente sí tienes problemas- sacó a flote lo poco rescatable de su hostil comentario. Si no fuera porque en ese instante necesitaba empatizar con él, en definitiva lo golpeaba. ¿Cómo se atrevía a hablarle a su superior en ese tono?
-Los tengo. Pero no te incumben. Bastó y sobró con lo de la última vez. No creo que sea necesario que sepas más de mí.
-¿Además de tus preferencias sexuales y de tu fetiche por el exhibicionismo? No me interesaba saberlo. Solo sucedió. Y deberías estar agradecido de que fui yo y no un profesor el que los pilló. Además de haberlos dejado impunes ante su crimen. ¡Vaya! ¡Los jóvenes de hoy en día son unos malagradecidos!- se quejó con tono dramático, intentando aliviar la tensión entre ambos.
-Pues gracias. También agradecería que lo olvidaras y que dejásemos de hablar de esto cada vez que tienes oportunidad. ¡Y no es exhibicionismo! Fue solo cosa del momento.- se excusó, con las mejillas rojas. Procurando lo más posible de mantenerse serio, frío ante la situación. Pero le costaba un poco. Últimamente un millón de cosas pasaban por su mente, y no paraba de pensar. Se sentía abrumado por muchas cosas, y la mayoría de ellas tenían que ver con Rin. En realidad esa mayoría eran los causantes de sus problemas actuales.
-Solo relájate ¿Quieres? Solo intento ayudar. Es mi deber como capitán preocuparme por mis subordinados.
-Como digas- eso último le había molestado. ¿Qué se preocupaba por él? ¡Pero si antes de lo de los vestuarios no le había dirigido la palabra más que un par de veces! Eso era ser descarado.
Se dispuso a ir en camino hacia su cuarto compartido. A su parecer ya habían dado por zanjado ese asunto. Era más que obvio que él no deseaba compartir de su vida con Mikoshiba, ni con él ni con nadie. Por más joven que fuese ya había aprendido una lección bastante importante. Nunca confíes en nadie.
Él estaba solo allí, y así siempre sería.
Sin embargo, los ánimos del capitán por saber qué circunstancias aquejaban a su kouhai no disminuían, por el contrario, aumentaban cual marea en luna nueva. Tanto así que comenzó a prestar más atención en el comportamiento de este. En lo abstraído que podía llegar a ser en ocasiones. Ese cambio tan repentino en su comportamiento cuando alguien se acercaba a hablarle. No dudaba que el chico fuese o no lo tierno e inseguro que demostraba ser, pero tal vez en realidad podía llegar a ser más serio o… ¿triste? De lo que aparentaba. Lo que en definitiva más le llamó la atención era su peculiar obsesión por cierto pelirrojo de grandes dotes natatorias pero pésima personalidad.
Bien notorio era el interés que tenía por él llamándolo a cada segundo "senpai esto, senpai lo otro", eso lo sabía todo el mundo. Pero había otra cosa que hizo que se percatara de que esa supuesta admiración que sentía hacia Matsuoka era algo más. Y esa otra cosa era su mirada. Actualmente si le preguntaran cómo saber si alguien estaba enamorado, sin lugar a dudas diría que a través de su mirada. Sonaba muy cursi y cliché, lo sabía. Pero de algún modo el ver a ese chico con los ojos completamente perdidos en la figura de Matsuoka, tan brillantes y tristes al mismo tiempo. Nitori estaba sin dudas enamorado del más alto, en cambio era un amor unilateral.
Listo. Había concluido exitosamente su investigación con la hipótesis –bastante certera- de que Aiichirou gustaba de Rin. Y como habría que suponer, era hora de poner a prueba dicha conjetura.
Así que no hubo más remedio para el capitán de Samezuka que hacer uso de una sucia treta. Era de cobardes lo tenía bien en claro. Pero era un terco, y para los tercos el fin justifica los medios.
Por lo tanto, un miércoles justo antes de comenzar el entrenamiento, dejó a cargo de un suplente y gran compañero la práctica en esa ocasión. Secuestrando al de ojos celestes y llevándolo por la fuerza hasta su habitación.
Una vez se las hubo arreglado para echarle cerrojo a la puerta de su cuarto, encaró al más bajo quien seguía forcejeando para soltarse de su agarre.
-Siento haber hecho esto tan repentinamente.- se disculpó con el más bajo en una leve reverencia, ante la mirada aún confundida del mismo.
-¿Qué se supone que haces Mikoshiba-senpai?- interrogó sin perder la calma, mirándolo realmente interesado en su respuesta.
-Te gusta Matsuoka ¿cierto?
Ok, no era la respuesta que esperaba. ¿Y ahora que decía? ¿Y si se lo contaba a Rin? ¿Pero acaso eso no sería bueno? Y si de alguna forma Rin terminaba correspondiéndole. Sacudió levemente la cabeza apartando esas estúpidas ideas de su mente. Ese no era el mejor momento para ponerse a fantasear con el "y si". Miró hacia donde estaba parado el mayor a la espera de su contestación.
-¿Qué te hace pensar eso?- miró con el ceño levemente fruncido. Le habían tocado la llaga, pero no por eso se echaría a gritar, y mucho menos a confesar.
-¿No es muy obvio?
-¿Por qué lo dices?
-¿Y tú por qué simplemente no lo admites?
-¿Admitir qué?
-¿Podemos parar con esto?
-¿Con qué?
-Basta de contestar con preguntas. Es muy odioso.- se quejó el pelirrojo en una forma bastante impropia de él, haciendo un ademán para que el más bajo se sentara en su cama, mientras él tomaba asiento en la silla frente a su escritorio.
-Pero te gusta.- prosiguió luego de un par de minutos de silencio.
El más bajo no tuvo más opción que asentir con la cabeza. Eso último no fue una pregunta, sino una afirmación. ¿Para qué negarle algo que ya sabía?
-¿Él lo sabe?- esta vez con un tono de voz más suave.
Negó del mismo modo.
-Pero tampoco se lo dirás ¿no?
-¿Para qué decirlo si ya se la respuesta?
-¿Qué dije acerca de contestar con preguntas? Además, nunca sabrás lo que de verdad piensa si no se lo cuentas.- le explicó, bien sabía él que guardar lo que sientes por mucho tiempo es contraproducente.
-Es más fácil decirlo que hacerlo- se quejó cruzándose de brazos, mirando al suelo con el ceño fruncido. A vista del más alto se veía como un niño enfurruñado. Sonrió para sí, levantándose de donde estaba para sentarse junto a su subalterno, pasando uno de sus brazos por los hombros de éste, con intención de transmitirle un poco de ánimos.
-¿No irás a decírselo verdad?- cuestionó dudoso luego de un momento, subiendo la vista hasta encontrarse con las orbes avellanadas del capitán, este solo negó con la cabeza mientras le regalaba una sonrisa fraternal. ¡Ese Yoneda era un vil calumniador! Ese niño capaz no fuese del todo inocente, pero tampoco para hablar de él como si fuera un cualquiera.
-Sabía que no eras así- afirmó más para sí mismo que para el más bajo quien lo miro con confusión.
-Bueno, es solo que… Yoneda se disculpó el otro día, y comenzó a decir tonterías acerca de ti. La verdad no le creí para nada. Ahora estoy incluso más que seguro que eres un buen chico.- dijo un tanto avergonzado por tener que aclarar aquello, rascándose la mejilla levemente con el índice en un ademán de impropia timidez.
-¿Are? ¿Y qué te dijo de mí?- preguntó, intentando disimular su molestia. ¿Con que ese tipo se puso a hablar mal de él? ¡Justo lo que le faltaba!
-Como ya te dije, puras tonterías. Como que tú lo habías provocado, que él se negó pero tú le insististe. En realidad, no sonaba para nada creíble- aclaró ante la mirada del más bajo, que lejos de parecer tranquila comenzaba a verse fúrica. Empero, para su sorpresa, el oji celeste en lugar de comenzar un escándalo como él suponía que haría, estalló en carcajadas.
-¿Dijo que yo le insistí? ¡Pero vamos! ¡Hace años que no me hace falta insistirle a nadie! – habló entre risas mientras intentaba recomponerse -¡Uff! Disculpe capitán. Pero eso fue bastante inesperado. Como sea, déjame aclararlo. Yo no le pedí nada, fue él el que comenzó a mirarme, yo solo le seguí el juego. Quería divertirme un rato, eso es todo.- explicó sin demasiado pudor, aún divertido por lo que se acababa de enterar. Claro que le molestaba, pero aquello ya era simplemente absurdo. Y hasta ese momento, el capitán se veía buena gente. No es que confiara en él ni nada, pero al menos cabía la posibilidad de haber encontrado otra persona con quien pasar un buen rato.
No obstante, este cambio repentino en la actitud del menor sorprendió al pelirrojo. Podía decir incluso que se retractaba de lo que pensó hacía unos momentos, y tal vez fuese mucho menos inocente de lo que pensaba ¿Acababa de decir hace 'años'? ¿¡AÑOS?! ¡Pero si era un niño! ¿Desde qué edad había comenzado a tener relaciones de ser así? Se asustó de su propio pensamiento. No. Era mejor no saber ese tipo de cosas.
-Como digas. De todos modos no te preocupes. Le di la orden de que no hablase con nadie sobre ello, así que no lo hará. Pero como te dije, que no se repita. No quiero que te hagas de una mala reputación.
-¿Por qué te preocupa eso? Y no digas que es porque eres mi capitán. Eso no convence a nadie.- comentó antecediendo a lo que estaba por decir el más alto.
Le había quitado las palabras de la boca, pero si se ponía a analizar. ¿Por qué le preocupaba tanto? Ciertamente no era de su incumbencia. Así que ¿Por qué? Soltó un suspiro antes de contestar:
- No me malinterpretes, pero me pareces interesante, y quiero saber. Me da mucha curiosidad y me gustaría conocer más de ti. Además, eres muy lindo… Bueno, eso ha sonado bastante mal interpretable- se arrepintió por decir aquello. Todo lo que había dicho era cierto, era lo que sentía. Pero al mismo tiempo sonaba como algún tipo de confesión. ¿Eso quería decir que le gustaba ese chico? ¡A él siempre le habían gustado las mujeres! ¡En todas sus formas y tamaños! ¿Por qué justo ahora terminaría colado por un hombre? Aunque si nos poníamos a pensar, Nitori tenía una complexión bastante fina, muy similar a la de una chica. Entonces podría ser que…
Su rostro adoptó el mismo color que su cabello con tan solo sus pensamientos. No le gustaba. En cambio, estaba seguro que no le desagradaba tampoco. Pero para su mala suerte Seijuro se condenó en el mismo momento que bajó la guardia ante el menor.
-Entonces te gusto- afirmó con una sonrisa en los labios, mientras le lanzaba una mirada picaresca al más alto.
-Para nada- contestó con el ceño fruncido y las mejillas coloradas. ¿A quién pensaba engañar con esa expresión? Quizás no le gustara en realidad, pero no podía negar que ahora que la idea había cruzado su mente, le daba mucha, mucha curiosidad experimentar.
-Si quieres podemos besarnos- propuso el menor, con tierna sonrisa llena de inocencia pobremente simulada.
-¿Qué pretendes hacer chico?- indagó cruzándose de brazos, negando con cabeza en desaprobación ante al comentario. ¿En qué carajos se había metido?
-Yo no pretendo nada capitán. Fuiste tú el que me trajo por la fuerza a su habitación en horas de entrenamiento y nos encerró aquí. ¿No le parece que tendría que ser yo quien preguntase eso?- expuso inteligentemente mientras se levantaba de la cama donde ambos estaban sentados, posicionándose frente al más alto, colocando ambas manos sobre los hombros de Mikoshiba, esperando la reacción de este.
-Sabes perfectamente que no te traje por nada de eso ¿no?
-Sí, lo sé- contestó con una sonrisa triunfadora al ver que el más alto no rechazaba su acercamiento, por el contrario, se relajó, colocando sus manos sobre la cama para apoyarse en ellas. - Aún queda rato para que termine la práctica de hoy- continuó, bajando las manos por los bien formados brazos del pelirrojo.
-Lo sé.- sabía que se arrepentiría en cuanto acabaran con ello. Pero por más capitán que fuese, seguía siendo un estúpido adolescente bajo el dominio de las hormonas.
De un momento para el otro, quien sabe cómo pero terminaron por eliminar esa distancia entre ellos. Ahora solo un par de milímetros separaban los labios de pequeño Ai de los de Seijuro.
-Creo que ahora soy yo el que tiene que decirte que te tranquilices- pronunció el más bajo en un susurro que incluso a Mikoshiba le costó descifrar – Tómalo con calma, no es como si estuviésemos haciendo algo malo- terminó de hablar, al tiempo que anulaba ese ínfimo espacio entre ellos. Al comienzo el beso fue suave, como una fugaz exploración al campo enemigo antes de entrar en batalla, pues al tiempo que se acostumbraron al ritmo del contrario el nivel fue aumentando al punto que pocos minutos después ya estaban devorándose por completo. Sus labios y sus lenguas recorrían inquietas la cavidad del otro, probándose, degustándose, haciéndose desear lentamente.
El capitán de Samezuka no paraba de reprenderse internamente. ¿Cómo había sido tan débil como para acabar en esa situación? Aunque ya era demasiado tarde como para echarse para atrás, sabía que no podría detenerse.
Con la presura que exigía el momento, el menor se despojó de la camiseta que llevaba puesta para hacer lo mismo con la del más alto, aferrándose luego al cuerpo de este. Enredó sus brazos a la ancha espalda del pelirrojo, trazando con sus pequeñas manos cada surco que se formaba en ella a causa de la tensión en sus músculos.
El calor del cuerpo del mayor era sin duda más que agradable, y el aroma masculino que se desprendía de su piel lo era aún más. Pronto acabó por colocarse encima de su superior, disfrutando de la sensación que aquellas manos producían cuando entraban en contacto con su piel.
-¿Tienes condones?- preguntó entre besos el de ojos celestes, pregunta ante la cual el mayor se tensó. Aiichirou rio por lo bajini mientras veía al pelirrojo apartarse de él, estirándose sobre la cama hasta llegar al cajón de su mesita de noche, mostrando el pequeño envoltorio de plástico al menor una vez lo tuvo en mano.
Inmediatamente el más bajo se lo arrebató, sonriéndole de forme traviesa mientras deslizaba sus pálidas manos sobre el tostado abdomen del de tercero, hasta llegar a la pretina de sus pantalones deportivos. Sin hacerse mucho del rogar, ante la atenta mirada color miel, bajó de un sopetón sus pantalones junto con la ropa interior que llevaba puesta el capitán, dejando a la vista su miembro semi erecto. El más bajo sonrió con satisfacción, antes de tomar entre sus dedos el sexo del pelirrojo y comenzar a masajearlo lentamente, deleitándose con el sonido de la respiración acelerada y los jadeos que de cuando en cuando su acompañante producía. Retrocedió un poco más de donde estaba, hasta quedar a la altura de la intimidad del mayor, sintiendo como este se inquietaba. No podía creer que incluso llegados a ese punto siguiera con sus dudas morales. Mas muy poco le importaba eso al menor, por lo que siguió con su tarea. Descendió hasta la altura de su pelvis, repartiendo cortos besos por sus caderas hasta llegar a su miembro, pasando la lengua desde la base hasta su glande, deteniéndose allí para chuparlo por unos segundos y retornar de la mismo forma hasta abajo, repitiendo la acción un par de veces más antes de metérselo a la boca, aunque solo consiguió hacerlo hasta la mitad antes de que la punta de este tocara su garganta. Llevó un vaivén lento y tortuoso, provocando al más alto, queriendo que este le indicara el ritmo que deseaba, que llevara el control de la situación.
Sin embargo, en contra de sus pretensiones, el capitán simplemente se aguantó, aguardando su próximo movimiento, completamente extasiado por la actitud que había tomado el peli plata.
Sin ganas de perder más tiempo, y viendo lo poco cooperativo que podía llegar a ser el más alto, Nitori tomó el condón que le había pasado el pelirrojo hacía unos momentos, rasgando la envoltura, agarrando la pequeña pieza de látex lubricada, colocándola en la punta del pene de su acompañante, acercando su boca a la misma, comenzando a deslizar con su labios el preservativo por el falo del mayor.
Con movimientos felinos, volvió a ponerse a la altura del rostro de Mikoshiba, apresando inmediatamente los labios de este, en un beso húmedo con sabor a látex mentolado que sorpresivamente no le desagradó. Sintió el choque de las caderas del menor contra la propia, y una descarga eléctrica recorrió toda su espina al sentir sus erecciones rozarse. ¿Se podía saber en qué preciso momento ese chico había quedado completamente desnudo? No lo sabía con certeza, pero sin dudas solo podía decir que era hermoso. Cada palmo de su piel blanca, ese firme y redondo trasero que no pudo contenerse en frotar, todo lo que se mostraba ante él se veía increíblemente bien. Y eso lo encendía aún más.
-Házmelo.- fueron las únicas palabras que el de ojos celestes articuló antes de dejar que finalmente el más alto haga lo suyo.
Se acomodó boca abajo en el catre donde estaban, flexionando contra sí las piernas para mantener su trasero en el aire expuesto ante la mirada llena de deseo del mayor. Sintió cómo Mikoshiba se posicionaba detrás suyo, colocando la punta de su erección contra su entrada.
-¿Estarás bien solo así?- murmuró el mayor, rescatando la última pizca cordura que le quedaba estando a punto de follar con un chico del cual era responsable –Quiero decir, ¿no hay que lubr…
-Estaré bien, no te preocupes- interrumpió. Estaba lo suficientemente acostumbrado a esas cosas, además que un poco de dolor nunca estaba de más.
Mikoshiba asintió simplemente, antes de forzar su intromisión al interior del oji celeste. Dio un sonoro suspiro, seguido de una serie de jadeos. Jamás pensó que sería tan estrecho y cálido, era una sensación un tanto abrumadora. Mientras tanto Nitori mordía con fuerza la almohada del pelirrojo, soportando la repentina intrusión, hacía meses que nada de esa magnitud entraba por allí y le costaba un poco tomarlo, pero eso no quería decir que aquello no se sintiese jodidamente bien.
-Ma… más… mételo todo… ah- pidió el más bajo. El capitán acató el pedido, deslizándose como podía gracias a la lubricación del condón.
Aiichirou gimió de puro placer ante la sensación de llenura cuando sintió las caderas del más alto chocar contra sus nalgas, comenzando a moverse de inmediato, como rogando al mayor para que comenzase con las estocadas. Diligentemente el pelirrojo inició el vaivén pélvico de forma lenta, aumentando el ritmo hasta que terminaron volviéndose violentas embestidas solo a pedido de su pequeña pareja sexual. Le asustaba un poco el hecho de pensar que hasta donde llegaba su no tan larga experiencia sexual, Nitori fuese lo más erótico que hubiese visto en toda su vida; su pequeño cuerpo retorciéndose de placer debajo del suyo, aquella piel tan pálida y suave, y esa voz, tan aguda e impropia de un chico, cosa que lo hacía incluso más excitante, gimiendo y rogándole por más.
Había caído directamente en la boca del lobo. Lo admitía. Pero al mismo tiempo podía afirmar que lo que sentía por ese niño no era más que deseo. Un simple y vano interés por su cuerpo. Quizás pensar así era demasiado. Sin embargo él nunca fue del tipo de muchachos al que le gustasen los encuentros físicos sin sentimientos reales de por medio. ¿Qué demonios había sucedido para que terminaran así? O no sería mejor preguntarse ¿Quién rayos le había enseñado a ese niño todo eso?
Terminaron ambos exhaustos, desplomándose en la cama uno al lado del otro, intentando volver a la normalidad sus respiraciones. Las sábanas echas un lio y llenas del semen del más joven. El mayor se había quitado el preservativo atándolo y tirándolo a un punto incierto de su desordenado cuarto. Todo era un desastre, pero a ninguno le importaba demasiado.
-Deberíamos ducharnos y volver. En un rato el entrenamiento terminará y preguntarán por ti- explicó el más bajo, haciendo amague de levantarse del catre, mas el agarre del mayor lo detuvo.
-Quedémonos un rato más. Ya me las arreglaré después con eso.- explicó, atrayendo al chico hacia su pecho, rodeándolo con su brazo izquierdo.
Permanecieron en silencio unos minutos más, acurrucados en esa angosta cama hasta que sus latidos se apaciguaron.
-Sabes que esto fue solo sexo ¿verdad?- inició el menor.
-Sí, lo sé. ¿Qué te hace pensar lo contrario?- cuestionó el más alto mirándolo a los ojos mientras enarcaba una ceja.
-Que la gente normalmente no hace esto de abrazarse y esas cosas luego de "solo sexo"- explicó un tanto tímido, pues le incomodaba un poco ese tipo de contactos tan afectivos.
-Pues no sé con qué tipo de personas has estado, pero yo siempre lo hago, y no serás la excepción- expuso serio. Al decir eso sonaba como si hubiese estado con muchas personas, pero era una total mentira, solo había tenido dos novias, y Nitori era la tercera persona con la que había mantenido relaciones, pero le intrigaba sobremanera la forma en la que hablaba, como si el en verdad hubiese compartido cama con incontables compañías. Pero era mejor no saber. No es que no quisiera saberlo, solo que e momento no tenía ni el más mínimo interés en saber con qué tipo de persona se acababa de meter. Ya se lamentaría luego.
Cuando escuchó aquello de los labios del capitán no supo muy bien cómo reaccionar. Si dijo que eso era lo que siempre él hacía se suponía que no estaba del todo mal, así que ¿por qué no disfrutar un poco de aquella calidez que le ofrecía el pelirrojo? Se acercó un poco más a él, colocando la palma de sus manos sobre sus pectorales, apoyando su cabeza contra el pecho de este, escuchando desde su posición los calmados latidos de su corazón, al tiempo que sentía cómo lo aferraba aún más contra él. Era agradable sin lugar a dudas, solo esperaba no acostumbrarse a ello.
Notas finales:
Y bien? que les pareció? me odian?
Como verán, esto es como un flashback de cómo fue para que Mikoshiba y Nitori terminaran como terminaron. Y también verán que Ai-kun es cómo es por razones que en el futuro se explicarán con más detalles u_u
El resto de su "fugaz relacion" si le podemos llamar así, también se develarán (como si fuese un gran misterio ._.), en caps posteriores.
Quisiera agradecer de paso a todas las personas que se toman el tiempo de dejar reviews, se lo tedioso que puede resultar ser! por ejemplo cuando clickas submit y ocurre un error con la pagina y todo lo que escribes se va para el carajo jajaja me ha pasado y es lo peor! pero siempre es lindo cuando entro a mi cuenta y leo sus opiniones y halagos! me levanta el ego tengo que decir! :3 así que gracias! -w-
Los amo a todos! (づ ̄ ³ ̄)づ
Y si corren con suerte actualizaré pronto de nuevo! :D (solo que no será tan largo como este!._.)
Ja ne!
