Capítulo 10

POV Edward

A la hora de ubicarnos para dormir, Rosalie se quedó en la habitación que compartíamos antes, Jasper se quedó -a regañadientes- en la habitación de Vera y yo me acomodé lo mejor que pude en el sofá con algunas cobijas que sobraban en la cama que compartíamos Rosalie y yo. Cuando Rosalie estuvo mejor, se fue a dormir; Jasper se quedó un rato en la sala inspeccionándome, él debía suponer la "Charla" que había tenido con Bella, había terminado mal y después de unos cuantos minutos, me preguntó con la mirada si necesitaba hablar con alguien, a lo que yo respondí negando silenciosamente mientras dejaba salir el aire de mis pulmones, como si con eso consiguiera tragar el nudo que se me había hecho en la garganta; él simplemente asintió y se fue con la cabeza baja hasta llegar a la cama.

No quería hablar con Jasper -en realidad no quería hablar con nadie- eso solo me haría sentirme peor porque la verdad era, que yo no debí gritar en un principio, Bella podía hacer lo que quisiera, nada la mantenía sumisa a realizar lo que yo le pidiera; pero, tener el pensamiento de que a ella le podía pasar algo, me ponía realmente nervioso y más cuando ella lo único que había hecho era ayudarme.

No quería atormentarme más con recuerdos; así que, me pareció que lo mejor que podía hacer era escuchar música y ¡Por Dios que me había equivocado!, en los últimos treinta minutos, todas las canciones me la recordaban directa e indirectamente: Escuché I Don't Wanna Miss A Thing de Aerosmith, Given Up de Linkin Park, Treasure de Bruno Mars, Wake Me Up When September Ends de Green Day, Aquí estoy yo de Luis Fonsi (Ft. Aleks Syntek, Noel Schajiris y David Bisbal) y por ultimo, Boulevard Of Broken Dreams de Green Day… Me acordé que Bella tenía esa última canción de tono en su celular, por eso la descargué y me enfoqué en aprendérmela en guitarra y ahora en piano; pero, ella no sabía eso, era una pequeña sorpresa que le tenía para nuestra próxima visita al teatro -si es que volvíamos a ir- porque después de esto, dudaba mucho que me perdonara – Si, estás pasando por la fase negativa – Decía mi subconsciente burlándose de mi desgracia y yo como un estúpido le respondía – No es negativismo, es realismo – Apreté mis ojos fuertemente para tratar de dormir .

Como ella lo dijo: Al siguiente día, no estaba en el lugar donde la recogía cada mañana; esperé casi una hora creyendo que se le había presentado algún imprevisto, pero no me detuve a procesar sus palabras de la noche anterior y estuve a punto de llamarla al celular; tal vez, la volviera a ver unos cuantos días más tarde; cosa que me entristecía y empecé a notar como se me formaba un vacío en el pecho ante la intriga de no saber cuándo la volvería ver.

Cansado de esperar, fui hasta la empresa donde siempre la dejaba al iniciar el día confiando en la posibilidad de encontrarla allí; pero, para mi sorpresa no vi nada más que una interminable fila de reporteros y paparazis; era tan alto el número de personas, que ni siquiera pude llegar a las puertas de la empresa.

Volví de nuevo al taxi y recogí a uno que otro pasajero para empezar con mi trabajo; sin importar cuánto lo intentaba, no podía sacar de mi mente ese olor que siempre se desprendía de la parte posterior del taxi. Cuando Bella viajaba conmigo, todo el taxi se llenaba de un agradable olor a fresias y chocolate, ese olor permanecía conmigo; aunque en este preciso instante, me torturaba a cada segundo porque, por pura intuición llevaba mis ojos al espejo retrovisor esperando ver el rostro pacífico, dulce y sonriente de Bella. Mi decepción llegaba en el momento que me daba cuenta que ese puesto era ocupado por cualquier persona, excepto ella.

Me pasé toda la mañana llevando pasajeros de aquí para allá; después de todo, mi trabajo consistía en eso y concluí que Bella debería estar molesta si no quería que yo la viera; pero al menos quería asegurarme de que estuviera bien, no sabía cómo preguntárselo directamente porque cabía la posibilidad de que ella me ignorara y pensé que la mejor forma de hacerlo era llamar a Jasper pensando que él estaba en la empresa y podía saber algo de Bella.

– ¿Qué cuentas, Edward? ¿Cómo viste a Rose en la mañana? – Preguntó Jasper en tono alegre.

Hasta ahora me daba cuenta de que no había hecho otra cosa que pensar en Bella durante el tiempo que llevaba trabajando y en seguida volví mi mente a Vera y a Rosalie, quién estaba sufriendo mucho.

– Pues, ya sabes, sigue como muerta en vida; solo dijo que seguiría trabajando – Jasper me iba a interrumpir; pero, yo hablé antes presintiendo lo que iba a decir – Si, yo le dije que no era una buena idea; pero ya conoces a tu hermana, además ella dijo que le serviría para distraerse y además quería tenerle algún regalo a Vera cuando se decidiera a volver… Así que no pude hacer mucho; no pude decir nada, de hecho. Al menos, esta mañana estaba bien vestida y maquillada… Eso es una buena señal, creo – Terminé.

– Sí, imagino lo mal que ella lo está pasando, con suerte se recuperará y… ¿Tú que tal estás? – Volvió a preguntar. Sentí una pizca de doble sentido en esa pregunta.

– Con respecto a Vera, creo que me siento más calmado al saber que no corre ningún riesgo y que está bien… Dentro de lo que cabe; pero, si quieres que te sea sincero, la quiero tener a mi lado, ya pasé demasiado tiempo lejos de ella – Dije triste.

– Lo siento, dale tiempo, ella heredó tu fuerza y en menos de nada estará contigo – Se quedó en silencio como pensando – Emmm y el otro tema ¿Estás bien? – Volvió a preguntar.

– Prefiero no hablar de eso, ya lo superaré. La verdad es que, te llamaba porque sé que vas a ver a Vera hoy y te quería pedir el favor de que le dijeras, de mi parte; que la amo con todo mi corazón, que la extraño mucho, que nunca haría nada para herirla y que… espero que pronto esté lista para… volver a verme… y estar conmigo, que siempre estaré para ella para toda la vida – Se me formó un nudo en la garganta mientras le pedía a Jasper que le diera el mensaje a mi hija.

– Claro, Edward, me aseguraré de decirle, trataré de hablarle sutilmente sobre volver a casa para que ella no se sienta aturdida – Dijo tratando de darme calma.

Solté el aire de mis pulmones – Gracias – Hice una pequeña pausa – A propósito ¿Viste a Bella hoy en la empresa? – Pregunté en tono desinteresado; aun cuando, me moría por saber dónde estaba.

– No la he visto hoy, se supone que teníamos una reunión en conjunto con todos los arquitectos pero ella no se presentó y tuvimos que cancelarla… Edward – Dijo mi nombre con voz calmada y comprensiva – ¿Seguro que no quieres hablar de eso?

Sacudí mi cabeza como si él me estuviera viendo – No y gracias por todo, te veré después, adiós – Me despedí rápidamente.

– Claro, adiós.

Terminada la llamada con Jasper, seguí haciendo mi trabajo e ignoré la hora de almuerzo, no me apetecía comer nada y prefería mil veces tener compañía en la parte trasera del taxi -sin importar que me hablara o no- a dejar mi mente vagando y acribillándome a mí mismo. Pasando el día, cada vez que subía un pasajero, le daba la posibilidad de escoger la música o el canal de radio que le gustara; de forma, que mi cabeza se relajara y en algunos momentos funcionó, porque hubo pasajeros que estaban interesados en las noticias del día o en los partidos de futbol y baseball; otros pocos, inconscientemente me atormentaron con baladas románticas, canciones de pérdidas y música clásica. Unas cuantas noticias me afectaron porque hablaban de economía y como la empresa de Bella tenía gran parte del poder económico del país, tuve que escuchar su nombre y la hermosa relación que tenía con su esposo.

Ya entrada la noche, no soporté más la ansiedad y fui a la casa de Alice; sabía que ella era la amiga de Bella y que probablemente me sacaría a patadas por lo que le había hecho a Bella; pero, nada perdía con ir. Así que caminé hasta las rejas de la casa y toqué el timbre esperando que me contestara Alice, mi sorpresa llegó cuando se escuchó la voz de un hombre.

– Casa Brandon ¿En qué le puedo servir?

Me encogí y me invadió la vergüenza; pero él no me estaba viendo – ¿O sí? – Dejé eso a un lado cuando me recordé la razón por la cual había venido hasta aquí.

– Buenas noches, mi nombre es Edward Masen ¿Se encuentra la señorita Alice Brandon? – Dije con propiedad.

– Ella se encuentra en este momento ¿Me podría decir el motivo de su visita?

– Es un tema personal, me gustaría hablarlo con ella – No se escuchó nada del otro lado, solo la respiración del hombre – Necesito hablar con ella, no es necesario presentarme en la casa; si usted desea, le puede decir que salga a la puerta – Volví a tratar de que mi tono sonara propio pero creo que fallé al final porque sonó un poco ansioso.

– Le diré a la señorita Brandon que usted está aquí, deme cinco minutos.

Pasaron cinco minutos exactos cuando Alice se presentó bien vestida y maquillada como siempre, con una sonrisa alegre -cosa que se me hizo extraña- tal vez ella no sabía lo que había pasado entre Bella y yo y tampoco sabía nada de su amiga, entonces yo había venido hasta aquí en vano, ella pidió que abrieran las rejas de oro para que yo pudiera entrar. En el segundo en el que lo hice, se lanzó a mis brazos y me apretó tan fuerte, que me sorprendí como cabía tanta fuerza en ese pequeño cuerpecito.

– Hola, Edward, es un gusto tenerte por aquí para variar; discúlpame por Henry, nuestro mayordomo. Él solo acata las órdenes de mis padres, que dicen que nadie me puede ver sin su consentimiento, sin contar que todos en esta casa son demasiado sobreprotectores… Te pongo un ejemplo, ellos no querían que Bella se casara porque sabían que se iba a ir y ella es como una hija para ellos… Pero ella es una mujer – Rodó los ojos – En fin ¿A qué debo tu visita? – Se quedó en silencio un segundo, empezó a saltar y luego tomó mi mano – Espera, espera… Esto se tiene que hacer bien: Es la primera vez que me visitas; así que, vamos a tomar té, sígueme. – No terminó la frase cuando ya me estaba halando a lo que parecía ser el jardín trasero.

Este lugar parecía un edén, el césped estaba bien podado, había por lo menos cuatro fuentes iluminadas, varias piedritas que señalaban distintos caminos hacía unas bancas color blanco hielo con almohadones negros, figuras con arbustos, sin contar la gran cantidad de diversas flores que terminaban con la decoración.

Me quedé mirando todo con gran atención; a pesar de que estaba algo oscuro, cada cosa que había en el jardín era lo más parecido a una obra de arte que yo hubiera visto en mi vida. Estaba como en otro planeta y no me di cuenta que Alice me arrastraba nuevamente, esta vez lo hacía hacia una pequeña y fina mesita blanca rodeada por sillas del mismo color y material; donde, ya estaba todo dispuesto para "tomar el té" – ¿Qué rayos era eso? Los hombres no hacíamos estas cosas – Fruncí el ceño.

– ¿Qué es todo esto? ¿Acaso sabías que yo venía?

– No, tonto – Rodó los ojos con una sonrisa – Cuando tú te quedaste embobado viendo todo el jardín, yo le pedí a mi sirvienta que nos preparara el té. Ahora, siéntate porque se va a enfriar – Dijo poniendo una mano en el tope de la silla.

– Alice, yo no… Me refiero a que ¿No es muy tarde para tomar el té? – Pregunté tratando de salvarme.

– Oye, es la primera vez que me visitas y es una norma para mí, que cada vez que reciba una nueva visita lo invite a tomar el té; siempre ha sido así desde que conocí a Bella y lo seguirá siendo. Así que no te pongas de necio y siéntate en esa silla, porque puedo ser muy amedrentadora cuando quiero – Fijó su vista amenazadora en mí.

Rodé los ojos e hice lo que ella me pidió – Esto lo hago por Bella – Pensé lentamente; estaba atreviéndome a parecer el peor idiota del mundo, por ella. Alice se sentó de manera grácil y delicada cuando empezó a servir el té, mientras me preguntaba – ¿Crema y azúcar? – en tono británico; no sabía si reírme a carcajadas o sentirme un completo marica jugando un estúpido juego de té; pero, guardé esos pensamientos para mí porque sabía que tendría graves consecuencias compartirlos con Alice. Una vez ella me dio mi taza y bebí un poco del líquido, ella me miró y me sonrió ampliamente.

– Entonces ¿Qué te trae por aquí? – Me quedé en silencio mirando la taza averiguando cuál sería la mejor forma de preguntarle por Bella; pero, ella se me adelantó – ¿Debo suponer que nuestro tema de conversación será mi amiga, Bella? – Preguntó acercando la taza a su boca, a la vez que arqueaba una ceja de manera inquisitoria y mostraba una enorme sonrisa.

No tenía sentido mentirle; así que, afirmé con la cabeza y ella se quedó esperando a que yo continuara – Yo… fui un imbécil ¿Tienes alguna idea de dónde esté? ¿O…si está bien? – Pregunté mirándola a los ojos.

Ella negó con la cabeza y suspiró – Ay, Edward, ella tomó un vuelo con Emmet a Argentina, esta tarde, porque al parecer la necesitaba para hacer una visita por los hoteles que tienen en Sudamérica y de paso, inspeccionar que la administración en los hoteles fuera idónea, como ellos lo querían. Se supone que empiezan en Argentina y después irán a Brasil; pero, para serte sincera, no estoy muy enterada de sus planes de vuelo; ellos tienen muchos hoteles en los distintos países de Sudamérica… Están haciendo como un tour o algo así y no sé cuánto se vayan a tardar – Con ambas manos, dejó la taza en su lugar.

– Demonios, yo… – Me interrumpí a tiempo para no dejar salir todos mis pensamientos en frente de Alice – Gracias, quiero saber algo más si estás de acuerdo – Ella asintió con la cabeza – Supongo que hablaste con ella ¿Cómo estaba? – Temí lo peor ante la mueca que puso Alice.

– Vino a despedirse de mí… Sonreía; pero, no parecía realmente feliz; normalmente estaría irradiando alegría por la idea de estar de viaje con Emmet, aunque fuera de trabajo… En esta ocasión, llevaba esa horrible máscara de falsa alegría y complejo de superioridad, lo supe porque no se atrevió a abrazarme como lo hacemos siempre: Solo fue un apretón y un pequeño beso en la mejilla; además, solo había que verla para saber que no estaba bien – Bajé la cabeza sintiéndome lo peor del mundo, Alice alzó la voz para asegurarse de que la mirara – Escúchame bien, no sé qué pasó entre ustedes; solo sé, que es culpa de ambos y la tienes que buscar cuando ella llegue, yo te daré toda la información y si ella te rechaza, aun después de que hables con ella… Lo siento pero, vas a tener que darte por vencido, no quiero que mi hermana de toda la vida desarrolle sentimientos fuertes por ti y termine sufriendo, tienes que esforzarte, solo hay una oportunidad – Levantó su dedo índice y lo acercó a mí para hacer énfasis en lo que había dicho.

– No va a ir más allá de una amistad, ella tiene marido – Dije lentamente tomando lo último que me quedaba de té.

Me sorprendí al ver que Alice hacía un estruendo, todo lo que había en la mesa temblaba porque ella se había puesto de pie a la vez que -con fuerza- ponía sus manos extendidas sobre la mesa y abría los ojos desmesuradamente mirándome con furia.

– ÉL LA ESTÁ ENGAÑANDO – Gritó.

– Eso no significa que no siga estando casada y que ella no lo ame; además, ella lo puede volver a enamorar como lo hizo la primera vez – Dije no muy contento con la idea.

– Por alguna razón, él le fue infiel. Si la engaña una vez y ella lo perdona, él la seguirá engañando y ella seguirá cegada creyendo que él la ama, sabiendo que no es así – Volvió a golpear la mesa pero esta vez con los puños apretados, a la vez que tiraba la tetera y una cucharita – AL QUE AMA ES A TI Y TÚ LE CORRESPONDES, NO ENTIENDO CÓMO ES QUE NO SE DAN CUENTA – Terminó gritando.

Bajé la cabeza – No la amo de esa manera; es mi mejor amiga y ella me ve de la misma forma… O me veía desde lo que pasó anoche; solamente, quiero disculparme con Bella por lo que sucedió, te agradecería que me dijeras cuando ella llegue para poder hablarle – Tomé aire y me levanté de la silla – Gracias por todo, en realidad te agradezco que hayas hablado conmigo y vayas a informarme la fecha de su regreso, hasta luego.

Me retiré sin más, las grandes rejas de la mansión se abrieron en cuanto yo llegué hasta la salida y caminé hacía mi taxi. Tenía que seguir trabajando; pero, no me sentía de ánimos para trabajar, no quería ver a nadie y tampoco que nadie me viera; de seguro, mi estado era deplorable y me comenzarían a llover preguntas que no estaba dispuesto a contestar. Todo en mi vida iba de mal en peor y decidí ir al único lugar que me permitía pensar claramente.

Estacioné donde siempre, donde mi taxi no se veía y caminé algunos pasos para entrar. Encendí la luz y el lugar estaba como siempre, me senté en una de las sillas delanteras de los espectadores; vi con atención los instrumentos, cada uno de ellos estaba lleno de polvo y telarañas… Excepto la guitarra y el que más me relajaba: enfoqué mi vista en el piano de cola negro que estaba a una esquina del escenario; se podía ver que tenía algo de polvo en la parte superior, pero la banca estaba limpia en la parte de arriba. Inmediatamente recordé la primera vez que había traído a Bella al teatro y todo lo ocurrido -esa vez- llegó a mi mente como en una película.

Me levanté de mi puesto y llegué hasta el piano sintiendo la necesidad de expresarme de alguna forma en la que no tuviera que hablar. Me senté en la banca, tomé una respiración y llevé mis dedos a las teclas, las cuales, algunas estaban casi exentas del polvo por la última vez que toqué. Empecé con una suave melodía que solía compartir con mi mejor amigo -cuando aún estaba aquí- lo recordé porque esté lugar era nuestro permanente paradero y sentía su alma aquí, dejé de tocar y miles de lágrimas se agolparon en mis ojos.

– ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué tenías que irte? Hicimos una promesa y el contenido de la nota que me dejaste antes de partir no es ninguna excusa… PROMETIMOS AYUDARNOS Y ESTAR JUNTOS HASTA EL FINAL – Grité con todas mis fuerzas, siendo consciente de que nadie me estaba oyendo. Volví a suspirar y seguí hablando – Tú me ayudarías, yo… No sé qué debo hacer: Mi hija no me quiere ver, mi esposa ya no me ama y dejé ir a la única persona que me estaba ayudando a superar todo esto – Pronto se prendió un bombillo en mi cabeza – Y está… la universidad que comenzaré mañana; yo, no sé si me quedan fuerzas para seguir. A veces, me digo que lo mejor que podría hacer es seguirte en el viaje que hiciste – Negué con la cabeza – Según tu nota, no había nada ni nadie que pudiera extrañarte – Tragué saliva – Pero te equivocaste… Yo te extraño como un batallón de guerra y no te imaginas cuantos sentimientos he tenido que reprimir para que los que me rodean no me vean débil, cuanto he tenido que luchar para mantenerme vivo -si es que lo estoy-; pero, lo cierto, es que ya no sé ni en qué estado me encuentro y estoy haciendo todo esto porque, a diferencia de ti, yo si estoy manteniendo la promesa que te hice al leer tu nota – Terminé con voz triste.

Me tomé unos cuantos respiros para calmarme; de golpe, me quité las lágrimas que había derramado y me volví a sentir en la necesidad de tocar, puse mis manos en su posición y dejé que mis dedos acariciaran lenta y delicadamente las teclas. Al principio eran acordes torpes, no se podía apreciar ninguna secuencia, ni mucho menos se podía decir que era una melodía. Cerré mis ojos y bajé la cabeza solo un poco; a mi mente, llegó la imagen del rostro que tenía Bella cuando la grité. Apreté los ojos y empecé a escuchar tonadas tristes proviniendo del piano, las notas casi parecían estar llorando conmigo.

Duré un buen tiempo así, las notas lloraban a la par que mis lágrimas limpiaban algo del polvo que todavía permanecía en las teclas. Suspiré, parecía que ya se me habían secado los ojos y recordé la sonrisa de Bella, su cara inmaculada, las charlas que habíamos tenido, el sonido de su risa e inmediatamente, las tonadas lúgubres y tristes se convirtieron en melodías llenas de vida y felicidad; tal y como me sentía cuando estaba con ella. Seguí tocando sin detenerme, solo teniendo en mente el sonido de su risa; la cual, se asimilaba a mi motor para seguir y… lo entendí. Alcé mi vista y susurré un "Gracias".

Me quedé un rato más dejando que mis dedos se movieran por las teclas del piano, dejando que ellos hicieran su propia música, mientras yo cerraba los ojos viendo en mi mente las imágenes de los momentos felices que compartí con Bella. Me detuve cuando sentí que ya se alivianado el peso que había cargado por tanto tiempo y me di cuenta de que debía volver a dejar el taxi a la empresa; así que, me puse en pie y dejé todo como estaba para luego irme.

Ya en el taxi, recibí una llamada de Jasper y contesté con una leve sonrisa esperando que fueran noticias buenas.

– ¿Qué dices, Edward? Adivina con quién estoy – Dijo riéndose.

Ahogué un grito y me detuve en seco, oí como rechinaban las llantas del taxi, por suerte estaba a un lado de la carretera y no había mucho tráfico, nadie iba detrás de mí; por lo cual, nada pasó a mayores. Volví a mis cabales estacioné el taxi en la acera y escuché las estruendosas carcajadas de Jasper, al otro lado de la línea.

– Cuidado, las multas por infracciones de tránsito son bastante costosas; eso, sin contar que le hayas hecho daño a alguien más y termines como un asesino – Bromeó.

– Jasper… Tú tienes la culpa – Dije entre dientes y luego recordé lo que me había comentado antes. Temblé un poco – ¿Estás con Vera? – Titubeé.

Se oyó un ruido y temí que se hubiera cortado la llamada, hasta que escuché una risita y dejé de respirar por un segundo – Hay alguien que quiere hablarte – Dijo Jasper con voz calmada, podía sentir su sonrisa al decir eso.

Asentí con la cabeza como si me estuviera viendo – Hola, papi – Dijo la voz nerviosa de mi nena.

Una lágrima se empezó a formar en mi ojo, sentí que se formaba un nudo en la garganta; de modo que, tomé una gran bocanada de aire y hablé – Hola, princesa… – Iba a decir algo más, muchas cosas más; pero, no quería presionarla, solo dejé que ella hablara.

– Papi, mi tío Jasper me vino a ver; estamos jugando, pero él no quiere jugar con mis muñecas – Dijo en tono triste, ya me imaginaba su puchero.

– ¿Cuáles muñecas? – Ya esperaba su respuesta.

– Mi abuelita Esme me llevó a una juguetería y compramos muchas cosas y… te tengo un regalo – Musitó.

Me sorprendí – ¿Y cuándo me lo darás? Estoy ansioso – Bueno, no era una pregunta tan directa como para abrumarla; pero, si la pondría a pensar.

– Tal vez, en unos días más… Yo quiero que mi mami y tú tengan tiempo para hablar y… Quiero que se reconcilien – Dijo con voz apagada.

Suspiré – Hermosa, tu mami y yo no estamos discutiendo, somos amigos y nos llevamos mejor desde que decidimos que seremos solo amigos y los mejores padres para la mejor niña del mundo. No discutimos; pero, estamos tristes porque la princesa que mantenía la alegría en la casa, no está y la extrañamos mucho – Ya, no me pude contener más, le tenía que decir lo que estaba sintiendo, porque si no lo hacía, iba a estallar.

Ella se quedó en silencio unos segundos, escuché como corría y una puerta se cerraba – Yo también los extraño mucho; pero, quiero que estemos todos juntos… Como antes – Dijo con voz llorosa.

– No te voy a mentir, no será como antes; pero, podemos pasar algunas tardes los tres, haremos lo que tú quieras, estarás unos días con tu mami y otros conmigo, todos seremos felices – Apreté mis ojos, lo que le iba a decir a mi hija le partiría el corazón; sin embargo, la ayudaría a comprender mejor la situación – Nena, tu mami y yo no nos queremos como antes y no estábamos felices sabiendo eso, no podemos compartir la misma cama, ni la casa… Ahora, lo más importante que tenemos eres tú y no te queremos perder, te queremos ver con esa sonrisa preciosa que alumbraba todo a tu alrededor – Dije recordándola.

– ¿Si vuelvo, tú te irás a otra casa? – Preguntó.

– Con el tiempo lo haré; porque, sé que tú eres una niña fuerte y valiente, que puede con todo y no le teme a nada – Dije dándole valor.

– No soy tan fuerte, me da miedo quedarme sola – Sollozó.

– No lo harás, nunca estarás sola: Tu mami, tu tío, tus abuelos y yo siempre estaremos contigo, como el dibujo que hiciste en el apartamento de Jasper ¿Recuerdas? – Sonreí como si me estuviera viendo.

– Si – Susurró – Pero, todavía no quiero ir a casa… Yo… quiero estar más tiempo aquí, yo te mando muchos besos; te amo, papi. Adiós – Dijo un poco más tranquila.

– Yo te amo más, mi vida; quiero que me llames cuando estés lista para volver; recuerda que te estaré esperando siempre, no importa lo que pase. Adiós – Me despedí con dificultad y solté un suspiro.

Me tomó unos cuantos minutos reponerme y volví a mi plan inicial de dejar el taxi en el parqueadero de la empresa. Hablar con mi hija me había tranquilizado y ahora estaba seguro de que Vera estaría bien en manos de Carlisle y Esme y parecía estar feliz, eso era lo que más me importaba.