"Esta historia participa en el Reto Pasos Para Saber Si Estás Enamorado/a del Foro Comunidad Sakuriana"... Bueno, no exactamente. Fue escrito con esa finalidad, pero no cumplía con los requisitos del reto y no participa ;D
Confesiones
Tras leer el mensaje de Tomoyo, Sakura respira con alivio, y mira el techo de su habitación salpicado de estrellas fluorescentes. Tomoyo tiene razón; tal vez esté haciendo una tormenta en un vaso de agua y ella misma se esté ahogando con sus sospechas sin fundamento. Decide irse a dormir y levantarse pronto para llegar temprano a la escuela y encontrarse con Syaoran antes de que toque la sirena y puedan hablar un poco. Quizás, si echa mano de todo su ingenio, consiga sacarle si tiene novia o no.
Se queda dormida sin proponérselo, pero se despierta cuando todavía no hay sol. Algo la ha sacado de su sueño, porque Sakura suele dormir toda la noche de un tirón y sólo son las dos de la mañana. Entonces escucha un golpe en su ventana, y lo identifica como una china impactando contra el cristal. Al otro lado de la pared escucha un turbado ronquido de su hermano. Sakura se apresura a levantarse y a abrir la ventana, bajo la cual se encuentra a un Syaoran de sonrisa tonta.
—Hola. —La saluda. Su voz suena graciosa.
— ¿Qué narices haces aquí a estas horas?—Le grita Sakura en un susurro. Syaoran se ríe y hace el ademán de trepar por el árbol de su jardín para llegar hasta su ventana, pero Sakura lo para y baja corriendo a abrirle la puerta de la cocina. Después, con mucho cuidado, lo guía hasta su habitación y lo empuja hacia su cama, porque comprende que está borracho. — ¿Y de dónde demonios vienes así de bebido?
—Eriol me acogió esta tarde después de encontrarme como la mierda en los vestuarios del gimnasio. —Le confiesa. —Y hemos bebido tooooda la tarde.
— ¿Y por qué estabas "como la mierda"?—Le pregunta, repitiendo sus palabras.
—Porque la chica que quiero está rarísima conmigo, ¿sabes?—Dice Syaoran. Sakura siente que su corazón da un brinco y después se encoge de dolor. —Primero está muy bien conmigo, pero después, llega una tarde y ¡pum! —hace un teatral gesto de una explosión — ahora nada es normal. Que si no podemos estar tanto tiempo juntos, que si tengo otros amigos… Y las pocas veces que hemos estado juntos últimamente está como distante, ¿te lo puedes creer? ¡Y encima hoy se va a casa sin decírmelo!—Termina gritando. Sakura se tensa y aguza los oídos para identificar algún ruido fuera de lo normal; Touya sigue roncando, dormido, y suspira de alivio.
— ¡Quieres hacer el favor de no gritar! Si mi hermano se despierta, date por muerto.
— ¿Y quieres saber qué es lo peor de todo?—Continúa Syaoran, como si no la hubiera escuchado. —Que le pregunto si le pasa algo y me dice que no, y luego encima le resumo nuestra situación y lo único que se le ocurre decirme ¡es que su hermano me va a matar!
Syaoran vuelve a gritar, pero Sakura no tiene fuerzas para decirle que modere la voz. Aún está procesando lo que acaba de oír.
—No, espera, eso no es lo peor de todo. Creo que acaba de darse cuenta de que es ella quien me gusta.
De repente, Syaoran no parece tan borracho.
— ¿Qué?—Pronuncia incrédula.
—Que te quiero. —Se ríe Syaoran. —Te he querido desde… ¿siempre? Y tú eres tan tonta que te acabas de dar cuenta.
Entonces, Syaoran se levanta y la abraza sin avisarla. Sakura está tan concentrada en disfrutar del abrazo que el siguiente movimiento de Syaoran la toma por sorpresa: se aparta un poco de ella, la mira tiernamente a los ojos y después, la besa.
No sabe cuánto dura el beso, pero cuando se separan Sakura está sin respiración. Syaoran parece casi tan afectado como ella, sólo que él intenta volver a besarla mientras ella se aparta para intentar procesar lo que acaba de ocurrir.
— ¿Desde siempre? ¿Y sólo se te ocurre decírmelo ahora?—Le reclama. —Me habrías ahorrado… semanas de incertidumbre, estúpido.
— ¿Quieres decir…?
—Sí, idiota. Yo también te quiero. —Le confirma antes de ponerse de puntillas y volver a unir sus labios.
Pero entonces, recuerda lo que ha escuchado durante la hora del almuerzo y le pregunta si no tiene una novia por ahí escondida, a lo que él responde que, como ella no acepte salir con él, su recuento de novias, secretas o no, queda en cero.
— ¿Y la chica con la que hablaste hoy?—Le pregunta. A Syaoran le cuesta un poco recordar porque todavía hay demasiado alcohol en su sistema, pero Sakura lo ayuda con la cara de un rojo brillante.
Y aunque se siente avergonzada de sí misma, no puede evitar suspirar de alivio cuando Syaoran le dice que estaba hablando con su prima.
—Así que por eso te has largado hoy sin esperarme. —La incrimina Syaoran después de otro largo beso. Ahora están acostados en su cama, con las piernas entrelazadas, y él juguetea con sus mechones castaños. —Joder, Sakura. Llevabas rara mucho tiempo y creí… que te habías dado cuenta de mis sentimientos y que no los aceptabas.
La conmociona tanto ver esa inseguridad reflejada en sus ojos que se retuerce entre sus brazos y le da un tierno beso en la nariz.
—No, tontorrón. Me había dado cuenta de mis propios sentimientos, y me daba miedo aceptarlos.
Se funden en otro beso intenso, hasta que sus cuerpos sucumben al cansancio y se quedan dormidos, abrazados. No se despiertan hasta el día siguiente, cuando Touya, vestido con su uniforme de interino, va a despertar a su dormilona hermana y se los encuentra enroscados el uno en el otro.
