El siguiente OS fue un desafío para la actividad de DZ. Debido a políticas del sitio, se ha acortado la historia. Para leerla completa, favor de ir a mi perfil y clickear el link a mi blog "Lady Beelze's fics".

Aventura. Comedia. Yaoi. +18

StingmonxXVmon.


Error de ejecución.

—No doy un paso más—sentenció Stingmon, deteniéndose en seco.

XV-mon se detuvo a su vez algunos pasos más adelante y se volvió a verlo con cierta curiosidad. Los ojos rojizos de su compañero denotaban sin dificultad su molestia y su decisión a no seguir avanzando ni un solo centímetro. El dragón azulado intentó razonar:

—Vamos…solo nos falta un día más de caminata para llegar al pueblo.

El otro se cruzó de brazos y se recargó en una pierna, golpeando con su otro pie libre en el suelo de manera intermitente.

—Al menos intenta volando…

—Volamos dos días seguidos sin detenernos, ¡y en la dirección contraria de a donde debíamos ir! ¡Y todo por tu necedad!—apuntó el insecto a su acompañante, de forma acusadora—. ¡Tengo las alas adoloridas por culpa tuya!

El digimon azul recibió la reprimenda merecidamente, aunque igualmente intentó defenderse.

—Pudiste haber sugerido ir en la otra dirección…

Stingmon se agarró la cabeza a dos manos intentado no estallar. Aunque igualmente lo hizo:

— ¡Te dije mil veces que viniéramos hacia el sur primero, pero tu dale con ir hacia el este! ¡Y no lo niegues!

—No lo niego. Solo…no lo recuerdo…—dijo, encogiéndose de hombros.

El digimon verde hizo silencio, soltando únicamente un bufido molesto. Se dejó caer sentado al suelo de tierra y se cruzó de brazos, negándose a dar un solo paso. XV-mon sabía que no lo movería: lo conocía desde hacía tres años y cuando algo se le metía en la cabeza a Stingmon, no había forma de hacerlo cambiar de parecer.

—De acuerdo…tú ganas—se rindió él con un suspiro. Luego se rascó el cuello y miró en rededor— ¿Qué vamos a…?

—Revisa el lugar para saber si hay digimon peligrosos primero, cabeza hueca—ordenó el digimon más joven sin una mota de amabilidad—, y después consigue comida. Y prende fuego también, está empezando a helar.

Irónicamente, el mayor asintió con la cabeza las órdenes que se le daban y salió a recorrer los alrededores.

Los dos personajes se habían conocido hacía cosa de tres años. Ambos llegaron al dojo del maestro Paildramon buscando hacerse más fuertes; Stingmon desde la región del Bosque, enviado por su familia, y XV-mon desde la región del fuego, enviado por la suya. Ambas familias eran conocidas desde hacía siglos, y siempre enviaban a uno de sus respectivos hijos con el maestro para que los instruyera y convirtiera en un digimon digno de admiración. Había muchos otros estudiantes en el lugar, pero con el pasar del tiempo y el entrenamiento terminado, únicamente ellos dos se quedaron los últimos meses con su maestro. ¿La razón? Los dos digimon buscaban la evolución por fusión para convertirse en un potente Paildramon reforzado, tal y como lo era su maestro. Además, era el sueño de ambos y el honor de su familia el unirse a las filas de la Orden para ser soldados al servicio de éste importante grupo, y como allí solo recibían a "la elite" de cada sector, ambos deseaban volverse lo más fuerte posible para así tener un lugar entre las armadas reales.

Sin embargo y a pesar de que el maestro les traspasó hasta el último de sus conocimientos y los enseñó diestramente en la técnica para fusionarse con su compañero y crear un ser único, poderoso y armonioso, Stingmon y XV-mon parecían tan incompatibles como el agua y el aceite. Varios de los otros estudiantes de sus mismos tipos consiguieron combinarse perfectamente y se marcharon convertidos en un solo y fuerte soldado, pero ellos se quedaron allí, avergonzados y siendo el único par posible para un "Paildramon" correcto, que aparentemente nunca conseguiría verse entre los guerreros de la Orden.

El maestro les tuvo una paciencia considerable pero todos tenían un límite, y estos dos con sus continuas peleas y discusiones bobas, acabaron por arruinar el hígado del digimon, quien los expulsó a ambos de su dojo con las técnicas avanzadas de un Paildramon sin aprender.

— ¡Y no regresen hasta que hayan conseguido fusionarse, par de inútiles!—rugió el viejo, cerrando de una vez las puertas y respirando paz al fin.

Stingmon, el más joven de ambos, con su temperamento caliente, su ego y su obstinación, culpó de todo a XV-mon, llamándolo por todos los adjetivos calificativos e insultos que se le ocurrieron en su rabieta al verse expulsado del dojo y todavía sin poder adquirir su nueva forma. XV-mon no consideraba que fuera el culpable de la situación de ambos, cuando el insecto raras veces cooperaba para intentar llevar a cabo la fusión, se quejaba más de la cuenta, y se rendía con facilidad después de algunos intentos fallidos. Él en cambio era más optimista y dedicado en ese aspecto, pero le tenía no mucha paciencia a su compañero y terminaba por dejar la práctica hasta la mitad.

Los dos digimon se mantuvieron juntos en el viaje que el maestro les ordenó hacer recorriendo varias de las regiones adyacentes, con la orden de aprender a conocerse a fondo, tolerarse, sacar lo mejor y lo peor el uno del otro, ayudarse mutuamente y conseguir finalmente ser lo suficientemente cercanos como para poder estar ambos en la misma "onda radial", para conseguir así la tan ansiada fusión…pero ya habían viajado juntos los últimos seis meses, y su relación no hacía más que estropearse con los descuidos de XV-mon y la intolerancia de Stingmon. Paildramon parecía alejarse de ellos cada día más y más…

Mientras la luna aparecía arriba detrás de la espesa capa de árboles que cubría el bosque en donde ambos se detuvieron esa noche, Stingmon arrojó por sobre su hombro el corazón de su décima manzana, rodeó sus rodillas levantadas con sus brazos, y soltó un suspiro de desaliento. XV-mon se quedó con un melón a medio masticar al escucharle así: el insecto nunca se mostraba más que irritado o aburrido, pero nunca triste, desanimado o melancólico. Este era un signo nuevo y diferente, y podía ser un buen paso para ir conociéndose "más a fondo" de una buena vez, como había ordenado el maestro Paildramon.

— ¿Te ocurre algo?—preguntó el digimon azul.

—Nada que te interese—replicó el insecto sin prestarle atención.

XV-mon se mordió la lengua para no soltar algunos tacos: hasta allí había llegado su interés por intentar acercarse a Stingmon. Volvió a su melón con el ceño fruncido e intentando no molestarse por algo que venía repitiéndose desde hacía tanto tiempo. No comprendía por qué no podía ser amigo del digimon verde, siendo que ambos se habían salvado el pellejo el uno al otro en cientos de ocasiones y habían pasado tres años juntos. Tal vez a Stingmon no le interesaba conocer nada de XV-mon y por eso la fusión no terminaba por darse jamás. De todas formas era tan egocéntrico…

—Oye, Stingmon.

— ¿Qué quieres?

— ¿Tú me odias o algo?

El aludido se quedó viendo al dragón con cierta extrañeza. Luego recargó su cabeza entre sus brazos.

—Qué idiota—soltó sin más.

El dragón ahogó un rugido furioso y tragó más melón. Stingmon rió para sus adentros, sabiendo que con esa clase de comentarios siempre lo hacía enfurecer. Igualmente le explicó después:

—Si te odiara, me habría alejado de ti desde hace mucho tiempo.

— ¿Entonces?—siguió el otro— ¿Por qué siento que te doy lo mismo, a pesar de que somos compañeros desde hace tiempo y nos hemos ayudado muchas veces?

—Eres un bobo—siguió Stingmon—, y también eres demasiado despistado. Siempre pierdes el norte y siempre te olvidas de lo que te dicen o te enseñan…tienes la cabeza en las nubes. Pero no eres mal sujeto…—dijo, algo ensimismado—y sé que si me odiaras también te habrías ido hace tiempo. Supongo que si seguimos aquí los dos es únicamente porque nos necesitamos…

— ¿Disculpa?

—Para la fusión, soquete—dijo el insecto, con la mirada seria—, no es que necesite a alguien que me saque del camino todo el tiempo o se ponga a rebatirme las cosas.

— ¿Prefieres a la gente que está de acuerdo contigo siempre?

—Digamos que no me incomodaría que aprendieras a escucharme.

—Cuando trato de escucharte siempre me sales con algún insulto, o una respuesta muy desagradable—rebatió XV-mon—, no puedo obligarme a escucharte si reaccionas así con las personas.

—No esperes que las personas actúen como tú quieres.

El digimon azul se rascó la cabeza, tratando de mantenerse paciente. Arrojó lo que le quedaba de melón entre las manos y se quedó viendo el pequeño fuego frente a ellos, que comenzaba a extinguirse lentamente. Stingmon a su lado lo observaba, aunque obviamente estaba distraído con otra cosa: XV-mon se preguntaba qué podría estar pasando por esa cabeza ególatra. Se estiró en su sitio y se dejó caer con cuidado de espaldas, acomodando sus alas para dormir. Observó el cielo estrellado arriba en el pequeño espacio que los árboles permitían y suspiró. Otro día malgastado en el que no habían conseguido fusionarse.

—Nuestras familias todavía esperan que regresemos como un Paildramon completo…

—No me lo recuerdes…—dijo el otro, hundiendo la cabeza entre los brazos.

— ¿Realmente quieres ser un Paildramon…o solo es por nuestras familias?—preguntó el digimon azul, volviendo la cabeza para verlo.

Stingmon tardó en contestar. Su única respuesta fue echarse hacia atrás, darle la espalda y acomodarse para dormir. El otro cerró con fuerza los ojos y volvió su atención al cielo.

—Buenas noches…

—Adiós…

Fusionarse. Qué termino tan complicado, pensaba XV-mon. Y llevarlo a la práctica lo era todavía más. Un digimon fusionado era el resultado de la combinación de dos –o más- digimon que conseguían unir perfectamente sus cuerpos, sus mentes y almas en un único ser, que podía unir los sentimientos y emociones de ambos, sus deseos y decisiones, y hacerlas trabajar perfectamente juntas y en sincronización. Ambos debían estar ahí pero como un único conjunto. ¿Cómo podía ser eso? Estar ambos allí pero actuar como uno solo…

Se le vinieron los colores al rostro al recordar algo. Una película que había visto hacía tiempo, antes de ingresar al dojo, en donde los dos personajes decían (gritaban en realidad) lo increíble que era sentirse parte del otro, casi como si hubieran sido uno…el digimon se agarró la cara con una mezcla de vergüenza y espanto de imaginar una cosa así. Stingmon y él…ew…aunque si lo pensaba bien, tanto su maestro como ellos dos habían agotado todo, hasta el último de sus recursos por intentar conseguir la fusión. ¿Y si aquel era el método? ¿Y si Paildramon no se los había dicho a la cara porque el proceso en cuestión era un asunto "complejo" y demasiado vergonzoso?

XV-mon se levantó de golpe pensando en esto. Si ya no quedaban más opciones, ¡esa tenía que ser LA opción!

—Stingmon…—dijo, volviéndose hacia el digimon y moviéndolo por el hombro.

El insecto no reaccionó al principio, pero poco a poco comenzó a regresar a la realidad, y no lo hizo del mejor modo.

— ¡Qué diablos…!—exclamó, al sentir un gran peso encima.

Abrió de una vez sus grandes ojos rojos y se encontró de cara con su compañero. Y lo que era peor, ¡él era el peso que aplastaba su cuerpo!

— ¡Quítate grandísimo animal…!—rugió, empujando al otro pero sin conseguir moverlo.

En lo que XV-mon hacía un intento por explicarle su idea Stingmon se puso a forcejear, por lo que el dragón lo sostuvo por las muñecas hasta que el otro se calmó.

—Escúchame—pidió, sin levantar demasiado la voz—, ya sé cómo vamos a fusionarnos.

Las antenas rayadas de Stingmon se pararon de escuchar eso y sus ojos se volvieron redondos.

— ¿De verdad? ¿Cómo es eso?

El otro se sonrojó notoriamente, extrañando al otro. Se tardó casi un minuto entero en intentar soltarlo, tiempo de sobra en el que Stingmon cayó en cuenta y se sonrojó también.

—…no… ¡No!—exclamó, intentando soltarse otra vez— ¡Qué clase de idea ridícula es esa!

— ¡Es la única opción que nos queda!—respondió el digimon azul, volviendo a asirlo con fuerza— ¡Ya lo hemos intentado todo y lo sabes!

— ¡Es que eso no puede ser!—exclamó el digimon.

— ¿Qué más? Ninguna de las técnicas del maestro funcionó ni nada de lo que ya hemos intentado o escuchado por ahí. Yo creo que sí es…

— ¿Cómo podría ser?

—…bueno…he escuchado por ahí que en determinado momento…

—Clímax, bobo.

—Sí, sí, en el clímax…las dos personas se sienten como…

— ¡Ya sé cómo se sienten!—rugió Stingmon, golpeándolo con su puño en el hombro y totalmente avergonzado— ¿Te crees que por tener dos años menos que tú soy alguna clase de ignorante?

—No, pero si ese es el caso, entonces tenemos que intentarlo.

Stingmon lo golpeó un par de veces más, pero dado que era XV-mon el de la fuerza física, simplemente sus golpes no surtieron mucho efecto. El digimon se cansó de intentar y se dejó caer hacia atrás, rendido, avergonzando y sin poder creer que estuviera metido en semejante situación. ¿Por qué al lagarto se le había tenido que ocurrir? El insecto se estuvo debatiendo largos minutos; XV-mon esperó pacientemente montado sobre él, hasta que el otro se rindió:

—…si no resulta, juro que voy a hacerte daño con esto—resolló Stingmon, sacando uno de sus piquetes de su mano y regresándolo a su sitio—, y va a ser justo ahí, donde te va a doler…

XV-mon tragó saliva y asintió con la cabeza. Stingmon aún tenía algo más que decir.

—Si llegase a resultar…nadie, nadie en todo el universo va a enterarse jamás de esto, ¿me oíste?

—Si resulta es porque éste es el método…

El otro se sonrojó. Raras veces no acertaba en sus comentarios. Dijo una última cosa:

—No pienso mover un dedo…

Esto alcanzó para hacer sonreír a su compañero.

—Lo imaginé.


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