Los personajes son exclusivos de S. Meyer y la historia pertenece a Michelle Reid.

Capítulo 10

Edward agarró por la cintura a Bella al llegar al ves tíbulo.

-¡Quítame las manos de encima!

Pero la agarró más fuerte para subir las escaleras hacia el dormitorio de ella. Edward cerró la puerta ayu dándose con un pie. Luego la hizo girarse para que lo mirara a los ojos. Bella a vio lágrimas de rabia en ellos.

-No voy a dejar que nadie haga daño a Nessie -dijo enfadado-. ¡Y no estoy haciéndolo para hacer te daño a ti!

-¿Entonces por qué lo haces? -replicó.

-¡Ya te lo he dicho! He roto el trato que tenía con tu padre.

-¿Pero por qué? ¿Por qué, Edward?

En los ojos del hombre se podía ver frustración y rabia.

-¡Por esto! -murmuró, cubriendo los labios de ella y besándola apasionadamente. Cuando la soltó para que tomara aire, ella apenas podía sostenerse en pie. -Te Amo, Amo a nuestro hijo y quiero a Nessie más de lo que quiero mi isla -declaró con fiere za-. ¿Contesta eso a tus preguntas?

¿Que si las contestaba? ¿Pero era verdad que la quería tanto? El rostro de Bella se puso pálido, sus pestañas tem blaron mientras toda ella comenzaba a agitarse. Su há bito de protegerse la impidió creer lo que él quería de cirle. Lo que sus ojos le decían mientras la miraba apasionadamente. ¡Lo que sus sentidos suplicaban que creyera!

-¡Confía en mí! -se oyó murmurar, y de repente, Edward la elevó por los aires-. ¿Por qué eres así? ¿Por qué cada vez que quiero hablar contigo te marchas o intentas insultarme?

Edward la dejó sobre el borde de la cama.

-¡Me estás volviendo loco! -gruñó, poniéndose en cuclillas para acercarse más a ella-. No puedo acercarme a ti a menos que use el sexo como una lanza. No puedo hablar contigo sin tener la sensación de atra vesar un campo lleno de minas, y si consigo llegar has ta ti, haces esto.

-No estoy haciendo nada -susurró.

-¡Estás temblando!

-Porque tú estás gritando.

-Yo no... ¡Maldita sea!

Edward dio un suspiro, bajó la cabeza y se pasó la mano por su cabello Cobrizo. Luego se levantó y se acer có a una de las ventanas. Se quedó allí con las manos metidas en los bolsillos mientras miraba hacia afuera con desesperación, como si necesitara tiempo para re cuperar la compostura.

-Quiero que me entiendas -murmuró repentina mente-. He hecho esto porque necesitaba estar seguro de que tú y Nessie estabais a salvo antes de acercar me a tu padre.

-¿Pero por qué te tomas todas estas molestias? - preguntó, sin entender todavía por qué había sucedido todo-. En dos meses podíamos tenerlo todo: tú, tu isla; yo, a mi... Nessie; y mi padre, su precioso nieto.

-No.

-¡Sí! -insistió, levantándose sobre sus piernas débiles-. Decidir romper ahora el trato no va a cam biar el hecho de que yo esté embarazada de tu hijo, Edward, que es lo que mi padre quiere.

-No, no lo estás.

-¿Que no estoy qué? -preguntó, con los ojos fi jos en la espalda de Edward.

Sus hombros mostraron su rigidez y su rostro estaba sombrío, al volver su cara hacia ella.

-No vas a tener un niño -dijo, despacio y pro nunciando con claridad.

-¿Puedes repetir? ¿Qué crees que es esto entonces, Edward? ¿Un milagro? -dijo la muchacha, soltando una carcajada mientras se tocaba el vientre.

-Es una niña.

-¿Qué?

-¡Siéntate! -suplicó, al ver que el color de la cara de Bella se desvanecía. Edward se acercó y la ayudó a sen tarse en la cama. -¡Dios, nunca pensé que una mujer tan fuerte pu diera ser físicamente tan frágil!

-No soy frágil -dijo en un murmullo roto - Simplemente me sorprende que hayas dicho tal cosa.

-Es cierto. La ecografía que te hiciste la semana pasada dice que es una niña.

-Pero... pero si tu familia sólo tiene hijos varones.

-Esta vez parece ser que no -dijo, con una mue ca.

-¡No! No te creo. Ni siquiera viste la foto.

-Tu médico me mandó un fax con la fotocopia.

«¿Lo hizo?», se preguntó ella, con los ojos sorprendidos porque Edward se hubiera tomado tanto interés en su embarazo. Entonces recordó que ella también tenía su propia fotocopia y estaba segura de que no había ninguna indicación sobre el sexo del bebé.

Bella comenzó a mirar a su alrededor con impacien cia, buscando su bolso. Edward le dio la pequeña fotogra fía en blanco y negro con dedos temblorosos. Después de ello, Bella no se movió. Esa fotografía era diferente de la suya. El bebé se había movido y demostraba cla ramente que Edward decía la verdad.

-¡Dios mío! ¿Cómo ha podido ocurrir?

Era una pregunta estúpida para cualquiera que no conociera la situación.

-Por los métodos habituales -contestó con ironía Edward-. Me imagino.

Entonces lo entendió todo de golpe. Supo lo que Edward había ganado y lo que había perdido, así como la carga de la que se había hecho responsable.

-¡Oh, Edward, lo siento muchísimo!

-¿Por qué te disculpas? Los dos corríamos un riesgo.

-¡Pero perderás tu preciosa isla! -continuó ella, sin hacer caso de lo que él decía.

De repente él estaba agachado frente a ella de nuevo.

-¿Crees que parezco un hombre que necesita com pasión? Mírame, Bella -insistió, al ver que ella bajaba los ojos. Edward tomó la barbilla de ella y Bella se quedó mirán dolo fijamente a los ojos. No sonreían, pero tampoco parecían tristes. Y su boca estaba relajada. -Tengo que confesar que me complace ser el pri mer miembro de la familia Cullen que es padre de una hija -confesó sumisamente, casi-. También me complace que este inesperado hecho me haya ahorrado tener que buscar otra manera de hacer que tu padre sal ga de nuestras vidas.

-No te olvides de que todavía sigue afectando a mi vida y a la de Nessie -le recordó temerosa Bella.

-Pero pronto saldrá de vuestras vidas para siem pre.

-Vendrá detrás de ella, lo sabes.

-Quiero que lo haga -asintió gravemente, luego levantó las manos y las puso sobre los hombros de ella-. Nessie está aquí a salvo. No podrá tocarla, lo sé con certeza. Y cuando llegue aquí, se lo dejaré claro.

Bella deseó poder estar segura de ello. Conocía a su padre, sabía cómo respondía a una desobediencia de cualquier tipo y se estremeció. Fuera, se oyó la risa de una niña feliz.

Un gemido escapó de los labios de Bella y las manos que había sobre sus hombros la apretaron con fuerza.

-Te prometo en este momento que nadie, nunca, borrará esa risa de ella de nuevo.

Las lágrimas humedecieron los ojos de Bella. Edward observó cómo la boca de ella comenzaba a temblar y se emocionó.

-Eres tan frágil a veces que me duele el corazón de verte.

Y era cierto. Bella se dio cuenta sorprendida. ¡Se veía a Edward tan indefenso ante su fragilidad... !

-¡Oh!

No supo cómo, pero de repente estaba en los brazos de él, y lo agarraba por el cuello como había hecho en el pasado. Y sin avisar, enterró el rostro en el cuello de él y se abrazó como si de ello dependiera su vida. Tampoco supo cómo comenzaron a besarse apasio nadamente. O cómo terminaron desnudos y entrelaza dos sobre la cama, pero supo, cuando él entró en su cuerpo, que algo importante había cambiado sus vidas porque ya no existían barreras entre ellos. Además, tampoco se arrepentía del modo en que él hacía que perdiera el control.

-Te adoro -murmuró Edward, contra su boca anhe lante-. Te has metido en mi corazón sin saber cómo. Ahora no puedo tomar aire sin sentirte dentro de mí.

-Lo sé -susurró ella con suavidad-. Te amo tan to que me duele pensarlo.

Él reaccionó como un hombre al que han disparado en el pecho. Dejó de moverse, dejó de respirar. -Dímelo otra vez -ordenó con voz ronca.

Edward tenía los ojos verdes, la piel pálida y su cuer po bronceado duro por la tensión. Bella le acarició las mejillas y lo miró fijamente a los ojos con sus ojos verdes.

-Te amo.

Él recogió aquellas palabras que salían de su boca, las robó, las saboreó y se las hizo repetir una y otra vez hasta que les hizo perder el control de sí mismos y su mergirse en un acto amoroso apasionado. Tan apasio nado como siempre había sido entre ellos, a pesar de haber creído que se odiaban.

-Ya está hecho -murmuró Edward con pereza, cuando yacían el uno al lado del otro-. Nunca permi tiré que te marches.

-¿Crees que voy a intentarlo? -dijo con una son risa.

-No, pero...

Se oyó un golpe en la puerta que detuvo sus pala bras.

-¡Edward! -dijo la voz de su hermano-. Swan está al teléfono, será mejor que bajes.

-¿Y bien? -preguntó Bella impaciente.

La muchacha se había acercado al estudio de Edward y esperaba en la entrada. Éste, apoyado en la mesa, tenía la cara sombría. Iba vestido con la misma ropa de por la mañana, mientras que ella se había puesto un vestido de algo dón azul, antes de correr hacia la planta baja. Edward miró hacia ella y esbozó una sonrisa breve. -Está en camino -informó-. Viene en avión. Bella se estremeció.

-¿Cuándo llegará?

-Mañana, como muy pronto -replicó-. El aero puerto de aquí no acepta que aterricen aviones después de la caída del sol, así que no tiene otra opción que quedarse en Tesalónica.´

-¿Y si trae a la policía consigo?

-No va a hacer nada por el estilo -aseguró, con total firmeza.

-Edward...

-No -interrumpió él, comenzando a caminar ha cia ella-. No tienes que preocuparte por nada, sé lo que hago.

Es decir, le estaba diciendo que confiara en él. Pero no era en Edward en quien no confiaba ella, sino en su padre.

-Voy a buscar a Nessie -murmuró ella.

Él la dejó ir y la muchacha se esforzó por tranquili zarse antes de encontrarse con la niña que, encantada y hablando sin parar, la acompañó a explorar el paraíso que iba a ser su nueva casa.

-Tienes que confiar en él -le dijo Rose en voz baja, al ver a Bella con cara pálida y preocupada, mien tras Nessie se daba un baño antes de ir a la cama-. Edward es muy eficiente cuando traza un plan.

-Ha perdido su isla -respondió Bella, con una son risa en los labios.

-Ya, pero eso se debe a que ha tenido que elegir entre su antiguo sueño y el nuevo -explicó Rosalie - El nuevo ganó. Si no hubiera sido así, él no habría per dido su isla, te lo puedo asegurar. Tiene una paciencia increíble, ¿sabes? Te habría encerrado aquí hasta que te hubieras quedado embarazada del hijo que necesita para ello.

Nessie las interrumpió al salir del baño bailando envuelta en una toalla, y tan feliz que Bella decidió apartar sus preocupaciones y confiar en que todo iba a ser tan maravilloso como su hija pensaba.

A la mañana siguiente, muy temprano, Charlie Swan llamó desde el aeropuerto de Skiathos, en el momento en que todos estaban desayunando relajados. Aunque en realidad todos esperaban la llamada. Bueno, no todos. Vanessa no sabía nada. Nadie habló mucho, excepto ella. Y es que todos estaban tan ner viosos que, cuando sonó el teléfono, casi fue un alivio. De algún modo, eso significaba que la espera llegaba a su fin.

-Muy bien, ya está -dijo Edward al colgar-. Rose, ibas a enseñar a Bella y Nessie el estudio de arriba, creo.

-¡Oh, sí! -exclamó y, como una marioneta a la que alguien tirase de una cuerda, se levantó y se volvió hacia Vanessa-. Vamos, pequeña, nos vamos a diver tir mucho. ¡Ya verás el tamaño de la hoja de papel dónde vas a pintar un cuadro!

Nessie obedeció al instante, levantándose y to mando la mano de Rosalie.

-¿Bella?

-Estaré allí en seguida -contestó a la mujer que la miraba con ojos interrogantes.

Una vez Rosalie y Vanessa hubieron salido, Bella se volvió hacia Edward.

-Dime qué vas a hacer.

-Después -prometió-. Ahora quiero que te va yas y no vuelvas hasta que tu padre se haya ido. –

Pero...

-¡No! -exclamó enfadado-. ¡No voy a dejar que te pongas en peligro! Así que será mejor que hagas lo que te digo, Bella. Si no, tendré que obligarte a que lo hagas.

La muchacha levantó la barbilla y los ojos marrones brillaron desafiantes, mostrando a la antigua Bella.

-¿Quieres que empecemos a discutir de nuevo?

-Está en la entrada de la finca -anunció Emmett de repente.

-¡Maldita sea!

Bella se encontró bruscamente en los brazos de Edward, que la subió por las escaleras. La dejó en una de las si llas del dormitorio.

-¡Quédate aquí! -ordenó. Luego salió del cuarto enfadado y cerró la puerta de un golpe.

Ella obedeció. Se quedó en la misma silla, mientras escuchaba el sonido de un motor que llegaba a la casa. El coche se detuvo, se oyó una puerta... y Bella se estre meció y cerró los ojos. Una sensación de náusea le re volvió el estómago al escuchar la voz de su padre di ciendo algo enfadado. Oyó la respuesta de Emmett, en un tono seco y luego pasos en el porche...

Finalmente, no se pudo oír nada más. La finca ente ra parecía sumida en un silencio absoluto. Bella esperó unos segundos, pero no puedo aguantar más y se levan tó temblorosa, saliendo del cuarto y dirigiéndose hacia la escalera de madera barnizada. Mientras bajaba, pudo ver la puerta del estudio de Edward abierta, y no pudo evitar encaminarse directamen te hacia ella.

-No sé a qué demonios cree que está jugando - decía la voz enfadada de su padre-, pero no se va a escapar tan fácilmente con lo que me ha robado.

-¿Escapar con qué? -fue la pregunta de Edward.

-¡Sabe de qué estoy hablando!

Entonces Bella lo vio y se quedó inmóvil. Estaba de pie de espaldas a ella y tenía todo el cuerpo en tensión. Edward estaba frente a él sentado, sorprendentemente re lajado, con los ojos impasibles y la cara desafiante. Pero lo que más le sorprendió fue ver a Emmett al lado de su hermano.

Bella abrió los ojos de par en par al descubrir lo que estaba mirando. Era como si estuviera de repente en una escena igual, en otro estudio y en otro país. Sólo que los papeles se habían invertido. Era su padre quien estaba enfadado en ese momento y Edward quien parecía totalmente controlado e impasible.

Emmett estaba allí como testigo silencioso, mientras que en Londres Bella había jugado aquel papel. " ¿Era deliberado? Se preguntó Bella, sospechando que en efecto, así era. Charlie Swan había humillado a Edward ese día en Londres delante de Bella. En ese momento, su padre estaba descubriendo lo que significaba que alguien hiriese su orgullo.

Bella se estremeció. No sabía a ciencia cierta si le gustaba la crueldad de Edward.

-Lo único que veo es que usted está ahí insultando y amenazando y yo sigo sin saber exactamente por qué está enfadado -respondió Edward.

-No juegue conmigo -le avisó el padre de Bella -. Ha roto nuestro contrato, canalla traidor y me ha roba do a mi hija pequeña. Quiero que me la devuelva ense guida o le haré arrestar por secuestro.

-El teléfono está ahí. Si le duele tanto, llame a la policía. Pero creo que debo advertirle que la policía pe dirá una prueba de lo que dice antes de actuar. ¿Ha traí do pruebas?

Hubo un silencio. Bella creyó que iba a desmayarse mientras miraba fijamente la espalda de su padre y espe raba que sacara la prueba que sólo ella sabía que tenía. Pero él no hizo nada. Se quedó en pie inmóvil, ro deado por aquel silencio espeso.

-¿Tiene problemas con las pruebas? -dijo Edward con voz suave.

-¡No tenemos por qué perder la sensatez y llamar a la policía!

-¿Sensatez? Sí, yo creo que puedo ser muy sensa to. Me enseña la prueba que dice tener y le devolveré a Vanessa al momento.

Bella notó que la sangre se le congelaba en las venas, mientras un sentimiento doloroso de traición le robaba el color de las mejillas. Dio un paso hacia adelante. Pero de repente se clavaron en ella los ojos verdes de Edward y se quedó totalmente inmóvil. Esos ojos parecían suplicarle que esperara. Que confiara en él. La mano de Bella se extendió para abrir la puerta. «¡Confía en él! Si no confías en él lo perde rás para siempre. ¡Nunca te perdonará!».

Bella tragó saliva y permaneció donde estaba.

-Dejaré que lo solucionen mis abogados -dijo su padre impaciente

-Puede hacerlo ahora mismo. Llámelos y dígales que envíen por fax la información necesaria y resolveremos todo esto en seguida.

Incluso se levantó y ofreció el teléfono al padre de Bella. Edward parecía relajado, el rostro impasible y no hizo nada más, sólo mirar en dirección a Bella cuando un nuevo silencio comenzó, dando la impresión de que nunca iba a finalizar. Bella, con la mano en el marco de la puerta, perma neció a la espera. De repente, se sobresaltó cuando Edward le quitó el teléfono y se lo puso en el regazo.

-No. No puede hacerlo porque no hay pruebas le gales de la adopción. - Al mismo tiempo que decía esas palabras, sacaba algo de la mesa de cajones y se lo mostraba a Charlie Swan. -Usted engañó a Bella para que creyera que lo que firmaba era la adopción de su hija, cuando este papel no vale nada.

El padre miró el papel que Edward le mostraba. Un pa pel escrito que a Bella le resultaba, desgraciadamente, demasiado conocido. Era su propia copia de lo que su padre le había he cho firmar siete años antes. Edward debía de haber busca do entre sus documentos y lo había sacado, sin que ella lo supiera.

-¡Pero ella lo firmó! ¡Ella deseó entregarme a su maldita hija!

-¡Oh! -gimió Bella, poniéndose una mano cerrada en la boca para no dejar que el sonido escapara de sus labios.

-O si no, tendría que quedarse en la calle, como usted caritativamente le dijo entonces -completó Edward-. Usted jugó con su juventud, su ingenuidad, su desesperación y su incapacidad para descubrir un docu mento falso -continuó-. Y lo hizo con una crueldad tal que deberá de alegrarse cuando sepa que usted no es su padre verdadero.

-¿Qué quiere decir con eso?

-Quiero decir que los análisis de sangre demues tran que Bella no es su hija -en ese momento le tendió otro documento-. Éste es el análisis de sangre suyo, éste es el de Karl Dansing, y éste, afortunadamente, el de mi esposa -le había dado tres papeles diferentes- ¿Me entiende? -finalizó, con una sonrisa-. ¿Alguna pregunta? Creo que no, porque usted ya lo sabía, ¿ver dad? Y por eso la ha estado castigando todos estos años. Bien... Ahora todo ha acabado, y usted ya no es bien recibido aquí.

-¿Pero qué le pasa, amigo? Si yo sigo diciendo que Isabella es mi hija, tendrá su isla cuando nazca el niño.

-Pero Bella no va a tener un niño. Va a ser una niña -informó con frialdad.

-¿Qué? ¿Quiere decir que ni siquiera ha consegui do hacer eso bien?

-Tenga cuidado con lo que dice. Ésta es mi casa y ella es mi esposa.

-¡Una esposa a la que usted no quería en un prin cipio! Y si usted decide ahora seguir con ella, habrá otros hijos, sin duda varones -añadió, cambiando el tono-. Lo único que tiene que hacer es devolverme a Vanessa e Isabella será tan complaciente como un gatito, se lo prometo. Otro año y usted podrá tener su isla.

-Puede quedarse con la isla. No tengo deseos de poner los pies en ella nunca más. Usted no posee ya nada que me interese, con lo cual, tampoco me interesa usted. Así que, como usted me dijo una vez: la puerta, señor Swan, está allí.

-Pero...

-Sácalo de aquí -dijo a su hermano.

Emmett se movió entonces. Lo mismo hizo Bella, que volvió apresuradamente a las escaleras. No quería en frentarse a Charlie Swan, ni quería verlo nunca más. Bella estaba mirando por la ventana de su dormito rio, cuando Edward entró a hablar con ella.

-Espero que estés contenta -dijo Edward.

-No mucho -dijo, volviéndose hacia él y mirán dolo con una disculpa en los ojos-. Lo siento, estuve a punto de estropear todo.

-¿Por qué bajaste, cuando te pedí que no lo hicie ras?

-No lo sé. Fue... un impulso. No imaginaba cómo ibas a poder echarlo de aquí sin que se llevara a Nessie.

-Y por no obedecerme, te enteraste de cosas que no habrías querido saber.

-¡Sí, que estuviste indagando en mis papeles sin mi permiso!

-¡Ah! -exclamó, con un sentimiento de culpa. La rabia se borró de su rostro y las manos calientes agarra ron a la muchacha-. Estaba enamorado de una mujer que se negaba a confiar en mí. Los hombres desespera dos hacen cosas desesperadas. ¿Me perdonas?

Bella no estaba dispuesta a perdonar nada a nadie, y esquivó la boca del hombre.

-¿Cuándo estuviste mirando mis documentos? Él suspiró.

-Cuando te dejé en Londres. En un principio, qui se ver si había algún modo de anular la adopción -ex plicó-, pero nada más ver el documento, me di cuenta de que no era legal. Sin embargo, tenía que confirmarlo con mis abogados antes de hacer nada. Además, tú lo habías firmado. Mis abogados tenían miedo de que si tú te enfrentabas a tu padre con lo que yo había descu bierto, todavía en Londres, él podía insistir en que tú habías firmado un papel que dejaba a la niña en manos de las leyes británicas.

-Y así él podría seguir chantajeándonos -comen tó Bella, entendiendo todo.

-Era más seguro enfrentarme a él teniéndoos aquí en Grecia.

-Así que nos secuestraste.

-Sí, siento haberte asustado.

-Tú eres tan astuto como mi padre, ¿lo sabías?

-Te amo con locura. No te haría daño nunca.

En respuesta a ello, Bella se puso de espaldas a él, aunque no apartó aquellos brazos fuertes que la sujeta ban. Edward no iba a detener sus halagos.

-Te adoro -le susurró contra el oído-. Te deseo tanto, durante el día y la noche, que no puedo soportarlo.

-Por eso tienes una amante, supongo.

-La amante. Creo que estás enfadándote otra vez.

«No me estoy enfadando, te amo con locura y no quiero compartirte con nadie».

-Perdona. Olvidé que había firmado no mencionar a la amante.

Edward rió y la agarró con más fuerzas.

-No hay amante -aseguró-, nunca la hubo. No he mirado a ninguna otra mujer desde que te vi por pri mera vez en aquella sala llena de gente y me quedé fas cinado. Creo que tú te diste cuenta.

Bella sonrió satisfecha.

-Rose había sugerido algo parecido, pero quería que tú lo dijeras -confesó, acercando su rostro al de él.

-Voy a romper ese maldito contrato -prometió.

-Bien.

-Y te haré firmar otro que te atará a mí para toda la vida -añadió.

-¿Y qué te hace pensar que voy a firmarlo? -de safió.

La boca de él se deslizó por el cuello de Bella. -Tengo mis métodos -murmuró, sacando la len gua para chupar la suave piel.

El cuerpo de Bella comenzaba a excitarse peligrosa mente cuando oyeron un ruido fuera.

Miró hacia abajo y vio a Nessie acompañada de Emmett y Rosalie. Los tres iban en traje de baño y llevaban las toallas al cuello.

-Hace lo que quiere de ellos -remarcó Bella.

esa sensación -murmuró Edward-. Su madre hace lo mismo conmigo.

Bella sonrió sin decir nada. Miró al trío de nuevo, que desapareció de su vista. Luego levantó la vista y observó todo. Era su nueva casa. Detrás del jardín, el mar vibraba perezoso. Detrás del mar se divisaban pe queñas islas que la niebla confundía.

-¿Cuál es tu isla?

Edward no contestó en seguida, parecía más interesado en disfrutar de ella. Entonces levantó la cabeza y miró hacia el horizonte.

-Justo la que está frente a nosotros, la que tiene dos playas de arena dorada...

¿Por eso había comprado aquella finca? ¿Porque miraba directamente a su verdadero hogar?

-Era tu sueño. Siento que lo hayas perdido.

-Yo no -replicó con sinceridad-. Los sueños pueden cambiar. El mío ha cambiado. Lo único que quiero es tenerte en mis brazos.

-De todas maneras me parece injusto que rompas la promesa que hiciste a tu padre sólo porque mi falso padre sea una persona cruel.

-Te tengo a ti. Tengo a mi hija en tu vientre -sus manos tocaron su abdomen con cariño-. Y tengo una versión en miniatura de ti en Nessie, a la que he res catado de tu padre. Estoy muy contento, de verdad.

-Tu alegría va a salir volando por la ventana si ba jas las manos más -informó, de manera práctica. Luego levantó la cabeza y le guiñó un ojo.

Él rió con una carcajada profunda y masculina que la obligó a volverse hacia él. Eso fue todo. Sus cuerpos se unieron... también sus bocas... y se perdieron el uno en el otro.


Listo! cap final... tengan paciencia que pronto viene continuación y pronto otra historia... Gracias atodos por leer! Besotes

XOXO