Epílogo
Los italianos se sentaron en la casi vacía mesa de reuniones.
-Fratello ¿Por qué esa cara tan larga?
-Ya te dije que esa es mi cara, ya deja de molestar.
-No deberías estar tan serio ¿estás enojado por algo?
-Me despertaste temprano para poder salir a desayunar con el macho patatas antes de la reunión y me arrastraste como mal tercio ¿porqué debería estar enojado?
-Creí que sería divertido salir los tres juntos, como últimamente has estado muy serio…
-¡que no estoy serio!
Se cruzó de brazos y evitó la mirada de su hermano. El menor miró a su alrededor viendo a Alemania hablando con Austria a lo lejos y regresó su mirada a se hermano.
-Sabes que el hermano España siempre te va a querer sin importar nada ¿verdad?
-¡¿quieres callarte? ¡¿Cómo se supone que tú sepas lo que es que te dejen? ¡A ti nadie te ha dejado! ¿O me equi-?
El menor abrió los ojos sorprendido. Incluso Alemania y Austria viraron a ver. Romano sintió algo de vergüenza y un peso comenzó a llenarle el estómago. Recordó la única persona que había dejado a su hermano, su primer amor, el sacro imperio romano germánico.
Feliciano le tomó la mano y le sonrió.
-¿sabes una cosa? Sé que no soy la persona más brillante, pero si algo he aprendido es que todos tienen un final feliz. Si no eres feliz, significa que aun no ha terminado y que tal vez encuentres a alguien mejor más adelante.
Alemania se acercó notando que los ánimos de habían calmado y tomó asiento del otro lado de Veneciano hablándole en un tono algo tímido pero con su voz siempre seria.
-¿todo en orden?
-si, Fratello solo estaba enojado porque lo desperté temprano
Se detuvo a ver a su hermano menor y a lo feliz que era junto al alemán.
-¡OYE MACHO PATATAS! ¡La próxima vez yo elegiré a donde vamos a desayunar!
-¿q-qué?
-conozco este lugar que seguramente le gustará a Veneciano, es un poco elegante pero creo que mi Fratello lo merece
-¿podemos visitarlo, Alemania? ¿Si?
El rubio asintió algo apenado mientras Lovino ocultaba una sonrisa, tratando de hacerse el duro.
Le miró desde la distancia. Él era el que estaba mas consciente del pequeño retardo que había tenido el inglés esa mañana de la reunión, pero por supuesto, él sería el primero en negarlo y en fingir que ni si quiera había visto al inglés. Las cosas entre ambos se habían vuelto algo incómodas, por no decir otra cosa. Desde que habían terminado su supuesta relación, el estar en la misma habitación que el mayor se había vuelto una tortura, en especial cuando el español entraba en esta. Dio un suspiro y miró alrededor. Romano se encontraba junto a su hermano nada más y no había presencia de España. Era inútil. Si el español también había terminado con Lovino hacía poco tiempo, por supuesto que no se sentaría cerca. Tenía un gesto melancólico, pero al menos tenía a Feliciano para animarle, o al menos eso parecía desde la distancia.
Dio un largo suspiro y se aventuró a mirar al inglés del lado contrario de la mesa. Se encontraba como era su costumbre, revisando por tercera vez sus papeles y checando que todo estuviera en orden. Cada vez que lo pensaba se ponía un poco más triste. El problema inicial –y no había persona que le hiciera cambiar de opinión- fue el hecho de que Inglaterra nunca creyó que él podría cargar con toda su personalidad, lo que le parecía ridículo. Desde la primera vez que Inglaterra se cruzó en su camino, le había parecido completamente fascinante. Cada pequeño gesto, cada pequeño sonido, cada una de sus facetas le fascinaban y le hacían memorizar cada detalle de él. Sentía como si fueran su pertenencia, y al ver como Inglaterra trataba a otros países, se sentía como si sus sonrisas y sus miradas llenas de calidez y cariño fueran su mas preciado tesoro el cual le pertenecía a él y solo a él.
Y ahí estaba ahora. La persona más dulce que había conocido alguna vez, mirando sus papeles de nuevo y rodeado de gris. Los años habían dejado marca en su espíritu. Posiblemente él mismo tendría la culpa de algunas de las cicatrices que el inglés cargaba en el alma. Un lado de él se arrepentía pero otro solo se justificaba diciendo que al menos había dejado una marca en él, una marca irremplazable y que nadie podía borrar, pero ¿valía la pena? Sus ojos vivos y brillantes, su mirada cálida y amable parecía haberse esfumado.
La puerta se abrió dejando pasar al torpe español, disculpándose por la tardanza y agradeciendo al cielo porque la reunión no había empezado. Tomó un lugar junto a Inglaterra sin que nadie lo notara. Estando Francia cerca nadie pareció sospechar ni temer del explosivo temperamento de los antiguos reinos. Se estaban burlando delante de todos y sobre todo de él. Le hacían enojar y lo llenaban de celos pero él solo se quedaba ahí, tratando de mirarles discretamente.
Arthur miró a Antonio de reojo y solo por un par de segundos compartieron la mirada. Solo un par de segundos. ¿Por qué estaba tan celoso entonces? No estaba del todo loco, había una razón coherente que era la raíz de la pérdida de su cordura. Había estudiado hasta el cansancio los gentos del inglés pero había una mirada que desconocía, una mirada profunda, llena de peligro y de pasión. Era como si Arthur se convirtiera en otra persona, como si de pronto fuera mas joven y todos esos mitos de aquel joven dueño de los siete mares, ese explorador, ese amante del peligro vivieran aun en su alma. Su mirada gris tomaba de nuevo ese color y se volvía aun más brillante de lo que él sabía que podía ser. Todo por mirar un par de segundos al torpe español.
¿Por qué él lo podía tener ese efecto? ¿Por qué no podía ver reflejado ese brillo en los ojos del inglés cuando le miraba? Existía una respuesta que se negaba a aceptar, pero sentía en lo más profundo de sí que era la respuesta correcta. Arthur amaba a Antonio. Lo amaba con una fuerza que creía que ya no existía en él.
Miró de reojo a su lado y se encontró con el canadiense saludando con la mano y una sonrisa a la misma dirección que espiaba hacía un momento.
-¡¿Qué haces?
-… ¿saludo a Francis?
Miró del otro lado al francés devolviendo al saludo con la mano con un gesto divertido como si hubiera entendido lo que había sucedido. Alfred solo dio un suspiro.
-América-san ¿le molesta que tome este lugar? Me fui un momento y ahora todos los lugares están tomados.
-¡Claro que no! Esta vez estarás en el lado más genial de la mesa
-siempre tan entusiasta –miro justo al otro lado de la mesa y comenzó a hablar haciendo sentir al americano como si leyera su mente- Parece que Inglaterra-san se ve un poco animado el día de hoy ¿no cree?
-ah… no había notado que había llegado
-no lo había visto sentarse junto a España-san antes ¿no habrá ningún problema si ellos se sientan juntos?
-creo que últimamente se han estado llevando muy bien
El último comentario había sonado quizás no tan juguetón como hubiera deseado. Lo que hubiera sido un silencio incómodo se dejó cubrir por el bullicio del lugar. Japón solo miró al rubio y le dedico una discreta sonrisa para luego hablar quedamente con ese tono discreto, tan acostumbrado en él.
-es bueno ver que alguien tan querido para América-san está feliz
Se detuvo a ver, esta vez sin discreción a Inglaterra. Estaba hablando sin dejar de ver sus papeles. Al parecer algo le había hecho gracia y había comenzado a reír. No era su risa sarcástica o burlona, era una risa ligera, cálida y sincera como hacía siglos no miraba. Arthur de verdad era feliz.
-…creo que tienes razón.
Sintió dentro de sí un alivio tan extraño y tan poco comprensible que solo pudo expresar con una sonrisa.
Inglaterra dio un suspiro.
-no debiste sentarte junto de mi, ahora la gente va a empezar a hablar
-Era el asiento vacío más cercano, no veo porque la gente va a empezar a hablar
-¿no crees que es un poco pronto como para empezar con estas cosas?
-¿un poco pronto? Ya pasaron dos meses desde que terminé con Lovino
-¿y te parece suficiente?
Le miró de reojo y el español de devolvió una mirada algo carente de expresión. Francia decidió interrumpir.
-y realmente lo que quieres es no llamar la atención no deberías hacer mucho ruido, mon cher
-podría jurar que Japón se nos quedó viendo hace rato
-Arthur, deja de estar de paranoico, seguro lo estás imaginando
Antonio trato de calmar al inglés en lo que Francis saludaba tranquilamente del otro lado de la mesa como si algo le hubiera causado gracia de la nada y luego dio un suspiro.
-por culpa de ustedes dos, ahora estoy separado de mon petit
-¿ahora es nuestra culpa? Tú eres el que decidió venir a sentarse junto a nosotros
-oh pero si no lo hacía tu estarías sufriendo de una severa paranoia
Antonio decidió interrumpir la discusión de los dos rubios tratando de calmarlos
-Francis, solo un verdadero amigo como tú pondría a sus amigos por encima de la persona que amas
-creo que tengo que reorganizar mis prioridades
Arthur comenzó a reír y Antonio le siguió poco después.
La reunión siguió adelante y en lo que Inglaterra prestaba atención a todo lo que era dicho, España se quedaba viendo al puño que tenía al lado. La mano del inglés se veía tan solitaria ahí asentada que tuvo ganas de acercar solo un poco mas la suya. Dudó un poco pensando en la reacción del rubio pero eso no le detuvo demasiado tiempo. Pellizcó la muñeca de la camisa jalando un poco de ella como pidiéndole permiso para tomar su mano. Al notarlo, el otro solo retiró la mano y se aclaró la garganta tratando de esconder un pequeño sonrojo que se había apoderado de sus mejillas. En respuesta, el ibérico hizo un pequeño puchero y se cruzo de brazos por sobre la mesa apoyando la cara en una mano.
Arthur le miró de reojo sintiéndose algo culpable. Aun no estaba listo para tener a todas las naciones hablando a sus espaldas acerca de la nueva y sospechosa relación que tenía con Antonio, pero por supuesto, lo que sintiera Antonio era mas importante que lo que cualquiera quisiera decir. Y ahora lo había hecho enojar.
-ya, quita esa cara
-solo quería tomar tu mano
-¿eso quieres?
Asintió como respuesta. Arthur poso una mano en un lugar entre ambas sillas, por debajo de la mesa.
-actúas como si te diera vergüenza
-tu como si los demás necesitaran ver
-ambos actúan como niños, hagan silencio o búsquense un cuarto
Francia interrumpió de nuevo haciendo que los dos hicieran un gesto infantil de molestia. Arthur dio un largo suspiro. Su solitaria mano se encontró de nuevo sobre la mesa como si esperara ser notada por el español en un gesto de arrepentimiento. La mano española se acercó un poco mas, aun dudando si lo había hecho con o sin intención. Unos dedos del inglés se movieron como buscando un poco de contacto pero sin atreverse del todo. Antonio solo se resistía a decir "Por Dios Arturo, solo hazlo". Al fin la mano le tocó y el español puso la palma hacia arriba y una sonrisa en su rostro. Ambas manos se entrelazaron, encajando como si estuvieran hechas para estar así. Sin darse cuenta Arthur también sonrió.
Nota final de la autora:
Perdón por tardar en subir el epílogo, no tenía idea de como terminar el fic. No quería dejar a Alfred y a Lovino solos y olvidados por culpa de mi fic. Muchísimas gracias a todas las personas que siguieron este fic desde el principio y también a quienes terminaron leyéndolo hasta ahorita. Puse mi corazón en esto y aunque al releerlo no me pareció la gran cosa, creo que estoy feliz con los resultados uwu
Si a alguien le interesa, estoy escribiendo otro fic spuk/uksp (que aun tengo que actualizar jejejeUu) y también tengo un tumblr dedicado a esta parejita (mas información en mi perfil uwú)
