(N/a): Hello adorables personas. Mis más sinceras disculpas por tardarme tanto, no pensé que continuaría cuando empecé una novela ligera y la facultad y todo lo demás. Pero como me faltaba tan poco para terminar decidir que lo voy a acabar. No sé cuando, pero ¡lo haré! Agradezco los comentarios de Aly y Lily. Acá tienen la continuación, no sé si me recordarán pero espero que sigan leyendo. Sin más que decir, espero sus comentarios!

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10-Amor y miedo.

-Jamie… Jamie… ¡Jamie!- exclamó al ver que no despertaba, y él finalmente empezó a moverse.

-¿Qué?- susurró frunciendo el ceño ante la voz de su hermana que estaba arrodillada encima de él sacudiéndolo.

-¿Dónde dejaste tu cámara?- Sophie esbozó una enorme sonrisa con traviesas intenciones.

-No sé ¿en el cajón?- su hermana saltó de la cama y se puso a revolver todos los cajones que había en los muebles de la habitación, mientras Jamie se sentaba bostezando e intentaba limpiar sus ojos -¿qué es lo que pasa?-

-¡Eureka!- sacó la máquina de fotos para exhibirla como signo de victoria y luego se acercó a la puerta –Tienes que ver esto- llamó a su hermano con la mano y él se sacó las sábanas de encima para dirigirse aún adormilado hacia ella. Cuando llegó a la puerta que estaba apenas abierta, en su poco espacio pudo ver a Jack y Jane durmiendo juntos plácidamente.

Jane estaba perfectamente acomodada sobre el pecho de Jack quien tenía aún su rostro en su pelo, pero sus brazos y piernas estirados hacia cualquier lado.

Ambos hermanos se rieron por la escena en tanto Sophie tomaba las fotos que podía.

-Son tan tiernos- murmuraba –yo también quiero un novio así- ese comentario le borró toda sonrisa al chico detrás de ella.

-¿Cómo que novio? ¿Para qué?-

La rubia rodó los ojos y suspiró –Nada-

-¿Cómo que nada? Y entonces ¿por qué…?-

-Ya cállate, fue un chiste- le dio un codazo a Jamie y empezaron a discutir hasta que notaron que Jane se movía y levantaba la cabeza con los ojos entrecerrados para verlos. Se asustaron y cerraron la puerta de inmediato.

Jane parpadeó un par de veces y luego se pasó la mano por los ojos para aclarar su visión. Cuando miró a su lado entendió lo que sus amigos probablemente estaban viendo y su corazón se aceleró casi violentamente. Y fue más aún cuando su nueva mascota se subió a la cama dirigiéndose directamente al guardián.

-Jack, no- susurró tan bajo como pudo, pero no le sirvió. El perro ya estaba oliendo al chico y pronto comenzó a lamerle la cara. Jack levantó sus brazos y sonrió hasta que con sus manos agarró al animal y se dio cuenta de que no era quien pensaba.

-¡Jack!- enojado, miró al perro que empezó a ladrarle. Pero después se rió de lo sucedido y lo dejo sobre la cama. El cachorro ahora se dirigió a Jane, quien lo alzó y sostuvo con una mano –Ey, ¿cómo estás?- susurró tomando la mano libre de la chica y sentándose para verla de frente.

-Eh… bien- bajó la mirada, tenerlo tan cerca la ponía nerviosa. Pero de pronto un par de risas los distrajeron y cuando miraron hacia un lado, Sophie y Jamie cerraron de nuevo la puerta para esconderse. Jack puso cara de molesto haciendo a Jane sonreír –Deberíamos levantarnos-

-Sí- y ambos se pararon fuera del sofá-cama. Jane dejó al cachorro en el piso y ayudó al guardián a doblar las sábanas mientras los dos hermanos finalmente salieron de la habitación, aun sonriendo.

-Lo sentimos- Sophie ayudó a su amiga con su trabajo pero sin dejar de burlarse, haciéndola sonrojar y avergonzarse.

Luego de eso, todos se vistieron para empezar el día y desayunaron juntos.

-Bueno, tenemos que irnos- Jamie le dio el último sorbo a su café y tomó su abrigo.

-¿A dónde van?- preguntó Jane cuando vio que Sophie agarraba un bolso y se dirigía también a la puerta.

-Tengo que ir a la escuela, lo siento. Pero ey, ustedes pueden salir y aprovechar el día para comprarle cosas al pequeño Jack-

-Ah, claro- Jamie buscó entre sus bolsillo, sacó su billetera y le dio algunos billetes a Jack –supongo que sabes manejarte ¿no?-

-Sí, sé cómo funciona el mundo- el chico tomó los billetes, Sophie se despidió de ambos con un abrazo y su hermano con la mano, antes de que salieran juntos por la puerta -¿Quieres ir ya o prefieres esperar un rato?- se dirigió a Jane, pero ella respondió otra cosa.

-Quiero agradecerte. Por todo- su voz era casi un susurro y su mirada tierna –Gracias a ti… ahora soy muy feliz-

Sin duda, no había palabras para la alegría que eso le provocó a Jack, así que se conformó con darle una enorme sonrisa –Me alegra mucho escuchar eso… ¿Vamos?- trató de evitar quedarse hipnotizado por su mirada.

Ella asintió, pero cuando quiso bajarse de la silla se tropezó y cayó en los brazos del guardián, que envolvieron firmemente su cintura –Lo sien…- pero un par de labios la callaron.

La besó.

Primero tuvo miedo de su reacción. Los labios de ella estaban tensos y él esperó lo peor. Un golpe, seguido de varios gritos. Pero cuando se separó ella tenía una mirada extraña que él no supo interpretar bien. Se acercó de nuevo lentamente esperando alguna oposición y notó enseguida que ella no ponía ninguna resistencia, por el contrario, cerró los ojos casi al mismo tiempo que él. Cuando la volvió a besar se olvidó por completo del autocontrol.

Jane se dejó llevar. Jack mantenía sus manos en su espalda pero luego subió una a su cuello para acercarla más a él. Ella enterró sus dedos en su cabello marrón, algo que llevaba un buen tiempo queriendo hacer, puso su otra mano sobre su rostro y así quedaron completamente pegados, sintiendo sus corazones latiendo muy fuerte.

Jack comenzó una danza con sus labios que Jane no entendía pero trataba de seguir. Era suave y muy lenta, pero por sobre todo agradable, y él aprovechó para explorar todo lo que quería. En cierta formaba se reprochaba por aprovecharse de ella, pero toda la situación últimamente lo hacía quererla cada vez más, y ahora más que nunca. Sentir los labios de ellas no era algo que quería dejar.

Pasaron varios minutos pero él no quería soltarla, no aún. Llevaba mucho tiempo resistiendo ese deseo y ahora que se había cumplido quería aprovecharlo. Disfruto de un último beso, y luego la dejo ir.

-Lo siento- dijo Jack –llevaba demasiado tiempo queriendo hacer eso- aunque ya no la besaba, sus cuerpos no se habían separado ni un centímetro, aún sentían sus corazones, y sus respiraciones algo agitadas se cruzaban, mientras seguían mirándose a los ojos. La mano que él tenía en su cuello estaba ahora acariciando su cara.

-No, a mí…- le daba pena admitirlo –me alegra que lo hicieras- se dedicaron una sonrisa. Estuvieron cerca de acortar nuevamente la distancia entre ellos cuando un sonido les llamó la atención.

El pequeño Jack estaba a los pies de Jane y comenzó a ladrar y a saltar.

-¿Qué? ¿Te molesta?- bromeó el guardián, abrazó a su chica y el perro ahora empezó a gruñirle, haciendo reír a su dueña –Llegas tarde, es mía- empezó a darle pequeños besos en la mejilla llegando hasta su oído provocándole cosquillas. El cachorro ahora hacía más ruido,mientras saltaba, daba vueltas y Jane se reía mucho con la escena. Hasta que su mascota se acostó a sus pies haciendo suaves sonidos con su garganta.

-Awww- ella se enterneció y finalmente se separó de Jack para alzar al cachorro en brazos, el cual le dio varias lamidas como agradecimiento.

-Sí, disfrútalo- señaló el guardián –ya vas a crecer y entonces no serás tan adorable- el perro volvió a ladrarle y ambos se rieron –Vamos antes de que se haga tarde- tomó su abrigo y Jane lo imitó. Él la ayudó a ponérselo para luego dejar la casa.

Pasaron el camino desde la casa de Jamie hasta que llegaron a donde estaban las tiendas hablando de varias cosas. Jane no se atrevía a sacar el tema sobre el beso, y Jack estaba distraído recordándolo con una sonrisa en su cara. Cuando llegaron al centro lo primero que hicieron fue comprar las cosas para el cachorro. Comida, un plato, un collar, una correa y un hueso de goma para que jugara. Cuando acabaron con eso, le pusieron su collar para pasearlo más fácilmente con su correa, mientras ellos observaban los distintos locales.

Por supuesto, Jane no dejaba de emocionarse con todo lo que veía, ni de arrastrar al guardián de un lado a otro, haciendo que para el final del paseo su brazo empezara a molestarle. Pero no importaba.


-¿Estás cansado?- Jane rió cuando su compañero se sentó a su lado con un suspiro. Luego de tantas andadas habían llegado al parque y se sentaron a descansar en una banca, dejando al cachorro atado mientras le ladraba a cualquier animal que pasará cerca.

-Bastante. No pensé que mi brazo pasaría por esto dos veces- movió un poco su brazo y puso su mano en su hombro, y su chica se preocupó por eso.

-¿Te estaba lastimando? ¿Por qué no me dijiste nada?- lo tomó de la muñeca y acarició su brazo en un intento de masaje. Jack sonrió.

-Es una broma, no hay problema- Jane le dirigió una mirada de reproche pero luego sonrió también.

-¿Por qué dices que pasaste por esto dos veces?-

-Ah, cuando nos conocimos también te traje aquí e hiciste exactamente lo mismo que hoy. Claro que era más complicado para mí, hacer que no tocarás nada, ya que muchos no nos veían y hubieran visto las cosas flotando-

Ella se mordió el labio mirando abajo -Perdón- dijo tímidamente. Jack sonrió de lado y pasó su brazo por sus hombros para acercarla más.

-Tranquila. Son simples favores que se hacen por los que quieres-

Jane bajó la mirada sonriendo avergonzada, él tomó su cara e iba a besarla de nuevo cuando su mascota se soltó de su correa y salió corriendo detrás de un gato, haciendo que ambos saltaran de sus lugares.

-¡Jack!- gritó mientras el guardián corrió para perseguirlo, ella iba a seguirlo cuando sintió que alguien le sujetaba del brazo.

- Finalmente te deja sola- dijo un hombre, que despedía un fuerte olor a alcohol y le resultaba algo conocido.

-¿Qué?- estaba confundida y se asusto, ya que él no hacía caso de su esfuerzo por soltarse. Pero cuando lo miro mejor se dio cuenta –Tú… tú fuiste el hombre que vino… cuando estaba encerrada…- había empezado a temblar, pero él solo sonreía con ello –tú querías lastimarme- ahora él soltó una carcajada.

-Ni siquiera sabes lo que quería, y que ahora que te encuentro… definitivamente lo tendré- inmediatamente quiso arrastrarla mientras le sujetaba el brazo, pero ella se opuso.

-¡No! ¡Suéltame!- comenzó a forcejear para soltarse de su agarre. La gente empezó a mirar con más atención la escena.

-Vamos, no pelees-

-¡Déjala ir!- Jack apareció de pronto y lo golpeó en la cara, logrando que soltara a Jane, pero también que ella se impresionara por esa acción. Las personas alrededor ahora empezaban a temer que pasaba algo.

El hombre sonrío oscuramente y luego tomó al guardián para empujarlo contra un árbol.

En ese momento, Jane no resistió más y usó todo el oxígeno que tenía para dar un largo grito, mientras cubría sus orejas y caía de rodillas al piso, aterrada de que algo pudiera pasarle a Jack. Un policía llegó al lugar y separó a los dos chicos.

Jack corrió inmediatamente a consolar a la chica que estaba llorando arrodillada, también con su mascota chillando al lado.

-¿Qué es lo que está pasando?- preguntó severamente el policía, sujetando de la ropa al otro tipo.

-Él hizo esto, trató de llevársela- respondió el guardián enojado, haciendo reír al acusado.

-¿Te parece gracioso? A ver que tanto te ríes después de que hablemos- el oficial amenazó al hombre y luego observó a los dos jóvenes –Tú, me gustarías que vinieses al departamento de policía-

Jack asintió y el policía se llevó al hombre. El guardián logró hacer que Jane se pusiera de pie y la llevó a la estación sin dejar de intentar tranquilizarla.

Cuando llegaron a la estación, Jack les explicó todo por lo que Jane había pasado. El oficial la miró directamente para pedirle que le diera el nombre de quien le había hecho eso, pero ella sólo lo conocía como Rob. Incluso ahora que se atrevía a decirlo en voz alta, no servía de nada si no era un nombre completo. El oficial incluso le dijo que podía no ser más que un alias. Con su testificación lo único que podían hacer era encerrar al otro tipo por intento de abuso a una menor de edad.


Ella siguió temblando todo el camino sin apartar la vista del piso mientras el guardián intentaba calmarla con palabras. Pero apenas la chica divisó la casa de Jamie, fue corriendo hacia ella. Entró de golpe y Jamie, que estaba sentado en la mesa leyendo levantó la mirada.

-Ey Jane, ¿Qué tal la… mañana?- se confundió al ver que ella solo corrió hasta la habitación a encerrarse. Jack entró al instante y quiso perseguirla, pero su amigo lo detuvo –Ey, ¿qué sucedió?-

-Te explicó luego, tengo que…-

-Jack- él presionó un poco más el agarre de su brazo –creo que deberías dejarla calmarse un poco… y explicarme que pasó- el guardián iba a replicar, pero tras ver la sincera mirada de Jamie, decidió hacerle caso.

Cerró la puerta, se quitó el abrigo y fue a sentarse al sofá, dando un largo suspiro cuando cayó pesadamente sobre él.

-Así que… ¿qué aventuras tienes para contar?-

Jack dio un soplido –Bueno, al principio todo comenzó bien. Salimos a comprar las cosas, pero cuando estábamos volviendo, un tipo trató de secuestrarla-

-¿Secuestrarla?- ahora si estaba preocupado.

-No lo sé, parece que era uno de los que fue a verla cuando estaba encerrada. Por suerte llegó un policía y se lo llevó. Fuimos a hablar con ellos, Jane incluso pudo decir el nombre del tipo que la tenía encerrada pero era solo un apodo, no sirvió de nada. Tampoco recordaba en donde la tenían, así que lo único que conseguimos fue que encerraran al tipo que nos encontramos-

-Ya veo, así que ahora volvió a su trauma anterior- dijo Jamie en voz baja mirando el piso, pero Jack puso un brazo sobre su cara como si eso lo ayudara a olvidarse del tema.

-Cállate. Justo cuando pensé que estaba volviendo a ser ella- estaba decepcionado y harto de lidiar con esa situación. Simplemente no soportaba pensar en la expresión de susto de Jane todo el camino. Quería que todo terminara de una vez, que todo siguiera tal y como había sido al comienzo de la mañana. Quiso sonreír cuando recordó ese beso, pero ni siquiera eso lo calmaba.


Se encontraba sentada abrazando sus rodillas y recostada sobre la puerta, y desde allí pudo escuchar la conversación de Jack y Jamie. Ahora estaba en silencio pensando en todo lo que había pasado desde su primer encuentro con Jack. Sintió algo arañando suavemente su tobillo y vio a su mascota que la miraba como si estuviera preocupado por ella.

Jane le sonrió y lo alzó en sus brazos.

-¿Crees que estoy siendo egoísta?- susurró mientras lo acariciaba –Él fue tan bueno conmigo, y yo sigo causándole problemas. Quisiera ser más fuerte, pero es difícil- ahora tomó la cara del cachorro para que la mirara a los ojos -¿Qué hago, Jack? ¿Cómo compenso todo lo que hizo por mí?- le preguntó.

El perrito dio un quejido, se acercó a ella y empezó a lamerle la cara, haciéndola sonreír un poco, y dando a entender su mensaje.

-Creo que eres demasiado descriptivo para no saber hablar- dijo ella y la mascota le dio un ladrido que le provocó risas. Jane le dio un beso y empezó a jugar con las orejas de él –¿Te confieso algo?- miro a la nada, pensativa -Yo confié en Jack porque… aunque no me conocía, él sabía que yo tenía poderes. Yo lo supe cuando esos hombres quisieron lastimarme. En cuanto empezaba a llorar, todos ellos simplemente me dejaban y se iban, y nunca entendí por qué hasta que Jack me hablo de que podía en cierta manera controlar a los demás- bajo la mirada –Si mis emociones pueden controlar a otros…- no quería decirlo. Ella pensaba que quizás Jack solo era un buen amigo, pero que el cariño que él decía sentir por ella, la razón por la que la besó, tal vez solo fue porque era lo que ella quería. Quizás sus poderes no eran tan buenos, y todos los que la rodeaban no sentían nada por ella en realidad. Tal vez esa habilidad era la única razón por la que Jack seguía a su lado.


Golpeó suavemente la puerta, pero no tuvo respuesta.

-¿Jane?- la llamó, pero fue igual. Nada. Tomó un respiro y se decidió por entrar de cualquier manera. Pensó que podía estar dormida, pero sobre la cama solo estaba el cachorro. Ella se encontraba parada frente a la ventana, abrazándose a sí misma –Ey- murmuró, pero la chica no se movió.

Cuando se acercó más, notó que estaba temblando y que miraba al cielo afligida. Él no era bueno con las palabras, así que se decidió por otra cosa. Se arrimó y la abrazó por detrás. Jane se sobresaltó así que Jack la apretó con más fuerza, queriendo demostrarle que no necesitaba huir de él, que no la iba a dejar, que no quería dejarla y además que la protegería.

De alguna manera Jane pudo sentir todo eso. Sentía toda la determinación que tenía Jack por estar a su lado, y también se sentía una idiota por haberle hecho pasar por tanto.

-¿Por qué estás en la oscuridad?- le susurró muy suavemente sobre su cuello, y ella se estremeció más que nunca. Sufría, sufría mucho por tenerlo tan cerca cuando no lo merecía.

-No es la oscuridad lo que me asusta. Solo estar sola- cuando Jane explicó esto él volvió a presionarla más, con el mismo sentimiento de antes, y ella se alteró de nuevo.

-No tienes por qué estar sola, Jane- replicó Jack, haciéndola soltar una lágrima. Luego otra, y otra. Él se asustó y la liberó un poco de su agarre -¿Por qué lloras?-

-Yo…- balbuceó, tenía un horrible nudo torturando su garganta. Se dio la vuelta y lo miró fijamente. Y en sus ojos podía ver toda la preocupación que él sentía por ella, igual que en la suavidad con la que acariciaba su rostro –Tú me ayudaste tanto y yo solo sigo preocupándote. Te prometo que cambiaré, seré más fuerte y voy a dejar de llorar- gruñó mientras se secaba sus lágrimas con bronca, pero él la detuvo sosteniéndole ambas manos y le sonrió.

-Eres mucho más fuerte de lo que crees, Jane- besó cariñosamente sus nudillos –Yo te juro que no voy a dejarte. Volveremos a ser guardianes, vamos a ayudar a muchos niños, y te enseñaré la nieve- comenzó a emocionarse, y se alejó de ella para hablar mientras se movía alegremente -¡Montones de nieve! Te mostraré como deslizarte, hacer bolas de nieve, a arrojarlas, hacer muñecos, ¡todo!- vio como ella se reía, conmocionada con la idea. Le tendió la mano -¿te gustaría eso?-

Jane asintió alegremente y tomó su mano quedando frente a frente –Y me enseñarás a volar, ¿me llevarás a conocer el mundo?- pidió con una expresión que hizo que Jack no se resistiera a darle un corto beso.

-Todo el mundo, las montañas, los mares, el Polo Norte- señalaba al cielo emocionado, pero notó que Jane no había salido del momento del beso, así que se le acercó de nuevo –Será muy pronto ya verás-

Ella sonrió y él volvió a besarla. Era una sensación muy agradable, pero Jack no quería volver a pasarse. Esta vez fue mucho más suave, y se separaba cada tanto para ver que ella no se molestara. Por el contrario, cada vez que se apartaba, Jane volvía a unir sus labios. Le gustaba mucho sentirlo tan cerca y todas las emociones que ello le provocaba.

Jack se dio cuenta de esto, y comenzó a jugar con darle distintos besos cortos, algunos más suaves, otros más fuertes. Podía darse cuenta perfectamente de que la estaba alterando y eso lo divertía mucho, aunque también le hacía subir de temperatura. Generalmente eso le molestaba pero esta vez era distinto, y llegó a un punto en que tuvo que dejar de jugar y abrazarla para darle nuevamente un largo beso.

Realmente estaba pensando en que no quería dejarla ir, pero un fuerte golpeteo llamó a su puerta.

-¡Ey, llevan ahí media hora! Salgan ya, es hora de cenar- reclamó Sophie, quien había vuelto a la casa, aunque no estaba realmente enojada.

Los dos se sonrieron y decidieron bajarse de la cama donde estaban parados para salir de la habitación tomados de la mano.

Sophie había ido a cenar pero no pudo quedarse, por lo que Jack se auto-invitó a pasar la noche con Jane en el cuarto de invitados, solo que esta vez fue muy diferente de la anterior. Luego de charlar un largo rato sobre los demás guardianes y espíritus, Jack comenzó a relatar sobre su vida antes de morir y la manera en que salvó a su hermana. Los ojos de Jane brillaban con curiosidad y pena.

-Ey, no te preocupes- trató de calmarla -No podría arrepentirme jamás de haberla salvado, menos de haberme convertido en Jack Frost, digo ¿qué hubiese sido de todos estos inviernos sin toda la diversión que traje conmigo?- bromeó.

Ella sonrió y llevó una mano a su rostro para acariciarlo -Me gustaría haberla conocido-

-Sí- respondió mientras apoyaba suavemente una de sus manos en su espalda -Le hubieras caído bien- su voz era casi un susurro, ambos estaban ya acostados de lado para poder mirarse de frente. Jack cerró los ojos y apoyó su frente sobre la de ella, disfrutando solo de aspirar su aroma. Aún así Jane se ponía nerviosa, sus rostros estaban muy cercanos, sus narices se tocaban y sus respiraciones de cruzaban. Ella no quería cerrar sus ojos, le encantaba verlo de cerca con su cabello revoltoso y las pecas que salpicaban su rostro tan pálido, no se dio cuenta de que mientras lo observaba se estaba acercando aún más hasta que sintió el leve roce de sus labios. Se sobresaltó muy levemente pero notó que Jack sonreía. Él aún sin verla removió un poco su cabeza, alzando su cara hacia la suya y espero hasta que sintió como sus labios se posicionaban sobre los suyos tímidamente.

Se alzó más para profundizarlo mientras Jane envolvía su cuello con los brazos y se aferraba suavemente de su cabello. La mano del chico que seguía sobre su espalda comenzó a acariciarla con el pulgar, luego la subió hasta su espeso cabello negro y pasó por todo el largo del mismo varias veces cepillándolo. El beso era continúo y sin prisas, pero a medida que las caricias de Jack bajaban por su espalda hasta llegar a su pierna, el mismo se aceleró un poco. La estiro acercándola a él, ella paso a rozar levemente su nuca con los dedos, haciendo que se le erizara el pelo, y luego bajó a su espalda.

Él continuó su toque, presionando cada tanto delicadamente mientras ascendía de su pantorrilla hasta su muslo por sobre la tela de su calza, ella no era muy alta ni alargada por lo que en poco tiempo alcanzó su cadera y siguió hasta toparse con el borde de su camiseta en donde se detuvo y jugó un poco con él antes de atreverse a pasar por debajo.

Estaba muy inseguro de ello por lo que estuvo un buen rato indeciso, pasando sus dedos uno por uno hasta que su palma alcanzó la piel de su cadera y subió llegando hasta la curva de su cintura. Jane saltó levemente. Aún siendo humano Jack estaba muy frío, así que pasó sus manos de su espalda a su pecho, acariciando sobre la ropa y aferrándose un poco por los nervios que le provocaba sentirlo recorrer su espina dorsal. Él trató de distraerla poniendo mayor énfasis en el beso pero era imposible calmar las sensaciones que le provocaba, por lo que buscó ganarse su confianza de otra manera.

-Eres hermosa- susurró separando sus labios por un momento y uniéndolos de nuevo. Jane no podía creer lo que escuchó y fue tan súbito que se dijo a sí misma que lo había imaginado, pero él volvió a hablar mientras sus dedos acariciaban la piel de su estómago -Y tierna- dijo esta vez para besarla de nuevo, notó como ella empezaba a relajarse bajo el toque de su mano y ascendió más sobre su espalda, pasando por la tela de su ropa interior. Tuvo que hacer un esfuerzo para recordar que las mujeres necesitaban esa prenda. -Te quiero- admitió tímidamente -y te deseo- confesó aún con mayor timidez, lento, casi inaudible.

Pero Jane lo oyó y se sintió derretir, tanto por sus confesiones como por sus apasionadas caricias y sus fuertes besos. Se aferró a su cuello y luego sintió la necesidad de devolverle el favor. Él tenía ambas manos acariciando su espalda y cuando una bajó otra vez a recorrer su pierna, acercándola más, ella bajó las suyas por su pecho hasta llegar al borde de su camiseta e introducirlas por debajo. Sus manos eran tan inseguras y temblorosas que Jack se llenó de ternura y la dejó avanzar a su propio ritmo. Cuando sintió ambas sobre su piel se estremeció, eran tan cálidas sobre el frío de su estómago. Lo recorrieron de arriba a abajo, tiernas y gentiles.

-Jack- suspiró Jane sobre su boca, haciéndolo perder el control totalmente. La abrazó debajo de su camisa y su beso alcanzó un punto al que nunca había llegado. Era un momento demasiado perfecto, los rápidos labios, las tímidas lenguas, las fuertes caricias y las suaves palabras. Él ya no pudo detenerse y entonces decidió que no quería que ella solo lo tocara, ansiaba que lo viera, quería sentirla aún más cerca y sin nada en el medio para interponerse. Fugazmente pasó a sentarse un poco y dejar de besarla para deshacerse de su camiseta, pese a que Jane ya la había levantado bastante.

Ella se sobresaltó pero antes de poder decir nada, él ya estaba encima besándola desesperadamente de nuevo. Lo abrazó y no pudo dejar de fascinarse sobre lo bien que se sentía sentir toda su piel, de cómo sus cuerpos encajaban tan perfectamente y sus corazones estaban por salirse de sus pechos. Pasó velozmente sus manos por toda su espalda, él era delgado pero fuerte, y entonces ella pensó en que tampoco quería nada más en el medio. Jack de hecho ya parecía estar intentando quitarle su camiseta, por lo que ella sólo tuvo que moverse y ayudarlo un poco a terminar. Cuando la prenda estuvo en el piso, ambos rodaron para volver a recostarse lado, con sus piernas entrelazadas, disfrutando de sus bocas y su piel descubierta. Él era tan frío y ella tan cálida que simplemente se sentía bien.

Jack soltó sus labios y con varios besos seguidos empezó a recorrer su mejilla hasta alcanzar su oreja mientras sus manos seguían su recorrido por su cuerpo, era muy pequeña pero de curvas marcadas y piel tan suave que simplemente no podía dejar de tocarla. Cuando él mordió levemente el lóbulo, Jane suspiro sobre su hombro desnudo haciéndolo soltar un pequeño gruñido que se ahogó en su garganta. Sus labios siguieron bajando hasta llegar a su cuello y llenarlo de besos que le sacaron más suspiros a la chica, quien se aferró a su cabello para intentar controlar todas las sensaciones que la llenaban. Al fin él descendió hasta hundir su rostro en sus pechos, que bajaban y subían notablemente por su agitada respiración. Ella gimió su nombre. Fue bajo y fugaz pero suficiente para despertarlo de su nube de deseo. ¿Qué diablos creía él que le estaba haciendo?

-Jane- se apartó totalmente respirando agitado aún y con una mirada casi de terror -Lo siento, yo...- se revolvió su cabello disculpándose nervioso. Eso hizo que ella se sintiera repentinamente avergonzada, trató de cubrirse con sus manos mientras alzaba su camiseta del suelo y volvía a ponérsela, sin atreverse a decir una palabra.

Jack volteó la mirada e hizo lo mismo con su ropa. Cuando terminó pudo ver lo incómoda que había puesto a la joven y se golpeó mentalmente por ello -Jane, l-lo siento- tartamudeó y se acercó solo un poco, tomando su mano. Pero ella negó con la cabeza.

-No, no. También fue mi culpa. No pude, no quise parar, yo... tú, eres...- se atascó un poco, pero luego lo miro a los ojos y sonrió al ver lo preocupado que estaba, y le divirtió la idea de que fuera así por algo que ambos en realidad disfrutaron. Eso le dio el coraje de terminar su oración -Eres hermoso, Jack- lo decía de corazón, recordando no solo lo delgado, pálido y frágil que parecía cuando lo vio, si no lo tierno, apasionado y atento que se comportaba con ella en todo momento, incluso cuando ambos estaban tan fuera de sí.

Él se quedó atónito repasando lo que acababa de escuchar y suceder hasta que se dio cuenta de que ella estaba esperando una respuesta -Oh ¿En serio? No, digo, gracias. Es decir...- hizo una pausa para calmarse haciendo que Jane se riera, él también sonrío -Tú también- concluyó. Ella se acercó para darle un delicado beso antes de declarar que debían irse a dormir.


Una sombra que estaba en la ventana, se alejó y pasó por los cielos hasta llegar al mar, en donde se hundió hasta el fondo. Encontró una puerta y se desvaneció, pasando por los costados entró en un pasillo. Llegó hasta el final donde pasó por otra entrada para aparecer en una habitación simple de ladrillos en donde se encontraba Eris junto con el espíritu de la fuente.

La nube negra se acercó a la diosa, enredándose en su brazo. Con ese toque ella pudo ver todo lo que su sombra había observado, luego se volteó hacia el otro espíritu.

-Un humano. En eso lo convirtió el conejo- se acercó al hombre, pero él no se movió ni le dirigió la mirada.

-Ahora que lo sabes, ¿por qué no me dejas en paz?- su voz profunda hacia un eco terrorífico al salir de la oscuridad que había debajo del blanco manto que lo cubría, en donde no se veía ningún rastro de su cuerpo. Eris se le arrimó mirando fijamente su rostro.

-Por qué si no estás de mi lado, aún si concedes mis deseos, también concederás los de ellos-

-Aunque comiera de tu manzana, me vería obligado a hacerlo-

-No mientas- alargó su mano y dejo que la sombra envolviera su cuello –No lo harías, los cambiarías por algo malo-

-¿Realmente crees que puedes amenazarme? Yo no estoy del lado nadie, no hay razón por la que accedería a unirme al tuyo-

La mujer se alejó con una sonrisa altanera –Oh sí la hay. ¿Sabes que hay maneras de matar a los espíritus? Yo sé cómo hacerlo contigo. Y lo haré si no obedeces- hizo aparecer su manzana en la mano y se la ofreció.

Pero el hombre se quedó inmóvil y Eris perdió la cordura –Muy bien. Tú lo quisiste- cambió su manzana por una moneda y se la enseñó con expresión desquiciada –Voy a pedir un último deseo para deshacerme de todos mis problemas- Arrojó la moneda con ira hacia el manto del espíritu y éste se convirtió en blanca niebla que inundó la habitación, mientras las diosa se regocijaba y cantaba su deseo en voz alta –Deseo que Jane muera-