¡Hey! Perdón por toda la tardanza en actualizar. Exactamente diez días, omg, no me maten -llora-.
Me temo de que mis tiempos para actualizar serán más de tres días a partir de ahora, y esto no sólo afecta a este fanfic, sino también a "Un Miaustástico y Purrfecto Día" porque, well, me están dejando demasiadas tareas y el colegio me está consumiendo el tiempo; y como si no fuera mucho ya, mi cerebro decidió ponerse hormonal y estar tipo de: "hey, recordemos lo patética que es la vida, por qué no, es una muy buena idea, la pasaremos bien, te lo aseguro. ¿Eso fue un estímulo en tu tristeza? ¡ahahahha, no importa, ahora es el momento de mandar todo a la verga!".
No sé como sigo viva con este tipo de mente de mierda. (?) Pero bueno; espero que lo disfruten. A decir verdad me reí escribiéndolo y ngh, eso.
¡Hasta la próxima vez que no sé cuando será pero da igual! (?)
Capítulo X. Un fastidio.
Domingo. No se habían dado cuenta de que habían dejado pasar las horas como si fuera la corriente de un río; al fin y al cabo, Kyle tuvo que decirle a su madre que se quedaría en casa de Cartman antes de ir a dormir, y el último mencionado hizo lo mismo, pero con Liane cuando llegó, obviamente. Se habían dejado llevar de una manera que ciertamente daba escalofríos, y más tenía ese efecto en el castaño, quien de sólo recordar lo sucedido no podía hacer más que temblar.
Despertaron en una situación verdaderamente incómoda. Por fortuna, Cartman tuvo que bañarse para no levantar las sospechas de su madre, quien a esas alturas, al estar tan experimentada, podía oler el aroma a sexo desde kilómetros de distancia. Liane le ofreció a Kyle un reparador baño minutos más tarde con la excusa de que eran adolescentes, y por lo tanto, sudaban demasiado; claro que la oferta fue rechazada amablemente por el judío, pues sabía que de esa manera podía sacar de quicio al neonazi. Era divertido ver como dirigía ciertas miradas de reojo que denotaban todo el odio encarnado en sus pupilas, y más aún el saber que no podría hacer o decir absolutamente nada de lo sucedido mientras su madre estuviera en frente por la plena vergüenza de lo que podría decir ella.
Luego de haber almorzado fue el momento exacto en el que Eric y Broflovski fueron a la habitación del más bajo de los mencionados. Cartman desconocía el motivo del porqué el judío, "su mayor némesis", seguía en su propia casa, ¡su casa! ¿su propiedad! Sabía que había algún asunto pendiente para provocar que el pelirrojo siguiera allí, pero aún así se le hacía una situación lo suficientemente incómoda. En otro tiempo, cercano a otra vida, no le habría molestado su presencia; sin embargo, al haber compartido noches en la misma cama y aún así considerándolo como un individuo insoportable, no podía adquirir otra emoción.
Por el contrario, Kyle se mostraba con una soltura inusual, tenía una confianza especial tanto en sus acciones como en palabras. No había cosa más extraña que eso. Ni siquiera las burlas de Cartman le afectaban como era debido en ese día.
Ambos estaban sentados en el suelo mientras jugaban videojuegos. La habitación de Eric había sufrido un cambio: una nueva televisión en una repisa, y su consola estaba en ese lugar, por lo que en vez de pasar su mayor tiempo en la sala como hacía cuando niño, lo pasaba en su habitación. Además de poseer su televisión en su dormitorio, tenía su computadora. Era un logro de vida. Un logro que no le había costado obtener en lo más mismo.
Los ruidos y música del juego mantenía a los jóvenes metidos en sus respectivos papeles. No se miraban uno al otro, no se les era una necesidad; tampoco musitaban ningún sonido, ni se movían de sus lugares. No se trataba de una reunión de juegos, pues solían reunirse diariamente con el crew a jugar entre todos. Lo de ese día simplemente se trataba de un pasatiempo. Una manera de evadirse de lo ocurrido durante la noche anterior.
Con la derrota de Cartman sobre Kyle, el juego acabó. El castaño, sonriendo con autosuficiencia y una clara y entera malicia y soberbia, dejó el joystick de lado, para luego dirigir su vista al pelirrojo. A diferencia del neonazi, el judío se mostraba decepcionado de sus propias habilidades, y miraba con su ceja arqueada a la pantalla que mostraba de manera precisa su fracaso. Chistó su lengua por lo bajo, acción que hizo que Cartman se alegrara de sobremanera.
— ¡AHA HAHA HAAAAHA! —se mofó Eric. Kyle por fin le miró, esta vez con su ceño fruncido, y dejó el mando de lado. Tenía la extraña maña de que, cuando estaba enojado, hacer tronar sus dedos. Por supuesto que esa ocasión no era diferente. Sonó sus huesos de una manera musical que complació sumamente a los oídos del menor. — ¡Sonido de la victoria! —anunció Cartman, llevándose de regalo aquella expresión de desprecio que tan bien conocía por parte del judío.
—Fue pura suerte, culo gordo —señaló Kyle, y es que no podía terminar de creerlo, había invertido muchas horas en ese mismo juego durante otros días.
— ¿Qué es eso, Kahl? ¿Es lo que yo veo? —con cuidado, se aproximó al mayor— es eso... ¡¿ENVIDIA?! —exclamó, para luego echarse a reír con unas hechas y derechas carcajadas, como un niñato infantil, es decir, como es él.
Kyle frunció el ceño, hizo un ademán con sus manos que mostraban su pleno enojo, y después respiró profundamente para no explotar en ese mismo instante. Pensó que debía calmarse porque conocía la personalidad de Eric. Sabía que si se molestaba por algo tan insignificante le estaría dando con el gusto, y realmente eso era algo que no deseaba.
— ¡Tal como un judío envidioso! —picó Cartman en el momento en el que logró tranquilizar su respiración y apaciguar su hilaridad. En ese instante, y sin siquiera pensarlo, el pelirrojo le empujó con todas sus fuerzas, apoyando sus manos sobre los hombros del robusto. — ¡ESTÚPIDO, MI CULO, IDIOTA! —Chilló Cartman.
Kyle no entendía el porqué de aquel grito tan gay, sin embargo, no por ello hizo que su risa se contenga. Hizo lo opuesto a lo que toda persona políticamente correcta haría: burlarse, y para peor, señalarlo. Eric tenía el entrecejo fruncido y gruñó a sus adentros.
—Ya, ya, basta —dijo el pelirrojo para intentar tranquilizar su risa imparable, y cuando al fin lo logró, se animó a continuar. — ¿Qué carajo te pasó?
— ¡QUE ME DOLIÓ! ¡ESO PASÓ! —gritó Eric nuevamente, sólo que esta vez Kyle no rió, a pesar de que las ganas no le faltaban.
— ¿Dónde? ¿el culo te dolió? —Era obvio que Broflovski no iba a perderse de poder vengarse por lo menos un poco en alguna oportunidad, y claro, esa oportunidad le había llegado. Una pregunta que podía avergonzar al gordo. Simplemente, lo que sucedía se había convertido en algo digno de encuadrar en una obra de arte.
—Claro que no, me dolió mi espalda —desvió Cartman. Era obvio que mentía, mas tampoco deseaba perder su dignidad admitiendo un positivo.
—No mientas, Cartman.
—No miento.
—Sí, sí mientes. —Insistió el pelirrojo. Obtuvo un bufido del neonazi por ello. —Bien, si no mientes supongo que no te molestará sentarte de una vez en la silla que está ahí. —Señaló con su cabeza una silla de madera, que en su respaldo tenía ciertas prendas del dueño de casa. Cartman, enfadado y sin meditarlo, se levantó como pudo, y con un extraño caminar se acercó a dicho asiento.
— ¡CLARO QUE PUEDO! —Y luego de haber lanzado aquel grito de guerra al aire, apoyó sus glúteos en la silla rápidamente, sin ninguna clase de cuidado. Por lo mismo, en ese momento, no pudo hacer más que gemir de dolor y tirarse al suelo como un gran rey drama.
—Tengo la ligera impresión de que no puedes, Cartman. —Dijo Kyle, quien como acto seguido blanqueó sus ojos. — ¿Dónde te duele?
—Me duele todo. —Respondió Eric al fin, aún permaneciendo en el suelo.
—Te dije que lubricaras bien. —Recordó el judío.
—Lo hice bien.
—No, no lo hiciste bien. Dejar de mamarla para insultarme no es hacerlo bien.
—Agh, cállate —respondió el menor a regañadientes. Broflovski le obedeció, dejó que los segundos siguientes fueran sumidos en el silencio hasta llegar al punto en el que era algo incómodo. — ¿Por qué se supone que sigues aquí? —Interrogó Cartman.
—Porque así es como mi corazón lo desea. —Musitó Kyle. Claro que simplemente bromeaba, cosa que le gustaba hacer de vez en cuando.
—Es en serio, pendejo.
—Porque quiero saber qué somos. —Admitió, sin dirigirle la mirada. Cartman calló y apartó su vista de igual manera.
—Mira, yo no soy un marica...
—Pero me entregaste el culo y entras a chats de Omegle en donde solamente hay penes. —Interrumpió el judío.
— ¡Déjame terminar, hijo de una puta gorda!
— ¡No metas a mi madre en esto!
—Okay, okay. Nos calmamos, Kyel. Vamo' a calmarno' .
—No soy Kyel, y no digas esos memes sacados de internet explorer porque es un asco.
—Claro, Kyel, claro —Kyle rodó sus ojos— como iba diciendo... en resumen... tú no me gustas.
—Pero amas mi verga. —Terció el judío.
—Exactamente. —Coincidió Cartman, llevándose consigo la mirada de "wut" de Broflovski.
— ¿Y eso nos hace en..?
—En que no vas a volver a cogerme a pesar de que me guste tu verga.
—Cartman. —Dijo Kyle, severamente.
— ¿Qué? ¿alguna idea mejor? Que implique mi heterosexualidad, por favor.
—Tu heterosexualidad es equivalente a lo maltratador que tiene Stan. Sí, tu heterosexualidad es inexistente, acéptalo, Cartman.
— ¡Oh, vete al carajo de mi casa! —Ordenó el mencionado. El judío no hizo caso.
—Quedemos en un acuerdo.
— ¿Por qué debería?
—Porque a mí me gusta esto —fue interrumpido por un carraspeo del castaño, pero aún así continuó— y tú tienes problemas con el instituto. Teniendo en cuenta que tu amas mi pene y que yo soy bueno en clases...
—Acepto. —Dijo Eric, interrumpiendo por una segunda vez, no obstante, de una manera que no le importó a Kyle.
— ¿De verdad? —Replicó dudoso.
—Sí. De verdad. —Repitió Cartman, empezando a fastidiarse un poco. —Empiezas mañana. Ahora lárgate de una puta vez. —Sentenció.
—Está bien, de acuerdo. —Respondió Kyle bastante calmado, y luego de levantarse, decidió dirigirse a la puerta, con las intenciones de salir.
— ¡No, espera!
— ¿Ahora qué? —Preguntó el judío.
— ¿No vas a ayudarme para que me levante?
Qué fastidio.
Tendría que acostumbrarse.
Situaciones como esa se repetirían.
