PORQUE HARRY TAMBIÉN SE PONE CELOSO ALGUNAS VECES…
2 de Junio de 2011, Inglaterra.
Harry agachó la cabeza justo a tiempo, sintiendo como el objeto lanzado le pasaba demasiado cerca, frunció el ceño y se obligó a calmarse.
—Kay —reprochó Harry, tratando de sujetar la manita de Kay, que ya tenía, ahora una pequeña cuchara en la mano, listo para otro ataque.
—Key puede tirar comida, yo quiero tirar comida —dijo entonces Sofía, levantando el plato hondo en el que le habían servido la cena esa noche.
—Señorita Sofía, no debe hacer eso… —murmuró Winky, de pie en una de las sillas entre Sofía y Zoe, y levantando las manos para impedir que Sofía tire al suelo el plato.
—¡Sí! ¡Guerra de comidas! —gritó entonces Zoe, Harry intentó alcanzarla, pero ni todos sus años de auror e investigador le dieron la pericia suficiente para detenerla, un instante después Winky tenía el mandil rosado manchado con salsa roja de tomate, el piso y la pared también estaba salpicados y Harry sentía que le estaban saliendo canas más pronto de lo normal.
—"Bavo" —exclamó Kay, aplaudiendo y lanzando su plato, ahora libre sin la supervisión de Harry.
—Sí, bravo —bramó Sofía, lanzando también el contenido de su plato, esta vez contra Zoe, que comenzó a llorar y a tratar de limpiarse, lanzando los espaguetis hacia su hermana, mientras Winky desaparecía de la silla y aparecía en el suelo, con una escoba y un recogedor, negando con la cabeza.
Harry trataba de recordar en qué momento había pensado que tener una casa llena de niños era una buena idea.
—Niños, papá Draco y yo ya les hemos dicho que con la comida no se juega —recriminó Harry, quitándole el plato del alcance a Sofía y con la varita apartando uno de los platos de plástico que Kay había empezado a atraer, usando las pequeñas muestras de magia que exhibía por esos días.
Winky, en tanto, moviendo las manos, hacía que la salsa de tomate de la pared desapareciera.
—Daco no ta —rugió Kay entonces, mirando alrededor como para demostrar su punto —Daco no viene.
Harry suspiro profundamente, Draco le había dicho que debía llegar de Alemania un par de horas atrás, luego le había dicho que había surgido algo y tardaría aún más, que le diera de comer a los niños con ayuda de Winky porque tal vez no llegaba a la cena. Le aseguró que no era nada preocupante, pero igual Harry no dejaba de pensar en él y de, pese a sólo haber estado apartados dos días, extrañarlo, sobre todo a la hora de darle de comer a los niños, lo cual era toda una aventura, incluso con Winky como ayudante. La noche anterior la señora Weasley lo había ayudado, pero esta noche se suponía que Draco estaría allí.
Los gritos de sus hijos lo hicieron fruncir el ceño, en medio segundo de distracción, Zoe ya estaba con la cara embardunada de salsa de tomate, Kay trataba de usar un tazón (con tallarines dentro) como sombrero y Sofía seguía intentando lanzar comida. Y en eso, su móvil comenzó a sonar con el sonido que Hermione le había configurado un tiempo atrás y que le indicaba un mensaje de texto.
―Niños, deben calmarse… ―pidió Harry, mientras abría el móvil para leer el mensaje de texto de Draco.
Ya volví, pero tuve que ir a la oficina por algo, te alcanzo al rato.
En ese momento un vaso de plástico con agua de manzana le dio en la frente, y eso acabó con la paciencia de Harry, mientras Zoe, la que lo había lanzado, aplaudía contenta.
―Así que en la oficina ―rumió, mientras guardaba el teléfono y se agachaba a recoger el vaso ahora vacío ―, como si no lo conociera, lo más probable es que tarde horas y… ―negó con la cabeza y miró el espectáculo: sus hijos estaban llenos de vitalidad, definitivamente Draco debía "disfrutar" de ello también.
―¿Sonó papá Draco? ―preguntó Sofía, mirando a Harry con sus ojitos grises y brillantes.
―Sí… vamos a buscar a su padre ―respondió Harry, limpiándose con un pañuelo el rostro por el jugo de manzana y caminando hacia ellos.
―¿Saldrá el señor? ―preguntó Winky, que seguía limpiando el piso, Harry vio que había esperanza en su mirada.
―Iremos por Draco ―informó, mientras comenzaba a pasar pañuelos húmedos sobre el rostro de Zoe y Sofía.
―Prepararé la cena para el señor entonces ―asintió la elfina, desapareciendo.
―Muy bien niños, quédense quietos para poder ir a ver a papá Draco ―les dijo Harry a sus niños, tres pares de manos empezaron a aplaudir y los niños comenzaron a saltar, haciendo cualquier cosa, menos quedarse quietos.
Draco agitó la varita un par de veces y el cuadro de un centauro, colocado en la pared detrás de su escritorio, se movió. Con cuidado removió algunas cosas y luego sacó una gruesa carpeta, suspiró aliviado al ver que no la había perdido y volteó con una sonrisa educada.
―Aquí está ―informó a sus dos visitantes.
―Oh, es un gran alivio, por un momento pensamos que podía haberse perdido.
―Nada de eso, señor Curt, simplemente la olvidé… Creo que la confundí ―explicó Draco, dejándola sobre su escritorio y abriéndola, la carpeta guardaba una gran cantidad de contratos de confidencialidad, así como fórmulas e incluso diseño de empaques y frascos.
―Solo nos tomará unos minutos entonces ―asintió Frank, el asistente del señor Curt.
Draco asintió distraídamente, sin prestarle mucha atención al asistente del señor Curt, lo conocía desde la primera vez que había ido a Alemania, y siempre lo había mirado con la misma adoración, pese a todos los gestos fríos de Draco.
―Aprovecharé para pasear un poco, ya que estamos aquí ―le comentó el señor Curt, mientras Frank ejecutaba algunos hechizos para copiar los contratos, pues habían tenido un desafortunado incendio y habían perdido gran parte de esa información.
―Por supuesto, es una buena idea, puedo acompañarlos a visitar algunos lugares, si lo desean ―respondió Draco de manera educada, aunque maldiciendo que el hombre y su asistente hayan pedido acompañarlo a última hora, deseaba ponerse al día con algunos pendientes y pasar tiempo con su familia. Al menos sería por solo un día.
―No será necesario, no es la primera vez que estoy en Inglaterra, pero quisiera que me hiciera el honor de acompañarnos a cenar, por favor también avísele a Gael, estoy seguro que pasaremos un buen momento.
―Encantado, aunque Gael anda por América en estos momentos, visitando a la familia…
―Ah, entiendo, hágale llegar mis saludos entonces.
―Por supuesto.
―Sobre la cena… De todas maneras espero que nos pueda acompañar.
―Claro. ―A Draco no se le pasó por alto la sonrisa entusiasmada de Frank, el asistente, y suspiró ―. El lugar donde los hemos alojado cuenta con conexión Flu hacia aquí, mañana puede decirle a nuestra asistente en caso no me encuentre, el lugar y la hora más conveniente, estaré allí sin falta.
―Ya está listo, señor Curt ―dijo entonces el asistente, llamando la atención de ambos hombres.
―Genial, Frank, genial ―asintió el hombre con una sonrisa ―. Vamos entonces, realmente estoy agotado, y seguramente que usted también, Draco, deberá estar ansioso por…
Pero entonces el ruido de unos llantos y de unas pisadas llegó hasta ellos, los tres voltearon a ver hacia la puerta en el momento en que ésta se abría y por ella aparecía Harry, cargando a un lloroso Kay, y de una mano traía a Zoe, mientras Sofía se sujetaba a la mano de Zoe.
―¡Harry! ―exclamó Draco, preocupado, mientras caminaba hacia ellos.
Harry, mientras soltaba a Zoe y Sofía, que saltaban y gritaban para alcanzar a Draco, observó a los acompañantes de Draco, no había entendido que tendría visitas y aquello era algo vergonzoso, sobre todo ahora que recordaba que ni siquiera había puesto mucho empeño en limpiar a los niños.
―Lo siento, no sabía que… ―negó con la cabeza, empezando a excusarse, mientras Draco abrazaba a las niñas y Kay gritaba: "Daco sí aquí".
―No pasa nada ―le animó Draco, caminando hacia él y tomando a Kay en brazos mientras le daba un beso en la comisura de los labios.
―Ejem… ―se aclaró la garganta en ese momento el señor Curt, y Draco recordó que, lamentablemente, no estaban solos.
―Disculpen ―dijo entonces Draco, girando, con Kay en los brazos y Sofía y Zoe saltando a su alrededor ―, les presento a mi pareja, el señor Harry Potter, estas son nuestras pequeñas Sofía y Zoe y este es Kay ―explicó rápidamente. El señor Curt, desde su primera entrevista había dejado ver su intención de conocer a Harry, invitándolo incluso más de una vez a que fuera durante los viajes de negocios, pero Draco siempre había sabido darle encontronazos para que no sucediera, porque sabía cuánto Harry detestaba que la gente se maravillara con él.
―Mucho gusto, señor Potter, es todo un honor conocerlo, el señor Malfoy siempre lo ha mantenido oculto… me alegra por fin conocerlo ―dijo el señor Curt, apretando efusivamente la mano de Harry, que sonreía tensamente.
―Este es Frank, el asistente del señor Curt ―continuó Draco, mientras Frank sonreía de manera burlona hacia Harry y le apretaba la mano un instante.
―Un gusto ―dijo el chico, mirando de arriba hacia abajo a Harry.
Harry se dio cuenta que, en comparación a Draco y sus visitantes, que lucían sus finas túnicas de color oscuro, él tenía puestos unos viejos pantalones de algodón de esos que Draco siempre amenazaba con tirar a la basura, y una camiseta negra con algunas manchas de salsa de tomate.
―Bien, señor Malfoy ―dijo entonces Curt ―, vemos que la familia lo reclama, y no hay nada mejor que la familia, ¿verdad, Frank? ―Frank asintió con aquella sonrisa burlona y miró hacia Harry y luego hacia Draco ―, nosotros nos vamos, ha sido muy amable en acogernos durante este inesperado viaje.
―Cuando guste, señor Curt, ya se lo he dicho ―respondió Draco, con Kay en los brazos, mientras los guiaba hacia la chimenea del pasillo, detrás de él iban Sofía y Zoe, jalándole la túnica y mucho más atrás Harry.
―Oh, y será un placer que también nos acompañe el señor Potter mañana en la noche…
―No sé si… ―empezó a excusarse Draco, mirando de reojo a Harry, que lucía claramente incómodo.
―Por favor, insisto, me encantaría poder platicar con él, estoy seguro que podrán conseguir alguien que se encargue de los pequeños…
―Claro, no creo que el señor Potter se quede todo el día en casa con los niños ―dijo Frank en inglés, con un tono rudo ―, seguro tienen a alguien ―le dijo al señor Curt.
Draco suspiró y observó a Harry, sus ojos verdes brillantes, y vencido asintió.
―Será un placer, nos vemos mañana en la noche.
―Sí, hasta luego ―atinó a decir Harry, con voz ronca, mirando hacia Frank y sus sonrisas idiotas, no se le había pasado por alto la manera en que miraba a Draco.
Un fogonazo que hizo a los niños aplaudir y los dos hombres desaparecieron rumbo a un departamento que La Fábrica de Pociones tenía en Londres, era pequeño pero muy acogedor y lo habían comprado mucho tiempo atrás, para poder hospedar a los clientes que vinieran del exterior. Una atención para ellos y que les garantizaría que no se apartaran mucho de la fábrica.
―Lo siento, Harry, no quería que el señor Curt insistiera tanto con la cena… ―se justificó Draco en cuanto los hombres desaparecieron.
―No importa, ha sido mi culpa por aparecer así, además que ya me habías dicho de la cantidad de veces que ha insistido con conocerme…
―¿Está todo bien? Te ves…
―Estoy agotado ―reconoció Harry, haciendo una mueca hacia los niños, solo entonces Draco se dio cuenta de las manchas en la camiseta de Harry y de algunas manchas más sobre los niños.
―¡Por Merlín!, ¿qué fue lo que pasó? ―exclamó Draco.
―¡Po Melin! ¡Po Melin! ¡Po Melin! ―empezó a canturrear Kay, agitándose un poco, mientras Harry ponía los ojos en blanco, pensó en que repetirle a Draco que debían tener cuidado con lo que decían delante de los niños no era ideal en ese momento.
―Ayer la señora Weasley vino a ayudarme a darles la cena, pero hoy no he querido molestarla, pensé que llegarías a tiempo y luego…
―Lo siento ―dijo Draco interrumpiéndolo y dejando a Kay en el suelo antes de acercarse a él y apretarle el brazo.
―Papi Draco y Papi Harry van a besarse ―dijo entonces Zoe hacia Sofía, ambas hicieron muecas de descontento y se cubrieron los ojos. Harry y Draco se rieron.
―Así que con esas, eh… ―bramó Draco, caminando hacia sus hijas, que inmediatamente comenzaron a correr, soltando carcajadas, mientras Kay comenzaba a saltar repitiendo "Po Melín" una y otra vez.
Harry sonrió un instante, despojándose de sus inseguridades, antes de seguirle el juego a Draco y comenzar a seguir a las niñas también.
Durante la noche Harry y Draco pasaron mucho rato con sus niños, luego de hacerlos cenar, esta vez de verdad y, para alivio de Winky, sin que ninguno lanzara ninguna porción de comida por la cocina, los hicieron tomar un baño y les leyeron un cuento, era más de media noche cuando por fin se quedaron dormidos.
Fue entonces que se sentaron en el estudio, con una copa de whisky, a conversar, Harry le contó las pocas novedades de esos dos días y Draco sobre el incendio que habían tenido en Bixintxo & Asociados, el cual habían mantenido en secreto y que era por esa razón que habían convocado a esa reunión tan importante y misteriosa. Draco, que no sabía exactamente a qué iba y había tenido que salir de improviso, había olvidado unos contratos y el señor Curt estaba tan ansioso por recuperarlos que no había dudado un instante en acompañarlo a recogerlos a Inglaterra.
―Si mañana no quieres ir, puedo inventar una excusa ―le dijo Draco mucho rato después, cuando ambos estaban ya en la cama, luego de hacer el amor, Harry reposaba sobre su pecho y Draco le acariciaba la espalda lentamente.
―Está bien, quiero ir ―asintió Harry, no pensando en la mirada de fanatismo que le había dado el señor Curt, sino en la que Frank, el asistente, le había dirigido a Draco.
―Te advierto que el señor Curt te hará muchas preguntas que seguramente hasta te resultarán molestas.
―Lo sé, no importa… supongo que su asistente también estará allí, ¿no?
―Sí, supongo que sí ―masculló Draco, a quien tampoco le simpatizaba el asistente ese, Gael siempre se burlaba de él por ello, aunque nunca se lo había mencionado a Harry.
Harry no respondió, poco a poco se fue quedado dormido, al igual que Draco.
Durante el día siguiente Tyrone se encargó de el señor Curt y su asistente, mientras Draco se encargaba de poner al día algunas cosas. Harry por su lado habló con Hermione y Ron y les pidió que cuidaran a los niños durante la noche.
―¿Seguro que es eso nada más? ―preguntó Hermione, mirando un momento a Harry, antes de retomar la lectura de unos documentos, estaban en la oficina de ella.
―Sí, una aburrida cena de negocios con uno de los socios de Draco y su asistente ―aseguró Harry, jugando con una de las plumas dejada sobre el escritorio.
―¿Asistente? ¿Qué asistente, Maly? ―preguntó ella distraídamente, refiriéndose a la asistente de Draco.
―No, al asistente del señor Curt, un tipito que parece creerse muy guapo ―rumió Harry, y Hermione levantó la vista, arqueó una ceja y luego soltó una carcajada.
―Oh, Harry Potter ―exclamó sin dejar de sonreír, ante la mirada enfadada de Harry.
―¿Qué?
―Estás celoso… no lo puedo creer.
Harry entrecerró los ojos y negó con la cabeza.
―No es cierto.
―Ya, claro, no te conoceré… anda, no hay problema con los niños, puedes dejarlos en casa, y si quieren se pueden tardar todo lo necesario. Incluso pienso que sería buena idea que los dejaras en casa hasta mañana.
―Gracias, ya veremos cómo van las cosas y te aviso sobre eso de quedarse a dormir ―dijo Harry, levantándose y sintiéndose enfadado porque Hermione se burlara de él. Después de todo no estaba celoso, es decir, sabía que había muchos que miraban a Draco, siempre había sido así, y eso no le daba celos, es solo que la noche anterior había estado tan cansado y frustrado, y ese tipito se veía tan genial y burlón que…
―Oye, Hermione ―dijo desde la puerta, antes de salir.
―¿Sí?
―¿No te apetece ir a tomar un helado? ―propuso.
―¿Un helado?, ¿justo ahora?
―Ajá, y tal vez a comprar algunas cosas…
―Oh… ―Hermione miró hacia Harry y luego hacia los pergaminos que tenía que leer y suspiró. Harry nunca compraba nada de ropa solo, siempre lo hacía con Draco, y debía reconocer que el chico había conseguido que algunas veces Harry dejara de lado ese aspecto desaliñado y se viera mucho más imponente y guapo, pero esta vez Harry le pedía ayuda porque sabía que Draco no estaba disponible para acompañarlo a comprar… o tal vez quería impresionar al asistente ese del que tanto se quejaba.
―De acuerdo ―dijo finalmente, poniéndose en pie y preparándose para salir.
Draco detestaba las cenas de negocios, pues era alargar el trabajo más tiempo del establecido, por lo menos para él, que desde que Kay había nacido había marcado bien sus prioridades, y el trabajo no era una de ellas, no tanto como dejar de pasar tiempo con sus hijos y Harry. Al menos Harry lo acompañaría esa noche.
Había estado donde Ron y Hermione, a los cuales Harry había conseguido convencer para cuidar a los niños, pese a ellos tener a Jules y Jenell, ya se imaginaba que un fin de semana próximo ellos le cobrarían el favor y tendrían que encargarse de cinco revoltosos niños.
Suspiró, cansado antes de siquiera empezar con la tediosa reunión, el señor Curt era de por sí un hablador empedernido y cuando le daban cuerda no había quien lo detuviera, y estaba seguro que esa noche nada lo detendría en su interrogatorio a Harry.
Se sirvió una copa de whisky y se acomodó la túnica de gala oscura, esa noche irían a un restaurante bastante elegante en las afueras del Callejón Diagon, era mágico, aunque estaba en medio de una calle muggle, tenía hechizos para que los muggles no se acercaran y solo los magos podían cruzar por la puerta. Por supuesto que ellos, teniendo reservaciones, usarían una de las chimeneas para entrar, una que se activaría en diez minutos. Preocupado, Draco dejó el vaso medio vacío de whisky y salió del salón, dispuesto a encontrar a Harry, quien debía volver del trabajo media hora antes y estar ya listo.
Harry alisó la túnica azul con bordados plateados mientras bajaba las escaleras, no era muy amante de las túnicas ni la ropa mágica, y mucho menos tenía tino para escogerla, pero no tenía problemas en usar una cuando era necesario. Esta vez estaba estrenando una que Draco no le había visto antes y reconocía que le quedaba bastante bien, esperaba por lo menos resarcir su imagen ante el señor Curt y ese asistente de pacotilla.
Cuando estaba ya casi en el primer piso, Draco apareció por el pasillo, luciendo tan guapo y elegante como siempre, y sonrió de satisfacción al ver que se quedaba completamente quieto, admirándolo.
―Vaya… te ves genial ―sonrió Draco, mientras Harry lo alcanzaba.
―Tú también ―asintió Harry, sin querer parecer demasiado contento, mientras lo guiaba hacia el salón de vuelta ―. Debemos apresurarnos, ya solo faltan cinco minutos para la chimenea ―comentó distraídamente, sabiendo que Draco no le quitaba la mirada de encima.
El restaurante era encantador, decorado en color oro viejo, con hechizos especiales para mantener las conversaciones en privado, con una cara carta de vinos y licores; y platos exquisitos.
Mientras el señor Curt hacía todo un pequeño interrogatorio a Harry acerca de si todas esas historias que habían escuchado en Alemania sobre un niño de diecisiete años que había vencido a un terrible Lord eran ciertas, Draco no despegaba la mirada de Harry, incluso en algunos momentos había sentido la mano de Harry acariciándole la pierna, provocándolo un poco con sus sonrisas y sus miradas.
Harry por su lado trataba de ser lo más amable posible con el señor Curt, uno de los más importantes y antiguos socios de Draco, respondiendo a sus preguntas e incluso contándole algunas historias, mientras aprovechaba cualquier oportunidad para tocar a Draco, ya sea tomándolo de la mano delante del cada vez más aburrido asistente, o por debajo de la mesa, provocándolo y haciéndolo desear el momento en que estuvieran solos.
La cena se prolongó durante varias horas, Harry sonreía de manera inocente hacia el asistente, que incluso bostezaba disimuladamente algunas veces, pues casi no tenía cabida en la conversación, hasta que el señor Curt les hizo prometer aceptar una invitación a Alemania durante el festival de octubre, donde los recibiría encantado en casa, junto a los niños, incluso hizo que Frank tomara nota de ello para mandar la invitación en el momento adecuado.
Draco, por otro lado, podía ver claramente como las miradas fascinadas de Frank sobre él se tornaban desesperanzadas, anteriormente no se había contenido en mirarlo y sonreírle coquetamente, pero ahora, con Harry irradiando tanto control y poder, sabía que el chico comenzaba a sentirse algo atemorizado. Y Draco no era ningún tonto, podía ver claramente que esa era la intención de Harry, y lejos de sentirse ofendido por ello, se sentía hasta algo halado, el que Harry se tomara tantas molestias como comprar una túnica nueva (él detestaba ir de compras y más aún comprar túnicas), soportar al señor Curt, y una cena tan larga… Realmente esperaba ansioso el llegar a casa para poder estar a solas con él.
Se despidieron cerca de la media noche, Harry había hablado con Hermione por móvil unas horas antes, en el momento que se había excusado para ir a los servicios, pidiéndole que los niños se quedaran esa noche allí, pues sería muy tarde cuando volvieran y no querían tener que despertarlos.
Draco había deseado seguirlo al baño y arrinconarlo en uno de los cubículos, recordando su época de más jóvenes (no que sintiera que ahora no lo eran, por supuesto), cuando nada los detenía para follar en cualquier lugar, sobre todo en las discotecas a las que Harry le había pegado la costumbre de asistir.
Demasiado ansioso, Draco apenas y se despidió del señor Curt y le hizo un asentimiento de cabeza a Frank, mientras desaparecían por la chimenea, apareciendo en el salón de su casa.
No necesitaron intercambiar palabra alguna, en cuanto pusieron los pies en el salón, ambos se lanzaron el uno contra el otro. La habitación estaba a media luz y sabían que nadie los interrumpiría.
Draco empezó a desabotonar la túnica de gala de Harry, mientras mordía su cuello y sus hombros, ansioso y demasiado caliente ya.
Harry por su lado lo imitaba, tratando también de deshacerse de la túnica de Draco, acariciando su cabello y su espalda, dejando que éste tomara el control, hasta dar de espaldas sobre el sofá amplio y cómodo que estaba frente a la chimenea.
―No sabes lo que te he deseado esta noche… ―murmuró Draco, abriendo por completo la túnica y dejando por fin ver el pecho desnudo de Harry, con una mano acarició casi reverencialmente el dragón tatuado en el lado izquierdo, antes de inclinarse y comenzar a besar y mordisquear una de las tetillas, mientras sus manos se encargaban, de manera experta, de abrir la hebilla de la correa y seguir con el botón y la cremallera. Puso una mano, apretando solo un poco, la erección de Harry, mientras lo sentía estremecerse y agitarse.
―Draco… por favor… ―pidió Harry con un siseo, mientras clavaba las manos en los hombros de Draco y lo empujaba hacia el sur.
―Has sido muy malo esta noche ―respondió Draco, bajando lentamente y mordisqueando el firme abdomen de Harry ―sonriendo y provocándome de esa manera…
La respuesta de Harry fue un gemido más sonoro cuando llegó a la cinturilla de la ropa interior y mordisqueó justo allí, en el límite.
―Has puesto a prueba mi autocontrol ―continuó Draco, jalando los pantalones pero no la ropa interior, mordisqueando en el hueso de la cadera y pasando por alto su erección y pasando a los muslos. ―No sabes lo que he tenido que aguantarme para no jalarte hasta uno de los baños y… ―dejó en el aire la frase y apartó los pantalones de Harry, junto con los zapatos y los calcetines, para luego arrodillarse entre sus piernas y lamer la erección aún bajo la ropa interior.
―¿Sí? ―Harry jadeó y se trató de acomodar mejor en el sofá, pero las manos de Draco lo sujetaron de las caderas, impidiéndole cualquier movimiento ―hubiera sido divertido ver la cara de Curt si es que desaparecíamos hacia el baño…
―Seguro que hubiera tenido una historia más tuya que contar ―se burló Draco, jalando al fin de la ropa interior de Harry.
―Draco… ―gimoteó Harry en cuanto Draco tomó su erección con una mano, subiendo y bajando con inusitada lentitud.
―Te deseo… te deseo justo ahora ―le dijo Draco, susurrando prácticamente sobre su erección, Harry no pudo contestar, sintió es cálida boca acogiendo su miembro, succionando, mordisqueando y lamiendo y perdió las nociones, gimoteando y empujando con fuerza, sin ningún tipo de recato, hasta que estuvo al borde del orgasmo, pero entonces Draco se detuvo.
―Merlín, no te pares ahora ―pidió con voz ahogada, Draco le sonrió burlonamente, y se apartó un poco.
Harry arqueó una ceja y abrió más las piernas.
―Ahora. Tómame ahora ―exigió.
Draco sintió su pecho rugir de deseo, mientras se desabotonaba de manera ruda el pantalón y se bajaba los pantalones y la ropa interior de cualquier manera, hasta la altura de sus rodillas.
―Eres un endemoniado provocador ―susurró, inclinándose hacia él para besarlo, Harry se dejó besar un instante, antes de apartarse de él y girarse completamente, apoyándose con las rodillas en el piso y las manos en el mueble, ofreciéndose completamente a él.
―Fuerte, te quiero sentir dentro aún mañana ―pidió con voz ronca e insinuante, con esa voz desinhibida que sabía muy bien que provocaba a Draco.
―Oh… vaya que lo harás ―respondió Draco, empujándolo un poco más contra el sofá e invocando su varita.
Un instante después Harry sentía a Draco abrirse paso en su interior, mientras sus hombros, desnudos eran mordisqueados con ansiedad.
―Mmm… ―suspiró cuando sintió que Harry lo absorbía por completo, se quedó quieto un instante, respirando agitadamente, y fueron las caderas de Harry, moviéndose un poco, las que le dieron la pauta para empezar a moverse.
La sala se llenó del sonido de sus cuerpos jadeando y gimiendo, golpeteando el uno contra el otro y ocasionalmente el ruido del sofá resbalando un poco contra el piso de piedra, sus cuerpos apenas iluminados por las llamas de la chimenea brillaban por el sudor y sus palabras y gemidos eran interrumpidos por besos torpes, hasta que el orgasmo los golpeó a ambos con fuerza, manchando el piso, el sofá y las túnicas de gala.
Solo entonces, respirando agitadamente y sonriendo bobamente, se dejaron caer sobre la alfombra, disfrutando de poder tener esa noche en casa solo para ellos dos.
―Te amo ―murmuró Draco, aún sonrojado y apoyado sobre el pecho de Harry.
―Lo sé ―replicó Harry, y en tono presumido agregó: ―eres muy evidente, ¿sabes?
Draco soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza, mientras se levantaba para observar a Harry, con los ojos verdes brillantes, su cabello alborotado y las mejillas sonrojadas, pensó en decirle que más evidente era él y el numerito que había montado frente a Frank, el asistente coqueto, o que no era necesario que lo hiciera, que él nunca podría mirar a ninguno que no fuera él, pero sabía que Harry no quería oír eso, o no de esa manera al menos.
―Es cierto ―aceptó finalmente, dejándose caer nuevamente y besando el dragón tatuado ―, no sé disimular que estoy enamorado de ti.
―Y yo también te amo, Draco ―replicó Harry, acariciándole el cabello y suspirando contento.
Durante un largo rato ambos se quedaron en silencio, la chimenea les proporcionaba calor y no sentían la necesidad de moverse.
―Y entonces… ¿cuándo crees que el señor Curt vuelva a Inglaterra? ―preguntó Harry, solo por hacer conversación.
―Si es que su llegada está ligada a esto, pues por mí y que se quede en Inglaterra por siempre ―replicó Draco, refiriéndose más que nada a la presencia del asistente, que a la de su socio.
―Idiota ―contestó Harry, dándole un golpe en el hombro.
―Así que ya estás repuesto ―murmuró entonces Draco, apartándose un poco y sin lucir ofendido por el golpe.
―Probablemente ―asintió Harry, sabiendo a qué venía aquel comentario, pero aún así preguntó ―¿Por?
―Porque ya que los niños no están…
Harry sonrió ampliamente, mientras jalaba a Draco por los hombros para volver a besarlo, esperaba que Hermione no se enfadara mucho si llegaban al día siguiente más tarde de lo acordado por los niños, después de todo una noche en casa solos era algo que tenían que aprovechar al máximo….
Hola a todos... bueno, espero que este one shot les haya gustado. ¿Qué les puedo decir? No hay forma que me desprenda de ellos pese a todo el tiempo que ha pasado. Esto va para todas las personas que siguen leyendo y comentando la historia, cada uno de sus comentarios me hace sonreír, me alegra el día y me pone de muy buen ánimo.
Besos a todos y nos leemos
Zafy
