Capitulo 10: Un ultimo paseo

La joven estaba embelesada ante la presencia de la dócil pero enorme criatura, una de la que solo había oído en cuentos o noticias sobre el Avatar.

Zuko sonrió al ver los maravillados ojos de Jin -Su nombre es Appa.-

La criatura gruño suavemente, saludando a la recién llegada. Jin titubeó un poco... No tanto por miedo, sino mas bien por fascinación. Jamás había visto una criatura tan grande en su vida, no al menos fuera del circo.

Zuko observó la escena con algo de sorpresa -¿tienes miedo?-

-¿Miedo? ¿Yo? para nada...- aseguró Jin, fingiendo despreocupación.

Zuko sonrió ante esta respuesta e intentó apaciguar a la joven -Tranquila, es bastante amigable. Te prometo que estarás bien.-

Jin respiro hondo y se acercó a la apacible bestia, que ladeo un poco su cabeza con curiosidad. La joven se acerco lentamente hasta que finalmente pudo apoyar su mano en la frente de la criatura. Inconscientemente, la muchacha sonrió -Eres muy suave y cálido.-

Appa inicialmente olfateo a la joven, identificando a la recién llegada. A continuación, agradeció el elogio de esta mediante un pequeño lenguetazo. Jin no pudo ocultar la risa por las cosquillas que le provocó el bisonte.

Zuko observaba la escena satisfecho -Parece que le agradas.-

-Bueno, el me agrada a mi también.- respondió acariciándole la cabeza.

-¿Quieres dar una vuelta con el?-

-¿Podemos?- preguntó Jin, sorprendida.

-Claro, ven.-

Appa se acostó, bajando el cuerpo para permitirles subir a ambos. Zuko montó primero para luego ayudar a Jin a subirse a la montura, mientras que el permaneció en las riendas.

-¿Estas lista? -

-Creo que si.- Confesó con algo de preocupación.

-Descuida, iremos despacio. Appa, yip-yip.-

El bisonte bramó y comenzó a elevarse en el aire. Jin se sorprendió tanto que se aferró con mucha fuerza al borde de la montura. ¿Estaba pasando? ¿Realmente estaban despegando del suelo? Una mezcla de sensaciones de miedo, excitación, expectativa y ansiedad se juntaron en su estomago, pero pronto quedaron adormiladas por la adrenalina que se disparaba por todo su ser. El bisonte continuo elevándose mientras Jin solo podía cerrar los ojos y agarrarse fuerte de la montura para disipar los nervios que recorrían su cuerpo. Si bien no iban rápido, la impresión que generaba la situación le había ganado. Llegado a un cierto punto, la criatura dejó de ascender por los aires y se estabilizó.

-Ya esta, creo que con eso sera suficiente. ¿Segura que no quieres abrir los ojos?- preguntó Zuko.

Lentamente, la joven abrió los ojos para encontrar un paisaje insólito. Ante ella, se alzaba un firmamento repleto de estrellas, un campo de azul oscuro salpicado de pequeños diamantes. Frente a ella, una luna llena los iluminaba con una suave pero poderosa intensidad. Una que jamas había sentido antes. Algunas nubes errantes manchaban el paisaje delante suyo, desplazándose muy lentamente. Al momento en que Appa se acercó a una apenas pasándola por debajo, Jin intento tocarla levantando la mano, dejando una estela detrás. Jin podía sentir que la pena que agobiaba su corazón lentamente se desprendía y se dejaba ir con la estela de nube que quedaba detrás de ellos.

-No puedo creerlo Zuko... Esto es hermoso.- reconoció Jin, cuyos ojos brillaban reflejando el paisaje contemplado.

-Lo es... Pero quiero mostrarte algo mas especial.- aseguró Zuko, al tiempo que indicaba a Appa que descendiera. Finalmente, tras bajar unos metros, Appa volvió a nivelarse -Mira hacia abajo.-

-No puede ser...-

El paisaje era algo fuera de este mundo. Bajo ella se hallaba la gigantesca ciudad de Ba Sing Se, en todo su esplendor nocturno. Un río de luces se extendía bajo ellos, en un trazo circular cuyo enorme contorno Jin no llegaba a ver por completo. Sus ojos alcanzaban a ver brillo por doquier, recordando la razón... Era el ultimo dia del Festival de las Cuatro Naciones. Los festejos ya no iban por secciones de la ciudad por separado, sino que se extendían a través de ella por completo, al igual que sus luminarias.

Jin había soñado alguna vez con volar, pero esta sensación mágica, abrumadora que invadía su ser era algo indescriptible. No tenía idea de como debía ser tener el poder de una Maestra de los elementos o mucho menos de una maga, pero la sensación de romper con todo lo que había imaginado, todo lo "normal" e ir mas allá de los sueños... era algo único.

-¿Te gusta?- interrumpió el muchacho, girando la vista para ver como se encontraba su pasajera

-Zuko, esto es algo... es increíble, no se que decir.- respondió fascinada la joven.

El joven no pudo evitar sonreír ante la respuesta -Me alegra que lo estés disfrutando. Pronto llegaremos a nuestro destino.-

Appa continuó sobrevolando la ciudad hasta que finalmente arribaron a su destino: un sector de la muralla interior. Tras aterrizar, el bisonte se echo para facilitar el descenso de sus pasajeros. Zuko desmontó y a continuación, ayudó a Jin a bajar de la silla de Appa. Jin observó sus alrededores, ya que tenía el presentimiento de que no deberían estar en ese lugar -¿No se supone que no debemos estar aquí?- preguntó algo preocupada.

-Tranquila, el festival los tiene mas ocupados.- contestó Zuko mientras bajaba unas cosas del la montura de Appa.

-¿Pero que hacemos aquí?-

-Creí que sería un buen lugar para conversar.- comentó, extendiendo una manta sobre el suelo.

Jin se sorprendió al ver que el joven depositaba una canasta al costado -Sabes, hay lugares menos extraños para llevar a alguien de picnic.-

-Hay una buena razón para esto, te lo prometo. ¿Quieres sentarte?-

Jin dio un suspiro, pero tomo asiento en el lugar. Si bien su paseo había removido la pena de su corazón, no estaba del todo convencida de la idea de un "picnic romántico" -Bueno, ¿que hacemos aquí?-

Zuko miró hacia el paisaje nocturno de Ba Sing Se -El otro dia dijiste que no sabes nada de mí, y es verdad... Es en parte mi culpa por no haberte dicho las cosas antes, pero quiero compensarlo. Te contaré todo lo que desees saber.-

-Bueno... ¿Es verdad que todo este tiempo fuiste el Señor del Fuego Zuko? ¿el que detuvo la guerra junto con el Avatar?-

-Solamente desde el final de la guerra. Antes solo era un príncipe... y durante mucho tiempo, aunque no lo creas, fui un exiliado también.-

-¿Un exiliado?- se extrañó Jin.

-Mi padre me desterró por "faltarle el respeto" cuestionando a un general que proponía mandar a morir a soldados jóvenes solo por conveniencia. Me llevaron engañado a un Agni Kai con el presunto general... Para solo encontrarme que era mi padre a quien debía enfrentar.-

-No puede ser... ¿Y que hiciste?-

-Intenté darme por vencido, no quería enfrentarlo... pero el no escuchó, y simplemente siguió adelante para darme una "lección" que quedó marcada para siempre en mi rostro.- comentó al tiempo que se tocaba la cicatriz del lado izquierdo de su cara.

Jin no pudo sino sentir dolor por el relato del muchacho... ¿Que clase de padre le haría algo tan terrible a su hijo?

Zuko suspiró, pero continuó -No quedó suficientemente satisfecho con eso, porque como un castigo adicional me exilió, con la única condición de retorno de que capturara al Avatar, que se hallaba desaparecido hacia casi cien años. Fueron mas de tres años vagando por el mundo buscando a un ser que a estas alturas ya parecía un mito mas que una realidad.-

Jin se daba cuenta que el Señor del Fuego no era un monstruo solo para el resto del mundo, sino tambien para con su propia familia. -Que hombre horrible...-

-El peor. La única por la que sentía algún afecto era mi hermana, Azula. Era todo lo que quería de un hijo... cruel, mentirosa, manipuladora, megalómana, una maestro fuego prodigio... Decía que mi hermana había nacido con suerte, y que yo tenía suerte de haber nacido.-

Jin no sabía que decir. Su familia, aunque humilde, siempre fue un manantial de amor incondicional y ello suplía cualquier cosa material que les faltara. Zuko sacó de la canasta una pequeña botella y sirvió dos vasos de té de tapioca en ellos. Un té frío que sin dudas ayudaría a refrescar la garganta para el relato que estaba por venir.

-En fin... Lo que siguió fue una larga cacería en búsqueda del Avatar, hasta que un día en el Polo Sur...-

Zuko le contó con lujo de detalles lo que sobrevino durante los meses posteriores. La cacería del Avatar; la huida a Ba Sing Se donde ella le conoció como Lee; el retorno a la Nación del Fuego; su redención y alianza con el Avatar para detener a su padre y finalmente, el duelo con Azula y su ascenso como Señor del Fuego. Jin procesaba la información tan rápido como podía. El relato de Zuko hacía bastante sentido, pero era difícil para ella imaginar que pasara por tanto. Ella solía imaginar la vida de la realeza como algo fácil y placentero, nada parecida a lo que este muchacho le contaba.

-¿Y que hay de tu tío, Mushi? imagino que el no es quien decía ser tampoco...- aventuró la joven.

-Mi tío decidió auto-exiliarse junto a mí para acompañarme... Y gracias a los espíritus fue así. De no haber sido por su compañía y su guía durante esos años vagando por el mundo, posiblemente seguiría errando por el mundo, consumido por la ira y la frustración. El fue como un padre para mí.-

-¿El era hermano de tu madre?-

-No. Su verdadero nombre es Iroh, el es el hermano mayor de mi padre.-

Jin se estremeció totalmente al escuchar esto. Estaba hablando del mismo comandante en jefe del asedio de Ba Sing Se, el mismo que había comandado el ataque a la ciudad en el cual había muerto su padre.

-¿El Dragón del Oeste...?-

-Si. Pero hay mas de lo que conoces por su nombre. Tal vez no lo sepas, pero fue justamente mi tío quien dirigió al Loto Blanco cuando recuperaron la ciudad de las manos de la Nación del Fuego hace mas de año y medio.-

Jin estaba confundida. Lo que decía Zuko concordaba con lo que decían las noticias acerca del Loto Blanco ayudando a recuperar la ciudad cuando el ejercito de la Nación del Fuego fue expulsado, pero el mismísimo Dragon del Oeste, ¿dirigiendo al Loto Blanco? -No entiendo... ¿Por que liberaría a la ciudad de la Nación del Fuego?-

-Mi tío tiene una relación inusual con Ba Sing Se. El y su hijo vinieron aquí creyendo que podían traer gloria a la Nación del Fuego cuando mi abuelo era Señor del Fuego, pero no fue así. Mi tío perdió a su único hijo, mi primo Lu Ten, en batalla...-

Jin recordó el relato de su madre por unos instantes, pero le resultaba completamente inverosímil que se tratara de la misma persona que ella había mencionado. No podría ser la misma persona... ¿El mismísimo hijo del comandante del asedio, salvándoles la vida?

-...Pero el jamás resintió a la ciudad o a su gente por eso.- continuó Zuko -De hecho, durante el tiempo que vivimos aquí, el estuvo siempre dispuesto a hacer una vida tranquila aquí. Mas allá de ser un maestro fuego talentoso y de renombre, nunca usó eso para beneficiarse o sacar partido de ello. Disfruta mas del té y el Pai Sho que otra cosa y el Dragón Jazmín es su sueño hecho realidad. Creo que ama la ciudad a pesar de lo que cualquiera pueda creer de el.- declaró Zuko, tomando un respiro. En fin, Después de la derrota en el asedio de Ba Sing Se, mi tío volvió a la Nación del Fuego y perdió la sucesión del trono. Sin embargo, desde ese momento siempre permaneció a mi lado, aconsejándome y ayudándome... incluso cuando hubo veces que lo alejé o incluso traicioné su confianza, pero aún así, siempre me perdonó.-

-Entiendo... Tu tío es una gran persona, Zuko.-

El muchacho notó que Jin estaba algo intranquila, como si hubiera algo que necesitaba sacarse de encima.

-¿Pasa algo?- inquirió Zuko al ver la mirada distraída de Jin.

Jin respiro hondo antes de seguir -El día que perdí a mi padre... Yo y mi madre fuimos salvadas por un soldado de la Nación del Fuego. Un joven llamado Lu Ten.-

Zuko se quedó helado -No es posible... Jin, ¡¿es en serio?!-

Jin se asustó un poco por la reacción de Zuko, pero asintió -No se si se trate de tu primo, pero su nombre era Lu Ten. Era un joven gentil y bondadoso. El se rebeló contra las ordenes de un comandante que nos quiso ejecutar y nos salvó a mi y a mi madre, ayudándonos a huir hasta el muro interior... Desafortunadamente, los maestros tierra que nos encontraron no quisieron escuchar que el estaba allí solo porque nos había ayudado y... lo mataron.-

Zuko se mordió el labio con tristeza. Había oído que su primo había muerto como un héroe, pero jamás le habían dado detalles sobre eso a nadie... Ni siquiera al propio Iroh.

-El nos salvó la vida... Es gracias a el que puedo creer que no todos en este mundo son intrínsecamente malos o buenos. Hay cosas mas allá que lo que aparentemente somos o de donde venimos. Por eso nunca te juzgué por ser un maestro fuego... Aunque jamas imaginé que podrías ser el príncipe desterrado.-

-Pero... ¿Y la cicatriz? ¿no me reconociste por ella?-

-Bueno, la obra que presentaron en el teatro durante la época de la ocupación decía que la cicatriz estaba del lado izquierdo, así que no se me ocurrió que podrías ser tú.-

Zuko se llevó la palma a la cara -Los actores de la Isla Ember... Interpretaron la cicatriz desde su izquierda, en lugar de la mía.-

Jin no pudo evitar reírse con ese ultimo comentario. Tras serenarse, la joven recordó que había un miembro de la familia de Zuko por el que no había preguntado -En fin, ¿Que hay de tu madre Zuko? No me has contado nada sobre ella. ¿Acaso ella era...?-

-De ninguna manera- irrumpió Zuko -Ella era totalmente diferente de mi hermana y mi padre. Mi madre era una mujer comprensiva, bondadosa, gentil... Era todo lo que mi padre no era. Ella desapareció y estoy seguro que mi padre tuvo que ver con ello. Sospecho que incluso me exilió solamente para darse el gusto de desechar algo que ella amaba.-

-Nadie podría tener una maldad semejante...-

-No lo se, mi padre posiblemente si.- comentó Zuko dando otro sorbo al té -Y lo peor es que su maldad casi termina sumiendo al mundo en llamas. Cuando lo detuvimos junto con el Avatar, prometí que haría lo que fuera posible para quitar de la Nación del Fuego la mascara de crueles tiranos conquistadores que tanto el como mis antepasados nos habían colocado. Prometí que como Señor del Fuego, restauraría el honor de mi país y ayudaría a sanar las heridas de la guerra como fuera posible.-

-Las heridas de la guerra están por todos lados, Zuko...-

-Dedicaré toda mi vida a ello si es necesario.- contestó Zuko con decisión. A continuación volteó la mirada hacia Jin, centrándola en sus ojos -No se cuanto tiempo me tome, pero juro que haré lo posible para darle a todas las personas que sufrieron por esta guerra un mejor mañana. No puedo cambiar el pasado y traer lo que perdiste, pero quiero cambiar el futuro para ti, tu madre y los demás. Quiero un mundo donde cualquier persona pueda vivir sin temor a una guerra. Un mundo donde las tristes lagrimas que derramaste el otro día no sean mas que un mal recuerdo.-

En ese momento Jin sintió una punzada de calor en el pecho. Sin embargo, intentó hacer caso omiso a esta -Sabes que es un deseo muy difícil de cumplir, ¿verdad?-

-Lo sé, pero no quiero renunciar a el.- suspiró Zuko -Si puedo verte sonreír una vez mas, valdrá la pena.-

La joven se congeló por unos instantes, -¿Pero por que? ¿por que te importo tanto?-

El joven se detuvó por un momento, respiro hondo y volvió a mirarla a los ojos.

-Porque me gustas, Jin. Y no quiero volver a hacerte sufrir nunca más.-

En ese instante, el tiempo detuvo su marcha y el universo se redujo a ellos dos. Ella se había perdido en esos ojos dorados, mas preciosos que el tesoro de un rey. El se había sumergido en el cosmos de su mirada, perdido en un trance esmeralda del que no quería salir jamás. La distancia entre ambos se fue acortando poco a poco hasta que sus labios se encontraron en un suave beso, una caricia no solamente entre sus cuerpos, sino entre sus almas. Su lazo duró un largo instante, hasta que finalmente se separaron. Zuko notó que las lagrimas volvían a descender por las mejillas de Jin.

-¿Jin? ¿Estas bien?-

-Si, estoy bien, no te preocupes...- aclaró, al tiempo que se secaba las mejillas con sus mangas.

-Estas llorando...-

-No son lagrimas de tristeza, sino de alegría... Tu también me gustas, Zuko. Me gustaste cuando eras Lee, y me gustas ahora como tu verdadero yo.-

En ese momento Jin se acercó y besó a Zuko, un beso que esta vez, a diferencia de aquel de hacía tiempo atrás, perduró, sin miedo a ser interrumpido por ninguna clase de duda. A lo lejos, en la ciudad, los fuegos artificiales que anunciaban el final del festival habían comenzado, pero las flores luminosas en el cielo nocturno eran nada mas que coloridos estallidos que no hacían mas que celebrar la alegría que Zuko y Jin experimentaban en ese momento...

Continuará...


Nota del Autor: ¡Buenas mis queridos lectores! Espero que les haya gustado el capitulo. Primero que nada, quiero disculparme porque los updates podrían tomar un poco mas de lo que venían tomando porque he adoptado un gato y su adaptación en casa requiere mucho de mi tiempo libre. Sin embargo, seguiré escribiendo así que no se pierdan los próximos capítulos.
Algo que tengo pensado para un proyecto futuro sería una side-story donde Iroh (y nosotros) nos enteraremos mas en detalle sobre la historia de Lu Ten. ¿Les gusta la idea? si es así, déjenmelo saber en su review.
Sin mas que decir, ¡los dejo hasta el próximo capitulo mis queridos lectores!