Capítulo 9 ¿Tanto me odias?

Hermione no sabía qué hacer, no entendía porque aquello tenía que estar pasándole a ella. ¿Y por qué demonios él ahora se comportaba nuevamente de aquella manera? ¿No podía dejarla en paz? acaso... ¿el odio del Slytherin era tan grande que quería hacerla sufrir de aquella manera cruel y despiadada?... Aquel peso terminaría por acabar con ella... se estaba volviendo demasiado doloroso.

-¿Tanto me odias? -alcanzo a preguntar Hermione.

Él se limitó a quedarse en silencio, no contestó, aquello enfureció a la castaña, estaba harta, harta de él, de ella misma y del mundo entero, le empujó, le miró con ojos llorosos y salió corriendo, no quería mas que encerrarse en su habitación, en sus pensamientos, en si misma... no quería ver ni hablar con nadie, sola, en su intimidad, en su mundo.

Habían pasado unas dos horas, estaba tumbada en su cama, había escrito unas líneas más en su diario y miraba el techo, anonada, pensativa... si que era complicado ser adolescente, y más aun en el mundo mágico.

-Mañana vienen las familias de visita... -pensaba Hermione con tristeza, pues sus padres no podrían ir, ya que su abuela se encontraba muy mal y debían quedarse con ella, se sentiría sola mientras todos los demás estaban rodeados por los suyos... bueno, sola tampoco, Harry estaba en peor situación...

La negra lechuza volvió.

"Mi querido Ángel, espero que estés bien, te vi correr por los pasillos y me preocupe, siempre que necesites algo, aquí estaré siempre, jamás dudes eso..."

Sin saber porque y necesitando desahogarse en aquel duro y doloroso momento, Hermione comenzó a escribir en un pergamino todo, todo lo ocurrido y sus mas profundos sentimientos.

Cuando termino la carta, se la entregó a la negra lechuza que voló alto y rápido, ya se sentía mejor, había podido hablar con alguien. Y aunque fuese un desconocido, le había abierto su corazón y contado sus más íntimos sentimientos, algo que aparte de Blaise, nadie más conocía.

Volvió a tumbarse en la cama, estaba tan decaída, que no quería bajar ni a cenar, por suerte, una buena pelirroja, Harry y Ron, se ocuparon de llevarle algo para comer, ya que comenzaban a preocuparse por su amiga.

-¿Herm, podemos pasar? –preguntó Ginny desde el otro lado, que esperó la confirmación y abrió la puerta junto con su hermano y Harry.

Hermione estaba en la cama, adormilada, les miró frotándose levemente los ojos, sonrió al verles a los tres allí. Harry y Ron se sentaron mientras Ginny le daba la comida que habían traído y salía de allí para dejarles solos.

Primero antes de decir nada, lograron hacer que comiese algo, a Ron le molestaba mucho que su mejor amiga no probara casi bocado, él que se pasaba el día comiendo veía aquello como uno de los mayores sacrilegios. Pensaba que estaba loca, era su amiga, y sería guapa con el peso que tuviese, y es que según Ron, Hermione estaba comenzando a tener un problema serio. Ya se sabía cuan grandes eran sus paranoias.

Harry no pensaba de aquella manera, pero sabía perfectamente que su amiga lo estaba pasando mal, pero no podían hacer nada si ella no se lo contaba, más que apoyarla entre las sombras.

Cuando vieron que la castaña había comido suficiente, pensaron que ya era el momento de hablar e intentar tranquilizar su corazón, inteligente pero débil. Ellos la conocían mejor que nadie.

-¿Hermione, algún día nos contarás qué te pasa?

-¿A qué te refieres Harry?

-Lo sabes perfectamente, no hay más que mirarte amiga.

-No me pasa nada... estoy bien -murmuró mirando hacia otro lado.

-No evites la pregunta Herm... -añadió Ron.

-¡Es que no sé a qué demonios os referís! -espetó molesta.

Ambos amigos se miraron mutuamente, no se lo contaría, no, ella era demasiado cabezota, la más cabezota de todo Howarts.

-Bien... -comenzó Harry-. Si no nos lo quieres contar, lo entendemos Herm, pero quiero que tengas algo claro, nosotros estaremos aquí siempre que nos necesites, y cuando sea el momento adecuado para ti, te escucharemos sea lo que sea lo que necesites decir.

-Y esperamos que sea pronto... porque no nos gusta verte así.

-Harry... Ron... chicos... yo...

No pudo decir palabra alguna, simplemente se lanzó sobre ellos y los abrazó, no se había dado cuenta de que notarían que ella estaba mal, había sido egoísta por su parte no pensar en ellos. Era más que lógico que se darían cuenta de que su estado de ánimo no estaba en su cenit y se juró a sí misma, que cuando estuviera preparada para contárselo, lo haría... aunque ellos en cierto modo, ya lo sabían.

El día siguiente amaneció bastante despejado aunque la nieve caía levemente aumentando la capa blanca que rodeaba todo. Aquél día vendrían las familias de visita, no la Hermione, aunque estaría con los Weasleys al igual que Harry.

-¡Vamos Herm! -gritó Ron desde la sala común-. Mis padres estarán a punto de llegar.

-Sí, sí, ya voy.

Bajaron hasta el Hall, allí ya había varias familias, y otros alumnos esperando. Los tres buscaron con la mirada, varias cabelleras pelirrojas se vieron moverse entre el gentío, corrieron hacia allí, Molly Weasley les rodeó con un fuerte abrazo aplastándolos, Arthur fue mas "elegante" y les dio la mano con una sonrisa desplegada, muy amplia, como siempre. También Charly, Bill y como no, los gemelos. Ginny llegó a todo correr con ganas de verles a todos, tras los saludos, decidieron dar un paseo juntos, hablar sobre como iba el curso y sobre como iban las cosas fuera.

-¿La comunidad Mágica? sigue consternada por la vuelta del que no debe ser nombrado.

-Pero aun no ha hecho muchos movimientos, es raro que después de tres años no haya hecho casi nada. -añadió Bill pensativo.

-Puede que esté esperando algún momento, o situación para actuar -agregó Charly pensativo.

-¡Vamos, vamos, no quiero oír hablar de ese tema, estamos de visita! -gritó Molly molesta zanjando la conversación.

-Jo mamá, nosotros también queremos saber qué pasa fuera... -se quejó Ron-. En el profeta no dicen casi nada.

-Vosotros tenéis que estudiar y nada mas -espetó su madre con mala gana.

-Vale...

-Qué rápido te das por vencido hermanito -rieron Fred y George.

Estuvieron un rato mas paseando todos juntos, al final, Harry y Hermione decidieron dejar a la familia sola, tendrían cosas de las que hablar, la pareja salió a los blancos terrenos, por ellos, paseaban padres con sus hijos, hermanos, tíos, abuelos… Por el camino, se encontraron a Blaise y a su familia.

-¡Hermione! -saludó el guapo moreno.

-Hola Blaise.

-¿Quien es? -preguntó un chico realmente hermoso, moreno de ojos verdes, alto y espalda ancha.

-Ésta es Hermione Granger, Herm, éste es mi hermano mayor Andrejf.

-Encantado -dijo el hermano de Blaise ofreciendo su mano con una amplia sonrisa.

-Igualmente.

-Y... tú... -comenzó mirando a Harry, su sonrisa desapareció, nadie dijo nada, y es que la familia Zabini era muy parecida a la Malfoy, no por nada tenían una relación tan estrecha-. Potter... -dijo con cierto asco que no ocultó lo mas mínimo.

Se volvió nuevamente hacia la castaña, que miraba confusa, no parecía mucho mayor que ellos, y resultó que él había salido dos años atrás de Howarts, un muchacho de Slytherin también. La Gryffindor se dio cuenta de que aunque físicamente se parecían bastante, sus ojos eran totalmente opuestos, los de Andrejf eran siniestros, oscuros y llenos de... ¿maldad? Se asustó, ella era una sangre-sucia a sus ojos... y con aquellas familias era mejor no relacionarse, sobre todo para ella, no saldría muy bien parada.

-Valla, cuando yo estudiaba aquí, no había chicas tan guapas -rió Andrejf.

-¡¿Cállate quieres?

-Oh... no me digas que es tú...

-¡No, no es eso! Dios, eres lo peor...

-¿Pues entonces que más te da? -preguntó con maldad.

-¿El qué? -preguntó Hermione confusa.

-Nos vamos -dijo Harry dándose cuenta de la situación- Adiós.

Andrejf miró con odio, Blaise, desvió sus ojos mientras cruzaba los brazos de forma molesta, una situación peculiar y extraña, Hermione no comprendió mucho, pero tampoco le dio importancia, siguió caminando rápidamente siguiendo a Harry que la llevaba del brazo.

-Harry puedes soltarme...

-Ah, sí... es que me ha puesto enfermo...

-¿Quién? -pregunto ella.

-El hermano de Zabini.

-Hombre... aunque su familia sea... así... no tendría que haberte mirado de esa forma.

-Mas bien me ha preocupado la forma en la que te miraba a ti -confesó preocupado.

-¿A mí? –se sorprendió.

-Sí, a ti Herm. Serás muy inteligente en los estudios y en las clases, pero fuera de ellas no das una...

-Oye, eso me ha dolido Harry...

-Da igual, déjalo...Enserio, déjalo.-termino viendo que su amiga estaba apunto de saltar con alguna pregunta u ofensa más.

-Vale, vale...-contesto mientras se agachaba a coger un puñado de nieve y comenzaba a hacer una bola que le tiro a Harry, el rió y contraataco.

Pasaron así casi una ora entera, el cielo comenzaba a oscurecerse tenuemente, por aquella razón no les gustaba el invierno, anochecía demasiado rápido, y no aprovechaban sus escasas tres semanas de vacaciones, decidieron ir al gran comedor, allí ya estaban casi todos con sus familias, los Weasley eran los mas vistosos, aparte de su cabellera única, por que ocupaban una importante porción de la mesa de Gryffindor...

La cena estuvo muy animada por parte de todos, las risas se alzaban claras y hermosas, como los cantos de los gorriones, era navidad, y estaban todos juntos...

-Tranquila Herm...-susurro Harry al ver la triste expresión de su amiga.

Justo en aquel momento, entro una lechuza con una carta, la dejo frente a Hermione, la abrió un poco asustada, a aquellas horas podrían ser malas noticias...tal vez su abuela había exhalado su último suspiro...Pero no, se equivoco, era una carta de sus padres...

"Querida Hermi, papa y yo estamos bien, aun que algo tristes, es la primera navidad que pasamos separados...y como las cosas están tan difíciles en el mundo mágico...pues nos apena mas no tenerte aquí, esperamos que pases unas navidades hermosas aunque no estemos mi niña, pero la distancia es lo de menos ¿y sabes por que? Por que nosotros te llevamos siempre en nuestro corazón...siempre, que eso jamás se te olvide, estemos donde estemos, ya sea en este o el otro mundo, la distancia no podrá separarnos e impedir que sientas el gran amor que tenemos hacía ti...

Besos Mamá"

Hermione dibujo una profunda sonrisa en sus labios, y una pequeña lagrima resbalo delicadamente por su mejilla, como los quería, como los quería a ambos, tan buenos y nobles... sus padres, únicos e irreemplazables...

Otra lechuza mas entro, se dirigió a Dumbeldore, le entrego un sobre bien cerrado, cuando lo abrió y leyó (tardo bastante) Su semblante empalideció... Debía de ser algo horrible... treméndamente horrible...

El viejo director se levanto de su elegante silla dorada atrayendo la atención de todos, que quedaron en el mas completo silencio. Dumbeldore estudio minuciosamente cada mesa, tras unos segundos sin apartar la vista ni un milímetro, hablo, su voz sonó fuerte, como un rayo caído en medio de la noche.

-Los siguientes alumnos que nombre, deberán pasar allí.-anuncio indicando con su mano derecha una puerta abierta, con la izquierda sostenía el pergamino, a varios les pareció que vibrara en ella...pero no, ¿Dumbeldore temblando? ¿Cómo?

-Sean Mastersh, Dorothy Holtymg, Hanna Sanders, Sarah Dolmeng, Tomas Andrew, James Gear y...Hermione Granger...-los siete alumnos de distintas casas, Hufflepuf, Ravenclow y Gryffindor se miraron entre ellos, varios Slytherin dibujaron malévolas sonrisas en sus caras...

Dumbeldore fue tras los extrañados jóvenes, que se perdieron por las puertas indicadas, allí, el resto de profesores llego poco después. Hablaron por lo bajini con Dumbeldore, sus caras se tornaron en preocupación, sus ojos brillaban levemente...la tristeza les invadía... ¿pero por que? se preguntaban los percatados alumnos...Hermione miraba a cada persona que allí se encontraba...primero los alumnos y luego las reacciones de sus profesores...cayo en la cuenta de algo...algo nada bueno...Todos los que allí se encontraban eran o bien totalmente de sangre muggle o mezclada...

-¿Qué ha ocurrido?-grito Hermione comenzando a respirar agitadamente.

McGonagall la miro quitándose las antiguas gafas, su semblante estaba oscurecido por la preocupación, la tristeza, y el miedo, pero no miedo hacia ella o algo así, más bien miedo por alguien...

Era un silencio de ultratumba, realmente incomodo, los nervios de Hermione crecían a pasos agigantados con cada segundo que pasaba...Se lo olía, era demasiado lista para no caer en la cuenta... ¿pero como demonios no hacerlo? tenía todas las pruebas frente a ella...todos tenían, o una parte o completamente la sangre muggle...los rostros de los profesores eran sombríos...

-Esta noche a habido un ataque...-comenzó Dumbeldore.-Ataques hacía muggles...-decir aquello a esos jóvenes estaba resultando mucho mas duro de lo que el había pensado...

-¿A...ataques?-pregunto uno de los muchachos de Hufflepuff.

-Si, a vuestros padres y otros mas...

-Pero... ¿Están bien?-esta vez fue una muchacha de Gryffindor, que ya tenía los ojos cristalinos...

-No ha quedado nadie vivo...-respondió Dumbeldore agachando la cabeza...

Los rostros de los siete alumnos empalidecieron... aquello... quería decir que sus padres estaban muertos... ¿Jamás volverían a verlos? Hermione movió levemente la cabeza hacía ambos lados y salió corriendo, McGonagalll la siguió, pero iba demasiado rápido para ella... Otros alumnos siguieron sus pasos, pasaron todos por el Gran comedor, por los ojos de todos, salían grandes lágrimas y dolorosos gemidos, todos los que estaban en el Gran comedor veían aquella huida de si mismos, Harry y Ron se levantaron al ver a Hermione, pero la señora Weasley les paró al ver que Dumbeldore llegaba a la mesa dispuesto a aclarar la nube curiosa que se creaba en la mente de todos...

-Esta noche, algo horrible ha ocurrido fuera de Howarts, Voldemort por fin ha actuado... Acabo de recibir una carta del ministerio anunciándome que muchos muggles han muerto hoy... padres de varios de vuestros compañeros... -varios gritos y murmullos se alzaron rápidamente-. No, no valláis aun, dejadles solos, dejad que piensen y lloren unos instantes... -añadió al ver a muchos levantarse, entre ellos Ron, Harry y Blaise.

No les agradó aquella orden... ¿cómo dejar a sus amigos solos en aquel momento? Acababan de saber que sus padres habían sido asesinados.

Harry y Ron cerraron los puños fuertemente y fruncieron sus ceños mientras apretaban la mandíbula con fiereza y rabia, Ginny no pudo contener un gemido y comenzó a llorar sobre el hombro de su madre.

Hermione había salido fuera, estaba confusa, no creía que jamás fuese a volver a ver a sus padres. Se paró en medio de los terrenos, se apoyó en un grueso y viejo árbol. La lluvia caía con fuerza, los rayos sonaban fieros, estaba empapada, pero le daba igual. Su mente no reaccionaba a nada, ni al frío que la recorría, ni al hecho de que estuviera completamente empapada, ni siquiera a la muerte de sus padres... no lo creía, no quería creerlo... ellos solamente habían ido a cuidar de su abuela enferma... ellos jamás habían hecho nada malo, eran dos simples dentistas que vivían felizmente, todos se querían. Hermione notaba como su mundo, su felicidad, toda ella. Todo aquello se desquebrajaba como un cristal, en millones y millones de pedazos que jamás sería posible volver a pegar... aquello no tenía arreglo.

Su respiración era cada vez más agitada, su pulso aumentaba, el dolor era inmenso, jamás habría imaginado que alguien podría sufrir de aquella manera. A su mente llegó el momento en el que descubrió a Draco con Pansy... Aquel dolor fue terrible, pero aquello era ya una minucia, ya no importaba... ahora se sentía sola, estaba sola. No tenía más que a sus padres y a su abuela enferma y aunque en el mundo mágico con diecisiete años ya era mayor de edad... se sentía como una niña... de hecho, era aun una niña... ¿qué haría? La confusión la inundaba completamente sin dejarla coordinar sus pensamientos.

La castaña abrió los ojos de par en par cuando noto dos frías y fuertes manos sobre su ropa mojada ¿sería Draco? Intentó girarse para mirarle y reprocharle hacer aquello en un momento tan duro, pero no llegó.

La estampó contra el árbol, apoyó su cuerpo contra su espalda y comenzó a gritar fuera de sí.

-¡Suéltame imbécil! ¿No tienes corazón?

Clavó sus dientes en el cuello mojado de la muchacha haciendo que gritara aun más fuerte, comenzó a pasearse libremente por el cuerpo de Hermione, que intentaba resistirse en vano. Ella intentó tranquilizarse, cogió aire fuertemente, pero algo le llamó la atención de forma inusual. Hasta ella no llegó aquel inconfundible olor a menta del rubio, lo que significaba que no era Draco Malfoy. Aquello puso más nerviosa a Hermione, intentaba por todos medios zafarse, pero le resultaba imposible. Sus sentimientos se entrelazaban... los más dolorosos se unían para crear una bomba demasiado potente para aquel frágil cuerpo, aquello podría con ella, definitivamente acabaría por destruirla. Pensaba en cómo, desde el último encuentro con el rubio, su obsesión había aumentado de forma que no podía explicar. Le miraba con disimulo en las clases, en el comedor, por los terrenos... pero ello ya no la importaba, ahora solo podía pensar en sus padres y en aquel que la estaba intentando forzar, eso solo aumentaba su terror, su pulso y el latir de su corazón.

Por fin consiguió librarse de aquellos fuertes brazos, la lluvia caía cada vez con más fuerza, feroces rayos rompian el cielo dejando destellos a su paso, Hermione se giró justo cuando un destellos les envolvía, quedo boquiabierta al ver quien estaba frente a ella, jamás habría imaginado que las manos que recorrieron su cuerpo fueran las de aquel que la miraba en aquellos momentos con una maligna sonrisa, con ojos brillantes y una dominánte pose.

-¿Que demonios...? ¿A qué juegas? ¡Dime!

-A nada... simplemente pensé que en un momento como este... necesitabas... ¿Diversión? -preguntó riendo, aquello enfureció más aun a la castaña.

-¿Diversión? –gritó a pleno pulmón-. ¡Ahora mismo eso es lo que menos me apetece, maldita sea! Mis padres acaban de morir... -terminó en un largo sollozo apoyando su espalda contra el tronco del árbol y alzando su mojado rostro hacia el oscuro cielo.

Él se acercó amenazadoramente ¿Qué se pensaba? cómo era capad de actuar tan fríamente en aquel momento en el que aquella joven veía su mundo destruido, estaba tan desprotegida y débil...

Todo se volvió confuso, un golpe sordo retumbó en la tormenta que caía, haciendo que aquel que la tenia presa cállese al suelo llevándose a la castaña consigo, se quedó perpleja por un momento, como si hubiese despertado de una horrible pesadilla, alzó sus ojos llorosos y llenos de impotencia, ante ella encontró un rostro que retenía rábia, frustración, aun tenia el puño en alto, apunto de pegar a quién la había acosado, Andrejf Zabini, el hermano mayor de Blaise, uno de sus mejores amigos... pero ya estaba a salvo, lejos de aquellos brazos traicioneros... de aquel muchacho que acababa de conocer y que tanto daño la había causado en un momento tan duro como aquel, sus padres habían muerto hacia un momento... de nuevo lo recordó y las lágrimas salían de sus ojos quietos, siquiera pestañeaba... un fuerte dolor la inundó.

De nuevo, se sintió sola, sola como la hoja de un árbol que cae en el frío otoño...

-¿Por qué? -preguntó reteniendo su propio llanto-. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Se cubrió el rostro con ambas manos, ya no aguantaba más... lloró, gritó y pataleó en el frío y húmedo suelo. Los brazos de su salvador, tras haber hecho que Andrejf se fuese la rodearon fuertemente, con cariño, con amor... con una ternura que nadie jamás podría llegar a sentir. Ella se aferró fuertemente a él, estaba hundida, abatida. ¿Cómo saldría de aquello? perder un ser querido era duro, muy duro... solo le quedaba la venganza... una cruel, y sabrosa venganza. Se juró a sí misma en aquel momento que jamás descansaría hasta que se vengara, hasta que ese maldito Voldemort pagara sus crímenes, tal vez ella no seria tan fuerte, pero estaba segura de que sí era mas inteligente... aunque fuese sola lo lograría, le aplastaría como a un insecto aun si le costaba la vida.

Ni él ni ella se movieron, la lluvia acariciaba sus rostros, ambos contraídos por el dolor, él quería compartir, ella olvidar, pero ninguna de aquellas dos cosas era posible, nada podían hacer excepto aguantar y ser fuertes, pero aquello no era tan sencillo.

-Deberíamos entrar… -susurro él.

-No tengo fuerzas.

-Soy tu amigo Hermione, si tus amigos no te comprendemos, dime, ¿Quién lo hara?-preguntó con una pequeña pero tierna sonrisa en sus finos labios masculinos.

-Lo sé Blaise, y os lo agradezco, pero… pero… me siento tan mal, tan sola… por dios, ¿qué voy a hacer ahora?... ¿qué será de mi? -lloró apoyada en su hombro.

-No te preocupes Herm… -murmuró acariciando su cabello suavemente-. Todo saldrá bien, yo te protegeré.

Le miró, sonrió con tristeza, ¿podría aquel buen amigo protegerla incluso de si misma? Se preguntaba la castaña negando suavemente con la cabeza gacha.

Unos minutos después, entraron al castillo. Harry y Ron corrieron a su encuentro, se fundieron en un largo y fuerte abrazo con su mejor amiga, ambos la miraban con ojos cristalinos.

-Gracias por cuidarla-murmuró Ron mirando a otro lado.

-De nada -contestó dándose la vuelta más tranquilo, sabiendo que ya estaría a salvo con los dos Gryffindor.

Caminó pensativo hacia su sala, hablaría muy seriamente con alguien, apretó el puño recordando lo que había visto en el bosque, la forma en que había tratado a su amiga… En aquellos momentos hacía un grandísimo esfuerzo conteniendo su rábia, deseaba partirle la cara, sacarle los ojos y matarle muy lentamente, que sufriera tan solo una mínima parte del dolor de Hermione, pero algo se lo impedía… era su hermano. Por mucho que le odiase, Andrejf Zabini, seguiría siendo su hermano siempre. Y aquello le ponía aun más furioso.

Entró en la sala común, ocasionando un gran alboroto, pues pegó un fuerte portazo, unas chicas e cuarto se disponían a saludarle, pero algo se lo impidió al verle. Su semblante era oscuro, sus ojos mas negros de lo que ya eran, aquel gracioso brillo que solían tener había desaparecido para dar paso a una mirada de odio, rencor y maldad.

Draco le vio y se acercó, Blaise le empujó, solo tenía una persona en mente, su hermano.

-¿Qué pasa tío? -preguntó el rubio preocupado de verle de aquella manera.

-¿Dónde esta Andrejf? -gritó sin mirarle.

-¿Qué mosca te ha picado?

-¡¿Qué pasa? ¿Tú también estas con él? Después de lo que a hecho... -terminó en un susurro.

-¿Pero qué ha hecho?-preguntó confuso.

Blaise suspiró hondo, logró tranquilizarse un poco y se sentó en el sofá de cuero verde esmeralda junto a su mejor amigo. Blaise mantuvo el silencio unos minutos, Draco le respetó y no dijo una sola palabra. Entonces, Blaise comenzó a contar lo ocurrido, a cada palabra, el rostro del rubio se oscurecía y contraía con aquella nueva información, le costaba analizar lo que llegaba a su mente en aquel momento. ¿Cómo demonios se había atrevido a tocarla con sus sucias manos? Pensaba.