hola!pues aqui de nuevo con otro capítulo, espero no hacercelas cansada con lo que les dije que algo iba a pasar, pero es que ya está el otro caítulo pero no del todo bien, así que aquí les dejo un capitulo para distraerse en lo que me sale la inspiración al cien, espero no se desesperen:
nadia: hola! en vdd muchas gracias por tus comentarios, si mas o menos por ahí va la cosa con la historia. saludos y gracias por tu tiempo. :)
goshy: hola que gusto que me dedicaste un tiempesito para comentar en vdd lo aprecio mucho, y espero te guste este capitulo. cuidate
oligranchester: hola, gracias por tu review, no te equivocas con Emily, que bueno que te cayó mal :) y con tus demás respuestas... te dejo que lo leas mejor :)
chikita973: hola, gracias por tu comentario esperemos que eso pase después de la obra, cruza los dedos jejeje
raqhu: gracias por seguirme en verdad, me encanta recibir comentarios, espero este capitulo te guste :)
Más tranquilo se dirigió a casa de su madre para ver a su pecosa, al llegar a la puerta respiró profundo y sacó fuerzas para no mostrarse preocupado e inquietar a su madre y a Candy.
- buenas tardes, la señora y la señorita Candy están en el jardín- dijo una de las jóvenes de servicio
- gracias- respondió y se dirigió al lugar mencionado, cuando llegó pudo ver como ambas mujeres entre risas se esmeraban en el arreglo de las flores, cuando se dieron cuenta de la presencia del joven ambas se miraron con complicidad y rieron abiertamente.
- hijo, qué bueno que llegas a tiempo para la comida- dijo Eleonor saludando a su hijo con un beso en la mejilla- en diez minutos vayan al comedor- dijo dejando a la pareja sola en aquel bello jardín
-hola Pecas- dijo Terry acercándose a Candy- ¿no me saludas?- preguntó extrañado ante la reacción de Candy, que no se movió de su lugar.
- hola- contestó sin ninguna expresión de felicidad en el rostro
-¿te sucede algo Candy?- volvió a preguntar, cuando ella le daba la espalda, se acercó y la abrazó por la cintura- ¿qué tienes?-
-estoy molesta contigo- respondió inhalando aquella fragancia que él emitía
-¿por qué?- cuestionó aún más extrañado. Candy giró para poder mirarlo a los ojos y con la expresión más seria que pudo hacer le respondió- ayer, cuando te fuiste no me dijiste que me amabas- respondió frunciendo el ceño. Terry respiró aliviado y se soltó a reír a carcajadas.
- creí que no necesitaba decirlo- la atrajo un poco más hacia sí y depositó un beso en sus labios color carmín- creí que sabías que eres lo que más amo en el mundo- dijo seguido de otro beso- que por ti haría hasta lo imposible
- lo sé, solo necesitaba que me lo dijeras- dijo con una pícara sonrisa rodeando con sus brazos el cuello del actor para recibirlo como se merecía.
La comida entre Candy, Terry y la madre de este transcurrió entre risas, los tres pasaron una agradable tarde, sentían que finalmente tenían una familia, Eleonor siempre quiso tener a su lado a su hijo y lo más importante verlo feliz al lado de la mujer que era dueña de su corazón. Por su parte Terry también se sentía feliz, desde pequeño había anhelado con tener una familia que le brindara amor, uno que por desgracia nunca recibió de su padre y mucho menos de su madrastra, se sentía inmensamente feliz tenía a las dos mujeres más importantes de su vida a su lado y aunque algo lo agobiaba a su lado se sentía seguro. Candy, aunque en los últimos meses había conocido el amor de una familia al lado de Albert en ese momento se sentía dichosa, se sentía amada en toda la extensión de la palabra, con Eleonor sentía un amor de madre que nunca había conocido, y con Terry, ni que hablar, él la amaba con toda su alma, y a pesar de los problemas que habían tenido estaban juntos, disfrutando el inicio de una nueva etapa en sus vidas.
Después de una agradable sobremesa en familia, la hora de partir al teatro llegó, la joven pareja tomó sus cosas y se dirigieron al teatro en el auto de él.
- ¿Karen está en la obra?- preguntó la rubia
- sí, ¿sabes? estos días me ha preguntado por ti-
- ¿en serio?, vaya tiene mucho tiempo desde la última vez que la vi, fue cuando- Candy se quedó callada, a pesar de que todo se había solucionado aún le dolía recordar aquella fría noche; Terry comprendió perfectamente a lo que se refería, a él también le dolía pensar en esa noche, tomó la mano de la rubia y depositó un beso en ella.
- ahora estamos juntos- le dijo reconfortándola e interiormente a él también. Candy solo sonrió y asintió con la cabeza.
- ¿sabes? El día del estreno me gustaría que Albert, mis tíos y Zara estuvieran aquí- dijo Terry para cambiar el tema
- sería maravilloso, podría enviarle una carta a Albert hoy mismo si quieres- dijo ella emocionada ante la idea.
- me encantaría, solo necesito hablar con Robert para ver lo de los lugares, le pediré todo un palco- dijo Terry sonriente
- pues ¿a cuánta gente piensas invitar?-
- no mucha, solo mi madre, Albert, claro que con él vendrán la tímida y el elegante, a mis tíos y a mi prima-
- ¿podrías llamarlos por su nombre?, Annie y Archie, recuérdalo- reprendió Candy al actor
- claro, claro, aunque ahora que ya son esposos se me ocurre llamarlos…- dijo entrecerrando sus ojos pensando en un buen apodo
- ¡basta Terry! No quiero saber- dijo ella negando repetidas veces con la cabeza
- jajaja, tranquila, aún no tenía un nombre adecuado para la pareja- dijo a carcajadas
- nunca cambiaras-
- no, nunca- afirmó él sin ninguna preocupación a lo que Candy solo sonrió y le dio un beso en la mejilla
- y por eso te amo-
- Albert es hora de ir a comer, ¿vienes conmigo a casa?- preguntó Archie
- no, me quedaré un rato más para acabar esto y salir más temprano- contestó
- está bien. ¿Albert, puedo hacerte una pregunta?- dijo Archie dudoso
-claro que si-
- ¿te pasa algo?, me refiero a que si tienes algún problema, últimamente has estado distraído, distante, todos te hemos notado raro- dijo el "elegante" preocupado
- no me pasa nada malo, no tienen de que preocuparse, es solo que… nada, olvídalo, solo no se preocupen- contestó y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro, que no pasó desapercibida para Archie, que entendió perfectamente
- ¿Quién es la afortunada?, si se puede saber-
- ¿qué?- preguntó nervioso
- vamos Albert, tenme un poco de confianza, dime quién es la causante de esa distracción y esas sonrisas tuyas-
- no sé de qué hablas Archie- contestó lo más serio que pudo
- está bien, si no me quieres decir no hay problema, algún día la conoceré- dijo poniéndose de pie dirigiéndose a la puerta de la oficina
- ya la conoces- dijo en voz baja, aunque Archie pudo escuchar perfectamente y sonrió, ya tenía una pista de la dueña de los suspiros repentinos del jefe de la familia.
- señor Andry, pase, Zara lo espera en la planta alta- dijo John
- gracias- respondió el rubio y subió por las escaleras. Al pisar el último escalón la vio, en un fresco vestido blanco, sonriendo como siempre a una pareja de ancianos que disfrutaban de la comida del lugar. Cuando Zara lo vio
-¡Albert! Me alegra que hayas llegado- dijo sonriendo aún más encaminándose hacia él- ven, dame presentarte a Fred y a Julia.- zara lo condujo a aquella pareja con la que hacía unos momentos conversaba
- julia, Fred, él es Albert. Albert, Fred y julia, nuestros mejores clientes-
- un placer caballero- dijo el Fred, un señor de unos cincuenta años con el cabello tan blanco como la nieve-
- encantado señor- extendió la mano a Fred- señora, un placer conocerla- dijo besando la mano de la mujer, una señora tal vez de la misma edad de Fred.
- ¿nos acompaña a la mesa señor?- preguntó julia
- si no les molesta, por mi encantado- respondió Albert
- al contrario, será un placer- completó la frase Fred, a lo que la señora sonrió y Fred besó la mano de su esposa.
- típico de ellos, siempre completan la frase del otro- dijo Zara a Albert que miraba con ternura el amor de aquella pareja.
-después de tantos años de casados era de esperarse, ¿no cree?- dijo Fred
- así es el amor- fue lo único que respondió mirando de reojo a Zara.
Los cuatro pasaron una tarde agradable, Julia y Fred eran una pareja excepcional, tal como Zara lo había dicho completaban las frases del otro, se dedicaban tiernas miradas y se tomaban de las manos en repetidas ocasiones.
Julia y Fred eran clientes frecuentes, ya que después de que su hijo más pequeño comenzó a valerse por sí solo se dedicaban a disfrutar del resto de su matrimonio, ambos eran personas saludables y fuertes, como dos pequeños les encantaba conocer nuevas cosas, parecían una pareja de jóvenes enamorados, siempre sonrientes, llenos de vida.
- dime Albert, ¿estás comprometido?- preguntó Fred con toda la naturalidad del mundo
- ¿yo?, no aun no- respondió rápidamente
- ¿tienes novia?- volvió a cuestionar
- me temo que tampoco-
- pero estarás enamorado- fue más una afirmación que una pregunta, ya que con los años Fred y Julia habían aprendido a leer a las personas, y era más que obvia la atracción que había entre los jóvenes que tenían enfrente.
- ¿les parece si les traigo el postre?- dijo Zara poniéndose de píe- como mi mamá ya regresó de su viaje preparó pay de queso con zarzamora, ¿quieren?-
- me encantaría, tu mamá lo hace deliciosos- dijo Julia- ¿quieres querido?-
- claro, ¿por qué no? ¿Albert?-
- lo probaré- contestó el rubio nervioso
- en seguida los traigo- dijo dando media vuelta bajando las escaleras. Julia miró a Fred como reprendiéndolo con la mirada, él solo se encogió de hombros, ambos querían mucho a Zara, ya que no tenían ninguna nieta con ella mostraban todo el amor que tenían todavía para dar, y gracias a este cariño querían que su nieta como siempre le decían fuera feliz.
- no me respondiste- dijo Fred. Albert tocio un poco pensando en su respuesta- no dejes pasar mucho tiempo, las mujeres a veces se cansan de esperar- aconsejó Fred, a lo que Albert solo asintió y grabó aquellas palabras en su mente, tan evidente era, que con tan solo una hora de conocer a aquellas personas habían descubierto aquel sentimiento que ni él entendía o no quería hacerlo.
Minutos después Zara llegó con el postre y la charla continuó en torno a este y en lo buena que era la madre de Zara en la repostería. Después de una hora más Fred y Julia se fueron del lugar dejando a los muchachos solos en la segunda planta.
- ¿sabes?, estuve pensando en el evento de tu amiga Emily, ¿sería divertido ir, no crees?- dijo Albert
- si cómo no- dijo ella sarcástica- se nota que nunca has ido a un manicomio de esos, en verdad no te lo recomiendo-
- solo fue una idea, tienes razón, nunca he ido a una afortunadamente, pero soy un hombre curioso y…-
- si lo ves de esa manera, si, sería divertido- dijo riendo, imaginando a Albert entre las mujeres más chismosas de la sociedad- aunque sabes que serías tal vez el único hombre ¿verdad?-
- no, mi sobrino Archie y su esposa asistirán, por capricho de la madre de ella-
- ya veo, en ese caso no estarás solo, aun así te deseo suerte- al parecer no había entendido la indirecta tan directa
- ¿quisieras acompañarnos?, digo, tú sabes bien de estas cosas, y tal vez…- no se atrevió a continuar.
- tal vez ¿qué?- preguntó Zara
- nada, bueno, tal vez podamos salir a comer los cuatro, me gustaría que conocieras a Annie y a Archie- dijo dudoso. Zara mostró una sonrisa y dijo – de acuerdo-
En la noche:
- ¿de qué hablas Albert?- dijo Archie- ¡yo allá no voy!-
- disculpa Albert, pero yo tampoco quiero ir, conozco a las personas que están invitadas y debo decirte que no son nada agradables- secundó Annie.
- vamos chicos, es un favor que les pido, quede en que los llevaría y no puedo faltar a mi palabra, además no puedo ir solo- los esposos se miraron el uno al otro y se dijeron todo.
- está bien, pero nos iremos cuando queramos- sentenció Archie.
- es un trato- dijo sonriente- el viernes a las cinco nos iremos-
- pero es hasta las 7 de la noche- dijo Annie- hay que llegar temprano pero no a barrer el lugar- dijo con el ceño fruncido
- lo sé, pero tenemos que pasar por otra persona-
- está bien- dijeron ambos rendidos, sabían que cuando Albert se proponía algo no paraba hasta lograrlo y eso era algo bueno, lo malo era cuando empleaba esas mañas con ellos.
En Nueva York:
- Frank, Daniel y Mac, ya saben lo que necesito, deben estar pendientes de cada movimiento de Grandchester, no se deben descuidar ni un solo momento. Estuve investigando y encontré esto sobre algunos "amigos" que tiene, ahí están sus fotografías y ya saben si los ven hagan su trabajo- dijo aquel hombre con el que Terry había charlado días atrás.
- si jefe- dijo uno de ellos
- ¿preguntas?-
- solo una, nos turnaremos para el trabajo o los tres a la misma hora- preguntó uno de ellos.
- por el momento los tres juntos, debo investigar más y nos organizaremos de nuevo- respondió el jefe.- si no hay más preguntas se pueden retirar que mañana empiezan- los tres hombres asintieron y salieron de la oficina
Al dia siguiente la puerta del departamento de Terry sonó, abrió y se encontró con tres inmensos hombres frente a él, uno de ellos era moreno con una mirada retadora; otro de ellos tenía un semblante más dócil de tez blanca, y el tercero tenía cara de querer matar a alguien el más alto o tal vez el más imponente de todos que fue el que habló
- señor Grandchester nos envía Frederic Muller, nosotros nos encargaremos de su caso-
- claro, pasen por favor- dijo el actor dándoles el paso- imagino que ya conocen toda la situación- dijo una vez que los hombres se sentaron
- a groso modo, queremos que nos usted mismo la historia, pero antes déjenos presentarnos, yo soy Mac, mis compañeros Frank y Daniel-
- a sus órdenes señor- dijeron ambos
- gracias, pues verán…- Terry narró la historia de aquellas cartas con amenazas, les explico que si estuviera solo no le preocuparían pero su madre y su novia se encontraban en la ciudad y temía por ellas.
- no se preocupe, nosotros nos encargaremos de averiguar quién es la persona, y cuidaremos de usted y su familia.
