Chapter 10: Inesperada cualidad Chapter Text

Las habitaciones en esa casa eran del tamaño de su casa entera. La cama era cuatro veces mas grande que la suya también y el triple de alta por lo que solo te subías a ella con un banquillo que permanecía al lado de la cama siempre, esas camas tenían cuatro postes y de ellas colgaban una telas decorativas.

Siempre despertaba boca abajo y esa mañana no fue la excepción solo que fue mucho más intensa que las anteriores, no solo porque podía estar solo en aquella habitación, lo cual le daba cierta tranquilidad, sino porque lo que soñó lo tenía con la respiración encajada entre los dientes dispuesta a salir huyendo de su cuerpo, transpirado por completo y sin duda alguna completamente húmedo. Se dio la vuelta y levantó las sábanas; su pantalón de dormir estaba hecho un desastre, las manchas cubrían toda su ingle. Dejó caer sus brazos agotado, los recuerdos de ese sueño solo le hacían desear que Derek lo encontrara y que mandara al demonio todo el sortilegio lobuno socio-cultural para que se lo follase de una vez, ni siquiera le importaba que lo tomara, ser el pasivo, poner el toda la carne al asador.

Solo quería que pasase, la sensación de los besos en su boca lo desesperaban. Abrazó la almohada y apunto de ponerse a llorar estuvo cuando tocaron la puerta y el sonido resonó en el inmenso cuarto. La luz entraba dulce por la blancas y traslucidas cortinas, miró su reloj pulsera y eran las siete de la mañana, demonios, ni para ir al colegio se despierta tan temprano.

— Stiles... —canturreó alegre su tía del otro lado de la puerta y él levantó la cabeza para mirar la puerta con el ceño fruncido— Se que estas despierto, cariño... Baja a desayunar, tengo un gran día planeado para los dos —dijo alegre y la escuchó marcharse completamente segura de que le había escuchado. ¿Cómo supo que estaba despierto?

Él solo podía pensar en Derek, apretó su abrazo a la larga almohada y escondió un instante su rostro allí, en medio de la oscuridad producida veía los ojos verdes, la sonrisa y juraría que podía sentir sus grandes manos acariciando su nuca, su espalda, dejando besos en su rostro, no podía olerle y eso lo devolvía a su realidad.

Esta a miles de kilómetros de su alpha y debía afrontarlo, solo por los próximos siete días y luego correría devuelta a sus brazos. Al meno su tía parecía querer entretenerle y no iba a desaprovechar la oportunidad, salió de la cama dando un salto al piso y siguió pensando que la cama era una ridiculez. Por una puerta lateral entró al cuarto contiguo y vio a su padre desparramado a su anchas y muy dormido aún sobre la cama. Se sonrió y cerró la puerta, se puso unos jeans y una camiseta limpia para bajar. Se refregó el rostro mientras bajaba las escaleras intentando que los recuerdos de la noche anterior se hicieran menos constantes.

En un momento en la planta baja se vio rodeado de pared a pared por objetos antiguos; jarrones, bayetas, pergaminos antiguos y allí se detuvo en seco, porque el pergamino que tenía frente a su ojos era el mismo que había visto en Internet. La dinastía de los lobos nacía en ese pergamino, en esa aldea y en eso dibujos, su procedencia era nórdica y como era que los hombres lobo no eran un mito sino una realidad para esos tiempos. Su sangre se heló y su tía apareció detrás de el sin hacer ni un sonido.

— ¿Hermoso no es cierto? —murmuró en su oído.

— ¡Dios, tía Ruth! ¡Me asustaste! —chilló casi lanzándose contra la pared y con las manos en el pecho.

— Oh, lo siento, cariño... pero te vi tan interesado en ese antiguo pergamino que no pude resistirlo —lo abrazó de nuevo con más fuerza y le frotó la cabeza para tomarlo del brazo haciendo que la llevara por los pasillos hasta la cocina, mostrándole a él todo a su paso.

— No, ejem… no sabía que te interesaba la mitología de Fenrir, tía... —dijo con la voz tomada, temía tanto lo que fuera a decirle, solo esperaba que su tía no sea un enemigo del cual debería esconderse como había pasado con anterioridad.

— Oh, no, no solo eso corazón, he estudiado todo sobre ellos, de las ciudades únicamente de lobos que han existido durante los siglos, creo que los cazadores los han casi exterminado lamentablemente... —dijo con pesar mirando una escultura de mármol de la cabeza de un lobo del tamaño de televisor de 48' pulgadas.

— ¿Te gustan? —preguntó Stiles— ¿Crees en ellos?

— No le digas a tu padre, pero ahora que eres mayor creo que puedo contártelo, mi Ren nuca falleció, solo se unió a su manada, el problema es que no podía decirlo a nadie. Así que quede entre nosotros, ¿ok? —le dijo guiñándole un ojo, Stiles se quedó estático en la puerta de la cocina con el olor dulce y salado saliendo de ella.

Se apresuró en seguirla para preguntarle cómo había sido, cuándo había pasado, por qué fingir su muerte, con quiénes se había ido. La mujer sonrió y empezó a servirle el desayuno mientras le comentaba que en uno de su viajes a Ucrania por una excavación de una familia desaparecida en la época oscura, dejando atrás solo las ruinas de su castillo y miles de catacumbas por toda la región, su hijo conoció a una joven llamada Elamira, sus rizos rojos furioso caían como cascada de su cabeza, sus ojos verdes característicos en la sangre de lobos nacidos puros, eran dos cuencas refulgentes de vida. Ren quedó prendido de ella apenas la vio en las inmediaciones de los bosques. Él tenía dieciocho para ese entonces, ella tenía dieciséis. Le contó del cortejo, de que tuvo que pasar tres semanas lejos de ella. Él sentía el cambio en su comportamiento y ella lo notaba distinto a pesar de que no le dijo nada de ella hasta que el líder de la manada Ivanof pidió su presencia en su casa y le explicó que pasaba con los jóvenes.

Stiles estaba escuchando la historia fascinado, pero también debía de tener en cuenta que su padre le dijo que la mujer aún no andaba bien, Ruth notó la duda cuando él se quedó mirando mucho su plato de hot cakes, pero enseguida se levantó llamando su atención y mirando por la puerta de la cocina que no viniera nadie, sacando un grueso album de fotos forrado en cuero y labrado. Se sentó a su lado pasando un brazo por sus hombros y le mostró a su primo; era tal cual lo recordaba, pero con algo de barba, con la chica que su tía describió y con tres niños. Le dijo el nombre de todos y las fechas en que nacieron, le contó donde vivían ahora y que ella visitaba seguido a Ivanof y le mostraba los hallazgos de sus viajes. Le contó de los escritos, los libros y luego de la magia. Stiles no entendía que tenía que ver la magia con los lobos, pero ella dijo que nada, que la magia venía de su lado de la familia. Su madre la tenía como ella, luego de esta confesión lo miró de forma extraña, lo miró intensamente y él creyó que sus ojos celestes bailaban en luz mientras estos se fijaban más y más en los ojos de él.

— ¿Por... por qué me miras así? —preguntó nervioso.

— Tu madre tenía la magia, pero ella lamentablemente no creía sabes... —le comentó y Stiles no sabía por donde escaparse del abrazo y de la mano que le sobaba el hombro.

— ¿Mi madre? —su mirada recorrió la cocina gigantesca y se sintió atrapado por alguna razón.

— Sí... Yo se la presente a tu padre, sabía que nacerías el día que me la encontré en la veterinaria donde trabajaba, allí mismo en Beacon Hills... Era tan guapa, los animales se la quedaban mirando fascinados como si tuviera un secreto, pero ella no lo notaba... Una lástima —le contó y la mirada marrón de Stiles se hizo más grande.

— ¿Los animales? ¿Estás... segura tía?

— Sé que tu padre me cree algo loca, tal vez lo estoy, pero sé que hablo con la verdad. Tu padre es incapaz de usar magia, cree mucho en las leyes terrenales pero tu... Tu sabes que hay algo más allá afuera... —Stiles perdió el equilibrio del banco y se aclaró la voz alejándose un poco y sentándose en la pequeña mesa blanca de la cocina con solo dos sillas en ella, pero su tía lo sigue y se sienta frente a él.

— Yo... que... —ya quería salir de allí, volver a su rutinario Beacon Hills, pero esa mujer parecía que tenía mucho para decir y él no sabía si podría contener su curiosidad por mucho tiempo, tratando de no traer más cosas raras a su vida.

— Stiles... —su tía se acerca demasiado y con los codos apoyados en la mesa lo tomó de las manos— Si te dijera que puedes hacer magia, que puedes leer libros que nadie puede, que puedes hablar con los ancestros de los ancestros de antiguas civilizaciones si te enseñara... ¿Qué harías? —ok, eso supera su sensor raro, la intensa mirada de nuevo clavada en él, brillando con más la luz que la que entra por la ventana, hacía que el aliento claramente se le fuera de su cuerpo.

— ¿Magia? ¿Qué clase de magia, tía? Porque según tengo entendido magia proviene del latín magia y es un arte mágico, que puede que también sea alguna derivación del griego μαγεία… Bueno, el significado es igual, pero... ¿Magia? ¿Yo hacer magia, tía? No sé, para eso debe haber algún linaje de sangre, qué sé yo… Al menos en el antiguo persa magush hace referencia a la antigua casta sacerdotal persa. Y que yo sepa no soy descendiente de persas ¿o sí? No sé, tía… ¿magia? A lo que me quiero referir es que bueno la magia… —dijo tomando su plato y parándose de la silla. Le estaba dando miedo la conversación y su cabeza, como auto defensa solo buscaba datos mientras encontraba el valor de decirle que no soltando todo lo que tenía en ella— Tía es complejo... —caminó por el angosto pasillo seguido de ella— Bueno, lo que quiero decir es que hay magia natural y no natural… —la mujer sonreía mientras a él se le helaba la nuca y esquivaba sus adornos, sus papiros antiguos enmarcados en vidrio, sus libros inmensos de dorada moldura y encuadernados en cuero.

— Pero cariño... —trato de detenerle rumbo al comedor principal, encontrándose con estandartes de magia nórdica, con símbolos de castas licántropas y dichos que no debería poder leer, pero podía y por eso se los quedó mirando.

— La magia natural no has de entender... —murmuró Stiles recitando el comienzo de un mustio papel de una obra de Lope de Vega, la cual estaba en español antiguo y luego pensó— Yo no debería entender esto… ¿por… por qué? —se quedó observando aquel manuscrito, pensando en lo que decía; magia natural y no natural. Él sabía lo que significaba cada una; la natural era aquella con la que se explicaban los fenómenos naturales en los que intervenía un hecho extraordinario y la otra era aquella…— en que se consultan los infernales espíritus, con tan infame nombre como le han dado en las divinas y humanas letras… —leyó absorto las letras que parecían llamarlo. Su tía tomó el plato que estaba apunto de caerse de sus dedos sin poder notarlo al quedar como tonto ante ellas, en esos escritos a tinta, a mano, con pluma, en símbolos que simplemente lo hacían ir de uno a otro casi hipnotizado mientras su tía sonreía.

— El chico tiene el don de la magia… Sí, definitivamente... —habló entre dientes, pensando que definitivamente podría dejar un legado en él, dejar su magia a un sucesor.

El primer día sin Stiles después del encuentro y Derek parecía un zombi, su piel estaba casi sin pigmento, su tez trigueña parecía caer de su cuerpo como el polvo de un viejo mueble. Durmió hasta tarde y solo comió cosas dulces, era verlo meterse a la heladeras y todo lo que tuviera azúcar desaparecía; tarros de mermelada, manzanas, uvas, chocolates, duraznos, tomates, nada que trajera del colegio Isaac se salvaba.

Scott y los demás al no tener que cuidar de Stiles podían pasar más tiempo en el bosque, tratando de entretener a Derek en esos días, pero el mismo alpha se escapaba de los entrenamientos y se metía en la heladera atacando la reserva de helado. Esa semana prácticamente lo vieron como un zombi yendo y viniendo, con la boca llena.

Allison lo llamó angustia oral por la falta de Stiles o de noticias suyas siquiera, el problema es que en esos días Stiles no había llamado ni mandado un mail o una paloma mensajera, nada de nada y eso preocupaba a Scott.

Para el martes a pocos días de que volviera, el padre de Stiles, le dijo al alguacil, que se quedaría otra semana en lo de su hermana y el hombre le dijo que con toda la ayuda que el prestaba siempre era de esperarse que estuviera muy cansado y que no se preocupara, lo cubrirían, cuando Scott fue a contarle a Derek, fue con respaldo.

Incluso la cara de Lydia miraba al alpha con pena cuando le dijeron que Stiles no volvería, que estaría allí hasta el día del emparejamiento de luna nueva. El rugido de Derek se escuchó incluso en casa de los Argent, la furia que lo recorrió no mermo a pesar de que todos juntos le enfrentaron. La joven pelirroja no vio más remedio que golpear su bolso contra una de las columnas del porche luego de ser lanzada por la ventana para entrar con avidez de nuevo a la casa y lanzarse sobre la espalda del alpha, sujetando con fuerza el bolso impregnado de cloroformo en su rostro para detenerlo.