Hola! Primero gracias por los review en el cap anterior por el tiempo que había pasado no esperaba tantos. Intenté actualizar antes pero estoy en lo último del semestre y mis profes me explotan, lo bueno es que queda poco de clases y después tendré más tiempo.
Gracias por seguir leyéndome, soy una eterna agradecida de su paciencia. Este capitulo tiene de todo un poco y su titulo sigue la lógica del anterior.
Nota: Los personajes de Glee no me pertenecen.
Capitulo diez: Las primeras gotas de lluvia
Santana no quiso ahondar en esa sensación que se alojó en su pecho, prefirió concentrarse en la chica que tenía a su lado. Perderse en ella, en cada milímetro de Quinn Fabray y lo que la hacía sentir.
-¿Quieres pasar?-Le preguntó- Ya hemos perdido suficiente tiempo que podríamos haber pasado juntas-.
-Claro que si-Respondió animada-.
Santana le dio un pequeño beso y luego le sonrió dejando ver ese coqueto hoyuelo que tanto le gustaba a la rubia, quien no se contuvo y la acaricio, con una expresión totalmente enamorada.
-Ya no me mires así-Dijo Santana sonrojada-.
-No puedo verte de otra manera- Expresó sin dejar de acariciarla-.
La latina cerró la brecha que las separaba en un amoroso beso, enredando sus dedos en esos cabellos rubios que tanto le gustaban.
-Ya entremos, quiero mucho más de esos besos-Dijo la morena abriendo la puerta del copiloto-.
Quinn sonrió y la siguió hasta la puerta de entrada de los López, mientras la latina metía la llave para entrar la rubia se le pegó a la espalda, colocando ambas manos en esa cadera que resultaba ser un imán, y fue depositando pequeños besos en su cuello cerca de su oído.
Santana cerraba los ojos e intentaba con dificultad hacer calzar la llave en la cerradura, puesto que aquellas no tan inocentes caricias la estaban enloqueciendo.
Cuando por fin pudo abrir la puerta, no demoró mucho más en voltearse y comerle la boca a Quinn, quien la recibió encantada entre sus brazos. Las chicas querían una completa reconciliación, querían unirse completamente.
Por lo que Santana dio el primer paso, bajando el cierre del top del uniforme de Quinn, arrojándolo en el alguna parte mientras intentaba subir la escalera. La rubia también iba quitando prendas. Así, como resultado ambas estaban sólo en ropa interior, el uniforme habían quedado esparcido desde la entrada hasta la escalera.
-Te deseo tanto…-Murmuraba la morena desabrochando el sujetador-.
-Y yo a ti-Contestó Quinn repitiendo la acción de su novia-.
Quinn empujó a una semidesnuda Santana sobre la cama y se quitó sensualmente la última prenda que quedaba en ella, dejándole una vista privilegiada de su cuerpo a su novia que irradiaba lujuria en sus ojos que se veía más negros que cafés.
Sonrió con arrogancia antes de comenzar a gatear hasta posicionarse sobre ella. Lo primero que atacó sin contemplaciones fueron esos pechos que tanto le gustaban, pasó su lengua por lo erectos pezones arrancándole un sonoro gemido a una latina que sentía como la humedad se apropiaba de su sexo, haciendo imperativa la necesidad de tener a su novia.
-Me… encantan-Murmuraba la rubia alternando con pequeños mordiscos-.
Santana simplemente le había cedido por completo el control, enredaba una vez más sus dedos entre los cabellos de Quinn para que no dejara de hacer lo que estaba haciendo.
La rubia después de haberle dado la debida atención a ambos pechos siguió bajando hacía un destino claro. Quitó con suma sensualidad lo que cubría la intimidad de Santana para lanzarla a alguna parte de la habitación.
Los gemidos deseosos de la latina la hacían ya no querer demorar más, ella estaba igual de desesperada que su morena por sentirla. Con sus dedos estimulo el clítoris y con su lengua degusto el sabor que se iba haciendo abundante cada vez que profundizaba más en el sexo de Santana, quien alzaba las caderas y con sus manos mantenía la cabeza de Quinn en el lugar donde la necesitaba
Ver a su novia entre sus piernas era totalmente afrodisiaco para una morena que estaba disfrutando al máximo de las atenciones de la rubia, Quinn había aprendido muy rápido y sabía perfectamente como ocupar su lengua en la húmeda entrepierna de la latina. Quien ya estaba a punto de alcanzar el éxtasis.
Las señales que le enviaba Santana produjeron que Quinn acelerara los movimientos, quería hacerla llegar en su boca y así degustar todo su sabor, lo que no tardó mucho en ocurrir.
-¡Quinn!-Exclamó la morena al momento de alcanzar el orgasmo-.
Santana sintió como su cuerpo aún vibraba y atrajo a Quinn hacia su boca para besarla pausadamente, recuperándose de a poco.
-Eso fue…woow-Murmuró abriendo sus ojos-.
-Lo fue…-.
-Ahora me toca a mí-Expresó la morena con una sonrisa maliciosa-.
Quinn no alcanzó a si quiera intentar oponerse, y no es que lo iba a hacer tampoco, cuando Santana la estaba sobre ella bajando la mano hacia su entrepierna. Sintió como jugaba con sus pliegues marcando un ritmo suave sin introducir sus dedos aún.
-Estás muy húmeda…-Susurró sensual-.
-Así me has puesto…-. Contestó sumamente agitada-.
-Es momento de hacer algo con eso…-.
-Estoy de acuerdo…-.
Un gemido de alto volumen salió al sentir dos dedos de su novia dentro de ella, Santana acelerando las embestidas y al mismo tiempo la besaba, en los labios, en el cuello, en la clavícula, Quinn sabía que más de alguna mordida de su novia dejaría marcas pero eso estaba lejos de importarle en ese preciso instante, sólo quería disfrutar, dejarse llevar.
-Se siente tan bien…-Murmuraba-.
A Santana la voz de Quinn siempre le había resultado particularmente sensual, pero después de haber estado con ella íntimamente esa voz ya había pasado de ser sensual a encenderla en segundos, por lo que después de escucharla acelero más sus movimientos buscando ese punto que sabía volvía loca a su rubia.
Los gemidos eran compartidos, los besos erráticos, Santana estaba tan excitada como Quinn al sentir el roce acelerado de dos cuerpos que seguían un mismo compás.
La vista de Quinn se nubló, con su mano pegó aún más a Santana a su cuerpo para sentirla todo lo físicamente posible. La latina sintió como un líquido cubría sus dedos y su rubia se contraía alrededor de ellos.
Ambas se miraron, aún unidas, esa mirada decía más que un te amo, más que de lo que cualquier palabra pudiera significar.
Santana se acostó y abrazó a Quinn en un sentido de protección y posesividad, de que ella era suya y lucharía porque aquello se mantuviera así.
-Cuando este día comenzó, pensaba que terminaría llorando en mi habitación porque me habías dejado-Susurró Quinn-Y el miedo que me daba a perderte fue superior al que tuve ayer en la práctica con las Cheerios-.
Santana sonrió.
-Nunca me dejes San-Le pidió-.
-¿Y por qué tendría que ser yo?-Preguntó acariciándole el cabello-Quizás seas tú quien se aburra de mi y se consiga a alguien mejor-.
Quinn levantó la cabeza.
-Eso es imposible, no hay alguien mejor-Aseveró con confianza- Y Puerto Rico está muy lejos como para ir a buscar a otra latina tan sexy como tú-Bromeo-.
La latina rio ante la broma.
-Ni aunque fueras a Puerto Rico Q, como yo no hay más, así de sencillo-Contestó arrogante-.
-Lo sé-.
Se quedaron hablando por algunos minutos sin tomarse la molestia de vestirse.
-Me dio hambre, ¿Bajemos?-Invitó Santana-.
Quinn la miró no muy convencida de abandonar la cómoda posición.
-Está bien, quédate aquí, yo bajó a preparar algo para ambas y vuelvo enseguida- Expresó sin poder negarse a esos ojos verdes-.
-Porque mejor no te quedas, yo contigo en esta cama tengo todo lo que quiero degustar- Coqueteó con descaro-.
Santana tuvo que reprimirse las ganas de saltarle encima otra vez, esa rubia siempre terminaba consiguiendo todo lo que quería de ella.
-Si no como algo que no seas tú, terminare por desmayarme así que espérame, no voy a tardar y luego podemos seguir con eso…-.
Se levantó de la cama antes que le fuera imposible hacerlo y comenzó la difícil tarea de buscar su ropa interior que había sido lanzada por alguna parte. Sólo encontró la parte de abajo, no se complicó y buscó una camiseta de entrenamiento que le quedaba ancha y así iba a bajar.
-No tardo-.
Quinn le dio una mirada seductora, Santana se veía en extremo sexy con esas escazas prendas, aunque para la rubia ¿no lucía siempre sexy?.
Santana iba a abrir la puerta, cuando alguien de sorpresa y algo acelerada la abrió por ella.
-¡Santana por dios que significa ese desorden que has dejado!-Le gritó su madre agitando las prendas del uniforme que había encontrado de camino a la habitación de su hija-.
-Mamá…-Murmuró sintiendo como perdía la movilidad de su cuerpo y la capacidad de hablar-.
-¡Que acaso la escalera es lugar para tirar tú uniforme!-Insistió Maribel-.
-Yo…-.
Quinn miraba la escena aterrorizaba, no tenía ninguna posibilidad de escape, estaba totalmente desnuda y por lo que observaba ninguna de sus prendas estaba a la vista.
-Santana, respóndeme- Decía Maribel-.
La latina miró a su madre y luego a Quinn quien tenía la misma expresión que ella en su rostro. Maribel siguió de manera inconsciente la línea de visión de su hija y ahí se dio cuenta de todo. No necesitaba más respuesta al porqué del desorden que encontró en la entrada de su casa al llegar.
Las miró de manera intermitente y se sintió sumamente incomoda ¿Qué se supone que decía un padre en esa situación?
-Quinn-Expresó casi a modo de saludo-.
-Señora López-Respondió con sus mejillas que ya no podían más de lo rojas que estaban y tapándose su parte superior-.
-Yo…las espero en el salón-Dijo también avergonzada caminando hacia la puerta- Y vestidas por favor-.
Por una fracción de segundos ninguna de las dos dijo nada, sólo se miraban preguntándose mutuamente que es lo que iban a hacer ahora.
Santana soltó una carcajada nerviosa de esas que son producto de un casi colapso nervioso, Quinn se contagió de esa risa, produciendo un momento totalmente bizarro.
La rubia se levantó y comenzó a buscar su ropa interior, la morena sólo se puso un jeans ya que estaba vestida hacía arriba, le prestó algo a Quinn para que se pusiera y se tomaron de la mano para bajar.
Al entrar al salón vieron como Maribel López se tomaba un trago prácticamente de un sólo sorbo.
-Hay mi dios-Dijo Maribel en español-.
-Mamá-Llamó Santana y se sentó junto a Quinn en el sofá de dos cuerpos-.
Un silencio se produjo entre las mujeres presentes mientras Maribel tomaba lugar al frente de las chicas.
-Yo te lo puedo explicar-Comenzó Santana-.
-Mientras no digas que eso que vi no es lo que estoy pensando, porque hay que ver el cuello de Quinn para darse cuenta que es exactamente lo que pienso que es-Expresó su madre extrañamente tranquila-.
-Señora López, por favor discúlpenos…nosotras….-Partía la rubia-.
-Un momento Quinn-La detuvo-No necesito que me expliquen lo de...lo de la habitación de Santana, eso no, por mi salud mental de madre no quiero detalles, lo que quiero saber es cuando pensaba decirme mi hija-Hizo énfasis- que está saliendo contigo o por lo general que le gustan las chicas-.
Santana sintió aquel nudo en su garganta otra vez. Pero ahora necesitaba ser fuerte, dejar en claro que defendería su relación, aunque su madre no parecía particularmente sorprendida.
-Con Quinn hemos comenzado a salir desde hace unas semanas y ella…es mi novia, pensaba esperar un poco más para decírtelo a ti y a papá-Contestó-.
-Entiendo, aunque seamos sinceras, con Quinn no comenzó tú gusto por las chicas ¿no es verdad?-.
Santana la miró como necesitando una respuesta para esa aseveración.
-Soy tú madre- Eso respondía todo-.
-No, antes me gustó otra persona pero eso no resultó-.
-Brittany-Afirmó su madre-.
-Si, Brittany-.
-Debo decir que me gusta Quinn como nuera, no es que tenga algo contra Brittany es un total encanto pero a veces dice cosas extrañas-Comentó Maribel con el seño fruncido-.
Quinn era una espectadora en todo aquello, le resultaba totalmente sorprendente
la tranquilidad que había tenido Maribel López para aceptar toda la situación de una manera absolutamente civilizada, comparaba en su mente que hubiese sucedido si las sorprendían en su casa. Probablemente Judy la habría mandando a exorcizar y para cerciorarse de que se le había pasado seguro la exilia a un convento o algo así.
-Quinn-Habló Maribel levantándose-.
-Señora López-Dijo repitiendo la acción-.
-¡Bienvenida a la familia!-Exclamó abrazándola-.
Santana y Quinn claramente no se esperaban eso, pero les encantó sentir el apoyo de alguien más, sobretodo de alguien tan importante como la madre de Santana.
-Y tú-Dijo dirigiéndose a la latina una vez que soltó a Quinn-Harás las cosas bien me escuchaste, invitaras a Quinn a cenar y la presentaran como tú novia a tú padre y a mi-.
-Pero mamá-Reclamó avergonzada-No estamos en el siglo XIX, eso es….-.
-Me importa bien poco en que siglo estamos mija, así se hacen las cosas en esta familia y tú me harás caso, es lo mínimo que puedes hacer después de lo que he visto hoy-.
-¡No has visto nada!-Exclamó la latina divertida-.
-Pero tengo imaginación que es lo mismo, así que ahora me ayudaran a preparar algo de comer, tú padre tiene turno de noche así que seremos solo las tres y me contaran todos los detalles, quiero saberlo todo-Exigió la mujer-.
Las chicas sabían que no tenían más opciones así que siguieron a Maribel a la cocina y después de preparada la cena, comieron teniendo un agradable momento no exento de algunas bromas que las hacían sonrojar.
Un par de horas después ya era tarde por lo que Quinn debía volver a su casa.
-Gracias por la cena señora López, y disculpe otra vez por lo que…-.
-Ya deja de disculparte Quinn y ya deja eso de señora López, ahora soy tú suegra-Contestó contenta con la idea-.
-Yo la acompañaré a buscar su uniforme arriba y luego al auto-Dijo a Santana-.
-Cuidado con lo que hacen en la habitación, estaré atenta-Bromeo para comenzar a recoger los platos-.
-¡Mamá!-le gritó Santana, Quinn simplemente rio-.
Subieron para por fin tener un momento a solas después de toda aquella sorprendente escena con su madre.
-No ha sido tan malo después de todo-Comentó Santana tomándola por la cadera-.
-No ha sido nada malo, aún no me puedo creer que tú madre haya reaccionado tan bien, es tan…increíble-.
-Dímelo a mi, si lo hubiese sabido le habría dicho mucho antes-.
-Me gusta que haya sido así, que yo sea la primera que tú madre conoce como tú novia-.
-Pero que territorial-Se burló robándole un beso-.
-Siempre-.
Se dieron algunos besos más para luego separarse, Quinn se puso otra vez su uniforme de Cheerio y bajaron para salir hacía donde estaba el auto estacionado.
-Paso por ti mañana-Se despidió la rubia-.
-No desayunes en tú casa, yo prepararé para las dos-.
-Me gusta la idea, te quiero-Expresó dándole el último beso-.
-También te quiero, sueña conmigo-Susurró sensual-.
Quinn sonrió y se subió al su auto, le tiró un beso y lo encendió para irse a su casa. Aquel día había comenzando de la peor forma pero terminaba siendo uno de los mejores de su vida.
Santana se fue caminando lento, tarareando una canción que le recordada a Quinn, sonriente abrió la puerta y se dirigió al salón.
-Ven, siéntate aquí-Le dijo Maribel mostrando el lado vacío del sofá-.
La latina se ubicó con la misma sonrisa inmensa que hacía brillar sus ojos.
-Ese brillo mija, estás tan enamorada-.
-La quiero mucho, tanto en tan poco tiempo que me asusta un poco-.
-¿Poco tiempo?-Ironizó su madre- Si con Quinn se conocen desde antes de aprender a caminar, que no lo hayan visto antes es diferente-.
Santana comenzó a hacer un recuento y su madre tenía razón, a Quinn la había conocido antes que a Brittany. Los Fabray eran de Lima al igual que los López, mientras los padres de Brittany habían llegado ahí cuando la bailarina era pequeña. Por lo que con Quinn había compartido prácticamente desde el jardín de infantes.
-¿Judy no lo sabe?-Preguntó con un aire preocupado-.
-No, y siendo sincera me da miedo su reacción, no quiero que lastime a Quinn con su rechazo otra vez, son tan conservadores- Se lamentó-.
-Eso es cierto, la educación y creencias que tiene Judy son muy diferentes a las mías, pero te puedo asegurar que cuando se trata de un hijo, eso pasa a segundo plano, yo no te podría rechazar Santana, eres mi hija, yo te tuve, eres una parte de mi, me es imposible el sólo pensarlo- Explicó-.
Santana se emocionó ante las palabras de su madre.
-Gracias, me encantaría que la madre de Quinn pensara como tú-.
-Quizás nos llevemos una sorpresa-.
-Yo no voy a renunciar a ella, aunque Judy se oponga, aunque toda esta jodida ciudad me apunte con el dedo yo no la voy a dejar, nadie me va a separar de ella, mamá, nadie-Expresó con convicción-.
-Estoy tan orgullosa de ti Santana, y me tendrás siempre apoyándote y a tú padre también-.
Las mujeres López se fundieron en un amoroso abrazo, uno que le daba más fuerzas a Santana para luchar, sin importar que pudiera venir en el futuro.
Quinn había pasado una excelente noche. Durmió tranquila y con una sonrisa que ni siquiera el sueño pudo borrar de sus labios. Se levantó con el ánimo a full y cantó a todo pulmón mientras el agua caía sobre su cuerpo. Se puso el perfectamente planchado uniforme y bajó.
-Quinnie-Saludó su madre-.
-Buenos días madre-Contestó alegre-.
-¿No vas a desayunar?-.
-No, he quedado de desayunar con Santana pasaré por ella porque tiene su auto en el taller-Respondió tomando una fruta-.
Judy se la quedó observando en silencio por un momento, había notado esos cambios de ánimo en su hija, como cuando le decía que había estado con Santana se le veía radiante.
-Me alegra que hayas arreglado las cosas con Santana, ustedes tienen un lazo muy especial y me gusta verte así feliz-Expresó la mujer-.
-A mi también me alegra-Contestó-.
Se acercó a Judy y le dio un sonoro beso de despedida acompañado de una luminosa sonrisa que produjo lo mismo en la mujer mayor.
-Que tengas un buen día-Se despidió Quinn-.
-También tú hija y mándale mis saludos a Maribel-.
-Se los daré-.
La rubia salió y lo que no eran más de quince minutos hacía la casa de Santana se le hicieron eternos, un par de horas sin su novia y ya se comenzaba a desesperar. Al llegar tocó el timbre y la señora López fue la encargada de abrirle la puerta.
-¡Buenos días!-Saludó expresiva abrazándola-.
-Buenos días señora López- Respondió aún no tan acostumbrada a esas muestras de cariño-.
-Adelante, San esta en la cocina-.
La rubia fue caminando hacía donde le había dicho la mujer.
-¡Ha llegado nuestra nuera!-Le grito Maribel a su marido-.
-¡Mamá!-La regañó Santana-.
-Hola Quinn-La saludó el doctor López-.
-Hola-Respondió totalmente sonrojada-.
Santana sin querer reprimirse ya que ahora no tenían que esconderse de sus padres la recibió con un amoroso beso en los labios.
Desayunaron en medio de bromas y algunas preguntas del señor López quien para alivio de Quinn no cayó en aquella temida frase, si, esa que dice ¿Qué intenciones tienes con mi hija?, se limito simplemente a decirle lo feliz que estaba de ver a su hija contenta y aceptando su sexualidad.
Una vez que habían desayunado, se subieron al auto para ir camino a la escuela.
-Tus padres son únicos-Comentó Quinn-.
-Lo son, y aunque me encanta que se lo hayan tomado tan bien debo decir que me están agotando un poco, mamá no deja decir lo lindas que serán sus nietas si se parecen a ti ¿y yo qué?- Expresó cruzando de brazos en un gesto totalmente infantil-.
-Si se parecen a ti lo serán aún más, no le hagas caso- Dijo y le robo un beso aprovechando el semáforo en rojo-.
El camino no era muy largo por lo que ya no quedaba nada para llegar a la escuela.
-De vuelta al closet-Masculló Santana-.
Pero Quinn la escuchó perfectamente.
-San-Dijo estacionando el auto y girándose para mirarla-.
-Lo siento, no quise…-.
-Soy yo quien lo siente, sé que tú estás preparada para salir y contar lo nuestro, sé que tú orgullosa tomarías mi mano para entrar a la escuela, y créeme me encantaría pero primero necesito enfrentar lo que más me aterroriza y esa es mi familia, o mi madre más específicamente-.
-Lo sé y no voy a presionarte más, con que estemos juntas me conformo-.
-No es cierto, tú siempre lo quieres todo pero gracias por ser amable y tenerme paciencia-Dijo sincera-.
-Como me conoces Fabray-Comentó sonriente-.
-Igual que tú a mi López-.
Se bajaron del auto para comenzar a caminar, habían llegado casi justo así que bastaron un par de minutos cuando el sonido del timbre marcaba el ingreso a lo que era su primera hora de clases. Ese día no compartían clases en el primer bloque por lo que cada una se tuvo que ir por su lado.
Cuando Quinn salió lo primero que hizo fue ir a su casillero para cambiar de libros y así poder pasar esos escasos minutos con su novia. Cuando lo abrió se encontró con un hermoso ramo de rosas rojas. Sonrió y las tomó para acercarlas a su nariz.
-San-Pensó de inmediato-.
Pero al parecer se había equivocado porque una confusa latina se acercaba a ella.
-¿Y eso?-Preguntó-.
-¿Estás jugando conmigo?-Preguntó Quinn pensando que no quería que alguien al pasar las fuera a escuchar-.
-No, no estoy jugando ¿De quien son?-. Endureció su tono-.
-¿No son tuyas?- Ahora por la expresión de Santana le estaba entrando la duda-.
-No-Respondió secamente-.
-Pero, entonces….- Quinn estaba totalmente confundida-.
-¿Te gustaron?-Preguntó Sam apareciendo por detrás de Quinn y acercándose hasta su oído-.
Santana al escucharlo y ver como ser acercaba a su rubia le dieron ganas de gritarle en la cara que no podía andar regalándole flores a su novia, que no quería ni siquiera que la mirara, nada. Pero no podía y eso la estaba matando.
-Sam-Pronunció Quinn con miedo a ver la expresión de su morena-.
-Hola-Saludó el chico- Creo que sabes el porqué de eso, yo te lo dije el otro día-.
-Y yo te dije…-.
-No me dijiste que no podía intentarlo-La interrumpió acercándose más aún-Estamos solteros y no puedes negar que seguimos teniendo una conexión-.
-¡Joder ya basta!-Exclamó Santana quien no pudo soportar todo aquello-.
Sam la miró frunciendo el seño por esa reacción.
-Podrías dejarnos a solas-Le pidió el rubio-.
Santana lo miró con odio, con ganas de partirle la cara, golpearlo y luego decirle el porqué, pero la expresión de terror de Quinn la detuvo.
-Claro, yo aquí nada más sobro-Contestó herida y se dio la media vuelta-.
-San, no-Murmuró Quinn-.
-Ahora si podemos…-.
-¡Podemos nada!-Le gritó la capitana de las Cheerios-Toma tus flores y deja de molestarme-Expresó tirándole el ramo-.
-Quinn…-.
Sam Evans, aunque la rubia no lo pensara la había aprendido a conocer más de lo que creía, en el poco tiempo que estuvieron juntos el chico se había esforzado enormemente por hacerla feliz por lo que se dedico a estudiar a Quinn Fabray, que es lo que prefería, que la hacía sonreír, cuando estaba siendo sincera y cuando escondía algo. Por lo que toda aquella situación le había parecido muy extraña, tanto que se atrevía a decir que quien sobraba ahí no era Santana, sino él.
Por otro lado la rubia siguió a su novia pero el tiempo no parecía estar de su lado ya que una nueva entrada a clases le impedía alcanzar a ver su latina y aclararle la situación.
Se quedó estática, con sus libros en la mano, sola en un pasillo que se vaciaba de manera acelerada, pensando que tenía que hacer algo pronto porque esa situación poco a poco se le estaba escapando de las manos.
Santana había estado más distraída de lo normal, menos mal era español y no necesitaba escuchar lo que decía el señor Shue o lo que él creía que decía porque su pronunciación y vocabulario dejaban mucho que desear.
Hacía figuras dispares en su cuaderno, su nivel de ira había bajado considerablemente para ser remplazado por la impotencia, por esa sensación que le apretaba el corazón sintiendo que el cualquier instante al apretarlo demasiado fuerte se rompería en mil pedazos. Si, exactamente así, con Quinn sentía que en cualquier momento rompería su corazón. Que sólo bastaba seguir presionando para hacerlo explotar.
Sabía que no era falta de amor o que desconfiara de ella, de hecho ni siquiera era que pensará que Quinn tuviera algo con trouty mouth lo que la tenía así, era que se sentía amarrada, imposibilitada de ayudar a mujer que amaba a dar el gran paso.
Santana se visualizaba amordazada, inmovilizada, sin poder defenderse ni defenderla y con su corazón expuesto. Totalmente expuesto.
Sabía que Quinn intentaría hablar con ella por lo que cuando salió de clases no se sorprendió de verla apoyada en el muro justo en la entrada.
-Santana-.
Pero la latina tenía demasiados sentimientos contradictorios dentro, sensaciones exacerbadas que le decían que si hablaban ahora podía llorar desconsoladamente o besarla apasionadamente, no tenía el control de si misma y así no era conveniente entablar cualquier tipo de conversación.
-Quinn ahora no-Le dijo de manera amable-.
-San yo no tengo nada con Sam, le dije que no quería nada pero…-.
-Lo sé-La interrumpió-.
Quinn entendió con eso que no era el hecho en sí el que le había dolido a su novia, sino que situaciones como esa probablemente se iban a seguir repitiendo si mantenían su relación en secreto.
-No quiero que estupideces así no separen-Murmuró colocándose al frente de ella-.
-Ni yo, pero es difícil-.
-Lo sé-Aceptó buscando la mano de Santana para tomársela-.
-Estamos en mitad del pasillo-Susurró esquivándola-.
-Es lo que menos me importa en este momento-Expresó de manera firme y entrelazo sus dedos con los de su morena-.
Esta pequeña acción produjo una inmediata sonrisa en Santana, más cuando sintió que le tomaba el mentón con cariño para que la mirara a los ojos.
-Te quiero-Dijo Quinn-.
Y demonios era totalmente imposible seguir manteniendo algún tipo de molestia con ella cuando la miraba con esos ojos verdes hipnotizantes que la traspasaban por completo, que la dejaban sin habla, y aceleraban su corazón.
-Yo también- Correspondió-.
-¿Tú también que?-Interrogó alzando esa sexy ceja-.
-Yo también te quiero-.
A la distancia Finn había visto toda la escena y esta vez ya casi no le quedaban dudas.
-Convenciéndote Hudson-Le dijo Kate-.
La Cheerio venía escoltada por Lisa y Nicole, las dos ex porristas que habían encontrado en la castaña su salvación a los granizados que podrían recibir si seguían cayendo dentro de la jerarquía social del Mckinley.
-¿Cuándo me vas a creer? Cuando lleguen de la manito y besándose, haciéndote ver como un imbécil, como el beard de la capitana de las Cheerios-Se burló insidiosa-.
Kate sabía que Finn era una pieza clave en su plan de venganza, tenía absolutamente claro que si Hudson por fin creía en sus palabras no tendría que hacer mucho más, él se encargaría de toda la parte sucia, así ella sólo se concentraría en su premio. En conseguir a Santana López.
-No, eso no va a pasar, antes me voy a encargar yo de ella-Contestó empuñando su mano-
-¿Qué vas a hacer? Cantarle una canción en tu club de perdedores para rogarle que deje a Santana y vuelva contigo-Siguió burlándose y dándole en la herida-.
-¡Cállate!-Le gritó Finn a punto de descontrolarse-.
El grito además de sobresaltar a las tres chicas que estaban frente a él, captó la atención de algunos alumnos que pasaban por ahí que no estaban acostumbrados a ver al chico de oro alterado.
-Has algo, no te quedes como idiota mientras Fabray te destruye la reputación, porque hoy fueron arrumacos en mitad del pasillo, no sabes que son capaces de hacer mañana-Dijo segura- Vamos chicas-.
La Cheerio siguió su camino sabiendo que le había dado justo en el punto débil a Hudson, era sabido que el Quareback era capaz de hacer cualquier cosa por mantenerse en lo alto de la escala social, por conservar su imagen.
Quinn había llegado a la sala del coro y no había nadie aún, se extraño ya que la que solía llegar siempre primera era Rachel, supuso que algo la había atrasado. Se sentó en su puesto habitual en la segunda fila para esperar a sus demás compañeros.
-Contigo es precisamente con quien quería hablar y a solas-Expresó Hudson en un tono amenazador acercándose-.
-¿Qué quieres?-Preguntó con su pose más arrogante-.
-Ya sé por quien me dejaste, eres una zorra- insultó-No, eres peor que una zorra, eres una asquerosa lesbiana-Escupió con odio-.
Quinn se levantó de inmediato.
-¡Deja de decir estupideces! ¡No te voy a tolerar que me trates así!-Se defendió acercándose al centro de la sala donde estaba Hudson-.
-¡Te trato como se me da la gana! Ni siquiera puedes negarlo, ¿desde cuando? ¡Responde!-Le exigió tomándola fuertemente del brazo y zamarreándola-.
-Suéltame-Le pidió escondiendo lo asustada que se sentía-.
-¡Respóndeme lo que te pregunte! ¡Desde cuando te revuelcas con la perra de López!-.
Finn estaba absolutamente descontrolado, Quinn lo veía en sus ojos que guardaban nada más que rabia contra ella, y sintió miedo porque ni cuando se había enterado que el papá del bebé que ella esperaba era de Puck lo había visto así.
-Suéltame-Insistió con menos convicción, se sentía totalmente frágil-.
Pero lo único que recibió una sonrisa de suficiencia de parte de Finn, una que le daba más miedo que los gritos. Hudson ahora la tenía de ambos brazos.
-Me vas a pagar todo lo que me has hecho…-.
-¡Que estás haciendo!-Gritaron desde la puerta.
Y Quinn no reaccionó lo suficientemente rápido, porque Sam quien venía junto a Mercedes entró y comenzó a forcejear con Finn. El chico antes la empujó fuerte haciéndola caer.
-Así no se trata a una mujer-Decía Sam mientras se intercambiaban golpes con Hudson-.
Los demás chicos del coro también comenzaron a llegar, incluida Santana que al ver a Quinn aún en el suelo corrió hacía ella.
-¿Qué pasó?-Le preguntó preocupada abrazándola de inmediato-.
-Lo sabe-Susurró con la voz temblorosa-.
-¿Te hizo algo?-.
Quinn no alcanzó a responder, ya que Mike y Puck habían logrado separar a los chicos y Finn comenzó a gritarle cosas.
-¡Diles! ¡Asume frente a ellos que me engañabas!-La emplazó Hudson-.
Santana había levantado a su novia, la sentó y la dejo con Mercedes, Rachel y Brittany quienes cercaban a la rubia para que Hudson no se le volviera a acercar. Se fue acercando en donde Puck tenía tomado a Finn para que ya no siguiera con la pelea, tenía todas las ganas de darle una lección, porque cuando llegó y vio a su novia, tan vulnerable, tan llena de miedo por lo que pudiera hacerle ese idiota la lleno de rabia.
-¡Cállate o te calló Hudson!-Le advirtió una Santana que estaba sacando todo su instinto de protección-.
-La nueva novia de la zorra de Fabray a sacado la voz- Se burló-.
-¡Que te calles idiota!-Gritó más alterada-.
Los chicos se quedaron en silencio, sin entender eso del todo. Finn de soltó de los brazos de Puck y miró amenazante a Santana.
-Las voy a acabar, a las dos-Expresó y salió del salón del coro.
Yo también detesto a Finn, así que odienlo conmigo chicas!
Espero que les haya gustado, dejen sus review para saber que les parece.
Nos leemos espero que pronto. Saludos!
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